Disclaimer: Solo los personajes pertenecen a S. Meyer. Esta historia es totalmente MÍA. Dile NO al plagio.
La historia es Rated M, por lo que contiene Lemmon. Así que ya están advertidas. ¡Disfruten! ATT: angelesoscuros13.
Edades: Bella 18/ Edward 80
Capítulo beteado por Manue Peralta, Betas FFAD; www facebook com / groups / betasffaddiction
Hechizo de amor
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Capítulo 2
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"El momento mágico es un instante en el cual, un sí o un no pueden cambiar toda nuestra vida".
Paulo Coelho
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"Las mujeres son unos ángeles, pero al momento de tener sexo son unas verdaderas diablesas, una sonrisa y un coqueto, y las tendrás a tus pies".
Edward Cullen.
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¡JODER! No ha venido, y yo que tenía tantas ganas de verle hoy. Suspiré resignada. Qué mala rajada me he llevado. Pensé que vendría hoy a comprarle a mi padre especias, pero por lo visto solo se la pasa por aquí una vez al mes por dos semanas, si no recuerdo mal…
Isabella, ¿cómo se te ocurre espiar todos los días a ese pobre hombre? La verdad es que no me importa seguirlo como perro al amo, Él es todo lo que jamás había soñado en mi vida, era fornido y muy sexy, tenía un culo prieto en esos pantalones de cueros que se le ajustaban como una segunda piel a sus glúteos y Jesús, poseía unos ojos más hermosos que el mismo prado del valle, unas esmeraldas que solo se fijaron en mí dos veces en estos años.
Desde que tengo memoria ese joven siempre venía a la tienda de mi padre a comprar nuestras especias, eran muy raras y variadas para cualquier turista o un médico en especialización. Entraba por esa puerta todos los días a buscar diferentes productos, desde mi pequeña mesa y sillita lo observaba detenidamente cuando era pequeña, en una sola ocasión me saludó con una sonrisa tan angelical que me produjo un vuelco al corazón.
En su mirada podía admirar esas bellezas verdes en sus ojos como también esa tristeza que lo embargaba y trataba de ocultar. Su esencia era desconsolada y melancólica, te hacía sentir a punto de caer al vacío. Ese hombre debió haber sufrido mucho para cargar con ese peso encima, el cual lo envejecía más de lo que aparentaba su alma.
Yo poseía un don muy extraño, podía ver la esencia de cada persona y saber si era malo o buena, y éste definitivamente era un gran hombre, aunque manchado con un error escrito en su cara.
En esta vida todos cometemos errores pero nunca es tarde para cambiar, las segundas oportunidades siempre existen a pesar de lo se haya hecho en el pasado. Mi padre aún no se perdonaba no hacer nada para salvar a mi madre, unos días después de yo nacer, cuando entraron a robarnos. A ella la violaron y mataron luego de cargar con todo el dinero. Mi padre siempre ha tenido esa misma mirada, y a pesar de que no fue su culpa, él profesa que así fue. Los hombres pueden ser muy testarudos cuando se lo proponen, de eso he aprendido algo.
¡Qué desilusión! Pensé que él vendría este mes pues era hora, pero no ha vuelto desde hace dos meses atrás. ¿Por qué? Esta vez sí había reunido suficiente valor para confesarle mi amor y él nada que aparece. ¡Joder, qué frustración! Lo peor es que mi padre ya no está para aconsejarme sobre chicos.
Mi padre. Pensar en él me llena de alegría. Murió hace un año de pulmonía, el diagnóstico fue rápido y no se pudo hacer nada. Yo me encargaba del negocio de la especias y aprovechaba para conversar con el joven que tanto quería. Mi padre estaba al tanto de mis sentimientos, en ocasiones me llamaba la atención y me molestaba tanto como podía haciéndome sonrojar hasta más no poder. Me reí apoyándome en el mostrador, en eso sonó la campana del puerto. ¡Es él! Miré, pero para mí decepción era Irina, que entraba a paso lento presumiendo su nuevo vestido.
―Oh, Isabella, mira mi nuevo vestido, comprado en la tienda más cara de París. ¿Qué te parece? ―Me miró arrogante.
