Temas: El regalo perfecto / Árbol de navidad
Reto publicado: 1 de enero de 2015


Disclamer: Victorious y sus personajes no me pertenecen.


A veces es difícil aventurarse a lo desconocido, sobre todo cuando aun recuerdas muy bien todo lo que tuviste y perdiste, en menos de un abrir y cerrar de ojos.

Jade se mantuvo ahí, parada frente al titilante portal, preguntándose si valdría la pena dar ese primer paso hacia otro mundo. Regresó a ver con nostalgia a su propia puerta y sabiendo que no tenía a donde volver, más que a un mundo muerto, simplemente avanzó.

Tal como cuando entró en el limbo, un zumbido la cubrió por completo y en menos de un segundo estaba bajo a un tibio chorro de agua y con la vista nublada.

—¿Te entró jabón a los ojos? —escuchó a una dulce voz burlarse con ternura mientras pasaba esos dedos suavemente sobre sus pálidos párpados—. Listo, ábrelos.

Era Tori, estaban completamente desnudas en la ducha compartiendo un baño, Jade sonrió y sin darse cuenta derramó algunas lágrimas que pasaron inadvertidas bajo el agua.

Tori era una vez más suya, se encontraba ahí, en la más íntima de las circunstancias, no cabía duda, estaban juntas. No miró más que a esos ojos color café por varios segundos, hasta que no pudo contener más su desesperación y se apresuró a robarle un beso que fue recibido con sorpresa.

—¿Todo bien? —murmuró la latina separándose apenas unos centímetros.

—Te he extrañado tanto —dijo Jade volviendo a juntar sus labios tomándola de la cintura y acariciando su suave piel bajo las precipitadas gotas y la espuma que bajaba de ese cabello castaño a lo largo de su espalda color caramelo.

—Lo sé, no he podido venir tan seguido, pero eso no quiere decir que no te necesite.

Una extraña palabra que robo toda su atención.

—¿Me necesitas?

—Todos los días… ya lo sabes, pero Franz demanda mucho de mi tiempo…

—¿Franz?

—Lo siento, sé que odias que lo nombre en tu casa, solo que ha empezado a volverme loca.

Jade la miró fijamente, logrando poner a la morena nerviosa.

—Olvídalo, se las reglas lo siento —dijo cerrando los ojos y regalándole un beso le dijo—: Yo también te he extrañado, no sabes cuanto.

Jade comenzó a ponerse intranquila porque no terminaba de entender quién era ese tal Franz o por qué Tori tenía prohibido mencionarlo en lo que parecía ser su hogar, lo que quería decir que ya no eran unas adolescentes.

Entonces quién era este tipo, no podía ser su manager porque sería ilógico que no lo nombrara; tal vez un amigo insoportable, pero por qué demandaría tiempo de su novia. De repente el tono de una llamada se hizo notar desde afuera de la ducha y la latina se separó inmediatamente.

—¿Qué pasa? ¿A dónde vas?

—Es él, lo siento, debo contestar—. Y sin más abrió la cortina del otro extremo del cubículo, tomó una toalla del perchero y salió para responder el aparato que seguía sonando con esa notable canción.

Jade cerró la llave de la ducha inmediatamente y buscó también una toalla para cubrirse, mientras veía a Tori tomar el teléfono del mesón.

—Amor —dijo el momento que puso el auricular en su oído y giro dándole la espalda. Una sola palabra que heló a la chica de los ojos azules que pronto se tornaron tristes, mientras sentía como su cuerpo entero se destrozaba entre el vapor de la habitación.

—Lo sé… Entiendo… No, no voy a llegar tarde, salgo en veinte minutos… Está bien… Gracias… —decía entre silencios que eran llenados por una incomprensible y grave voz del otro lado de la línea—… Te amo, nos vemos al rato.

Colgó la llamada y limpió el espejo que tenía en frente encontrándose con la quebrada mirada de su acompañante, aun parada dentro de la ducha, escasamente cubierta por ese pedazo de rugosa y suave tela blanca.

—Debo irme —dijo sin voltear—, tengo una sesión de fotos de la familia por las fiestas y…

—¿Lo amas?

—Jade, ya sabes como son las cosas...

—Eso no contesta mi pregunta, Tori.

—No, no lo hace, pero tú también conoces las reglas… ya no tenemos diecisiete años.

—¿Reglas? —preguntó aun más dolida.

Soy completamente tuya, en las horas que puedo darte… Y ahora... debo irme.

—¿Horas…?

—Lo lamento, ojalá tenga tiempo de venir antes de Navidad y abrir un par de regalos contigo—. Tomó sus cosas del mesón y salió del cuarto de baño para vestirse.

