¡Por fin de regreso! Muchas gracias a los que esperaron por el segundo capítulo tanto tiempo. El punto es que perdí mi laptop en circunstancias muy cómicas, para ser sincera, y no pude recuperarla, así que me costó mucho organizarme y actualizar. Ya no los aburro más con mis justificaciones. ¡Disfruten y espero sus reviews!

Capítulo II

Rechazo

Más de mil años en el mundo, y nunca nadie pudo herirlo de esa manera. Verla destrozada por las torturas a las que había sido sometida, fue sin dudar, el peor golpe que jamás pensó recibir.

Creyó firmemente que mantenerla alejada era lo mejor para ella, pero solo consiguió que en ese preciso instante estuviera luchando por vivir.

El lord se llevó una mano a los labios. El sabor salado de sus lágrimas le pareció sumamente extraño. Rápidamente se limpió el rostro con las manos.

¿Tienes algo que proteger?

Las palabras de su padre llegaron de inmediato a su mente.

Una voz gruesa lo sacó de sus cavilaciones.

- Nunca me escuchaste, no escuchas a nadie… - Tragó saliva y se irguió, muy alto, frente a él. Le costaba hablar. - La salvaste de unos lobos cuando era niña, para arrojarla después a un destino de muerte segura, y todo por tu maldito orgullo...

Su interlocutor abrió los ojos en señal de sorpresa, era la primera vez que el jefe de sus tropas le hablaba de esa manera, y entonces lo comprendió.

- También es mi culpa… - Miró sus garras llenas de sangre. - Debí enfrentarte, robármela y huir con ella si era preciso. - Habló con los dientes apretados.

Takeshi le habló tan cerca a su rostro, que por un momento todos temieron que se iniciara una pelea.

- No es momento para estas discusiones, nuestras mujeres están tratando de ayudar a Rin. Por favor, mantengan la compostura, ya tenemos suficientes problemas por hoy. - Dijo Miroku muy seriamente.

Los ojos verdes de Takeshi se clavaron en el monje llenos de angustia.

- Tienes razón, será mejor que vaya a pasar revisión. Por favor, avísenme si necesitan de mi ayuda. - Miró a Inuyasha, quien parecía ser el más sereno de todos en ese momento y éste asintió.

¿Desde cuándo la ama? Ese hecho comenzaría a torturarlo a partir de ese momento, sobretodo porque él también la amaba, aunque no fuera capaz de comprenderlo.

- Jaken - La voz de Sesshoumaru no se oyó tan segura y potente como siempre. - Ve con Takeshi y regresa luego con el informe de nuestras bajas, también cerciórate de que todas las puertas estén custodiadas, aún no es el fin de esta guerra.

- Sí amo bonito. - La voz del demonio sapo se oyó temblorosa y se marchó con prisa.

- Sé que es un momento muy duro para todos. - Inuyasha comenzó a hablar en medio del asfixiante silencio. - Pero tenemos que estar alertas, no creo que esta tregua dure mucho, tal vez mañana tengamos que seguir peleando, tenemos que curar nuestras heridas y descansar.

Miroku y los sirvientes que estaban cerca comenzaron a caminar a sus habitaciones.

- Sesshoumaru, tú también deberías descansar.

- No me moveré de aquí hasta que alguien salga por esa puerta y me diga que Rin está bien.

- Rin no está bien, pero se recuperará, no hoy, ni mañana, pero será pronto, ella es fuerte y lo va a lograr. Lo mejor ahora es que descanses, te necesitamos más que nunca, por el bien de nuestra gente y de nuestras familias.

- Ella es mi familia. No me moveré de aquí.

Tal vez pasaron unas horas, pero para Sesshoumaru fueron días enteros, esperando que alguien se asomara por la puerta y le dijera que todo estaba bien, que ella estaría bien.

Adentro la situación no era menos tensa. Moura, la vieja demonio que crió a Rin, permanecía a su lado.

