¡Hola de nuevo a todos!

Antes que nada, quisiera disculparme con todos por haber tardado tanto tiempo a la hora de publicar el segundo capítulo de este fic. Si de mí dependiese, me pasaría el resto de mi vida escribiendo, pero me parece algo un poco difícil de conseguir n.nU

En fin... que quiero daros las gracias por los reviews, me gusata saber lo que la gente opina de lo que escribo, gracias de verdad. Espero no defraudaros con este capítulo... y siguen quedando intrigas... o algunas nuevas n.n

Sin más que decir, no quiero enrollarme tanto, que sino el fic pierde la emoción jeje

Disfrutad de la conti n.n

Capítulo 2

Tumbado en la cama con los brazos tras la cabeza, mirando al techo con las cejas arqueadas, una actitud que adoptaba cada vez que estaba disgustado por algo, pero parecía tratarse esta vez de algo que realmente le afectó, puesto que llevaba toda la mañana sin salir de la habitación. Se acercaba la hora de comer, y podía percibir el aroma de los platos que llegaban desde la cocina, pero no le hacían reaccionar como de costumbre. No había desayunado, ni tan siquiera había cenado la noche anterior, y sin embargo, su estómago no le pedía alimento alguno. Algo muy impropio de él. Estaba desanimado, profundamente dolido y enfadado.

-¡Hora de comer! -llamó una voz desde la planta baja de la pequeña casa. Su actitud de costumbre, siempre cariñosa y suave para con él, le hablaba con el mismo tono de dulzura, como cuando era aún un niño. No le importaba en absoluto que ya se hubiese hecho mayor, le seguía consintiendo del mismo modo, aunque seguía enfadada por cierto comportamiento de su hijo. -¡Ash¿Me oyes? -preguntó al no haber recibido respuesta alguna.

-No tengo hambre... -le respondió sin apartar la mirada de la lámpara apagada que colgaba del techo.

Se escucharon los pasos avanzar hasta la habitación del joven, la mujer llegó hasta ella preocupada, hacía tiempo que su hijo no se comportaba así. Abrió la puerta para encontrarle allí aún, con la misma ropa que llevaba puesta el día anterior, y con claros signos de cansancio en su rostro. Él ni tan siquiera se molestaba en dirigirle su castaña mirada, seguía ocultando sus robustos brazos bajo los oscuros cabellos que no se dejaban dominar por un peine, y suspiraba largamente sabiendo ya lo que ella le preguntaría.

-¿Qué es lo que te pasa? -se acercó a él hasta sentarse a su lado- ¿Por qué estás enfadado¿Ha pasado algo ayer?

No sabía contestarle, preguntas que sabía que llegarían en cualquier momento, pero que no dejaban muchas opciones con las que darle una respuesta. No podía decirle lo que había pasado, puesto que de hacerlo, ella le reprocharía su conducta de tiempo atrás, recordándole que aún se sentía herida por lo que había pasado. Él la conocía muy bien, todo lo que le podría preguntar, y los discursos que le daba ante cada acontecimiento, en especial si estaban relacionados con... aquella vez...

-No quiero hablar de ello. -seguía observando ese punto concreto sobre él, una pequeña mancha negra producto de una descarga accidental por parte de su estimado Pikachu.

-Bien, no preguntaré nada entonces. Si quieres comer algo, me avisas. -se levantó para salir de allí, y una vez estuvo en la puerta, sin girarse para mirarle- Pero tarde o temprano tendrías que encontrarte con ellos... -le recordó cerrando la puerta tras su paso.

No hizo el más mínimo gesto de sorpresa, aunque lo que ella le dijo había sido bastante claro. En ningún momento mencionó nada sobre lo ocurrido, y sin embargo, gracias a esa intuición que tienen las madres, ella había conseguido dar con la respuesta acertada al problema que tenía. Sentía rabia, pero a la vez, se culpaba por todo. Había sido su culpa, desde el principio, pero no se sentía capaz de reconocerlo. Buscaba siempre una explicación que no le llevase a él como único culpable, pero aunque lo consiguiese, -puesto que la había- era consciente de que se estaba engañando en cierto modo, y que todo había sido por su conducta.

Estaba seguro de que no debía pasar el resto del día allí, aunque lo deseaba, puesto que era un domingo normal y corriente en el que nada importante tenía que hacer. Ya al día siguiente tendría que trabajar, era su obligación, y no por ello le disgustaba, disfrutaba haciendo algo que siempre había deseado. Tener un despacho, y gente bajo su supervisión, en un puesto ambicionado por muchos dentro de la directiva. Aún a pesar de tener su propio despacho, no pasaba mucho tiempo en él, sólo iba a recoger algún documento necesario para su actividad de cada día, y luego, estaba el resto del día fuera. En otra ciudad, en otra región, siempre fuera, era su obligación, la tarea que debía llevar a cabo todo respetable Maestro Pokemon. Al fin había conseguido ese título, tan ambicionado durante años, desde antes de partir a su viaje, uno en el que su vida cambiaría por completo. Sería cosa del destino, pero ganó aquel título el mismo día que... ella había conseguido su reconocimiento... aún siendo muy jóvenes. Suponían que era por el esfuerzo que habían hecho, ayudándose mutuamente, sin dejar de trabajar duro cada día, sin descanso.

Aunque quisiese pasar encerrado en la habitación todo ese domingo, recordaba que tenía algo que hacer. No le entusiasmaba demasiado, pero ya que se había comprometido, era su obligación hacerlo.

