Aquí esta el segundo relato, en este, la intención es que se diviertan.
Feliz Navidad a todos!
Shuuhei miraba su reloj como si de esa manera el tiempo pudiese detenerse. Hace al menos una hora él y Renji quedaron de encontrarse con los demás para hacer las compras.
Y por supuesto Renji e Ichigo tuvieron que pasarse de tragos la noche anterior.
Simplemente maravilloso-pensó Shuuhei, aunque no pudo contener la media sonrisa que afloro en sus labios.
Cuando su novio finalmente salió de la habitación sonó el timbre.
_Sabemos que están allí adentro.-Rangiku se anunció antes que alguno de los dos abriera la puerta.
_Aun puedes ir a dormir si te sientes muy mal. Lo sabes, ¿Verdad?- pese a su resolución anterior de arrastrar al pelirrojo al centro comercial de ser necesario, Shuuhei se compadeció un poco.
_¡Abarai y Hisagi! ¡Sabemos que están allí así que mejor abren la puerta si no quieren que la eche abajo!-como siempre Rangiku no era muy paciente... De fondo podían escuchar a alguien reír entre dientes.
Shuuhei abrió la puerta con una sonrisa en el rostro. Rangiku y Rukia estaban allí. Y estacionada en la acera estaba... La SUV de Kuchiki Byakuya.
Debió quedarse allí paralizado como idiota porque lo próximo que supo es que lo estaban arrastrando en dirección al auto.
Y por las maldiciones ahogadas a su espalda supuso que Renji tuvo la misma suerte.
En la camioneta estaban Orihime, Grimmjow, Ichigo y Nell. Y un Byakuya con expresión inescrutable en el asiento del conductor.
_ A esta hora con suerte encontraremos algo abierto.-se lamentaba Orihime.
_Yumi, Ikkaku y Kira ya están allá. Aquello es un caos. Hay gente en todas partes. Yo no me preocuparía por no encontrar tiendas abiertas- tranquilizo Rangiku con una sonrisa.
_Ahora... A alguna de ustedes le importaría aclarar... ¿Por qué tenemos que acompañarlas?- Ichigo expreso en voz alta los pensamientos de todos los hombres en el vehículo. Aunque Byakuya como siempre no dio señales de nada.
_Simple. Alguien tiene que cargar los paquetes-dijo Nell con fingido tono de inocencia.
_¡Ni lo sueñen!- gruñó Renji cruzándose de brazos.
_Yo no tengo problema Nell-san- repuso Shuuhei con su usual tranquilidad.
_Eh Rukia.- Renji señalo a Byakuya con un gesto de la cabeza, pues no era normal que el pelinegro les acompañará.
_Todos los conductores están de vacaciones... Le pedí a Nii-sama que nos prestará la camioneta, él no tenía problema hasta que le dije que Rangiku-san iba a conducir. Entonces dijo que... El manejaría.
Renji luchaba con los silenciosos espasmos para no reír a carcajadas por lo divertido del asunto. Aquello era épico. Por supuesto que Kuchiki no prestaría uno de sus preciosos autos a Matsumoto Rangiku. La mujer tenía una fama de conducir al estilo "Rápido y Furioso" por todo Seireitei.
Y Grimmjow no era mejor, sin mencionar que ese par no podían ni verse.
Al llegar al centro comercial todos querían ir en direcciones contrarias. La marea de gente en los pasillos, ferias y tiendas amenazaba con aplastar a aquellos que se adentrarán solos allí. Estando en la entrada ya alguna persona tropezó con ellos en su prisa. La época ponía a la gente azarosa y maleducada. Y la demostración estaba ante ellos.
_Primero vamos a la feria a encontrarnos con Yumi y los demás. Tengo el presentimiento que Ikkaku ya está en sus límites.
Y como predijo Rangiku, el hombre calvo tenía un aura asesina a su alrededor y lanzaba dagas con la mirada a todo el que se cruzará en su campo de visión, su aura contrastaba fuertemente con la de su sonriente novio.
