Kenshin¿Oro¿quién es usted?
Sesshadegozaru¿Yo?, soy solo una traductora jejeje
Kenshin: Usted no es la dueña de sessha, y tampoco de kaoru-dono (yo lo soy)
Sesshadegozaru: Ma... ma.. eso ya lo sé, ustedes le pertenecen a Nobuhiro Watsuki , y la historia es de Yumi Komagata.
Kenshin¿Y quién es ese? Kaoru-dono es mía, no sé quién es ese tipo¡¿dónde está¡¿dónde lo encuentro?!
Sesshadegozaru: - -u Tranquilo, no te preocupes, Kaoru es tuya ¿ok?
Kenshin: ) ¡Hai!
Sesshadegozaru: ...
Segunda parte
Bajo el ligero círculo de luz producido por la única vela en el cuarto, la puso cuidadosamente sobre sus pies, sus sombras combinadas estirándose a través del futon. Ella se ruborizó, levantando apresuradamente sus ojos a su cara, solo para ruborizarse furiosamente cuando su adorada mirada violeta circuló sobre ella, percibiendo cada detalle.
Estando de pie, el gi de Kenshin cayó justo hasta sus rodillas. Aunque atado flojamente a la cintura. Su juego anterior había permitido que el material trabajara libremente, revelando la dulce curvatura de los senos de Kaoru en la profunda V de su escote. Solo escasamente visible… pero lo suficiente para ser tentadora. Por fuerza de voluntad sus ojos continuaron, siguiendo la línea de sus delgadas piernas a sus delicados tobillos, sus pequeños pies… y vio sus dedos curvarse nerviosamente. El sonrió, incapaz de evitar el tierno regocijo que le despertaba su reveladora acción. Extendiendo las manos tomó las de ella en las suyas, guiándolas hasta sus hombros, dándole algo en qué concentrarse además de su recién descubierta timidez. "¿Podrías?" persuadió, sus ojos animando a los de ella.
Kaoru dudó, mordiendo su labio, pero el pensamiento de quitarle su camisa era lejos más intimidante – y lejos más atractivo – que quitarse el suyo. Lentamente movió con cuidado la tela de sus hombros y bajó por sus brazos, los pliegues sueltos cayendo sobre su cintura, dejando su torso desnudo, salvo por los vendajes envueltos alrededor de su estómago. Con ojos azules curiosos y admirados, ella dejó que su mirada deambulara encima de él. Su estructura no era tan delgada como aparentaba cuando estaba vestido, pero tampoco era voluminoso. Los planos de su pecho acababan en un tenso, ligeramente cóncavo abdomen; sus brazos tenían músculos delgados, evidencia de su reservada fuerza.
Tranquilamente, pacientemente… nerviosamente, Kenshin la miraba, dándose cuenta de que estaba tan nervioso como ella parecía estarlo. El solo era moderadamente más experimentado que ella, y nunca antes sus emociones habían estado tan enredadas, nunca antes había estado tan conciente del deseo de complacer a alguien. Luchando ansiadamente con la avidez, contra el control. ¿Qué está pensando?
Las manos de Kaoru fueron trazando los músculos de sus antebrazos, el leve hundimiento sobre su esternón. Con cautela, sus músculos saltaron repetidamente, ella exploró primero con las yemas de los dedos, luego con las palmas extendidas sobre él. Su piel era tibia bajo el roce de sus dedos, firme y lisa; su cuerpo se mantuvo rígido después de ese primer contacto exploratorio. Un suave sonido escapó de él cuando sus manos rozaron gentilmente su pecho, y ella se estremeció ante el bajo sonido, queriendo de repente ser apretada contra él.
Casi como por reflejo, Kenshin se movió para tocarla, sus manos llegaron a descansar ligeramente sobre sus caderas, y luego apretándolas cuando ella se apoyó en él. Inclinando su cabeza, tomó sus labios con los suyos, saboreándolos ésta vez de una manera caliente, hambrienta, posesiva. Ella estaba colgando de él cuando finalmente la soltó, su cuerpo inundado por un calor desconocido. Por él, debido a él. El conocimiento era embriagador, despertando su deseo de enseñarle más – escucharla gemir su nombre, ver su rostro transportado por el placer, saber que era suya, y darse él a cambio. Con ese pensamiento vino el remordimiento, su corazón afligido porque ésta primera unión sería estropeada por su dolor, aunque fuera fugaz. Cuidadosamente, se advirtió, lentamente.