Con pesar, ojeó el reloj que estaba sobre la mesa de noche. La hora acordada estaba cerca. Se levantó intentando animarse un poco, pero no podía dejar de lado su rabia interna. Debía cambiarse de ropa para que no le encontrasen con lo mismo que el día anterior. Fue hasta el lavabo, y se refrescó un poco. Se miraba en el espejo. Le era difícil de creer que se había convertido en lo que era ahora, recordando las fotografías de cuando era pequeño y tenía un aspecto totalmente diferente al que había conseguido después. Por fin se había cortado un poco aquellos cabellos tan revueltos, e intentaba peinarlos un poco, pero se resistían a estar en orden. Aún así, era ese desorden oscuro en su cabeza el que le hacía tan interesante. Una ducha, sí, eso sería lo mejor, le ayudaría a despejarse un poco.

Se desprendió de sus vestimentas, y dejó que el agua fluyese a través de su cuerpo entero. Cerró los ojos, sintiendo como sus humedecidos cabellos caían sobre su rostro. Los apartó un poco, no pudiendo evitar un nuevo recuerdo, uno que se repetía cada vez que sentía caer el agua sobre sí.

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Risillas que intentaban pasar desapercibidas, procurando no hacer más ruido del necesario, para no avisar a nadie de que estaban allí, solos. Una travesura, aunque no demasiado infantil, al menos, para él. Ya dieciocho años en su vida, cumplidos aquel mismo día, después de una gran celebración a la que acudieron sus más allegados conocidos. Pero ella no, aún le quedaban un par de meses para cumplir los diecisiete. Sin embargo, estaba segura de que estaba ya preparada para muchas cosas, en especial, si esas cosas eran compartidas con él.

-¿Seguro que se han ido todos ya? -preguntaba su voz con un susurro un poco temeroso, aunque su risa seguía latente.

No podía apartar sus labios del cuerpo de ella, era un imán que le obligaba a sentir cada centímetro de su piel con caricias- Me he asegurado bien, se han marchado... ya era hora... -intentó reprimir un suspiro sonriente.

-¡Ash! -le miró con severidad- No seas así. -relajó su expresión- Si son nuestros amigos... ¿cómo vas a querer que se vayan si han venido a festejar tu cumpleaños?

-Yo realmente quería pasar este día contigo... -clavó su mirada en la de ella, hablándole con total franqueza- Sólo contigo Myst...

Ella sonrió, no recordaba haberle visto así de serio en mucho tiempo, pero aún a pesar de la seriedad que mostraba su rostro, conservaba ese aire de ingenuidad que adoraba. Lo rodeó por completo con sus brazos, sin dejar de mirarle fijamente- Y yo quería estar contigo... -tenía la necesidad de decirlo, algo que sentía realmente.

-Y bien... -el chico cambió su expresión, ahora parecía tener ganas de practicar uno de sus muchos juegos de adivinanzas.

Arqueó una ceja sin comprenderle ¿de verdad quería jugar en ese momento? -Y bien ¿qué?

-¿Dónde está mi regalo de cumpleaños? -una inocente sonrisa se dibujo en su semblante.

Intentó reprimir una risilla, besó su mejilla dulcemente, y le susurró al oído con la sensualidad que le hablaba en momentos como ese- Lo tiene entre los brazos, señor Maestro Pokemon...

La miró con decisión, mordiéndose el labio con agrado. -Es el mejor regalo que me podrían haber hecho... señorita Maestra Marina... -sonrió con malicia, y abrió la perilla de la ducha en la que estaban escondidos de los demás, el único lugar que nadie hubiese pensado en visitar dentro de la casa, teniendo la fiesta en el jardín, y un par de lavabos en la planta baja de aquel laboratorio.

Ni tan siquiera se tomaron la molestia de desprenderse de la ropa que llevaban, sus deseos de estar íntimamente el uno con el otro no les dejaban pensar en otra cosa. Pero ello no significaba que estuviesen siempre vestidos teniendo las prendas empapadas, porque con agonizante lentitud, se fueron despojando de ellas hasta que sus cuerpos quedaron libres de tejidos, y presos de los brazos ajenos, en una madrugada que parecía prometer un gratificante encuentro hasta entrada la mañana del día siguiente...

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Golpeó la pared con el puño, intentando librar su rabia. Se había prometido a sí mismo olvidar, buscar el modo de no recordar nada de lo pasado, intentando hacer que sus vivencias de aquel día murieran en la oscuridad de su mente. Pero era imposible, por mucho que lo llevase intentando, no era capaz de conseguirlo. No había nada que no le recordase a ella, era como si su recuerdo estuviese grabado en cada rincón de la casa, en cada lugar que visitaba, en cada acción que realizaba, en cada palabra que repetía... todo a su alrededor estaba lleno de su esencia, todo ello le llevaba el mismo nombre a su mente: Misty.

Quería llorar, llorar de tristeza, de ira, de culpabilidad. Si no hubiese sido por él, por su debilidad, quizá ella estaría compartiendo esa ducha con él, como ya había hecho en más de una ocasión. Salió de allí, y empezó a vestirse, sin suavizar su gesto en ningún momento. Fue hasta su habitación, y preparó lo poco que le quedaba para partir.

Como un pequeño rayo, su amigo Pikachu se subió sobre la cama, mirándole con su sonrisa de costumbre. Ya había adivinado que su entrenador estaba con los ánimos revueltos, y estaba seguro de que su compañía le vendría bien.

