Disclaimer: Los personajes no me pertenecen... bla bla bla... pero si la historia :d
Hola chicos y chicas...me super inspire para este capítulo ejeje por las 2,224 palabras en word, sin contar el título y las instrucciones de escritura :3
El último capi esta aquí y pues... Happy New Year for all! ^_^
Espero que disfruten este primer capítulo referente a Inuyasha... que conste que ella no hace Pov's aquí, ¿Ok?
-.-
vvv-narraciones
vvv-conversaciones
"vvv"- pensamientos
(Estas son las reglas de escritura je!)
Una vida sin tí
Cap. 2 - Inuyasha
Dos y media semanas después de lo sucedido con las hijas de ambos, Kagome empezó a sentir algunos síntomas conocidos, tales como náuseas, vómitos matutinos, mucho sueño y su constante cambio de humor –tanto era que ni ella misma se soportaba–.
- ¿No será que estás… embarazada? – preguntó Inuyasha en la noche, sentados cerca del fogón en la cabaña que él, antes de casarse, construyó para que su familia viviera allí, era muy parecida a la de la anciana Kaede, solo que esta era más grande y contenía muchas cosas de la época de su esposa.
- Parece que sí… mañana tendré que volver a mi época para verificarlo, también pensé que era por la misma razón – se quedó un tanto pensativa, mientras esperaba la llegada de sus hijas que habían ido en compañía de Sango y Miroku – Oye Inuyasha, será mejor que vallas por Isayoi y por Iriela, se están tardando demasiado.
- Tranquila Kagome, en cualquier momento van a venir – respondió Inuyasha, mirando el fuego.
La bipolaridad de su mujer volvía y no quería volver a pasar lo mismo que en el primer embarazo de ella, por ello, pensaba antes de decirle cualquier burrada porque ella en ese estado es más susceptible que las demás mujeres.
- No voy a estar tranquila si no vas a traerlas ahora mismo – sentenció cerrando los ojos en señal de enfado.
- Déjame tranquilo, por favor, por una vez en tu vida déjame en paz, no te fue suficiente lo que pasé con… – lo decía para que ella dejara de molestarlo con el asunto de las niñas, pero en ese momento sintió el olor a sal, por lo que volteó a verla.
Estaba llorando.
- Eres un insensible, ojalá te pusieras en mi lugar y vieras que es muy difícil estar en este estado – reclamó ella mirándolo a los ojos con furia
- ¡Keh! – gritó, saliendo de la cabaña para escapar de la presión que conllevaba tenerla preñada de nuevo… no quería volver a pasar por lo mismo, no quería volver a tener que soportar los cincuenta "Abajo" que le mandaba por día, los gustos extravagantes en comida que pedía… pero en parte era su culpa, él también había puesto ese "algo" para implantar la semillita en su vientre.
De repente se le vino a la mente el recuerdo de la fallecida Kikyo.
¿Hubiera pasado por lo mismo?... por supuesto que no, ella era más tranquila que Kagome y estaba seguro que no utilizaría el conjuro que lo mandaba al piso porque creía que su antiguo amor no hubiera sido capaz de hacerle algo así.
Caminó por largo rato, replanteándose su relación con Kagome, decidiendo dormir fuera para –si fuera posible– pensar toda la noche sobre como la aguantaría.
Se subió al Goshimboku y se recostó en una de las ramas, pero repentinamente sintió mucho sueño.
Empezó a bostezar intentando quedarse despierto, pero no pudo, cayendo dormido… pero al momento de cerrar sus ojos, los volvió a abrir, encontrándose en una cabaña.
No se parecía en nada a la que él había construido, este era un poco más pequeño y tenía el mismo diseño que cualquier casa del lugar; no se escuchaba nada más que el sonido de los grillos y alguno que otro búho que ululaba, se encontraba confundido, ¿Y Kagome?...
Se paró mirando el fogón al centro del lugar, se suponía que la había dejado llorando al lado de esta, ¿Por qué no estaba allí?... ¿Será que ella volvió a su época dejándolo solo con las niñas?
"No seas melodramático Inuyasha, ella prometió que se quedaría contigo por siempre y…" iba pensando él, pero una voz lo alertó… Pero… no podía ser… se suponía que ella estaba… que estaba… muerta.
- Ahhh, Inuyasha, tus hijos son unos revoltosos – se quejó Kikyo al mover a un lado la entrada de esteras – Felizmente ya estás aquí para controlarlos, en estos momentos es cuando más necesito de ti.
Inuyasha volteó y se encontró con una imagen que jamás pensó ver.
La –por ahora viva– Kikyo con su panza abultada… No…no pudo haberle sido infiel a Kagome con ella… no…
- Kikyo, ¿Dónde está Kagome?... ¿Qué le hiciste? – preguntó con nerviosismo y gran preocupación, no sólo porque su adorada miko del futuro no estuviera allí, sino por la cantidad de "Abajo" que le mandaría al enterarse de su infidelidad.