Yumichika resplandecía. Numerosos paquetes estaban en la mesa. Unos cuantos forrados en papel regalo.
Intercambiados los saludos, todos se hicieron un lugar en la mesa, Byakuya enseguida saco su teléfono. Grimmjow y Nell parecían discutir sobre algo. Renji atravesaba un momento duro, todas esas luces estaban aumentando su dolor de cabeza. Apoyo la cabeza en el hombro de su novio, tratando de escudar sus ojos de todas esas luces.
Ichigo tampoco se veía mucho mejor a juzgar por como su mano estaba apoyada en su cabeza.
_¿Y Kira?- se escucho preguntar a Rangiku.
_ Se fue hace un rato, dijo algo parecido a que tenia que irse porque lo estaban esperando-algo en la expresión de Yumi dejaba ver que estaba reteniendo algo.
Ikkaku parecía más enfadado que cuando llegaron, y al parecer al fin Yumi capto la indirecta, se despidió de las chicas con un beso y de los demás con un apretón de manos.
Ikkaku pronto quedó oculto tras la enorme cantidad de paquetes y así la pareja emprendió su retirada.
Los grupos se organizaron de la siguiente manera: Grimmjow, Nell, Byakuya y Rukia por un lado. Rangiku, Orihime, Ichigo, Shuuhei y Renji por el otro.
Ichigo reía entre dientes pensando en lo que le esperaba a Grimmjow. Estaba claro que Byakuya no iba a ayudar a cargar paquetes.
Rangiku pronto demostró ser una tirana sin consideración porque los arrastro de tienda en tienda sin hacer pausa y no los dejaba curiosear por allí. Su excusa era la aglomeración de gente y la hora.
Orihime y Rangiku pronto se las arreglaron para tener montones considerables. Ichigo transportaba las cosas de Orihime, y Shuuhei las de Rangiku.
Pronto se encontraron con los demás en una tienda. Nell y Grimmjow discutían sobre todo el dinero que la peli verde gastó hasta ahora. Rukia estaba en la fila para pagar con unas cuantas prendas en brazos y a Byakuya no se lo veía por ningún lado.
_¡Ya has gastado 1.500$ por todos los infiernos!- decía Grimmjow a nada de estallar.
_¡Y lo que falta por gastar! ¡¿Cual es tu problema?!- chillo Nell que lucía lista para matar.
_¡¿Quien crees que es el que termina pagando tus malditas tarjetas?!- exploto el peli azul y unos cuántos de los curiosos decidieron que ya era hora de irse.
Cuando el guardia de seguridad se acercaba a ellos, Byakuya apareció junto a Rukia, dijo algo a la morena y ella asintió dejando sus prendas en manos de su hermano.
Una dependienta se acerco a la conflictiva pareja con cara de querer desaparecer y Shuuhei no la culpaba.
_¿Cuánto va a que esos dos pasan la noche en la estación de policía otra vez?- murmuro Renji.
Shuuhei lo vio con falso reproche y una sonrisa que estropeaba el efecto de su mirada.
_No voy a apostar sobre eso...
Pareció que Renji iba a a decir algo más, pero se quedó viendo un punto detrás de Shuuhei con una expresión que decía a las claras WTF.
Shuuhei se dio la vuelta y observo como Byakuya decía algo al explosivo par, la expresión sorprendida de Nell... Grimmjow parecía estar discutiendo pero luego de un rato... Pareció ceder ante lo que el mayor de los Kuchiki proponía.
Nell alargo sus prendas al pelinegro, Rukia se acerco a donde estaban Renji y Shuuhei, seguida de Nell y un renuente Grimmjow.
Byakuya estaba atrás hablando con la dependienta y el guardia de seguridad.
Luego de unos minutos, la mujer paso junto a la fila, seguida de Byakuya.
Ante las miradas indignadas y resentidas de la gente en la fila, Byakuya pago las prendas y dos minutos después estaban saliendo de la tienda.
