Hola…! Un gusto en saludarles.
Aquí un capítulo más, espero sea de su agrado. Infinitas gracias por tomarse el tiempo para leerlo.
Me despido no sin antes desearle una excelente semana y que la luz de todo lo divino siempre guíe su camino.
***Hay saltos de tiempo.
***La fecha mencionada la elegí porque es la festividad del natalicio de mi madre, quién es una grande y fiera mujer.
La mujer que amo
Vol. 1 - cotilleo
Un día más de trabajo voy con tiempo de sobra así que aprovecho para ir por un descafeinado, donas y el periódico. Compro esos tres elementos tan indispensables para mi diario vivir, camino por inercia sin prestar atención a los demás transeúntes hasta que choco con uno de ellos. Varios papeles del particular vuelan por la acera por dicha el cartón del café cayó contra el asfalto y no sobre la dama a quien ayudo a juntar sus pertenencias.
—Siento mucho lo que pasó. —suplico reiteradamente.
—No se preocupe. Iba distraída.—comenta.
Con un rollo de hojas en una mano me aupo y de paso ayudo a ponerse en pie a la mujer. Me paralizo al reconocerla. Está más cambiada y en cuanto también me reconoce, su rostro se transfigura del bochorno a la sorpresa que siempre ocurre cuando se te encuentras con alguien que no has visto en años. Me hundo en sus ojos, son las mismas cuencas que una vez me miraron con la adoración de cualquier persona enamorada. —¡tiempo sin vernos!—acoto para cortar la tensión en el aire.
—¡Sí, así es!—musita y le devuelvo una sonrisa en agradecimiento a su apoyo a llevar la fiesta en paz.
—¡Ten!—le digo alcanzando sus documentos.
—¡Gracias!
La incomodidad se abre paso. —¿Cómo has estado?—inquiero con interés genuino.
—Bien. Todo marcha perfectamente conmigo, ¿Y tú? ¿Puedes decir lo mismo?
Una movida inteligente y no esperaba menos de ella. Esperó el momento justo en que bajé mis defensas para dar el zarpazo.—No me puedo quejar. —me animo a responder con mi clásico rostro en blanco para no levantar sospechas de todos los pensamientos que inundaron mi cabeza ante su voraz pregunta. Parece que ha logrado detener el paso del tiempo porque luce exactamente igual que tres años atrás. —Se nota más segura de sí misma.— Recuerdo su cabello rubio opaco desperdigado sobre las almohadas mientras la hacía mía. No tenía una melena tan leónica como mi mujer, pero siempre me pareció raro y bonito.
—Si tu lo dices...—añade con incredulidad ante mi comentario nada entusiasta con respecto a mi actual condición sentimental.—Voy tarde al trabajo—acota.
—¿Trabajas en el mismo lugar? si quieres te alcanzo. Me queda de camino.
—¡No es necesario! Sólo… saluda a tus padres de mi parte.
No hay que ser un superdotado para entender la realidad tras su negativa. Sus ojos son sinceros. Sé que me ha perdonado aún sin expresarlo, sin embargo, eso no significa un borrón y cuenta nueva, y que volveremos hacer los amigos de antaño.
—¡Se los diré! Fue bueno verte.
—¡Adiós! —musita estirando su mano para estrecharla, respondo a la despedida, y con ello, la rubia tomó su camino y yo el mío.
Llego a mi trabajo, deslizo la tarjeta que checa las horas de entrada y salida. Saludo a mis compañeros y al personal de limpieza. —Mi mente vuela al encuentro fortuito con mi ex.—abro mi despacho, enciendo el ordenador y lo primero que veo en el monitor es una notificación de correo. Es una invitación a formar parte del equipo de trabajo de prestigiosa transnacional, la cual creará su sede principal de operaciones en Konoha. El salario es bastante generoso, poco superior al que tengo, con el plus de una posibilidad de postulación al cargo de gerente general. Tecleo rápidamente una réplica donde agradezco su ofrecimiento, pero que declino de la misma.
Me siento en la silla ortopédica y analizo los documentos que mis secretaria me proporciona a mi llegada. No logro concentrarme, —¡Si tu lo dices…!—esa aniquiladora frase taladra mi cabeza. El tono dubitativo con que la dijo fue una clara señal de que sabe, en demasía, sobre mi caótica vida privada.—Mamá―zuzurro en cuanto capto quién pudo ser el cotilla, no es que mi madre lo sea, pero en definitiva adora a mi antigua novia, y cómo, desde nuestro rompimiento no volví a presentarle pareja alguna pues sea ha dado una idea totalmente tergiversada.