- ¿Quién es Kagome, Inuyasha? – ahora las preguntas se invertían y su rostro feliz cambió a uno de frustración al saber que su amado mencionaba a otra mujer.
- Tu reencarnación, la chica que rompió la Shikon no Tama en miles de pedazos, ella… de cabello azabache, la chica de traje escalar… escular… esco-colar… Ahhh lo que sea… pero era ella – gritó, viendo el rostro desencajado de Kikyo… observando que contenía las lágrimas ante sus palabras
- ¿De quién me hablas Inuyasha?... La perla desapareció cuando pediste tu deseo de ser humano para formar una familia conmigo, ¿Cómo es posible que siendo tu mujer pienses en otra?... eres un insensible – las lágrimas aparecieron de a poco sin mostrar más emoción que decepción – sabes que estas impresiones son malas para mí en mi estado, además, no puedo creer que te olvidaras que tu esposa soy yo para pensar en esa tal… Kagome – se volteó dispuesta a salir.
¿Humano?... ¿Él por fin era humano?... no lo podía creer.
Miró sus manos… efectivamente no tenía sus garras, luego se llevó estas a su cabeza buscando alguna señal de sus peludas orejas, pero no encontró nada más que cabello. Llevó uno de los mechones cerca de su rostro para observarlo… resultado: era completamente negro.
Fue hasta ella y la abrazó por detrás.
- Espera… yo… lo…lo siento – habló, pero había algo raro. No sentía la misma calidez con Kikyo que con Kagome… ese abrazó no le transmitía, ni siquiera alegría – y debería estar alegre por volver a verla.
- Esta bien Inuyasha, pero, no lo vuelvas a hacer, ¿Si? – preguntó ella, a lo cual él asintió.
Ese no era el brusco cambio que esperaba… pensó que Kikyo no lo perdonaría, pero fue más fácil que con Kagome, ya que ella hubiera utilizado…
Un momento... subió sus manos hasta su cuello… El collar de cuentas no estaba… ¡Lo sabía!... Kikyo no sería capaz de ponerle aquella horrible tortura.
- Esta bien, y ¿Dónde están los niños? – preguntó mientras la tomaba de la mano para salir de la construcción.
- Con mi hermana Kaede, ella la cuida, es como una niñera para Kai y Sei, a pesar de que ellos ya tienen diez años – se empezó a reír un poco, mientras lo instaba a caminar en dirección a la casa de esta, aunque Inuyasha la conocía perfectamente.
- ¿Diez años?... Wow… ¿Y dónde están Miroku y Sango? – quería saber, ya que si no estaba Kagome, por lo menos ellos podrían explicar que fue lo que pasó.
- ¿Quiénes son?... Yo no conozco a nadie que tenga esos nombres – en definitiva era una estúpida pregunta… se supone que si la perla no se rompió, nunca tuvo aventuras, y jamás… JAMÁS… los conoció.
- Nadie… creo que me golpeé la cabeza al entrar a la cabaña.
- Si eso parece.
-.-
En definitiva no esperaba que Kaede cambiara el lugar de su residencia, pero que tonto era… se supone que están en el Sengoku de hace cuarenta y nueve años –aproximadamente–, entonces, ni Kagome, ni Miroku, ni Sango… ni siquiera Shippo existían.
- Gracias por cuidarla Kaede – agradeció despidiéndose de la joven mujer, mientras se llevaba a sus hijos, los cuales parecían muy serios.
Kikyo avisó que se quedaría un momento con su hermana para poder hablar un poco, por lo cual, se llevó a sus hijos a su respectiva cabaña.
Todo el camino fue silencioso y él odiaba el silencio
Si hubiera estado con Isayoi e Iriela, ya se estuviera matando de la risa por las peleas que ambas hermanas tenía para que papá llevara a una de ellas en sus hombros… qué tiempos aquellos.
Al llegar a la cabaña, el silencio se hizo más grande aun y la incomodidad lo estaba carcomiendo.
- Oigan, ¿Por qué no vamos al río a sacar algunos peces?... ¿Eh?, ¿Qué les parece? – preguntó, pero ambos se miraron entre sí y luego miraron a su padre con temor.
- Nuestra madre consideraría eso como conducta inapropiada, ella nos prohibiría salir de la cabaña de nuevo, y por lo menos queremos ver el cielo cada vez que salimos a la casa de tía Kaede – respondió uno de los dos.
- ¿Ella les tiene prohibido salir? – Ambos asintieron – ¿Por qué haría algo como eso?
- Es que ella dijo que no te dijéramos nada y queremos hacerle caso.
- Díganme, por favor, hablaré con ella sobre ello, pero no le diré que ustedes me lo dijeron.
