Katekyo Hitman Reborn no me pertenece si no a Akira Amano.
Cosas que debí dejar en el pasado
Cosas que no quiero dejar ir
Haru suspiro con pesar no tenía mucho de que se había despertado, miraba el techo como si fuera la cosa más interesante de su vida y la verdad es que así era, rememoro todo lo que había pasado en los últimos años claro omitiendo a la mafia de su vida.
Cuando termino la universidad, se la había pasado buscando trabajo pero ninguna empresa deseaba contratarla por falta de experiencia. Paso dos terribles años tratando de hacerse un espacio en el mundo laboral pero simplemente nadie deseaba tener a una novata por ello tenia trabajos a tiempo parcial. Casi tres, uno en un bar por las noches, en la mañana trabajaba en una cafetería y los fines de semana como acompañante.
Se sonrojo al pensar en lo de acompañante, no era lo suficientemente bonita como para ser la favorita en ese entonces pero lo compensaba con atender bien a los clientes, solo tenía que halagarlos, sonreírles y hacer que gastaran un poco más de lo normal.
Torció los labios molesta, eso era pasado y no deseaba recordarlo. No es que se avergonzara pero ese tipo de cosas era mejor no mencionarlas, menos cuando estas por conocer a tu compañero de por vida. Se movió ligeramente para no despertar a su madre que se encontraba dormida, la miro tratando de no reírse; había olvidado que ella llegaba a extenderse por toda la cama.
Miro el reloj de su mesa de noche revolviéndose el cabello para intentar acomodarlo o dejarlo peor que un nido de pájaros, se rindió en el intento desesperada.
-Maldición son las cinco de la mañana-murmuro con molestia, se masajeo los hombros y los brazos para destensarlos, tenía aun sueño pero no podía ser perezosa en ese momento. Se levantó arrastrando los pies hasta su armario, necesitaba cambiarse de ropa para ir a correr. Deseaba despejar sus estúpidos nervios y esa era la mejor manera ya que los consejos de sus padres eran demasiado intensos para su gusto.
Tomo un pantalón holgado color negro y una blusa azul petróleo al igual que sus demasiado normales tenis blancos. Se miró en el espejo admirándose, no se veía tan mal aparte de su cabello pero daba igual, nadie la estaría mirando y por ello se lo dejaría suelto ya que le encantaba sentir el cómo se movía al mismo ritmo que ella mientras corría.
Arropo a su madre, tomo su celular y un par de audífonos dispuesta a bajar a la cocina pero primero debía ver a su padre el cual parecía un bebe mientras dormía, era algo digno de verse. Sonrió por ello, abrió la puerta tomando las llaves de la entrada cerrando todo detrás de sí tratando de no hacer mucho ruido.
Ya estando en la calle empezó con sus típicos estiramientos, nada complicados y deseaba que no le causaran un dolor innecesario en la tarde. Se acomodó los audífonos maldiciéndose por no checar que tipo de música tenía en su celular, joder esa lista de reproducción tenía años que no la actualizaba, incluso tenía la música del último festival cultural de la secundaria.
Maldiciéndose por el descuido comenzó a trotar hacia el parque aunque la idea no le agradara del todo pero necesitaba hacerlo para que se sintiera en paz con ella misma y con sus recuerdo de los chicos, desde que ellos se habían ido de Japón a quien sabe dónde había evitado a toda costa ir a los lugares que todos frecuentaban y eso incluía la escuela Namimori, la casa de los Sasagawa, el parque, la pastelería y por supuesto la guarida de Mukuro.
Podrán llamarla cobarde por no enfrentar la realidad hasta en ese entonces pero los cosas se habían complicado demasiado para ella y la carga emocional le había pasado factura de manera bastante ruda pero era un dolor que se tenía bien merecido, había sido demasiado dependiente de todos.