Ino me contó que la ingeniosa matrona Nara, la encaró para que le confesara si su retoño continuaba enamorado de esa chica; si era marica y no sabía cómo confesarles mi preferencia sexual o si mantenía una relación clandestina.—falló en las dos primeras.—Yamanaka pudo sortear el interrogatorio y tranquilizar a la fiera diciéndole, lo que ella nombró, "mentirita blanca",—"Shikamaru estuvo saliendo con una mujer muy guapa, pero no se concretó su relación, según me ha comentado quiere estar un tiempo soltero"—obviamente su favor fue recompensado con un Eau de parfum de los más finos y exquisitos.
Trato de enfocarme en las gráficas. —¡Disculpe señor Nara!—interrumpe mi secretaria. —Lo requieren en tesorería.
—Cierto. Hoy es la reunión administrativa, ¿La jefa ya llegó?
—No señor. De hecho se dio de baja y dio el aval para que sea usted quién la dirija.
Me parece extraño. Esa mujer ha venido a trabajar incluso con un catarro de muerte.—disculpa Mayko san, ¿qué día es hoy?—solicito a manera de confirmar mis sospechas.
—Exactamente la que usted está pensando.
—14 de mayo. —sentencio. Todos en la empresa sabemos que ella se da asueto para esta fecha,—¿la razón? es una incógnita.
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La dichosa reunión era de carácter informativo sobre los avances, desfases y procedimientos en la empresa. Disimuladamente entre explicaciones y discusiones de los representantes, envío un diluvio de mensajes de texto a tu número, más no recibo contestación de tu parte. Las horas transcurren lentamente, las tripas me crujen, alzo mi mirada hacia el reloj de pared y me avisa que es hora de merendar.
Me levanto del escritorio, tomo mi móvil para verificar —Nada.—siempre es así, para esta fecha desapareces sin dejar rastro, tan así que ni el Ojo de Saruman es capaz de encontrarte. Ya mañana vuelves a tomar la silla presidencial como si nada hubiese pasado y sin dar explicaciones.
Camino con parsimonia hacia el comedor, el cual ya está abarrotado de colaboradores que se prestan a tomar sus alimentos—tu misión de subsidiar la comida a los empleados fue excelente—no fue del agrado de una parte de los accionista, pero lograste convencerlos; ahora muchas personas degustan manjares sin sacar una peseta de sus bolsillos. Oteo el rededor, algunos comensales comen como desaforados, otros se entretienen con tertulias, y otros como yo, hacemos la fila en el auto servicio.
Sostengo mi bandeja con raciones. —¡Por aquí, Shikamaru!—chilla Akiyama, mi confidente dentro de la empresa. —voy hacia él, quién se encuentra sentado en el sector más alejado, el cual, prefiero porque está cerca de la puerta de emergencias por donde puedo camuflarme a la salida por un cigarrillo. Saludo al personal ahí sentado, intercambian palabras, es obvio que no esperaban mi presencia, al fin y al cabo formo parte de la élite jerárquica. —¡No se asusten!, al igual que ustedes muero de hambre y les pido que continúen en lo suyo. Es hora de llenar la panza y descansar, ¡disfruten!—operación sin éxito. Los ocupantes de la mesa se dispersaron disimuladamente hasta quedar únicamente el castaño y yo.
—Lo intentaste viejo, pero es lógico que es incómodo comer al lado de uno de los jefes, más si el tema de conversación es sobre la empresa, específicamente de la "Princesa de hielo".
Princesa de hielo, era una de las tantas formas despectivas de llamar a la dueña y señora de este imperio a sus espaldas. —Bruja, Dama de hierro, Señora Iceberg, Zorra imperial, son algunos más que he escuchado. —¿Y de qué hablaban?—curioseo aunque el castaño duda en relatar.
—Corren apuestas.
—¿apuestas?
—Sí. Es acerca de la extraña y rutinaria huída de la jefa cada 14 de Mayo. Los hombres creemos que se va echar una cana al aire con algún magnate. Concluimos en que seguro es la amante de un vejete acaudalado que le suelta buen billete por polvo.— Por poco me ahogo con el trozo de pollo que masticaba. —¿mejor?, pregunta Akiyama alcanzando un vaso de agua.—asiento con dificultad y tosiendo: ¿y las mujeres? ¿sobre qué apuestan?
—Ellas son más básicas. Aseguran que aprovecha la llegada anual de algún reconocido cirujano plástico extranjero para hacerse uno que otro arreglito en el cuerpo. Pueda que tengan razón, ya tiene sus años encima y no los aparenta.
—Se rumora que se hará una rinoplastía. —intervino una mujer de la mesa contigua.—alcancé a escuchar sus comentarios y quise acompañarlos con el cuchicheo. Dicen que ahí donde la ven tan petulante, vive acomplejada de su nariz.— justifica.