―Parece… Mmmm…es algo amarillo, lucirás como un pollito. ―Me reí, Irina salió hecha una furia tirando la puerta tras de sí.
Hay cosas en esta vida que simplemente no cambian, y esa es una muestra de ello. Irina, desde que tengo memoria, ha sido superficial y le encanta presumir lo que su padre le compra. Entre más caro, mejor; que si sus nuevos zapatos, arteras, joyas y demás. Ella no ha madurado, a mí parecer su cerebro debe asemejarse a un maní pequeño.
Yo soy la niña más pobre del pueblo, sin embargo, vivo bien, no necesito tantas cosas. Siempre conté con las muñecas de mi madre para jugar, eran tan bonitas y estaban tan bien cuidadas desde que me las obsequió mi padre a mi cinco años; jamás las he ensuciado o arrastrado por ahí, solo las mantengo en mi mesa de noche, así me siento más cerca de mi madre.
Y para sorpresa mía, el día que murió mi padre me confesó todo y me mostró un compartimiento secreto ubicado debajo de la casa, allí se encontraba en una bonita caja, un broche en forma de estrella con un zafiro circular en el medio bordado de rubíes y esmeraldas con diamantes a su alrededor. Era de mi madre y tenía escrito algo raro en la parte de atrás que no podía leer, quizás fuera latín pero lo dudaba, al menos tener algo tan valioso de ella me encantaba.
¿Por qué mi madre tendría algo que valdría una fortuna? No lo sabía. Mi padre únicamente me dijo: "atesóralo como nada en tu vida, eso te protegerá más de los que mal te quieran hacer". No entendía muy bien a qué se refería mi padre con eso. ¿Quién querría hacerme algo? ¿Por qué tanto misterio? Tantas preguntas y ninguna respuesta.
Suspiré pesadamente.
No era como si tuviera una mejor amiga para conversar todo el tiempo mis problemas, si yo era la el pato raro del pueblo, como me apodaron mis ex-compañeros de escuela. Yo no he hecho nada para ser tratada de esa forma en mi niñez, yo veía las cosas por su belleza interior no por lo externa, eso llega a marchitarse y perder brillo algún día; en cambio, la interior brilla con intensidad si la persona es de un corazón leal, se ve joven y con vitalidad para la vida, a eso me refiero cuando conozco a gente nueva.
¿Dónde estará? ¿Por qué no ha venido? ¿Qué estará haciendo? Todas estas preguntas rondaban una y otra vez en mi cabeza... ¿Dónde vivirá? Tenía tanta curiosidad de saber en qué lugar viviría un hombre de tan buen porte. ¡Joder! Me siento caliente con solo pensar en él, mojaré si tengo pensamientos pervertidos.
No lo puedes evitar. Genial, ahora hablo conmigo misma, ya sí que estoy loca.
Observé la tienda y me levanté de la silla, me pondría acomodar la nueva mercancía que había llegado ayer. Las repisas con los sacos que contenían las especias estaban muy bien ordenadas. Por día solo tenía como máximo cinco clientes y en temporada de gripes la tienda se llenaba, lo que me venía muy bien.
Solo era yo, pero aun así debía trabajar para comer y aunque me administraba muy bien era difícil en algunas ocasiones solo comer pan duro. Deseaba poder tener estofado o un pollo asado con puré de patatas, aunque solo me lo permitía una vez a la semana. Mmmm…. Ya me estaba dando hambre y cómo no, si ni siquiera he desayunado y es casi la hora del almuerzo. Mi estómago protestaba con locura que lo alimentara, dejé lo que estaba haciendo y me dirigí en búsqueda un poco de pan de hace cuatro días, le di un mordisco. Le agradezco a Dios por tener una dentadura fuerte.
Lo retiré a un lado y terminé de acomodar lo que faltaba. Me hallaba en la parte de atrás acomodando un saco de pimienta, más conocido como el Rey de las especias. La campana de la tienda sonó anunciando que alguien había llegado.
―¡Ya voy! ―grité desde atrás.
Le dieron dos toques a la campanita del mostrador insistentemente.
―¡Joder! He dicho que ya voy, por amor a Jesús. ―Caminé frustrada hasta llegar al despacho mientras me sacudía las manos para quitarme un poco el polvo―. ¿Qué desea..?