_Creí que iban a quemarnos vivos-comento Renji a su novio, recordando lo acontecido hace unos momentos.
Shuuhei asintió muy a su pesar. Ya no veía la hora de llegar a casa. No porque estuviera cansado, la cantidad de gente comenzaba a parecerle abrumadora.
Por suerte, las mujeres decidieron que ya era suficiente por el día y el grupo se encamino a la feria, querían cenar.
Al llegar, todas las mesas estaban llenas y por mas que buscaron no encontraron alguna. Luego, todos los negocios estaban colapsados. Y los que no estaban colapsados no tenían prácticamente nada que ofrecer. Todo en el menú estaba agotado.
Y a juzgar por el ceño fruncido de Byakuya, ya había perdido la paciencia. Parecía ser que lo único reteniéndole de irse era el brazo de Rukia en el suyo.
Finalmente, cuando se quedaron sin opciones y estaban sopesando que hacer sin ponerse de acuerdo.
El pelinegro se alejo del grupo y saco su teléfono.
Renji ayudo a Shuuhei con algunos de los paquetes, una vez alejados de todas las luces se sentía mejor.
_Luces fatal-comento Shuuhei examinándolo con ojos preocupados.
_Estaré bien.-aseguro Renji-Solo necesito algo de comer. Pienso asaltarte apenas lleguemos a casa eso es seguro.-añadió con esa sonrisa tan condenada mente sexy que Shuuhei amaba.
_Más vale que cumplas- fue la respuesta del pelinegro, devorando a su novio con la mirada.
_Síganme-la voz de Byakuya pese a que fue tranquila, era una orden clara. Nadie discutió, ninguno quería ser el blanco del evidente malhumor del Kuchiki.
Llámennos idiotas-pensó Renji con ironía.
Al parecer Rukia no tenia idea a donde se dirigían, Renji solo esperaba que fuese a algún lugar con comida y luces tenues.
Llegaron hasta un ascensor que misteriosamente no estaba lleno de gente. De hecho parecía apagado. Todo hasta que Byakuya sacó una tarjeta y la inserto en una ranura.
Las puertas se abrieron y todos entraron. Algo apretujados con todos los paquetes.
Por suerte no estuvieron mucho rato allí adentro.
Las puertas del ascensor se abrieron y se encontraron en el ultimo piso del centro comercial. Una zona increíblemente exclusiva donde solo podían entrar los accionistas. Estaba mucho más vacía que los pisos inferiores. Los pocos que estaban allí eran más tranquilos que la gente de abajo. Aunque unos cuántos también tenían paquetes, la diferencia es que los paquetes estaban en unos carritos de equipaje similares a los de los hoteles, llevados por chicos con uniformes.
La incomodidad era palpable en el grupo. Ninguno sabia como manejarse en un sitio así. Era mas que obvio que toda esa gente ganaba mas dinero que el que ellos harían en dos años de trabajo.
Rukia les dedico una sonrisa de disculpa y les hizo una seña para que la siguieran a ella y a Byakuya. El pelinegro ya algo adelantado.
Encogiéndose de hombros. Grinmjow comenzó a caminar y los demás lo siguieron. Alcanzaron a Byakuya en la entrada de un restaurant que tenia cuatro estrellas doradas bajo su nombre, en algún idioma que no entendían.
La decoración era clásica. En tonos pasteles. Las luces eran tenues y a excepción de un pino en el centro del lugar, no había decoración.
Byakuya estaba hablando con el recepcionista y pronto se escucho el sonido de pasos y ruedas.
Uno de esos carritos, vacío.
_Permítame, Monsieur.- el chico se acerco primero a Grimmjow quitándole los paquetes ante su evidente incomodidad.
Las bolsas que Byakuya llevara hacia un momento ya estaban en el carrito.
Luego el chico se acerco a Shuuhei y Renji.