Kaoru estaba vagamente conciente de su voz susurrándole, su timbre bajo y ronco, las palabras confusas. Sintió que sus manos venían a descansar en su cuello, su pulgar acariciando la parte inferior de su barbilla, sus dedos resbalando bajo el borde de su camisa para rozar ligeramente su piel. Había una pregunta en su cuidadoso toque – no exigiendo, simplemente preguntando – y tímidamente, después de un momento de duda, ella asintió. Cuando él le susurró otra vez, ella abrió sus ojos para enfocarlos en su boca, observando como sus labios formaban palabras, ésta vez consiguiendo darles sentido.
Notando su vacilación acompañada por rubor, Kenshin buscó alguna manera de aliviar su persistente timidez. "Date vuelta", murmuró, rozando un beso por su ceja, otro por su boca. Con expresión desconcertada pero confiada, ella permitió que sus persuasivas manos la guiaran, dándola vuelta hasta quedar de espaldas a él.
Apartando su cabello fuera de su cuello con gentiles dedos, lo soltó para que cayera sobre su hombro, desnudando su nuca. Kaoru contuvo la respiración cuando él depositó ahí un beso con la boca entreabierta, su lengua trémula sobre su sensible piel. Topando su garganta, envolvió su brazo izquierdo alrededor de ella en un abrazo suelto, atrayéndola hacia él, adecuando sus curvas a su delgada forma. Con un suspiro, Kaoru se relajó en su abrazo, permitiéndole soportar la mayoría de su peso, anidando su cabeza en la hondonada de su hombro. Una mano resbaló a lo largo de su brazo, sus dedos enredándose a través de los suyos, agarrándolo a ella. La otra la levantó hasta su rostro, tomando su mejilla. Girando hacia su toque, él besó su palma, mordiendo ligeramente las yemas de sus dedos cuando éstos pasaban por sus labios.
Lentamente entonces, dándole tiempo para aceptarlo o rechazarlo, desató su faja. Resbalo desde su cintura para caer alrededor de sus pies, la tela sobre sus pechos ahora se mantiene en su lugar por el rodeo de su brazo. Sus dedos acariciando tiernamente, repetidamente sobre sus caderas, Kenshin deslizó su otra mano hacia su escote, moviendo con cuidado el material hacia un lado para liberar su hombro. La piel de Kaoru era suave al tacto, incluso más bajo la caricia de su boca. Cuidadosamente, rozó la carne lisa con sus dientes, luego lavó el mismo lugar con su lengua… temblando mientras ella dijo su nombre en un quejido.
"Ken… shin…" Kaoru se retorció contra él, el agradable dolor creciendo con cada caricia, cada beso, cada susurro.
"Shhh… lo sé," murmuró en su oído, capturando su lóbulo entre sus dientes y tirándolo ligeramente, "Lo sé." El mismo dolor se estaba construyendo en él, sostenido en jaque por una necesidad aún mayor de hacer esto último, explorarla completamente. Su brazo se aflojó, liberando el material que había mantenido cerrado. "¿Aquí?" él preguntó, posicionando su mano en su bajo vientre. Presionando firmemente.
Su mano era fuerte y caliente ante su suavidad, su toque tierno y excitante. Kaoru se movió inquietamente en respuesta, un callado gemido escapó de ella, Lentamente, Kenshin rotó su palma, moviendo suavemente el talón de su mano contra ella, e instintivamente meció sus caderas con el movimiento, mordiendo su labio ante los pequeños sonidos que parecía incapaz de detener.
Kenshin cerró los ojos, respirando calmadamente mientras ella se movía contra su mano, su inocente, ardiente reacción despertando inexorablemente, debilitando su control. Tomó otro profundo respiro. Cuidadosamente, Lentamente. Estremeciéndose ante sus apagados sonidos de deseo, de protesta, sintió un lavado caliente a través de él, dejó que su mano se deslizara por su vientre, subiéndola para desnudar su otro hombro como había hecho con el primero. Luego deslizó sus manos bajando lentamente por sus brazos, arrastrando el material suelto con el movimiento, removiéndolo lejos de su cuerpo con cuidado con sus manos para dejarlo caer al suelo. Envolviéndola cerca hizo una pausa, explorando con la mirada las curvas que ahora se revelaban ante él, sus yemas de los dedos probaron la textura de su piel. Reverentemente, acarició sus manos para subir por su medio torso hacia sus pechos, tomando sus sensibles formas con sus palmas. Apretó suavemente, viendo los pezones endurecerse en respuesta, tragando ante la urgencia de probar.
Kaoru se abrazó contra él mientras sus rodillas flaqueaban, apretando con manos ansiosas los suaves músculos de sus antebrazos, separando sus piernas. "Kenshin," susurró su nombre, en parte súplica y en parte estímulo.
