Capítulo 2
-Está Lloviendo – pensó Terry mientras contemplaba las gotas de lluvia chocar contra el parabrisas de su deportivo
Aguardando a que la luz roja cambiara para poder llegar al fin a la escuela, el castaño trataba de distraer sus pensamientos de Candy y su hijo, ¿por qué preocuparse si tan sólo llevaba conociéndolos un día? Lentamente avanzó ante el cambio de luz, llegando al fin a su destino. Primeramente, como era costumbre suya, fue por una taza de café antes de que cualquier otra persona llegara y tratara de abordarlo.
-Buenos días – saludó Candy a espaldas suyas
-Buenos días – respondió, observándola de reojo
La rubia procedió a retirarse el abrigo que la cubría de la lluvia.
-¿Café? – ofreció el castaño, alargando la taza a ella
-Gracias – lo aceptó, bebiéndolo de buena gana
A darle la taza, el castaño pudo apreciar las enormes ojeras en Candy y sus párpados ligeramente hinchados, indicando que seguramente había estado llorando.
-¿Una mala noche? – preguntó, sirviéndose otra taza
Acomodando en un ademán nervios su cabello detrás de la oreja, asintió la rubia.
-Tenía que ponerme al día – fue su explicación
Un incomodo silencio les siguió, siendo el repiqueteo de la lluvia el único sonido entre ambos.
-¿Has traído a Ethan contigo? – preguntó por iniciar otra conversación
-No, lo he dejado con una amiga – explicó – Deseaba venir y seguir con sus clases de actuación
Un risilla escapó de entre los labios de Candy.
-Me sorprendió cuando me reconoció como actor – comentó él, dando un sorbo a su bebida
-Desde que vio una de tus obras en la televisión, no ha parado de ver todas las que he tratado de conseguirle
-Es un honor tener a un admirador como él – esbozó una sonrisa
-Dice que algún día será famoso como tú y todos lo reconocerán cuando camine por las calles
Un risa escapó de Terry.
-No pensará lo mismo cuando no paren de acosarlo – dijo sarcástico
-Es su gran ilusión, no podría bajarlo de las nubes – respondió con cierta melancolía
Las palabras quedaron en los labios de Terry al percatarse de la herida en el labio de Candy.
-Tienes una herida – comentó consternado, dejando a un lado su taza para analizarla mejor
Instintivamente la rubia llevóse los dedos a los labios para sentirla, rehuyendo del tacto de la mano del castaño.
-Déjame verla – protestó Terry, sujetándola suavemente del mentón para analizar a contra luz la herida – Está un poco hinchada
La soltó y se encaminó hacia el estante en donde yacía el botiquín de primeros auxilios.
-Siéntate – dijo mientras abría la cajita y sacaba lo necesario
Mansamente ella tomó asiento ante la mesa de caoba destinada a los profesores, sintiendo un leve ardor al presionar su herida en el labio.
-Debe desinfectarse – explicó, vertiendo un poco de desinfectante en algodón – Seguramente arderá
Asintiendo ella, él se sentó al borde de la mesa mientras palpaba suavemente sobre la inflamación.
-¿Cómo fue que te hiciste esto? – preguntó mientras posaba su atención en la herida ahora rojiza a causa del desinfectante
-Fue algo bastante tonto en realidad – respondió luego de una delatadora pausa
Terminando de desinfectar la herida, apartó el algodón de sus labios y la observó con las cejas enarcadas.
-Quisiera escucharlo – insistió, iniciando la tarea de guardar los objetos en su respectivo lugar
-Eso… fue… - intentó encontrar una explicación lógica – Fue con el filo de la barra en casa – explicó al fin
-¿Filo de la barra? – repitió sin convencerse - ¿Cómo?
-Estaba… buscando algo y… cuando me levanté no me di cuenta de lo cerca que estaba
-¿Por cuánto más mantendrás esa mentira? – se preguntaba, cerrando con premura las puertecillas
-Yo… gracias por la ayuda – agradeció la rubia, poniéndose en pie con la disposición de marcharse
-Espera, Candy – la sujetó del brazo antes de que huyese
No pudiendo escapar nada a los ojos color mar, notó la mueca de dolor que ésta hizo ante la presión sobre su brazo.
-¿Duele? – preguntó sin apartar sus ojos de las esmeraldas
-No – negó, tragando saliva con nerviosismo
Las miles de preguntas que deseaba formular en aquellos instantes sólo quedaron en sus labios ante la intromisión de una de las profesoras a la que no pareció agradarle la escena encontrada.
