¡El innombrable ha muerto!

Ese era el título del diario El profeta del día siguiente. Todos los diarios del mundo mágico dejaban en primera plana lo que fue la batalla en Hogwarts, y como resultado, la muerte de Lord Voldemort.

Amanda se encontraba en su mansión, se sentía mucho mejor con el descanso durante el día y sobre todo, con la sangre humana que había ingerido al amanecer.

Dejo el periódico mágico a un lado y se acercó al pensadero. Lo observo por unos minutos, su liquida agua era transparente, mantenía continuamente movimientos, al parecer estaba impaciente por que lo usaran, sus aguas estaban ondeantes al sentir que cerca del se encontraban todos los recuerdos que la vampiresa había ordenado por fecha, los recuerdos correspondían a su primera estancia en Hogwarts – Bien… sigamos – se dijo a mí misma mientras tomaba el primer frasco, vertiendo su contenido en el pensadero.

...

Capítulo 2

Son solo detalles

Dumbledore se apresuró en llevar a Amanda a su propio despacho, las razones eran obvias, no quería que nadie se topara con Amanda dentro del castillo, ni si quiera los elfos de la cocina, fantasmas y algún retrato que aun siguiera despierto a altas horas de la noche. Mañana por la noche era la llegada de los alumnos a su nuevo año escolar, al igual que la llegada de los profesores, era por eso que Dumbledore prefería que Amanda llegara antes que todos ellos.

– Albus – se detuvo de pronto Amanda en medio del oscuro pasillo– ¿hay alguien más aparte de nosotros dentro del castillo?

Dumbledore se detuvo y se giró para ver a Amanda.

– Pues sí, fantasmas, elfos y tal vez algunos ratones que quizás…

–…Me refería a alguien humano, Albus.

El anciano mago había dado por hecho de que la vampiresa había sentido la presencia de otro humano dentro del castillo.

– Si… el profesor de pociones. Severus siempre llega un día antes del inicio de las clases, pero no hay por qué preocuparse… pronto lo conocerás – Dumbledore se acercó más a Amanda y coloco su mano sobre el hombro de la mujer – es alguien en quien podemos confiar.

El despacho de Dumbledore era una maravilla de salón, lleno de cuadros, adornos de oro, y cuanta arquitectura antigua, todo aquello era digno para un director de escuela, sobre todo si se trataba de Hogwarts.

– Bueno Amanda, ponte cómoda por favor, tenemos mucho que hacer esta noche – Dumbledore hizo a un lado lo que era su escritorio he hizo aparecer un especie de comedor para ambos, en donde había un gigantesco sofá de color rojo, y frente a ellos una mesa de centro con copas de agua y sangre, al igual que algunos bocadillos como frutas, y dulces de limón, los cuales eran los favoritos de Dumbledore – Antes de comenzar, quisiera hacer un brindis por dos cosas muy importantes – ambos tomaron sus respectivas copas – Por un nuevo año en Hogwarts y por tu bienvenida, la cual estoy seguro que va a perdurar por muchos años… hasta cuando permanezca en la escuela, claro.

– A no ser que le robemos lo que le queda de piedra filosofal a Flamel – Dijo la vampiresa sin escrúpulos.

– ¡Salud! – brindo con una amplia sonrisa el director de la escuela aunque no compartiera la idea de robarle la vida a su amigo Flamel.

Amanda, al darse cuenta de que la sangre que estaba bebiendo era fresca, miro a Dumbledore con satisfacción.

– Veo que has podido conseguir a un donador de sangre.

– Si, no ha sido difícil, espero sea leal con nosotros y no nos defraude para el futuro.

– Que detalle Albus – dijo complacida.

Dumbledore se acomodó en su sitio del sofá y tomo un dulce de limón antes de comenzar.

– Amanda… iré directo al grano – dejó su copa en la mesa de centro y se acomodó nuevamente – te he mencionado anteriormente de que necesito de tu ayuda. Bueno, el tema principal de todo esto es… Harry Potter.

– ¿Harry Potter, el niño que venció a Tom Riddle? – pregunto mientras iba por el segundo sorbo de sangre en su copa.

– El hijo de James y Lili Potter. ¿Alguna vez los viste dentro de la orden?

– No lo recuerdo muy bien Albus.

– Bueno – dijo con tristeza –… El tema es, que Harry corre un gran riesgo. Sirius Black viene tras él.

– ¿Y crees que unos cuantos dementores no serán capaces de detener a Sirius?

– Conoces muy bien a Sirius, Amanda, tiene habilidades sorprendentes… además de que es un animago no inscrito en el ministerio de magia, puede perfectamente llegar hasta Harry…

– Quisiera saber… – la mujer prefirió cambiar de tema – porque te ha llamado la atención querer cuidar al joven Potter.

