- No debería de quedarse aquí, el paciente se puede alterar de nuevo- decía la enfermera un poco avergonzada por haberle gritado antes a Merlín.-Se lo que puede ocurrir- le contestó Merlín, cansado- Me gustaría tomar el riesgo.

-Usted sabe, a fin de cuentas yo no soy la especialista aquí.

Merlín le dio una media sonrisa a la enfermera. La mujer tomó una bandeja del mueble que tenía platos sucios y salió por la puerta, aún nerviosa.

No sabía cómo sentirse. Inconscientemente sabía que toda la vida había esperando ese momento, el regreso de Arthur. Sabía que una de las razones por las que seguía en el mundo era porque su destino debería cumplirse pero definitivamente no se imaginó que la reencarnación de Arthur viniera de esa manera.

De repente recordó las palabras que le había dicho el taxista el día de ayer. "Ningún hombre puede evitar su destino" ¿A qué se refería con eso? Merlín nunca había evitado su destino, había arriesgado su propia vida demasiadas veces por cumplir su famoso "destino" ¿Qué le hacía pensar a ese hombre que esta vez sería diferente? Y la duda más grande de todas: ¿Quién era ese hombre y porque lo conocía? A lo mejor si esa noche volvía a ir al sitio de taxis podría volver a verlo.

Pasaron unas pocas horas en las que Merlín estuvo reflexionando. Había pasado 10 siglos sin Arthur, sin verlo ni sentirlo y tenerlo ahora se sentía tan surreal.
Merlín alargó su mano un poco para poder rozar los dedos de Arthur, esperando que esta vez no se alterase. En el momento en que lo toco sintió como una corriente de energía le recorría todo el cuerpo, era como sentirse nuevo. Sólo tenía una palabra para describirlo: Magia.

Inesperadamente Arthur fue abriendo poco a poco los ojos y Merlín temió por que volviera a tener una respuesta parecida a la anterior.

-¿Quién eres?- le preguntó con un tono de voz muy baja. Tenía el ceño fruncido (típico de Arthur) sin embargo no retiró su mano de la de Merlín.

-Arthur...- contesto Merlín. Lágrimas resbalaban por sus mejillas y llevaba puesta una sonrisa- ¿No me recuerdas?

-¿Cómo me acabas de llamar?- le dijo Arthur mientras se levantaba poco a poco de la cama.

Merlín rompió en un silencioso llanto. No podía, simplemente no podía. Escuchar la voz de Arthur después de tanto tiempo le traía muchos recuerdos. Le traía sensaciones extrañas en la boca del estómago y sobretodo le traía unas inmensas ganas de abrazar a Arthur y nunca, nunca soltarlo.

-¿Por qué lloras? ¿Tan mal estoy?- le volvía a preguntar Arthur con un tono brusco- Eres uno de ellos ¿Verdad? Tú también piensas que estoy loco.

-No, yo no pienso eso- le contestaba Merlín, tratando de sonar normal.

-Ja- Arthur soltó una risa sarcástica- Creo que se quién eres, me contaron de ti. ¿Eres el que me va a "curar" cierto?

-Yo...-Merlín sonaba muy confundido- Si, soy tu nuevo doctor.

-No creo que haya cura para esto- Le advirtió Arthur- Mejor no pierdas tu tiempo.

-¿Por qué dices eso?- replicó Merlín

-Porque no estoy enfermo- le contesto Arthur como diciendo algo muy obvio- la gente aquí piensa que estoy loco, lo sé. Pero todos ustedes están equivocados. Yo no les estoy mintiendo.

-¿Y por qué estás tan seguro?

-Yo...-Arthur parecía muy confundido- A veces yo recuerdo cosas, sé que no son mentira porque los recuerdos son muy nítidos para mí.

-¿Y qué es eso que recuerdas?- le preguntaba Merlín muy emocionado.

-Un castillo, sé que hay uno- le contestaba, pensativo- Y una mujer, muy guapa por cierto, pero ella... Me quiere muerto.

"Morgana" pensó Merlín.

-Hay... ¿Hay algo más?

-No... Bueno, algo. Hay un anciano, y una chica joven y yo... Bueno se supone que yo la quiero mucho.