- Ve a descansar, yo me quedaré con ella. - Dijo Kagome.

- No me moveré, es mi niña… - Comenzó a llorar.

- Hicimos todo lo posible. - Kagome miró a Sango en profundo agradecimiento. - Ahora todo depende de Rin, y sé que saldrá bien librada de esto.

- Vayan a ver a sus hijos, yo me quedo con mi niña, les avisaré inmediatamente si sucede algo.

Sango y Kagome se retiraron pero fueron inmediatamente interceptadas por Sesshoumaru.

- ¿Ya despertó?

- No, sigue inconsciente pero es normal en su estado. - Respiró profundamente. - Tiene fracturas en todo el cuerpo, heridas muy graves que aunque ya curamos, tardarán en sanar, pero no te preocupes, con mis poderes y las hierbas medicinales que consiguió Moura, ella va a mejorar.

- ¿Qué tan malo es que no despierte?

- Va a despertar, tengamos paciencia.

- ¿Puedo pasar ahora?

- Sí.

Lo que vio al abrir la puerta fue devastador. Como si hubiera estado ciego por años, recién caía en la cuenta de toda la gente que quería a Rin y lo mucho que sufrían por saber que estaba tan grave.

Moura estaba llorando y pidiéndole que despertara. La joven tenía muchas vendas por toda la cara, e imaginó que su cuerpo, cubierto por las mantas, estaría igual. Tenía el pelo sujeto en una trenza muy larga.

La vieja demonio se percató de su presencia pero no volteó a mirarlo. El dolor de ver a su niña en ese estado la nublaba y temía decir algo que lastimara a su otro niño.

Sesshoumaru se sentó en el filo del futón y sintió que el alma se le escapó. La amaba. Moriría si la perdía y no dejaba de reprocharse el haberla echado de su castillo.

Solo un ojo se podía ver en medio de la telaraña de vendas que había en su rostro. El demonio encontró su mano, llena de vendajes también, y besó la pequeña parte de piel que podía verse.

Regresa. Vuelve a mí. Quiso gritar pero no pudo.

Nadie habló.

Los días pasaron y Rin no despertaba. Shippo, Hatsue y los demás permanecían en un área restringida del palacio pues aún no se recuperaban de sus heridas pero ya estaban conscientes. Kagome, Sango y Moura hacían lo posible por atender a todos y no descuidar a sus familias, que en medio de la tregua, permanecían alertas.

- ¿Dónde aprendiste eso?

- La anciana Kaede me lo enseñó.

- Gracias mi amor.

- No es nada mamá, si papá aún no me deja pelear, al menos puedo ayudarles con los heridos.

- Eso ya es muchísimo Shuji, eres un jovencito increíble. - Habló Kagome con dulzura.

- Gracias tía.

A lo lejos, la sacerdotisa vio a la menor de sus hijos y se apresuró a alcanzarla.

- ¿Qué haces con ese arco?

Akemi volteó de un salto.

- Madre… yo…

- No te atrevas a mentir. - Habló en tono severo.

- El jefe Takeshi me está entrenando.

- ¡¿Qué?!

- Le dije que quería ser tan buena como Rin.

- Todavía eres muy pequeña. - Dijo tratando de contenerse y no gritar.

- Por favor madre, mira lo que le pasó a Rin y a Shippo… no podría verte así, a duras penas y puedo aguantar verlos a ellos en ese estado… - Muchas lágrimas cayeron por su rostro. - Te juro que seré prudente, y solo cuando llegue el momento, ayudaré en lo que sea necesario.

Kagome también lloró y abrazó a su hija.

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Estaban solos y no pudo contenerse. Besó sus labios como si tuviera miedo de lastimarla, más de lo que ya estaba. Apartó su rostro del de ella y el único ojo que podía verse permanecía cerrado.

