¡Hola! Lamento la tardanza a la hora de subir el capítulo, y también lamento que este sea un poco denso (y a la vez más corto que el anterior). He pensado que sería más adecuado dejarlo así, pues alargarlo sería un error.
Este capítulo es más bien introductorio, para mostrar los sentimientos de Elsa tal cuales son, y explicar como se siente con todo lo que la rodea. Sé que me ha quedado un poco depresiva, pero su vida no ha sido fácil y ahora lo será menos aún... Por supuesto, la chispa entre ella y Hans saltará, tarde o temprano, aunque ahora mismo parezca algo improbable xD.
He aprovechado también para incluir el apellido de Hans, que en una versión temprana de la película era Westergard, antes de que hiciesen los cambios pertinentes.
Espero que a pesar de todo, lo disfrutéis. Ni que decir tiene que muchas gracias a todas las personas que le han dado a favorito a este fic.
¡Un abrazo!
II. Jaque a la reina
La reina observaba su reflejo difuso en el espejo, pero no se molestó en apartar las lágrimas con el dorso de la mano. No es porque le importunase que su maquillaje para la ocasión se estropease, pues ella jamás se recreaba en ese tipo de detalles banales, sino porque su apatía hacia el mundo era demasiado grande ese día. La imagen que le devolvía la superficie de cristal pulido parecía tan etérea e irreal como un espectro, tan pálida y vestida de blanco, con un precioso vestido de novia que caía largo hasta el suelo, adornado en su corpiño con detalles de plata, y con una capa vaporosa que parecía hecho de nubes. Una falsa princesa de cuento.
Ni siquiera se inmutó cuando una de las horquillas que pretendía sujetar su complicado recogido, le arañó el casco; ni tampoco dijo absolutamente una palabra a la sirvienta, que se disculpó efusivamente como si acabase de cometer un crimen contra su persona. Porque quien había hecho daño era ella… A su propia hermana.
El dolor la había cegado el tiempo suficiente como para que ni siquiera se diese cuenta de cómo el gran deshielo se producía en Arendelle, un fenómeno ajeno a ella que, a pesar de permitir que el sol brillase intensamente y acariciase los tejados del palacio real, no acompañaba su ánimo sombrío. Ni siquiera se preguntó que era lo que había ocurrido para que su tormenta se mitigase hasta desaparecer por completo, pues fuese lo que fuese, no iba a devolverle la vida a Anna; por enésima vez se lamentó de haberla apartado de su lado, abandonándola a una soledad que su hermana no había deseado bajo ninguna circunstancia, una imposición injusta que ahora arremolinaba dentro de su pecho una serie de tormentosos sentimientos, ahogados por alguna fuerza extraña. Anna había enterrado sola a sus progenitores, y ella no había estado ahí para consolarla, demasiado ocupada auto-compadeciéndose de sí misma como para sacar fuerzas de flaqueza y tratar de compartir sus lágrimas.
Los gritos de júbilo ajeno habían llegado amortiguados a la mazmorra que la había mantenido presa, mientras ella se ahogaba en su propia desesperación, consciente de que su soledad nunca había sido tan fría e hiriente. Una vieja amiga con la que se reencontraba con su abrazo envolvente, pero a pesar de todo era densa y pesada, cargada de una angustia insondable con la seguridad de haber perdido ya a la única persona con la que compartía algún lazo sanguíneo. Pero de eso ya habían pasado dos semanas…Parecía lejano ya el hecho de que el clima en el reino hubiese estado estrechamente vinculado a sus tempestuosas emociones, que ahora estas yacían mudas en algún interior de su cuerpo, incapaces de ver la luz por mucho que desease gritar. Se sentía rota, como si le hubiesen arrancado el corazón delante de sus ojos.
Pero ya no había vuelta atrás… La versión oficial era que Anna había escapado del palacio en plena tormenta, sin dar una razón aparente. Las búsquedas se habían reanudado aprovechando el buen tiempo, y aún así no había habido rastro alguno de la pelirroja princesa, por lo cual fue irremediablemente declarada muerta. Eso, supuso Elsa, era para protegerla a ella... O más bien la legitimidad del inminente matrimonio que haría de Hans el futuro rey. Pero este se había encargado de hacer llegar la verdad a la reina: Anna había muerto a causa de una ráfaga helada lanzada por ella misma. Según él, llegó helada a sus brazos, con el cabello blanco y la piel tornándose azulada allá donde los signos de congelación eran más evidentes. Elsa había bajado la mirada temblorosa para contemplar sus manos encadenadas, mientras sus piernas se tambaleaban y perdían fuerza: Las manos de una asesina… Si sus poderes no habían sido una maldición antes, ahora sí que estaba maldita, y ese peso le acompañaría el resto de su vida. De tener conocimiento de ello antes, hubiese rechazado la proposición del príncipe ipso facto: La muerte sería mejor que tener que cargar con semejante remordimiento y culpabilidad el resto de su vida. Porque esa era una perspectiva demasiado tentadora, la de dejar de existir simplemente y dejar que el tiempo borrase el paso de sus errores; algo imposible pues desde ese momento, había permanecido bajo vigilancia estricta desde el alba hasta el amanecer.