Rozando su pulgar sobre una sensible cumbre, Deslizó hacia abajo su otra mano para descansar ligeramente, interrogativamente, en el ápice de sus muslos. Ella gimió, arqueándose en su abrazo, dando vuelta su rostro hacia su cuello. En respuesta, sus dedos se movieron lentamente, tocándola finalmente ahí, y con un lento, estremecido gemido, se desplomó. Cogiéndola, la dejó con cuidado en el futon, anidándola entre las sábanas.
La observó por un largo rato, admirando sus delgadas curvas, sus pechos llenos, la forma en que su oscuro cabello se desparramaba a través de blanco lino. "Kirei," susurró, mientras se inclinaba para depositar un beso en la curva de cada hombro, otro en la base de su garganta, "kirei." Su boca se encontró con la de ella, su legua se sumergió dentro para hablar de urgencia y deseo, antes de alejarse renuentemente, levantándose para remover el resto de su ropa.
Kaoru lo miraba a través de sus pestañas, magnetizada por la flexión y el movimiento de sus músculos al moverse, dejando a un lado su sakabatou, desatando el nudo en su cintura. Ruborizándose, cerró fuertemente los ojos otra vez cuando el nudo se hubo liberado, escuchando el susurro del tejido cuando se quitó su hakama. Mantuvo los ojos cerrados cuando lo escuchó regresar, ajustando sus piernas al lado y parcialmente sobre las suyas.
Kenshin sonrió cuando ella se levantó para pasar sus brazos alrededor de su cuello, luego se paralizó ante su pequeño sonido de consternación. "¿Kaoru?"
"Lo dejaste," ella susurró, abriendo sus ojos para reclamarle, tirando con sus dedos el lazo de su cabello. Quedaron libres un instante después, sedosas hebras rojizas derramadas sobre sus hombros, juntándose entre sus pechos, y ella suspiró de satisfacción.
Al escuchar esto, Kenshin se relajó, regresando su sonrisa. "¿Mejor?" bromeó, rozando su nariz con la de ella. El deseo todavía cantaba a través de sus sentidos, tan fuerte y embriagador como antes, pero suavizado por otras emociones – emociones que lo animaron a jugar, y a hablar, compartir todo lo que había por compartir.
"Mmmmmm," el sonido fue en parte satisfacción, en parte aprobación, y en parte avidez. Ella inclinó la cabeza, sus brazos apretando sobre su cuello para atraer su boca hacia la suya, recordándole las cosas que quedaron inacabadas.
Con los ojos cerrados, él se hundió en su beso, saboreando el sentir los dedos de Kaoru en su cabello, su cuerpo contra el suyo. Conteniendo su mirada con la suya, rozó su pecho tenso con la suavidad de los suyos, sus silenciosos sonidos de placer mezclándose. Ella se levantó sobre sus talones, buscando profundizar el contacto, y gradualmente acomodó más de su peso contra ella, el roce volviéndose un lento deslizamiento.
Desplazándose más abajo, con su pierna deslizándose entre las suyas, se entregó a su anterior deseo de probarla, probando delicadamente el espacio entre sus pechos, su esencia de jazmín rodeándolo, encendiendo su avidez, trazó un camino a una sensible cumbre, depositando húmedos besos en su piel. Ella gimió cuando él tomó su pezón con su boca, succionando suavemente, con su lengua arremolinándose alrededor de él.
Kaoru deslizó sus manos a través de su cabello, agarrándolo a ella, las caricias de su lengua casi insoportablemente sensuales. Sus dientes rozándola cuidadosamente, provocando los confines de sus nervios, y ella gimió otra vez, con sus caderas retorciéndose contra él, buscando. "Onegai… Kenshin… onegai," su voz era suave, anhelante, necesitando algo que no podría nombrar, confiando en que él se lo daría. Y lo hizo, deslizando su mano entre sus muslos para encontrar donde estaba centrado el afligido placer, tocándola tiernamente. Sus manos apretadas sobre sus hombros, colgando de él mientras todo lo demás desaparecía.
Kenshin se estremecía mientras ella gritaba, presionando contra su mano. "Todo está bien," susurró, con su boca a la deriva desde sus pechos hasta la curva de su vientre, "Estoy aquí." Sus dedos entraron en ella con cuidado, probando; su pulgar acarició firmemente sobre el pequeño capullo, llevándola más alto. Ella era estrecha, tan estrecha, y él tenía tanto miedo de dañarla… Su boca exploró la suave carne de su estómago, pellizcándola ligeramente, calmando los mordiscos de amor con una suave caricia de su lengua. Hubo otro gemido cuando sus dedos jugaron cuidadosamente contra ella, y su cabeza se hundió más abajo, necesitando probarla por completo. Su boca se cerró sobre ese lugar tan sensible, con su lengua rodeándolo, oscilando juguetonamente en éste.
