"Light in darkness"
Disclaimer: Harry Potter es propiedad de J.K. Rowling.
Summary: Huir ha sido una constante en su vida, aun cuando ella no sabía muy bien de que escapaba. Al menos, hasta que su camino se cruza con el de la Orden del Fénix, una organización rebelde, que la ayudara a descubrir quien es en realidad.
Aclaración: Esta historia se desarrolla en un universo alterno, en donde lord Voldemort ostenta el poder absoluto. Por lo mismo, la trama es bastante distinta a la original y los personajes presentan actitudes que tal vez les resulten un tanto extrañas en un primer momento, pero que son consecuencia de sus propias circunstancias en la historia.
Segunda parte
Número 12 de Grimmauld Place
La muerte no era como se la había imaginado, no había dolor, tampoco oscuridad. En realidad, la claridad que llenaba todo comenzaba a molestarle, pero se negaba a abrir los ojos. La inconsciencia era demasiado cómoda, demasiado acogedora como para intentar dejarla. Si abría los ojos, tal vez descubriría que todo no era más que un sueño.
Una puerta se abrió a la distancia, o al menos eso le pareció oír, no podía estar segura de nada.
—Aun duerme…—susurró una voz para ella desconocida.
—Esos mortifagos la golpearon muy fuerte. Están más poderosos que nunca—agregó otra voz, la voz de un hombre. Mortifagos, que palabra más extraña, pensó.
—Sirius, creo que esta despertando—advirtió la primera voz.
Por mucho que se negara, debía despertar, si es que en verdad no estaba muerta. Se tratara de un sueño o de una pesadilla, debía averiguar que estaba pasando. Pero sus parpados parecían pesar una tonelada cada uno, lo que le hacía sumamente trabajoso la sencilla tarea de parpadear. Cuando logró abrir sus ojos se vio en una habitación extraña. El cuarto no era de proporciones muy grandes pero estaba bien acomodado, papel mural listado cubría cada una de las paredes que tenía a la vista. La claridad venía de un pequeño grupo de ventanas frente a ella. La calidez que la envolvía era gracias al grueso edredón color verde botella que la cubría hasta la barbilla.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó la ahora conocida primera voz, la muchacha volteó su rostro en dirección a donde provenía el sonido. Una graciosa pelirroja de más o menos su edad la miraba con expresión caritativa. No había nadie más en la habitación, pero ella estaba segura de haber escuchado a un hombre hablar con anterioridad. Él había hablado de los mortifagos, fueran lo que estos fueran.
—¿Dónde estoy? —preguntó en vez de responder, su voz se escuchaba pastosa. El recelo se dejaba entrever en sus palabras. Lo último que recordaba era haber sido golpeada por un rayo de luz roja y ahora despertaba allí, en aquella acogedora habitación y con una chica pelirroja sonriéndole amablemente.
—Estas en el numero doce de Grimmauld Place—respondió la pelirroja, como si ese nombre pudiera significar algo en particular para ella—. Aquellos mortifagos te dejaron inconsciente por un buen rato, no había forma de despertarte. Y vaya si lo intentamos. Tonks incluso pensó en…
—Espera, no entiendo nada. ¿De qué mortifagosme hablas, qué son?
—¿No lo sabes? —la muchacha castaña parecía sorprendida—. Es imposible, no puedes ser una simple muggle…
—¿Muggle?
—Olvídalo, estoy hablando de más. Necesito hablar con alguien, quédate aquí. No vayas a ninguna parte—la pelirroja abrió la puerta y se disponía a salir cuando se dio la media vuelta—. ¿Por cierto, podrías decirme tu nombre al menos?
Ella la miró con desconfianza, si bien la muchacha no había hecho nada para que ella sospechara de su actuar. Había algo en todo aquello que no le terminaba de calzar, en especial si la joven insistía en usar todos esos términos extraños que ella desconocía. Además, si ella fuera uno de los que la perseguían, al menos debería saber su nombre. Tal vez el que no lo supiera era una buena señal, después de todo.