Jade no pudo ir tras ella, estaba completamente inmóvil, ni siquiera hizo el esfuerzo de apresurarse para exigir una explicación. ¿Qué reclamo podía hacer ante lo que, evidentemente, había aceptado? ¿Qué fin tenía luchar contra lo que el autor de esa historia había escrito para ella? Ninguno.

Finalmente salió de la ducha y se acercó a la puerta para cerrarla con llave. Dejó su cuerpo medio desnudo escurrirse hasta el piso, apoyándose en la fría madera y entendió cual era la realidad de su vida ahí; era la otra, la que aceptaba un arreglo para poder ser parte de la vida de aquella chica que había ido a buscar a ese mundo, mientras ella regresaba constantemente a los brazos de un completo desconocido al que decía amar.

No era suya, ni siquiera sabía qué la traía a su casa, ¿sentía algo por ella?, ¿era un mutuo acuerdo que, a la Jade de esa realidad, le convenía o le importaba siquiera?

Unos minutos más tarde escuchaba como Tori golpeaba suavemente la puerta.

—¿Vas a salir de ahí?

—No.

—Jade…

—Vete, Tori.

—Quisiera darte un beso antes de irme, tal vez no pueda venir para noche buena.

—No lo hagas… Solo recoge tus cosas y ándate.

—Jade…

—¡Vete, Vega!… Y no regreses. —dijo esto último como un susurro que no quiso que la otra chica escuche, pero lo hizo. Tori no dijo nada, entendía perfectamente que, una vez más, le rompía el corazón a su amante.

—Feliz Navidad, Jade. Nos veremos pronto —mencionó sin darle más consideración y partió por la puerta principal.

«…eres un ser libre, puedes entrar y salir de las historias, por lo menos hasta que encuentres una en la cual quieras quedarte…», recordó las palabras de su querido profesor y se levantó decidida, ese no era el lugar para ella. Tenía una misión, encontrar a su Tori, una que le de todo lo que ella quería, su amor incondicional, una vida tranquila, punto; y no pararía hasta llegar a ella.

Salió del baño directo a su habitación, era muy amplia, con grandes ventanales, la luz de la mañana se filtraba por las cortinas directo a la cama que era un desastre, seguramente de la acción que había ocurrido horas antes; lanzó la toalla sobre ésta y abrió el amplio closet para buscar algo que ponerse y poder salir de ahí.

—Por lo menos tengo buen gusto —se dijo a si misma mientras escaneaba las prendas negras y azules. Tiró unos jeans a la cama, seguidos de una chaqueta de cuero y una blusa de mangas largas. Sacó de la estantería aledaña un par de botas de taco alto y se dispuso a vestirse y arreglarse antes de buscar su móvil para tocar esa melodía que la llevaría de vuelta al limbo.

—Genial, no tengo esa canción entre mi música —bufó molesta antes de recordar que había una forma de encontrarla fácilmente—. Youtube, perfecto.

Dio un último vistazo al lugar, al cual ni siquiera había reparado en darle un profundo análisis, no quería encontrarse con fragmentos de una vida ajena, no volvería allí nunca más, de que servía perder el tiempo en esos detalles.

El portal apareció en cuestión de segundos y esta vez sin dudar dio un paso al frente y regresó al hoyo negro.

Al mirar en la profundidad de ese oscuro lugar, se dio cuenta de que encontrar la historia perfecta le tomaría mucho tiempo, seguramente tendría que elegir algunos mundos solo para descansar, tomar un baño, relajarse, comer algo, según ella no habían pasado más de dos horas pero ya sentía muchísima hambre y cansancio.

Vio a lo lejos otra luz que titilaba, esta vez era un estirado marco con la luz un poco más brillante que la anterior y dando pasos rápidos se acercó a ella.

—Bueno, vamos —exclamó y sin perder el tiempo se adentró en ella, fundiéndose nuevamente en una nueva historia.

—¿Jade, estás lista? —Se escuchó a Beck gritar a lo lejos. Ella se encontraba en la cocina con una taza de café vacía en mano y la cafetera caliente justo en frente, de la cual salía un exquisito olor.

Giró el rostro observando el lugar; era limpio y tranquilo. Por la ventana se veía un día muy frío y con niebla, pocas casas se lograban divisar a lo lejos y las gotas de la lluvia bajaban por los vidrios.

Tomó la jarra y vertió el líquido oscuro, dejando un par de centímetros del filo para aumentar un poco de leche y las dos cucharadas de azúcar que siempre lo acompañaban. Revolvió un par de veces para disolver los gránulos y abrió el refrigerador sacando el cartón del blanco liquido para rellenar su bebida. Al cerrar la puerta para salir de la cocina, se encontró con un rostro familiar que la esperaba.

—Estoy por hacer la llamada, ¿vienes?

—Me asustaste, Beck.

