Disclaimer: Magic Knight Rayearth no me pertenece, son propiedad de Clamp.
Capitulo 2: Discusiones y peleas
La noticia de la llegada de las jóvenes del mundo místico llego a los oídos del futuro Rey de Céfiro y los habitantes del castillo. La sorpresa de Paris no se hizo esperar, pero en especial de…
—Así que volvieron.
Fue lo último que dijo antes de retirarse del gran salón. Su molestia era mayor de lo que él pensaba. "ella volvió" apretando fuertemente sus manos.
—Latís…—susurro Guruclef.
—Aún sigue molesto —dijo Paris mientras observaba la puerta por donde había salido el espadachín—, parece que no le agrado mucho la noticia.
—Así parece —Clef cerró los ojos y bajo la cabeza—, en la forma como se fueron de Céfiro, sin despedirse, y sin decir nada a nadie…
—Él se siente así porque piensa que Lucy fue a reencontrarse con el padre de su hijo – mirando al hechicero— ¿Tú qué piensas Guruclef? ¿Dónde están ellas ahora? ¿Cuándo llegaron?
—Se encuentran descansando —respondió una voz que se acercaba—… ¿Qué sucedió Guruclef?
El hechicero no respondió, simplemente frunció el ceño al recordar lo acontecido con la guerrera de agua el día de su llegada.
—Es un gusto volverlos a ver Guruclef —Anaïs se acercó al hechicero e hizo una reverencia—. No sabes la alegría que nos da.
—Chicas, ¿Cómo han estado? —dijo Presea sorprendida al ver a las muchachas para después apartarse del hechicero, pero al intentar acercarse a las chicas.
—Muy bien, gracias —respondió Marina con un tono entre molesto y sarcástico, colocando sus brazos en forma de jarra mientras elevaba una de sus cejas—… Veo que tú estás de las mil maravillas ¿no es así Presea?
Presea no respondió al momento e intentando mantener la calma para responder con inteligencia, coloco una de sus manos en su rostro e imitando el gesto facial de Marina sólo atinó a decir con una media sonrisa en sus labios— Cuando vas a madurar Marina.
—¡Disculpa!
Lucy y Anaïs observaban la tensión que se había formado entre ambas. Guruclef extrañado ante la actitud de la guerrera de agua, ya que ella nunca se había comportado de esa forma, fijo su mirada en ella pudiendo observar una ligera, y poco visible aura, llena de agresividad en ella pero su concentración sobre la guerrera fue interrumpida.
—Acaso no te escuchas —Presea cruzo sus brazos para continuar su regaño hacia Marina—, deberías aprender a comportarte.
Lucy intenta intervenir en la discusión— Presea, lo que pasa…
—Piensas darme lecciones sobre modales — pero es interrumpida por Marina, quien continúa su perorata contra Presea— No me hagas reír. Una mujer que para discutiendo con una bola de pelos piensa darme lecciones, que gracioso.
—¡Marina! —exclamo Guruclef golpeando su bastón contra el piso, ya se había cansado de esa absurda discusión sin sentid. Observo a Marina muy disgustado.
—Guruclef… —reaccionando ante las tonterías que estaba hablando, susurro entre dientes— ¿Qué me pasa?
—Si has venido para eso, deberías marcharte —fue lo último que dijo la armera antes de retirarse del lugar. Ya había perdido la paciencia.
—¡¿Qué rayos te sucede Marina? —Reclamo el hechicero furioso— ¿Por qué trataste de esa forma a Presea?
—¿Qué? —Marina se sentía confusa, no entendía porque dijo lo que dijo, pero de cierta forma le dolía que la defendiera— La defiendes…
—¡Claro que sí!
—Guruclef, cálmate por favor — rogo Anaïs colocándose en medio de ellos y sin dejar de mirar con cierta pena a su amiga, la notaba avergonzaba y molesta a la vez.
—Ya veo —Marina cerró los ojos y cuando los abrió sus ojos azules parecían dos témpanos de hielo—, ustedes se merecen, son el uno para el otro…
—¿Qué dices? —esa respuesta dejo frio al hechicero.
—Marina… ¿Qué te sucede?- pregunto la pelirroja mientras se acercaba a su amiga.
—No lo sé… yo, yo… lo lamento —Marina se tocó la cabeza y salió corriendo del lugar.
Desde ese momento, Marina y Guruclef no habían vuelto a cruzar palabra alguna. La guerrera del agua se había encerrado en su habitación mientras que el hechicero, o bien estaba en la biblioteca o en la sala del trono. Tres días habían pasado desde ese instante.
—Marina está muy extraña —hablo Guruclef observando a la recién llegada percibí una fuerte aura en ella, pero no parecía ser la Marina que conocí— ¿Has estado con ellas Caldina?
—Sí, justamente estuve conversando con ellas pero no hablar sobre lo sucedido —Caldina cruzo sus brazos y comenzó a dar golpes leves con uno de sus pies— Están muy tristes ¿Qué paso exactamente?
—Marina le falto el respeto a Presea —respondió Paris.
—¡Qué! —fue lo único que salió de la boca de la bailarina.
En otra parte del castillo, la joven no había prendido la luz desde el momento que ingreso a la habitación que le habían designado. Se sentía confusa ¿Qué le pasaba? ¿Acaso se había vuelto loca? Lo peor de todo era que él tenía razón. Ella le había faltado el respeto, tanto a él como Presea.