Al levantar la vista deseé que la tierra me tragara; es más, quería morir incinerada en ese mismo instante. Frente a mí se hallaba nada más que el hombre de mis fantasías eróticas y estaba como quería el muy condenado. ¡Maldición! Estaba tan apetecible en ese momento que por mis muslos se empezó a deslizar un poco de mis jugos. Me sonrojé un poco por tal hecho hormonal de mi cuerpo, me avergonzaba que él tuviera ese poder en mí.
¿Por qué justamente tenía que llegar? ¿Por qué tuvo que escucharme maldiciendo? Se suponía que él no debería oírme juramentar. Qué pena, me sonrojé aún más cuando fijó su vista en mí y arqueó una ceja cobriza.
―No sabía que la hija del dueño podía juramentar como todo un marinero ―dijo con una sonrisa burlona.
Sentí una explosión detrás de mí cuando me dijo eso, ahora sí que me pondría a correr hasta alejarme de él.
―L-Lo siento… ―Fue lo único que pude articular.
¿Qué se cree? ¿Que solo porque es el hombre más sexy del mundo y me hace mojar no lo pondré en su sitio? Tiene razón, no haré nada, él me mata de amor. Lloré internamente al saber que era tan masoquista y me encantaba.
Recargó uno de sus brazos en el mostrador, regalándome una sonrisa galante y observando a su alrededor para después posar su mirada en mí.
―¿Qué tiene de nuevo? ―preguntó.
―Sígame y le mostraré. ―Caminé hasta la parte de atrás mientras él me seguía de cerca.
Juro por Dios que sentía su mirada fija en mi trasero. ¡No! Me estaba mojando ¿Por qué no puede mirar a otro lado? Su vista era intensa, si no, no estaría tan tensa y nerviosa. Relájate, Isabella, respira profundamente, solo es un hombre. Sí, pero el hombre más sexy del planeta tierra.
Llegamos a los sacos de especias y con un gesto con mi mano y apartándome un poco de su camino lo insté a que pasara y viera la mercancía nueva. Él avanzó con paso elegante y con su mano derecha fue agarrando y oliendo todo lo que había en el lugar. Yo permanecí parada en una esquina con mis manos atrás de mi espalda retorciéndolas entre sí.
Él se agachó para palpar la textura de una extraña planta y, ¡por los clavos de Cristo! Ese culo forrado en cuero le quedaba… Ugh, era como si estuviera desnudo y sin nada encima, me daría hemorragia nasal con solo quedarme ahí mirándolo fijamente.
―Si continúa mirando mi trasero, me sentiré cohibido, señorita ―comentó burlón y sin mirarme siquiera.
¿Cómo supo que lo miraba? Traté de fijar mí vista a otro punto inespecífico, era tan tentador observarlo un poco más, pero ya estaba muy avergonzada para agregar otra cosa a la lista.
¡Jesús! Se agachó en canclillas y su trasero se acentuó más, mis ojos estaban que se salían de sus órbitas. En medio de mi trance escuché una risa pequeña, ¡maldito! Se estaba riendo de mí, lo hizo a propósito. Bueno, tampoco es como si no lo disfrutara. ¡Basta! Isabella, tranquilízate por amor de Dios, que estás cachonda por él. Mis difuntos padres deben estar revolcándose en sus tumbas por mis pensamientos tan impuros.
Se levantó dirigiéndose al próximo saco. No me miró y yo traté de no hacer lo mismo, me concentré en las margaritas de la ventana.
No sé cuánto tiempo estuve en ese trance, hasta que unos dedos chasquearon en frente de mis ojos.
―Hasta que por fin se digna a hacerme caso. ―Me miró molesto.
Me sonrojé y agaché mi vista.
―Lo siento, no quería…
―Ya no importa, me llevaré estas diez bolsas. ―Las tomó en sus manos metiéndolas en unas canastas.
Me di media vuelta y lo observé para que me siguiera al mostrador, donde tenía un pesador. Me fue pasando una por una y yo fui anotando su peso, en total eran cien mil monedas de oro, con eso viviría bien por dos meses. Al terminar, se disculpó un momento y fue a buscar otras cosas que le faltaban; la cuenta era exorbitante, no sabía si tendría para pagar todo eso.
