DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a La saga crepúsculo, de la autora Stephenie Meyer, la historia es de mi autoría. Está prohibida su adaptación parcial o total.
Capítulo beteado por Mimi Afterhours de Betas FFAD.
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Capítulo 1: Cómo curar mi alma
Mucho tiempo después...
Hubo un tiempo en que ya no sabía cómo mantenerme sin llorar, las fuerzas y las ganas de salir adelante se agotaban, el dolor me rodeaba y no sabía escapar, o mejor dicho, ya no quería escapar.
Si al inicio, el dolor fue el perder a mi primer hijo, ahora mi problema continuaba con los resultados de los exámenes que me entregó mi hermano, él es especialista en ginecología y obstetricia, los análisis fueron muy claros, "La paciente Isabella Cullen quedó con daños en el útero, es difícil que pueda volver a quedar embarazada o mantener un embarazo".
Me negaba a aceptar ese resultado, pero el tratamiento avanzado al que nos habíamos sometido Edward y yo, con la ayuda especialista de mi hermano, era de última generación y no había dado resultados positivos.
Era desesperante ver a todas las esposas de los empresarios socios de Edward embarazadas, por eso es que mi esposo ya no me insistía en ir a las juntas, actos benéficos o reuniones sociales, solo mis verdaderas amistades eran las que venían a casa a intentar levantarme un poco mi ánimo. La única exigencia que le ponía para esas reuniones era que fuera solo, Chelsea Vulturi no tenía que estar involucrada.
El psiquiatra decía que mi salud mental estaba normal, que era cosa personal el complicarme la vida por asuntos "existenciales"; entonces me dio de alta y pese a que yo insistía en no estar bien, no me dio otra solución.
— ¿Es tan complicado el no ser madre? —Me preguntó una de mis amigas cinco meses después del tratamiento fallido. Ella era esposa de uno de los socios de la empresa de Edward y tenía dos hijas pequeñas.
—No es eso July, lo complicado es mi situación, mi milagrosa recuperación del accidente y la culpa que siento al no poder haber hecho nada para haber salvado al hijo que perdí.
—Y si intentas con un vientre de alquiler —me dijo.
—Tal vez me sea difícil ser madre, pero no pasaré por el dolor de ver que una mujer lleve dentro a mi hijo y después de que estemos ilusionados, desaparezca sin dejar rastro —me paré nerviosa, fui a la cocina por un vaso de agua.
Necesitaba calmarme, si Edward me encontraba en este estado sufriría y la única que tiene que llevar el dolor soy yo, él ya había hecho bastante, soportó toda mi depresión los primeros meses, estuvo conmigo casi siempre, lástima que yo no puedo decir lo mismo, si Alice, mi cuñada, no me hubiese abierto los ojos no me habría dado cuenta de que se estaba marchando hacia los brazos de Chelsea, fue en ese minuto cuando me puse una sola cosa en la cabeza, ante él me mostraría entera, la tristeza la dejaría para cuando estuviese sola.
Volví donde estaba Juliette, Jazmín y Florencia, escuché voces, Edward había llegado, su sonrisa al verme además de su mirada brillante me hicieron sonrojar, me besó la frente y pasó a guardar las cosas que traía en su despacho.
—Nos vamos, se nos hace tarde para ir a buscar a John al aeropuerto —Dijo Juliette—. Me despides de Edward.
—Está bien, no te preocupes.
Subí al despacho de Edward y lo encontré con su pelo más revuelto que de costumbre, estaba con los ojos cerrados y con las manos en el puente de su nariz.
— ¿Amor, qué sucede? —lo abracé y sentí sus lagrimas mojar mi cuello, algo debía estar mal, muy mal, para que Edward estuviese así.
—Lo dejaron libre, lo dejaron libre Bella —ahí recordé que hoy se realizaba el juicio en contra de el conductor que protagonizó aquel accidente que le quitó la vida a nuestro hijo, respiré profundamente, derramé un par de lágrimas, pero hoy me tocaba a mí ser la fuerte.
Edward necesitó que lo apoyara en este minuto y no lo dejaría solo, mi amor por él era tan grande, que lo que pasó con la Vulturi quedó en el olvido, encerrado en un cajón imaginario que no se volvería a abrir.
—Seremos fuertes, no lo olvides, estamos acá el uno para el otro, hay un angelito que no quisiera vernos llorar —musité suavemente—, nunca te olvides que aunque las cosas estén demasiado adversas, de alguna u otra manera alguien nos ayudará a sentirnos mejor.
—Bella, mi amor, ¿por qué tienes siempre la palabra justa para calmarme? ¿Cómo conoces cada una de las cosas a las que le temo?
—No lo sé… el amor… esa creo que es una razón grande para tus preguntas.
Me sonrió, nos besamos en un acto de amor puro, en el cual le decíamos al otro estoy contigo. Aquel beso fue el inicio de otros que fueron aumentando el nivel de pasión y complicidad que existía entre nosotros. Lo que empezó en el despacho, no terminó allí, sino que continuó por el pasillo hasta que llegamos a nuestra habitación.
En medio de esa sesión de besos y cuando ya nos faltó el aire, lo miré a los ojos y le dije aquellas palabras que sabía que él estaba esperando desde hace tiempo, por el simple hecho de que Edward siempre esperó a que fuese yo la que dejara todos los temores de la pérdida de Matt atrás.
—Intentemos tener un hijo —él me miró a los ojos y me perdí en esa mirada, si mis cálculos eran correctos, lo más probable era que me quedara embarazada enseguida pues estaba ovulando.
— ¿Estás segura?