– Harry… es el único que puede ayudarnos a detener a Lord Voldemort.

La vampiresa frunció su ceño y contesto.

– Albus, Tom Riddle está muerto.

– Eso me temo… – comento con seriedad el anciano mago – tengo unas fuentes que lamentablemente son fidedignas que indican que Lord Voldemort puede volver de la muerte.

– ¿Cuáles son tus pruebas Albus?– pregunto interesada

– Aun no estoy del todo seguro, pero de que las hay… las hay. Y el día en que Tom Riddle vuelva de la muerte, Harry Potter será el único mago en la tierra capaz de detenerlo.

– Interesante – la vampiresa bebió el ultimo sorbo de sangre que le quedaba en la copa y lo dejo a un lado –…pero volviendo al tema principal, del por qué estoy aquí… ¿quieres que proteja a Harry Potter?

– No exactamente – dudo Albus – por ahora, necesito que me ayudes a mantener a Black fuera del castillo y así no tenga ningún contacto con Harry. Lo peor de todo, es que el chico no sabe que Sirius Black fue quien traiciono a sus padres… y bueno, mucho menos que es su padrino.

– ¿Padrino? – Pregunto asombrada – eso nunca me lo comento Sirius…

– Estoy seguro de que tú y Sirius podrán establecer una conversación menos salvaje de la que el ministerio podrá establecer con él.

– Albus, ¿estas consiente de lo que estás diciendo? No porque yo haya tenido una relación amorosa con Sirius Black signifique que él va a parar con todo este asunto y volverá a Azkaban como buen mago.

– Amanda, hay muchas cosas que debo decirte y revelarte, pero son tantas que creo que esta noche no será suficiente. Tengo una extraña sensación de que Sirius no viene por Harry, si no que viene por otro motivo. Y es por eso que también necesito que estés atenta a cada movimiento de que él haga. Aun me parece extraño que Sirius haya sido capaz de matar a Peter Pettigrew

– A mi también Albus… – confeso la mujer al recordar a Sirius Black.

Sirius Black siempre fue leal a Dumbledore. El mago invito a Sirius a formar parte de la orden del fénix y así combatir contra las fuerzas oscuras que amenazaban al mundo mágico.

Dumbledore había sido el puente principal para que Amanda y Sirius se conocieran en esos años. Amanda siempre trabajo para Albus a escondidas y a solas, hasta que llegó un momento en que Sirius encontró a Amanda.

– Albus… pasando a otro tema… ¿Qué cargo obtendré aquí en la escuela?, no me podrás dejar aquí encerrada día y noche.

– Oh, muy importante… le he dicho al ministerio de magia que necesitare de una inquisidora subrogante.

– ¿Inquisidora, subrogante?

– Serás el reemplazo de la profesora Minerva. Tu deber es… ayudarme a sostener esta escuela. Minerva afortunadamente me ha pedido este año que considerara a otra persona, ya que este año le ha salido bastante pesado.

– ¿Y que pasara con los demás años?

– Minerva sabe que no soy capaz de despedir al personal de Hogwarts, así que… daré por hecho de que tu cargo es permanente.

Era increíble como Dumbledore conocía a un sinfín de personas, mientras que Amanda, no era conocida en ningún sitio, aun así teniendo más años que él. Para Dumbledore, Amanda, siempre fue un secreto, un secreto que personas contadas con los dedos de las manos sabían que la vampiresa existía en la vida de Albus Dumbledore, Sirius fue uno de ellos. Pero lo que nadie sabía, era como la Amanda había llegado a la vida de Dumbledore.

– Hay muchas cosas que necesito contarte Amanda, pero el tiempo me dará la razón de hacerlo todo con calma – Dumbledore se pone de pie y estira su brazo para estrechar la mano de Amanda – ¿Comencemos con el hechizo?

– No te ves muy emocionado – confeso la mujer

– ¿Debería estarlo?

– Es algo nuevo para ti – le comento mientras me ponía de pie

– Existen riegos, pero muy pocos, pero debes estar tranquila… he estudiado mucho la nigromancia.

– Lo estoy Albus, eres el mejor mago de todos, confío en que lo harás bien – dijo no con mucho interés, ya que no era necesario recordárselo a un mago poderoso como Dumbledore.

Dumbledore comenzó a preparar el escenario de lo que sería la práctica de la nigromancia.

– Antes de comenzar, necesito que llenes hasta la mitad estas dos copas con tu sangre.

– ¿Quieres dejarme seca? – pregunto con tono burlón.