- ¿Cómo cambiaste tan rápido padre? – preguntó el otro que hasta ahora se había mantenido callado a diferencia de su hermano, parecía más tímido…
- ¿Cambiar? - ¿A qué se refería con ello?
- Pues… pues, antes apoyabas a mamá en esto de que no nos deje salir, solo que ella te dio una razón diferente a la de nosotros – volvió a hablar el más tímido.
- ¿Cuál razón?
- Pues… – habló el hermano con quien conversó primero – ella te dijo que era para cuidarnos de los malos hombres de la aldea, pero a nosotros nos dijo que era para protegernos de los monstruos, youkais y… de los hanyous.
Con eso último explotó… ¿Alejarse de los hanyous?, ¿Sólo porque tenían sangre humana y demoniaca en su interior?...
Inmediatamente salió corriendo de allí hasta el Goshimboku.
Al llegar, tocó una parte de la corteza y las lágrimas aparecieron mientras se arrodillaba lentamente en las raíces del gran árbol, no porque Kikyo discriminaba a los hanyous cuando él había sido uno, sino, que había pensado en una vida con ella, comparando a Kagome con ella, cuando ella lo había aceptado tal y como era… de hecho… lo amaba tal y como era.
"Quiero tener conmigo a Kagome de nuevo… quiero vivir en esa monotonía de nuevo, por favor, yo la amo, quiero tener de vuelta a mis hijas, que por más canas verdes que traten de sacarme, yo las amo, a las 3, son las mujeres que han sabido llegar hasta mi corazón sin esfuerzo, con tan solo una sonrisa y su afecto… Quiero sentir el calor de Kagome, que vuelva a ser mi esposa, porque ella nació para mí y yo para ella, porque el destino nos unió, porque así estaba dicho y así debía de ser, y prometo que jamás… Jamás, me cansaré de sus enojos, de su hermoso rostro, hasta de los muchos "abajo" que me manda…, aprovecharé cada momento con mis hijas y mi esposa, hasta que sea el día de mi muerte… por favor, quiero volver con mi familia, quiero volver a mi hogar" pensó sin dejar de tocar el Goshimboku, rogando con todas sus fuerzas volver.
Con aquella idea en mente, cerró sus ojos, provocando que todo a su alrededor se vuelva color negro, pero luego abrió sus ojos, encontrándose en la misma rama en la que estaba.
¿Qué pasó con Kikyo… con sus supuestos hijos?... Acaso…
De un salto bajó del Goshimboku y miró sus manos… de nuevo las garras, llevó una de sus manos a la parte superior de su cabeza… ¡Sus orejas!... ¡Volvió a ser un hanyou!... entonces… eso quería decir que Kagome… Su Kagome… ¡Era de nuevo su esposa!
Se puso a correr lo más rápido que pudo –lo cual fue fácil gracias a la sangre demoniaca que poseía– y en menos de un minuto estuvo enfrente de la moderna cabaña.
Abrió la puerta despacio, la vista era totalmente dolorosa… Su adorada Kagome estaba llorando de espaldas a él.
Eso era lo único que se escuchaba en el lugar, el llanto de su mujer… definitivamente era un idiota, estúpido, tarado, desgraciado…
- Por más que trate de odiarlo yo lo amo… - escuchó su lamento… no podía seguir soportando eso.
Se acercó lentamente y la abrazó por detrás, apoyando la espalda de ella contra su torso.
- Yo también te amo Kagome – le susurró al oído – Lamento haber sido la peor escoria del mundo al haberte dicho esas cosas, de verdad, lo siento – murmuró de una forma apasionada, manteniendo el abrazo.
- Te perdono Inuyasha… – se volteó y lo miró a los ojos – y discúlpame tú, por todo lo que te hice pasar, créeme que ni yo misma me soporto en estos días y comprendería que me quisieras tener alejada… - No pudo continuar, ya que los varoniles labios de su esposo comenzaron a tocar los suyos en un beso cariñoso, que transmitía muchas emociones y sentimientos.
- No Kagome – se separó de ella juntando sus frentes – ni loco te volvería a dejar ir, ni aunque tú quisieras te alejaría de mí… te amo... – iba a volver a besarla, pero se separaron al oír que Sango y Miroku aparecían con Isayoi e Iriela, quienes al ver a papá, se le abalanzaron para darle miles de besos y abrazos.
Esa era la familia que tanto quería… y estaba feliz con el nuevo cachorro –o cachorra– que veía en camino, ya que su hogar aumentaría… y esperaba que lo siguiera haciendo… -Como si no fuera posible ^^U -
¿Reviews?... ¿Sí?
Gracias a todos los que leyeron mis fics, este fic también...a los que
dejaron su review, a los lectores silenciosos, a todos, a los que
nos deleitaron con muchos otros fics
les deseo Feliz Año Nuevo!
Gracias! ^_^
Bye
By: valeaome