—Hermione—respondió—. Mi nombre es Hermione Granger.
La pelirroja asintió.
—Por cierto, yo soy Ginny Weasley—le dijo antes de cerrar la puerta tras de si.
Hermione se quedó quieta en la cama sin saber que hacer, solo entonces, se percató que las ropas que llevaba y ella recordaba cubiertas de barro y rotas estaban ahora limpias y como nuevas. Aquello era muy raro, sospechando que tal vez no solo sus ropas habían sufrido un cambio se levantó de la cama y comenzó a buscar un espejo. Sus sospechas fueron confirmadas cuando se miró en el pequeño espejo ovalado que había sobre una cómoda a la izquierda de la cama. Su rostro estaba completamente limpio y sin ninguna de las magulladuras y cortes que ella recordaba, su cabello ya no era la maraña de rizos castaños que había sido hasta hacía unas horas antes. Pero como había sucedido era un completo misterio. Buscó las botas que hasta entonces había ocupado y las encontró junto a su abrigo que se encontraba doblado en una silla cerca de la puerta. Estaban completamente limpias y libres de barro, casi parecían nuevas.
Aquello era sumamente extraño. Decidiendo que no podría quedarse en aquel lugar donde todo parecía relucir de limpio, tomó su abrigo y se lo puso luego de confirmar que la fotografía de sus padres aun seguía en el bolsillo de siempre. Tomó su mochila, que era lo único que se mantenía igual que antes y se acercó a la puerta. No le sorprendió encontrarla completamente cerrada.
Frustrada, comenzó a buscar en la habitación algo que le sirviera para abrir la cerradura. Pero parecía que no había nada útil para lo que se proponía en aquella impoluta habitación. Bufó. Y entonces, la puerta se volvió a abrir dejando a la vista a la misma pelirroja, Ginny.
—Será mejor que dejes esas cosas aquí—le dijo.
—Quiero irme. Mira, has sido muy amable, al traerme aquí y todo eso, pero en verdad deseo volver a…—¿A dónde? se preguntó, ella no tenia a donde ir y lo sabía.
Ginny Weasley pareció notar su vacilación porque una tierna mirada se poso en sus ojos celestes.
—No tienes por qué irte, Hermione. Además, no sería conveniente. Sabemos quienes te estaban persiguiendo, podemos ayudarte.
—En serio, no es necesario. Yo puedo…—insistió pero de pronto sus argumentos fueron acallados por un vergonzoso sonido proveniente de su propio estomago. En verdad no recordaba cuan hambrienta se sentía.
—Ven, deja eso y vamos a la cocina. Estas hambrienta. Mamá dejo algo de su estofado, estoy segura de que te gustara.
Sabiendo que no tenía otra opción y pensando en la posibilidad de tomar una comida caliente por primera vez en mucho tiempo, Hermione se rindió. Se quitó el abrigo y dejo la mochila en el mismo lugar en que antes habían estado. Ginny mantenía la puerta abierta para ella y la dejo salir, en su rostro se venía lo confiada que se sentía en que ella no intentaría escapar.
El pasillo en que se encontraban era extraño. Si, estaba limpio y bien iluminado, pero la decoración era un tanto excéntrica y tenebrosa, y ella podría jurar que el cuadro frente al que pasaron antes de alcanzar la larga escalera, en verdad se movía. Fueron necesarios tres tramos de escaleras para llegar al que debía ser el primer piso. Una elegante puerta de entrada negra se encontraba al final del vestíbulo. Hermione, por un segundo, sintió la tentación de huir, pero no tenía ni su abrigo ni su mochila y no duraría ni un segundo en el frío invierno sin protección. Con resignación siguió a la pelirroja en la dirección contraria hasta llegar a una gran y acogedora cocina donde el fuego de una antigua chimenea continuaba encendido.
