Capítulo 2: Miedo
Pliroy
Abrió los ojos lentamente. Su mente seguía nublada y su cuerpo se sentía entumecido, como hacía después de una sesión práctica particularmente demandante. Su cabello rubio le caía sobre los ojos y lo único que podía ver aparte de éste era la blanca sábana que tenía bajo de él.
Curioso, como aunque estaba completamente desnudo estaba cómodamente calentito.
Y, en cuanto cayó en cuenta de su desnudez, los recuerdos de lo ocurrido le llegaron de golpe. Siguiendo acorde, comenzó el dolor de su cuerpo.
Intentó moverse solo para notar el pesado brazo que lo sostenía en su sitio. Lo hizo a un lado con cuidado, lo que menos deseaba de momento era despertar al canadiense y tener que enfrentarse a él.
Se movió por la habitación, pescando su ropa y echándosela encima tan rápido como podía. No quería ver las zonas enrojecidas o amoratadas, evidencia del acto realizado. Especialmente intentaba ignorar el escozor en su cuello, donde estaba la marca de su vínculo.
Salió de ahí de inmediato, sin dejar más rastro atrás que un par de manchas en las sábanas y arañazos profundos en la espalda y brazos del canadiense.
.
Capítulo 2: Futuro
Viktuuri
.
El insistente sonido de un teléfono fue lo que le obligó a despertar. Abrió los ojos para encontrarse con la borrosa imagen de su adorable ruso, cuyos ojos azules se abrían también a causa del ruido.
—¿Mis anteojos? —preguntó mientras se volvía para buscarlos.
Su cuerpo estaba un tanto entumecido por conservar la misma posición durante el rato que había dormido, pero poco le importaba. Dormir en brazos de Viktor valía la pena.
Tanteo la mesita de noche con las manos, encontrando el teléfono antes que los anteojos. No ayudaba mucho el que Viktor no ayudara a buscarlos y, en cambio, se acurrucara en su espalda baja.
—Ah, es Yurio. ¡Viktor deja de tocarme el trasero, tengo que responderle a Yurio! —dijo, retirando la mano de Viktor, aunque esta no tardó en regresar a su sitio.
—¿Yurio? ¿Qué sucede? Rara vez me llamas…—De alguna manera, sus palabras lograron salir como un reclamo, aunque en realidad solo le sorprendía. El menor solía contentarse con enviar mensajes de texto.
—Yo… necesito ayuda. Katsudon, tienes que ayudarme y no decirle nadie, ¡ni siquiera a Viktor! —respondió el rubio, alarmando al japonés con su tono.
—Claro que te ayudo, pero ¿qué ocurre? ¿Estás bien? ¿Dónde estás? —Se levantó de inmediato y fue a buscar algo de ropa que echarse encima.
La urgencia en la voz de Yuuri alertó también a Viktor, claro. Sonaba como una madre que acababa de perder a su hijo en un centro comercial.
—¿Qué pasa, Yuuri? ¿Está bien? Dile que iremos en seguida —dijo Viktor, levantándose también para vestirse.
—¡No traigas al anciano contigo! Yo… no quiero que él lo sepa… ven solo tú, por favor. Estoy en mi habitación —respondió el rubio tras escuchar al mayor, con una voz tan pequeña que parecía poco más que un suspiro.
.
Si ya estaba alarmado, aquello asustó todavía más al japonés. ¿Qué demonios afectaba tanto al "Punk Ruso" como para hacerle hablar de aquella forma? Tenía que ayudarlo, claro que sí y, si era tan importante como para que dejara su orgullo y se lo pidiera de aquella forma, entonces tendría que ir solo.
Observó de reojo a su pareja mientras este se movía por la habitación. ¿Cómo podía hacer para que se quedara? Seguramente, nada de lo que dijera lo haría aceptar quedarse ahí como buen chico. Razonar tomaría demasiado tiempo y Yurio le necesitaba ahí, no podía dejarlo esperando.
Suspiró profundamente. Viktor de verdad iba a molestarse por lo que estaba a punto de hacer.
.
—Lo siento —fue lo único que dijo mientras abría la puerta de la habitación para salir pitando de ahí. Corrió tan rápido como sus piernas lo permitieron, bastante rápido a decir verdad. El pobre ruso ni siquiera había procesado lo que ocurría cuando el japonés ya estaba frente al elevador.
El poco tiempo que le tomó a Viktor ponerse pantalones y una playera fue suficiente para que perdiera completamente de vista a Yuuri.
.
Al japonés no le tomó mucho tiempo llegar a la habitación de Plisetsky. Tras tocar un par de veces, el rubio abrió la puerta y le jaló dentro.
No pudo evitar un sonido de sorpresa al ver la cara del chico. Ojos rojos e hinchados que dejaban obvio lo mucho que había llorado hacía no mucho tiempo, los labios inflamados que muchas veces había visto en Viktor luego de una sesión de besos… sus ojos examinaron con mayor detalle al rubio, abriéndose más y más ante la sorpresa e incredulidad.
Las marcas de besos en su cuello, una mordida de apariencia profunda al lado de éste, un grupo de moretones en formación en sus brazos y, sobre todo, la posición que conservaba, como si quisiera hacerse pequeñito y desaparecer.
—Yurio, ¿¡qué te pasó!? —preguntó, tomándole por los hombros.
Era una pregunta tonta, en realidad sabía muy bien lo que le había pasado (o al menos se hacía una idea) pero deseaba por todos los medios que fuera mentira.
¿Lo habían violado? ¿Habrían llegado a tanto? ¿Quién podría querer hacerle algo así a un chico de 15 años?