-Lamento si interrumpí algo – habló hoscamente
Aprovechando Candy la llegada, se zafó de la mano del castaño para prácticamente salir corriendo de la sala.
-Candy… - murmuró sin pensar Terry
-¿Dónde ha quedado el inaccesible Terrence Grandchester? – inquirió la mujer con reproche
Haciendo caso omiso a las palabras de aquella mujer, el castaño salió igualmente de la sala con la esperanza de alcanzar a Candy pero el pensamiento de que nada le daba el derecho de intervenir lo hizo detenerse en seco.
Sin poder contener las lágrimas una vez a salvo en el tocador, Candy dejó escapar los leves sollozos que no podían escapar por la noche mientras estuviese Richard a un lado de ella y su hijo sin poder dormir en la habitación contigua.
ºººFlash Backººº
-Eres sólo mía Candice White – mascullaba a su oído mientras iniciaba la tarea de desnudarla – No importa cuántas veces pretendas escapar, querida… Al final he de encontrarte y hacerte regresar
Ante su ausencia melancólica, Richard la besó bruscamente en los labios, logrando traerla a la realidad en cuanto sintió los dientes de éste apretar con demasiada fuerza en su labio.
En la madrugada, cuando al fin se hartó y salió de casa, sentíase desfallecer sin el más mínimo ánimo de intentar una vez más escapar, después de todo, él tenía razón: siempre los encontraría. Las lágrimas eran su único desahogo pero se impedía dejarlas escapar cuando Ethan abría cuidadosamente la puerta de la habitación y se infiltraba bajo las sabanas, aferrándose a ella para poder al fin descansar en el seno seguro de su madre.
-¿Estás llorando, mami? – preguntó tristemente
Tratando de que sus labios no temblasen mientras le sonreía, lo estrechó más a ella.
-No, cariño – respondió – Mami está cansada y necesita dormir… es sólo eso
Cuando Ethan apoyó abatidamente su cabeza en su vientre, tragó el nudo formulado en su garganta y trató de recordar aquella nana que solía escuchar de pequeña para cantársela y consolarlo como tanto necesitaba serlo ella.
ºººFin del Flash Backººº
Enjugándose las lágrimas y tratando de calmar su llanto, salió del lugar para ir directo al aula en donde estaba segura de que nadie la importunaría en aquel estado.
-¡Buen día! – escuchó la voz de Anthony a espaldas suyas
Temerosa de ser descubierta, fugazmente le miró para saludarlo y en seguida huir de donde él quien quiso detenerla pero no se atrevió. Divisando su aula a escasos metros, creyó que lo lograría pero el alma se le vino a los pies al ver a Terry que aguardaba por ella.
-No te atrevas a huir – advirtió él, acercándose a donde ella
Siendo inevitable tal vez, se dejó arrastra al interior del aula.
-¿Qué sucede, Terry? – trató de preguntar con serenidad
-¿Por qué estabas llorando? – preguntó inmediatamente con la mirada seria
-No he…
-Estuviste llorando, Candy – intervino inmediatamente
-Te lo he dicho ya, estoy cansada – explicó con cansancio
No pretendiendo pasar por tonto, sujetó el brazo lastimado de Candy, descubriéndolo en un rápido movimiento y así poniendo en evidencia el hematoma grisáceo.
-Fue un accidente – respondió, zafándose y cubriéndose nuevamente el brazo
-¡Claro! – sacudió los brazos con molestia – Diría yo que son demasiados accidentes para un chica, ¿no crees?
-¿Qué esperabas si vivo en una casa con juguetes por doquier? – estalló
-Apostaría mi vida a que tu hijo no se atreve a dejar un solo juguete en algún lugar fuera de su habitación – especuló
Pese a que la mirada de Terry era fría e intimidante, la firmeza en los ojos de Candy le reprochaba que no tenía derecho a especular sobre su familia.
-Quiero la verdad, Candy – habló firmemente - ¿Tu esposo los maltrata?
Con la impotencia de poder ser descubierta, descargó todo su dolor en la bofetada que le propició mientras lágrimas resbalaban por sus mejillas.
-No te doy el derecho de intervenir en mi vida – refutó dolida
-¿Esto te hizo sentir mejor? – preguntó con el rostro ladeado a causa de la bofetada
-Vete, Terry – dijo con la voz ahogada en llanto y dolor
-Me iré si eso deseas – habló – Pero no me pidas que te abandone
Sin agregar nada más, el castaño salió de aula silenciosamente.
-¿Por qué me haces esto? – preguntó al vacío, hundiendo el rostro en sus manos
A salir de aula, instintivamente posó las yemas de sus dedos sobre la mejilla abofeteada, sintiendo claramente todo el sufrimiento que estaba atormentando al alma de Candy.