—Debo… disculparme —Marina se levantó de la cama y puso una de sus manos en su frente— no entiendo, qué me sucedió en ese instante…
—Piensas disculparte, ¿tú? —Dijo una voz entre risas— que gracioso.
—Déjame en paz —Marina miro a su alrededor, colocándose de pie y sacando su espada—¿Qué quieres de mí?
—Quiero… que me devuelvas lo que es mío —el espíritu se hizo presente frente a ella en forma de dragón.
—¿Qué es eso? ¿Ceres? —Marina retrocedió unos pasos hasta llegar a la puerta, tenía sus ojos desorbitantes ante aquella imagen tan familiar y desconocida a la vez.
—¡Devuélvemelo! —Exigió el dragón con un fuerte rugido antes de irse contra Marina— ¡Es mi cuerpo!
Marina sólo podía observar como esa figura la cubría con su sombra completamente, su mirada estaba petrificada ante tal situación. Un grito ensordecedor resonó en medio del castillo.
—¿Qué fue eso? —Lucy despertó bruscamente - ¿Marina?
La pelirroja salió de la habitación y se acercó corriendo a la habitación de su amiga.
—Marina, Marina,… —llamo Lucy con insistencia. Al no obtener respuesta abrió la puerta— ¿Qué te sucede?
Su pregunta quedo en el aire, no había nadie en la habitación. ¿Dónde podría estar a estas horas de la noche?
Entonces comenzó a buscarla, caminando por varios minutos sin hallarla: ¿qué había sido ese grito que sintió en su corazón? Algo no estaba bien, de ello estaba segura. En ese momento de incertidumbre encontró un bello jardín. Ella lo había visto antes pero en sus sueños. Recordó a la princesa, Zagato y…
—Latís… —susurro para si misma mientras se acercaba al lugar olvidándose el motivo de su recorrido por los pasillos del castillo.
—¿Qué haces aquí tan tarde? — Pregunto una voz varonil tras ella— deberías irte a dormir.
—¡Que! —Lucy giro su cuerpo para observar a su acompañante— Latís.
—Ve a dormir —dijo Latís sin mirarla y retirándose del lugar.
—¿Qué, qué te pasa? ¿Por qué me tratas así? — Lucy estaba nerviosa, estaba tratándola como una niña y le hablaba de una forma muy fría hasta molesta. Al no haber respuesta— ¡respóndeme!
—No tengo nada que responder —deteniendo su paso por unos momentos y manteniendo su postura de retirada— por el bien del hijo que esperas, ve a descansar.
Continuando su camino y dejando a una confusa pelirroja quien no entendía la actitud del espadachín. Él, que arriesgo su vida para salvarla de la Esfinge. Él, que hasta el último minuto le rogo su amor. Ahora la rechazaba cruelmente.
—Latís…—susurro mientras las lágrimas comenzaban aflorar en sus ojos— ¡Espera!
—Tonta – dijo una voz, deteniendo el intento de seguir al espadachín y captando la atención de la pelirroja— él ya no te quiere ¿Acaso no lo ves?.
—¿Quién eres? —Lucy observo por todos lados
—Muy pronto lo sabrás… —dijo la voz entre carcajadas— el espíritu blanco, ya no será tan blanco.
—Eso es mentira —tapándose los oídos— ¡cállate!
El castillo de Cefiro era muy bello y Anaïs no quería perderse la vista de los paisajes que eran reflejados en los ventanales. El cantar de los pájaros era una hermosa melodía. ¿A qué lugar había llegado?
—Pero si es…—Anaïs corrió hacia su encuentro, llena de felicidad — Paris.
—No te acerques más…—hablo la sombra quien ella creía conocer, lanzándole una fuerte brisa.
—¿Quién eres? —Anaïs observo por todos lados. Su mirada se detuvo en un árbol donde se encontraba la silueta.
—No es el momento de que sepas quien soy —hablo la silueta desde el árbol— guerrera mágica.
—¿Cómo sabes que soy…? —su pregunta quedo en el aire. Una fuerte corriente de aire la lanzo lejos. Levantándose— qué fue… eso. Es muy… parecida a mi magia.
—Es mi poder —respondió saltando del árbol pero sin tocar el piso. Acercándose a la rubia lentamente— deberías estar muerta pero eso se puede arreglar ¡Huracán verde!
—¡Ah! —Anaïs fue lanzada contra un árbol— no puede ser…
—El golpe final — preparando un poder— ¡Vientos huracanados!
—No puede ser…- parándose con dificultad y preparándose para recibir el último golpe que aproximaba con total violencia.
—¡No! —Anaïs despertó muy agitada— solo fue un sueño.
Mientras tanto Guruclef no concebía el sueño, había sentido una presencia extraña pero que se había desvanecido rápidamente comenzó a caminar de un lado a otro en la sala del trono. En ese momento sintió una presencia y las puertas se abrieron.
—Marina ¿Qué haces despierta? — preguntó el hechicero sin obtener respuesta— ¿sucede algo?
—He venido…—dijo Marina sin mirar al hechicero a los ojos y manteniendo la cabeza agachada.
—Si vienes a disculparte…
—No he venido a eso hechicero.
—¡¿Cómo me llamaste?! —Guruclef se encontraba asombrado ante las palabras de la peliazul.
—Estoy aquí porque quiero la revancha.
—¿Revancha? ¿De qué hablas?
—Veo que no lo recuerdas —sonriendo y mostrando su mirada anublada. Su aura azul la rodeo—. Yo te haré recordar… ¡Dragón de agua!
Continuara...