—Estoy tan segura de eso como del amor que siento por ti —musité suavemente, pero estaba segura de que me escuchó.
Comenzó de nuevo con los besos suaves, me miraba y me perdía en aquellos ojos verdes que me habían cautivado desde siempre. Levantó mi polera y me acercó a él tomándome firmemente por la cintura, en el intertanto, aproveché para pasar mis dedos por su cabello, acariciar sus hombros y aflojar la corbata hasta sacarla, sonreía, siempre que le sacaba la corbata tenía la misma reacción, según Edward era mi plan malvado para hacerle cosquillas.
Cuando nos quedamos sólo con nuestra ropa interior, nos acercamos a la cama y Edward hizo que me recostara, me ruboricé, parecía como si hubiese sido la primera vez que estaríamos juntos, porque todo lo que hacíamos era con mucha dulzura, todo fue avanzando y sin duda todos esos recuerdos hacen que vuelva a sentir esa cantidad de emociones que nos rodearon, entre uno y otro "te amo", llegamos al final.
Abrazados nos quedamos dormidos, irradiando felicidad y pese a todas las dificultades que habíamos tenido, todas las tristezas, sabíamos que este era un nuevo comienzo, que hacía que estuviéramos cada vez sanando nuestras heridas internas.
Unos días más tarde, Edward me dijo que tenía que ir de gira comercial por Europa y que en dos semanas volvería; era algo urgente, con la crisis económica mundial que existía no podía dejar que bajaran las acciones de su empresa, yo lo entendí porque yo también tenía planes para salir de viaje.
—Amor, ¿puedo ir a Forks? —Edward me miró como si le hubiese dicho algo completamente irracional, y le conté el motivo—. Es que unos días atrás soñé con un pequeño niño en el cementerio de Forks, que me llevaba de la mano a ver la tumba de Mathew —Edward se estremeció ante el nombre de nuestro angelito—. Ese niño me preguntó "¿mami cuando me vas a venir a ver acá donde estoy descansando?" —Edward estaba con esa mirada de meditación, lo dejé tranquilo, pues cuando desperté me quedé de la misma manera.
— ¿Estás segura de que puedes ir sola? —me preguntó.
—Charlie me acompañará. —Mi padre era quien se había tenido que encargar todos esos meses de la tumba de Matt, pues mi estado de depresión hizo que Edward adelantara el traslado hacia San Francisco después de que pasó un poco más de un mes después de la pérdida, desde ese día me daba pánico entrar al cementerio y recordar todo, pero ese sueño cambió un poco mi punto de vista e hizo que me arrepintiera.
Mi papá se alegró cuando dije que lo iba a ir a ver, pero también me preguntó, indirectamente, si estaba preparada para volver a Forks después de todo lo que sucedió, pero la necesidad de sanar heridas me llamaba, algo en mi corazón me decía que tenía que ir a ver la tumba de Matt y el sitio donde ocurrió el accidente.
El día en que mi marido se iba al extranjero viajaría yo para Forks, así la espera se haría más corta, estaría ahí una semana y después volvería, si del trabajo me necesitaban, haría las recepciones y ediciones de libros desde mi computador, ya lo había hablado con Philip, mi jefe de la Editorial.
El día en que fui con mi padre a visitar a Matt en el cementerio curiosamente salió el sol, cuando vi la tumba estaba adornada con un ángel y una banca que no había visto la última vez que lo vine a ver.
—Le compré ese angelito, espero que te guste.
—Papá, tú tienes más derecho que yo sobre la tumba de Matt, lo cuidaste y yo no lo hice —las lágrimas comenzaron a caer, y mi papá me abrazó.
—Hija no te culpes, el dolor que sentiste y que poco a poco está disminuyendo no te dejaba venir y yo creo que Matt sabe todo lo que te sucedía —me separé y coloqué las flores —tu angelito sabe que tú lo quieres y que es difícil para ti estar acá, además, mientras pueda hacerlo, yo vendré por ti—. Charlie no era muy expresivo y sé que lo hacía de corazón así que con un abrazo le agradecí sus palabras.
Después de la ida al cementerio, mi papá me dejó en casa, en la cochera estaba mi viejo Chevy, mi papá lo llevaba donde su amigo el mecánico de los policías para que cada cierto tiempo lo ajustara, quería ir al claro además de pasar por el sitio donde ocurrió la tragedia y aunque doliera iba a ser parte de mi cicatrización interna.
En la noche Matt me vino a ver a mis sueños, mi angelito estaba agradecido porque pude enfrentar mis miedos, yo estaba sentada en la banca que mi padre había mandado a colocar, Mathew me abrazaba y me decía que él iba a sanar poco a poco el dolor que tenía mi corazón, además dijo que cuando él pudiera vendría a verme y a pesar de que era un simple sueño, mi corazón creía que mi angelito quería verme bien.
El día pasó rápido, así que comencé a preparar la cena mientras mi madre tejía una cartera de lana, entre estos días que había estado acá me percate de que el hobbie que tenía ahora era tejer, pero daba por sentado de que en un par de días lo cambiaría por otro, sonreí.
Después de que volví a San Francisco, y estaba ansiosa por ver si tendría o no mi anhelado bebé, llamé a Andy, mi hermano, le conté que necesitaba que me tuviese reservada la última hora del día viernes y el motivo por el cual quería esa cita médica, él me aconsejó que me mantuviese tranquila y que cualquier cosa que pasara él estaría a mi lado, como siempre.
Agradezco a todas aquellas personas que le han dado una oportunidad a este fic, a todas ellas un abrazo enorme.
