2da Entrega.
Despertó muy temprano a la mañana como era común en los plebeyos. Tenía que admitir que aquella vida pesada no era para él, pero intentaba afrontar las pequeñas cosas que le perturbaban. Durmió toda la noche en una cama hecha con paja y trapos viejos, tapado apenas con una colcha maltratada y padeciendo el frío invierno. A pesar que durante el día el clima invernal no se notaba, de noche debía cubrirse con todo lo que tuviera a mano para no morir congelado.
Era pasada las seis de la mañana y arrastrando sus pies descalzos ingresó a la panadería donde se encontraba un muchacho pelirrojo ordenando los panes. Ese debía ser Marui Bunta, el joven ayudante de la señora Kari, de quien le había contado la noche pasada. Llevaba la cara y cabello tan sucios como los de él, seguramente al haber dormido en sus mismas condiciones. Se acercó muy lentamente y saludó de forma cortés, poco común entre los aldeanos pero que podía ser considerado normal en los extranjeros. El chico, que no debía tener más de diecisiete años, se acercó al joven príncipe y le miró indefinidamente sus ojos, tal vez pareciéndole extrañamente raros el color de los mismos.
–¿Sucede algo? –murmuró el de cabellos azulinos al notar la mirada de su compañero.
–¿Tú fuiste el que salió corriendo de la tina anoche, verdad? –Preguntó, Seiichi afirmó tras un largo suspiro–. Ya veo, mi nombre es Bunta, soy empleado de aquí ¿y tú eres?
–Seiichi, soy hijo de Kari –miró hacia otro lado, le molestaba un poco que le observaran tanto.
–¿Kari tuvo otro hijo? ¿Por qué no te hemos visto todos estos años? –preguntó nuevamente, Seiichi bufó algo molesto.
–Estuve en china, tuve una enfermedad y mi madre me mandó con una tía, es todo –intentó torpemente evitar el tema comenzando a ordenar los panes recién hechos.
–Entonces eres nuevo, cuídate de algunos paisanos, ¡asustan! –murmuró acercándose a la ventana y señalándole una extraña construcción a lo lejos–. Sobre todo de aquellos que viven allí, en esa zona, solo habitan brujos y bromistas.
–¿Cómo Niou?
–¿Lo conociste? –esta vez la mirada de Marui fue de completo espanto.
–No me pareció tan malo…..
–Tiene sus momentos. Su familia es de estafadores, rufianes y brujos; no es una buena junta para ti –masculló.
–¿Tienes algo que decirme de Sanada? –cuestionó curioso, Marui sonrió.
–Pues, dicen que es bravo como toro, es decir, aquí hay baños comunitarios y todos nos conocemos entre nosotros, es obvio que mucha gente ha visto desnudo a Sanada-san, y es bastante "interesante" para algunos –susurró rascándose la barbilla–. Eso he oído.
–Aaaah si…..–suspiró.
–¿Tu lo has visto, ne? ¿Qué pasó en el baño?
–Na-Nada…..–se da la vuelta evitando el tema.
–¿Acaso tuvieron un baño lujurioso? –Con un tinte perverso se acercó, pero el chico sigue ignorando las preguntas–. ¿Cuántos años tienes? ¿18? ¿19?
–¡Quince!
–Wooo…..quince…..creo que vas algo rápido ¿no crees? Aquí es una deshonra que chicos tan jóvenes se embaracen. Creo que hasta el momento, la edad de castidad es hasta los 18 años.
–¡No he estado con él….!
–Aun así cuídate…..los Sanada son conocidos por su potencia, ¿por qué crees que Keichirou Sanada tiene un hijo? Una noche furtiva y enseguida aparece la panzona. Son Sanada.
–¿A poco crees eso? –antes de responder se abrió la puerta dejando entrar al muchacho moreno de fuerte mirada. Marui corrió detrás de la mesada de panes.
–¿Podemos hablar? –preguntó Sanada a Yukimura, este intentó hacerse el indiferente pero no pudo, la atracción física había aumentado desde el baño que se dieron juntos.
–¿Sobre qué? –preguntó. Genichirou frunció el ceño e hizo un gesto para que salieran de allí, el azulino hizo caso omiso pero no sirvió de mucho dado que lo tomaron fuertemente del brazo y lo arrastraron hacia afuera. Marui quiso objetar pero ya estaban fuera de su periferia.
