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Uno a uno los caballeros de Bronce llegaron al Santuario. Seiya y Shun, quiénes se habían quedado a vivir juntos en Athena, fueron los primeros en llegar. Shiryu seguía después, su vuelo de China había salido a buen tiempo e incluso llegaba con su esposa, Shunrei.

La casa de Aries estaba llena, ahí estaban la mayoría de los Dorados y los tres de Bronce. El pobre de Mu se sentía un poco ansioso al ver tanta gente en su recinto, y sabía que más tarde vendrían otros cuantos. Aunque, verdaderamente, le preocupaba mucho la llegada de dos en especial.

Recordaba que después de haber sido revivido y que los chicos de Bronce se quedaran un tiempo para entrenar, algo que detuvieron para continuar sus vidas un poco más normales, dos caballeros de ese grupo habían decidido que sería divertido jugarle bromas siempre que pudieran. Y hablando de las aves de Grecia…

— ¡Hyoga! —sonrió Shun de par en par al ver a su amigo llegar.

Seiya y Shiryu no tardaron mucho tiempo en acercarse, no corrieron y lo abrazaron hasta sacarle el aire como lo había hecho el caballero de Andrómeda, pero si estaban felices de ver a su compañero.

Los Dorados presentes sonreían al ver la amistad que habían entablado esos jóvenes, algo que ellos no habían logrado fácilmente. Su excusa es que era más fácil una amistad de cuatro que de doce. Excusas, como he dicho.

—Shun, Shun… —decía Hyoga mientras se movía un poco exagerado señalando con ambas manos las escaleras del templo. —Un pequeño pollito me siguió cuando iba llegando.

— ¡Pato estúpido! —sonreía Ikki al empujarlo bruscamente. — ¿Crees que los dejaría llevarse todo la diversión?

— ¡Nii-san! —Shun no podía creerlo y rápidamente lo tomó entre sus brazos. — ¡Nii-san! —repetía en su idioma natal mientras que los demás lo veían.

— ¿Está llorando? —preguntó curioso Aioria a Seiya.

—Ikki es el peor… —decía cruzándose de brazos. —Desde hace dos años que no sabíamos de él… ni siquiera Shun mismo.

Los dos hermanos que pertenecían al rango de caballeros Dorados se vieron mutuamente. Eso solo quería decir una cosa; durante un año los caballeros Golden estaban muertos y luego fueron revividos, los chicos se habían quedado otro año entrenado para después partir y entonces Ikki había decidido no decir nada. Era por eso que él había partido un día antes que sus hermanos. Era por eso que Shun lloraba en sus brazos por no haber sabido ni una sola cosa de su paradero.

—Lo siento. —se disculpaba mientras abrazaba a su hermano.

Todos los ahí presentes sabían que Ikki mentía. Claro que no le gustaba ver a su hermano llorar, pero tampoco sentía el hecho de haberse ido y ser libre durante esos dos años de cualquier responsabilidad como caballero de Athena. El caballero de Leo suspiraba, su alumno no había aprendido mucho cuando él lo entrenó.

—No te preocupes, hermano. —Shun sonreía. —Ahora estás aquí y eso es lo que importa.

—Así es, Shun. —lo despeinó un poco y luego se acercó a sus demás hermanos. —Chicos…

Shiryu y Hyoga lo saludaron ambos a su manera; pero Seiya simplemente lo miró verdaderamente molesto. Él había sido quien cuidó de Shun cuando se preocupaba de su hermano o cuando lloraba las noches y los días pensando que algo le había pasado a Ikki. El caballero de Fénix sonrió y no esperó que siquiera lo saludara. Prefirió mejor dirigirse a donde estaban Mu y los demás caballeros Dorados y los saludo solamente con la mano en alto.

Los caballeros de Bronce que eran unos héroes ahora saludaban a los Dorados que ahí estaban, vestidos como civiles y pareciendo humanos cualquiera, a excepción de Mu, quien tenía que estar siempre alerta al ser la primera casa del Santuario. Hyoga recibía abrazos e incluso su cabello se despeinaba gracias a las manos de Milo, quien parecía más feliz de verlo que el mismo Camus, pero él también se sentía así de emocionado, o más. Dohko y Shura hablaban con Shiryu y preguntaban de su esposa que se había quedado en la casa de Rodorio, una de las pequeñas casa que los habitantes de la ciudad habían preparado para la llegada de sus héroes. Seiya y Shun hablaban tranquilamente con los hermanos de Leo y Sagitario y con Mu explicando que podían ser siempre bienvenidos en su departamento para ver la ciudad de Atenas por la noche. El único que estaba lejos de ellos recargado en una columna era el caballero de Fénix, pero no duró mucho solo al ver llegar al único caballero Dorado con el que había entablado algo parecido a una amistad… o lo que sea que Ikki establezca cuando deja de odiar a alguien.

