Tú o ninguna
Por: Kary Klais
Capítulo 2
-¡No lo hagas!- Gritó Candy aterrada, pues no soportaría ver a un ser humano quitarse la vida frente a sus ojos. El apuesto chico volteó y vio a una chica rubia, de ojos tan verdes que parecían piedras preciosas que te hiptonizaban con sólo mirarlos. Aunque delgada, era muy hermosa, su nariz era pequeña, sus labios rojos y carnosos, muy besables, pensó él, pero sin duda, lo que mejor adornaba su bello rostro eran sus lindas pecas que parecían haber sido puestas para resaltar su hermosura.
Saliendo de su trance hipnótico, el apuesto joven respondió:
-¡Ja! Te pasas, niña. ¿A caso creíste que iba a saltar? Sólo estaba contemplando el agua.- Dijo el chico en tono burlón.
-Co-como te vi llorando, pensé que...- Candy no pudo terminar la frase, pues le respondieron:
-¿Yo llorando? ¡Ja! Los ingleses no lloran y yo, soy un inglés.
-Sí llorabas- Dijo Candy molesta- Además, es bueno llorar de vez en cuando, no importa si eres inglés o no.- Dijo Candy alzando la voz, no se explicaba por qué ese desconocido la irritaba.
-¡Oh, vamos! No hagas esos gestos, se te notan más esas horrendas pecas.
-¡Mis pecas no son horrendas!
-¡Claro que sí! Y se notan más cuando arrugas la nariz.
-¡Eso es mentira! Yo no sé ni por qué estoy hablando con usted.
-Yo no tengo la culpa de que esté usted tan amargada y que además tenga tantas pecas. Si las vendiera, seguro estoy de que se haría rica, jajajaja.- Estalló en sonoras carcajadas, cosa que ofendió a Candy, que se defendería de forma errónea.
-¡Mocoso engreído!- Gritó Candy toda roja del coraje.
-No se enoje, señorita Pecas.- Dijo el joven.
-¡Mi nombre es Candice White! ¡Sólo eso!- Dijo Candy al momento de estrellarle la sonora cachetada, y él, como todo un caballero, no se la regresaría, pero sí se la cobraría de otra manera.
-Soy Terruce.- Dijo a penas en un susurro cuando la tomó por la nuca y acercó sus labios a los de la pecosa. Candy al principio puso objeción y trató de apartarse, pero al ser él más alto y fuerte, no lo logró y al ver sus fallidos intentos, dejó de luchar y saboreó ese beso, que por ser el primero, jamás olvidaría y esa, y muchas noches más les robaría el sueño a ambos.
Terry la soltó, pues escuchó unos pasos por el barco. Ella se quedó con los ojos aún cerrados. Cuando escuchó que la llamaron se dio la vuelta.
-Señorita White Andrew, pensé que caminaba dormida- Dijo George que ya tenía rato buscándola.
-Vamos adentro, está helado aquí afuera. ¿Qué hacía a estas horas aquí?
-Yo... amm...- Balbuceó Candy buscando una excusa, pues después de mirar a varios lados no veía al mocoso arrogante y osado que se atrevió a robarle su primer beso.
-Salí a tomar aire.- Dijo toda apenada y tomada del brazo de George emprendió su andar hasta su camarote.
...
En otro lujoso camarote...
-Ya pasan las tres de la madrugada y no puedo conciliar el sueño. ¿Quién será esa niña? No puedo dejar de pensar en sus ojos, son tan lindos... reflejan mucha bondad y mucha tristeza. Y ese beso... ¡Vamos, Terry! ¿Por qué piensas en esa pecosa? Debe ser una señorita más de las mimadas de la sociedad, pero si no hubiera llegado, estoy seguro de haber cometido la tontería de haberme arrojado al mar...- Así se la pasó toda la madrugada hasta caer en los brazos de morfeo.
Los días transcurrieron sin ningún imprevisto. Candy y Terry no volvieron a encontrarse. Pasaron cinco días cuando el imponente barco tocó puerto. Candy, Albert y George se preparaban para desembarcar cuando...