—Siéntate donde te apetezca—le dijo Ginny—. Calentare el estofado.
—Ehh… gracias. De verdad.
—No hay de qué—respondió ella antes de ir en dirección a la cocina. Una enorme olla se encontraba sobre esta.
Hermione no pudo reprimir sus deseos de acercarse a la chimenea encendida. Observó las llamas que se movían con lentitud y extendió sus manos para que se calentaran con el fuego. La sensación fue simplemente deliciosa. Tanto como el olor que comenzaba a salir desde un punto sin identificar a sus espaldas. Su estomago volvió a protestar.
—Esta listo—la voz de Ginny la hizo girarse. La muchacha tenía un plato con el humeante estofado ya sobre la mesa. Hermione se sorprendió, había sido verdaderamente rápida.
Ella camino hasta la mesa y se sentó donde el humeante plato se encontraba. Su estomago volvió a hacer un sonido desagradable y a pesar de que el hambre le atenazaba todo el cuerpo, se obligo a tomar cucharadas pequeñas del estofado, estaba sumamente delicioso. Sabía que no podría tener suficiente de él.
Ginny se dedicó a dar vueltas por la cocina para darle algo de intimidad, pero la castaña estaba segura de que no le quitaba en ningún instante los ojos de encima.
De pronto, se escuchó un ruido. Alguien había abierto la puerta de entrada, Hermione alzó la vista de su plato de comida para ver como Ginny también alzaba la mirada y se dirigía con indecisión hacia la puerta de la cocina.
Entonces descubrió que alguien se encontraba en el umbral.
Él era alto y de cabello oscuro. Sus ropas se encontraban sucias y en mal estado. Él observó la estancia en silencio, sus profundos ojos verdes, semiocultos tras unas gafas circulares de apariencia antigua, recorrieron toda la estancia sin fijarse verdaderamente en nada. Hermione alcanzó a ver una extraña cicatriz en forma de rayo en su frente.
—¡Harry! —exclamó Ginny yendo a su lado con una rapidez sorprendente, sin mediar palabra alguna, lo llevo hasta la mesa. Hermione seguía sentada en un extremo de la misma, en silencio, incapaz de volver a comer. Sentía una gran curiosidad por el desconocido que acababa de llegar.
—Estoy bien, Ginny—reclamó el muchacho de cabello negro, pero aun así no hizo ningún movimiento para ponerse en pie o alejarse de la pelirroja.
—Oh, calla y quédate quieto. Mira como estas, ¿me puedes decir en donde estuviste metido? —pero ella no le dio tiempo a contestar y agrego: —Espera un segundo, déjame curarte esas magulladuras. Parece que hubieras estado en medio de una de esas peleas muggle de las que Fred y George tanto hablan…
Harry a regañadientes la dejo hacer. Sabía que no había forma de vencer la obstinación de Ginny cuando se proponía algo. Al menos era ella la que lo había visto llegar y no Molly, la madre de la muchacha, ella sería capaz de insistir en que debía descansar en su habitación por el resto de la semana. Reprimiendo un suspiro de frustración, Harry volvió a recorrer el lugar con la mirada mientras veía que Ginny traía consigo un botiquín muggle. Enarcó una ceja y la pelirroja se limitó a mirar a la muchacha castaña que se mantenía sentada en silencio en una esquina de la mesa.
—¿Quién es ella?—preguntó, en su mente se preguntaba porque aquella muchacha implicaba que el debería soportar que Ginny curara sus heridas con un botiquín muggle en vez de hacerlo con magia que era un método mucho más rápido y efectivo.
—Oh, ella, es Hermione Granger—respondió.
Él la miró interrogante, ¿acaso ese nombre debería significar algo para él?
—Sirius la trajo, la encontró en la plazoleta de enfrente, estaba siendo atacada por un par de mortifagos—explicó.
