- Psss…
- ¿Uh? - Pensó Estrella - ¿William?
- Psss… - alguien la llamaba... ¿sería él?
- ¡¿William?! - dijo ahora en voz alta, saltando de su cama...
- ¡Jovencita! Levántate, no vayas a llegar tarde con la señorita Mc Gonagall.
- Que… ¿qué?... - ¿de dónde venía la voz?
- Vamos, perezosa, levántate - miró a todos lados, pero se encontraba sola en su habitación...
- ¡¡Aahh!! -
No pudo evitar gritar de la impresión... Era… ¡un cuadro! ¡Una mujer en un cuadro le estaba hablando!
- Co… co… co co… ¿como es que tú hablas?
- Eh… soy parte de un cuadro. Umm… eres una niña muy curiosa. - más curiosa serás tú... - pensaba Estrella.
- Sí, pero… ¿como es que si eres un cuadro, puedes hablar?
- Ah, eres nueva en Hogwarts ¿no? - replicó la mujer del cuadro.
- Eh… sí.
- Lamento haberte asustado, mi nombre es Gabrielle, y vivo en este cuadro.
- Em… hola. - a la joven no se le ocurría qué más podía decirle a un cuadro.
- Y tú ¿quién eres?
- Soy Estrella, soy una estudiante de intercambio de la señorita Mc Gonagall.
- Oh, que bien. Pues apresúrate, que llegarás tarde donde la directora Mc Gonagall. Recuerda, a las 8 en la entrada principal del castillo.
- ¡Oh, gracias! Casi lo olvido.
Corrió al baño recién descubierto, se bañó con los jabones de diferentes colores y fragancias, y salió fresquísima y feliz de la ducha… como nueva. Se vistió rápidamente, y antes de salir, paró estrepitosamente.
- Y ahora cómo llego a la entrada...
- ¡¡Yo te llevo!! - repondió la chica del cuadro.
Lo había dicho en voz alta por casualidad, y resultó ser muy útil.
Gabrielle salió del cuadro, y Estrella casi se quedó sin aliento, llevando sus manos a su boca del asombro. ¡A dónde fue!
- Vamos ¡sígueme! - Gabrielle volvió, y le indicó que saliera por la puerta, apareciendo en un cuadro justo frente a ella. Así, fue apareciendo cuadro por cuadro, hasta llevarla a un lugar donde se veía una luz más fuerte…
- Ahí está la entrada al castillo. - le señaló la joven del cuadro - ¡Que tengas un buen día!
Y desapareció.
Ahora era su turno. Avanzó poco a poco, hasta que de pronto vio que la señorita Mc Gonagall ya estaba allí.
- Buenos días señorita Estrella. ¿Cómo pasó la noche?
- Pues… muy bien. - la chica todavía no sabía si todo esto era real o no, casi no sabía como responder.
- Que bueno, porque hoy será un día más emocionante aún que el de ayer.
Mc Gonagall hizo un ademán para que la siguiera, y caminaron con tranquilidad hacia afuera del castillo. El día estaba hermoso, y estaba excelente para estar al aire libre. Pronto llegaron hasta una mesa de vidrio y metal pintado de blanco, junto a dos pequeñas sillas a juego. Mc Gonagall se sentó.
- Vamos, siéntate por favor, no sientas vergüenza. - le pidió la directora a la chica.
- Oh, claro... Señorita Mc Gonagall, anoche estaba tan agotada que no pude agradecerle por la gran oportunidad que me ha brindado.
- No te preocupes, entiendo que eres una alumna privilegiada, es un honor tenerte aquí en Hogwarts, y… por favor, no me trates de manera tan distante, dime Minerva, mal que mal, hemos estado escribiéndonos tanto tiempo... ¡5 años! y espero que nuestra amistad fructifique más aún.
- Está bien, señ… Minerva.
- Muy bien. Tomemos desayuno. - le dijo la directora, guiñándole un ojo para que tuviera más confianza.
En la mesa aparecieron chocolate, té, café, huevos revueltos, todo lo que ella podría imaginar para tener un desayuno de reina.
- ¡OH! ¿cómo lo hace? - la joven preguntó encantada.
- ¿Cómo lo hace qué? - Mc Gonagall la miró extrañada.
- Aparecer la comida así. - este mundo todavía era muy nuevo para Estrella, y la sorprendía.
- En el piso de abajo están los elfos domésticos, y ellos suben la comida mágicamente. Dispuse esta mesa en las vacaciones, pues era muy triste tomar desayuno adentro, sola.
- Ya veo… yo nunca he visto elfos domésticos.
- ¿En verdad? - Mc Gonagall no acababa de sorprenderse.
- Sí, allá en mi país no hay. Ni en ningún país de América.
- Veo que tu realidad es muy diferente a la nuestra, tal como me dijiste en tus cartas…
Disfrutaron el desayuno charlando y riendo de las cosas que Estrella desconocía, Mc Gonagall intentando explicarle las miles de cosas que habían en el castillo, como los cuadros, armaduras, y peldaños falsos de las escaleras, hasta que fue hora de la primera clase.
- Muy bien, saca tu varita. - le dijo la profesora.
- ¿Varita? Yo no tengo varita.
Mc Gonagall quedó estupefacta.
- Entonces, ¿cómo hacen magia en Chile? - le preguntó maravillada.
- Pues… con las manos.
Estrella movió un poco las manos, y salieron unas chispas amarillas, formando la palabra ASI.
- Es realmente impresionante… - y de verdad estaba impactada - pero no sabría cómo enseñarte magia sin una varita. Tendremos que comprarte una…
No pudieron más que dejar la clase para otro día... Estrella estaba ansiosa por aprender, por lo que no se rendiría tan fácilmente, ni por no tener una varita, ni por no saber usarla.
El resto del día lo pasó algunos momentos sola, algunos momentos con su amiga Minerva. Por sus labores de directora, era natural que no pudiera estar mucho tiempo con ella, pero así tuvo la oportunidad de explorar el castillo. Lo que más le gustó del colegio fueron la biblioteca, y el lago… le recordaban a un lugar muy distante, más aún que su país…
Un rato caminando por el prado, quedó congelada como estatua. Al principio su cerebro no lo procesó, pero de inmediato supo lo que sucedía. Era… era él. Era William. Sus mismos cabellos rubios, y ojos brillantes… sus manos deslizándose suavemente en la guitarra como si la acariciara… Y una chica bellísima lo llamó…
- ¡Draco!
yyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy
Cap editado!
