Capitulo 2: Llegada al Santuario

Milo se volteó lentamente, un poco asustado y detrás de él había una persona alta con el cabello verde, no se podía ver el rostro porque llevaba una máscara blanca; también traía puesto un casco dorado y una túnica blanca.

- Dime niño¿como te llamas? - preguntó el extraño

- Milo, señor - contestó, con desconfianza

- Y ¿cuantos años tienes?

- Siete, señor

- He estado observándote durante los últimos cinco días y, por lo que vi hoy, no tienes un lugar donde pasar la noche

- Si, así es - contestó Milo con tristeza

- ¿Te gustaría venir conmigo?

Milo se quedó callado, pensando por un par de minutos. No conocía a esa persona, pero algo le decía que no era una mala persona.

- ¿A donde? - preguntó Milo un poco inseguro - ¿cuales son sus intenciones?

- Te llevaré al Santuario de Athena... claro, siempre y cuando quieras venir... y con respecto a mis intenciones... tengo pensado convertirte en un caballero que luche a favor de la justicia.

Milo se quedó atónito, sorprendido, no sabía que decir ni que pensar, simplemente no sabía que hacer. Lo más seguro es que eso sería mejor que pasar la noche a la intemperie pensó.

- Esta bien, acepto - respondió después de un rato e igual de inseguro - y a todo esto ¿quien es usted?

- Soy el patriarca del Santuario. Mi nombre es Shion. Sígueme, te mostraré el camino.

Milo lo siguió. Mientras caminaba iba pensando en muchas cosas. No sabía si hacía lo correcto o no en todo caso le parecía mejor que dormir en un lugar inseguro, pero nada le aseguraba que el santuario fuese seguro. Mientras pensaba en todas esas cosas sintió demasiada hambre y se dio cuenta de que no había comido nada desde el medio día.

- Supongo que debes tener hambre; - dijo Shion de improviso lo cual sorprendió mucho a Milo haciéndolo levantar la vista del suelo - no te preocupes en el Santuario hay comida, allí podrás comer algo

- Gracias

El camino era largo y difícil. Era una gran pendiente con muchas trampas y en muchas ocasiones Milo estuvo a punto de caerse. El sol ya se había ocultado por completo, el cielo estaba lleno de estrellas y la luna acababa de salir y del oeste llegaba la suave brisa marina. Mientras más cerca del Santuario se encontraban, Milo estaba más seguro de que la decisión que acababa de tomar había sido la correcta.

- Hemos llegado - anunció Shion

La entrada del Santuario estaba vigilada por una gran cantidad de guardias todos ellos vestidos con camisetas y pantalón deportivo verde seco que a la vez contaban con casco, una pequeña armadura que protegía el área del corazón, rodilleras y estaban armados con lanzas.

- Buenas noches, señor - dijeron todos los guardias al unísono a Shion

- Buenas noches - respondió

Milo jamás había visto a tantos guardias juntos. Había visto uno o dos en la ciudad, pero nunca tantos. Cuando entraron, Milo se asombró aun más al ver el coliseo.

- Aquí va a ser donde entrenes de ahora en adelante - dijo Shion señalando una gran construcción redonda muy parecida al coliseo romano. Milo solo dedicaba a ver con una expresión llena de asombro, sus ojos azules no dejaban de mirar a todos lados.

Shion condujo a Milo hacia un área llena de pequeñas casas, todas ellas del mismo tamaño. Shion lo llevó hacía una de las que estaba en la primera fila al centro.

- Aquí será donde vas a dormir - dijo

- Si, señor - contestó Milo sin dejar de admirar el lugar

- Desde que veníamos pude notar que tenías hambre - Milo se volteó a verlo - Si quieres comer algo, en la bodega encontrarás comida - Shion señaló hacia la casa más grande - La bodega se encuentra en la orilla a la derecha, es el cuarto más grande; de todos modos hay un poco de comida en esta casa.

Shion se alejó y Milo entró en el cuarto. El cuarto tenía lo necesario: una cama, una mesa, una cajonera, un baño completo, un pequeño refrigerador y una pequeña estufa. Al lado derecho de la estufa había una pequeña despensa con todas las especias necesarias para cocinar y huevos; arriba se encontraban tres pequeños departamentos en los que había platos, vasos y sartenes y a la izquierda había un pequeño lavabo para lavar los trastes. Sobre la cama había una ropa muy parecida a la de los guardias que protegían la puerta, sólo que no tenía el casco, se veía más ligera y era de color verde opaco.

Milo empezó a buscar la comida. En el refrigerador encontró manzanas, naranjas, leche, un poco de jamón y salchicha, queso, tortillas, limones y agua. Sobre el refrigerador había una canasta de tamaño regular que contenía cajas de cereal, pan integral y bolsas de sopa. Parece como si me esperaran pensó.

Tomó una manzana del refrigerador y se la comió en un instante. Entró en el baño y vio que había un cepillo de dientes y una pasta dental. Se cepilló los dientes y se fue a acostar. Había tenido un día difícil por lo que se durmió enseguida.