Enfocada en las caricias de su mano, el deslizamiento de sus dedos, Kaoru solo estaba sutilmente conciente de su boca mordisqueando a lo largo de su cuerpo. Cuando la suave presión de su pulgar le dio el paso a la aterciopelada caricia de su lengua, sus ojos se abrieron completamente, sus manos se enredaron en su pelo. "¡Kenshin¡Dame! Da… me…" su voz marchitándose en un sollozado gemido, su mano en la pequeñez de su espalda soportándola mientras ella se arqueaba convulsivamente. Sus ojos centelleaban brevemente en ámbar ante el bajo, hambriento sonido, y entonces Kaoru sucumbió, conciente solo de sus manos guiándola, su lengua caliente queriéndola. Sus ojos se entreabrieron cuando él le susurró, rozándola con los labios en una caricia demasiado sutil para satisfacer, acercándose luego más a ella, otra vez, jalándola suavemente. Un latido después, Kaoru gritó su nombre, su cuerpo disolviéndose sobre olas y olas de placer.
Ahora. Alzándose encima de ella, Kenshin se deslizó dentro rápidamente, su cuerpo aún temblando alrededor de él. El gimió, sumergiendo su rostro en su cabello, forzando su cuerpo a la tranquilidad, queriendo esperar hasta que ella pudiera compartir el viaje, hasta que él pudiera llevarla consigo. Alguna esquina distante de su cerebro registró la aguda oleada de satisfacción cuando pasó a través de su barrera. Solamente suya. Siempre. Para siempre.
Envolviendo sus brazos alrededor de él, Kaoru apretó para acercarse más, inconciente de cualquier dolor, solo de una plenitud que parecía acrecentar el placer. Envuelta en satisfacción, bajó lentamente hacia la tierra, su mundo expandiéndose gradualmente para incluir más que solo a él, a ella y al placer ondulándose a través de ella.
"Kaoru."
Su voz, lenta y ronca, susurrándole en el oído. Ella sonrió, girando su cabeza para acurrucar su rostro en la curva de su cuello.
"Kaoru." Repitió, con la voz un poco más insistente.
"¿Mmmmm?"
Kenshin sonrió, incapaz de evitarlo a pesar del deseo todavía latiendo a través de él. Ella estaba tan feliz, tan adorable. "Koishi," murmuró, mordisqueando a lo largo de su barbilla, "Te necesito… onegai…"
Sus palabras corrieron a través de su mente, disipando algo de su felicidad. Yo… ore… La vaga impresión de unos ojos dorados mirándola mientras se deslizaba hacia el éxtasis. Abrió lentamente los ojos, levantándolos para encontrar los de él, y se relajó por lo que encontró. No eran los furiosos ámbar que había temido, pero un profundo, insondable amatista, brillando con amor y deseo. Insaciables. Tembló gratamente bajo esa mirada, y luego jadeó, con los ojos muy abiertos. "¿Kenshin?"
El gimió, con los ojos cerrados por su pequeño movimiento que le envió sensaciones que se ondulaban a través de él. A la distancia, escuchó que ella susurró su nombre, asustada; pero fue inútil responder mientras luchaba por mantenerse quieto. Todavía no… no está lista… aún no. Sus manos apretaban la sábana debajo de ellos cuando ella se movió contra él otra vez.
Plenitud. Posesión. Todo centrado alrededor de él, el sentirlo dentro de ella. Su lento sonido de placer estremeciendo su espina, provocando a su cuerpo a la vida, y meció sus caderas contra él experimentalmente, con las manos apretadas en su espalda.
"¡No!" la protesta fue casi una súplica. Llevó su frente a descansar sobre la de ella, mezclándose sus respiraciones. "Kaoru… espera… no puedo… no quiero lastimarte."
Tan preocupado, tan protector. Su cuerpo estaba tenso contra el de ella, temblando ligeramente. Tan terco. Lo que sea que fuera a pasar… ella lo acogería con agrado simplemente porque él lo quería, lo necesitaba. Deberías saberlo, lo reprendió silenciosamente. Y su propio impulso fue moverse, presionarse contra él, necesitándolo para aliviar el ansia que estaba lentamente comenzando a construirse otra vez. Tomó el rostro de Kenshin entre sus manos, con sus labios rozó suavemente su mejilla, su boca. "No lo harás," susurró Kaoru, "Lo prometo."