_Su equipaje será llevado al reservado en un momento Kuchiki-sama- el hombre detrás del mostrador hizo una reverencia y guió el camino a través de un pasillo finamente decorado.
Se detuvo ante una puerta con el apellido Kuchiki puesto en una brillante placa dorada y la abrió para que todos entraran.
Dentro estaba una larga mesa con todos los puestos propiamente listos para que los comensales los ocupasen.
Una pequeña sala con muebles que sin duda eran de cuero. Dispuestos alrededor de una pantalla plasma de mas de 62 pulgadas.
En medio de los muebles estaba una mesa baja. Cuatro puertas guiaban a habitaciones contiguas.
Dos de ellas eran baños.
Una mucama llevaba en brazos una bandeja con tazas de te y chocolate caliente. La otra llevaba lo que parecía el menú y un periódico.
Byakuya tomó el periódico y se sentó en uno de los muebles cercanos al televisor. Ignorándolos.
Rukia se encargo que todos tomaran un menú.
La mayoría de los nombres que aparecían allí no eran familiares para alguno de ellos. Pero por suerte tenían los ingredientes abajo en la lista.
Eso hizo mucho más fácil la elección.
Pronto la incomodidad fue dejada de lado después de explorar un poco el lugar, Rukia encendió la televisión y mientras esperaban la cena se pusieron a ver una comedia navideña. (Lo único en lo que se pusieron de acuerdo) después de todo Grimmjow e Ichigo querían algo más sangriento, a Shuuhei le daba igual, Renji se estaba quedando dormido en el regazo de su novio, Rukia, Orihime y Rangiku querían algo más romántico y como siempre Byakuya no les prestaba atención.
_Lástima que Yumi y Kaku- no están aquí-se lamento Rangiku luego de un rato, cuando la película comenzaba a aburrirla.
_Si Madarame-san escucha que lo llamas así, se enfadará- dijo Orihime.
_ ¡Los llamaré!- repuso la mujer sin hacer mucho caso a su amiga.
Rukia estuvo a punto de decir algo pero en ese momento todos voltearon en dirección a Byakuya, incluso un muy despierto Renji, ¿La razón? El pelinegro se estaba riendo.
No eran carcajadas o algo similar (eso los hubiese matado de la impresión) pero se estaba riendo sin apartar la vista de la pantalla.
El cielo se cae- pensó Nell, con los ojos bien abiertos.
Grimmjow e Ichigo tenían la boca tan abierta que iban a entrar moscas.
Orihime reía viendo la película sin prestar más atención a nada.
Shuuhei y Renji intercambiaron miradas atónitas.
El infierno se congeló-pensó Renji sin quitar la mirada de aquello, no todos los días veías reír a Kuchiki Byakuya.
Rangiku se quedó helada con el teléfono en la mano y podían escucharse sonidos provenientes del aparato.
Por Dios, creo que viene el fin del mundo- pensó la pelirroja, sin percatarse de la voz cada vez más molesta que provenía del teléfono.
Rukia reía a carcajadas silenciosas disfrutando de la función. A esas alturas la película y la habitación eran igual de divertidas.
Byakuya parecía ignorar la conmoción que causo y volvía a tener su expresión de costumbre.
-¡¿QUIÉN COÑO ES?!- el rugido furioso pareció despertar a Rangiku, con un saltó, volvió a concentrarse en el teléfono.
_Si, lo siento Ikkaku. ¿Yumi y tú ya estaban durmiendo?
Un rato más paso en el completo silencio salvo por Rangiku y los ruidos del televisor.
La cena se estaba tardando, una mucama entro y dejo en la mesa frente a los muebles una bandeja con bocadillos y una jarra metálica con varias tazas.
Excusándose por la tardanza de la comida, la mujer se retiro.
Cuándo Rangiku cortó la llamada con mohín de contrariedad se dio cuenta que casi todos estaban dormidos o camino a ello.