–Quiero hablar sobre ayer –susurró estando ya fuera de la vista de cualquier aldeano, a un costado de la panadería–. Lo siento, fue abrupto de mi parte, apenas y nos conocemos y no soy de esa clase de personas, lamento mucho haberlo herido.
–No debes disculparte…..yo también tengo mi carga de culpa. No debí besarlo –suspiró pesadamente y caminó unos pasos hacia la calle–. Creo que aun soy muy joven y no pienso correctamente.
–No es eso, siendo el mayor también debí pensar más en ti y menos en mí…–le toma del hombro y se acerca suavemente hacia él–. Me gustaría poder…..salir.
–¿Salir conmigo? –se dio la vuelta, sus rostros se encontraban demasiado cerca para ser políticamente correcto.
–Para compensarte el que….te haya tomado desprevenido –definitivamente no se le daba muy bien ese tipo de cosas, tener veinte años no acallo sus hormonas y mucho menos las ahogo, ahora se encontraba en la cúspide de su tormenta interna y nada ni nadie podría detenerle.
–Me parece bien…–le da la mano, Genichirou no supo al principio el porqué de la reacción pero atinó a ser lo único que le servía y salía en ese momento, besarla dulcemente y mirarle esos hermosos ojos añiles.
–Es una promesa –susurró, se acercó lentamente al más joven y le besó.
Nuevamente comenzó a sentir aquella picara electricidad que le permitió aferrarse que su cuerpo mientras sentía la incansable boca devorar sus labios. Aquella sensación nunca vivida comenzaba a gustarle y mucho más ahora que no parecía prohibido siendo un aldeano más.
Lo empujó contra la pared y deslizó las manos por debajo de aquellos trapos viejos que traía encima el joven de cabellos azules, mientras suavemente gemía en la boca del mayor. Nuevamente sintió una erección contra su pelvis, estaba ves mucho menos notoria pero aun así excitante, le acarició el cabello oscuro y bajó hacia las clavículas metiendo una de sus manos por la torneada espalda del más alto. Quisiera que durara toda la eternidad ese beso, pero al cortarse, no terminó el calor y la acción.
–N-No debemos….–susurró Seiichi apenas y terminó de danzar sus labios, pero el moreno no parecía estar completamente lucido.
–Yo deseo ésto….–musitó.
Apretó aún más su cuerpo contra la pared y no tenía escapatoria, a diferencia de la última vez que pudo salir de la tina, esta vez no era posible una escapada rápida estando aprisionado entre esa "espada" y la pared. Sintió que le bajaban el pantalón y que las manos se deslizaron por la cadera apretando sus nalgas. Definitivamente esto tenía que acabar antes que sus gritos comenzaran a oírse por toda la ciudad, pues según manifestaba aquella previa, el "acto" sería más que satisfactorio, una acción placentera llena de dolor y placer.
–Por favor…..aaaah…..mi madre es-esta por llegar…..–gimoteó rasgando su garganta para no soltar un alarido que le costara su dignidad.
–¡Genichirou! ¿Dónde estás hijo? –se escuchó la voz más gruesa de su padre, lo cual alertó al moreno a terminar esa práctica sexual que apenas y comenzaba–. Lo siento, debo irme.
–Aaaaah…..s-si…..–tembló ligeramente y se subió los pantalones un poco, aun con sus labios hinchados y mojados, de un tono rosa claro, y ese sonrojo permanente en su mejilla como si estuviera haciendo 30 grados de calor.
–Lo continuaremos hoy a la tarde…iremos a un lugar apartado….–le tomó las manos–. Jamás he dicho esto a nadie, pero…..siento que estamos destinados.
–¿De-destinados? –preguntó sorprendido. Sanada sonrió de costado y salió corriendo para buscar a su padre–. Destinados…
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Aquel viejo castillo abandonado, en penumbras y cubierto por telarañas, carabelas y esqueletos de antiguos samuráis se encontraba un joven de cabello oscuro mirando en una gigantesca olla. Sus ojos castaños iban y venían constantemente esperando una señal de los dioses a quienes había invocado. Sentado con las piernas cruzadas, alrededor de viejos cadáveres podridos y putrefactos, pero que no emitían olores por alguna extraña razón.
Se escuchan unos pasos y como un albino aparta la vieja telaraña que le impedía avanzar. Sonrió al ver a su primo allí, con esa pálida mirada, observando directamente a los ojos una vez que alejó por completo sus dudas de aquella olla gigante.