-Si tan sólo esto pudiese aliviar todas las penas en tu corazón – meditó – Dejaría que inclusive me atravesaras el corazón con tal de poder verte sonreír
Regresó su vista a la ventanilla de la puerta, observando el rostro de ella hundirse entre sus manos.
-Quiero protegerla – pensaba con el corazón encogido por el dolor que le causaba al verla en tal estado – Desearía poder alejarlos de todo esto
No teniendo caso el llamar la atención de los demás profesores al estar fuera de aula, decidió ir hacia el auditorio en donde impartiría su clase más tarde.
-Quizá no debí reaccionar de esa forma – pensaba a la par que impartía su clase – De alguna forma él estaba preocupándose y sólo atiné a responder de esa forma porque no deseaba ser descubierta… ¿Debería disculparme?
-¿Profesora? – la trajo a la realidad uno de los estudiantes
Ausentemente posó la mirada en el estudiante quien no supo cómo reaccionar.
-Dime – al fin habló ella
-La campana – respondió con el rostro inclinado – Hace minutos que sonó
Observando el reloj del aula, supo que habían sido más de unos minutos que se había robado pasada la hora de salida.
-Claro, lo siento chicos – se disculpó haciendo señas para que salieran – Adelante, tengan un buen día
Suspirando de cansancio, la rubia tomó asiento en su escritorio, cubriéndose el rostro con pesadez.
-Profesora – la llamó una alumna
-Lo siento, ¿qué se te ofrece? – prestó atención con una apagada sonrisa
-¿Se encuentra bien? – preguntó consternada
-Por supuesto, linda – respondió – Gracias por preguntar
Sin atreverse a comentar nada más, le devolvió la sonrisa y salió del aula.
No habiendo razón por la cual permanecer más tiempo en el lugar, se incorporó tras unos minutos y se encaminó hacia la sala para registrar su salida del colegio, siendo en aquel lugar en donde volvió a toparse con el castaño que inmediatamente le miró con consternación.
-Lamento lo de esta mañana – se disculpó él, sellando su tarjeta
-No, soy yo quien lo siente – enmendó inmediatamente – Sólo estaba tratando de ayudar y reaccioné de una forma impulsiva… En verdad lo lamento
En silencio, el castaño contempló su tarjeta recién horadada, tratando de encontrar un tema más agradable del cual hablar pero caía en la cuenta de que ningún pensamiento acudía a él conforme el tiempo pasaba en un tic tac para ambos.
-Te veré mañana – fue su forma de despedirse de la rubia
Reaccionando ante el comentario, instintivamente la retuvo del brazo.
-Te llevaré a casa – sentenció
-No es necesario – se zafó de él, saliendo del lugar apresuradamente
Saliendo él para darle alcance, fue cuando notó un hematoma más en la pierna de Candy que trataba de disimularse con lo largo del vestido puesto. Consternado más aún, no tardó en darle alcance poco antes de que la rubia lograse salir, reteniéndola firmemente mientras le miraba seriamente. Ambos respiraban agitadamente, limitándose a observarse el uno al otro sin emitir palabra alguna. No habiendo palabras, la rubia nuevamente se zafó de él para esta vez lograr salir de la escuela a la tempestad desatada en las calles.
-¡Candy! – escuchaba el llamado de Terry a espaldas suyas
Sintiendo que las piernas le flaqueaban, se detuvo sin más remedio, siendo nuevamente alcanzada por el castaño quien la estrechó fuertemente entre sus brazos.
-Ignoro lo que suceda en tu casa, Candy – habló sofocadamente – Pero no pienso dejarte a la deriva junto con Ethan
-Por favor suéltame – rogó con un nudo en la garganta
-Jamás – respondió, estrechándola con mayor fuerza
Agradeciendo Candy que la lluvia ocultaba sus verdaderas lágrimas, forcejeó para librarse de los brazos que se negaban dejarla ir. Terry la liberó un poco para encararla y, en un arrebato, posar sus labios en los de ella quien agrandó sus ojos ante el atrevimiento. No obstante, el que se llevó la mayor sorpresa fue él al reconocer aquellos labios que besó en la fiesta de disfraces, ¡imposible equivocarse!
Consiguiendo esta vez el zafarse de él, dióse Candy a la fuga, dejándolo bajo la lluvia.