Se escucho el sonido de alguien llamando a la puerta, Rangiku abrió la puerta, quedando claro que nadie más lo haría, el chico que llevaba el equipaje se excuso y dejo el carrito en una esquina de la habitación.
_Creo que deberíamos llamar un taxi e irnos-comento Shuuhei mientras jugaba con algunos mechones rojos... Renji quedó dormido con la cabeza apoyada en su hombro.
Byakuya se levantó de su asiento y se encaminó a una de las puertas.
_Hay suficientes habitaciones para que se instalen todos hasta el día siguiente.- y con eso se marchó, llevando en sus brazos a una dormida Rukia.
Shuuhei y Rangiku se miraron, los únicos que seguían despiertos.
Grimmjow y Nell hacía rato se adueñaron del sofá más grande, la peli verde con la cabeza apoyada en el pecho de su hermano, quién roncaba fuertemente.
Con una mirada suplicante a la pelirroja, Shuuhei levanto al inconsciente pelirrojo y de encamino a la puerta abierta por donde Byakuya desapareció hacia unos momentos.
Resignada, la mujer se acerco a los hermanos y sacudió a Grimmjow ligeramente por los hombros.
La cena quedó olvidada por todos.
...
Shuuhei avanzaba con cuidado para no molestar a Renji, él mismo estaba cansado de haber cargado paquetes por ahí de un lado al otro, pero el cansancio venció primero a su novio. Por lo menos Byakuya tuvo la amabilidad de dejarlos quedarse en la suite. Ya era bastante tarde para pescar un taxi y si tenía la suerte de conseguirlo hubiese sido bien costoso.
Maniobrar con el pelirrojo dormido para abrir la puerta fue toda una proeza, pero lo consiguió.
La habitación gracias a los cielos tenía una cama matrimonial con bastantes cojines esponjosos y sábanas que se veían bastante cómodas. Depositó a Renji en la cama con cuidado y se dirigió al armario, encontrando unas batas de seda que podían servir como pijamas al menos por esa noche.
Primero se ocupó de desvestir a Renji, tratando de no perderse en la vista, no era su idea asaltar al pelirrojo mientras estaba durmiendo, y él mismo estaba muy cansado como para intentar algo más.
Una vez Renji quedó en ropa interior, fue toda una hazaña ponerle la bata y meterlo bajo las sábanas, cuando finalmente se quedó dormido, Shuuhei abrazo con firmeza al pelirrojo. Perdido en el aroma que se desprendía de su cabello y la suavidad del lecho.
No había ningún otro lugar donde quisiera estar, pese a que accidentada, esta había sido una feliz navidad.
...
Shuuhei despertó al sentir algo húmedo en una parte muy sensible de su anatomía, en un principio pensó que se trataba de un sueño húmedo muy real. Escucho una risita y luego esa cálida boca lo trago entero, abrió los ojos y un gemido escapó de sus labios.
La niebla del sueño aún se aferraba a él, pese a ello era muy consciente de sus piernas abriéndose para dar espacio a su asaltante.
Un sonido algo peculiar estaba molestándolo, pequeñas detonaciones se escuchaban... Su mente adormilada no podía asociar de donde provenía.
Un gimoteo lo abandonó cuando Renji se separó de su intimidad, la sonrisa en el rosto del pelirrojo era la de todo un provocador.
_Feliz Navidad, smexy- murmuro, muy cerca de su oreja, para luego morderme el lóbulo. La acción enviando escalofríos a lo largo de su espalda y llegando a su necesitada entrepierna.
Alguien (Shuuhei supuso que Renji) hizo a un lado las cortinas y a través de la ventana era visible el espectáculo de colores y luces que creaban los fuegos artificiales en el cielo nocturno. Seguramente una exhibición para la gente del centro comercial.
Pero para ellos que se encontraban encima de los bulliciosos pasillos llenos a rebosar de gente, era una experiencia bastante única.
Ambos se vieron uno al otro, Shuuhei con una ceja arqueada. Y Renji con su sonrisa característica.