Con el paso de los meses comprendió que si todos ellos no se hubiesen ido de repente, ella no habría podido comprender que su presencia era irrelevante e innecesaria. A lo mucho podía cocinar o lavar la ropa pero nada más que eso y para ser sinceras cualquier mujer o sirvienta podía hacer eso.
-Genial, ahora me acabo de deprimir-mordió su labio por reflejo para corregir el pequeño desliz que acababa de hacer, tenía que dejar de hablar consigo misma ya que no quería ser considerada de nuevo como la rara de la facultad. Se empezó a maldecir mientras seguía con su rutina, se concentró en los lugares que tenía que visitar, necesitaba pasar por todos ellos para dejarlos atrás.
El parque no fue tan difícil ya que el recuerdo de Aria era muy cálido y le proporciono alegría. Dio la vuelta al lugar cruzando al puente, necesitaba llegar a la escuela de Namimori, ignoro el temblor de sus piernas cuando llego a la esquina. No huiría, ya no era una niña que se espantaba con cualquier cosa que veía, apretó los puños dándose valor para continuar.
Tomo aire y lo expulso con delicadeza, camino hasta la puerta de entrada- Dios, este lugar parece que no le afecta el tiempo-se acomodó el cabello hacia un lado, todo el jodido lugar estaba exactamente igual. Las paredes del mismo amarillo pálido, el contorno blanco desgastado de las ventanas y el pasto incluso estaba cortado del mismo tamaño. Empezó a reír como boba, tanto que le había temido a ese lugar y ahora solo era un simple edificio cualquiera.
Aun riendo siguió con su recorrido, paso por la pastelería o donde antes estaba. Ya que la dueña había fallecido por un mal del invierno pasado- que lastima, hacia unos pasteles deliciosos-miro el lugar que ahora era una pequeña librería, posiblemente en la noche iría a comprar una que otra novela independiente de Yatamoto Takeshiro. Joder, ese hombre si sabía cómo hacerte estremecer, la forma en que describía la excitación de una mujer al ver a un hombre era demasiado real. Era un erotismo que te hacia perder la cabeza y hundirte en tus más profundos y depravados deseos.
Bueno lo admitía, era una pervertida la cual no había tenido un hombre desde hace casi una década, de una forma o de otra necesitaba desahogar esos impulsos.
Avergonzada siguió visitando los demás lugares, otros estaban exactamente iguales otros por su lado estaban más deteriorados pero el lugar que más le costaba ir era a la casa de los Sawada ya que siempre que veía a la madre del chico esta se disculpaba casi de rodillas en el piso, no quería seguir viéndola así de humillada por ello opto por no verla. Pero ese era el momento adecuado, no podía seguir siendo una egoísta y menos con esa tierna y adorable mujer.
Doblo la esquina acomodándose el cabello tratando de verse lo más presentable posible intentando imaginarse la posible conversación. Sin darse cuenta hasta ese momento había caminado muy despacio, casi podía jurar que su cuerpo de manera inconsciente le pedía que retrasara el encuentro como un modo de defensa y realmente no lo culpaba. A lo mejor si ella fuera un poco más lista jamás se hubiera presentado frente a esa puerta que era más la entrada a un campo de batalla que a una casa acogedora. Miro la puerta color blanco preguntándose cuando la habían cambiado o pintado, miro el timbre dudando pero al final opto por hacer lo correcto.
Toco despacio para hacerse oír ignorando las náuseas que querían gobernar sobre su boca y los dolores en su costado, esperaba que no fuese tan temprano a fin de cuentas ya se empezaba a escuchar un ligero bullicio en la calle.
-¿Quién es?- Escucho por el intercomunicador dándose cuenta que esa era otra nueva mejora, ahora que veía bien la casa era muy distinta a lo que recordaba, ahora era demasiado…cerrada.
