Disclaimer o Descarga de responsabilidad: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen. Really, I'm suffering, did ya' read the cursed child? Sometimes I wish i hadn't.
Nota de autor: En serio, amo esto y me divierto tanto escribiendo. Es, como, mi pequeña fábrica de felicidad. Nunca llegaré al nivel de Esama de actualización diaria, pero esto es como un cielo de escritura (da zone)
Por cierto, sus fics son mi pan de cada día, si quieren chequear pueden revisar su perfil en Ao3.
Aliathna ¡Gracias! De hecho, amo trabajar con cómo los personajes secundarios ven a Harry y lo que debe pasar por sus cabezas a lo largo de los libros (siento que me voy a divertir mucho con el segundo año)
Espero que les guste! Los reviews son amor!
Liar, liar we see the fire
coming from your mouth each day
The fire that burns the truth
as we struggle along our way
Faltaban dos días para que las clases comenzaran nuevamente y Dean se había atrasado con su ensayo de pociones. No ayudaba que el tema le pareciera química avanzada pero ingredientes y reacciones completamente extrañas. Lo mareaba, lo confundía y - por todo lo que Morrigan odiaba - ese era su tercer borrador y se estaba quedando sin pergamino. Casi quiebra su pluma de pura frustración, y si no estuviera en la biblioteca - bajo la vigilante mirada de Madame Pince quien lo aterrorizaba y más de una vez lo había sermoneado - gritaría para quitar un poco el borde del estrés.
Así, es cómo Harry y Ron - a quienes antes apenas se cruzaba y ahora, Merlín, estaban en todos lados - lo encontraron. Potter se sentó sin ceremonias en el asiento frente a él con una pila de libros y Weasley, como quien no quiere la cosa comenzó a hablar.
- Así que… Thomas - Dean simplemente lo miró inexpresivo porque estaba en su límite de paciencia y solo esperaba que lo que fuera que quisieran fuera rápido - Harry me dijo que sabes cosas.
Dean miró a Harry quien parecía algo tímido, de repente, y volvió sus ojos a Ron, arqueando una ceja, levemente irritado.
- Cosas - la palabra salió más seca que el desierto del Sahara - Sí, se podría decir que sí, como el resto del mundo.
Ron enrojeció, Dean no sabía si de ira o vergüenza, e ignoró su respuesta para continuar.
- ¿Sabes algo sobre un tipo llamado Nicholas Flamel? - dejó escapar rápido, como si tuviera miedo de que alguien lo escuchara. Lo que era algo inútil, por el volumen de su voz.
Dean los miró a ambos fijamente ¿Estaban hablando en serio? Cuando el silencio se extendió y Harry comenzó a inquietarse, él se dió cuenta de que sí, aparentemente estaban siendo serios. ¿Estaban perdiendo su tiempo con eso?
No pudo evitar concentrarse en Ron, porque ¿De verdad? Dean no podía evitar su incredulidad. Ron y Seamus habían hablado durante horas sobre los cromos más raros de las ranas de chocolate. Él había tenido que soportar una conversación completa sobre dulces, que lo aburrió casi hasta la muerte y ahora el niño, principal instigador del tema, le estaba preguntando quien era Nicholas Flamel.
- En el cromo de Albus Dumbledore - dice con engañosa suavidad, porque en su mente está planeando sus muertes lo más eficazmente posible - Se lo reconoce por sus trabajos con el reconocido alquimista Nicholas Flamel, quien es mundialmente alavado junto a su esposa Perenelle por la creación de la piedra filosofal…
Espero una reacción. Ambos niños lo miraron como si estuviera hablando en sirenio, y si esto era lo que tenía que soportar Granger, todos los días, también estaría tratando de meter por la fuerza algo de conocimiento en sus cabezas. Él era hijo de muggles y sabía lo que era la piedra filosofal.
- Ya saben, esa sustancia legendaria que alarga la vida y puede transformar cualquier metal en oro, rompiendo todas las reglas del intercambio equivalente - agregó casi indignado. - La piedra filosofal.
- ¡La piedra filosofal! ¡Eso es! - grita Harry entusiasmado y Dean siente que se perdió algo en el intercambio. Pasaban de no saber nada a estar muy emocionados por todo el asunto.
Sospechoso.
Potter sacude a Weasley como si no pudiera creer su suerte, mientras el pelirrojo sigue atascado murmurando sobre "cómo no pude recordarlo" y "tenemos que hablar con Hermione". Harry le agradece apresuradamente y corriendo ambos desaparecen de la biblioteca, con Madame Pince quejándose vocalmente sobre su comportamiento en su "antro sagrado".