_ Sabes que soy un poco impaciente a la hora de abrir los regalos- se excusó el pelirrojo con un falso tono de inocencia.
Shuuhei no hizo contacto visual con Renji, podía sentir que su cara estaba ardiendo y escucho al pelirrojo reír entre dientes. A pesar de todo el tiempo que llevaban juntos, Renji todavía conseguía hacerlo sonrojar.
Renji era sexo en toda la palabra, su cuerpo perfectamente torneado, firme y bronceado. Aquellos curiosos tatuajes que lo cubrían y le daban ese aspecto tan fiero. Su cabello rojo solo contribuía con todo lo demás. La gente creía conocerlo solo por su apariencia, y eso le molestaba. ¿Quiénes se creían para andar juzgando?
Para Shuuhei, Renji era una persona que expresaba el ideal de "Siempre joven"...
_Aghh- se le escapó al pelinegro al sentir como Renji volvía a su actividad previa.- Eres un celoso impaciente.
Por respuesta, las succiones se hicieron más entusiastas. En algún momento las manos de Shuuhei se perdieron en el cabello de Renji. Maravillándose en su suavidad.
A medida que se acercaba al punto sin retorno las caricias se convirtieron en jalones entusiastas a los mechones de fuego.
Y debió suponer que no sería tan simple cuando Renji se separó de su erección y le dedicó una sonrisa cargada de falsa inocencia. La luz de la luna cayendo en su piel morena y resaltando cada aspecto de su cuerpo de dios griego.
Renji era perfectamente consciente de lo que la luz de la luna provocaba en Shuuhei cuando hacía contacto con su piel.
_¿No quieres desenvolver tu regalo?- Shuuhei no supo si eran ideas suyas... Pero la voz de Renji era definitivamente sexy.
La bata de dormir que era de un rojo escarlata que hacía pensar que su cabello de alguna manera lo cubría completo. Y creaba efectos a la luz de la luna.
Algo en el interior del pelinegro pareció despertar... Con fuerza.
Antes de saberlo, Renji se encontró tirado en la cama, Shuuhei encima de su cuerpo besándole como si no hubiera mañana. Sus manos estaban sobre su cabeza, Shuuhei las aferraba así con una de sus manos mientras la otra deshacía el nudo de la bata y se aventuraba a acariciar la piel dispuesta.
Con una mordida al labio inferior de Renji, el beso se rompió y los dos se veían a los ojos, café contra gris.
Ambos ardiendo.
Con un beso suave, casi casto en los labios hinchados de su amante, Shuuhei continuó bajando por su cuello, recorriéndolo con besos suaves que apenas tocaban la piel, pronto encontró el punto sensible que gustaba acosar en esas situaciones. Sin pensarlo, mordió.
Un jadeo sorprendido escapo de Renji. Una lengua suave recorrió el mismo lugar, aliviando la molestia de la mordida.
La mano que recorría el pecho pronto se detuvo en un pezón, acosándolo con habilidad hasta endurecerlo y arrancar más jadeos al cuerpo retorciéndose bajo el suyo.
El mismo camino que recorrió su mano, fue seguido por su lengua, la intención era marcar aquella piel perfecta y suave. Marcarla como los tatuajes que la adornaban para que quien lo viese supiera que Renji le pertenecía solo a él y a nadie más.
Y a juzgar por los gemidos que emitía al pelirrojo no le molestaba la idea.
Pronto las batas terminaron en el suelo.
La espalda de Renji se arqueo cadi hasta lo imposible cuando Shuuhei le tomo en su boca. Sus manos cerrándose firmemente en la sábana y arrugándola entre sus dedos.
Se mordía los labios con fuerza para evitar hacer ruido. Cada vez le estaba costando más permanecer silencioso.
Sus piernas se abrieron hasta el límite para darle espacio a su amante.