– ¿Estas en condiciones verdad? – pregunto preocupado el anciano

– Si Dumbledore, me acabas de dar una copa de sangre – Desnudo su muñeca y con sus afilados colmillos logro destrozar los vasos capilares de su piel.

– Este hechizo, solo dura dos meses completos, lamentablemente aun no puedo perfeccionarlo a más tiempo – Dumbledore preparaba cada detalle, en una mesa se hallaban las dos copas a medio llenar con sangre de vampiro, un gigante libro de magia oscura, sus páginas parecían estar sucias de lo antiguo que era, dos velas negras encendidas, y un montón de ingredientes que desconocía su procedencia, todas ellas estaba juntas en un plato de plata.

– El nigromante de Austria solo podía darme medio mes, y la magia solo lo podía hacer cada dos años – comento mientras llenaba la segunda copa.

– Me alegra oírlo, conmigo podrás estar todo el año escolar fingiendo ser una humana – Con un movimiento de manos, Dumbledore logro encender con fuego vivo el plato de plata, en donde los ingredientes se quemaban y expulsaban un horrible humo negro – ¿Estas preparada?

– Si Albus – se mantuvo quieta frente a la mesa, observo como Dumbledore alzo la manos sobre el humo negro, mientras que sus ojos azules leían las sucias páginas del libro.

El viejo mago comenzó a pronunciar unas palabras desconocidas. Amanda se mantuvo quieta y expectante hasta que por fin comenzó a sentir unos extraños cosquilleos. Había comenzado por los dedos de sus manos y de sus pies, era como si estuviesen dormidas. Observo el color que comenzaba a tomar su piel, ya no era blanca como la nieve, ahora tomaba un color mucho más rosado y vivo. Observo nuevamente a Dumbledore, ahora sus manos conjuraban una delicada luz de color verde oscuro, la cual rápidamente se apodero del cuerpo de la mujer por completo. Cerró sus ojos para mantenerse concentrada, pero de pronto, siento como sus piernas se sentían débiles y frágiles, obligándola a colocarse de rodillas al suelo.

De pronto Albus dejo de hablar y acto seguido, su cuerpo cae con brutalidad al suelo

– Albus… – llamo su atención, se levantó como pudo. El Anciano aun estaba despierto, parecía conmocionado – ¿Estas bien?

– Si, si… me siento débil solamente. Entrégame la copa con tu sangre.

– ¿Cuál de las dos? – se adelantó a preguntar

– La única que está llena

– Albus, llenes dos… – pero de las dos copas, solo una estaba hasta la mitad con su sangre. ¿Dónde había quedado la otra cantidad de sangre? – Ten – Albus, antes de beber de la copa mira a la mujer y dice "A tu salud"

Ella dejo de Albus descansara sobre sus brazos mientras él bebía de la copa.

– ¿Y bien? – pregunto Amanda al recibir la copa con algunos milímetros de sangre en ella.

– Ahora me siento mucho mejor.

Los efectos de la sangre de vampiro son muy útiles para cualquier ser vivo mamífero, tiene más ventajas que desventajas. Una de ellas y la más importante, ayuda tanto a sanar heridas físicas como recuperar o aportar energía a quien lo beba.

Albus se levantó rápidamente y arreglo un poco su atuendo, mientras que Amanda aun seguía observándolo y esperando a que observara su nuevo cambio.

– ¿Y bien? – le pregunto sin poder esperar más.

Albus observo su rostro, quedando impresionado, recorriendo la mirada de pies a cabeza.

– El cambio es notorio… para quien te conozca como vampiresa – acto seguido, el anciano se acerca a la mujer y coloca su mano en su mejilla – tienes calor corporal, tus escleróticas están rosadas… aunque… tus ojos, ya no son azules – Amanda lo observo con el ceño fruncido, ¿Cómo era posible ese cambio? – Son de un color miel, muy hermosos, no recuerdo haber visto un color semejante en alguna otra persona.

Buscó a su alrededor algún reflejo o espejo que pudiera ayudar con la descripción, en el fondo de la habitación había un espejo de mediano tamaño, se observó y encontró que eran fantásticos, era extraño tener que ver ese tipo de cambio, de hecho le parecían mucho más bellos que su color de ojos natural, el cual era muy común dentro de la población humana.

– Amanda… – se acercó Dumbledore hasta ella – ahora tienes que probar diversas cosas, tenemos que conocer todos los detalles del hechizo, como por ejemplo tu sensibilidad hacia la plata, tus colmillos, tu fuerza, velocidad… y lo más importante, tu sensibilidad debajo del sol. Puede que el hechizo solo funcione como un disfraz, que hasta el momento, funciona de maravilla…

– Wizing… - menciono la vampiresa.