—No es lo que piensas —dijo el rubio. Ya se imaginaba lo que estaría pensando el japonés y eligió pararlo ahí—. No al menos de la forma en que pareces estar tomándolo —agregó.
.
No tenía fuerzas para estar hablando de ello en medio de la habitación, así que fue a sentarse en la cama.
Se había duchado de manera rápida tan pronto llegara a su habitación, por lo que su cabello mojado escurría gotitas de agua en su rostro mientras pensaba en cómo mierda le explicaría aquello al Katsudon.
—Soy un omega —dijo finalmente, decidiendo que iniciar por el principio haría las cosas más simples—. Decidí mentir para poder darme la oportunidad de sobresalir. Yakov jamás habría aceptado a un omega como estudiante y tampoco lo haría ningún otro entrenador respetable en Rusia.
Mentí, con ayuda del abuelo, y estuve mintiendo todo este tiempo. Fue fácil, pues no había tenido un celo, pero ayer…— se detuvo, incapaz de seguir.
.
El rostro de Yuuri era indescriptible. Sus ojos, fijos en el menor, miraban sin ver en realidad mientras el cerebro le funcionaba a toda prisa. Las piezas encajaban una a una pero, a la vez, comenzaba a caer en cuenta… Yurio era un omega, el día anterior había entrado en celo y ahora tenía una marca de mordida en el cuello…
—Yurio… ¿quién? —Ni siquiera tuvo que preguntar más.
El menor levantó la vista hacia el japonés y le respondió en voz seca—. JJ—
.
Pobre Yuuri. Si ya se sentía aturdido, aquella última pieza de información acabó siendo la gota que derramara el vaso.
Un montón de pensamientos embotellaron su mente cual carretera sobre-concurrida y se quedó trabado, observando al rubio con una expresión que podría ganar un Oscar.
El ruso se habría burlado de él, de no estar tan afectado por lo ocurrido. Como estaban las cosas, no tuvo humor ni de seguir mirando al confundido japonés y se recostó en la cama.
Seguía en celo, aunque este estaba aplacado de momento por la sesión anterior con JJ. Ahora solo se sentía… extrañamente vacío. En un sentido tanto emocional como físico. Repudiaba la parte de él que extrañaba la cercanía del canadiense, la que le quería dentro...
—Katsudon, ¿puedo hacerte una pregunta? —cuestionó. Su voz sonaba apagada, pues hablaba contra su almohada.
—Claro que sí. Pregunta lo que quieras —respondió el japonés, finalmente volviendo en sí.
El ruso se sentó una vez más y observó de reojo al japonés. Sus mejillas brillaban en tono carmín y usaba su cabello para esconder el rostro.
—¿Siempre se siente tan bien? El sexo, quiero decir.
.
Aquello lo hizo. Logró averiar a Katsuki. El pobre enrojeció hasta las orejas y cubrió su rostro. Habría salido corriendo de la habitación de no ser por el extraño sentido de responsabilidad que tenía para con el rubio.
—Ah… pues sí, suele sentirse bien… ¡Pero no deberías ir haciéndolo a tu edad! Digo, no es que esta vez hayas podido evitarlo… ¡Pero no! Debes tener cuidado de aquí en adelante, Yurio. Hacer cosas de adultos trae responsabilidades de adultos, ¿sabes? ¿Qué tal si… —se interrumpió de repente, se le acababa de ocurrir algo mucho más importante que dar sermones—. Yurio, cuando lo hicieron… esto… JJ… emm…
—¿Acabó dentro? Sí. No usamos preservativos, no estoy en control anticonceptivo y, además, estoy en celo. Si no hago nada al respecto terminaré embarazado. Lo sé, lo sé. ¿Por qué crees que te hablé? Necesito ayuda.
.
En ocasiones como esa,el ruso parecía mucho más maduro que su edad. Decirle aquello no podía ser fácil, en especial admitir que no podía solucionarlo solo.
.
—Claro que te ayudaré, Yurio… pero no puedo ocultarlo de Viktor. Puedes decírselo tú mismo si gustas o puedo hacerlo yo, pero me niego a estar actuando a sus espaldas — dijo, decidido a mantener su decisión.
—Me dan asco, tú y el anciano —fue la respuesta que obtuvo.
Bueno, después de todo Yuri seguía siendo solo un adolescente.
.
…
.
Viktor no estaba para nada feliz. Esperaba en su habitación, sabiendo perfectamente bien que el japonés tendría que regresar en algún momento. Y así fue, pero no iba solo.
Sus quejas se quedaron congeladas sin salir. La apariencia de Yurio fue suficiente para que Viktor olvidara la escenita que tenía planeada. Observó directamente al rubio por unos minutos y, sin decir nada, pareció comprenderlo. Su mente se acopló más rápido que la de Yuuri había hecho y se puso en pie para acercarse al menor.
—¿Qué sucedió, Yurio? —su pregunta preocupada fue recibida con una mala cara de parte del rubio. Ya se había aburrido de contar lo ocurrido, y eso que apenas lo había hecho una vez.
—Que te lo diga Katsudon, yo estoy cansado —resopló, retirándose hacia una de las camas. La más arreglada. Ojalá no hubiesen hecho "eso" ahí. Se acostó, pretendiendo no prestar atención a los otros dos.
Era molesto, estaban perdiendo tiempo valioso. ¡En su interior podía estar creándose un bebé en aquel preciso momento! ¡No tenían tiempo para charlar!
—Acompáñame a buscar una farmacia, te contaré en el camino —. El japonés le había leído el pensamiento.