—Perdón, ¿estás bien?

—Sí, claro, vamos. —afirmó y, dándole un sorbo al café, se encaminó tras el chico que ya no era un joven, debía tener aproximadamente unos veintitrés años y lucía mucho más corpulento y presentable; aun con su cabello largo atado en una cola de caballo y con un poco de barba en su cara.

La sala era diminuta, apenas cabían dos sillones ubicados en forma de L y una pequeña mesa de centro; a un lado estaba un escritorio antiguo de madera oscura que se notaba carcomida por las polillas y sobre ésta, un computador que estaba encendido con la aplicación de la video llamada abierta, lista para comenzar una conferencia.

Su atento ex jaló una de las sillas y la ayudó a acomodarse para proseguir a tomar asiento a su lado.

El tono de la conexión comenzó a sonar y pronto dos pantallas se abrieron. En una apareció Cat vestida de reno saludando fervientemente y en la otra Andre que sonreía llamando a alguien.

—Ya estamos todos, ven bebé.

Para su sorpresa, quien entró en cámara, era aquella latina que ella tanto quería a su lado. Saludaba risueña y se sentaba en las piernas de su amigo dándole un corto beso en los labios.

"No otra vez, diablos".

—¿Qué tal chicos? ¿Cómo está todo en Londres?

—Frío, realmente helado, pero perfecto —respondió Beck, ajustando un poco la pantalla de la laptop para que él y Jade estuvieran en dentro del cuadro—. ¿Ustedes? ¿ya tienen fecha para la boda?

"¡¿Boda?!", pensó la gótica abriendo los ojos y apretando los dientes.

—Sí, ya son tres meses del compromiso —añadió Cat.

—Es sorpresa —respondió Tori tapando los labios de su novio con la mano para que no revelara ningún detalle.

Tres meses del compromiso de Tori y Andre, y ella viviendo con Beck en Londres evidentemente juntos, una foto de ambos besándose, que reposaba junto al computador, los delató. Esta maldita historia tampoco era lo que ella estaba buscando.

—¿Y tú Cat? ¿Cómo va todo en Nueva York?

—Genial, la universidad me ha sacado canas verdes pero ya falta poco para la graduación, seis meses más… solo seis más.

—Debemos reunirnos cuando terminemos todos —sugirió Beck—. Tal vez deberían venir aquí para su luna de miel.

Comentario que únicamente hizo que Jade sintiera unas profundas nauseas de la nada. Eso era ridículo, debía salir de ahí lo más pronto posible.

—Lo siento voy al baño. —Se levantó y divisando la puerta del pequeño cuarto, dijo—: No me siento tan bien, de repente me dio un poco de mareo, ya regreso.

—Está bien, te esperamos.

Empujó la puerta y salió de la vista de sus amigos pero aún podía escucharlos a lo lejos.

—¿Cómo va el embarazo? —preguntó Tori preocupada.

—Bien, todo normal. El doctor le permite una taza de café al día, así que por lo menos con eso está tranquila — respondió Beck.

"¿Para colmo embarazada?, bien Jade", pensaba ella mientras buscaba la página con el video para presionar el botón de reproducir y salir de ese lugar lo más pronto posible. "Nunca más por una puerta titilante, jamás".

Ya en el limbo nuevamente, caminó por algunos minutos buscando una puerta que le atrajera. Varias cambiaban de color a su paso pero ella se negaba a entrar ahí por esa simple razón. Ahora elegiría una que le guste, que le llame la atención, no por su luz sino por su forma, esperaba que su instinto grite "esta es", así que caminó y caminó por un largo tiempo moviéndose entre decenas de portales.

De repente encontró una ancha y alta puerta, que no terminaba en forma rectangular. Era un arco perfecto y su luz, un tenue azul, no amarillo; no titilaba, pero definitivamente era distinta de las otras.

—Vamos Jade, esta algo bueno debe tener.

Respiró profundo y entró.

Al abrir los ojos se encontró acostada en una gran cama de dos plazas y media, en un enorme cuarto, entre sábanas negras y bajo un cobertor del mismo color lleno de pequeñas tijeras por todos lados. Sus paredes y techo eran de un color burdeos oscuro y estaban cubiertas de afiches de sus películas favoritas. Sus cortinas, unas persianas horizontales de un color café rojizo un poco más oscuro que el de sus paredes, al igual que las puertas de su closet y del cuarto de baño.

De pronto escuchó un golpe en su puerta, pero falló en responder, no estaba acostumbrada a tener a gente en casa aparte de su padre en las noches y ambos no cruzaban palabra jamás.

—Jade, hija…

—¿Mamá? —Abrió los ojos ampliamente al escuchar la voz tan inconfundible de su fallecida madre y se sentó de golpe.