"¿Gaius?, ¿Gwen?" ¿Después de tanto tiempo y la estúpida reencarnación de Arthur no se acordaba de él? Merlín de pronto comenzó a sentirse muy mal. Pero que tonto era, obviamente recordaría a Gwen, el amor de su vida y a Morgana y a Gaius y a todo Camelot completo. ¿Pero se acordaría de Merlín? Claro qué no, Merlín solo había sido un sirviente que siempre lo había traicionado, a final de cuentas.

-Tu... ¿Me crees, verdad?- preguntó Arthur confundido.

-Le diré a la enfermera que te de un nuevo tratamiento.- respondió Merlín con un tono seco, sin mirarlo a los ojos.

Arthur sonrió tristemente mientras veía a Merlín levantarse de su asiento para dirigirse a la puerta.

-Arthur es un bonito nombre- le dijo antes de que Merlín terminara de salir. Este se paró en seco y se volteó para darle una triste sonrisa.

Arthur volvió a cerrar los ojos y después de un tiempo entro en un profundo sueño.


Despertó después de un buen rato, la luz del sol que alcanzaba a salir por las rejillas de su ventana le pegaba directo en la cara. Tenía dolor en todo el cuerpo pero especialmente le dolía la cabeza.

Había tenido un sueño, o eso creía. Recordaba vagamente la cara de algunas personas desconocidas. La mujer bella de cabello color negro y alborotado llevaba un cuchillo en las manos y parecía estar apuntando a algo cerca de él. De ahí los recuerdos se hacían más borrosos, Arthur solo veía una serie de imágenes como si fuera la cinta de una película antigua. Aún recordando todas esas cosas sentía que le faltaba una muy importante pieza del rompecabezas que se iba formando poco a poco en su cabeza. Sin embargo, cada vez que intentaba recordar pareciera como si los demás recuerdos obstruyeran su camino y lo único que podía ver era un túnel con una inmensa luz blanca que emanaba sobre él.

Se sentía como un completo idiota pues ni siquiera recordaba su nombre. A lo mejor y toda esa gente que lo tenía ahí encerrado tenía razón y no era más que uno de esos pacientes locos que no tienen remedio. Pero... Había algo. El doctor que vino en la tarde le había llamado Arthur y en cuanto escucho ese nombre sintió como una corriente pasaba por sus dedos para llegar a su corazón. Era como si ese nombre le perteneciera sólo a él.

En ese momento escuchó como la puerta de su habitación o celda o como se le llamase a esa cosa en la que estaba dentro se abrió. Por la puerta entro la enfermera que lo atendía y el doctor que le había llamado Arthur.

-Hola, querido- le decía la enfermera mientras le cambiaba los tubos con suero- ¿Has recordado algo nuevo ahora?

-Si- dijo Arthur, tajante mientras miraba directamente a los ojos al doctor que parecía evitarlo, aventurándose a ver su reacción- He recordado mi nombre.

La enfermera lucía sorprendida y feliz al mismo tiempo, el doctor a la vez solamente abrió los ojos ampliamente.

-Y dinos- dijo el doctor con curiosidad- ¿Cuál es tu nombre?

-¿Y cuál es el suyo, doctor?- le contesto Arthur, sin ceder.

-Merlín- Le contestaba mirándolo directamente a los ojos.- Ese es mi nombre, pero prefiero que me llames doctor.

Arthur aún seguía con un temple fuerte pero dentro, muy dentro de él sabía que ese nombré significaba algo importante en su vida pasada, sin embargo se encargó bastante bien de que no se reflejara en su expresión.

-Encantado Merlín- contestaba Arthur un poco reacio.- Mi nombre es Arthur.

Merlín estaba enojado, muy enojado. De antemano sabía que Arthur no había recordado su nombre. Simplemente decía eso porque él antes le había llamado así.
La enfermera que estaba presente en todo ese intercambio de miradas lucía un poco confundida por el trato que Merlín le daba a su paciente.

-Eso es un gran avance, hijo- le decía con una amplia sonrisa- Ahora es más fácil saber de dónde vienes ¿Verdad doctor?

Merlín se limitó a asentir con la cabeza y aparto la mirada de Arthur. Se dio la vuelta enojado y salió por la puerta rápidamente.