-¡Hola colega! -le saludó acariciando su cabeza.- ¿Vienes conmigo? -el pokemon asintió entusiasmado- Ya sabes que en este momento, no tengo ganas de salir, pero se lo prometí, así que tendré que hacer un esfuerzo para que todo vaya bien. Espero sólo que no empiece a preguntarme cosas, eso me irrita...

El pokemon le miró intentando no mostrar su fastidio por las palabras que escuchaba. Sabía ya que a Ash le molestaba que le preguntaran a cada momento lo que le pasaba, pero si era ella quien le hacía esas preguntas, le molestaba aún más. Era algo extraño, puesto que en parte, todo lo que le llevaba ocurriendo desde aquel incidente, había sido también por ella. No quería culparla de todo, había sido también su debilidad. Aún así, era ilógico que siendo esa chica responsable de su desdicha, decidiera seguir a su lado. Tenía algo, algo que le obligaba a estar con ella, pero no estaba seguro de qué se trataba.

Era como las veces que intentaba dejar de acariciar la piel de la pelirroja, algo casi imposible de conseguir. El imán de su piel le obligaba a estar a su lado. Con aquella otra chica ocurría algo similar, pero no tan intenso, desde luego no existía comparación alguna. De nuevo, se reprimió por haberla recordado, no quería pensar más en la chica de cabellos rojizos, quería sentir algo por la nueva ocupante de su vida, por la chica que había conseguido sustituirla, al menos en parte.

-Ya es la hora, vamos amigo. -el pokemon se subió a su hombro como de costumbre, y bajaron hasta el salón.

Pudo ver a su madre bebiendo una taza de té en compañía del profesor Oak y su amigo Tracey. Se acercó a ellos, y se sentó junto al joven moreno.

-¿Vas a salir? -le preguntó al verle depositar la mochila en el suelo.

-Sí, tenía planes para esta tarde. -tomó la taza que le ofrecía su madre.

Su amigo no pudo evitar notar sus pocos ánimos a la hora de hablar, y seguro que estaba así también por aquella salida. -No te veo muy animado.

-Estoy cansado, eso es todo. -se puso en pie dejando la taza sobre la mesa después de beberse el contenido rápidamente- Me voy.

El chico se puso en pie también- ¿Vas a Ciudad Plateada verdad?

-Así es. -contestó desde la puerta.

-¿Podrías llevarme? Tengo algo de lo que hablar con Brock.

-Claro, vamos. -abrió la puerta principal.- Hasta otra profesor, adiós mamá.

-Hasta luego Ash. -se despidió el profesor levantando la mano.- Adiós Tracey.

-Hasta luego. Conduce con cuidado Ash. -le advirtió con su mismo tono maternal de siempre.

-Nos vemos más tarde. -Tracey se despidió de ambos, siguiendo a Ash.

Ambos chicos desaparecieron tras la puerta, llevando consigo a Pikachu. Se introdujeron en el vehículo rojizo que estaba estacionado junto a la casa. Tras encenderlo, Ash siguió el camino marcado que les llevaría hasta la otra ciudad.

Era un viaje que duraba aproximadamente media hora, pero visto el ánimo de Ash, parecía que tardarían más de lo previsto. Iban en silencio, ninguno de los dos decía palabra alguna. Era un poco agobiante sentir tal quietud, algo a lo que ninguno de los dos estaba acostumbrado.

-¿Por qué te empeñas en seguir con ella? -Tracey no podía seguir reprimiendo esa cuestión que llevaba dentro de sí desde hacía mucho tiempo.

Ash no decía nada, seguía con la mirada en la carretera, intentando ignorar a su amigo.

-Ya veo que no quieres hablar. -hizo un gesto de fastidio, y miró el paisaje por la ventanilla. Ash dio un suspiro de derrota, no podía serle indiferente a uno de sus mejores amigos, al menos, a él, quien no le había traicionado.

-La verdad es que no lo sé... y ojalá lo supiera -respondió finalmente

-Pero si no lo sabes...

-Hay algo que me obliga a estar con ella, pero sigo sin poder averiguarlo. -echó un vistazo rápido al cuentakilómetros.

-Ash... esto es muy difícil para nosotros. Es duro pensar en estar un tiempo con vosotros, y otro con ellos. ¿No podemos estar juntos todos de nuevo, como antes...

-Porque antes no había pasado nada. -frunció el ceño en un claro gesto de disgusto- Antes ella no había hecho nada...

-Sabes que en parte ha sido culpa suya¿por qué no la dejas? Podrías intentar arreglarlo.

-Basta. -dijo rotundamente con voz ronca- No hay nada que arreglar, está todo perdido. No quiero dejarlo, y no quiero volver a ver a "esa" chica.

-¿"Esa"? -repitió con incredulidad- Nunca creí que llegarías a referirte de ese modo a Misty.

-¿Cómo quieres que la trate entonces? Ella y yo ya no somos nada, ni siquiera amigos. -apretó el volante con fuerza, queriendo con ese gesto librar su rabia- Desde un principio, todo fue un error.

-Ahora lo llamas error. Pero antes lo defendías con tu propia vida, porque creías en ello.

-Porque era un niño que no sabía lo que hacía.

-No eras ningún niño, decías ser bastante maduro como para saber lo que sentías. -bajó un poco la voz- Prometiste hacerla feliz... -le recordó aquello que Ash había dicho tiempo atrás- pero creo que fue después cuando te comportaste como un niño...

Él se quedó en silencio, su amigo tenía razón- Puede ser... pero ya no hay vuelta atrás. Tengo mi propia vida, y la de ella no me interesa. -dijo finalmente con firmeza.