Un dedo perfectamente lubricado se abrió paso en su interior, en que momento el pelinegro alcanzo el lubricante o de donde lo saco.. Esa no era preocupación ahora. Solo empujar sus caderas contra ese dedo y refrenarse de embestir esa cálida boca que lo envolvía.
_Ahhh... Aghm..-los gemidos ahogados escapaban de entre sus labios. No era capaz de formular pensamientos coherentes.
Mordió sus labios con más fuerza cuando un segundo dedo se abrió paso en su interior. Un sonido de protesta le abandonó cuando Shuuhei se separó de su erección.
_No te contengas, me encanta oírte.
Dioses... ¿Por qué su voz es tan sexy?pensó Renji, muy a su pesar.
La vista que tenía desplegada ante él haría flaquear a cualquiera, Renji con las piernas abiertas, las marcas apenas visibles desplegadas en su pecho y el chupetón visible en su cuello, su piel cubierta por una fina capa de sudor, sus ojos café estaban dilatados y sus pupilas parecían arder. Su pecho subía y bajaba velozmente al ritmo de su respiración.
Sabía que ninguno de los dos estaba para juegos... Pero no podía evitarlo, tenía que molestar a Renji por lo menos una vez.
Sin previo aviso, retiró sus dedos de la entrada del pelirrojo, quién lo miraba sin entender. Shuuhei abrió las piernas, su mirada sin apartarse ni un momento los ojos cafés mientras su mano se cerraba alrededor de su ardiente miembro.
Comenzando a acariciarse ante la intensa mirada y sintiendo un escalofrío recorrer su espalda ante la intensidad de esos ojos que parecían devorarle, seguían cada movimiento de su mano.
Hubo un momento en que Renji pareció tener suficiente, se dio la vuelta dándole la espalda a Shuuhei. Quedando a cuatro patas sobre la cama. Su trasero perfectamente.
Quedaba a las claras que no pensaba rogar pero que estaba impaciente.
Sin demorarlo más adentro en Renji lentamente, sin querer lastimarlo... Renji se echo hacia atrás, empalándose y arrancándole un gemido ronco a su novio.
_¡Muévete!
No necesito más incentivo, sentirse completamente rodeado por esas paredes y tener a su novio en semejante posición, además de la necesidad palpable en esa voz...
Las embestidas comenzaron a un ritmo salvaje, la cama se movía con ellos, chocando contra la pared. Shuuhei salía casi por completo para entrar bruscamente, siempre tocando ese punto que hacia a Renji perder la razón.
Por eso, cuando salió por completo Renji estuvo a punto de preguntar que sucedía, Shuuhei le hizo darse la vuelta atrapando sus labios en un beso demandante, posesivo y salvaje. Jalando su cabello con fuerza, dejando expuesto su cuello, Renji podía sentir como aquella erección circundaba su entrada, provocándolo...
Shuuhei entro en el de una manera particularmente brusca a la vez que daba una fuerte mordida en su hombro. Los labios del pelinegro se cerraron alrededor de un pezón, acosándolo con lamidas y chupadas, Renji lo abrazo con fuerza, como queriendo fundirse con él, urgiéndole a moverse sin palabras.
Ambas manos se cerraron en los perfectos glúteos del pelirrojo, ayudándolo a subir y bajar sobre su erección a un ritmo cada vez más rápido.
Pese a su propia excitación, Shuuhei no se perdía ni una de las expresiones de Renji, grabándolas todas en su memoria.
Los movimientos erráticos de ambos eran señal de que estaban llegando al final. Con una mano en la cintura de Renji, la otra se cerro alrededor de su erección bombeándola al ritmo de las embestidas...
Ambos estallaron a la vez, compartiendo un beso en un esfuerzo por no hacer ruido. Saciados y exhaustos no tardaron en dormirse. Renji recostado en el pecho de Shuuhei y el pelinegro con la cabeza en las almohadas y un brazo firmemente cerrado en la cintura de Renji.
Los dos muy ocupados para notar los fuegos artificiales que brillaban en el cielo.
