Por fin! el segundo capi! Lo siento mucho, la historia empezó a irseme de las manos y después tuve problemas con el ordenador... Así que ahora que ya está todo (más o menos XD) solucionado cuelgo el capi o empezará a ser ya demasiado tarde! XD
Espero que os guste~
2.-
Los últimos retazos de sueño aun nublaban la mente de Doof, por lo que el chico no podía asegurar si ese cosquilleo en el estómago y ese calor que empezaba a apoderarse de él, eran fruto de la realidad o del sueño. Y quizá mejor no saberlo, por qué si iba a despertar en su apartamento, solo, con una imponente erección entre las piernas y el recuerdo de Perry sobre él, mirándole con deseo y sonriendo seductoramente, prefería esperar a que la ilusión acabara por si sola. Alzó un brazo para rodear el cuello del chico y enterrar los dedos en su cabello despeinado, mirándole a los ojos y esperando a que se acercara para poder besarle. Sus labios entraron en contacto y el calor que sentía en el bajo del estómago empezó a extenderse por cada recoveco de su cuerpo, su otro brazo se coló por debajo de la camiseta de Perry y empezó a acariciar la suave y cálida piel, desviándose de vez en cuando al costado para poder sentir las leves protuberancias de las costillas que se le marcaban. Se separaron para tomar aire y Doof sonrió, acariciando la mejilla de Perry con la mano que había tenido en su cuello, repasando el contorno de sus labios con atención y admiración, rojos y brillantes. Fue entonces que se dio cuenta.
-No estoy soñando.
-No, no lo estás —contestó Perry con una sonrisa.
-Bien.
Doof alzó el cuello y volvió a besarle, más apasionadamente que antes y bajando las manos por sus costados, arañando con algo de fuerza por encima de la camiseta. Paró al llegar a sus caderas y entonces presionó para indicarle que se dejará caer sobre él, que quería sentir todo su cuerpo encima suyo; peso, calor, y otra erección junto a la suya que le aceleró la respiración e hizo que sus caderas cobraran vida propia, empezando a moverse para crear fricción, chispas de deseo que le hicieron gemir cuando Perry empezó a moverse sobre él también.
-Shht… —susurró el chico mientras le besaba la mandíbula y bajaba por su cuello— No queremos despertar a nadie, ¿cierto?
-No…—contestó Doof con dificultad, negando también con la cabeza para dejar claro el mensaje.
Perry sonrió y volvió a besarle, haciéndose con el control instantáneamente y distrayendo a Doof de lo que hacían sus manos. Éstas fueron bajando poco a poco por el pecho del chico, acariciando los pezones que se marcaban bajo la camiseta y bajando hasta donde ésta, arrugada y alzada, dejaba al descubierto parte del estómago de Doof. Poco a poco colocó las manos en las caderas del chico, acariciando y rascando con suavidad la piel justo encima de la goma de los pantalones para después empezar a bajarlos. La táctica de distracción finalizó en ese momento y Doof acabó el beso, abrió los ojos y sin decir nada alzó las caderas para facilitarle la tarea. Perry besó suavemente a Doof en los labios una última vez y empezó a bajar por su cuello, alzó la camiseta del chico hasta las axilas y besó también su pecho, recorriendo un camino hacia el sur con deliberada lentitud pero sin detenimiento, hasta encontrarse con el pene erecto de Doof, sobre el que depositó un suave beso y sopló con delicadeza, provocando al chico un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Perry agarró el miembro por la base y empezó a lamer la punta.
Doof recordaba la primera vez que había recibido una felación; había sido por parte de Charlene y acabó siendo algo extraño y no demasiado placentero, por suerte había mejorado. Y por supuesto, recordaba la primera vez que Perry se había agachado y había envuelto su erección en aquel calor ardiente y húmedo que le impedía mantener los ojos abiertos y le dificultaba la respiración. Hacía poco más de un mes que estaban saliendo y Doof había empezado a dejar atrás los miedos que le habían acechado al inicio de la relación. Había sucedido en un día como cualquier otro, los dos chicos sentados en el viejo sofá de su apartamento, mirando una película después de comer pero sin prestarle atención realmente. Doof miró a Perry, éste se giró hacia él, empezaron a besarse, se quitaron las camisetas, y de repente Perry le bajó la bragueta y empezó a masturbarle. Hasta allí nada del otro mundo, pero entonces el chico se bajó del sofá, se colocó entre las piernas de Doof y antes de que éste pudiera decir nada un placer como el que no había sentido jamás le hizo cerrar los ojos, callar y disfrutar.