Lo miró indignado, desconociendo a aquel chico junto a él. Sabía muchas cosas que los demás desconocían, pero que no era capaz de contar a nadie- Pues no lo parece. -concluyó.

El vehículo se detuvo. Tracey observó por la ventanilla, pudiendo ver cómo se levantaba el gimnasio de Ciudad Plateada. Bajó la mirada, resignado a dejar una conversación que le interesaba, pudo haber sido su oportunidad, persuadir a Ash para que dejase de lado aquella tan absurda relación que mantenía con una de sus amigas. Le dolía pensar que debido a aquel incidente, no podían estar juntos todos los chicos del grupo como antes de que ocurriese. Ya había hablado con sus amigos, y estaban de acuerdo con que esa situación debía terminar, para volver a ser lo que fueron durante sus viajes y poco tiempo después.

Ahora, se estaba planteando el hecho de contar a sus amigos lo que había averiguado gracias a Daisy. Seguramente ellos sabrían qué podrían hacer para que las cosas volviesen a su lugar correspondiente, y las relaciones entre amigos fluyeran como siempre lo habían hecho. Quizá, así podrían volver a estar juntos, todos, sin dejar de lado a nadie en ningún momento.

Ya estaban cansados de festejar un cumpleaños con una pareja, otro cumpleaños con otra; una Navidad en pueblo Paleta, otra en Ciudad Celeste. Visitar unas ferias en pequeños grupos, o abstenerse de asistir a algún festival para evitar algunos encuentros desagradables. ¿Y los viajes? Era imposible. O bien Ash estaba ocupado con su puesto en la Liga Pokemon, o Misty estaba en la misma situación llamada por Prima, su superior. Incluso el problema estaba también con Gary, puesto que su trabajo como investigador podía hacerlo donde quisiese, y se dirigía a los mismos sitios que Misty, queriendo de ese modo asegurarse de que por su camino no se atravesara Ash.

Y si los chicos le planteaban un viaje a Ash cuando tenía bastante tiempo libre... no quería viajar por Kanto, Johto o el Archipiélago Naranja, puesto que ya había estado allí, con ella... y a Hoenn, o Shinnoh, difícil. En Hoenn recibió como regalo la pequeña Mini-Misty, y en Shinnoh la guardó como una de sus posesiones más preciadas. De ninguna manera podía volver a pisar aquellas regiones. ¿Y Misty? Pues prácticamente los mismos motivos. Kanto, Johto y el Archipiélago Naranja lo visitó con Ash al poco tiempo de conocerse, en unos viajes en los que profundizarían su amistad. Hoenn y Shinnoh, jamás, él había estado viajando por allí, y no quería imaginárselo a cada paso que daba. Tampoco le entusiasmaba pisar aquellas regiones.

Realmente, era como estar encerrado en una pesadilla. ¿Por qué se empeñaban en seguir así, viviendo de ese modo, fingiendo un rencor que no sentían? Estaban dolidos, eso sí, pero estaba seguro de que no eran capaces de llegar a odiarse. Desde un principio empezó a nacer aquel sentimiento que compartieron durante mucho tiempo, aunque fuese en secreto. De haber sabido que las cosas tomarían ese rumbo, lo mejor hubiese sido mantenerlo reprimido dentro de sí mismos.

¿Por qué se tenían que haber complicado de ese modo las cosas¿Por qué no era igual que las nuevas relaciones que se habían formado? Si parecía la pareja más enamorada del mundo, la que daría todo el uno por el otro, la que no permitiría al otro llorar, la que nunca le haría sufrir... desgraciadamente, las cosas no fueron tan fáciles.

Abrió la puerta del vehículo con lentitud, pensando aún en el modo de entablar una charla que les llevase hacia el mismo punto- Gracias por traerme. -dijo finalmente sin encontrar otras palabras.

-No tienes por qué darlas. ¿Quieres que te recoja?

-No es necesario, seguramente estarás fuera por bastante tiempo, no quiero que tengas que volver pronto por mí. Ya volveré en taxi o algo así.

-¡Vamos Tracey! Puedo pasar por tí, después de todo, es posible que regrese pronto. -sonrió

Vio en su respuesta una oportunidad de abrir un nuevo tema- ¿Por qué dices que regresarás pronto, lo lógico sería que estuvieses fuera por un largo rato.

Ash se quedó pensativo. Sonrió con pesar- ¿Sabes algo? -Tracey lo miró intrigado, y Ash fijó la mirada en el volante- He empezado a replantearme varias cosas de mi vida. -dio un largo suspiro- Hay veces en las que me gustaría volver atrás, y de ese modo, cambiar las cosas... ahora todo sería diferente...

Estaba sorprendido. Tracey no podía creer lo que escuchaba. ¿Cómo era posible que cambiase su actitud de un momento a otro?- ¿Estás insinuando que...? -realmente no sabía qué preguntarle. Quizá en si pretendía dejar a su "novia", o en si se arrepentía de lo que había ocurrido en el pasado, o en si desearía que las cosas volviesen a ser como antes. Como ellos querían.

-No lo sé Tracey. No sé qué hacer. -lo miró de nuevo- Me gustaría volver a viajar, pero con el asunto de la Liga no puedo permitírmelo. Parece ser que mi destino sea quedarme con ella a pesar de todo.

-Si no estás seguro de lo que estás viviendo, lo mejor sería que lo dejases. Piénsate un poco las cosas. -salió del vehículo- Ash -se asomó a la ventanilla- No cometas otro error del que te puedas arrepentir.