Parvada de ignorantes. Su nariz es naturalmente simétrica a su cara. Si algo la acompleja de su físico, ¡y lo sabré yo!, por extraño que parezca son los dos eróticos hoyuelos que tiene al inicio de su cola.—farfullé en mi mente. —Permanezco en silencio. Esperando el momento óptimo para cerrarle la boca. —Y tú, ¿qué opinas al respecto Akiyama? ¿apostaste?
—Este santurrón jamás haría algo así,—interrumpe nuevamente la mujer—estaba solo sermonear a los chicos.
—No se trata de ser un santurrón. Simplemente soy del criterio de que si no me gusta que se metan en mi vida, no tengo porqué inmiscuirme en la de los demás. —Me calmó su salomónica forma de pensar, por un momento me preocupé en que había elegido muy mal su amistad.
—A mí tampoco me gusta el chisme.—defiende la señora.
—No. Sólo la entretiene, ¿verdad?—ironizo comenzando a cabrearme.
—¡Grosero!—exclama ofendida—lo que pasa es que quise aclarar sus dudas que es distinto. Y con ello, se levanta a dejar la bandeja haciendo un mohín de indignación.
—¡Disculpa, Nara! creo que ella es del departamento de aseo, sé que no hay que generalizar, pero es conocida la fama de lengua suelta que tienen. Dudo que sepa cual es el cargo que portas acá, para ella eres un operario del montón.
—Me repugna la gente con lengua viperina.—le digo mirando mis porciones con desgano. Lo sucedido me ha quitado el hambre.
Excuso mi repentino cambio de actitud y me levanto de la mesa sin terminar de almorzar. Subo a mi oficina y no detengo mis pasos hasta entrar al tocador privado abro el botiquín para tomar el frasco de antiácidos y tragar un par de píldoras. —Mascullo unas cuantas maldiciones al aire. — Maldigo mil veces mi impotencia.
No tengo derecho sobre ti. Soy un secreto. Un simple peón en tu juego de seducción y en cuanto te canses de este ajedrez sexual, seré reemplazado por un mozo más joven o experimentado. Se rumora que tienes una larga lista de hombres con quién te encamaste, pero ningún nombre específico.
Si tan solo mi relación contigo fuese oficial, podría mandar a callar a todos aquellos que se han atrevido a mancillar tu apellido.
Se rumora.
Se rumora.
Se rumora…
Pero, pero, pero...
Odio que murmuren mentiras acerca de ti. En su mayoría peyorativas aunque sé que tienes mucha culpa en ello con tu nada afable forma de ser y tu altivez. Lo que ellos desconocen es que es una simple fachada, no quieres involucrar los negocios con el placer, ni la empresa con tu vida privada. Ni de cerca les pasa tu labor altruista o que donas grandes cifras de dinero a varias causas nobles.
Ignoran lo cálida que puede ser tu compañía. Son ajenos a tus debilidades, creen que eres lo más parecido a un témpano de hielo. Que eres un ser carece de emociones.
Cronos sigue su curso y en manos de lo que se tarda en chascar los dedos, ya es la hora de salida, permanezco en la oficina terminando de completar los informes y pretendiendo exorcizar la mente de mi decepción. Cada dos minutos veo mi móvil, recibo una serie de mensajes en cadena ninguno de tu parte. Son las siete de la noche y me doy por vencido. Acomodo los folios y salgo del edificio, bajo al parqueo, estoy por llegar a mi coche, pero antes desconecto su alarma.
—¡Buenas noches, señor Nara! —saluda una ronca voz a mis espaldas. Giro para identificar al emisor.
—La señora me ha pedido venir por usted y sugerirle que traiga consigo muda de ropa para tres días y el pasaporte.
—Pues dile a la señora que lo siento, pero no iré a ningún lado. Muda y pasaporte. ¿Qué se creé? Que soy su perro faldero. ¡Eso está por verse!
—Si me permite señor. La señora se veía cabizbaja cuando se marchó. Sea donde quiera que haya ido, necesita de un hombro amigo. —sugirió el hombre de color.
Mi bravuconería se fue al traste al imaginarme a mi doncella en peligro.—Espero que no sea otra más de sus jugarretas.—amenazo. Después de todo soy hombre y no me daré por menos ante otro.
—¡Muchas gracias, señor!—agradece el fiel chofer.
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Me encuentro dentro de tu jet privado. Miro por la ventana, la oscuridad solo es opacada por las titilantes y lejanas luces de la ciudad. Pronto estaré contigo y me pudre tanto hermetismo de tu parte. Siempre es lo mismo, cuando derribo un muro de tu atrincherado corazón, construyes uno más grueso y alto que el anterior.—Deberías darme un voto de confianza. — me quejo mentalmente.
