Capítulo uno
Alice POV
El aeropuerto de Galveston estaba lleno de gente y no lograba ver a mi hermano. Se supone que vendría a recogerme, pero parece que lo ha olvidado. Pedirle favores a Edward es como hablar con una puerta: no me escucha y se limita a asentir a todo lo que digo.
Me quedaré al menos 3 meses aquí: nunca me quedo más de una semana en un lugar, pero esta vez me ha contratado una compañía de ballet y no puedo perder la oportunidad. Hice el casting por internet y decidieron que me darían el papel de Odile; he trabajado en compañías de ballet antes, pero nunca me habían dado un rol tan importante así que solo voy a vivir mi momento.
-¡Alice!- mi hermano vino corriedo hacia mí y me abrazó con fuerza- ¡¿Cómo estás, hermanita?!
-Muy bien- respondí correspondiendo a su abrazo-, ¿Cómo está papá?
-Bien; muy feliz y ansioso por verte- me quitó una de mis maletas y comenzamos a caminar hacia donde había estacionado el auto- ¿Me puedes explicar como es eso de que ahora trabajas en una compañía de ballet? ¿Te estás volviendo responsable o te aburriste de viajar por el mundo?
-Nunca me aburriré- murmuré frunciendo el ceño-, de hecho cuando terminen las funciones de " El lago de los cisnes" quiero ir a Turquía. Si estoy aquí es porque la compañía quiso reunir a las mejores bailarinas del mundo en una sola obra, pero si no me llaman para contratarme en una compañía importante, seguiré viajando y viviendo de trabajos esporádicos.
-Nunca cambiarás... ¿Te quedarás en casa o con las demás bailarinas?
-En casa- dije luego de bostezar-, extraño a papá y quiero hablar con él, además esta semana tengo que ensayar mucho para ver si es que estrenamos el viernes.
-¡Espera un segundo! ¡¿Cómo lograrás aprender toda una obra en 5 días?!
-Bailo menos de 15 minutos- dije rodando los ojos-, no hago la parte del cisne blanco, por lo que me dijeron que viniera esta semana para coordinarme con el bailarín y ya.
De hecho he estado ensayando desde hace un mes, me gusta viajar, pero no puedo pasarme demasiado tiempo sin practicar, además bailar y ensayar me ayuda a distraerme de los recuerdos. Hace casi 9 años hice algo que no fue digno de reconocimiento, pero que era la mejor decisión. Solo mi madre y mi mejor amiga entienden y conocen lo que hice y mientras menos gente lo sepa es mejor.
Dentro del auto Edward hizo la pregunta que llevaba tiempo aguantando. Supe que quería preguntar desde que me dijo que vendría a recogerme y supongo que es lo normal, dadas nuestras circunstancias.
-Sé que haz viajado mucho- comenzó- y quería preguntarte ¿No haz visto a mamá en alguno de tus viajes? ¿Sabes dónde está ahora?
Nuestros padres se divorciaron cuando yo tenía 10 años, fue muy triste porque mis hermanos y yo no queríamos que se separaran, queríamos seguir siendo una familia feliz, pero como resultado nuestros padres nos preguntaron con cual de ellos nos queríamos quedar para evitar algún tipo de conflicto judicial.
Es terriblemente doloroso para un niño tener que escoger entre sus padres: yo quería vivir con papá y mis hermanos también, pero mamá iba a quedarse sola y ella nos quería mucho como para merecer la ingratitud de sus hijos. Vi el dolor en su mirada, por lo que a pesar de que mi corazón me decía que debía quedarme con mi padre, decidí ir a vivir con ella separando inevitablemente a nuestra familia para siempre.
Yo me parezco mucho a Esme, mi madre: a ambas nos gusta mucho viajar y no podemos quedarnos por tiempos prolongados en un mismo lugar. Viajar y conocer nuevos lugares te ayuda a olvidar los fantasmas y el dolor de las cosas que ocurrieron en el pasado.
-La vi por última vez en un pueblo de Argentina hace como 2 años- dije tomando su mano en un semáforo en alto-, estaba bien, feliz y tranquila. Hablé con ella hace unos dias y creo que vendrá de visita pronto para verlos.
-Eso espero- la tristeza teñía su voz mientras yo lo miraba con atención-, hace muchos años que no la veo.
La casa de papá es como una cabaña cerca de la playa. Es blanca, tiene 3 pisos con terraza, piscina y árboles frutales. Yo creo que cuando me decida a establecerme en un lugar, será en un lugar parecido a éste, ya que hay tanta paz y tranquilidad que es practicamente perfecto; ayuda a relajar el alma.
-¡Mi princesa!- exclamó papá cuando entré al salón- Por fin vienes a verme por más de tres días ¿Dónde andaba mi pequeña viajera?
-En Brasil- me quedé abrazándole para inundarme con su perfume-, traje regalos para todos así que podemos revisarlos después de la cena.
-Papá compró boletos para toda la temporada de ballet- dijo Emmett, mi otro hermano desde el sillón-, así que espero que bailes bien, enana: no quiero aburrirme por 2 horas escuchando música clásica.