Rió con sarcasmo al oírle- Como si pudiese llegar a cometer un error del que me pudiera arrepentir aún más. -encendió el automóvil- Volveré por tí dentro de dos horas.

-Hasta ahora.

Tracey se alejó del automóvil, y Ash desapareció por el camino que lo llevaría la centro de la ciudad. Había conseguido que Ash dijese varias cosas que les podrían ayudar a la hora de poner las cosas en su sitio. No quería perder el tiempo, y entró rápidamente en el gimnasio, donde Brock ya lo estaba esperando.

Se saludaron animadamente, y fueron hasta el salón, donde Tracey le contaría aquello que había oído de labios de Ash.

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No había demasiado tráfico en la ciudad, puesto que la mayoría de las personas se encontraba en la playa en aquella época. El sol cada vez se hacía más intenso, muestra de que quedaba muy poco tiempo para que el verano arribase. Pero aún a pesar de que las calles estaban casi desiertas, conducía muy despacio. Estaba desanimado, y la conversación con su amigo le había hecho pensar un poco las cosas.

Siempre había buscado el modo de evadir las conversaciones que le llevasen a aquel punto, a aquella parte de su vida que quería aceptar tal y como se encontraba. Pero esta vez no lo pudo evitar. Sin embargo, aunque ya no tuviese ánimos para casi nada, lo que quería en el fondo era continuar la plática. Interiormente, estaba aliviado de haber dicho esas pocas palabras, que habían sido suficientes para quitarse de encima una pequeña parte del peso que llevaba acumulando desde hacía casi dos años.

El camino se le hizo largo, demasiado largo, pero no lo suficiente como hubiese preferido. Allí estaba el lugar acordado, el parque de la ciudad. No fue nada difícil estacionar el vehículo cerca de la acera. Lo apagó, y se quedó dentro, inmóvil. Apoyó la cabeza sobre el volante, no deseaba estar allí. Respiró profundamente, sintiéndose resignado a estar en aquel sitio. En ese momento, era como si de verdad quisiese que una cita de esas no se repitiera, al menos durante un tiempo.

Salió del automóvil, y se adentró en la pequeña plaza. Había bastante gente cerca de la fuente, donde los niños jugaban con sus pokemon de agua. Era su alternativa al no poder ir a la playa. Ash se quedó por un momento quieto en su sitio, observando a una niña jugar con su Psyduck. Inevitablemente, la recordó.

-¡Ash! -le llamó una voz a sus espaldas. Él se giró- ¿Por qué has tardado tanto? Habíamos quedado en vernos hace más de media hora.

La miró con pesar, había perdido el hilo de sus recuerdos más valiosos- Lo siento Aura, no era mi intención llegar tarde. Lo que ocurre es que estaba hablando con Tracey, y no me fijé en el tiempo.

Mentía. No era bueno contando verdades inexistentes, pero cuando tenía suerte, mucha gente podía creerle con facilidad, a excepción de una persona que le conocía bastante bien. Estaba perdiendo el tiempo a propósito, como queriendo que ella se cansase de esperarlo, regresara a Petalia, y no quisiese volver a verlo hasta dentro de una semana en la que se le pasara el enfado. Pero no fue así. Ella le seguía esperando- "Quizá debí tardar un poco más" -pensó riendo para sí mismo. ¿Desde cuándo tenía tan pocas ganas de estar con ella?

-Está bien, no te preocupes. -lo tomó del brazo- ¿Vamos a la playa? Me he traído un bikini nuevo.

-No me apetece ir a la playa. -respondió bostezando

Ella frunció el ceño- ¿Y eso? Vamos Ash. Hace calor, y en la playa se está muy a gusto. -se acercó a él dándole un pequeño beso en la mejilla, sabiendo que con ese gesto, en muchas ocasiones había conseguido persuadirle.

-Lo siento, -supo mantener la compostura- pero no quiero ir.

-Me lo vas a poner difícil ¿eh? -se le acercó de nuevo, y esta vez, le besó en los labios, aunque él no le correspondió.

La separó de sí, fijando su mirada en la de ella- Aura, no insistas. No pienso ir a la playa.

Ella se separó de él claramente molesta- ¿Se puede saber qué te pasa? Estás así de distanciado desde ayer. -recordó su estancia en el centro comercial. Se pasó el resto del día hablando, pero él no hizo más que pequeñas afirmaciones con la cabeza, contestándole con monosílabos.

Se imaginó que estaría un poco agobiado. Le habían pedido que diera una pequeña conferencia a los alumnos del Tec-Pokémon. No le gustaba hablar en público. Si se mostraba delante de una multitud, prefería hacerlo con sus pokémon, haciendo que el público presenciase un gran combate. Seguramente era ese el motivo, pero estaba convencida de que se le pasaría. Por lo visto, se había equivocado.

-No me pasa nada, no sé de dónde sacas que me pasa algo. -empezó a caminar hasta una de las bancas.

Ella le siguió en silencio. No entendía por qué estaba cambiado- ¿Por qué no me dices lo que viste en el cine? Todo fue salir de allí, y tú cambiar.

-Sabes que esas películas no son las que más me gustan -se apoyó en el respaldo de la banca de madera- Yo prefiero una con batallas pokémon.

-Pero tú y yo ya habíamos ido en otras ocasiones a ver películas así. Además... -pausó sus palabras.

Ash la miró de nuevo, esta vez, más serio- Además ¿qué?

Hizo que se intimidara. ¿Era realmente Ash quien estaba delante de ella? Dudó un poco al continuar- Antes de entrar a ver la película, me dijiste que te esperara en la entrada cinco minutos... pero tardaste casi media hora en volver. Y no quisiste decirme por qué habías tardado.