—¿Sirius hizo qué? —cuestionó, incapaz de creer que su padrino hiciera algo tan impulsivo y a todas vistas, irresponsable—. ¿No se le ocurrió pensar que podía ser una trampa? ¿Qué ella podría estar coludida con ese par de mortifagos?
—Harry—susurró Ginny, exhortándolo a bajar la voz, que él sin notar, había alzado—, ella estaba siendo atacada, la tenían inconsciente en el piso después de no se cuantos hechizos confundidores. Además, no es una muggle ¿acaso no notas la energía mágica que la rodea? —preguntó. Harry alzó la mirada y miró a la muchacha, Hermione, que hacia como si no les prestara atención pero en verdad escuchaba todo. Era cierto, se podía sentir la energía mágica a su alrededor. Era extraño, a simple vista, no parecía una bruja—. Pero no estamos seguros de si es una bruja, una squib o algo más, Sirius y Lupin están ahora revisando los archivos del registro de Hogwarts que lograron robar del Ministerio hace un par de años. Si su nombre sale allí, sabremos de quien se trata. Así que por ahora tomamos precauciones y…
—Nada de magia—completó él por ella la frase.
—Exacto—Ginny comenzó a sacar las cosas del botiquín y a mirarlas con extrañeza. Ella no sabía ni siquiera para que servían.
—Déjalo así, Ginny.
Ella lo miró con una mirada apenada. A pesar del amor de su padre por los artefactos muggle, para ella, la mayoría de ellos eran completamente desconocidos. Pero para Harry no, después de haber vivido la mayor parte de su vida en compañía de sus odiosos tíos muggle, pero al parecer, él no tenía la menor intención de tratar sus heridas de ese modo.
—¿Qué haremos si no es una bruja?
Ginny se encogió de hombros. Ni Sirius ni Lupin le habían dicho que sucedería de ser así.
—Sabes que en realidad puede ser una espía muy convincente.
—Ella no es una espía, Harry. Ella estaba huyendo de ellos, deberías haber visto el estado en que llegó.
Harry no dijo nada y simplemente desvió la mirada hasta donde la muchacha castaña se encontraba. Esta alzó el rostro y lo miró a los ojos. Aquel par de ojos castaño parecía querer fulminarlo. Así que ella lo escuchó todo, pensó. Y una burlona sonrisa de medio lado apareció en sus labios.
La muchacha, Hermione, de pronto se puso de pie y parecía dispuesta a ir hacía él y confrontarlo cuando en la estancia entraron su padrino, Sirius Black y Remus Lupin, quien llevaba entre sus manos un trozo de grueso pergamino.
—Harry—exclamó Sirius y una sonrisa se posó en sus labios—. Estas hecho un desastre, muchacho—agregó burlón.
—Me da gusto verte también, Sirius—respondió él en el mismo tono—. Lupin—saludó esta vez con mayor respeto al hombre que había sido su profesor en Hogwarts antes de que las cosas cambiaran tan drásticamente un par de años atrás.
—Señorita Granger—dijo ahora Sirius en un tono decididamente más formal—. Permítame presentarme, soy Sirius Black, este es Remus Lupin—agregó señalando al hombre de cabello castaño y mirada cansada que lo acompañaba—. Y ese de allí, es mi ahijado, Harry Potter, que estoy seguro, no se presentó.
Hermione intentó omitir la sonrisa que pulsaba por alzar las comisuras de sus labios.
—Es un gusto conocerlo, señor Black —dijo haciendo uso de los impecables modales que su madre le había inculcado—. Y estoy muy agradecida de lo que escuche hizo por mi—sonrió—, es un gusto conocerlo también a usted, señor Lupin.
—Bueno, será mejor que todos nos sentemos—prosiguió Sirius con una enigmática sonrisa en los labios—. Dentro de poco llegaran los demás y se va a desatar un verdadero infierno.
Harry enarcó una ceja con gesto interrogante.