Después de dos semanas de luto, los preparativos de la boda habían comenzado a ultimarse, y las banderas negras a media hasta habían desaparecido para llenar de nuevo a Arendelle de una vida y color que no se veían desde que ella cumplió los veintiún años, apenas un mes atrás.
Había dejado prácticamente de ser una chica a convertirse en una especie de armadura hueca por dentro, que sólo albergaba retazos de un dolor que no pretendía abandonarla. Ese era el peso de la conciencia, y la falsa dicha de su pueblo no iba a animarla. Dejaría de albergar ilusiones y se sacrificaría por ellos, pues esa era su obligación y castigo, y tenía que cumplirlos aunque no fuesen bastante para paliar el mal que ella misma había causado. Era un monstruo.
Alguien llamó a la puerta, pero ella no se movió, mientras la sirvienta terminaba de ajustarle un adorno plateado a la altura del escote.
-Adelante-Se oyó decir a sí misma, modulando la voz para que las lágrimas silenciosas no la alterasen. La oronda barriga de Kai apareció desde detrás de la puerta, portando consigo una bandeja de plata con un jarrón de porcelana y sendas tazas del mismo material, de aspecto delicado, con hermosos motivos florales que ascendían desde su base hasta el asa.
-Alteza… Aquí os traigo la infusión que me pedisteis-Informó con su voz grave y solemne. Elsa le hizo un gesto con la mano, y diligentemente el mayordomo obedeció, depositando el objeto sobre la mesa con cuidado. A continuación, hizo una muy marcada reverencia-¿Necesitáis algo más?
Lo que ella necesitaba, él no podía dárselo bajo ninguna circunstancia o sería acusado de traición también. Kai era de los pocos sirvientes de palacio que conocía su secreto, y antaño fue un fiel consejero de su señor padre. Pero ese tiempo había quedado atrás, y las circunstancias habían impedido al mayordomo actuar como era debido. Por supuesto, Elsa no pasaba por alto su recelo hacia su actual prometido, pero como para ella, la situación no estaba en sus manos. Nada lo estaba en realidad.
La reina meneó con lentitud la cabeza, y con otro gesto respetuoso, el hombre se retiró. Bajó los párpados como si pesasen y soltó el aire pausadamente, mientras alargaba las manos temblorosas hacia el jarrón y vertía su contenido humeante en la tacita, a sabiendas de que un simple preparado de hierbas no iba a mitigar en absoluto su agitación. Se enfrentaba a algo que jamás había sospechado que tuviese que afrontar, y el hecho de que el hombre con el que debía casarse había estado prometido con su hermana, no ayudaba sino más bien entorpecía y lo dotaba de una carga muchísimo más desagradable.
Jamás hubiese llegado a pensar que llegaría semejante día. Durante muchos años, conscientes de su problema, sus padres habían postergado la elección de un prometido con el que enlazar la corona de Arendelle a otro reino, anhelantes de que antes de que Elsa entrase en edad casadera, su magia estuviese absolutamente bajo un estricto control y no saliese a la luz fácilmente. Pero lamentablemente eso no había llegado a suceder. Ahora Elsa ni siquiera había tenido la oportunidad de sentirse presionada por las casas nobles de su reino para encontrar marido; ella, que siempre había temido del destino del pobre desdichado con el que contrajese nupcias, pensando en la fatídica noche de bodas que anhelaba que no se produjese. Pero ahora la desgraciada era ella, obligada a la fuerza a tomar una decisión que le provocaba verdadero pánico y de la cual no tenía escapatoria.
Miró su reflejo ondulante y distorsionado en el líquido caliente y ambarino, y se percató de que, pasase lo que pasase, jamás sería más que un reflejo distorsionado de sí misma. Una mentira andante, una falsedad enmascarada con sedas caras, una traidora a su propia familia.
