II: Minuto de ocio


El abrazo es el mejor calmante

para un alma vagando en la oscuridad.


Miércoles 25 de Noviembre del 2015


El viento otoñal entraba por las ventanas abiertas del salón de clases, donde Zoro estaba sentado, sin prestarle mucha atención a su alrededor. Se revolvió ligeramente el cabello con su diestra, con su mirada en el cristal de la ventana, más que en lo que había afuera.

Desde hace una semana, se sentía raro, extraño, los días se habían vuelto bastante e inusualmente tranquilos; algo que era imposible con Law merodeando como un zorro tramposo detrás de sus acciones con Robin, esperando la oportunidad justa para llegar y joderlo, como acostumbraba desde que le advirtió que también le gustaba su novia.

El orgullo de un hombre podría parecer ridículo ante los ojos femeninos, ¿qué tanto importaba que Robin tuviera un pretendiente oficialmente declarado como tal, si al final de cuentas, ella seguía estando con Zoro? Él mismo lo sabía, así como sabía que no corría ningún tipo de riesgo en que Trafalgar ganara.

Pero no, los dos jóvenes parecían que en cualquier momento se bajarían los pantalones y medirían quién la tiene más grande por la lucha instintiva de poder, como dos alfas.

Así había sido desde hace tres meses.

Law no se la pasaba pegado a la pareja, claro que no, él tenía una vida propia de la cuál preocuparse; lo que sí parecía, era un mago, que por arte de magia aparecía en el momento justo para lanzar su veneno verbal a Roronoa, fastidiándolo.

El pelinegro era estudiante del quinto semestre, de la facultad de medicina, todo un prodigio, con las mejores calificaciones de la facultad. Guapísimo, con una personalidad misteriosa, arrogante y burlona; al menos, esas eran tres características muy buenas que lo definían. Aparte de su inteligencia.

—Estoy seguro que algo tiene que estar tramando ese maldito… —bisbiseó Zoro para sí mismo.

No podían culparlo, porque desde hace una semana, Trafalgar no había hecho ningún tipo de movimiento irritante, con sus típicos comentarios e intentos de conquista hacía Robin. Varias oportunidades hubieron, pero no se presentó a ninguna.

No faltó a la universidad, su asistencia estaba completa en la semana, así que la ausencia no era la respuesta al por qué no estaba con su comportamiento típico. ¿Qué era entonces? Y no, Zoro no estaba preocupado por Law, en lo más mínimo, simplemente quería saber qué sucedía; no tenía confianza cuando se trataba de ese chico.

La idea de que se dio por vencido era lejana, así que esa tampoco era la respuesta al ausentismo de malicia y mordacidad de Law. Robin no sabía nada, al igual que los conocidos del pelinegro y, aunque preguntaran, él no decía nada, los ignoraba.

Zoro salió del salón, gruñendo por permitirse pensar tanto tiempo en ese idiota de ojos grises que no hacía más que entrometerse entre él y su novia.

Particularmente, si Trafalgar no hubiese llegado como un pretendiente más de su novia, con directas ganas de quitársela, tal vez hasta amigos serían. No obstante, eso no era pretexto para que se pusiera a pensar en su rival, que ni lo merecía.

El de cabello verde no tenía el aspecto de ser atento con las cosas a su alrededor, pero era todo lo contrario. Tenía un oído muy fino, al igual que su capacidad visual; era muy apasionado en los deportes, sobre todo en el kendo, así que eso le exigía desarrollar esos sentidos, sumada la coordinación y fuerza corporal.

Fue por eso, que sus oídos no evitaron colarse en las palabras de una fémina que salía de la gran cafetería universitaria, acompañada de un joven de la misma edad y de notable sobrepeso.

— ¿Cuánto crees que dure ésta vez así Law? —suspiró ella, apretando un libro que llevaba contra su pecho.

—No lo sé. Doffy dijo que no podía hacer siempre los mismos berrinches cada año, que se le iba a pasar —respondió su acompañante.

—Tú y yo sabemos que lo que Law tiene no es un berrinche. Él quería mucho…

El ruidoso y molesto timbre, que anunciaba el retorno a clases, le impidió a Zoro terminar de escuchar la frase que la chica de cabello oscuro dijo. No los iba a seguir, así que solo se quedó de pie, ahí en la entrada de la cafetería, mirando su andar, hasta que desaparecieron, ahora enojado consigo mismo por la mínima posibilidad de estarle dando importancia a Law.


—Maldito Eustass-ya… —gruñó un joven de tez cobriza y cabello oscuro, con tintes azules, haciendo movimientos, un poco cómicos, con sus piernas. No lo hacía por mera diversión, más bien, estaba intentando incorporarse, sosteniéndose de una pared, que estaba despintada, ya que los ladrillos se veían a simple vista.

El olor, que repelía hasta a los perros callejeros, no se trataba solo del basurero que estaba alrededor del local de donde Law salía, sino también del vómito de éste. Tal parecía que los gustos de los perros callejeros ahora se habían refinado, o bien, de verdad el estómago del futuro médico estaba bien jodido con todo el alcohol que bebió, por insistencia de su amigo.