-¿Quién cree que soy Lady?-intento imitar su antiguo tono de voz pero fracaso en el intento. Sus cuerdas vocales habían madurado mucho y eso no le desagrado del todo-lo siento error mío, quisiera hablar con la mamá del imbécil que se largó sin decir nada al igual que los zopencos que me rompieron mi estúpido e iluso corazón
Se escuchó la puerta de la entrada azotarse de manera brusca, posiblemente dejando uno que otro agujero en la pared pero gracias a eso se pudo ver a una persona muy conocida.
Haru le observo un poco acabada pero los años fueron buenos con Nana. A decir verdad se veía igual de risueña y bella que siempre.
-¿Haru?-pregunto titubeando decidiéndose entre sí ir a recibirla o no, aun no estaba muy despierta y no quería pensar que eso era una clase de ilusión.
-Exactamente señora, tiene bastante que no la veo-sonrió señalándose el corazón para hacerle ver que era realmente ella pero fue sorprendida por una poderosa tacleada-abrazo marca Sawada-su fuerza a crecido desde la última vez que nos vimos Nana-intento respirar o de paso no ser asfixiada.
-Dios, estaba tan preocupada por ti. No sabes que feos pensamientos pasaron por mi cabeza cuando tus padres no me decían que había pasado contigo-empezó a llorar sin dejar de abrazarla. Necesitaba comprobar que era realmente ella y que su mente no le estaba jugando una tonta broma, cuando sintió el calor de ese abrazo no le quedo duda alguna. Era realmente ella.
-Lo siento, pero había cosas que pasaron que me impedían hacer todo de manera coherente-le acaricio la cabeza y trato de levantarse. No fue difícil ya que la mujer pesaba menos que un palo de escoba-¿Podría pasar? Creo que necesitamos hablar de varias cosas
-Sí, si por supuesto. Eres más que bienvenida-Nana se limpió las lágrimas en las mangas de su bata de dormir, se sentía aliviada. La pasó directo a su sala reavivando muchos recuerdos en el camino- ¿Sabes? Tsuna y los otros…
-Nana-la voz de Haru la asusto, le provoco un escalofrío que le helo la sangre-no vine a hablar de ellos, bueno si pero no quiero empezar con ese tema
-Sí, que tonta perdona-se palmeo la frente, por su emoción había tocado un tema que era tabú para la chica. Se fue a la cocina a preparar un té intentando calmarse y recuperar la compostura. Respiro antes de verter el agua en la tetera junto con el té que le había llegado apenas el día anterior por parte de su esposo. Se dispuso a regresar a la sala donde encontró a Haru mirándose las uñas-perdona la tardanza, no tenía nada dulce para acompañar el té
-No te preocupes Nana, la verdad empecé a odiar todo lo dulce desde hace un tiempo-recibió gustosa la taza, inhalo el aroma encantándose que fuera algo sutil y le tranquilizara. Así debía ser un té de jazmín-he venido a decirte algo y espero que te alegres-suspiro para darle emoción a la noticia-creo que ya ha llegado el momento en que debo comprometerme y quería que fueras la primera en enterarse claro aparte de mis padres
Nana estuvo a punto de tirar la taza, supuso que su rostro en ese momento era muy cómico ya que Haru empezó a reír pero ¡Por Dios! Tenía sus razones para semi-congelarse en ese momento ya que no estaba preparada para semejante confesión. Se le seco la garganta y no aparto su vista de la chica buscando que solo estuviese diciendo eso por despecho o algo pero no encontró nada solo vio a una persona común, corriente y…feliz.
-Vaya que sorpresa, este yo no sé qué decirte la verdad. Esto me tomo mucho por sorpresa- se empezó a acomodar nerviosamente el cabello atrás de la oreja, ahora que le iba a decir a su hijo-antes de felicitarte o algo quisiera hacerte una pregunta
-Claro, puedes hacerla a fin de cuentas vine a arreglar unos asuntos de mi pasado-dejo en la mesa su taza acomodándose mejor, sabía de antemano que le iba a preguntar por eso tenía que verse tranquila aunque realmente no lo estuviera.
