Henry iba religiosamente todos los días hasta la línea a visitarlos. Le dolía mucho ver así tanto a August como a Regina, pero más le dolía no verlos.
"Estoy leyendo todos tus libros para encontrar algo que nos diga cómo sacarlos de aquí." Le dijo una tarde a Regina. Ella sonrío, sabía que lo más probable fuera que no encontrara nada, esto era magia sin precedentes, pero no podía tirar sus ilusiones abajo, además ella misma necesitaba creer que lograrían sacarla.
"Se que si lo logran será por tu ayuda" dijo para alentarlo.
"Sólo espero que no tardemos demasiado" le contesto él
"Tranquilo, ahora mejor ve a casa, ya es tarde y mañana tienes escuela"
"Esta bien, pero vendré mañana"
"Aquí te espero" bromeo Regina sonriendo, de cualquier modo no podría ir a otro lugar.
"Se avecina una tormenta" dijo Archie mirando hacia el horizonte por la ventana.
"Tenemos que advertirle a August!" Exclamo preocupado Marco.
"No podrá hacer mucho de todos modos."
"¿Y qué haremos entonces?"
"Supongo que esperar..."
"¿Como planeas que me quede aquí, simplemente sentado? ¡Esperando! ¿Esperando a que?"
"Esperando que no sea demasiado fuerte, esperando a que termine para ir a verlo"
Marco miro a la ventana preocupado, deseando que su hijo pudiera pasar la tormenta lo más tranquilo posible el tiempo que durara.
En el pequeño domo Regina había construido un pequeño pero fuerte refugio con su magia. Aún no hablaba con su compañero de cautiverio desde aquella discusión que tuvo lugar el día que quedaron encerrados. Lo había visto pasar de un lado a otro con diversas ramas. Era evidente que el también intentaba hacer un refugio, sólo que sin herramientas ni magia sería mucho más difícil hacerlo de forma resistente.
El viento soplaba cada vez más intenso, anunciando lo que se avecinaba. Cada habitante del pueblo se encerró en su casa deseando que la tormenta no causara demasiados estragos. Regina se metió en su refugio fuerte como un roble y cálido como un hogar.
Pronto comenzó la tormenta.
El viento soplaba tan fuerte como aquella vez en su mundo cuando los alcanzo la maldición. La lluvia caía con mucha furia, golpeando duro contra lo que chocaba. Regina miraba por la ventana de su refugio mientras se preguntaba como estaría Henry en la casa. Algo la trajo de vuelta a la realidad. August pasando bajo la lluvia, corriendo, parecía buscar un lugar donde refugiarse. No le dio mucha importancia, después de todo sabía que él no hubiera hecho nada si la situación hubiera sido al revés. Alejó sus pensamientos y trató de entretenerse con algo. Encendía y apagaba una bola de fuego en su mano, mirando siempre hipnotizada el fuego, su movimiento y su color cada vez que se encendía.
Al rato August pasaba nuevamente por el frente de su casa. Lo medito por un segundo, el suficiente como para que él pasara de largo.
"¡Al diablo!" Dijo por fin "yo le digo, si no quiere allá él"
Con una nube de humo morado desapareció, apareciendo justo enfrente de August, bajo la lluvia. Al instante ella estaba tan mojada como él.
"Ah! ¿Qué haces aquí?" Dijo algo asustado ya que lo había tomado por sorpresa.
"¿No tienes refugio?"
"¿¡Qué?!" Le costaba oír con tanto ruido.
"¿Que si tienes lugar donde refugiarte?" Repitió ella gritando.
" ¡Se ha venido abajo! ¿Y eso a ti que te importa?"
"¡Vine para ofrecerte refugio!"
"¿A mí? ¿Y qué es lo que quieres a cambio?"
"¿Qué? ¡Nada!"
"Disculpa pero no te creo"
"Escucha, sé que no confías en mi, ni tu ni nadie, pero no creo que te quede mucha opción."
"¡Claro que la tengo!"
"¿Cuál? ¿Ir a mi refugio o quedarte bajo la lluvia? No, no creo que esa sea una buena opción" Regina se acercó a él, lo tomo del brazo y los hizo aparecer dentro del refugio.
"¡Dije que no quería!" Vocifero August.
"Ya, pero no era buena opción que te quedarás bajo la lluvia" le contesto ella haciendo aparecer dos toallas y lanzándole una a él, que la atrapo en el aire con desconfianza.
"Gracias" dijo y se secó con ella.
"No tienes por qué. Aquí tendrás un lugar seco y caliente donde estar, al menos hasta que pase la tormenta, luego si quieres vete y no vuelvas"
"¿Por qué haces esto?"
"¿Acaso debo tener intenciones ocultas en todo lo que hago?"
"Eres la reina malvada, la causa de que estemos en este mundo y de que creciera sin un padre, claro que debes tener alguna intención oculta"
"Pues lo creas o no, no la tengo"
"Descuida, ya averiguare lo que tramas."
"¡No hay nada que averiguar! Sólo intento cambiar por mi hijo"
"El hijo de Emma querrás decir"
"No me importa lo que digan, él es mi hijo, lo adopte hace ya 11 años y siempre he estado con él, siempre velé por su bienestar, por su felicidad."
"Veo que no lo has hecho bien"
"¿Que dices?
"Si, de otro modo no hubiera viajado hasta Boston para buscar a Emma, ¿no?"
"Lo que haya hecho cuando lo hizo no significa que no fue feliz conmigo hasta que le dieron el dichoso libro."
"De todas formas, nunca podrás ser su madre, lo sabes y eso te carcome por dentro"
"No tengo por qué escuchar esto, sólo quise darte refugio en un día como este, y en la situación en la que estamos. Puedes agradecerlo dejando el tema de una vez, o ahí tienes la puerta"
August no dejaría el tema tan fácil, había muchas cosas que quería gritarle a la reina, pero sabía que debía proceder con cuidado, después de todo ella seguía teniendo magia y él necesitaba ese refugio.
Las horas que siguieron pasaron lentas y silenciosas. Sólo se escuchaba el sonido de la lluvia al caer y los truenos. El cielo estaba tan negro que no se distinguía que hora era, así que no se dieron cuenta en qué momento fue que se hizo de noche.
Regina hizo algo de comer con las cosas que pudo recolectar. Su magia era poderosa pero si había algo que no podía hacer ni ella ni Gold era aparecer comida, eso rompía con las leyes de la naturaleza.
"Aquí tienes" dijo dándole el plato. "te hará bien comer algo"
August tomo el plato con desconfianza, de cada cosa que la reina hacia él desconfiaba, al fin y al cabo ella no le había dado ninguna razón para que lo hiciera.
"No tiene nada extraño" dijo ella algo molesta "son sólo frutos que conseguí en esta parte del bosque."
"Ya, perdona que desconfíe por tus antecedentes con frutos"
"¿Acaso jamás dejarás ir el tema? ¡Me esfuerzo en verdad para poder cambiar y ustedes siempre me recuerdan mi pasado!"
"Será que has hecho demasiadas cosas horribles como para que podamos dejarlo ir así como así"
"No escuchare más esto"
"¿Vas a echarme a la tormenta?" le dijo levantando una ceja.
Lo pensó por dos segundos, respiró hondo y dijo "No. La que se va soy yo" abrió la puerta del refugio y salió a la tormenta.