Dio una ahogada, sorprendida carcajada, "¿Lo prometes?" El sintió sus labios curvarse en una sonrisa, escuchándola suavemente reafirmar su promesa, y sabía – que viniendo de ella- no sería una promesa vacía. Ella confiaba completamente en él, y la confianza, no había necesidad de dudarla. Sintió sus manos deslizarse a través de su pelo, sus brazos alrededor de su cuello, instándolo a acercarse más, disipando la última de sus preocupaciones. "Kaoru," susurró su nombre maravillosamente, amorosamente contra sus labios. Lentamente, mirando su rostro, comenzó a moverse; saliendo suavemente, entrando cuidadosamente como una caricia.
Cerrando sus ojos, Kaoru dejó caer su cabeza hacia atrás para desnudar su garganta, con las manos apretando sus hombros. Esto era diferente que antes, cuando el ansia había comenzado a construirse lentamente, sus manos la habían guiado pacientemente hacia la cima. Cada deslizamiento parecía provocar: sentirla, luego llenarla, queriendo más. Ella gimió cuando su boca – caliente, abierta, hambrienta – se deslizó hacia su cuello, dejando un sendero de fuego.
Temblando ante el necesitado sonido, Kenshin gradualmente incrementó el ritmo, sintiéndola moverse con él, su cuerpo ansioso contra el suyo. "Agárrame," susurró, queriendo que sus piernas lo envolvieran fuertemente alrededor de su cintura, colgando de él, confiándole que la cuidara. Gustosamente, ella entendió su petición, su suave voz rogando dulcemente, diciendo su nombre cuando él empujó más adentro, más rápido. Kenshin apretó los dientes, suspendido en el borde, y rotando sus caderas contra ella – una vez, dos veces, y a la tercera vez ella lloró, convulsionándose contra él. Sintiendo sus temblores se dejó ir, con su nombre en los labios.
A salvo. Amado. Tranquilo. Las sensaciones separadas gradualmente fusionándose en una satisfacción total, Kenshin abrió los ojos, descansando su adormecida mirada en su dulce rostro. Una pequeña sonrisa curvaba sus labios aún rojos por sus besos, abriéndose cuando él aspiró en su garganta, y devolviendo las provocativas caricias ella rozó su mejilla con su boca. Cambiando su peso a un lado, la abrazó contra él, con su cabeza en su brazo, sus piernas en un enredo confortable.
Las pestañas de Kaoru se batían contra sus mejillas mientras luchaba por permanecer despierta, reacia a perderse un momento de éste tranquilo momento con él. En la mañana… en la mañana Enishi estaría ahí, un recordatorio del pasado de kenshin, una amenaza que considerar. Aquí, ahora, solo había la suave luz de la vela, la tibieza de su cuerpo cobijándola, la fuerza de sus brazos mientras la mantenía cerca, la riqueza de las emociones floreciendo entre ellos. Ese tipo de cosas no serían desperdiciadas. Y todavía… éste sentimiento de ser querida, de descansar segura contra él, también tenían que ser savoreadas. Había querido esto por tanto tiempo…
"Ahora es verdad," ella murmuró cuando él posó un beso en su sien, sus labios viajando tiernamente por su rostro.
"¿Nani?" Conciente de que ella estaba casi dormida, mantuvo su voz suave mientras se levantaba para poner la sábana alrededor de ellos, aislándolos más del mundo exterior.
Acurrucándose más cerca, ella giró su cabeza hacia su torso."En el río… Jineh dijo…" atenuándose incluso mientras hablaba, sus reflexiones emergieron inconexas, "…tu mujer… quería ser… quería saber…"
Kenshin abrió mucho los ojos, luego se suavizó. "Duerme," susurró, inclinando su cabeza para besar su hombro, su voz tranquilizadora, calmada, "Estaré aquí." Sus propios párpados estaban pesados, pero resistió ante la urgencia de cerrarlos, queriendo mirarla, tomando un infinito consuelo en su tranquilidad, confiado reposo. "Aishiteru," murmuró en su oído, con la voz apenas audible. Ella suspiró, con sus dedos trazó suavemente la boca de él, sus labios repitiendo silenciosamente la palabra mientras se iba a la deriva. Atrapando su mano que se resbalaba de su mejilla, depositó un beso en su palma, manteniendola en la suya hasta que él, también, a regañadientes se durmió.
Continuará………………….
Espero que les haya gustado este capítulo, a mi me gustó mucho. Pronto pondré el último, nos vemos...
Dejen RR please.