-¿Qué pasara con Takeshi? ¿Acaso no le dirás sobre lo que paso en el hospital?-se tuvo que morder el labio, no quería sacar a relucir lo último pero quería estar segura que Haru no odiaba a ninguno de los chicos. Cuando la escucho reír se tensó aún más, le estaba rogando a los dioses que la chica no se sintiera ofendida.
-Bueno admito que Takeshi es un problema pero no puedo seguir esperándolo, diez años son mucho tiempo y creo que es mejor dejar las cosas en el pasado-se miró las muñecas acariciando las viejas cicatrices-y lo del hospital fue culpa mía, no sabía cuál era mi condición y al saber que fue lo que perdí en ese momento realmente me volvió loca-apretó sus manos intentando controlar sus emociones- la verdad incluso llegue a despreciar a Kyoko, a Tsuna y a todos-bajo la mirada tratando de ocultar ese sentimiento que la mataba-pero no les deseo el mal, solo quiero seguir adelante y quiero que el hombre que llegue a casarse conmigo me ame de igual manera, no quiero que se repita lo de Takeshi. No quiero que mi amor sea de nuevo unilateral
-¡En eso te equivocas! -Nana se levantó precipitadamente tirando su taza haciendo que esta se rompiera, sintió como la atmosfera se empezaba a sentir pesada pero eso ahora no importaba -¡Él te ama, incluso lo sigue haciendo yo lo sé! , el amor que se tenían no se puede ir así como así-empezó a llorar, estaba siendo dramática pero no podía ya quedarse callada- ¡El siempre deseo regresar para quedarse contigo, Tsuna me lo dijo incluso Gokudera! El deseaba verte más que nada en este mundo
-¿Entonces porque no lo hizo?-se levantó acercándose para tomarla de los hombros y hacer que se sentara-créame que desee cada segundo, cada minuto y cada hora del maldito día y la noche para que el me llamara. Incluso espere algo tan ridículo como una carta o al menos una jodida y estúpida rosa que me dijera que él pensaba en mí pero eso nunca sucedió-miro a los ojos de Nana encontrando incertidumbre y culpa pero decidió continuar- yo incluso me atreví a llamar a Colonello para saber que estaba pasando pero adivine que sucedió-apretó la mandíbula tratando de no sacar esa furia que tenía contenida desde hace mucho tiempo- fui borrada de su vida, no podía contactar con nadie y si lo hacía simplemente me colgaban o bloqueaban-parpadeo para espantar los comienzos de unas lágrimas he intentado ignorar los sentimientos de odio hacia esos malditos que nunca le dieron una respuesta- ¿¡Acaso lo que sentía por el valía tan poco como para que me dejara tirada en mi cama después de hacer el amor¡? ¡El me hizo sentir como una tonta primero diciéndome que me amaba y luego después de obtener mi cuerpo por un tiempo se va a saber Dios donde!-se apartó masajeándose la cabeza, le estaba doliendo demasiado y eso era una mala señal-yo realmente lo quería pero ya no más
-Lo siento, en verdad lo siento-Nana empezó a temblar más violentamente, todo lo que le estaba diciendo Haru era toda la verdad.
-No lo sientas, sé que te sientes mal por ocultarme que tenías el número de Takeshi pero Iemitsu seguramente te hizo prometer que no me lo darías-ellas se miraron una con suplica mientras que la otra con compasión-sí Nana, siempre lo supe. Pero me alegro que no me lo hayas dado, admito que en el momento te odiaba hasta la medula pero conforme paso el tiempo me di cuenta que ya no valía la pena pelear por algo perdido y ahora que estoy rehaciendo mi vida ya no deseo tener nada que ver con los Sawada ni con sus allegados-obviando a los Vongola y los Simón agrego para sí misma-pero a pesar de todo yo aún te considero una persona importante para mí y si todo resulta bien me gustaría que fueras unas de mis damas de honor en mi boda-le dedico una sonrisa inclinando la cabeza-entonces, espero verla pronto para recibir sus bendiciones-salió corriendo de la casa dejando la puerta abierta, no podía girarse no debía si no quería que la vieran llorar.