Dean mira el espacio en el que estaban y luego sacude la cabeza. Lo que sea, él tiene que terminar el ensayo y que sea lo mejor posible. Snape no parece de los maestros que aceptan un trabajo a medias.
Dean sigue sin entender porque Granger lo sigue mirando como si la hubiera ofendido personalmente. Él trata de rememorar, pero está bastante seguro que jamás habló con ella.
Se encoge de hombros y sigue con su vida, intentando que Seamus no queme nada más en lo que resta del año escolar.
No estaba teniendo mucha suerte.
Se avecinaba el partido de Gryffindor contra Slytherin y el ánimo dentro de la Sala común era algo tenso. Todos estaban expectantes, por supuesto, pero Wood había informado en sonoras quejas a quien deseara escucharlo despotricar, que Snape sería el árbitro.
Snape, que en clase restaba puntos a los Gryffindor por estornudar y nunca decía una palabra a los Slytherin que maliciosamente arruinaban las pociones de otros. Snape que había hecho muy claro su desagrado poco profesional a Harry Potter, actual buscador del equipo de Quiddicht. Snape, que cuya sola mención hacía que el extraño trío de amigos de primer año se lanzara a susurrar violentamente el uno al otro. Todos estaban nerviosos.
A Dean no podría importarle menos.
No terminaba de entender el juego, y nadie había podido hacerle una comparación con algún deporte muggle. Así que simplemente asistía a la tribuna en apoyo a su Casa y porque Seamus lo sobornaba con comida y café, que solo podía conseguir de contrabando en el sector de profesores. Por alguna razón, cada vez que se servía una taza en la mesa del Gran Comedor, su amada bebida era repentinamente intercambiada por té negro y si volvía a beber té en lugar de café, iba a implosionar en su asiento.
Respuesta final: por el bien de su salud, iba a asistir.
También estaba el hecho de que había visto el rostro de Harry volverse de una sospechosa tonalidad de verde al escuchar sobre el arbitraje y por la alarma en el rostro de sus amigos, Dean no creía que fuera por temor al favoritismo del hombre por Slytherin. Había un cierto miedo en sus ojos. A Dean le daba mala espina.
Así que, estaba especialmente vigilante el día del partido. Seamus les había encontrado un lugar con los otros Gryffindor, cerca de Neville, Weasley y Granger. Los últimos estaban sospechosamente susurrando algo sobre "locomotor mortis", que él recordaba era uno de los maleficios preferidos de Malfoy. Lo había probado la semana anterior con Neville, y habían tenido que pedir ayuda de un estudiante de séptimo con una clara necesidad de cafeína. Dean podía conmiserarse con la niña.
Harry no se veía mejor en el aire que en la tierra, pero al ver el sector de profesores, se iluminó. Dean, tomando un sorbo del café que Seamus proporcionó gustosamente, comprendió al mirar en la misma dirección. ¿Qué hacía Dumbledore en el partido? Era muy raro era verlo asistiendo a un partido de Quiddicht. Pero, Dean aceptaría que la precaución era necesaria, especialmente después del último partido de Gryffindor contra Slytherin, donde la escoba de Harry fue maldecida en pleno juego.
A su lado, Granger y Weasley se aliviaron visiblemente. O lo estaban, hasta que Malfoy llegó, seguido de Crabbe y Goyle. Dean los miró como si fueran estúpidos ¿Qué demonios hacían en el sector Gryffindor? ¿Acaso tenían un deseo de muerte? No podrían hechizar a nadie, habría demasiados testigos. A menos que que alguno de sus compañeros iniciara la pelea, probablemente por instigación de Malfoy, pero Dean creía que tenían algo de autoconservación. No lo harían con los profesores tan cerca.
Dean concentró su vista en Harry, que parecía más relajado. Una mejora notable después de unas semanas increíblemente incómodas para el niño. Desintonizó de la conversación entre sus acompañantes, más concentrado en los movimientos arriesgados de Harry con la escoba. Había empezado claramente en control, pero ahora había algo extraño. Es como si quisiera probarse, zambulléndose con más brusquedad, algo más implacable a la hora de perseguir la snicht.
La voz de Malfoy comenzaba a sonar cada vez más molesta, elevando su volumen, y Potter más errático. No estaba haciendo nada extraño, pero había una subyacente desesperación en el niño que empezaba a enervar a Dean.