Amigo que lo dejó abandonado cuando unas curvas bonitas llegaron a insinuarse con descaro, atrapándolo con el vino de la seducción, dejando a Law solo y malhumorado.

Trafalgar no era un adicto al alcohol, solía beber en fiestas, para relajarse, pero tampoco excedía sus límites. Pocas veces lo hacía, como hoy, que necesitaba alivianar su pensamiento un rato.

Desgraciadamente, su mente no estaba tan apagada y se sentía como una marioneta del tiempo y el espacio, mientras sentía como del cielo caían gotas suaves, en un manto de llovizna. En su estado, no sabía si eso le ayudaría a despertar o lo mataría de una pulmonía.

Law tampoco estaba deprimido, solo aislado de las personas un rato. En estas fechas no tenía mucho humor para relacionarse con la gente, porque era inevitable para él no recordar a una persona tan importante como su padrino ya fallecido.

Por mero respeto, se mantenía al margen en ésta temporada, aprovechando, y permitiéndose, el recordarle como el buen hombre y figura paterna que fue para él. No se trataba de un ciclo sin cerrar —según Law—, pero hablarle a Corazón, a través de cartas o pensamientos, resultaba ser un excelente método para desahogarse de todas las aventuras que le sucedían cada año.

Quizá en algún momento dejaría de hacerlo, no lo sabía. Si era egoísta, no estaba seguro. Pero era lo único que podía hacer, ya que con Doflamingo era harina de otro costal; sí, podía ser un buen tipo, pese a su extravagancia, no lo trataba mal, mas prefería reservarse con él.

El impacto contra su mejilla, hizo que Law gimiera por el dolor y luego maldijo sin ninguna preocupación de hablar bajo. En algún momento de su andar, sus pies terminaron enredados y cayó al pavimento de la banqueta.

No se movió, simplemente se quedó embrocado ahí, como si la intensidad de la llovizna no estuviera aumentando, convirtiéndose en un aguacero, que en vez de otorgarle calor a su cuerpo, le daría un descomunal frío hasta resfriarlo.

Empero, los músculos de sus miembros no le reaccionaban como quisiera, por más que intentó levantarse. No estaba seguro de la hora, ¿las doce? ¿La una o las dos? Había dejado el celular en casa y, probablemente, Doflamingo lo mataría cuando llegara o lo encontraran.

Decidió dejar de pensar y, ser por una noche, un digno borracho dormido en una banqueta, como esos que suelen verse en las calles algunas veces.

Y lo hubiese conseguido, de no ser por la nada esperada presencia de otro ser, que seguramente traía consigo una sombrilla, como para evitar que el agua siguiera cayéndole al de ojos grises.

— ¿Qué clase de ejemplo da un erudito estudiante de medicina, vomitando de ebrio, a las ocho de la noche? —esa gruesa voz era reconocible hasta para un Law moribundo por las cervezas.

No tenía las fuerzas para incorporarse, pero sí las suficientes para alzar su mano y enseñarle el dedo de en medio al de cabello verde y mirarlo sombríamente.

—Tu vida me vale, pero tu cuerpo estorba en la banqueta de mi casa. Das mala vista.

—Jódete… —al parecer, Trafalgar no estaba tan bien como para responder con sus ocurrencias.

La vida no podía ser tan mala con el pelinegro, ¿por qué, de entre todas las personas, quién venía a verlo en un estado tan humillante era el mismo novio de Robin, su adverso? Ahora más que nunca deseaba incorporarse y largarse de ahí, con la poca dignidad que le quedaba.

—Y en plena mitad de semana… —Zoro, tan sutil y delicado como siempre, no estaba dispuesto a quedarse callado— Parece que solo eres inteligente en la escuela.

Los ojos grises del ajeno refulgían fulminantes, como la única respuesta que podía dar en éste momento. Sin embargo, su expresión se pintó en incredulidad al sentir como los brazos de Zoro, fuertes y cálidos, lo levantaron hasta acomodarlo sobre la espalda de éste.

Para lograrlo, Roronoa dejó un momento la sombrilla y volvió a agarrarla, acomodándola entre su cuello, para que la lluvia no los mojara —que no mojara a Law—, dejando sus manos libres y sostener mejor el cuerpo contrario.

Trafalgar quería gritarle a la cara que prefería quedarse tirado moribundo en el suelo, a ser ayudado por él. Sin embargo, por el movimiento tan inesperado y agitado, involuntaria, pero convenientemente, el estómago del moreno con tatuajes dio un vuelco más, y vomitó, salpicando la ropa de Zoro.


N/A:

¡Holiiiis!

Bien, he traído un nuevo capítulo de este pequeño fic uwur. Y, como notaron, la sencillez de la que les hablé al inicio, está presente, jajaja, pero eso no significa que alguien no esté notando la ausencia de otro. (?)

No siempre las cosas son lo que parecen xD.

En fin, ¡FELIZ AÑO NUEVO! Que la pasen maravillosamente y un próspero año para ustedes .

¡No se olviden de dejarme sus bellos comentarios/opiniones/buenos deseos, ya saben! Asdljkasldsjkal, abrazos :3