¿Qué había sido todo eso? Pensaba Merlín. Sabía que la manera en que había tratado a Arthur era muy poco profesional. No sabía que le pasaba, estaba molesto con todo: con él mismo, con la enfermera, con el estúpido hospital y el famoso piso C. Estaba molesto con todos pero en especial estaba molesto con Arthur. ¿Por qué ni siquiera le recordaba? Merlín había pasado diez siglos pensando en Arthur, no, más bien obsesionándose con Arthur y él ni siquiera se dignaba a recordar cómo se llamaba. ¿Cuál es su nombre, doctor? Resonaba la pregunta de Arthur por toda su cabeza. Le molestaba, odiaba que no recordara su nombre. Le molestaba la respuesta tan indiferente cuando Merlín le dijo el suyo y sobre todo le molestaba que después del tiempo de tanto y de todo Merlín siguiera queriendo a Arthur con la misma intensidad de antes. No sabía lo que eso significaba: Amor, lealtad, deseo. Se llame como se llame Merlín sabía que esos sentimientos no iban a desaparecer nunca y lo odiaba, odiaba el hecho de no dejar de querer a Arthur aún cuando él ni siquiera era el mismo estúpido y creído rey que tanto quería.

Después de reflexionar un rato pensó que lo mejor era tomarse el día libre de trabajo. Le dejo una nota a la enfermera y salió del hospital un poco apresurado.

-¿Necesita ir a algún lado joven?- le preguntaba una voz familiar.

Merlín volteó inmediatamente un poco asustado pues la voz se escuchaba claramente. Se dio cuenta que provenía de un taxi, el mismo que lo había recogido el día de ayer. Había olvidado por completo su promesa de volver a hablar con el taxista.

-Yo… -le contestaba un poco confundido –Necesito ir al mismo sitio de antes, por favor.

El taxista se limitó a sonreír y Merlín entro al auto.

-Espero que no le moleste que hagamos una pequeña parada –le decía con esa voz tan familiar que tenía.

Merlín se quedó pensando unos momentos a quién le recordaba esa voz, era muy grave y sonaba un poco anciana. El taxista aún no le dejaba ver su cara por lo que no podía identificarlo.

-Disculpe –se atrevió a preguntar Merlín – ¿Acaso nosotros nos conocemos?

-Oh, Joven hechicero –sonaba un poco aprehensivo –Pero claro que nos conocemos.

En ese momento la mente de Merlín unió la última pieza que le faltaba para saber quién era el misterioso taxista.

-Kill...- comenzó a tartamudear, conmocionado –Kilgharrah.

El hombre se paró en un estacionamiento cercano y apagó el coche.

-Han pasado ya muchos años, Merlín.

- ¿Por qué ahora? –Merlín parecía muy confundido -¿Por qué de esa manera? Yo pensé que el destino ya se había encargado de mí…

-Ningún hombre por más grande que sea… –comenzaba a decir el dragón

-Sí, lo sé –y vaya que lo hacía –"No puede conocer su destino". Pero es que yo pensé… pensé que el mío ya se había terminado.

-¿Entonces crees que estás aquí sin ninguna razón? –Le decía enojado –Vaya que has olvidado cosas los últimos años, Merlín.

-¿A qué se refiere?

-¿Recuerdas cuando Arthur murió?- Merlín se limitó a asentir con la cabeza. Lo recordaba bastante bien para ser verdad - ¿Recuerdas lo último que te dije?

Merlín trato de hacer memoria, recordaba vagamente los momentos que siguieron después de eso.

-"Arthur volverá de nuevo, cuando más se le necesite" –recitaba Kilgharrah.

-¿Por qué ahora? –Preguntaba Merlín con lágrimas en los ojos. –Aparte que ese no es Arthur, será en cuerpo pero su alma no está presente.

-Claro que lo es Merlín, lo que pasa es que tu no lo quieres ver – le replicaba –Tanto tu alma como la de Arthur han cambiado en estos años. ¿Aún no sabes lo que tienes que hacer, cierto?

Merlín negó con la cabeza.

-Tienes que ayudarle a Arthur a recordar quién era, sin importar las consecuencias.

-¿Pero cómo voy a hacer eso, si ni siquiera me recuerda?