- ¿Saben por qué creo que eligen a la gente para el equipo de Gryffindor? - Dijo, demasiado fuerte para su ya creciente irritación y Dean apretó su taza plástica hasta casi romperla. - Es gente a la que le tienen lástima. Por ejemplo, está Potter, que no tiene padres, luego los Weasley, que no tienen dinero... Tú-...
Y abruptamente se calló. Posiblemente tenía que ver con la media copa de café caliente que Dean acababa de arrojar directo a su cuello, no dañando nada delicado pero seguramente ardiendo como pocas cosas el mocoso malcriado había sentido en su vida. Sintió como Seamus palmeaba su brazo, no sabía si en apoyo o conmoción.
Por el rabillo del ojo, vio a Granger sosteniendo físicamente a Weasley. Ya está, se había cansado y tiró lo que quedaba de su café, así que limpiando cuidadosamente sus manos y colocando la prueba del crimen en la mano de un desprevenido Goyle, se retiró de las gradas junto a un muy confundido Seamus. Malfoy con la boca lista para gritar de indignación. A sus espaldas, se oyeron los vítores que indicaban que Harry había atrapado las snicht. Game over.
Ignorando la sarta de preguntas de su mejor amigo, Dean comenzó silenciosamente a entrar en pánico porque estaba empezando a pensar que Potter le importaba, tal vez, un poco. Si había una persona en el mundo que pudiera dar una serie de ataques cardíacos inducidos por el cero respeto hacía su propia vida y seguridad a alguien, ese era Harry Potter. Lo sabía incluso antes de enterarse del incidente del troll, historia que había logrado sonsacarle a George Weasley a cambio de un par de favores. Él solo… acababa de condenarse a unos años de canas tempranas y estrés casi constante. Lo iban a matar, porque Potter venía en paquete incluido con Granger y Weasley; solo Seamus le provocaba una elevada presión arterial con su propensión al fuego.
O no.
Asintiendo para si mismo, Dean decidió que lo mejor era ignorarlo. Si no lo veía, no existía.
Horas más tarde….
Weasley se acercó a Dean tarde en la noche, seguido de una Granger que se veía algo nerviosa.
Él pelirrojo colocó ambas manos en los hombros de Dean, quien se había enderezado en alarma y lo miró mortalmente serio.
- Thomas - dijo firmemente - eres mi nuevo héroe.
Luego lo soltó y se fue.
Dean se quedó mirando su espacio vacío.
¿Qué?
Levantó la vista y se sorprendió de que Granger siguiera allí. Cual fuera su expresión pareció divertirla lo suficiente como para explicar.
- Cuando te fuiste, Malfoy hizo un berrinche colosal y terminó llamando la atención de Flitwick, quien vio a Goyle con la copa de café y las túnicas mojadas. Malfoy intentó culparte pero no sabía tu nombre, y resultó que su historia sobre un anónimo estudiante Gryffindor, que no estaba allí, era muy poco creíble a comparación de la versión de una pelea entre compañeros de casa, que quiso taparse para no perder puntos. Los otros Gryffindor no te mencionaron y terminaron restándole veinte puntos a Slytherin. - Hermione le sonrió. Era una cosa pequeña y dulce, y le convenía enormemente, mucho más que sus habituales ceños - No creía que Snape pudiera estar más disgustado después del final del partido. Aparentemente sí.
Dean elevó sus cejas y miró hacia donde Ron se había retirado.
- Lo salvaste de meterse en problemas, defendiste a Harry e inculpaste a Goyle de atacar a Malfoy - la niña levantó tres dedos - Creo que acabas de ganarte un amigo, Thomas. O dos ¿Si no es problema?
Era un problema. Ellos tres, en general, significaban problemas, pero Granger lo veía tan esperanzada que tuvo dificultades para hablar durante unos segundos. Era extraño verla tan suave, él casi creía que su rostro estaba atascado en una mueca de insatisfacción y siempre lista para dar un regaño. Abrió la boca para aclarar que no lo había hecho por Harry, que simplemente encontró a Malfoy increíblemente molesto, que…
- Sí, eso me gustaría - fue lo que escapó.
Que Nimueh lo maldiga a él y su maldita boca.
Hermione le sonrió otra vez, lo que le seguía pareciendo algo surrealista, y se despidió con un gesto de mano.
Dean se tapó el rostro con las manos.
¿Por qué? ¿Por qué era tan débil?
Saludos y suerte en su semana!