—Ikki de Fénix…

—Shaka de Virgo…

Ambos se dieron la mano y sonrieron.

—Veo que decidiste por esta ocasión llegar con tus hermanos. —Shaka decía al verlos.

—Bueno, creo que le debía una a Shun.

—Un día me tienes que explicar porque decidiste no decirle nada a él… pero a mí sí.

El más joven de los dos suspiró un poco al ver a su hermano reír.

—Sé que eres prudente, Shaka. Sabía que si algo pasaba con él o con el Santuario me dirías pero también sabía que no le dirías nada a nadie de mi paradero.

Ambos se quedaron callados al ver que los demás compañeros de Shaka empezaban a explicar la situación de por qué estaban ahí los de Bronce y qué era lo que tenían tan importante que hacer.

—Entonces… ¿Qué te pareció Italia?

—Dímelo de una vez, Shaka. —Ikki colocaba su mano sobre el hombro desnudo del caballero Dorado. —Sabes que odio estar con rodeos.

—Te pregunto honestamente. —Shaka entreabría un poco los ojos. —Sabes, después de que se fueron, Deathmask no ha dejado de molestarme y me visitaba todos los días a mi templo. A mí y a Aioria. Él dice que Italia es muy hermoso pero… no sé si creerle a una persona que pasa sus tiempos libres en el Yomotsu.

—Ahí también es divertido. —sonreía Ikki, pero luego quitó su sonrisa al ver que Shaka lo miraba un poco asustado por su comentario. —Ya me conoces, Shaka, así que sabes qué esperas de mí.

—Verdaderamente…

—Explícame por qué demonios Deathmask te visitaba todos los días.

El caballero de Virgo suspiró y explico la razón. Él, al igual que Aiorios y Kanon, eran vistos como grandes héroes entre sus compañeros. Aiorios por haber muerto alguna vez ya hace mucho tiempo, Kanon por haber regresado arrepentido y haber dejado que la armadura Dorada de Géminis tomara su camino hacia donde estaban los demás y Shaka por haber tenido el plan de ir al Inframundo él mismo y tratar de destruir el muro solo. Así que a la hora de revivir, Afrodita y Deathmask sentían que debía de hacer muchas cosas para disculparse con sus compañeros ante la traición. Todo el Santuario los habían perdonado, pero ellos continuaban sintiéndose culpables. Por eso parecía que querían entablar amistad o parecer casi siervos ante los tres héroes. A Kanon le gusto, a Aiorios no le importo, pero a Shaka le molestaba tener que parar sus meditaciones por Deathmask queriendo platicar o aprender a meditar o el mismo Afrodita que quería arreglar su templo con rosas.

El caballero de Fénix no podía dejar de reír mientras golpeaba un poco la espalda de su "amigo" Dorado. En su mente podía ver a Shaka con flores en la cabeza y un poco de maquillaje.

—Tienes una imaginación muy despierta, Ikki.

—Lo siento, lo siento… —trató de calmarse al ver que los demás empezaban a prestarle atención a ese insólito momento de ver a Ikki reír. —Perdón, Shaka. Tú sabes que te respeto.

—Tanto así que me has imaginado como una chica.

Ikki solamente movió sus hombros divertido.

—Te recompensaré. Después de lo que sea que tengamos que hacer aquí, ¿te parece si vamos a Italia? Mi departamento tiene una recámara extra donde te puedes quedar.

—Eres muy amable…

—Claro, después de que invite a mis hermanos, especialmente Shun.

—Sí, eso deberías de hacerlo.

De pronto ambos le prestaban atención al ver que Hyoga se molestaba grandemente con los caballeros Dorados. Empezaba a decirles que era une pésima idea y que no debían permitirlo, pedía entonces que si eso era posible que Isaak lo merecía más que aquellos hombres. Ikki no entendía bien así que solo miró a Shaka quien le devolvió la mirada.

— ¿Me vas a explicar ahora qué hacemos aquí?

—Prométeme que no te pondrás a gritar como tu amigo…

Aunque Ikki dijera que no, el caballero de Virgo sabía que ese joven había madurado y ya con sus veintidós años podía controlarse más que cuando se conocieron por primera vez. Hyoga seguramente solo estaba exagerando un poco las cosas o había tenido un vuelo pésimo, y era eso último, pero lo sabrían después.

—Entonces, Ikki, espero que aún me permitas viajar contigo a Italia después de que te lo diga…