-Era ella – murmuró con incredulidad, posando sus dedos en sus labios mientras la veía perderse entre la multitud escondida bajo sus paraguas – La chica que por varios años busqué…
Abordando el autobús que la llevaría a casa, la rubia se cubría la boca con incredulidad al recordar aquella sensación única, ¿qué lo había impulsado a hacerlo? Suspirando, se sujetó de uno de los barandales, contemplando el caer incesante de la lluvia hasta llegar a la parada en donde descendió y caminó lentamente hacia su casa en donde abrió cansinamente ante los estragos de estar tanto tiempo empapada.
-¿Ethan? – llamó ante el silencio en la casa
No habiendo respuesta, subió las escaleras hasta llegar a la habitación de su hijo, abriendo cuidadosamente por si dormía. Pese a no ser común la escena con la que se topó, sintió un terrible nudo en el estómago al ver que su esposo acariciaba los cabellos de su hijo mientras éste fijaba su vista con cierto espanto en la nada. Con una mueca que no supo interpretar ella, le miró.
-Bienvenida a casa, querida – murmuró sin apartar la mano de su hijo
-Gra… gracias – respondió temerosa
Richard volvió la vista a su hijo.
-Llegué antes de lo previsto a casa y despedí a Annie – comentó – Ethan y yo jugamos un rato pero a mi parecer lucía bastante cansado, ¿no es así, hijo?
Temeroso, el menor asintió.
A Candy se le revolvía el estómago al tan sólo tratar de imaginar el terror que estaba sintiendo Ethan.
-Lo vestí adecuadamente para que pudiese dormir – acomodó mejor las sábanas – Lo arropé y traté de cantarle un poco pero no recordaba ninguna nana – extendió una mano hacia Candy - ¿Me harías el favor de cantar aquella nana?
Avanzó ella unos pasos hasta sujetar la mano de su esposo y sentarse frente a él quien la rodeó por la cintura posesivamente, apoyando la barbilla sobre el hombro de ésta.
-Vamos, cariño – susurró – Nuestro pequeño quiere dormir
Cerrando los ojos brevemente y tragando el nudo en su garganta, empezó a arrullar suavemente al menor.
-Ya se duerme el niño... Bajo su ventana dos pícaros grillos cantan una nana – su voz temblaba ligeramente al sentir los labios de su esposo rozar su nuca - A la linda nana ya se está durmiendo... que ruede la luna que lo haga en silencio…
Imprimiendo todas sus fuerzas en no derramar lágrimas, Candy acariciaba la frente de Ethan quien poco a poco empezaba a cerrar sus ojos ante el dulce cantar de su mamá.
Las manos lujuriosas de su esposo pasaron lentamente de la cintura a sus pechos, desabotonando poco a poco el corpiño del vestido.
-No frente a Ethan – suplicó con voz temblorosa
-Duerme como un ángel – murmuró su esposo, mordiendo levemente su oreja - A la linda nana de ojitos cerrados, el sueño más lindo se arropó a su lado – continuó la cancioncilla – Termina de cantarla
Mordiéndose los labios para no sollozar, recordó la última estrofa.
- A la linda nana que ya se durmió, la última estrella recién se prendió – concluyó la nana
Sonriendo triunfal, se puso en pie con ella abrazada, encaminándola hacia la habitación matrimonial en donde se cercioró de cerrar la puerta y evitar así el ser interrumpido en su labor.
El golpeteo de la lluvia contra los cristales y la respiración de Richard en su nuca, le hacían prácticamente imposible el poder conciliar el sueño, obligándola a esperar impacientemente a que estuviese dormido para poder desembarazarse de sus brazos e ir a la habitación de Ethan para cerciorarse de que dormía tranquilo a causa de la tormenta. Cuando estaba segura de que él dormía profundamente, se removió ligeramente para poder rodar pero, en el intento, sólo consiguió provocar que él la aferrara por la cintura.
-¿Piensas escapar? – murmuró entre sueños
-Por favor suéltame, Richard – suplicó temerosa – Iré a ver que Ethan esté bien
Dando un bufido de molestia, la soltó, dándole la espalda.
-Entonces no regreses hasta mañana – ordenó molesto
Suspirando en silencio, la rubia se cubrió con su bata y salió de la habitación.
-Me siento mal – pensó al sentir su cuerpo cortado y con apenas las suficientes fuerzas para poder mantenerse en pie – Seguro he pescado un resfriado pero… - apoyándose en la pared caminaba hacia la habitación contigua – No puedo enfermarme ahora… Es un mal momento para eso…
Abriendo cuidadosamente la puerta, ingresó a la habitación de Ethan quien estaba escondido bajo las sábanas.
-¿Ethan? – murmuró suavemente
Al reconocer la voz de su madre, el menor salió de su escondite.
