Creo que lo más lógico es poner este fic como secuela del original... y asumir que SwanQueen Still Endgame es un Spin-Off... así que en eso me voy a basar, ¿Vale?
Bueno, todo a su tiempo, Kykyo... todo se andará.
Bueno... esa es la idea, Gorgino. Es una secuela, después de todo.
dcromeor... se me fue con la otra... la verdad, no sé qué me pasó. Quise hacer una historia bien construida... con drama y era una tontería para esta trama. QUE RETORNE EL HUMOR ABSURDO.
Jennifer Morrison
Tenía la vista fija en la pantalla, con lágrimas en los ojos. Había llamado a Lana y ella había acudido al escuchar mi tono. Se sentó a mi lado y me rodeó con los brazos.
_ Tú también lo has visto._ Sollocé._ No estoy loca, ¿Verdad?
_ No… es él._ Dijo en un susurro._ Está claro que es él.
Recordaba cómo había acabado… el desastre cuando habíamos acabado dentro de un capítulo de expediente X. Había habido un tiroteo y había muerto. Pero ahora… de alguna forma… estaba allí. El episodio que en su momento rodamos no se emitió. Y nadie parecía recordar nada de lo sucedido… nadie salvo Lana y yo. Por un tiempo llegamos a pensar que se trataba de un sueño que habíamos compartido. Pero ahora… ahora estaba volviendo a pasar.
_ Ni siquiera sé cómo se llama de verdad._ Suspiré._ Siempre le llamé… bueno, Regina. ¿Crees que se acordará de mí?
_ Bueno…_ Me miró, cogió mi móvil y me lo pasó._ ¿Por qué no se lo preguntas?
_ ¿Cómo?
_ Tiene Twitter. Y Skype._ Dijo._ Al menos lo tenía… la otra vez.
Cogí el móvil, y busqué la cuenta de Twitter que Lana me indició. No quería perder la esperanza. Lo había superado, o eso me decía. Había declarado mi profundo odio a todo lo que tuviese que ver con SwanQueen, y me había esforzado por dar credibilidad a mis actuaciones con Colin para acabar la serie con dignidad.
Emma Swan
Me había quedado dormida. Debía pasar de mediodía. Por otro lado, yo no tenía ningún trabajo. Me fijé en que la pantalla de mi móvil estaba iluminada. Tenía un mensaje directo en Twitter. No había comentado nada y sin embargo, era de Jennifer Morrison. Por algún motivo esperaba alguna crítica.
No sé si puedes recordar lo que vivimos juntas. Ni siquiera sé si eres tú. Pero… no puedo soportar la idea de que hayas muerto. Por favor, llámame.
Fue un instante extraño. Ya recordaba aquella situación… y sin embargo, el ser consciente de había pasado, de algún modo, me produjo una sensación de vacío. Cogí el teléfono y marqué el número que me había dado Jennifer, algo tenso.
¿Hola? ¿Quién es?
Soy… bueno, Emma.
¿Eres tú? Por favor… dime que eres tú. Dime que estás vivo.
Sí… soy yo._ Sonreí involuntariamente._ No sabía que me recordaras… yo… pensé que me habías olvidado.
Lana y yo nos acordábamos de ti. Llegamos a pensar que estábamos locas.
No sé… es todo muy confuso. He estado… fuera. Yo también creí que soñaba.
Así que vas tras Regina…_ Susurró, afectada._ ¿Ya me has olvidado?
No… yo… Creo que rompimos el orden natural de las cosas cuando salí.
Sí… creo que sí._ Jennifer suspiró_ Sabes… me gustabas mucho. Al saber que habías muerto… bueno, perdí la cabeza. Me alegra que estés bien.
Gracias, Jenny._ Me incorporé sobre la cama._ Sabes, es muy raro mirarme al espejo y verte a ti… después de lo que vivimos.
Te ayudaré._ Dijo, con voz trémula._ A conquistar a Regina. Por los viejos tiempos.
Pero si eres mi ex…_ Crucé las piernas._ ¿Es apropiado?
Quizá Lana te ayudara a conquistar a Regina en tiempos de paz… pero esto es la guerra, Emma. Me necesitas.
Regina Mills
Cuando desperté aquella mañana, tuve el presentimiento de que había algo que no marchaba como debía. Mi despertador no había sonado, pasaba del medio día y la luz ya había llegado hasta lo más profundo de mi habitación. Me puse en pie y comprobé que la alarma de mi reloj estaba apagada.
_ Henry…_ Murmuré.