Tomó un sorbo, esperando que el abrasivo contenido adormeciese sus crispaciones, o simplemente le permitiese sumirse en un sueño eterno del cual no despertar, pero en cualquier caso, su cuerpo parecía inmunizado a sus efectos calmantes. Elsa lo apuró, sintiendo la temperatura más elevada de lo que ella podía soportar, y colocó la taza bruscamente en su sitio.
-¿Me permitís?-Dijo la criada, acercándole las joyas reales que debería llevar como adorno extra. Se trataba de un juego de pendientes y una tiara con intrincados diseños que guardaban una estrecha relación con el emblema real de Arendelle. Ella no dijo nada, volando su mirada perdida hacia la ventana a través de la cual el sol relucía con fuerza, sumándose al ánimo colectivo de las buenas gentes, que celebraban el acontecimiento como si fuese algo propio. La muchacha, de cabellos de color chocolate y piel pecosa, vaciló antes de atreverse a tocar las orejas de la reina y colgar de ella los pesados colgantes, como si temiese que un movimiento en falso la hiciese detonar de un momento a otro. Por suerte para ella, el silencio era grande en su interior, como si estuviese completamente vacía-Mi señora-Observó-¿Puedo quitaros esto?-Al momento pareció arrepentirse de haber pronunciado esa frase, temiendo haberla ofendido al no referirse a la gargantilla de forma adecuada.
-Si-Suspiró, a sabiendas de lo que pasaría a continuación.
La cercanía seguía siendo molesta, prácticamente insoportable, pero Elsa sabía que no tenía más alternativa que aprender a lidiar con ella. Sólo sería por ese día… Y volvería a recluirse en sus aposentos. Arendelle tendría a su rey, y ella volvería a refugiarse en lo más hondo de su corazón para no tener que sentir más. O al menos eso creía.
Tragó saliva, mientras notaba los dedos de la chica manipulando el cierre detrás de su cuello, y cerró con fuerza los ojos conteniendo el violento deseo de apartarse de su lado, crispando sus dedos enguantados sobre la falda que recubría sus piernas. Decidió concentrarse en ese detalle, sintiendo que la sirvienta estaba demasiado enfrascada tratando de quitarle el collar, pensando en lo inútiles que eran aquel par de guantes que ahora protegían sus manos. Ni siquiera podían considerarse una medida extra… Elsa había temido usar sus poderes de forma accidental cuando los grilletes le fueron retirados, pues su inestabilidad había sido demasiado grande… Pero no sucedió nada. Era como si sus poderes se hubiesen congelado, literalmente. No sabría explicar la razón, pero este hecho provocaba un molesto vacío de incertidumbre, que apretaba sin compasión dividiendo sus sentimientos: Por un lado, el temor de creer que el haber asesinado a su hermana era el detonante de su dispersión; por otro, el desasosiego perturbador de no saber si volverían, pues… ¿Significaba ello que había perdido una parte importante de sí misma? ¿Más que su propia familia? Las entrelazó, tragando saliva sonoramente, y empezó a tirar con suavidad para dejar al descubierto su mano derecha y mirarla con detenimiento. Estaba completamente limpia e impoluta, suave y delicada, unas manos que no estaban hechas para el trabajo duro… Aunque aún conservaba una callosidad allí donde forzaba sus dedos para escribir con la pluma.
Elsa sintió un tirón en los cabellos de la nuca, y la jovencita dio un respingo, casi cayendo hacia atrás, al ver la piel descubierta.
-¡Lo siento!-Exclamó, visiblemente asustada.
Ella la miró, sorprendida, y comprendió por el miedo que revelaba sus ojos que aún seguía siendo vista como un verdadero peligro. Lo comprendía, pero eso no ayudaba a que se sintiese mejor… A pesar de querer escudarse en el remordimiento, la perturbaba el hecho de que una parte tan importante de su esencia hubiese desaparecido sin más, replegada en alguna parte de su cuerpo sin emitir una mínima señal de haber sido real alguna vez. Como si fuese un mal sueño… Sólo que la reina de Arendelle sabía que era muy real y que le había costado mucho.
Desde ese fatídico momento, había empezado a sentirse más cansada de lo normal, una extenuación que no había experimentado en mucho tiempo, tanto mental como física. El reposo había sido insuficiente, a pesar de haber pasado más tiempo del necesario en la cama, en pos de una evasión inútil. Por mucho que cerrase los ojos, su descanso sin sueños pronto se veía plagado de pesadillas muy reales que la obligaban a levantarse, entre sudores fríos y temblores plagados de desasosiego.
-No pasa nada-Dijo con un hilo de voz, con el pesar tiñendo sus palabras, pero ella le devolvió una mirada desconfiada.