Ahora pero, parecía que era imposible callarle. Trataba de respirar acompasadamente, calmarse y poder silenciar los gemidos y jadeos que se le escapaban sin control, pero no podía. Cerró los ojos con fuerza y se puso el brazo sobre la cara, mordiéndose la muñeca mientras la otra mano acariciaba el cuello de Perry y jugaba con la suavidad de su cabello. Estaba muy cerca, lo sabía, y al parecer Perry también, por qué aumentó la velocidad y la presión al succionar y en pocos segundos Doof estaba tratando de apartarle sin resultado y dejando caer el brazo sobre la cama, la boca abierta en un grito silencioso de placer.
-Creo que tendrás que ponerte una de tus muñequeras por unos días si quieres disimular estas marcas… —oyó que decía una voz divertida— aunque si así la gente ha de creer que son mías puedes dejarlas al descubierto.
-Hm… —dijo Doof abriendo los ojos y encontrando a Perry a su lado, acariciando la muñeca herida con una sonrisa— ¿para que crean que eres un caníbal?
-Para que sepan que eres mío —contestó besándole la punta de la nariz —¿vamos a la ducha? Así podremos tomarnos nuestro tiempo… —dijo mientras guiaba la mano de Doof en la que aun tenía su agarre hacia su ignorada erección.
Después de una larga ducha que no engañó a sus compañeros pero sí les molestó y traumatizó de por vida, Doof y Perry se vistieron y se ofrecieron a preparar el desayuno como muestra de arrepentimiento.
-Si encuentro algo sospechoso en la ducha, vais a ser vosotros los que sufran, por qué no voy a volver a entrar allí en lo que queda de vacaciones —dijo Buford antes de entrar al baño y cerrar la puerta con fuerza. Un escalofrío les recorrió la espalda a todos y Perry y Doof sintieron las miradas de reproche que les dirigían sus amigos.
-Ahora va a estar de mal humor todo el día —se quejó Baljeet— y seguro que lo paga conmigo, jugando a ahogadillas en la playa…
Junto con el desayuno, prepararon también los bocatas para la comida. Aquel día iban a ir de excursión, una pequeña ruta por la costa y los bosques de pinos que la recorrían hasta acabar en una pequeña cala donde comerían y pasarían la mayor parte de la tarde jugando en el agua, descansando y tomando el sol. Doof, aunque ya no tan pesimista como la mañana anterior, seguía sin estar del todo seguro de que ese día continuara avanzando sin problemas así que por si acaso, antes de salir del bungalow, se puso medio bote de crema solar por los brazos, piernas, cara y cuello.
Phineas encabezaba la marcha, con el mapa guardado en el bolsillo lateral de su mochila y comentando cualquier cosa que le llamara la atención; la vegetación, las nubes, los pajarillos que iban y venían. Ferb, como siempre, caminaba tranquila y silenciosamente, asintiendo a lo que su hermano decía y tan solo añadiendo pequeños comentarios de vez en cuando que les dejaban a todos asombrados por lo filosóficos que podían llegar a ser. Buford parecía haberse calmado y jugaba con una rama larga y huesuda que había encontrado nada más empezar y que utilizaba para zarandear los arbustos en busca de serpientes. Baljeet, cámara de fotos en mano, iba fotografiando todo cuanto encontraba frente a él como práctica antes de empezar el cursillo de fotografía al que se había apuntado ese verano. Perry y Doof formaban la cola del grupo, caminando el uno junto al otro y observando a sus amigos en silencio, de vez en cuando comentaban alguna cosa en voz baja y otras opinaban en voz alta a lo que fuera que los demás estaban discutiendo. En general, aquella excursión estaba resultando tranquila, relajante y con unas vistas preciosas.