- ¡Maldición, despierta, despierta ya! - Gritó desesperado desde el otro extremo de la habitación.

- ¿Esa también es una orden?

Era su voz aunque fue muy débil. Levitó y se acercó nuevamente.

- ¿Cómo te sientes?

Rin comenzó a mirar a todas partes, desubicada.

- ¿Dónde estoy?

- En el castillo.

- ¿Qué? - Comenzó a llorar. - ¿Qué pasó? ¿Dónde están los demás? - Trató de levantarse pero no pudo y lanzó un grito desgarrador de dolor.

- No te muevas, tranquila por favor. - La ayudó a acomodarse nuevamente.

La forma en que la miró la estremeció. Asustada, se percató de que su visión no era la de siempre. Con horror comenzó a sentir las vendas en su rostro y a observar con mayor atención las que tenía en todo el cuerpo.

- ¿Dónde está Shippo? ¿Y Hatsue? ¿Dónde están los demás?... Dios… ¿Qué pasó?... Me duele todo…

Cada palabra y gesto le dolieron a su interlocutor.

- No te muevas, traeré a Kagome.

- No, espere, no me deje, no puedo moverme…

Alguien llegó estrepitosamente y abrió la puerta. Era Inuyasha como caído del cielo.

- Escuché que gritabas… ¿Rin?

- Por favor llama a tu mujer.

- Enseguida vuelvo.

- Dígame la verdad… ¿están muertos? - Preguntó con el pánico reflejado en su rostro.

- Sé que algunos de los humanos que los acompañaban murieron. - No pudo evitar pensar que todas las lágrimas que en ese instante caían por su rostro, eran su completa responsabilidad. - Shippo, Hatsue y otros más están heridos pero recuperándose, de hecho mejor que tú.

- Ahora recuerdo que nos atacaron, eran muchos, nos torturaron… - Cerró los ojos recodando el horror. - Esta maldita guerra tiene que terminar. - Susurró.

- Así será, pero ahora solo debes concentrarte en recuperarte.

- No puedo estar aquí.

- ¿Disculpa?

- No quiero estar en el castillo, prefiero ir a casa de Inuyasha.

- La casa de Inuyasha fue destruida, todos estamos refugiados aquí, además siempre ha sido tu hogar.

- Cuando me echó parecía no recordar que era mi hogar. - Habló en tono serio, recuperando completamente la elocuencia y hasta sonó desafiante.

- Sigue siendo tu hogar, además, en estas circunstancias, no hay lugar más seguro.

- Me iré con Shippo y Hatsue.

- Esa no es una posibilidad, las aldeas vecinas ya no existen, todo está destruido, además tus heridas son muy graves, requieres de la mejor atención.

Rin lloró amargamente y Sesshoumaru sintió por primera vez que su alma se destrozaba pero no dijo ni hizo nada para demostrarlo.

- Le ruego que se vaya, esperaré a Kagome.

- Muy bien, me iré, pero tienes que saber que acepto que me equivoqué en pedirte que vivieras con Inuyasha y su familia, pero entiende, no tengo la más mínima intensión de dejarte ir, ni ahora ni nunca. - La miró fijamente. - Alejarte ha sido el error más grande que he cometido en mi larga vida, así que de aquí no te vas, mientras esté vivo al menos. - Dijo amenazante y con su usual tono autoritario.

Bajo otro contexto, eso hubiera significado que no se iría nunca pues los demonios viven miles de años, pero en medio de una guerra, la posibilidad de que el lord fuera asesinado era la peor y más dolorosa de todas para Rin.

- Tampoco es que pueda irme a algún lugar en este estado.

- Te recuperarás y permanecerás aquí.

- Eso ya lo veremos, señor. - Ella misma se extrañó de la forma tan altanera en la que habló.

El demonio se sorprendió por su respuesta, había algo distinto en ella y temió que partir de ese momento solo encontrara rechazo.