La mujer de cabellos castaños y ojos verdes azulados (como el más cristalino de los mares), abrió la puerta lentamente dejando notar de a poco su figura hasta que Jade pudo verla completamente.

Todo se le hacia como un sueño, uno de los tantos que tuvo (casi cada noche), después del accidente. Jamás imaginó tenerla enfrente una vez más, mucho menos de esta manera.

—Amor, debes estar agotada por la obra —dijo tomando asiento a lado—. Te quedaste dormida y decidimos no despertarte. Un día de escuela menos nunca le hizo mal a nadie —continuaba mientras acariciaba dulcemente el rostro de su sorprendida hija que no hacía más que mirarla detenidamente; era ella, sin duda—. El desayuno está listo, si quieres acompañarnos.

Jade no pudo contestar nada, únicamente asintió, su madre se le acercó a darle un beso en la frente y se levantó diciendo:

—Estamos muy orgullosos de ti, la obra estuvo espectacular —Y antes de cerrar la puerta, dirigiéndose a la cocina, mencionó—: Te esperamos abajo, Dan tampoco fue a la escuela hoy.

Jade apretó tan fuerte los párpados que empezó a sentir un ligero dolor de cabeza por la fuerza y cuando finalmente los abrió una hila de lágrimas cayó por sus mejillas. Jamás había contemplado la idea de que podía volver a tener a su madre a su lado, además de eso, a una familia que obviamente la esperaba para compartir tiempo con ella, algo que no pasaba desde que tenía diez años, cuando su mamá todavía vivía.

Se puso de pie y se acercó a elegir una mudada de ropa, ya se había dado cuenta de que no importa que lleve puesta; una vez que cruzara al nuevo mundo, tomaba la forma exacta de su personaje y lo que sea que estuviese vistiendo al momento; sus accesorios también cambiaban y hasta la marca de su celular.

Tomó un baño de no más de cinco minutos y se arregló rápidamente para bajar a encontrarse con su madre, su padre y el tal Dan que no tenía idea quién era.

—¡Hey! La chica de oro —dijo una extraña mujer, acercándose a darle un beso—. Felicidades amor, todo salió perfecto ayer.

—… Gracias… —respondió sin entender por qué le llamaba de forma tan cariñosa.

—Hola Troll —dijo un chico de unos quince años con cabello castaño y de ojos claros, vestido todo de negro como ella y con las uñas mal pintadas.

—Dan, me pasas el plato de tu hermana por favor —dijo la rubia mujer.

—Jade puede pasarte su propio plato, mamá.

"Hermano, mamá… ¿qué demonios? ¿Dónde esta mi mamá?", pensó entrecerrando los ojos, ¿quiénes eran esos dos desconocidos?

—Bajaste por fin. Ahora sí, desayunemos, que debo estar en la galería antes de las diez de la mañana —dijo su madre por detrás de la gótica pasándole, momentáneamente, la mano por su hombro con un tierno apretón y acercándose a la otra mujer para depositar un beso en su mejilla seguido por otro en los labios.

"¡Mamá es GAY! ¡Ma-má es-gay!", pensó Jade observando la escena.

—¡Troll, tu plato!… ¡Ten! —dijo su hermano llamando su atención.

—Deja de llamarme así, engendro—replicó Jade tomando su desayuno y sentándose a su par.

La casa era moderna, muy luminosa gracias a sus elevados ventanales. La cocina decorada con muebles negros y los mesones de mármol blanco con sillas altas alrededor del desayunador. Detrás, estaba una amplia sala, muy minimalista, con sillones negros rectangulares y simples, la mesa de centro de un vidrio grueso frente a una chimenea que estaba llena de fotos familiares y a los lados abrían un par de puertas de vidrio que llevaban a un bonito y verde jardín. Nada como su antigua y saturada casa estilo victoriano.

—¿Estas bien? —susurró Dan cortando la concentración que su hermana tenía hacia todo el lugar y sobre ambas mujeres que no dejaban de regalarse cariños—. Lo sé, parecen adolescentes, son peores que nosotros —continuó el chico pasándole los cubiertos que tenía en frente para que empiece a comer—. ¿Cuando vamos a ir de compras? Ya faltan solo tres días para Navidad.

—¿De qué hablas? —dijo la chica, sacudiendo su cabeza y regresándole la mirada.

—¡De los regalos para mamás y papás! ¿Ya lo olvidaste? ¡Íbamos a ir juntos! Lo prometiste —murmuraba indignado—. Siempre es lo mismo contigo, Jade.

—¿Papás?

—¡Aj! ¿Ya les compraste algo a papá y papá? ¡Diablos, Jade! —preguntó molesto, aun en voz muy baja y en ese momento ella se preguntó a si misma: "¡¿Papá es gay también?!".