Llego a la esquina intentando limpiarse las lágrimas, quería gritar como nunca antes y desahogar sus penas pero no debía mostrar debilidad. Ya no más, simplemente tenía que dejar todo atrás y eso significaba una cosa. Debía ir a ver a esa persona sin importar que, camino a paso calmo hasta esa tienda, no tuvo que tocar la puerta para encontrarse con el propietario, este estaba frente a ella mirándola de pies a cabeza con cierta sorpresa.
-Lo siento pero necesitamos hablar de Takeshi-sonrió mientras se lanzaba a los brazos de esa persona a fin de cuentas antes habían sido familia.
En ese mismo momento por su lado en su despacho Bianchi miraba el expediente de Haru, habían omitido demasiada información pero era lo mejor. Ninguno de los chicos debía enterarse del antiguo trabajo de su amiga o irían por ella y la arrastrarían para que les confesara todo lo que había vivido.
Aparto unos documentos encontrándose con los del hospital, con solo verlos le llegaba un sentimiento de culpabilidad y eso que no se dejaba doblegar por cualquier cosa que pasaba. Dios, no pensó que la decisión del noveno desencadenaría todos esos sucesos.
-¿En qué piensas Bianchi?-ella alzo la mirada encontrándose con una inesperada visita, se levantó para darle un abrazo.
-Hola Uni, no esperaba verte tan pronto y menos a esta hora-la soltó dedicándole una sonrisa, acomodándole un poco el flequillo-te extrañe pero eso ya lo sabias
-Disculpa que venga tan temprano pero necesito hablar contigo de algo importante-paso a sentarse en la silla frente al escritorio-sé que este viaje había sido pospuesto por mucho tiempo, demasiado para ser sinceros-realizo un puchero enojada provocándole una sonrisa a su amiga.
-Sí, últimamente hemos tenido problemas con Simón y su integración a la mafia. Fue un tremendo dolor de trasero-prendió un cigarro sin esperar la aprobación de su invitada ya que realmente lo necesitaba-mas aparte vienen los de Varia con sus desastres y el del nuevo integrante de esta loca familia
-Y el de Yamamoto y Haru-miro sus manos con pesar-aun poseo mi poder de la adivinación aunque no puedo ver tanto como antes pero lo que se me fue revelado me tiene un poco inquieta-se removió en su asiento delatando lo nerviosa que se encontraba.
-Cuéntame, si deseas mi ayuda te la proporcionare a fin de cuentas para que están las amigas-le dio otra calada a su cigarro solo para después apagarlo por cortesía-¿Qué pasa con esa bola de mocosos subdesarrollados?
-En mi visión, vi a Haru en un vestido de novia-miro a Bianchi que parecía estar emocionada pero este sentimiento no duro mucho al ver la expresión de Uni-pero vi odio en su mirada mientras lloraba. No supe porque pero eso logro que mi sangre sintiera frio, fue una sensación horrible
-¿Viste al novio o algo más? Eso sería de mucha ayuda-Bianchi se masajeo las cienes, sabía que algo malo pasaría con ese tema-o mejor. ¿No viste que día era?
-No, disculpa-suspiro acomodándose un mechón de cabello atrás de la oreja-normalmente no interfiero con lo que se me es mostrado pero Haru me preocupa. Tiene mucho que no se de ella y del tipo de sentimientos que siente hacia nosotros
-Hare algo al respecto, según se Tsuna y Gokudera saldrán a ver a Nana. Quiero creer que ir a visitar a Haru está en sus planes, claro también se llevaran arrastrando al soquete ese-Uni sonrió, nadie tenía que ser un genio para saber a quién se refería- Si lo deseas puedes decirles que quieres acompañarlos
-Lo apreciaría mucho-se levantó alisándose el vestido blanco-¿Crees que es buena hora para ir a desayunar?