Me mordí mi labio inferior, estaba nerviosa y él estando tan cerca de mí… ugh, me hervía la sangre y el calor era insoportable.
Su mirada seria como el hielo me penetraba hasta más allá del alma. ¡Diablos! Estaba en serios problemas si me caía por lo nerviosa que estaba. Un escalofrío me recorrió toda la espina dorsal enviando miles de sensaciones turbadoras por todo mi cuerpo. ¿Cómo alguien puede cambiar de estar juguetón a alguien tan frío como un tempano de hielo? Era tan extraño y su aura aumentó un poco más a violeta. Está reviviendo su pasado. Debió ser algo muy trágico o un golpe traumático para que tenga este estado de ánimo tan sombrío.
―Sabe, no debería sentirse melancólico. ―Le sonreí―. Su aura es oscura por la tristeza que lo embarga, el pasado es el pasado, si no se rinde conseguirá la meta.
Una ceja se levantó y me miró con resentimiento.
―No necesito que nadie, mucho menos usted, sienta lastima por mí. Yo no le he pedido su opinión, así que mejor resérvese sus comentarios. ―Dejó una bolsa con muchas monedas de oro y se marchó dando un portazo.
No era mi intención molestarlo. Genial, Bella, has metido la pata hasta el fondo, ahora jamás querrá venir a verte o comparar en la tienda. Revisé las monedas y era mucho más de lo que debía pagarme. Agarré lo que me debía, lo demás lo devolví en el saquito y salí corriendo detrás de él, cerrando la puerta con llave. Ojalá pudiera alcanzarlo, o tendría que esperar otro mes, y eso si se aparece después de esto.
Lo visualicé caminando hacia las montañas que comunicaban con el siguiente pueblo, el mar estaba del lado izquierdo y a muchos les daba vértigo mirar o asomarse por el acantilado, ubicado un poco más arriba. Unas carretas tiradas por burros pasaban sin cesar, y el ganado de ovejas no me permitía alcanzarlo. Como pude, salté entre las carretas y la gente que me impedía el paso para llegar a mi objetivo.
Seguí corriendo como una lunática por el camino que llevaba al acantilado; debajo de él únicamente se encontraba el mar, colisionando con la montaña con furia en esas olas salvajes.
¡Vaya que camina rápido! No lo veía por ninguna parte.
Me dolían los pies por tanto correr y el vestido no ayudaba mucho en mi trote, quizás se lo devuelva la próxima vez. ¡No! Se lo llevaré ahora mismo, no debe estar muy lejos.
Desconozco de dónde o cómo saqué fuerzas y seguí corriendo, hasta que en el acantilado lo vi mirando al vacío. ¿Qué estará haciendo? ¿Mirando? Qué pregunta más tonta, obvio que se quiere suicidar.
El terror invadió mi sistema.
―Señor, no lo haga ―exclamé; sin embargo, no podía escucharme debido a la distancia.
Traté de acercarme, pero en eso se lanzó hacia abajo. El miedo me impulsó a correr más deprisa tras él. Al asomarme, vi algo que jamás creí posible, el joven que antes tenía piernas ahora solo poseía una cola semejante a la de un pez; no estaba segura y más a esta distancia de altura, pero una cola no se podía ocultar, ¿no? Se fue nadando hasta llegar a una piedra, sentarse en ellas con el objetivo de acomodar las bolsas en la una cesta.
Yo me hallaba hechizada siguiendo cada uno de sus movimientos.
Luego, sin previo aviso, se sumergió en el agua con un salto magistral.
¡No! Esto tenía que ser un sueño de esos locos cuando estaba pequeña. El joven que me pone a mil es un pescado, ¿o un pez? ¡Joder! Ahora sí que me di fuerte en la cabeza y estaré a punto de despertar en cualquier momento. Ajá, sí como no, y un duende vendrá con su olla de oro.