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-"Qué recuerdos..." -se dijo sonriendo con nostalgia mientras contemplaba la estantería

Aparte de él, sólo estaba la dependienta de la tienda. Un simple vistazo de lejos fue suficiente para sentirse atraído por aquella figurita. Al tenerla más de cerca, y escuchar la suave melodía que emitía, sentía que estaba reviviendo una escena de su vida- "Es preciosa" -continuó con sus recuerdos, y tomó el objeto en cuestión entre sus manos, mirándolo detalladamente. La figura giraba grácilmente sobre la concha en la que se encontraba.

-Veo que le ha gustado. -la dependienta se acercó a él

-¿Y cómo no podría gustarme? -se giró para verla de frente- Me encantan las sirenas. -sonrió

-Tiene una melodía muy bella, ya han pasado otras personas que se han quedado fascinados con esta cajita musical.

Volvió la mirada a la cajita, cerrando la tapa decorada con cristal- Entonces, seré yo quien se la lleve...

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-Aura, -notó que se había puesto nerviosa- por favor, deja de hacerme tantas preguntas. Sabes que eso tampoco me gusta.

Ella dejó de lado sus nervios, ahora estaba enfadada- Ya no sé qué pensar Ash, de pronto te empiezas a comportar de ese modo tan frío y...

-¿Sabes algo de Drew? -la interrumpió bruscamente, ella empalideció- El profesor Oak me contó que ha ganado ya dos festivales, y está siendo de gran ayuda para Dawn. -Aura bajó la mirada- Ahora van al Archipiélago Naranja, donde se va a celebrar otro festival. Podrías ir tú también. -le propuso con todo su descaro.

Sabía de antemano cuál sería su reacción, puesto que ella le había pedido desde un principio que no se lo nombrase. Continuaba dolida por el viaje que había hecho sin ella, y era por eso que no quería saber ya más nada sobre los concursos. Ahora, intentaba prepararse para ser una actriz, y para empezar, había recibido ayuda de las hermanas de Misty. No le había ido nada mal, más bien, había conseguido varios contratos muy buenos. Su fácil acceso a papeles de importancia en un par de pequeñas series de televisión, fue posible gracias a su magnífica reputación como coordinadora pokémon. Aunque se centrase más en la que quería que fuese su carrera, no dejaba de añorar su vida como adolescente viajera con el propósito de alcanzar la cúspide de los concursos pokémon de las diferentes regiones.

Hoenn y Kanto habían sido de mucha ayuda, y se sentía afortunada de haber elegido estos caminos. Pero su paso por Johto había sido sin lugar a dudas el mejor. En aquella ocasión, no tuvo la compañía de Ash ni de Brock, ni tan siquiera de su hermano Max. Sería quizá el destino que ella perseguía, pero en aquel viaje, estuvo en compañía de Drew, su gran rival, y claramente, su eterno amor. De algún modo que no sabría definir, empezaron a seguir el mismo camino, dirigiéndose a las mismas ciudades, acampando juntos, entrenando y concursando. Había conseguido que sus sentimientos se intensificaran, y que los de Drew salieran aún más a flote, hasta conseguir la proposición de un compromiso por parte del coordinador.

Se sentía tan feliz en su paso por la región... No se hubiese imaginado que al poco tiempo de regresar a casa, las cosas se complicarían...

-¿Qué es lo que pretendes con esto! -gritó con los ojos humedecidos- ¡Eres un idiota!

Dicho esto último, se alejó corriendo hasta el centro pokémon cerca de allí. No se sentía capaz de seguir reprochándole por aquel comentario que había hecho con tan mala intención. Él sabía perfectamente que eso le dolería. Lo había hecho intencionadamente, lo notó en su tono de voz, en su propuesta tan descabellada. Se perdió tras las puertas del centro, dirigiéndose a su habitación. No podría quedarse más tiempo allí. Decidió volver a casa.

Ash se quedó sentado, sin moverse. Dio una larga bocanada de aire.

-"Lo siento..." -dijo para sí mismo- "creo que esto es lo mejor para ambos, no podemos seguir así..." -se levantó, dirigiéndose nuevamente al automóvil que conducía- "No puedes ocultarlo, aún sientes algo por Drew... y Misty... a ella no me la podré sacar de la cabeza por mucho que lo intentes..."

No se arrepentía de lo que le había dicho, aunque quizá pudo haber sido demasiado brusco. Fuese como fuese, no había vuelta atrás. ¿Sería este un paso que le ayudase a recuperar su vida de antes, de cuando podía decir con total seguridad que era feliz? No admitía que hace un par de años era la persona más afortunada del mundo, puesto que quería disfrazar aquel entonces como un juego de niños que no sabían lo que hacían.

Se metió en el vehículo, y tomó el camino que le llevaría de vuelta al gimnasio de la ciudad, esta vez, con ánimos de llegar a cualquier lugar.

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-¿Acaso está cambiando de parecer? -Brock sirvió un plato de aperitivos a Tracey- De ser así, puede que empiece a madurar de una buena vez. -rió divertido

Tracey hizo oídos sordos al último comentario. Tenía gracia, no lo iba a dudar. Ocurrencias de ese tipo eran muy propias de Misty, siempre refiriéndose a Ash como un pequeño entrenador inmaduro, porque realmente lo era. Miró a su alrededor, el gimnasio estaba en silencio. Los padres de Brock habían salido de turismo con sus demás hermanos, excepto Forres, que había conseguido el título de líder de gimnasio, y se hacía cargo de él.