A media mañana encontraron un grupo de niños descansando en uno de los claros junto al camino. Todos llevaban un pañuelo amarillo con el borde naranja alrededor del cuello y estaban comiendo bocatas y galletas o bebiendo agua de sus cantimploras.
-¿No son estos los colores de los fireside? —preguntó Baljeet mientras les hacía una foto sin que dichos niños se percataran.
-Justo entonces, de detrás de un árbol, salió Isabella seguida de su amiga Ginger.
-¿Ya habéis descansado? ¿Preparados para seguir?
-¡Isabella! —saludó Phineas acercándose a las chicas.
-¿Phineas? ¿Qué hacéis aquí?
-Estamos de excursión, hemos decidido pasar unos días en el camping de la playa.
-Vaya, no tenía ni idea. Nosotras estamos haciendo de monitoras del campamento de verano. Estos son nuestros niños. ¡Niños, saludad a nuestros amigos!
Todos los niños, a coro, saludaron a los recién llegados y estos les devolvieron el saludo con una sonrisa. Excepto Doof, a quien una niña morena de no más de trece años se le había acercado y le miraba fijamente sin casi parpadear.
-¿A dónde vais? —preguntó Ginger mientras se colgaba la mochila de los hombros.
-A la cala que hay tras el bosque —contestó Baljeet apartando la cámara de fotos de sus ojos por primera vez desde que habían empezado la excursión.
-Oh, entonces podemos ir juntos durante un rato si os apetece, nosotros vamos a las ruinas de la iglesia, junto a las cuevas.
-¿Qué os parece, chicos? —preguntó Phineas a sus amigos.
Todos asintieron y así, niños y jóvenes, reprendieron el camino por el bosque. Perry buscó con la mirada a Doof y le encontró frente a la niña morena, los dos mirándose a los ojos fijamente como si de un concurso se tratara, de aquellos en los que pierde quien ríe primero.
-¿Doof, nos vamos? —preguntó con cautela. El aludido se giró de repente, como si hubiera estado inmerso en un poderoso trance y la voz de Perry le hubiera despertado.
-¡Has apartado la mirada! Has perdido —dijo la niña sacándole la lengua.
-Ehm… sí, nos vamos —dijo Doof con un deje de vergüenza en la voz y apresurando el paso para alcanzar a Perry.
La niña, en vez de volver con sus amigos, siguió a Doof. Imitando su manera de andar e incluso encorvando los hombros. El chico no sabía qué hacer, así que se dirigió a Perry y empezó a hablar de los deberes de verano y las lecturas que los profesores les habían mandado. Por suerte, Perry pareció darse cuenta de a qué venía el tema de conversación tan poco apropiado durante unas vacaciones, y sin decir nada al respecto siguió la conversación de su novio. Si con aquello Doof había pretendido aburrir a la chica y hacer que les dejara en paz, no lo había conseguido, pues la chica empezó a tirarle de la camiseta demandando su atención.
-No me has dicho como te llamas, y eso es de mala educación. ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Lidia —dijo la chica tendiéndole la mano. Doof se la quedó mirando entre enfadado, cansado y sorprendido. Tras suspirar sonoramente le estrechó la mano, mejor acabar pronto con toda aquella pesadilla surrealista.
-Heinz Doofenshmirtz.
-Duufe… Dooshf… ¡Es muy complicado! Te llamaré Heinz.
-¡No!
-¿Por qué no? —preguntó Lidia con verdadero asombro en la cara.
-Por qué… —¿Cómo se le decía a una niña pequeña que así era como te llamaba tu novio, y solo en los momentos más íntimos? —Por qué no me gusta.
-Puedes llamarle Doof —intervino Perry con una amplia sonrisa— Así le llamamos todos.