–¿Conoces al príncipe? –preguntó Masaharu. El muchacho más joven afirmó–. Lo he visto.
–Imposible.
–¿Por qué no me crees, viejo ruin? –cuestionó con una sonrisa más que macabra, lo que hizo enojar al joven Senri nuevamente.
–Primero, soy más joven que tú, Masaharu; y segundo, es imposible, el joven príncipe se encuentra en los castillos –no estaba convencido, pero quería tener en claro que su primo no le mentía.
–Jajajaja, me da mucha risa tu incertidumbre, Senri. Pero tengo muchísimo en que posar mi atención para inventar un estúpido rumor sobre un joven príncipe que está a punto de ser desflorado –comenzó a jugar con una de los cráneos que se juntaban allí, intentando moverle la mandíbula para burlarse.
–Sanada.
–Lo predijiste hace ya diez años –susurró Niou con una voz extraña para hacer creer que quien hablara no era más sino ese cráneo de un samurái muerto.
–¡Deja de jugar con eso, Masaharu! No hay nada que podamos hacer….–susurró levantándose y limpiando su yukata–. Estas cosas deben pasar.
–Podemos cortársela a Genichirou, será divertido…..–rio tirando el cráneo lejos, partiéndose en el acto.
–No podemos cambiar el destino para salvarle la vida al futuro emperador. Tenemos que dejar que el tiempo nos diga que podemos hacer, mientras tanto, seré yo quien participe en el nacimiento del nuevo emperador.
–¿La bruja y vieja emperatriz nuevamente está embarazada? –preguntó Masaharu. Chitose ríe y niega con la cabeza.
–El hijo de Sanada-san y Yukimura-kun nacerá en exactamente 9 meses.
–¿Ya lo hicieron? Son rápidos…..
–No, pero lo harán…..–señala el piso–. Hoy mismo.
–¿Hoy? Se conocieron ayer…–cruza los brazos–. Conozco a Yagyu desde los 3 años y no me deja tocarle un pelo. Ellos se conocen hace dos minutos y ya tienen sexo.
–Hmmm….será que a Yagyu le gusta alguien más –rio de costado.
–¿Y tú Chitose? Estás solito solo, eres el señor solitario y solo vas a quedar –saca la lengua y se retira dejado un destello a su paso. Chitose entrecierra los ojos y camina hacia la enorme olla.
–Nueve….nueve meses más.
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–¿A dónde vas? –preguntó Kari, Seiichi frunció el ceño pero respondió amablemente como todo un emperador.
–A ningún lado.
–¿A ningún lado? –bufó–. No me gusta la actitud que estas teniendo Seiichi, viniste aquí para conocer a la gente y solo haz estado escapándote de tus tareas.
–¡No es eso! –Respondió y bajó los hombros–. No quiero seguir arruinando los panes, ustedes viven de esto.
–Pero debes aprender de alguna forma, hijo. Al menos puedes decirme ¿a qué hora vuelves? –nuevamente cuestionó, Seiichi alzó los brazos.
–No tengo idea.
–¿Con quién vas?
–Sanada-san –Kari se alertó un poco.
–Escucha hijo, está bien que hagas amistades y Sanada es un excelente chico, pero….no sé, no quiero que te pase algo por andar con él sin mi cuidado. Mejor quédate.
–Pero ¡Mamá! Yo nunca he salido con nadie, solo con Madame Hisaki. Por favor, no me prives de ser un adolescente más aquí….–coloca sus manos juntas y le mira enternecedoramente.
–Ay Seiichi, pero Genichirou es muy mayor para ti.
–Él me cuidará, no haremos nada solo pasear a caballo y mirar las estrellas, volveré antes que te puedas imaginar algo.
–De acuerdo….–ve ingresar a Sanada a la panadería–. Genichirou.
–Buenas noches Kari, puedo salir con su hijo hoy ¿verdad? –Kari miró a Genichirou, luego a Seiichi quien le rogaba, no pudo evitarlo, ese muchacho le traía enormes recuerdos–. De acuerdo.
–Gracias mamá, volveré temprano…
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La idea de un paseo a caballo y mirar las estrellas no era cierto, pero en cierta manera ambos quedaron tendidos en el piso observando las estrellas del firmamento. No habían hablado mucho, pues pasaron la mitad de su cita caminando y mirando el paisaje hasta llegar a un apartado de la aldea. Se tendieron al piso y observaron con sus hermosos ojos el cielo azul y como poco a poco se tornaba negro y comenzaban a aparecer aquellas encantadoras estrellas.