-Has estado llorando, pequeño – musitó consternada, sentándose a un lado de él para acunarlo en su seno - ¿Quieres contárselo a mamá?
Enfáticamente negó con la cabeza, acunándose mejor en su regazo.
-¿Te molesta si duermo esta noche contigo? – preguntó, acariciando los castaños cabellos de su hijo
-No – respondió zafándose de su madre para acomodarse entre las sábanas y hacerle un ademán de que ella se recostara igualmente
Sonriendo, se recostó en la cama y lo atrajo hacia ella para depositar un beso en su mejilla.
-Mami – habló dubitativo
-Dime, pequeño
-¿Puedo ir mañana contigo al trabajo? – la miró lastimosamente a los ojos – Prometo portarme bien
-¿Te asusta tu padre? – preguntó a sabiendas de la obvia respuesta
-Nos hace llorar muchas veces – respondió inseguro
-¿Te ha dicho algo hoy?
-Dijo que si lloraba una sola vez enfrente de él, te lastimaría y todo sería por culpa mía… ¿Papi te lastima por mi culpa?
-Nunca más vuelvas a pensar eso – repuso, acariciando la mejilla infantil – A veces los padres tenemos dificultades, ¿comprendes? Y los hijos no tienen nada que ver en nuestros problemas
-Te quiero, mami – la abrazó
-Y yo a ti mi pequeño querubín – respondió
Tomando calmosamente su humeante bebida, el castaño contemplaba el agua resbalar por los ventanales de su departamento mientras escuchaba el interminable repiqueteo del péndulo del reloj que enfatizaba cada segundo en que Candy ocupaba su pensamiento.
-Candy… ¿estarás bien? – se preguntaba al recordar lo empapada que debía haber estado - ¿Tu hijo también lo estará?
Resignado, regresó la mirada al reloj que marcaba pasada la media noche. Posando su vista en su bebida, recordó aquel beso idéntico al de la fiesta de disfraces, ¿sería posible que fuese ella la dama especial? Asqueado por el sabor del té, lo dejó sobre la mesilla mientras se sentaba en su sofá y encendía la televisión en busca de distraerse un poco. No funcionando aquella táctica, optó por apagarlo y enlistarse para ir a la cama.
-No dejo de pensar en ti, mi querida dama misteriosa – pensaba mientras contemplaba su perfil en el espejo del tocador – ¿Tú y Candy serán la misma persona?
Tomó la espuma para afeitar y la esparció por todo su mentón, tomando el rastrillo y pasando las afiladas cuchillas sobre su barbilla hasta retirar toda aquella molesta barba que le causaba picazón. Inmediatamente se enjuagó el rostro y pasó un paño sobre su rostro húmedo al que volvió a contemplar en el espejo que no engañaba. Tal vez no era el mismo joven recién egresado de la universidad pero estaba seguro de que el cambio era insignificante. Si en verdad fuesen la misma persona, Candy puso haberlo reconocido fácilmente, ¿o es que acaso llevaba igualmente una máscara aquel día? Sabiendo que no encontraría respuestas en el año, apagó las luces y se dirigió a su mullida cama, envolviéndose en las sábanas para hacer un vano intento por conciliar el sueño.
Continuará…
Ok, jejeje bueno pues he aquí un capítulo más jejeje
Lamento la demora pero no he tenido mucho tiempo últimamente.
GemaGrandchester: muchas gracias por tu comentario ^- ^ espero que hayas disfrutado de este capítulo y esperaré ansiosa tus comentarios w Un saludo!
Lupita Isais: me agrada que te haya causado una buena impresión este fic ^-^ Lamento la demora pero pues ya ves, el tiempo no ayuda ¬¬ Pero sea como sea aquí te dejo un capítulo más que espero disfrutes. Gracias por tu apoyo!
Klaudya: me alegro que te haya gustado el primer capítulo, espero que este otro también te cause una buena impresión. Espero ansiosa tu comentario, ok? ^-^
Milimacdiel: hurra! Este fic también te ha gustado jejeje y si! Lamento tardarme tanto en actualizar la Promesa de Un Hogar pero pues es que estoy estancada y me estreso ahh! Espero que pueda actualizar lo más pronto posible, ok? Bueno, gracias por tu comentario y estaré esperando otro más de tu parte jejeje
Lucero d mar: al contrario, gracias a ti por tomarte el tiempo para leer mi historia. Muchas gracias por tu comentario, aquí te dejo un capítulo más, vale? Ow
Aun saludo a todos los que siguen mis historia y espero con ansias sus comentarios para saber qué tal va, ok?
Nos vemos!