-Piensa un poco Merlín –decía con una sonrisa –La respuesta siempre ha estado ahí, incluso antes de la muerte de Arthur.

Antes de que Merlín se diera cuenta el hombre había echado a andar el carro, parecía que la charla había terminado. El resto del camino hacia el apartamento de Merlín fue muy silencioso. Cuando llegaron a su destino Merlín bajo del carro y le dio una última mirada a su viejo amigo.

-Merlín –le decía, antes de que este se volteara por completo –Solamente recuerda una cosa: El mundo siempre debe estar en equilibrio y mientras exista el bien también debe de estar el mal.

Merlín se dio la vuelta sin decirle nada. ¿A qué venía todo eso? En vez de aclararle sus dudas lo dejó más confundido. ¿Cómo se supone que iba a hacer que recordara a Arthur su cada vez que le veía sentía como si mil cuchillos se hundieran en su pecho? Sinceramente antes de ver a Killgharrah había pensado en dejar su trabajo del hospital pues no podía soportar la idea de ver a Arthur presente en cuerpo, sí, pero no en alma.

Entró en su habitación para estar un poco en calma. Estos últimos días le habían alterado mucho y necesitaba un buen descanso. Cerró los ojos tratando de no pensar en nada y aunque la imagen de la cara de Arthur estaba presente en su mente, pudo conciliar el sueño.

No fue mucho tiempo el que logró descansar pues a mitad de la noche recibió una llamada muy inesperada.

-¿Doctor Merlín? –Le decía una voz conocida, era la enfermera –Estamos teniendo un poco de inconvenientes con Arthur… él simplemente parece estar peor que antes.

-¿De qué habla? –Le preguntaba Merlín mas dormido que despierto.

-Es… -decía nerviosa –Es un poco difícil de explicar. Tendrá que verlo con sus propios ojos.

Merlín colgó el teléfono un poco preocupado. ¿Y ahora que le pasaba a ese demente? Se cambió rápidamente de ropa y salió corriendo al hospital. No había tiempo de tomar taxis.

-¡Doctor! –decía la enfermera aliviada al verlo entrar por los pasillos –Que bueno que llega, las cosas han empeorado.

-¿Dónde está? –le preguntaba preocupado

-En su habitación… le recomiendo que no…. -Pero Merlín dejo de escuchar en ese momento pues salió corriendo hacia su cuarto.

Abrió la puerta de golpe y se encontró con un Arthur muy quieto, sentado en el borde de su cama. Aparentemente parecía bien pero Merlín sabía que estaba al borde del colapso.

-¿Arthur? –Merlín sonaba nervioso –Te… ¿Te encuentras bien?

Entonces Arthur volteó su cara y Merlín vio donde estaba el problema. Sus ojos estaban completamente rojos y tenía rasguños por todas partes: La cara, el cuello, los brazos, incluso en las piernas se podían notar.

-Arthur –Merlín se dirigió a donde estaba para acariciarle una mano -¿Qué ha sucedido?

Arthur parecía perdido, su mirada estaba lejana y Merlín nunca lo había sentido tan lejos como esta vez.

-Ella… –susurraba Arthur. Tenía los ojos vidriosos y hablaba más como si fuera un robot. –Ella ha vuelto.

-¿Quién? –Le decía Merlín firmemente mientras quitaba su mano de la de Arthur y la colocaba en una de sus mejillas para que este lo mirara directamente a los ojos -¿Quién volvió Arthur?

-Morgana. –Alcanzó a decir con un leve susurro mientras cerraba los ojos y caía a la cama.


Pueden dejar de leer aquí xD lo que sigue son solamente notas mías.

Primero que nada quería agradecer a toda la gente que tomo de su tiempo para leer, comentar o poner en favoritos esta historia ¡De verdad muchas gracias! Ustedes son los que me dan ánimos para continuar.

Bueno les quería decir que este capítulo fue un poco difícil para mí. Nunca había escrito algo taaan largo y a la vez tan corto, pero espero y sea de su agrado y no les haya aburrido mucho. En el siguiente episodio tendremos un poco más de romanticismo ¡Así que espérenlo con ansias! Por cierto, planeo actualizar por semana pero como me iré de vacaciones creo que el siguiente capítulo tardará un poquito más.

¡Besos y nos seguimos leyendo J!