De pronto se escucha un "crac", el elfo inmediatamente busco a su ama y le hace una reverencia, alza su rostro y con timidez observo su nuevo aspecto

– Ama… Ama Amanda, ¿Qué le ha sucedido? ¿Se encuentra usted bien? ¿Qué le ha pasado en los ojos?

– No es nada de qué preocuparse Wizing. Necesito que vayas por mi varita mágica, ya sabes dónde encontrarla.

– Si… ama – dijo no muy convencido si de verdad todo se encontraba en orden.

– Amanda – hablo Dumbledore una vez ido el elfo – ¿Puedes correr?

Observo a Dumbledore por unos segundos, luego rápidamente pudo traslade hasta el fondo del despacho en pocos segundos

– Vas a mantener tu extraordinaria velocidad, eso te servirá de mucho – dijo el anciano desde el otro lado del despacho – Ahora, trata de levantar este mazo – se acercó al mazo señalado, aquel mazo que tenía aspecto de ser tan pesado como el hierro, pero no fue problema para Amanda. Dumbledore no demostró sorpresa, su rostro era sereno y observaba con cuidado los movimientos de Amanda.

– Ahora, toma con cuidado cualquiera de esas copas que están ahí – observo el juego de plata que había en una mesa. Se acercó con cuidado a tocarla, le tenía muchísimo respeto a la plata. Tomo una cuchara, solo con dos dedos y no sucedió nada.

– ¿Estás seguro de que te vendieron plata Dumbledore? – Pregunto con una traviesa sonrisa – creo que te vendieron gato por lieb… ¡aaghh! – la plata por fin había dado el efecto esperado en su piel, observo sus dedos afectado, en ellos salía un leve humo por la quemadura.

– Tiene un efecto retardado – concluyo Dumbledore –…podría ser útil…

De pronto un nuevo "Crac" se escucha en la habitación.

– ¿Ama Amanda?

– Aquí estoy Wizing

Wizing había aparecido al otro lado del despacho, en sus manos sostenía una palo de madera de casi 30 centímetro de largo.

– Le he traído su varita mágica.

Antes de realizar cualquier hechizo, observo su varita mágica como si se tratara de una vieja amiga a quien no había visto hace siglos. Apunto hacia Wizing, y pronuncio claramente "Levicorpus", Wizing rápidamente se eleva unos metros sobre el aire y queda de cabeza, asustado el elfo comenzó a gritar.

– ¡Ama, no ama, por favor!

Dumbledore rápidamente cambio su semblante de preocupación por uno de alegría, estaba contento de saber que al menos podría usar la varita magia nuevamente.

– ¡Magnifico!

Hiso un leve movimiento con su varita hacia Wizing dejando que cayera al suelo con brutalidad – Lo siento Wizing… necesitaba probar mi magia – guardo su varita mágica en su bolsillo, mantuvo por unos segundo más su mano en ella… anhelando querer volver a usarla lo más pronto posible.

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De pronto la imagen comienza a ponerse turbia, la Amanda y el Dumbledore del recuerdo ahora se encontraban en el mismo despacho. Por la ventana se podía observar como comenzaba a amanecer. Amanda se encontraba en las sombras del despacho, mientras que Dumbledore se dirigía a una ventana para abrirla de par en par. Solo había una cosa más que probar en el nuevo estado de Amanda, su debilidad bajo el sol.

– Adelante – invito a la mujer escondida entre las sombras.

Amanda, decidida, acerco primero los dedos de sus manos sobre los prematuros rayos de la mañana, como vio que nada sucedía, decidió adentrar más su mano como signo de confianza.

– Increíble, excelente – comento en voz baja Dumbledore

Amanda acerco por completo su cuerpo, sentía como los rayos del sol acariciaban su suave piel, sentía ese pequeño calor, tan delicioso, tan refrescante, pero a su vez, se sentía temeraria por su gran enemigo.

– Mírame Albus… – la mujer sonrió hacia el anciano, estaba tan dichosa, que dejo que la felicidad se apoderada de ella. Pero Dumbledore, al ver como Amanda demostraba su felicidad con el sencillo acto de llorar, cambio a un semblante de preocupación. Amanda sintió como sus lágrimas caían por su mejilla, pero al recordar que aquellas lágrimas eran demasiado espesas, había entendido el rostro de Dumbledore. Amanda lloraba sangre.

Amanda paso sus dedos por su rostro y observo que efectivamente lloraba sangre, el hechizo no había cubierto otra de las características de un vampiro.

– Eso es algo que tendremos que tener en cuenta también… –dijo Albus acercándose mientras le hacía entrega de un pañuelo a la sorprendida mujer.