Kagome y Sango irrumpieron en la estancia. Se aproximaron a ella inmediatamente y el demonio no pudo evitar notar la diferencia de su trato hacia ellas. Lucía tan aliviada y feliz de verlas que prefirió marcharse en ese momento.

Más días pasaron y aunque Rin iba recuperándose lentamente, su actitud hacia Sesshoumaru no mejoraba y todos ya lo habían notado.

- Entiendo cómo te sientes, pero créeme, él también ha sufrido mucho con los últimos acontecimientos.

- No lo creo, y la verdad es que ya no me importa, solo quiero recuperarme y seguir con mi vida, irme lejos.

- Lo dices porque estás enojada.

- Ya no siento nada por él, y lo peor es que cada vez que lo veo, recuerdo la forma tan fría en la que me echó y...

Kagome se sorprendió pues era la primera vez que la joven hablaba tan frontalmente sobre sus sentimientos.

- Todo eso también lo dices porque estás molesta, y es normal pero...

- Te equivocas. - La interrumpió. - He pasado por cosas muy duras desde que tengo memoria, pero creo que ya no le debo la vida, después de que casi muero, nuevamente, siento que ya no le debo la vida a nadie. Yo sola me he salvado, yo misma, y ya no quiero vivir a medias, necesito desligarme de este amor que nada bueno ha traído. - Hizo una pausa, como reflexionando. - Ni si quiera le tembló la voz cuando me echó, ni fue a visitarme nunca, y solo me buscó hasta que sospechó que me encontraría medio muerta, así que ya no le debo nada.

Las palabras de Rin fueron tan amargas que entonces Rin pudo comprender lo herida que estaba, no su cuerpo, sino su alma.

Alguien tocó la puerta y Rin preguntó quién era. La respuesta la animó y aceptó a que pasara.

- Tenía muchas ganas de verte.

- Yo también, acércate por favor, no soy capaz de moverme un centímetro.

- ¿Cómo estás? - Dio un leve apretón a la mano que parecía estar más sana.

- Ya ves… - Dijo en tono triste mostrando sus vendas. - Estoy preocupada, tal vez mi habilidad ya no sea la misma después de esto.

- No te preocupes por eso ahora, realmente dudo que la haya perjudicado. Tú solo recupérate y a penas puedas, entrenamos.

- Takeshi, yo no puedo quedarme aquí después de mi recuperación.

- No seas necia, sé que estás molesta, pero este es tu hogar, y aunque Sesshoumaru lo olvidó por un momento, él ahora sabe que no hay mejor lugar para ti.

- ¿Lo defiendes? ¿Estás de su lado?

- No se trata de eso, es que no puedo ser injusto.

- Él es quien fue injusto conmigo. - Dijo indignada.

- De acuerdo, pero ya cambiaron las cosas, él aceptó su culpa.

- ¿Y de qué me sirve su culpa? Mi cuerpo está roto.

- Será mejor que los dejemos conversar un rato. - Sango dijo nerviosa mientras arrastraba a Kagome fuera de la habitación.

- Lo que yo quiero es que comprenda realmente lo que hizo, que ruegue que lo perdone.

- Rin, tú no eres así, y Sesshoumaru… - Se sintió ofuscado. - Lo conozco hace tantos años y jamás lo vi ofrecer disculpas a nadie.

- ¡Qué consuelo! - Dijo en tono irónico.

- No he venido a consolarte, ya estás muy grande para eso. - La miró fijamente. - No gastes tus energías en temas que no valen la pena. Recupérate, esta guerra no ha terminado y necesitamos de tu destreza. - Trató de relajarse. - Imagínate que me hiciste tanta falta, que tuve que hacerme de una nueva aprendiz.

- ¿Debo preocuparme? - Dijo en broma.

- Puede ser una dura competencia.

- No lo creo, además tú me quieres más a mí. - Dijo con naturalidad.