-¡Emmett!- lo regañó papá frunciendo el ceño- Tu hermana no lleva ni un día en el país, al menos se amable con ella porque no sabemos cuando volverá a casa otra vez.
Emmett gruñó algo que no entendí y me abrazó con tanta fuerza que me cortó la respiración. Extrañaba mucho a mis hermanos y a papá; es cierto que no había venido a casa en mucho tiempo, pero es que tengo mis razones para mantenerme alejada.
Después de la cena estuvimos hasta muy tarde viendo las fotografías de todos los lugares en que había estado. Dejé a mis hermanos y a mi padre bebiendo cerveza en el salón y fui a mi cuarto para dormir. Mañana tengo que ensayar mucho mi parte para el ballet y más vale que descanse un poco.
Dormí casi una hora hasta que mi mente comenzó a hacerme una mala jugada, terrible y dolorosa. Había comenzado a recordar un parto que no debía haber ocurrido jamás.
Recuerdo la sala fria y húmeda de un hospital en algún pueblo perdido de Francia, también recuerdo el terrible dolor de cada contracción y como mi mayor miedo se hacía realidad, ya que tuve que soportar el parto completamente sola, debido a que Jasper, el padre del bebé, estaba comprando los pasajes para ir a Italia.
También me acuerdo del llanto de bebé que inundó de pronto la sala y que por un segundo me sentí aliviada y hasta feliz, pero luego comencé a llorar porque yo no quería ni podía ser madre, no obstante, ahí estaba: una criatura que durante todo mi embarazo me negué a aceptar y ahora que había nacido, no lograba provocar en mí el menor afecto.
-¡Es una niña! - dijo la enfermera cargando a la bebé y acercándola a mí para que yo la tomara en brazos antes de llevarla a los primeros exámenes. Sin embargo, negué con la cabeza y ni siquiera me atreví a mirar a la niña- ¿Qué pasa? ¿No quieres cargarla?
-¡No! ¡No, no la quiero! - grité mientras lloraba y me giraba para darle la espalda a la enfermera y a la bebé- ¡No la quiero! ¡Llevesela! ¡No la quiero! ¡No la quiero!...
Yo no quería ser madre y eso es algo que había hablado con Jasper cientos de veces. Cuando me descubrí embarazada, ya tenía 3 meses y no podía abortar porque era peligroso, así que solo podía dejar al bebé nacer.
Jasper era el más feliz con la noticia. Él era un buen chico, se proyectaba para una vida entera conmigo. Estoy segura que él estaba más enamorado de lo que yo pensaba y sé que le hice mucho daño.
Me incorporé para sentarme sobre la cama. Estaba sudando y llorando un poco como siempre me pasa cuando recuerdo esta etapa de mi vida.
Saqué el diario de vida que había escondido bajo mi cama nada más llegar. Abrí el diario en la parte en que aparecían las fotografías y me dediqué a ver aquellas en que aparecía con Jasper. En aquella época tenía una cámara instantanea así que sacaba fotos a prácticamente todo lo que veía.
Me dediqué a observar las fotos en que Jasper y yo aparecíamos juntos. Éramos la pareja perfecta: nos queríamos mucho y teníamos un montón de planes hasta que quedé embarazada. Se suponía que íbamos a recorrer el mundo juntos, pero con la niña aquello era en realidad un imposible, además yo quería entrar a una academia a estudiar danza profesional y siendo mamá no podría hacer absolutamente nada.
Seguí recorriendo las fotos hasta que encontré lo que estaba buscando: las únicas fotos de mi bebé. Solo tenía dos, una en que salía ella con su rostro redondeado y su muñeca favorita en la cuna; en la otra yo la estaba cargando en mis brazos y puedo decir que al verla podía recordar su olor a leche y perfume de bebé... Decir que nunca la quise sería una mentira: me costó hacerme a la idea de mi embarazo, pero si me encariñé mucho con ella después de que nació, por eso hice lo que hice; por eso no me quedé a su lado para criarla y verla crecer, le habría hecho daño y le habría causado demasiado dolor. Además, yo quería hacer muchas cosas antes de ser madre y no me sentía realmente preparada.
Me limpié las lágrimas e intenté volver a dormir, es estúpido que siga llorando por una decisión que tomé hace tanto tiempo, es decir, no voy a cambiar el pasado solo porque los recuerdos y el dolor me azoten de vez en cuando. Siempre bebo o me voy de fiestas para olvidar, pero no es bueno abusar del alcohol sobre todo cuando tengo tantas cosas que hacer. Si estuviese en Brasil, bebería hasta perder la cabeza y luego dormiría durante todo el día siguiente... tal vez este es el precio que tengo que pagar por haber abandonado a mi hija, tal vez no olvidar sea mi castigo por rechazar a mi propia sangre, pero siendo sincera, no me arrepiento y no me importa. Quiero decir, sé que la niña está mucho mejor sin mi en su vida y no hay que ser un genio para saberlo, además ya me han dejado de importar los castigos de Dios, el destino o lo que sea; he sufrido tanto en mi vida que un poco de dolor adicional no es algo de lo que deba preocuparme...