-No lo creo, Aurora debe de estar empezando a cocinar y si tenemos suerte nos tocara lo mejor si somos las primeras-rieron por el comentario, pasando por el pasillo principal burlándose de las pijamas de Lambo y Gokudera. Cuando llegaron a la cocina saludaron a la criada sentándose cerca de la barra para seguir platicando-oye Uni. ¿Qué piensas con respecto a lo de Haru? Personalmente pienso que Tsuna fue un imbécil por no llevarse el paquete completo
-Aunque no me corresponde ofender al Décimo estoy de acuerdo con lo que dices-miro el decorado de la cocina un pulcro y simple gris- mostro una clara preferencia cuando se llevó a Kyoko y no a Haru pero lo que me preocupa realmente es Yamamoto-recargo su barbilla en su mano-he escuchado por parte de Colonello que él no se ha encontrado bien últimamente
-Sí, desde que se separaron el imbécil ha estado muy decaído, creo que dejo un poco de su alma aquí en Namimori aunque el trate de ocultarlo con "su sonrisa de no me pasa nada" -las dos suspiraron con pesar, eso era muy comprensible.
Uni se mordió un poco los labios observando a Bianchi decidiéndose si contarle o no sobre ese asunto, al final solo suspiro tomando valor. Educadamente le pidió a la sirvienta que si podría dejarlas a solas un momento a lo cual esta accedió abandonando la cocina no sin antes dejar todo apagado para evitar cualquier tipo de accidente.
-Tiempo atrás, hace unos siete años me conecte con un mundo paralelo mientras dormía-Bianchi la miro sorprendida, tenía tiempo que eso no pasaba- era el mundo en donde Yamamoto decidió llevarse a Haru con él y esto fue lo que tenía en mis manos cuando desperté-saco del bolso de su vestido unos pequeños guantes de color verde y azul-sabes qué significa esto ¿Verdad?
-Desgraciadamente sí, me doy una idea de lo que significan -se masajeo el puente de la nariz ignorando los temblores que le sacudía no solo el cuerpo si no también el alma, no estaba aún lista para esa confirmación-¿Quién más lo sabe?
-Solo nosotras y obviamente esa familia, aunque mi madre es una opción pero no he sabido de ella últimamente -guardo de nuevo los guantes para no perderlos-Bianchi creo que comprendes por qué no se lo he dicho ni a mi tío. Esto asunto es muy delicado y nadie debe enterarse de esto, no hasta que el momento sea el indicado pero para ser sinceras tengo miedo de que esto se complique más
-Es parte de la vida Uni, a pesar que puedas ver los otros mundos y el futuro es mejor tomar nuestras propias decisiones sin arrepentimientos. Aunque este caso será muy complicado al igual que molesto y doloroso-Bianchi le tomo las manos sintiéndolas heladas-¿Qué más viste?
-Vi a una familia con una sonrisa radiante a la espera de un futuro feliz, era numerosa y muchos de los descendientes compartían la misma vitalidad que el padre y la ternura de la madre-bajo la cabeza y espanto el llanto cuando escucho unos pasos atrás de ella, se giró poniendo la mejor sonrisa que podía en ese momento-Buenos días Decimo, Gokudera, Chrome. ¿Qué tal su noche?
-Refrescante la verdad-Tsuna miro las manos entrelazadas de las chicas y después sus rostros. Tenía curiosidad pero se deshizo de ese pensamiento al ver como Chrome se lanzaba a darles un abrazo-¿Dónde está Aurora?, creí que ya estaría preparando el desayuno
-Estaba hace poco aquí pero como empezamos a hablar de cosas intimas escapo-Uni se apretó los cachetes haciendo sonrojar a los hombres.
-Oye que de eso no se habla en esta casa-Gokudera sonrojado fue a sacar los platos y vasos para que se le pasara el bochorno.