Lidia miró a Perry fijamente por largo rato y finalmente, alzando la cabeza altivamente dijo:
-Eso iba a hacer, y nadie te ha preguntado. ¿Y quién lleva sombreros a flores a estas alturas? Hace años que pasaron de moda… —criticó señalando el gorro que Perry llevaba puesto, negro con un motivo de hibiscos blancos.
Perry se quedó con la boca abierta ante aquel comentario y fue el turno de Doof de sonreír divertido. Era injusto que fuera él el único que tuviera que aguantar a la niña esa. Por suerte, llegaron al cruce en el que los dos grupos se separaban.
-Chicos, decid adiós a nuestros amigos.
Los niños dijeron adiós a los cuatro amigos con los que habían estado hablando durante el corto camino compartido y Lidia, en vez de hacer lo mismo, volvió a tenderle la mano a Doof.
-Adiós Doof.
-Eh… Adiós —contestó el chico estrechándole una vez más la mano.
Lidia se separó de él y antes de girarse e ir finalmente con sus amigos le sacó la lengua a Perry.
-¿Qué le has hecho a la pobre niña? —preguntó Baljeet al verlo.
-¡Nada! Está loca, me odia sin sentido.
-Creo que estaba celosa, claramente le gustaba Doof.
Todos los chicos se giraron hacia Ferb, quien ni se inmutó ante sus caras de asombro.
-No importa, sigamos con la excursión —dijo Phineas encabezando una vez más el grupo.
-Has oído, tenías una fan —le susurró Perry al oído.
-Y tu gorro está pasado de moda.
Perry se hizo el ofendido, frunciendo los labios en un puchero que inevitablemente atrajeron a los labios de Doof para besarlos.
-¿Por favor chicos podemos continuar? Ya hemos tenido suficiente esta mañana —les llamó la atención Buford.
Perry y Doof se separaron y siguieron a sus amigos, Doof murmurando en voz baja:
-Si mi borra-la-memoriainator fuera real…
Llegaron a la cala poco después del medio día, una preciosa curva de arena dorada y agua en calma para ellos solos. Dejaron las mochilas a la sombra de unas rocas y tendieron junto a ellas las toallas. Se quitaron la ropa, y una vez en bañador corrieron hacia el agua fresca de cabeza, haciendo así desaparecer de sus cuerpos el sudor y el polvo del camino. Incluso Doof agradeció la frescura del agua y los minutos de relax que le fueron concedidos mientras se dejaba llevar por la corriente tumbado sobre las suaves olas. Acabado ese pequeño descanso, Phineas fue a buscar la pelota inflable que había traído y se pusieron a jugar con ella; lanzándosela con fuerza los unos a los otros, bajando el bañador al enemigo para impedírselo, subiéndose los unos a los hombros de los otros para ganarles ventaja.
Comieron sobre las tollas, dejando que el sol secara el agua salada con sus poderosos rayos y agradeciendo que la sombra de las rocas hubiera ayudado a conservar el agua medianamente fresca. Mientras comían pasaron varias personas por la cala, pero nadie se les unió, algunos les saludaron y otros les miraron reprobadoramente, quizá pensando que iban a ensuciar su preciosa playa. Así pues, tras acabar con los bocadillos, las bolsas de patatas y la fruta, lo recogieron todo en una de las bolsas de plástico que había contenido la comida, y lo guardaron todo de nuevo en la mochila de Ferb.
Mientras hacían la digestión Buford y Phineas se fueron a dar una vuelta por los alrededores y Perry, Doof, Baljeet y Ferb se quedaron jugando a cartas. Pero el sol brillaba con fuerza, la comida era digerida con diligencia y el cansancio de la mañana empezaba a hacer mella en Doof, así que acabada la partida —que ganó, por una vez en su vida— decidió tumbarse bocabajo en la toalla y dormir por un rato.
Le despertaron unas manos a su espalda, esparciendo algo fresco y espeso, masajeando con delicadeza. Sin poderlo evitar dejó ir un leve gemido de placer y se negó a abrir los ojos. Sabía que estaba en la playa, con Perry y sus amigos, que debía de ser ya tarde, pero se estaba tan bien…
-Esperemos que haya llegado a tiempo con la crema, no queremos que te vuelvas una gamba y después empiece a caérsete la piel — le susurró Perry al oído.