—Tranquilízate, ¿quieres? —dijo alzando la voz y al darse cuenta de su falla se acercó a Dan y le susurró—. No he comprado nada aun, pero tengo algo que hacer en la tarde, así que...

—¿Mañana?

—Seguro —respondió, no porque en realidad planeara ir con el chico, pero no quería armar un alboroto, lo más importante era encontrar a Tori.

Y si la coincidencia y el destino podían ponerse de su parte, lo habían hecho en ese preciso instante en el que recibía un mensaje a su celular. Sacó el aparato del bolsillo frontal de su pantalón y sonrió al leer el texto que aquella latina le había enviado.

«¿Por qué no viniste a la escuela? Necesito hablar contigo con urgencia. Por favor, encuéntrame en la cafetería frente a Nozu a las 2PM».

—¿Es Tori? —preguntó Dan con una pícara mueca.

—Cállate, ¿sí? —contestó guardando el teléfono y apuñalando su huevo revuelto—, a menos que tengas un deseo de muerte, enano.

—Te amo, ¿sabes? —dijo el chico riendo mientras recogía su plato vacío y terminaba su jugo de naranja—. Si tuviera que elegir mi familia, tú serías la primera en la lista. —Se levantó, y sonriendo dejó los platos sucios en el fregadero, dio un beso a sus madres que seguían distraídas preparando su taza de café y se retiró al segundo piso.

"Tengo un hermano, mamás lesbianas y al parecer múltiples padres… linda historia… Solo espero que Tori… me ame aquí".

Después de acompañar a ambas mujeres y conversar sobre la espectacular obra de teatro que, al parecer, había montado en la escuela, subió a su habitación y se puso a revisar todo lo que había en ella. Esta vez no era como ese primer relato en el que entró, al cual no le interesó ni siquiera darle una rápida leída. En esta ocasión quería saberlo todo.

¿Era su papá el que siempre conoció? ¿Quién era su otro papá? ¿Eran, tal vez, ella y Dan adoptados? ¿Cómo funcionaba su vida?

Todo, lo quería saber todo, por lo menos hasta que dieran la una de la tarde y poder prepararse para verse con Tori.

—¿Qué haces? —preguntó Dan viéndola subir sobre los cajones de su mueble, para alcanzar la parte más alta del closet.

—No sé que tengo ahí arriba, quiero ver si hay algo que… —Se calló al darse cuenta de que estaba confiando en un completo desconocido y que casi revela que no tenía idea de como era su vida en ese lugar y buscaba pistas que la guíen.

—¿Algo qué…?

—Emm… Pues, algo que pueda regalarles a nuestros padres por navidad.

—¡¿No íbamos mañana al centro comercial?!

—¡Cal-ma-te! —contestó observándolo fijamente— tal vez hay una foto para poder poner en un marco que buscaremos mañana, ¿capisce?

—¡Ay sí, tú tan italiana! —respondió más tranquilo, burlándose un poco de su hermana mayor—. Ahí no vas a encontrar nada de todos modos. Ven, la última vez que vi esos álbumes estaban en el sótano.

Al llegar al oscuro cuarto, Dan aplaudió un par de veces y como arte de magia todo se encendió.

—Ya había olvidado cuanto nos gustaba bajar aquí a jugar a las escondidas aplaudiendo para descubrir el escondite del otro —mencionó el castaño soltando una risa y bajó los últimos dos escalones dando un salto, dirigiéndose directo a una ordenada estantería de la cual tomó varios volúmenes—. ¿Ves?, tengo una gran memoria.

—Si tan solo te pagaran por ella, podrías mudarte muy, muy lejos de aquí —añadió Jade, tomando los álbumes y sentándose en el piso, su hermano la siguió.

Empezó a ojear las fotos, página por página. Las primeras estaban plasmadas de fotos de sus padres cuando eran jóvenes.

La rubia que aún no tenía nombre, muy elegante en su sencillez; Julia, su mamá, con un peinado increíblemente risible; Ariel, su papá, mucho más alivianado de lo que ella lo había conocido de toda la vida; y finalmente un hombre muy apuesto de ojos azules como el cielo y un cabello negro azabache que le llegaba hasta los hombros.

—Me da risa ver las fotos viejas de papá. Se parece mucho a ti… o mejor dicho, tú a él —reía Dan viendo las imágenes de ese hombre, pero ese no era su papá. Sin embargo observando dedicadamente al chico que tenía en frente y la foto de Ariel se dio cuenta de que eran casi idénticos, los rasgos físicos, la forma de los ojos, la sonrisa de lado, como si fueran copias al carbón.

—Dan, ¿puedo preguntarte algo?

—Claro, ¿qué?

—Emm, bueno… Yo… —suspiraba la chica sin saber como pedir que le cuente sobre su familia—. ¿Alguna vez te molestó que tuviésemos dos papás y dos mamás?