El criador se sentó frente al joven que contemplaba el vaso de cristal entre sus manos- No puedo creer que se esté replanteando su vida. Espero que sea lo que me imagino. -Tracey no respondía. Lo miró más seriamente- ¿Te ha dicho algo más? -preguntó viendo la expresión aún de sorpresa que tenía Tracey.

-Hay algo que... -empezó a decir inseguro- algo que ninguno de vosotros sabéis, al menos eso creo.

Brock lo miró interrogante. No había secreto alguno entre amigos, se imaginó que podría tratarse de algo bastante delicado. En el fondo se preocupó- ¿De qué se trata?

Dejó el vaso sobre la mesa después de sorber un poco de la refrescante bebida- Es algo que me contó Daisy hace un tiempo, creo que al poco tiempo de que pasara lo de Ash -dijo lo último con pesar- No creí que sirviera de mucho contarlo tan pronto, y que habría que esperar a que alguno de los dos nos diese la oportunidad de dejar las cosas como estaban en un principio.

-Tracey... ¿de qué estás hablando?

-Ash ha estado buscando el modo de estar cerca del gimnasio Celeste. -notó que Brock se sorprendió- Al parecer, cada vez que se dirige a una reunión de la Liga, o cuando tiene que viajar a otra ciudad, hace lo posible para pasar cerca del gimnasio. Daisy lo ha visto en varias ocasiones. -se recostó en el sofá- Cada vez que está justo en frente, baja la velocidad del auto, intentando mirar a través de las puertas.

-Eso sí que no me lo hubiese esperado...

-Ni yo.

Se hizo el silencio. Ash hizo lo posible por evadir los temas relacionados con Misty. Nunca más quiso hablar de ella desde el incidente que tuvieron, y menos aún al enterarse de que Gary estaba muy cerca de ella. Demasiado. Llegó un momento en el que empezaron a pensar que Ash se había olvidado de la existencia de Misty. Pero no era así. Delia les había contado en secreto, que Ash aún guardaba con recelo los objetos que marcaron su viaje y vida juntos, y claramente, intentaba esconderlos de los demás. Sobretodo de Aura.

-Pero, cuando supo que Misty se comprometió con Gary... -empezó a plantear Brock- me imagino que ya no se acercaría por allí¿verdad?

-Eso sería lo lógico -dio un largo suspiro- Pero parece ser que fue entonces cuando más a menudo se pasaba. Daisy no quiso decir nada, para que Gary no se enfadase, ya te imaginas lo que hubiese ocurrido si lo llegaba a saber. -Brock asintió- Era como si deseara impedir que Gary se acercara a Misty.

-Definitivamente, no puede negar que ella aún le importa.

Pensó en ello, en la conversación que tuvieron hacía escaso tiempo- Sigue intentando ocultarlo, pero está claro que no le vamos a creer. -sonrió- Lo que Daisy me ha contado, ha sido más que suficiente para saber que no la ha podido olvidar. Está furioso porque Gary sale con ella.

-Eso me apena mucho... -Brock apoyó el codo en el posabrazos del sofá- Con lo que les había costado hacerse amigos después de tanto tiempo de rivalidad... y míralos ahora, no quieren ni pensar en la existencia del otro. No me gustaría imaginar lo que hubiese ocurrido de haber sido tú o yo quien se terminara enamorando de Misty.

Tracey no pudo evitar reír ante lo que Brock planteaba. Hubo una ocasión en la que ambos chicos provocaron a Ash, insinuándole que se sentían atraídos por la pelirroja. La reacción del joven entrenador fue tal y como se la imaginaban, pero jamás pensaron que el juego terminaría de ese modo. No iban a negar de ninguna manera que se sintieran felices con el resultado, puesto que todos sus conocidos estaban más que satisfechos. Fue inimaginable. No se hubiesen imaginado que Ash fuese capaz de llegar a hacer... aquello...

-Menos mal que nuestro juego terminó de ese modo. -Tracey rió de nuevo- Sin lugar a dudas, fue un día inolvidable para nosotros...

-Y seguro que lo es para ellos también -aseguró Brock- Pero estoy convencido de que intentan olvidarlo... ya se habrán dado cuenta de que es imposible.

Ciertamente. Es imposible olvidar uno de los recuerdos que marcan nuestras vidas. Las sensaciones, los sentimientos, cada movimientos, palabra, acto... todo ello se queda grabado para siempre en el interior de una persona. Y es cuando uno más quiere olvidar, cuando se da cuenta que más recuerda las imágenes de esa escena. No podían hacerlo, no lo podían olvidar, por mucho que lo intentasen. Pero es que no querían olvidarlo. Se reprochaban a sí mismos el hecho de ser tan débiles ante el otro. Él la seguía amando, daría lo que fuese porque las cosas volvieran a ser lo que fue en un principio... aunque fuese sólo como amigos que intentan ocultar lo que sienten. Ella continuaba amándole, cada parte de su ser lo reclamaba a cada instante del día y la noche, quería confiar en él nuevamente, y estaba segura de que podría darle otra oportunidad siempre y cuando él deseara volver a su lado. Pero no le demostró más interés. Ella se desilusionó aún más.

Porque fue su orgullo. Porque fue debido a su carácter testarudo. Porque fue él mismo quien no supo acallar esas voces internas que no le permitieron decir "Perdóname". Cuando estaba frente al gimnasio, deseaba entrar a buscarla, arrodillarse frente a ella y pedirle que perdonase su falta. Quería que le diese una nueva oportunidad. Pero en cuanto la veía salir, se acobardaba.