-N-No puedo quitaroslo-Titubeó, tras vacilar un intento sobre una posible reacción adversa por parte de la rubia. Esta dio un respingo al notar el pecho de Elsa expandiéndose al respirar hondo. Ella ya lo había intentado antes, siempre en privado, para no despertar las malas lenguas que hablasen de su rechazo hacia el regalo del príncipe, y se había topado con la misma imposibilidad de abrir el cierre. Tampoco era que le importase a decir verdad, pues a esas alturas, había perdido el interés por casi cualquier cosa.
-No pasa nada-Repitió, con ademán tranquilizador, pero supo que eso no era suficiente-De todos modos es un regalo, no creo que sea apropiado aparecer sin el en plena ceremonia…
La chica soltó un suspiro enamorado que a Elsa le resultó terriblemente irritante… Hasta que recordó a Anna, informándole de su decisión de contraer nupcias con el mismo hombre que ese día la esperaría en el altar. Un nudo implacable se formó en la base de su garganta. A pesar de que el tiempo apremiaba y apenas disponía de unos minutos antes de que todo cambiase de forma definitiva, todavía lo concebía como un suceso lejano, mientras albergaba la esperanza de que algún inconveniente oportuno impidiese que tal cosa llegase a suceder…
Pero los golpes en la puerta le indicaron que ya no podría postergarlo por más tiempo, y tragó saliva sonoramente, consciente de que no estaba preparada y posiblemente nunca lo estaría. Ella no creía en los cuentos de hadas llenos de mentiras.
-Un momento, Kai. Pasa-Dijo cansada, pensando que el mayordomo había vuelto para conducirla a su cautiverio. A falta de ningún pariente que pudiese acompañarla al altar, la reina había tomado la osada decisión de nombrar a Kai su acompañante, pues necesitaba de la presencia de alguien cercano antes de abandonarse completamente a los caprichos de otra persona, y recordarse a sí misma que escapar había dejado de ser una alternativa. Tenía que pagar por sus crímenes, y esa era la única forma de hacerlo, aunque le pesase.
Elsa ni siquiera prestó atención cuando las bisagras chirriaron y una presencia masculina e imponente entró en sus aposentos, no hasta que la chica que la arreglaba contuvo una exclamación de asombro. Fue entonces cuando volteó su rostro para contemplar a un individuo que portaba elegantes ropas de gala, pero que a pesar de ello y como todos los demás, no dejaba de ser un auténtico desconocido para ella. Su rostro era anguloso, cubierto por un espeso y bien recortado bigote, que se unía a sus patillas de color castaño cobrizo. Sus ojos eran verdes, moteados de marrón, astutos y afilados como la nariz alargada sobre sus labios finos. Llevaba el cabello peinado hacia atrás, y había algo en él que le resultaba perturbadoramente familiar.
-Mis disculpas por irrumpir en vuestros aposentos, alteza-Dijo él, pero por su tono la reina dedujo que no lo lamentaba en absoluto. Arrugó su expresión, manteniéndola desafiante, exigiendo silenciosamente una explicación por su presencia allí antes de reclamar a los guardias, cuando este prosiguió-He sido muy descortés al no informaros de mi llegada- Con una elegancia y gracia propia de arraigadas clases de protocolo, el hombre avanzó unos pasos y le dedicó una leve reverencia antes de tomar sin permiso su mano enguantada. Elsa quiso resistirse, pero lo repentino de su gesto no le dejó lugar a apartar sus dedos hasta después de que este besase el dorso de esta-Soy el Rey Klaus Westergard de las Islas del Sur.
-Es un placer-Repuso ella, entrelazando los dedos a salvo del intruso, con la fría cortesía que la caracterizaba, poco apresta a que su intimidad se viese invadida de semejante forma.
-Reconozco que estoy embelesado, dudaba que mi hermano pudiese llegar tan lejos, y menos conseguir el favor de una reina como vos-Elsa ignoró deliberadamente el cumplido, si es que se trataba de eso. Los halagos jamás habían sido de su agrado y no lo iban a ser a aquellas alturas. Ella no le había entregado su favor a nadie, y estaba segura de que no iba a hacerlo en un futuro.
-My Lord-Dijo ella quedamente-Aunque sería de mi agrado poder conversar con vos…Temo que no sea el momento adecuado para una presentación.
-Por supuesto-Asintió él-Nada más lejos de mi intención importunaros con mi falta de modales-Ella asintió-Sólo quería asegurarme de que estabais lista-Volvió a reverenciarla, y mientras se incorporaba, sus ojos relampaguearon a la altura de su cuello con un brillo extraño. Elsa se dio la vuelta, incomodada y alterada.