—Tú sabes que no, aunque nos molestaran mucho en la escuela —confirmó alzando los hombros—. Recuerda que tú eras quién le metía un golpe a cada idiota que se atrevía a decir algo—. Además… tenemos los mejores padres Jade, siempre están con nosotros, tenemos una vida tranquila y aunque a la gente le estorbe, somos una gran familia.

Ella suspiraba viendo cuan feliz era en esas fotos. En una estaba sostenida por sus dos papás el día que nació, en otra con sus dos mamás, todos parecían completamente extasiados. Julia era la que estaba en la camilla, así que lo supo entonces, su mamá de toda la vida, era su madre biológica. Dio vuelta la página y encontró una imagen que tenía una leyenda que decía:

«Julia, Haden y Jade».

El hombre de los ojos azules, que fácilmente le hacían pareja a los suyos, se llamaba Haden y era su padre biológico.

Terminó de ver las decenas de fotos de bebé que tenía ese álbum, dedicado solo a ella y recogió otro del piso. En la primera hoja había una composición similar pero con su hermano menor.

«Danah, Ariel y Daniel».

El que siempre conoció como su padre, aquel que se había convertido en un hombre indiferente, no compartía con ella ni siquiera el más simple de los cromosomas; era padre de Dan, junto con la mujer rubia que evidentemente le dejó sus preciosos ojos.

—Aquí hay una de los cuatro, deberíamos duplicarla y comprar dos marcos, uno para cada casa —sugirió el menor. Era una imagen muy dulce de sus mamás y papás persiguiéndolos en el parque, no había duda sería el regalo perfecto.

—Esa es una idea genial —dijo sacando la foto del álbum para llevarla en la tarde al centro de copiado; después de hablar con Tori, por supuesto— Voy a llevarme los álbumes a mi habitación, quiero ojearlos luego.

—Te ayudo —ofreció el castaño chico, tomando algunos en sus brazos y saliendo del lugar.

Faltaba un poco más de una hora para encontrarse con la morena, así que decidió salir anticipadamente y llevar la foto al almacén que quedaba en el centro comercial y aprovechar un poco el tiempo. Caminó hasta el lugar (eran apenas seis cuadras desde su casa), e hizo el encargo que debía retirar a partir de las cinco de la tarde; los pedidos de fotos estaban a rebozar y no pudieron hacer el trabajo inmediatamente.

Llegó a la cafetería y tomó asiento en una mesa para dos. Sacó su celular y se puso a ojear las fotografías que tenía guardadas, entró a The Slap y revisó los estados de sus amigos, los suyos, vio un par de videos y entendió que, aunque muchas cosas se mantenían como constante, existía una infinidad de detalles que jamás se imaginó, tanto de sus amigos, como de ella misma.

—¡Hey! Siento haberme tardado, el idiota de álgebra nos tomó prueba sorpresa, por suerte no estás en esa clase —dijo Tori sentándose en la silla de en frente. Lucía nerviosa y agitada por el apuro de llegar; se pasó una mano por su cabello y terminó por acomodar un mechón tras su oreja derecha

—Te ves muy linda hoy —dijo Jade, sin percatarse que no sabía aun el estado de su relación.

—Gracias —dijo Tori ruborizándose por el inusual cumplido.

—¿Y? ¿Para qué me querías a solas hoy? —preguntó con un tono demasiado seductor pero bastante común en ella.

—Debo… preguntarte algo que no sé si te va a hacer mucha gracia… Bueno, estoy segura de que no, pero… necesito saber que piensas al respecto.

—Okey… dilo.

—Hmm — suspiró Tori ampliamente—… Hay alguien que me gusta y… no debería hacerlo.

—¿Alguien? —No podía negar que lo primero que se le vino en mente fue ella, por supuesto, ¿quién más?

—Alguien que debería estar fuera de juego…, pero no puedo evitarlo… simplemente pasó. Lo juro… yo…

—Tori, está bien.

—¿Qué? ¿Qué está bien?

—Esto, está bien, yo creo que a ese "alguien" también le gustas.

—¡¿Tú crees que le gusto a Beck?!

—¡¿Beck?!

—Emm… Sí.

Jade no supo que más hacer que llevarse una mano a la frente y reposar por un momento, tratando de recuperar su compostura, pero se le hacía más que imposible al imaginarse una vez más perdedora.

—Así que... ¿Beck?

—Sé que no debería, es tu ex y yo tu amiga, pero... no tienes idea como he intentado evitarlo... —Tori paró de golpe su explicación cuando cayó en cuenta de que Jade había asumido que era otra persona—. Espera, ¿a quién pensabas que me refería?

—Cualquiera, menos a Beck.