Él. Ash Ketchum. Quien se enfrentó cara a cara con seres intimidantes, con pokémon y personas amenazadoras. Quien viajó sin descanso hasta conseguir su meta, hasta alcanzar su sueño. Sus sueños. Puesto que ella también estaba entre ellos, entre esos sueños que no le permitían pensar, que le confundían enormemente. Quien jamás se dio por vencido a pesar de los obstáculos que se atravesaron en su camino. ¿Cómo pensar que sería él precisamente quien no se atreviera a mirar a los ojos a aquella pelirroja?

El miedo. Todos se preguntaban a qué le tendría miedo Ash Ketchum, pero nadie supo averiguarlo. Podría ser valiente, fuerte, un héroe, "El Elegido". Pero había algo a lo que le temía, y era el rechazo. No se sentía capaz de ponerse frente a Misty, y pensar que ella no le querría volver a ver en lo que le restase de vida. Así es. Temía a sus palabras de derrota, a que ella le alejase por voluntad. No quería que eso ocurriese. Por eso huía como un cobarde cuando tenía la oportunidad de pedirle que le perdonase.

Orgullo y miedo. Esas eran las claves.

-Sabiendo esto que me has contado -continuó Brock- creo que es posible hacer algo para que las cosas sean como deberían.

-Estaba seguro de que estarías dispuesto a intervenir en el asunto. Pero¿cómo piensas hacerlo?

Brock calló por un momento. Con la mano bajo la barbilla, empezó a meditar las cosas con detalle. Ya era hora de tomar cartas en el asunto, y estaba dispuesto a apostar cualquier cosa, porque estaba convencido de que todo saldría como deseaban. Quizá estuviese demasiado confiado- De momento, creo que habrá que esperar un poco más. Por lo que me has dicho, él se está replanteando su propia vida, esperemos que entre esos planes esté el de dejar de lado su relación con Aura.

-Estoy de acuerdo. Poco podremos hacer si ella está cerca. Lo mismo se podría decir por parte de Misty. Dudo que Gary quiera dejarla por voluntad.

-En eso tienes razón, no te lo voy a discutir. Será muy difícil alejarle de ella. Por lo pronto, y mientras esperamos a que Ash haga lo suyo con Aura, creo que podríamos poner al tanto de esto a los demás chicos.

-Sobretodo, a la señora Ketchum. -Tracey sonrió con melancolía, recordando la reacción de la mujer al enterarse de que Misty y Ash ya no estarían juntos.

Incluso, daba la sensación de que la mujer caería gravemente enferma. Le tenía un enorme aprecio a Misty, y cuando pasó a formar parte de su familia, no pudo evitar que se le escaparan una lágrimas de felicidad. Al fin su hijo había encontrado a alguien que cuidase de él. Ese día... o más bien, esa noche, en la que finalmente comenzaron a emprender su propio camino juntos, fue inolvidable para todos. Estaban agradecidos a Brock y Tracey por ello, puesto que tuvieron la maravillosa idea de hacer que Ash descubriera lo que había estado sintiendo por ella desde hacía varios años, al poco tiempo de iniciar su viaje en la región de Kanto.

-Está realmente arrepentido de lo que pasó... -añadió Tracey- sólo que no es capaz de demostrarlo...

-Basta con eso, con que ya esté arrepentido. Lo que necesita es reunir el valor para hablar cara a cara con Misty. La última vez que se vieron... las cosas salieron bastante mal...

Tracey lo recordó. Fue en esa ocasión en la que Misty decidió que todo debía quedar atrás, y le tenía que dar una oportunidad a Gary. Le dolía estar con él, pero tampoco estaba arrepentida de su decisión.

Escucharon una voz llamándoles desde el exterior del gimnasio, y ambos salieron a ver de quién se trataba. Ash ya estaba de vuelta.

-Creí que volverías dentro de dos horas. -Tracey lo miró sin comprender su tan repentino regreso. Había pasado apenas una hora.

Ash rió nervioso, y se acercó hasta la entrada donde estaban los chicos- No había mucho que hacer, y me apetecía pasar un rato con vosotros.

Tracey y Brock se sorprendieron. Al mirarse, mostraron una sonrisa de conformidad- Nos alegra tenerte aquí Ash. -Brock le indicó que entrase con ellos, para entablar una charla que les llevase al punto que les interesaba.

Al llegar al salón, Ash se sentó frente a los chicos, sin perder la alegría que se mostraba en su rostro. No parecía afectado por haber dejado que Aura se marchase- ¿Y bien? -empezó a preguntar- ¿De qué hablabais?

Brock entendió que era una señal, una oportunidad de improvisar su pequeño plan. Estaba seguro de que Tracey le ayudaría en todo momento. Se acercó a la estantería, tomó un álbum de fotos, y se lo extendió. Ash lo tomó con curiosidad- Estábamos recordando esa Navidad...

No dijo nada. Permaneció en un inquietante silencio, con la mirada baja, sobre la primera fotografía del álbum, tomada un par de años atrás. Los chicos se miraron apenados, pudo haber sido demasiado precipitado empezar con esas fotografías.

Ash levantó la mirada hacia ellos. Sonrió- Un maravilloso recuerdo...


Gracias por leer mi fic, espero vuestros reviews n.n

Hasta el próximo capítulo... en el que se desvelará el "maravilloso recuerdo" de Ash.

Deseadme suerte para que la inspiración divina me haga una visita n.n

Bye n.n

Atte: Nadia