El espacio publicitario el la pequeña pantalla televisiva, me causa risa. Me hace rememorar los cientos de disparates que murmuran sobre tu cuerpo. Se dejan decir que inviertes millones en botox, liposucciones y cirugías plásticas. No les cabe en la cabeza que una mujer de tu estirpe y que sobrepasa los cuarenta pueda tener esa figura. Eres muy vanidosa. —ni quién lo niegue—te gusta estar en forma y saludable. Comes a los tiempos recomendados, haces ejercicios y te fascina visitar los spa. De los incontables tratamientos cosméticos que supuestamente te has hecho, el que realmente es cierto es tu operacion mamaria.
Flashback
—¿Supiste la última? La jefa está estrenando chichis nuevas. —comentaban dos féminas, quienes no se daban por enteradas de mi presencia tras el arbusto. Presté atención a la conversación y de vez en cuando oteaba entre las ramas. —Supongo que su repentino retiro vacacional se derivó de lo mismo.
—¡Pues claro! No entiendes que ella es cuerpomatic.
—¿Cuerpomatic?
—¡Prepago, mujer! ¿De donde crees que ha forjado todo su capital? Esa vieja huele el dinero a kilómetros. Debería pasarme consejos a ver si consigo salir de mi miseria.
—A mi dijeron que era vigoréxica — mascullan las robustas oficinistas mientras mastican su emparedado con extra de tocino.
Mordí mi lengua para no ponerlas en su lugar. Recordé instantes antes de meter la pata que lo nuestro no se sabe en la compañía. —¡Chismosas! —Ahora entiendo las palabras de mi madre cuando dice que la gente habla porque la lengua no tiene hueso.
No saben la realidad y gravedad del asunto. Enviaste un comunicado donde avisabas tu sorpresivo viaje cuyo destino es desconocido. En él argumentas un estrés laboral producto de una apretada agenda social. Un simple colapso nervioso. Nada de qué preocuparse.
Contrataste una asistente personal que manejó tu itinerario y te mantenía en contacto con el mundo exterior. La pobre mujer viajaba desde tu escondite hasta la aldea con cajas repletas de archivos y expediente con tu firma legítima.
Casi paro en loco cuando terminé de leer el comunicado. El corazón me palpitaba a mil por hora. Trace mi cabello con mis dedos una quinientas veces. El pecho lo sentía estrujado y soporté las terribles ganas de llorar. Deduje que te habías ido con otro, te imaginé practicando el Kama Sutra y no precisamente conmigo.
Te llamé incesantemente. Como un legítimo acosador. Colgaba y llamaba. La conección estaba incomunicada.—me sentí en el derecho de al menos una despedida. ¡Un gracias fue todo!—Sin embargo, tres días después e igual a hoy, tu chofer llegó a mi apartamento con órdenes estrictas de llevarme, de las greñas si fuese el caso, hasta donde te encontrabas.
Nunca saliste del país. Ni siquiera de la aldea. Estabas hospitalizada en un exclusivo hotel clínico luego de tu procedimiento postoperatorio. Te practicaste una doble mastectomía para erradicar las células cancerígenas que amenazaban con propagarse en tu organismo. Sólo el alto mando de las empresa supo mese más tarde, la realidad tras tus siliconas.
Pasaste un momento difícil para toda mujer. Una parte de los atributos femeninos habían sido desprendidos de tu cuerpo. Te negaste a deprimirte y aún convaleciente no detuviste tus deberes gerenciales, tramitándolos desde larga distancia. Fue difícil verte aplacar tu tristeza. Me dediqué a mimarte. Varias noches velé tu sueño, te ayudé a comer, jamás permitiste ayudarte a asearte o encaminarte hacia la puerta del tocador hacer tus necesidades. Pero fue en esos momentos donde confirmé que lo mío contigo paso del deseo, la obsesión, al amor sincero. Después de tu recuperación y reincorporación a la empresa, hubo momentos complejos en nuestra actividad sexual, te negabas desnudar tu tórax. —Te cohibías, te avergonzabas, sentías pánico de que no me gustasen los resultados y si bien, una teta con silicona dista de una natural. Prefiero amasar plástico que llevarte flores al mausoleo.—Fue un verdadero viacrucis meterte en esa terca cabecita que una mujer no en menos mujer por una amputación. Ahora si pudieras me las exhibes con pasarela incluida.
fin del flashback
—¡Voy por ti, mujer!—zuzurro a la nada mientras viajo a tu has sido capaz de comprarme un boleto para que vaya a ti es porque me necesitas a tu lado. Ni con un fusil de asalto apuntando en tu frente, te animarías a pedir consuelo, en absoluto a un amante cualquiera. —con tan inocente acto, me das a entender que soy algo más que un pasatiempo, y que me trague el infierno si eso no me hace felíz. Porque ni tu grupo de amigos de la socialité o tu familia, te conoce como yo lo hago, incluso mejor que tu misma.