—Jade… esto va a ser un problema entre ambas, ¿verdad? Lo sabía…

—¿Por qué? —preguntó la gótica al aire.

—Pues, porque es raro que una amiga salga con el ex de la otra y…

—¡No! No es contigo, no te pregunto a ti —dijo molesta—. ¡Te gusta Beck, genial! ¡Él me importa un comino, puede salir con quién más le plazca! ¡No lo veo como mi ex, no lo veo como nada, es Beck y punto! ¡Que haga lo que le de la gana!

—Entonces… ¿por qué, qué?

—¿Por qué en todo mundo al que voy tienes que estar enamorada de cualquier persona menos de mi? ¿Por qué, Tori? Dime, explícame eso.

—Disculpa, ¿qué? —respondió la morena completamente sorprendida de aquella confesión que no entendió en lo absoluto.

—¡Sí, por Dios! Primero me engañas con Cat, después estamos juntas pero porque engañas al tal Franz conmigo, después eres novia de Andre y van a casarse y ahora esto… ¡¿Beck?! —reclamaba hundida en su frustración—. Dime, que me espera en el siguiente mundo ¿eh? ¡¿Robbie?! Porque es lo peor que podría pasarme, en serio, ¡lo peor!

—Jade… —Fue lo único que Tori alcanzó a decir antes de que su amiga se levantara estrepitosamente y saliera a paso firme a la calle, para perderse entre la multitud de diciembre.

No permitió ni siquiera que la mujer que la obsesionaba tanto saliera tras ella; se puso los audífonos de su celular y presionó el botón de play regresando al limbo una vez más.

—¡¿Por qué siempre es lo mismo?! —gritó al verse sola nuevamente, dentro de toda esa oscuridad. Su vos se extendió por bastante tiempo mientras fluía por la inmensidad.

Caminó por largo rato hasta tranquilizarse y poder decidir que hacer. No sabía por qué, pero se sentía un poco atada a regresar a ese mundo, aunque lo que más quería era estar con Tori y al parecer ahí no lo conseguiría; así que se decidió, seguiría navegando historias, recorrería el mundo pero la encontraría. Y así divisó un delgado marco con una luz un tanto gris, casi ni se sentía su resplandor.

Cuando abrió los ojos ya del otro lado y vio un enorme campo verde; era un día soleado y sintió un silencio que solo permitía escuchar al viento entre las hojas de los árboles y a unos cuantos pájaros piar.

Bajó la mirada y se percató de que estaba acompañada por no menos de treinta personas vestidas de negro, abrazadas las unas con las otras; ahí estaban sus amigos, Beck, Andre y Robbie, los tres abrazando y consolando a Tori, con Jade apenas unos pasos detrás.

Volteó para su derecha y divisó a un sacerdote con Biblia en mano bendiciendo un féretro y pidiendo un minuto de silencio.. por Cat.

"No, no, no, no", pensaba al encontrarse con esas palabras y darse cuenta de que los papás de su mejor amiga estaban hechos un mar de lágrimas y su hermano parecía perdido en esa caja de madera que pronto empezaron a bajar. La desesperación, el dolor y la culpa la llenaron por completo.

"¡Cat, sal de ahí, por favor!"

De pronto sintió ahogarse, necesitaba más aire desesperadamente (a pesar de que estaba en un campo abierto en donde el espacio abundaba), necesitaba respirar; no podía más con el nudo que tenía en la garganta. ¿Cómo conciliaba la idea de que su mejor amiga estaba siendo abandonada en un rectángulo lleno de tierra y ella no obtendría ni siquiera un adiós?

De repente las palabras que había dicho hace unas horas sobre ver a Tori con Robbie y como eso sería lo peor que podría pasarle, se tornaron amargas; esto era definitivamente mucho peor.

En su mundo odiaba a Cat por lo que había pasado con su ex-novia, porque la culpó de seducirla y robársela, pero aun así, la pequeña pelirroja era su mejor amiga, lo fue por años, eso no se acaba así nada más y en este mundo todo se había terminado; no había esperanza de una reconciliación, no había una salida, era el mismísimo infierno.

Tropezó con una de las rocas del camino y cayó de palmas al piso en donde continuó llorando por esa muerte tan inesperada, hasta que de un momento a otro se sintió acogida por ella, por la chica a la que tanto buscaba.

Tori y Jade se abrazaron y continuaron así durante unos minutos, no encontraron palabras para consolarse, el silencio y el llanto eran su único confort.

Beck y Andre se acercaron a las chicas y las ayudaron a levantarse.

—Vamos, te llevo a casa —le dijo Beck, ella nada más asintió sin poder mirar a la latina, dejando su contacto romperse pero sin ganas de saber si Tori sentía o no algo por ella, ya nada de eso importaba, no en ese momento.