Todo aquello apestaba a Henry. Mi primer comportamiento fue dirigirme directamente a su habitación, que efectivamente estaba vacía. Cerré el puño y lancé un quejido mientras bajaba escaleras abajo. Se me pasó por la cabeza llamar a Graham. Pero no tardé en pensar que era un inútil… no iba a servir de nada solicitar su ayuda.
Emma Swan
Después de terminar la llamada de Jenny… lo cierto es que estaba algo confuso. Pero había llegado a un acuerdo claro. Yo no iba a poder salir de ese mundo, de forma que volver a su lado era imposible. Y lo cierto es que no podía evitar sentirme algo quemado por ello. Y a pesar de todo no podía evitar pensar que era algo que había sucedido hacía mucho tiempo… como si estuviese desconectado de aquellos sentimientos.
Y entonces… alguien golpeó la puerta. Me acerqué y abrí… y bueno… dejé todos los recuerdos a un lado. Joder, Regina… Ponte un cascabel o algo… no puedes ir con esa sexicidad a cuestas y no avisar… Que hay gente que tiene el corazón delicado y puedes acabar provocando una masacre.
_ Señorita Swan._ Me saludó._ ¿Puedo sugerirle que se ponga los pantalones?
La verdad es que… siendo yo mismo siempre me he preocupado porque nadie me vea destapado en parte siquiera… algo que por cierto hace que lo pase mal en verano… pero… ¿Siendo Emma Swan? Admito que me resultaba difícil pensar en esas cosas. Era un cuerpo tan cómodo como atractivo y no me preocupaba que me vieran las cinceladas piernas.
_ Bueno… si le resulta incómodo… me los pondré._ Le dije con una sonrisa conciliadora.
Ella alzó las cejas pero sentí su mirada clavada en mí mientras me ponía los pantalones… Usted observe el género todo lo que quiera alcaldesa… que yo estoy encantado. Ya con los pantalones puestos me acerqué, mirándola. Tener la misma altura me daba la excusa perfecta para mirarla a los ojos todo el tiempo.
_ Henry ha decidido tomarse la mañana libre del mismo modo que la noche._ Comentó, con fuego en la mirada._ Lo cierto es que se me pasó por la cabeza que estuviese con usted.
_ No… no podría._ Me pasé la mano por el pelo._ No le dije dónde venía.
_ Parece muy tranquila. ¿Sabe dónde está?
_ No._ Mentí… antes se me daba mal mentir… pero está claro que para Emma era algo automático._ Pero la ayudaré a buscar, abarcaremos más terreno.
Lo cierto es que me hubiera gustado buscarle con Regina, quizá entonces habría sido capaz de sostenerla a punto de caer y… ¡Céntrate, Swan!
En cualquier caso yo sabía exactamente dónde se encontraba Henry. Y era una suerte porque no sabría cómo usar mis "poderes Swan", para encontrarle. Le encontré sentado en su castillo. Distraídamente me senté a su lado y le miré.
_ ¿Estás enfadado por lo que te dije anoche?_ Le pregunté.
_ Tú no la conoces. ¿Cómo puedes estar tan segura de que me quiere?_ Me preguntó.
_ Porque sé cosas, Henry. Tienes que confiar en mí. Ella te quiere. Pero está asustada.
_ ¿Asustada? ¿De qué?
_ De mí… bueno, de la salvadora… y de que se rompa la maldición. Le preocupa lo que pase después.
_ Pero hay que romperla… esta gente está…
_ Y pienso romperla, Henry._ Le dije, mirándole a los ojos._ Pero tienes que confiar en mí.
_ ¿Cómo vas a romperla?_ Preguntó.
_ Bueno… ¿Cómo se rompen todas las maldiciones?_ Sonreí, sibilina y pícara.
_ Pues con un bes… ¿Vas a besar a alguien?_ Preguntó.
_ Bueno… primero tengo que conquistarla._ Dije, alargando mi sonrisa.
_ ¿A quién?_ Preguntó.
_ A Regina, claro.
Se quedó pálido como la ceniza, pero yo no pude evitar reírme. Vale, Emma es la madre del año y yo el padre del siglo, está claro que cuadramos bien juntos.
_ ¿A mi madre? ¡Pero si es malvada!_ Exclamó._ ¿Por qué ella?
_ El amor no entiende de esas cosas, Henry._ Le miré._ Digamos que en cuanto la vi… estalló la magia.
Regina Mills
Iba a matar a esa mujer. Cuando la vi llegar con Henry de la mano, riéndose, noté como la sangre me hervía en las venas. Estaba profundamente enfadada. Henry se fue derecho a su habitación, sin hablarme. Y eso elevó aún más la ira que estaba creciendo dentro de mí.