—Señorita Granger—comenzó Sirius—, lo que voy a decir le concierne exclusivamente a usted y me gustaría saber si tiene problema en que tanto Ginny como Harry también lo escuchen.
Aunque sintió deseos de decir que por ella el tal Harry Potter se podía quedar con la duda, estaba segura de que no sería correcto desairar a aquellas personas que tan amablemente —excepto Potter— la habían acogido.
—No hay problema.
—Muy bien—prosiguió el hombre de cabellos negros—. Antes debo preguntarle, señorita Granger si conoce la razón por la cual esos hombres la atacaron ayer.
Ella negó.
—Pero si sabia que la perseguían, ¿no es así? —preguntó el otro hombre, Lupin.
—Si. Ellos, bueno no precisamente ellos, pero otros hombres y mujeres parecidos vienen haciéndolo desde hace años.
—¿Recuerda cuando comenzó todo?
—No sé, solo sospecho que fue cuando cumplí once años. Todo estuvo bien ese día, mis padres organizaron una fiesta y todo—su voz se quebró levemente producto de los recuerdos—, pero después de que me fui a dormir, desperté cuando íbamos por la carretera. Nunca volvimos a casa y estuvimos mucho tiempo más así, papá insistía en que era por su trabajo, pero yo no entendía porque un dentista tenía que viajar por todo Gran Bretaña. Solo cuando crecí comprendí que había un patrón común para todo y eran esas personas de negro.
—¿Dónde están sus padres, señorita Granger?
—E… Ellos murieron hace dos años. Un grupo de esas personas, Ginny los llamó mortifagos, bueno, ellos nos encontraron cuando salíamos del cine. Estábamos felices porque llevábamos casi medio año en Kent y nada malo pasaba y entonces, ellos simplemente agitaron unos palos delgados que traían consigo y lanzaron rayos de luz verde sobre mis padres. Y después intentaron hacerlo conmigo y no resulto, entonces, solo atine a correr lo más rápido que pude…—sin poder evitarlo, una lagrima se deslizó por el borde de sus ojos, no le gustaba hablar de sus padres, detestaba tener que recordar esa noche en que todo parecía estar tan bien y de pronto, todo había terminado de la peor manera.
—Creemos saber porque la perseguían…—dijo Sirius en voz tan baja que casi pareció un susurro. Hermione se limpió con rapidez el rastro de las lágrimas y lo miró esperando a que él continuara—. Lo que voy a decirle, puede resultar un poco fuerte y puede que le cueste aceptarlo o entenderlo, pero es todo verdad. Señorita Granger usted tiene, al igual que todos nosotros, cualidades mágicas, es una bruja. Es por eso que aquellos mortifagos la perseguían.
—¿Una bruja? —inquirió con sorpresa. ¿Ella una bruja? Aquello no parecía posible y aun así… parecía lo más lógico. Aquello explicaría muchas cosas—. ¿Qué es esto, La Santa Inquisición?
—No, ellos también son magos y brujas. Pero el motivo por el cual la persiguen es porque sus padres, señorita Granger, eran muggles, gente sin magia.
—No entiendo…—susurró y Sirius dejó escapar el aire de sus pulmones con pesadez.
—No esperaba que entendiera todo a la primera. Ginny…—dijo dirigiéndose ahora a la pelirroja que lo miró expectante—, ¿podrías por favor preparar algo de té? Esta va a ser una muy larga conversación.
Hola
Bueno, aquí esta el segundo capitulo. Si, yo y mi retorcida imaginación… espero que les haya gustado, el siguiente capitulo es mucho más revelador y comenzaran a entenderse más cosas de la trama… Espero que les haya gustado el capitulo. Pasando a otros anuncios, aviso que probablemente la próxima semana no pueda actualizar porque estoy terminando mis prácticas de Enfermería Comunitaria y mi tiempo se hace más restrictivo, pero no se preocupen. Solo será una semana.
Espero que pasen una linda semana, saludos!