–Mi padre cuenta que aquí fui concebido…..–susurró girando su cabeza–. Hace ya más de veinte años. Mi madre y mi padre ya tenían a Keichirou, no necesitaban nada más, pero al darse cuenta que su amor aún seguía fogoso, lo renovaron.
–Mis papás dicen que intentaron durante mucho tiempo tener otro bebé, pero al no poder también decidieron apartarse de la civilización para poder engendrar….es una historia extraña pero interesante.
–¿Tú y yo fuimos concebidos aquí mismo? –Poco a poco se movió entre el paso hasta llegar junto al muchacho y colocársele encima–. Nosotros debemos concebir también, un ¿romance?
–Jajajaja no pareces de los hombres que hablan de romance.
–No lo soy, pero tampoco mi padre lo era –se acerca gentilmente besando su cuello enriquecedor–. Quiero que aquí inicie la historia.
–¿Te parece apropiado? Aaaaah…..–gimoteó, sintiendo esas manos grandes y duras pasar por encima de su cuerpo.
–El lugar más apropiado. Donde nacimos….de aquí venimos y aquí vamos…..–selló la boca con un apasionado beso.
La húmeda lengua jugueteó durante un rato por la cavidad del muchacho, ya estaban las cartas sobre la mesa y la mano era completamente de ellos, por lo cual, no se rehusó a seguir con la práctica con la que habían acabado de aventón hoy a la mañana.
La ropa se fue volviendo completamente innecesaria, y el paso rozaba su piel haciéndole cosquillas y generándole picazón. Abrió sus piernas para dejar pasar el cuerpo de Sanada, el cual al ser más grande que el suyo comenzaba a incomodarlo un poco.
Los pantalones desaparecieron al mismo tiempo que la camisa y ahora solo la luz de la luna resaltaba los cuerpos desnudos de ambos amantes. La boca se deslizó por su cuello y terminó en la clavícula, mientras que las manos níveas recorrían aquellos brazos torneados y esa espalda dura, aunque la dureza que más sentía era la del joven, enorme y viril miembro que en ese momento le parecía anormal.
–De a poco…..creo que me dolerá –susurró una vez que Genichirou comenzó a acomodar su miembro alzado para ingresar al cuerpo.
–Tranquilo, dolerá al comienzo, todo duele.
La punta, simplemente la cabeza de su pene y se retorció del dolor. Clavó sus uñas en la espalda ocasionando un terrible y ahogado quejido de dolor en su "amante" que provocó la entrada abrupta de la mitad del pene. Gritó y rasguño la espalda tirando la cabeza hacia atrás mientras los morenos brazos le aferraban. Era difícil tener relaciones sexuales y no entendía cuál podría ser el goce del mismo cuando el dolor era indescriptible. Sacó un poco de su miembro hacia afuera y lo volvió a meter generando otra sensación distinta, pero esta vez con tintes placenteros ahogando un gemido.
Y solo era la mitad. Volvió a sacar y meter la mitad de su pene, para no incomodar demasiado a Seiichi, quien comenzó a sangrar levemente, pero no le dio importancia.
–Mételo todo…..
–¿Es-estas seguro?
–S-Si…..si…..–cerró sus ojos fuertemente y volvió a clavar sus uñas para poder resistir lo que vendría.
Incrustó en su cuerpo el miembro entero, largando un terrible alarido de dolor que poco a poco se remplazó con gemidos de placer. Sintió su entrada y salida, el vaivén tan sensual que jamás había imaginado, y siguió arañando aquella enorme espalda mientras era besado por los labios más sensuales que jamás hubiera imaginado. Gemidos, gritos, sensaciones inexplicables y transpiración, la pasión desmedida entre las entradas y salidas agobiantes y galopantes del mayor que hacían tiritar de pasión al más joven, cuyo cuerpo aun parecía inexperto o no estaba preparado para recibir tanto de golpe.
Creyó que se desmayaría, pues la sensación tremenda que le generaba el ingresar al cuerpo un miembro extraño, con aquel tamaño y encima con la fuerza de un toro. Irguió su cuerpo y pudo notar que al igual que su moreno, su propio miembro también se encontraba duro y el movimiento de sus vientres le hacía llegar al éxtasis. Muy a pesar de haber eyaculado, el miembro de Sanada aún se encontraba viril y duro, los movimientos no habían cesado, hasta parecían más fuertes, y los gemidos cada vez eran mucho más graves.
