Disclaimer: Ginny y el mundo en el que todo esto ocurre pertenece a Rowling, incluyendo el Sauce Boxeador, el Bosque, el Castillo y, hasta, vamos a reconocérselo, el nombre de Astoria. La trama es mía y de mi perro, que tiene tres cabezas y es muy posesivo.
N/A: Segundo capítulo porque iba a publicarlo mañana pero como tendré sesión intensiva de estudio, no sé si podré. Espero que os siga gustando y ya sabéis que vuestra opinión vale millones :)
TODO
Agua
-Dicen que con una Ravenclaw.
-Sí, esa rubia de pelo largo.
-Dicen que en el baño de Myrtle.
-¡No! Dicen que en el despacho de McGonagall.
Las historias de Astoria Greengrass no son de dominio público. Sólo son de dominio público femenino y sólo unas pocas acceden a la información. Y Ginny probablemente no debería saber nada, pero cuando una se cría con Fred y George, es absolutamente imposible no saber. Así que sabe. Oye, escucha, almacena datos y no abre la boca. Nunca.
Ginny sabe que tal vez podría usar eso para que Slytherin perdiera puntos. Pero aunque ha pasado tiempo (tres, tres largos años) desde que supiera que aquella chica del bosque era una Greengrass, hay cosas que aún recuerda. Como la mirada, y la sonrisa fría y a medias, y el contraste de su cabello contra la palidez de su piel. Como sus labios, suaves, finos, casi aristocráticos por sí mismos.
-Ginny, ¡eh, Ginny!
Neville la mira preocupada, pero no tiene mucho tiempo porque Luna viene rápidamente con los pergaminos con las listas del ED. Dice que su padre está dispuesta a ayudar, y que ya ha contactado con los Ravenclaw. Ella no escucha mucho, porque la está mirando.
Astoria la está mirando. A ella.
Y tiene una idea más o menos clara de lo que eso significa.
Dos minutos después están en un aula perdida en el tercer piso. Y se besan. Ginny ha besado. Mucho, muchas veces. Ha besado de todas las formas posibles. Con lengua y sin ella, con mucha saliva y con poca, mordiendo y lamiendo, languida y fieramente. Pero nunca, nunca, ha besado a una mujer.
Y nunca había sabido lo que se estaba perdiendo.
Astoria coloca las manos en su cintura, la atrae, la besa, se separa, la mira y vuelve a besarla. Y todo ocurre una y otra vez y tan rápido que está perdiendo el aliento, la ropa y la cordura, y es sólo cuando las dos están sobre la mesa, cuando siente los pechos desnudos y las manos de la slytherin en ellos y su respiración en su oído, cuando reacciona, cuando lo dice.
-Para.
Y después de unos segundos, para. Todo para. El mundo deja de girar. La sala deja de existir. No existe nada más que ese vacío de pronto, cuando la puerta se cierra y ella está allí, medio desnuda, sola y vulnerable. Y de pronto, se odia.
La tenía. La tenía. Entre sus brazos. Bajo sus labios. Sobre sus senos. Y se le ha escurrido entre los dedos, como el agua. Y lo peor, lo más doloroso de verla marcharse y dejarla allí, con ese dolor casi físico y esa sensación de que lanecesitalanecesitalanecesita, es que la culpable ha sido ella. Sólo ella.
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