Inhala, exhala, me repetía mentalmente varias veces. Mis sueños no se hacen realidad y esto es más que un sueño, de eso estoy segura. ¿Cómo diablos la realidad se volvió fantasía? Me senté recostando en lo que sigue de la montaña tratando de asimilar todo. El joven ese se me hacía muy familiar. ¡Claro! Si es el sireno de mis sueños, aquel que jugaba conmigo todas las veces que me dormía. Era muy hermoso. No obstante, lo que más me gustaba era el amor que me profesaba; siempre jugaba conmigo, y ahora resulta que es real.
Mi padre decía que mi madre soñó con él desde pequeña, puesto que estaban destinados a estar juntos. Aunque, ¿cómo sabían que era su compañero de vida por un simple sueño? No entendía muy bien a qué se refería con eso, mi padre también tenía sus aires de misterio de vez en cuando.
¿Qué debo hacer? Yo lo quiero a él y a nadie más, eso me dice mi corazón. Pero, ¿cómo carajos podré ir al océano y respirar bajo el mar sin morirme en el intento?
Tendré que buscar una solución desde ya.
Isabella Swan no se rinde, encontraré a mi siren… eh... Tritón, creo que se les dice. Sí, ese tritón es mío.
Vagué por el pueblo después de bajar de la montaña del acantilado Pico de Viuda. Cerré la tienda toda la tarde y me encerré en mi habitación tratando de pensar qué hacer. Yo lo quería, pero ¿qué consecuencias habría de estar con un ser que no vive con los pies sobre la tierra? Él es un ser del océano que va y viene cuando le apetece.
Me levanté a regañadientes porque mi estómago no dejaba de protestar por comida, me preparé una rebana de pan con queso y un vaso de leche de cabra. La noche era fría, y se aproximaba una tormenta con tanto ventarrón que sacudía las caracolas colgadas en la puerta de entrada.
Un fuerte estruendo resonó en los cielos, causando que las ventanas se abrieran de par en par, dejando entrar al viento con la lluvia, las velas se apagaron dejándome a oscuras, no podía cerrarlas con la fuerza del viento, empujé un poco más haciendo presión, hasta que le puse el pestillo para que cerraran.
Isabella…
Me tensé, no podía ser mi nombre, ¿no? El viento siempre juega con las mentes de las personas. Me giré para terminar de comer.
Ven, yo te cumpliré todos tus sueños…
¡Joder! No creo que sea el viento que hable. Mejor ignorar que hacer caso.
Toc, toc, toc.
La puerta sonó con varios golpes y mi mente se decidía entre abrir o no. Al final no me quedó de otra que abrir la puerta a tan insistentes golpes.
Una anciana, envuelta en harapos y mojada de pies a cabeza en el frío de la noche que no dejaba de temblar, me miró con sus ojos azules y su cara arrugada.
―¡Jesús! Señora, entre. ¿Cómo puede andar sola y mojada a esta hora de la noche, y más con una tormenta como esta? ―La tomé de la mano haciéndola pasar, ella jadeó de sorpresa.
Cerré la puerta, ella se hallaba parada detrás de mí, mirándome. Estaba mojando el piso.
―Espere aquí, iré a buscar algunas toallas secas y algo de ropa de mi difunta abuela que de seguro le quedaran muy bien. ―Sonreí mientras le acercaba una silla de madera―. Siéntese aquí.
La dejé sola, encendí una vela para iluminar la salita y otra para ir a mi cuarto en busca de algunas cosas. Prendí el fuego de la chimenea y en la cocina coloqué una olla de agua caliente para que la anciana se bañara y quitara el frío del cuerpo, no le fuera a dar una pulmonía.
Tomé las toallas y me acerqué a ella, la anciana estaba sentada en la silla, observando lo que la tenue luz de la vela le permitía. Le tendí la toalla, la tomó y se secó la cara.
―Le estoy preparando un baño con agua caliente, solo espere cinco minutos, señora. ―Agarré otra silla y me senté en frente de ella―. ¿Cómo se llama?
Ella me miró y sonrió con su poca dentadura.
―Lumina, querida ―dijo.
―Hermoso nombre, señora. ―En eso sonó la olla hirviendo.
Me levanté de la silla y fui con la olla hasta la tina con agua caliente, con mi mano comprobé la temperatura y estaba perfecta.
Encendí una tercera vela dejándola en el buró con dos toalla y la ropa para la señora, el jabón lo puse a su alcance por si se le hacía difícil alcanzarlo. Ya todo listo volví a la sala para llamar a la señora.