Emma Swan
Cuando Henry superó el mazazo de tener que imaginar a sus dos madres como pareja… bastante rápido, supongo que Regina había sido progresista en ese aspecto de su educación, no me costó convencerle de que escapándose no conseguiría nada. Que se mantuviera en mi cuarto y yo me ocuparía. Aunque cuando llegamos al porche de la casa la expresión de Regina me dijo que estaba jugando con fuego.
_ He tenido una conversación con el chico y…
_ Sí, ya lo imagino._ Dijo, Cortante.
Regina dio un par de pasos para acercarse a mí. Llevaba unos enormes tacones que me dejaban por debajo de ella. Se me extraño estar tan abajo, y desde aquel ángulo, Regina era más imponente incluso de lo normal.
_ Me gustaría dejar una cosa clara desde ya, Swan._ Dijo, mirándome fijamente.
_ Sí, claro._ Le dije.
_ Quiero que le quede bien claro que yo soy la madre de Henry._ Dijo, remarcando la palabra "Yo"_ No recuerdo haberla invitado a recuperar el tiempo perdido.
Conocía aquella charla y mi mente trabajaba a marchas forzadas para intentar no acabar en el inevitable final que yo sabía que ya tenía.
_ Yo sólo… quería ayudar._ Dije, con voz trémula.
_ Pues nadie ha pedido su ayuda._ Era inútil, Regina estaba fuera de sí._ Como se le ocurra interponerse entre mi hijo y yo… Juro que la destruiré aunque lo último que haga… sea eso.
Otras… ¿Me había orinado encima? No… no es orina… Es… bueno, otra cosa. ¿Eso es lo que se siente cuando mojas las bragas? ¿No tenía otra frase que pronunciar? Esa frase fue la que hizo que me enamorase de ella, maldita sea.
_ De verdad… Regina. No quería entrometerme entre Henry y tú._ Dije, mirándola._ Eres una gran madre y sólo… intentaba que Henry lo viera, es todo. No sabe la suerte que tiene.
Mis palabras lograron suavizar la implacable expresión de la reina.
_ Comprendo que quiera fijar límites pero no tiene que "Destruirme"_ Dije, haciendo las comillas en el aire._ Estamos del mismo lado.
_ ¿Del mismo lado?_ Enarcó una ceja.
_ Sí… quiero decir… yo sólo quiero que Henry vea la madraza que tiene, nada más.
Regina Mills
No sabía cómo sentirme. Emma Swan era una amenaza… debía serlo. Y sin embargo, hasta ahora todo lo que había hecho había repercutido positivamente en Henry. ¿Cómo odiarla en ese caso? Henry no había vuelto a mencionar esa historia de los cuentos de hadas desde que Emma le había traído en casa hacía dos días y lo único que hacía que podría considerar molesto era… bueno, preguntar por la rubia, que había cumplido escrupulosamente la petición de mantenerse alejada.
Petición que al parecer no se extendía a mi persona, porque Emma se sentó a mi lado, con su sempiterna sonrisa. Daba la impresión de que se alegraba simplemente de estar allí. Cualquiera pensaría que estaba en Disneylandia por cómo sonreía.
_ ¿Qué la insta a querer pasar tiempo conmigo después de cómo me he comportado con usted?_ Pregunté, mirándola.
Lo cierto es que sentía genuina curiosidad. A excepción de mi arranque de ira para con ella el resto del tiempo lo único que había mostrado había sido una fría cortesía lógica dado el caso en el que nos encontrábamos.
_ La lata.
_ ¿La lata?_ Pregunté, alzando una ceja.
_ Sí, esta lata._ Dijo, dejando una lata sobre la mesa.
En la lata de coca cola estaba escrito "Comparte tu coca-cola con Regina". Se me escapó una risotada, algo en el descaro que mostró me hizo imposible no hacerlo. Cogí la cola y le di un trago. Estaba fresca, eso sí que era cierto. Le hice un gesto de asentimiento y ella se acomodó.
_ Empiezo a pesar que tiene algún interés especial en mí… señorita Swan._ Le dije, mirándola con fijeza.
_ ¿Yo? Bueno, sólo quiero conocerla. Es la primera política honrada que he visto en mi vida. Una especie en extinción.
Sonreí ante su comentario. No sabía si honrada me definía… lo cierto es que no había robado el dinero de los contribuyentes… si se refería a eso.
_ ¿Tiene usted mucho trabajo hoy, alcaldesa?_ Me miró, alzando una ceja, con complicidad.
_ No… la verdad es que no._ Admití._ ¿Por qué motivo?
_ Me pregunta si querría enseñarle la ciudad a una forastera.