-¡Candy, Candy! ¡Por aquí!- Gritaban dos chicos eufóricos abriéndose paso entre la multitud que esperaban en el puerto por sus familiares.
-¡Stear y Archie!- Gritó Candy y se lanzó a los brazos de los que además de ser sus paladines y primos, eran sus más grandes amigos. Éstos la recibieron y dijeron:
-Gatita, pensé que te negarías a venir.
-¡De ninguna manera! Ustedes me esperaban y ya estoy aquí.
-Candy, tengo un nuevo invento, verás que te gustará...
-Chicos, por favor, vallámonos ya que se hace tarde y a Candy la esperan en el colegio.
-Está bien, tío.- Respondieron resignados los jóvenes.
Llegaron al colegio, a Candy le dijeron las reglas y sus obligaciones. La hermana Margareth la llevó a su cuarto. Se despidió y le recordó:
-Mañana tienes que despertar temprano. Hay misa a las siete de la mañana y usarás el uniforme blanco. ¿Está claro?- Preguntó con una sonrisa.
-Entendido, hermana, gracias.
Pasaron cinco minutos y tocaron la puerta.
-Pase.- Dijo Candy, mas al ver que no entraba nadie, abrió, encontrándose con tres chicas.
-Hola. ¿Podemos pasar? Hemos venido a darte la bienvenida.
-Claro, pasen.- Respondió Candy.
-Yo soy Patty, ella Melissa y su hermana Elisa.
-Mucho gusto, soy Candy.-
Hablaron de cosas triviales y llegadas las nueve, todas se retiraron a sus habitaciones.
A la mañana siguiente...
-Me quedé dormida. ¡Me van a castigar!- Candy se aseó en un flash y ni que decir de la manera en que se vistió, iba bajando cuando al pie de la escalera vio a Patty, Elisa, Melissa y otra chica que al distinguirla corrió a saludarla.
-¡Candy! Legaste, te esperaba ayer...
-¡Annie! No pensé encontrarte aquí...
-¡Chicas, chicas! Luego siguen saludándose, se hace tarde.
Así partieron a misa y estando en misa, Candy se quedó dormida, por lo tanto, la hermana Gray la reprendió y la sacó de la iglesia.
Candy caminó y se adentró en el bosque, llegó a una pequeña colina y pensó que era como estar en la colina de Pony. Estaba indignada por la forma en que la habían sacado y empezó a hablar en voz alta.
-¿Yo qué culpa tengo de que el sermón del cura esté tan aburrido? Pero esa vieja cabezona no se puso a pensar en eso y me sacó a jalones...
-Y da gracias a Dios que no ha escuchado como la has llamado, señorita Pecas, porque si no...
-¡Lo que me faltaba! Y tú, mocoso arrogante, ¿qué haces aquí?
-¿Yo? Aquí estudio, ¿y tú? Ah, ya sé, vienes aquí para aprender a ser una dama y buena esposa, ¿verdad? A eso vienen ustedes, para aprender modales.
-Al menos yo vengo a algo, pero tú...- Lo apuntó con el dedo.- Parece que no aprendes nada.
-¿Por qué piensas eso, señorita Pecas?
-¡Tú no te comportas como un caballero!
-Ah... lo dices por el beso... ¿Quisieras repetirlo, pequeña pecosa?
-¡Claro que no!- Dijo Candy nerviosa, aunque demasiado tarde. Terry la tomó del cuello y la besó con tanta urgencia que ella no lo rechazó. Se sentían en las nubes cuando de pronto...
-¡Qué está pasando aquí!
Continuará...
¡Hola de Nuevo!
Espero que les guste este capítulo, lo hice con mucho amor. Ya tengo escrito casi todo el fic, lo escribí mientras estuve en el hospital. Sólo me falta el final, les agradezco a todas las que me han regalado unos minutos de su valioso tiempo, en especial a Wendy Grandchester porque sin ella esto no sería posible, ya que ella me alentó a escribir y publicar. Gracias Wen, mil besos.
Sus comentarios son muy bien recibidos:
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