El camino a su casa fue largo y silencioso, sus labios le pesaban de una forma inexplicable, como si el esfuerzo de abrirlos asentaría más el dolor de la realidad.

El auto se detuvo en el semáforo de la esquina de un popular parque, donde estaba ubicado el más cotizado puesto de árboles de navidad de todo Los Ángeles. Cada uno de ellos era hermoso; había algunos con una punta pronunciada, otros gordos, algunos flacos, pero todos muy bien podados y verdes como los limones, sin embargo uno de ellos era la excepción. Yacía arrimado a la pared del kiosco, sus ramas salvajes salían por todo su frondoso cuerpo; era verde también, pero un tono más claro, casi como si el calor empezara a hacer su efecto.

Nadie lo tomaba en cuenta, era muy hermoso pero pasaba desapercibido, nadie lo quería. Seguro su único propósito en la vida era pasar unos días en la sala de una casa emitiendo ese olor tan delicioso a ciprés que era tan característico de la Navidad en la casa de los West, ese que ella se había encargado de tener por los últimos siete años, de una u otra manera, con o sin ayuda.

Antes de que el auto se vuelva a poner en marcha, se dio cuenta de que tenía una rama particular en la punta, casi como si tuviese una cornamenta de reno.

"Al parecer ni tú ni yo tenemos un lugar donde pasar esta navidad, nadie nos hará caso", pensó al verlo desaparecer por el espejo retrovisor.

—¿Estás segura de que quieres estar sola? —preguntó Beck al llegar.

—Sí, no te preocupes y gracias por traerme —respondió con una profunda tristeza, pero lo que más quería era poder estar a solas y tocar nuevamente esa canción para poder salir de ahí y tratar de olvidar ese sentimiento de pena que la estaba absorbiendo.

Tal vez el problema era el darse cuenta de que existía un mundo en el cual su mejor amiga descansaba eternamente en un ataúd y aunque hubiesen miles más en los que Cat era feliz, eso no la consolaba en lo absoluto.

Entró a la cocina y tomó un vaso de agua, agarró su celular con fragilidad y regresó completamente decaída. Necesitaba descansar, dormir, pasar ese mal trago, no quería ver a nadie más por ese día o pensar en Tori, las últimas 24 horas de su vida habían sido completamente agotadoras.

Pensó en volver a la historia original, regresar a su cama, a su "normalidad", pero no quería sentirse sola; entonces recordó como se sintió en la mañana con sus mamás y su hermano, y se puso a buscar la puerta con el marco semicircular. Regresaría a ese mundo, descansaría la noche y en la mañana siguiente comenzaría nuevamente la búsqueda.


Nota de autor:

Lo sé, demasiado tarde para el reto. Digamos que fallé en poder actualizar a tiempo. La verdad es que estos días de vacaciones han estado más ajetreados que los normales.

Esta historia continua aunque haya pasado navidad y año nuevo. Continúa hasta que la termine porque no puedo dejar uno de mis trabajos morir, mucho menos cuando la idea me encanta tanto como esta.

Algunas de las historias a las que Jade entró en este fic existen, son mías y están publicadas en mi cuenta o son ideas que tengo para futuros fics.

Si quieren leerlas o acordarse de ellas les dejo una pequeña guía:

Empezamos con la escena de la ducha, este es un oneshot en inglés del reto de 7DOVP, es el 4to capítulo llamado Compromise.

La segunda historia es inventada y no existe o existirá de mi parte.

La historia de la familia era un proyecto que tenía en mente para un fic largo basado en Jade, pero ahora que lo incorporo en esta seguramente no lo plantee a futuro o quizás sí, quién sabe.

La historia en la cual llega al funeral de Cat, existe y se llama Silencio, es un oneshot que escribí hace meses y al cual le hace falta una adaptación más larga porque hay muchas cosas que quisiera hacer como continuación al mismo.

Así termina esta parte del fic. Seguro y hay por lo menos una parte más, pero no quiero trabajar nada al apuro, eso no es lo mío. Me gusta dar lo mejor de mi en mis historias, estar orgullosa de ellas, así que si quieren continuarla, bienvenidos, que yo la termino porque la termino.

Saludos a todos, oficialmente iniciamos el 2015. Gracias por acompañarme en este desafío de escribir y por sus comentarios.

Al divino guest que dejó de amarme, panita: hay más de 14000 historias en FF en las que seguro podrás encontrar el Jori que te fascina. A mi me gusta, no solo evolucionar, sino además mejorar y madurar con mis escritos. Jamás esperes de mi lo mismo y lo mismo de siempre, no soy ese tipo de autor. Suerte en tu búsqueda por la "perfección", al parecer tú y yo debemos terminar.

¡Feliz 2015! Adior.