-Lo estoy-Mintió con aquella falsa altanería detrás de la que se había escudado todos aquellos años.
-Bien, en ese caso, permitidme-El rey ofreció su brazo, recubierto por una casaca azul, adornada con múltiples medallas, y una filigrana dorada que recubría sus puños y cuello-Me he tomado el privilegio de ser yo vuestro acompañante en este día, que deduzco, será tan especial para vos.
Aquello supuso una puñalada en su orgullo, mirando con los orbes entrecerrados al hermano de Hans. ¿Quién se creía que era para tomarse tales privilegios dentro de sus dominios? Sin embargo Elsa parecía olvidar que su palabra había dejado de tener algún peso dentro del palacio, y tras unos instantes de intenso silencio dijo:
-No será menester. Ya dispongo de compañía…
-Por favor, querida-La interrumpió él-Tengo la obligación de insistir-Alzó una ceja.
-¿Qué tipo de obligaciones?-Le increpó, lo suficientemente molesta como para permitir que alguien venido de otro reino tratase de imponer su criterio al suyo. Formaba parte de su carácter, una predisposición genética a no ceder al chantaje, que parecía que a los hombres de la familia Westergard les gustaba poner a prueba.
-Las obligaciones de un rey para con su hermano, sin lugar a dudas-Sonrió, mostrando una blanca dentadura.
La joven reina suspiró con pesadumbre, conteniendo el dolor que desgarraba su alma por dentro, y que las palabras de su interlocutor habían vuelto a despertar. Comprendió que nunca más hallaría la paz, y que había fallado terriblemente a Anna en todos los aspectos posibles. Ella usurpaba un lugar que no le correspondía, pero del que inevitablemente la ataba a él, mientras entrelazaba con vacilación e incomodidad su brazo con el de Klaus, y se perdía en sus pensamientos oscuros, antes de abandonar por última vez una habitación que sólo contenía malos recuerdos…
Y con esto acaba el segundo capítulo. Prometo esforzarme mucho más en el siguiente (he tenido una semana dura y me ha costado escribirlo más de lo que pensaba.
Y ahora los reviews del capítulo anterior *w*
paradise cat: Bueno, si Hans no fuese malo no sería él... Pero yo creo que a pesar de eso, él y Elsa hacen una muy buena pareja, explosiva, eso sí, pero pueden llegar a entenderse porque tienen mucho en común, y lo irán descubriendo a lo largo de la historia, con sus correspondientes conflictos (aunque de momento ya van bien servidos de asperezas entre ambos). Será dificil enamorarlos, pero no imposible ;). En cuanto a Anna... Está en paradero desconocido, de momento (?).
Denisa Miller: No te preocupes, ¡No tengo intención de dejarlo! Voy a procurar seguirlo cada semana (o puede que un poco más, dependiendo del tiempo libre del que disponga), pero sí que actualizaré preiodicamente, tan pronto como me sea posible. Muchísimas gracias, me alegro mucho de te guste :).
Sams Brok: Pues~ Los rumores son, el hecho de que Hans tiene poderes de fuego. No es algo muy elaborado, pero la gente lo supone porque en los tres atuendos que lleva en la película, aparecen dibujos como si fuesen llamas. Además, al igual que Elsa, el revela su verdadera "identidad" cuando se quita los guantes, y en ese instante los utiliza para apagar las llamas y la vela que hay en la habitación donde está Anna. Si bien no se demuestra que posea poderes de ese tipo, se utiliza como insinuación, pues el también oculta su naturaleza detrás de los guantes. Precisamente he utilizado esa excusa para darle a el poderes de fuego en este fic xD.
Además, hay otro tipo de paralelismos entre Hans y Elsa que los hacen más opuestos y a la vez iguales. Ambos se reflejan en la misma ventana en distintas secuencias, solo que en lados opuestos del cristal. Y mientras que Elsa esconde sus poderes en su habitación, en este mismo lugar es donde Hans muestra sus intenciones xD. Por no hablar, de que en una temprana versión de la película, Hans iba a ser el interés amoroso de Elsa. Una pena que lo cambiaran :(.
También hay algo más, aunque es bastante más retorcido. Elsa es considerada la "princesa disney" (No entiendo por qué, pues es claramente una reina) número 13, y a su vez Hans es el menor de 13 príncipes en su propia historia. Seguiría, pero no quiero resultar pesada D:
Me alegro muchísimo de que te guste :)
Muchas gracias a todas por los reviews, espero que os guste este capítulo. Trataré de hacer el siguiente más interesante y ameno, lo prometo :).
¡Nos leemos!
