Yosano Suzume
Todavía sentía el olor a tabaco Mild Seven en el uniforme e incluso en el pelo. Nada más entrar a casa me puse el pijama y traté de ordenar un poco estos nuevos sentimientos que me invadían, como un día de tormenta en un tranquilo verano. De un brinco salí del trance cuando el móvil empezó a sonar.
- Ey – Con solo escuchar su escueta voz ya podía reconocerle.
- Mamura, ¿Qué pasa?
- Necesito hablar contigo, estoy aquí fuera.
Me puse una sudadera por encima del pijama de dinosaurios que bajo ningún concepto quería que Mamura viese, también me recogí el pelo a toda prisa. Al salir al portal me encontré cara a cara con mi novio que estaba absorto escuchando música con sus cascos blancos.
- Mañana tenemos excursión – Me analizó con la mirada de arriba a abajo encontrando un pequeño animal extinto que se asomaba y esbozó una sonrisa - ¿Dinosaurios?
- Idiota, ¿has venido para esto?
Antes de girarme me cogió del brazo y me sorprendió con un fugaz beso en los labios. Los labios de Mamura estaban cortados y sabían dulce, una mezcla de arena y brisa veraniega en la playa. Sin querer mis rodillas se doblaron un poco haciéndome perder el equilibrio . Al separarse de mi el color de la cara del rubio había pasado a un rojo intenso como cada vez que lo hacía.
Desde mi cama miraba el techo con un dedo encima de mis labios que aún los sentía calientes. ¿Qué había sido eso ?. Mientras me revolvía empecé a pensar en lo que había pasado con sensei, no entendía en que momento se dio la situación para que me rodease con sus brazos. Una sensación eléctrica subió por mi garganta quedándose como un nudo en ella.
No sé cuantas horas estuve contando ovejas y haciendo abdominales para que mis ojos de búho se cerrasen una milésima.
¡Diablos! Eran las 9 de la mañana y ya llegaba tarde. Con el pulso acelerado y la respiración entrecortada llegué a la puerta del instituto donde solo estaba Shishio-sensei fumando. Levantó la vista y esbozó media sonrisa al verme. Sin querer en mi mente volvieron a repetirse las imágenes del día anterior y el corazón se encogió otro milímetro más.
- Llegas tarde Yosano, tu clase ya se ha ido – Apagó el cigarro y evitó mirarme directamente a los ojos.
Shishio-sensei la alarma no sonó, lo siento mucho...- Realmente no entendía porque le estaba pidiendo perdón exactamente, la culpa la tenía él por hacer cosas como abrazarme sin motivo alguno.
- Vete a casa entonces, ya se me ocurrirá un castigo apropiado – Vi su espalda alejándose.
La única cosa que tenía clara es que irme a casa no era la solución. ¿Qué iba a decir tío Yuki?. Si le decía que no había ido a la excursión y que mis exámenes fueron penosos quizás decidiera volverme a enviar al pueblo. Desde hacía unos meses estaba siendo demasiado problemática y había espiado algunas conversaciones entre él y mi madre sobre ello.
Subí a mi clase y me senté en el pupitre desolada.
Shishio Satsuki
Camino hacía la sala de profesores vi que había alguien en la clase de tercero de preparatoria que debía estar vacía. Desde la puerta se apreciaba la silueta de Suzume, era ella la que se encontraba en el interior.
- ¿Qué haces aquí? Te dije que podías irte a casa... - Dije con voz firme mientras abría hacía un lado la puerta corredera.
Como presa del pánico la morena se puso en pie y cogió su bolsa con torpeza, no perdí el detalle de que estaba llorando. Cuando pasó por mi lado para salir del aula la detuve por la muñeca.
- ¿Qué te pasa? - Noté como su cuerpo se tensaba al agarre de mi mano.
- No es nada. Estoy perfectamente. - Le di la vuelta e hice que por primera vez nuestras miradas se encontraran.
Parecía tan indefensa con sus ojos azules al rojo vivo y sus mejillas sonrojadas, no podía evitar que me doliese el pecho de verla en ese estado. Tenía la necesidad de protegerla.
- No quiero volver al pueblo, estoy llegando tarde y mis notas son horribles. Solo estoy dándole molestias a tío Yuki – Empezó a llorar desconsoladamente – No quiero irme y dejar atrás todo esto.
Mi mano se acercó y recogí inconscientemente una lágrima que brotaba de nuevo. Después alcé su barbilla y nuestras caras se quedaron demasiado cerca, mis mejillas también se sonrojaron levemente. El olor de su colonia de coco me embragó.
- No le voy a decir nada a tu tío, sin embargo vas a tener que estudiar más a partir de ahora. No te voy a dar otra oportunidad ni vas a tener un trato especial. -
Se quedó parada cuando mis manos se apartaron de ella y me volví a ir hacía la puerta. Antes de salir le saque la lengua en una reacción subconsciente que me devolvió con una risa disimulada.
Yosano Suzume
¿Qué es eso de sacar la lengua? ¿Acaso tiene cinco años? Estirada en la cama comencé a alargar y encoger las manos. Miraba el móvil nerviosa cuando me di cuenta de que había recibido un Line de Yuyuka.
A las 6 en la estación de Shinkuju, arréglate.
¿QUÉ? Eran las 5.30 cuando vi el mensaje por lo tanto no tuve demasiado tiempo para ello. Así que improvisé con lo primero que encontré en el armario. Finalmente me vestí con una camiseta de seda rosa claro, unos jeans y unas sandalias plateadas. Dejé mi cabello suelto y me apliqué un poco de brillo.
- Yuyuka – La ví allí delante del club y me acerqué como pude con los tacones a los que no me acostumbraba.
- Suzume … - Me miró de arriba abajo riéndose - ¿Tacones? Esto si que promete.
Me cogió de la mano y entramos dentro del club, era la primera vez que visitaba un lugar así y la impresión fue algo claustrofobica. La música era tan fuerte que mis tímpanos estaban a punto de explotar, la gente nos miraba de manera de manera acusadora y apenas había luz para distinguirles la cara. No tardé en empezar a tener un dolor de cabeza. Nos reunimos con los amigos de Togyuu-senpai y uno especialmente no tardó en intentar hablarme.
- Iré a por alguna bebida
Una vez en la barra pedí una fanta de limón. Sin darme cuenta cogí la bebida equivocada, noté que sabía un poco diferente pero no le di importancia hasta que empecé a sentirme algo mareada. A los minutos andaba sola por el club totalmente desorientada, no recordaba nada más y salí a la entrada de la discoteca por si podía encontrar a Yuyuka.
A partir de ese momento todo empezó a nublarse, escuché algunas voces hablándome. En medio del huracán noté una mano en mi espalda que me atrajo hacía ella, era cálido y todo daba vueltas todavía. Olía a tabaco, era tan dulce que me deje llevar por Morfeo...
Continuará...