―Su baño está listo, ahí tiene todo para asearse y tiene ropa limpia y seca que es más o menos de su talla. Después le daré un poco de té y algo de pan para comer ―le dije sonriendo, mientras la guiaba al cuarto de baño.
La dejé sola en el baño, fui a preparar el té y en un plato algo de pan con queso y leche de cabra para ella, quizás no ha probado bocado en todo el día. Pobre viejita, al menos yo le daré una cama para dormir y algo de comer mientras permanezca en mi casa o decida irse por su voluntad.
Todos tus deseos se harán realidad…
El plato se me cayó al suelo.
Otra vez esa voz.
Ya me estoy asustando un poco, jamás en mi vida había escuchado voces y ahora resulta que veo a un loco sexy que creía que se iba a suicidar y se desata una cadena de cosas extrañas empezando con las voces macabras. Isabella, estás mal de la cabeza. Debería dormir un poco y tal vez ya me encuentre un poco mejor en la mañana.
¿Por qué dudas, querida? Puedo hacer realidad tus deseos…
―¿Quién eres…? ―Mi voz sonó temblorosa.
Nada.
Sabía que me estaba volviendo loca.
En eso salió la anciana vestida con un vestido rosado con marrón. Su pelo canoso amarrado en una coleta le caía hasta la cintura, me miraba con sus grandes ojos azules. Una sonrisa se reflejó en sus labios.
―Gracias, querida. Como recompensa por ayudarme, te daré algo a cambio ―me dijo.
―No necesito nada, señora. Venga y siéntese a comer. ―Le hice señas para que se sentara en la mesa―. Tome lo que desee.
Se sentó y empezó a comer.
Observé por la ventana de vidrios cuadrados la intensa tormenta que se estaba desatando afuera. ¿Cómo estaría él? Supongo que bien, ¿y si está solo? Tonta, obvio que estará en compañía femenina, si es un tío hermoso. Ese último pensamiento me hizo enfurecer al saber que él podía estar íntimamente con otra chica.
―Niña, debes cumplir tu destino, ya he terminado lo que he venido hacer aquí. ―Se levantó convirtiéndose en una hermosa mujer―. Mi forma varía dependiendo las situaciones, mi niña. Yo soy la bruja del mar, la protectora de la princesa de los siete mares, has probado tu honor tendiéndome una mano. Te concederé el deseo que más anhela tu corazón.
No podía moverme de mi sitio. Una anciana casi desvalida pasa a ser una mujer muy hermosa. ¿Magia? ¿Deseo? ¿De qué carajo estaba hablando esta lunática? De seguro es otra alucinación mía, me moriré joven y loca y de seguro me encerrarán en un calabozo para locos.
Estaba flotando en medio de mi sala-cocina y me miraba, ¿qué deseo me iba a cumplir, si ni siquiera podía moverme mucho menos hablar? Ahora sí que la batearon de Home Run; estoy a punto de un colapso mental en medio de mi cocina.
―Cuando despiertes de tu sueño, te encontrarás con tu deseo ya cumplido y tendrás tres días antes de que vuelvas a ser una humana de nuevo. Te esperan unas pruebas más, así que estate atenta a lo que viene, porque nada es lo que parece. Suerte, niña, es todo lo que puedo hacer por ti. ―Sin más desapareció recitando unas palabras inentendibles.
La casa quedó en un silencio absoluto, seguía estática en mi lugar y sin realizar el más mínimo movimiento.
Di un paso y traté de rodear la mesa, cuando me desmayé y la oscuridad me arrastró.
Continuará…
Nota (LEER): CHICAS MI BETA TANTO COMO YO ESTAMOS EN LA UNI Y LOS ESTUDIOS NOS ESTAN MANTANDO POR ASI DECIRLO ES MI PRIMER AÑO EN ODONTOLOGIA Y ESTOY SOLO CON UNA SEMANA DESTRUIDA YA QUE ES TODO EL DIA Y SACO TIEMPO PARA ESCRIBIR CUANDO PUEDO :/ ESPERO LES ALLA GUSTADO EL CAP Y NOS LEEMOS EN EL PROXIMO. SALUDOS.