No podía durar mucho tiempo así, no aguantaba, su cuerpo estaba ardiendo, transpirado y se sentía algo sucio, Sanada continuaba su ritmo fuerte y preciso, tocando aquel punto que comenzó a hacerle vibrar. No podía respirar con normalidad y la lengua de Genichirou se deslizaba por su clavícula, iniciando una nueva guerra entre las embestidas terriblemente fuertes y la lengua ardiente. Era inexplicable, y gracias a dios antes de desmayarse pudo sentir como terminaba dentro de si, esa sensación de un fluido caliente deslizarse dentro y por sus piernas, hasta ahogarlo internamente. Esa deliciosa sensación.
…..Seiichi…..Seiichi.
–¿Seiichi? –abrió lentamente sus ojos y pudo ver al moreno desnudo, esta vez era de día, el sol comenzaba a molestarle.
–¿Qué hora es? –preguntó intentando incorporarse, le dolía muchísimo todo su cuerpo, inclusive su boca.
–Debe ser pasara las ocho, nos quedamos dormidos –susurró y le besó aferrando su cuerpo aún más al de él–. Creo que estoy listo para un quinto round.
–¿Quinto? –preguntó, vio que su ropa aún seguía en el suelo e intentó tomarla, pero Sanada le sujetó de las caderas y lo atrajo así.
–Fueron cuatro veces.
–Con razón me duele todo….–lo sentó encima de sus caderas y comenzó a besarle el cuello–. ¿Qué sucede?
–Creo que jamás me cansaré de esto…..–le aferra contra si–. Me dejaste lastimada la espalda.
–Es tu culpa…..–empezó a escuchar unos golpes, era el ruido que hacían los caballos galopando–. Viene alguien.
–Imposible, este lugar está apartado de todos y todo…..ven vamos a hacerlo de nuevo…–lo toma nuevamente dispuesto a continuar, pero Seiichi aun se encontraba alerta.
–Shhhh….estoy seguro que alguien viene –se levanta, cubriendo su desnudez con los trapos de Sanada, y observó a lo lejos dos caballos trotar–. ¡Es ese chico! Ehm…. ¿cómo se llamaba?
–Seiichi…. ¿de qué diablos hablas?
–Niou, Masaharu Niou, viene en un caballo junto a otro sujeto –tomó a Sanada del brazo y lo levantó–. Tenemos que irnos.
–No hables tonterías Seiichi, Niou ni siquiera conoce este lugar –lo aferra nuevamente a su cuerpo, aun desnudos ambos y comenzó a besarlo–. Déjame hacerte olvidar eso.
–Vaya…..no pensaba encontrarlos aquí…–una voz socarrona y burlona inmediatamente hizo presencia, Sanada cubrió su desnudez con Seiichi, y a la vez también cubrió la del joven al ponerlo junto a su cuerpo.
–Niou, te dije que no viniéramos aquí –susurró Chitose Senri, primo por parte de madre de Masaharu.
–¿Qué diablos haces aquí? –preguntó enojado el mayor.
–Pues viendo como tienes sexo con un chico que conoces hace un día…..dime ¿Cómo se siente haber desflorado al futuro emp…?
–¡CALLATE NIOU! –gritaron Senri y Seiichi al mismo tiempo, ante la mirada atónita y confundida de Sanada.
–De acuerdo, de acuerdo….no diré más….–los mira de arriba hacia abajo–. Pero debes enseñarme como haces para que se te entregue alguien que acabas de conocer, he intentado todos los trucos con Yagyu y no cede.
–Será porque es inteligente –bufó y levantó la ropa de Seiichi para que se cubriera, Niou no apartaba la vista de ellos aunque Chitose si había cubierto sus ojos–. Date la vuelta.
–¿Y qué sino quiero?
–Te golpearé tan fuerte que ni tu madre te reconocerá.
–Tengo mucha información Sanada, no me hagas usarla…..–mira a ambos–. Creo que los dos se han mentido mutuamente, pero la vida hará que ustedes sepan con quienes tratan. Vamos Puri, dejemos a los tortolitos solos –comienza a galopar con su caballo.
–Oye, no me dejes aquí…..–Chitose lo siguió.
Seiichi observó a Genichirou. ¿Acaso también había un oscuro secreto detrás de ese joven hombre?
Fin de la Segunda entrega.