-Tú sí que sabes como despertar a la gente con ánimos y alegría, cariño.
Eso último, el apelativo cariñoso, se le había escapado, corriendo rápido y silencioso como un ninja de su cerebro a sus labios sin que tuviera tiempo de detenerle. Sintió que Perry estaba tan sorprendido como él, sus manos había parado de masajearle los hombros y Doof podía sentir la incerteza empezando a irradiar de su cuerpo.
-Sabes que si no estuviéramos en un sitio público, rodeados de amigos que ya tienen suficiente material con el que hacernos la vida imposible, no sería esta la manera en la que te despertaría —contestó Perry de nuevo en un susurro, esta vez mucho más grave que la anterior. Y mordiéndole la oreja, añadió— cariño.
Doof giró el cuello para besarle, una sensación cálida e indescriptible esparciéndose por todo su cuerpo. En los meses que llevaban juntos nunca habían utilizado motes más allá de Doof, no se habían llamado nombres que no fueran Heinz y Perry, los sobrenombres cariñosos parecían ser algo para las películas y las demás parejas. Ahora pero, al recibir aquel afectuoso apodo, Doof entendía porqué la gente lo utilizaba. Y esperaba que a partir de entonces, él y Perry pudieran seguir investigando ese camino. Justo cuando sus labios se posaron sobre los de su querido novio, oyó quejarse a Buford, así que tras suspirar internamente se separó y volvió a tumbarse.
-En serio chicos, controlaos un poco.
-Déjales, Buford. Que tú no tengas novia no quiere decir que tengas que pagarlo con ellos dos.
La vuelta al camping pasó con mayor rapidez que la ida, y por suerte no encontraron más niñas pequeñas que se sintieran fascinadas por Doof. Cuando pasaron por la casita de información, vieron que en uno de los corchos, rodeado de anuncios de tiendas y mensajes varios, había un panfleto que informaba de una maratón de películas de X-men aquella misma noche.
-¿Iremos? ¿iremos? ¿iremos? —empezó a cantar Perry con los ojos brillantes de emoción, como si fuera un niño pequeño el día de Navidad antes de abrir los regalos. Doof le miró con expresión seria durante largos segundos, debatiéndose entre ceder sin resistencia y entre hacer entender al chico que no hacía falta, ¡se sabía los diálogos de memoria!
-Es esta noche a las diez —dijo de repente la chica que había tras el mostrador con una sonrisa— en el bungalow frente a la piscina.
Perry ensanchó la sonrisa, si es que eso era posible, y miró a sus amigos con anhelo.
-Yo paso, las vi en el cine y tuve suficiente —dijo Buford reprendiendo la marcha hacia el bungalow.
-Yo quería mirar como han quedado las fotos que he hecho en el portátil… —se excusó Baljeet.
-Yo solo quiero ver la primera, así que os acompañaré —dijo Phineas. Ferb se encogió de hombros y Doof suspiró al verse derrotado.
-Entonces os guardaré cuatro sillas —dijo la chica aun con la sonrisa en los labios — ¡hasta la noche!
-Adiós — se despidió Perry.
Y porqué Doof era un muy buen novio que hacía lo imposible por su pareja, incluso ver las mismas cinco películas una y otra vez y una vez más —y por muchos Hugh Jackman que salieran, Hale Berrys o Michael Fassbenders llegaba un punto en el que uno ya no podía más— intercaló sus dedos entre los de Perry, bien a la vista de la chica, para que le llegara bien claro el mensaje. Ese friki de los superhéroes, agentes secretos y vigilantes del bien era suyo, del —futuro— Doctor Heinz Doofenshmirtz. Y de nadie más.
continuará...
Qué os ha parecido? XD
por si acaso, que conste que los comentarios sobre X-Men son bienintencionados, a Doof pueden no gustarle pero a mi me encantan XD
Muchisimas gracias por los comentarios y los favoritos! ^^
Niea.