-Hayato, dice Uni que desea acompañarlos. Tiene mucho tiempo desde que venimos a Japón y extraña a Nana-Bianchi miro a su hermano que murmuraba una que otra maldición intentando poner el agua para el café.
-Haz lo que quieras-solo respondió eso ya que estaba concentrado en que no explotara la tetera como la otra vez, cuando ya estuvo más seguro miro a su jefe -Decimo. ¿Qué piensa acerca del idiota? ¿Cree poderlo sacar de esa cama?
-¿Yamamoto?-se rasco la nuca con cansancio- no lo sé pero iré a verlo ahora si eso es lo que te incomoda-dio la vuelta dirigiéndose a las escaleras, joder había olvidado lo exageradamente grande que era la mansión. Camino por el pasillo sin prestarle atención a los decorados de oro o los cuadros de los antiguos jefes. Dio vuelta encontrándose con las puertas de los dormitorios, por obviedad evito el de Mukuro y el de Ryohei, esos dos en la mañana eran demasiado enérgicos para su propio bien y el de él.
Llego hasta la última puerta donde toco un par de veces, cuando escucho un quejido sabía que esa era la señal para entrar- Buenos días Yamamoto
-Tsuna-susurro adormilado acurrucándose más en las sabanas. No quería salirse ya que acostumbraba dormirse desnudo y no le gustaba mucho el tema del exhibicionismo-¿Qué hora es?
-Es temprano pero he venido a decirte que te tomes el día libre. Ya les he dicho a tu escuadrón que estarás ausente-sonrió sentándose en la silla que se encontraba en el otro extremo de la habitación. Quería tomar precauciones para cuando llegara el momento de decirle la verdadera razón por la que había hecho eso-espero que hayas descansado, tengo planes para ti hoy
-¿No era mi día libre?-rio sentándose en la cama tapándose lo suficiente-se supone que en este día debo hacer lo que se me plazca y a mis anchas sin que nadie venga a molestarme
-En este caso no, me acompañaras a ver a mi madre y de paso vas a ir a arreglar tus idioteces con Haru. Necesitan dejar de ser unos niños y arreglar sus malentendidos de una vez-salto de su asiento evitando un jarrón que se encontraba en la mesa de noche, Jesús lo que le pasaba por ser el jefe-y no acepto negativas
-Tsuna, no sé qué intentas hacer pero no puedes obligarme a ir-le miro cansado, había tenido suficientes pensamientos de Haru en esa noche y la verdad no quería verla, aún no se encontraba listo-aparte tengo cosas que hacer y lo que haya pasado conmigo y con Haru no te concierne a ti ni a ninguno de los demás
-Claro que sí, para bien o para mal a fin de cuentas los dos son mis amigos-se aflojo la corbata, su intuición le decía que se venía una pequeña batalla por culpa de ese tema-y no hagas esa cara, yo sé que te mueres por verla pero ahora resulta que solo estás haciendo uno de tus berrinches para escaparte como siempre haces cuando te sientes presionado
-Oye, si no fueras mi amigo y de paso mi jefe ya te hubiera rebanado a la mitad-se revolvió el cabello frustrado, no quería pelearse con nadie y menos cuando era muy temprano. Su cerebro aún no estaba listo para lanzar buenos argumentos-Tsuna si lo piensas bien no nos conviene que ella se acerque de nuevo a nosotros a fin de cuentas tu eres quien la alejo de todos-soltó con cierta amargura.
-Lo sé, fue mi culpa y la asumo pero pensé que la protegía al dejarla en Japón-Tsuna se recargo en el escritorio sintiendo como la culpa lo consumía un poco más ese día.
-Si eso fuera cierto también hubieras dejado a Kyoko pero tú eres demasiado egoísta-miro sus manos tratando de reconocerlas- tus emociones nublaron tu juicio. Incluso Reborn pensó eso pero nadie dijo nada y sabes el porqué. Porque todos preferían a la perfecta Kyoko que a la ruidosa de Haru ¿No es así?-escupió con odio contenido.