- Eso no lo dudes, nunca. - Takeshi se perdió en el único ojo chocolate que podía ver.

Casi como si de una pequeña explosión se tratara, se abrió la puerta. Era Sesshoumaru, y su expresión no era la de siempre, aunque tampoco era la más amistosa.

- ¿Cómo se atreve a entrar sin tocar? - Dijo la joven muy ofendida.

- ¿Siempre se han tratado así? - Ignoró lo dicho por Rin y clavó la mirada en el jefe de sus tropas.

Takeshi se reprochó internamente por haber perdido la concentración y no percatarse de la presencia del lord.

- Sí señor.

- No me vengas ahora con tu falso respeto. Sabes perfectamente que esta es una falta muy grave.

- Sinceramente, no veo dónde esté la falta.

- Rin es mi protegida. - Dijo posesivamente.

- También mi amiga y mi aprendiz. - Takeshi resaltó los "mi" con mucho énfasis, demasiado para el lord.

- No estoy jugando.

- Yo menos.

- ¡Basta! - Rin alzó la voz. - Si tienen algún problema, les voy a pedir que lo resuelvan en otro lugar, de pronto me duele mucho la cabeza…

- No quise molestarte. - Sesshoumaru suavizó su semblante y fue algo increíble para su soldado.

- Pues ya lo hizo, yo estaba feliz de ver a Takeshi después de mucho tiempo, y usted tenía que venir a reclamarle quién sabe qué.

- No es correcto que se dirija a ti con tanta familiaridad.

- ¿Cómo dice? - Rin recién cayó en la cuenta. - ¿Nos estuvo espiando? y lo que es peor, recién se percata de lo cercanos que somos. - Rin rió con ironía.

- Últimamente ya no respetas mis puntos de vista.

- ¿Me habla de respeto cuando estuvo escuchando una conversación privada? ¿Cree que puede hacerlo solo porque soy una huésped en su castillo?

- No comencemos con eso.

- Takeshi es mi amigo de toda la vida, me vio crecer, me entrenó, gran parte de lo que soy es por él y jamás tendré como pagárselo.

- Él seguía mis órdenes. - Dijo en un impulso.

- ¿También fue una de sus órdenes que me tratara con cariño?

Sesshoumaru se enfureció, Takeshi lo sabía y trató de calmar las aguas.

- Ya es suficiente Rin.

- Es muy cruel que trate de desmerecer todo lo que Takeshi ha hecho por mí. - Siguió como si no hubiera escuchado la advertencia de su maestro. - Lo único que hay para mí en su castillo, es la gente que me protegió y ayudó desde que llegué.

- Como yo.

- ¡Usted me echó!

- ¡Me equivoqué! – Rugió y la joven se exaltó tanto que tembló. - Estoy arrepentido y daría cualquier cosa por ser yo el que estuviera en esa cama recuperándose. - Habló más suave al final.

Rin vio algo diferente en su actitud y se sintió muy confundida.

- Váyanse por favor.

- Lo siento Rin. - Dijo Takeshi y luego se retiró.

- Perdóname.

- Déjeme sola por favor.

- Perdón por echarte. Estaba confundido, todo lo que dijiste, tus sentimientos, me preocupé… - El lord hablaba tan desordenadamente que la muchacha creyó que se trataba de otra persona. - No supe cómo reaccionar a tu confesión y te lastimé sin querer.

- Olvídese de esa confesión, esa Rin ya no existe, la echaron, la torturaron y finalmente murió.

- Rin, tú no…

- Váyase, ya fue suficiente.

En otro tiempo, la chica jamás le hubiera hablado así y si lo hacía, la hubiera castigado por su insolencia, y en otro tiempo, las palabras de Rin no lo hubieran afectado tanto.

El poderoso y temido lord de las Tierras del Oeste tenía la guardia baja, las defensas colapsadas. La mujer que le hacía perder la razón ya no lo amaba.