-Decir que lo siento no es suficiente pero debes comprender que hay cosas más grandes que uno mismo, el bien mayor es una prioridad y no un lujo-Tsuna se acercó a la puerta, estaba a punto de salir pero miro a su compañero con arrepentimiento-te espero en una hora, baja a desayunar ya que saldremos pronto-cerro la puerta marchándose a su estudio, el hambre se le había ido de repente.
-Joder Tsuna, cada vez eres más molesto- Yamamoto se levantó sintiéndose culpable, su amigo no tenía la culpa del todo. En parte el jamás hizo ningún tipo de esfuerzo para comunicarse con Haru y eso era algo que lamentaba desde lo más profundo de su ser pero era inevitable. No quería que ella estuviera en peligro ya que es conocido que las comunicaciones pueden ser interceptadas, los correos hackeados e inclusive los topos que había en Vongola podían revelar más de una cosa.
En si no se había comunicado con ella por miedo…miedo a perderla a manos de un enemigo por un momento de debilidad de su parte por querer saber de ella. Inclusive ignoro la llamada de atención que Colonello le había hecho con respecto al tema
"Si realmente la amas ve por ella, se un hombre por una vez en tu vida"
En ese tiempo pensó mucho acerca de esa llamada pero decidió ignorarla, incluso dio órdenes a todos los de comunicaciones de que si recibían de nuevo una llamada de Haru debían rechazarla de inmediato. Pensó que estaba haciendo lo correcto y que debía soportarlo hasta que el noveno o Tsuna le dieran el pase libre para viajar cada vez que se le viniera en gana y así poder reconciliarse e incluso si ella lo deseara comprometerse como siempre habían querido.
Se levantó de su cama, camino despacio al baño que tenía al lado y puso a funcionar la regadera-Maldición Tsuna, necesitaba más tiempo. No puedo verla así como así-golpeo la pared para contener la emoción que sentía en ese momento, después de que le mostraran la foto de ayer de los archivos no pudo evitar admirar su belleza-Dios. ¿Por qué tenías que hacerla tan hermosa?-se mordió el labio conteniendo un gemido, hacia demasiado calor en ese momento a pesar de estarse bañando con agua fría.
Sin esperar mucho se empezó a tallar la espalda y el abdomen sintiendo los bordes de las cicatrices, toco una en especial. La que tenía a la altura del corazón-Te extraño demasiado Haru-susurro cerrando los ojos recordando como el idiotamente se le había confesado en el festival de verano.
Habían ido todos pero naturalmente por culpa de Lambo se habían separado para buscarlo, Tsuna iba con Kyoko, Gokudera con Chrome, Ryohei con Hana y por último el con Haru. La pobre apenas si ponía caminar por culpa de su yukata pero debía admitir que esa vestimenta había sido uno de los detonantes para hacer que se le confesara de manera tan torpe en frente de todo mundo.
Se palmeo la cara tratando de no avergonzarse, joder se volvía a sentir como un niño y lo triste de todo era que aún lo seguía siendo. Salió cubriendo su cintura con una toalla mirándose al espejo tomo la crema para afeitar empezando a rasurarse. No lo hacía a menudo porque le recordaba las mañanas que despertaba en su casa y Haru lo esperaba para que tomaran un baño juntos.
"Me gusta la sensación de tu barba contra mi piel, hace que me enamore un poco más de ti"
Se detuvo un momento para mirarse sintiendo unas ligeras nauseas por culpa de los recuerdos, estaba empezando a alucinar por culpa de sus nervios. Dios era tan molesto sentirse de esa manera pero era tan cálido a la vez que lograba confundirlo, a lo mejor Tsuna tenía razón, a lo mejor ya era hora de arreglar las cosas de una vez por todas.
Tenía que verla sin importar lo demás.
