Disclaimer: Ni los Juegos del Hambre ni sus personajes me pertenecen; son propiedad de Suzanne Collins.


Capítulo dos:

Han pasado dos semanas. Katniss se levanta a la hora indicada y pasa su brazo por el aparato que pinta su horario con una horrible tinta morada. Lo mira con el ceño fruncido y sale del compartimiento, para dirigirse a desayunar.

No le gusta el distrito trece. Sabe que debería estar agradecida porque después de tres días en el bosque las posibilidades de que todos sobrevivieran eran muy escasas, hasta que aparecieron ellos y los rescataron. Sin embargo no puede evitar sentir cierto resentimiento hacia ellos. Allí han estado todos estos años, bajo tierra, viendo como los demás distritos morían de hambre y sacrificaban a sus hijos en los Juegos del Hambre. Sin hacer nada para evitarlo.

La mayoría de sus vecinos no piensa lo mismo. Todos están muy agradecidos con estas personas que les han brindado un hogar cuando ya no les quedaba nada y los han alimentado día a día. Se ven mucho más felices, incluso cuando casi no tienen tiempo libre con sus nuevos trabajos.

Ella no tiene un trabajo definido. Dejó que Gale se quedara con todo el mérito del rescate, y ahora su amigo se la pasa en la sala de mando y entrenando para ser un soldado. Katniss prefirió esconderse con su familia entre medio de la muchedumbre pasando desapercibida para todos. No quiere estar involucrada con la guerra, nunca tuvo ideales revolucionarios. No ve muy seguido a Gale, pero cada vez que se cruzan siente su mirada de reproche por no estar colaborando activamente con la causa.

Que va, ella nunca fue una revolucionaria, solo una mera sobreviviente.

Se supone que tiene que asistir a clases. Todos los de su edad lo hacen. Ella prefiere perderse en algún pasillo o incluso encerrarse en algún armario a dormir un poco. No le interesa lo que puedan enseñarle aquí y por las noches casi no puede dormir por las pesadillas. Antes tenía muchas sobre el accidente que mató a su padre; ahora las tiene sobre el fuego que destruyó el distrito. Peeta Mellark suele aparecer en ellas casi siempre.

Debe ser la sensación de culpa. No lo ha visto desde que llegaron al trece, pero siente que le debe algo, y no sólo es el pan ahora. Las muletas que por idea de Prim fabricó permanecen en su compartimiento, nunca llegó a entregárselas. No sabe por qué lo hizo, pero se pasó toda la tarde buscando dos ramas adecuadas. Pidió prestado el único cuchillo que tenían y luego pasó gran parte de la noche tallándolas para que sirvieran. Casi no cazó nada por hacer eso. Sin embargo no tuvo tiempo de dárselas a Prim para que se las dé, y eso hace que se sienta terrible.

Pasa casi toda la mañana encerrada en un armario de útiles escolares, dormitando. Odia la sensación de encierro que se extiende en todo el lugar. Extraña salir a cazar, el aire libre. Extraña su vida. En el momento no se lo planteó, pero quizás debería haberse quedado en el bosque. Sabe que no hubiera podido hacerlo; nunca podría dejar a Prim sola.

Al mediodía abre un poco la puerta y se fija que nadie pase por allí. Teme que la vean y le busquen algo para hacer. Luego sale del armario y como todos va a almorzar. Busca a Prim y a su madre con la mirada pero ellas no están, deben estar comiendo en el hospital, donde trabajan la mayoría del tiempo. Apenas llegaron ya las llevaron allí para que colaboraran.

No se queja. Prim ahora tiene posibilidades de tener un futuro, o al menos de hacer algo que le gusta. Ya no hay cosecha ni juegos que la amenacen. Sin embargo no puede negar que extraña a la niña que dependía de ella para casi todo. Su hermana parece haber crecido muchos años en este tiempo. A ella le hubiera gustado que se quede pequeña para siempre. Poder cuidarla para siempre.

Su madre por otro lado ahora se siente útil. Todavía le guarda cierto resentimiento por haberse y haberlas abandonado cuando murió su padre, pero reconoce que ahora está llevando bastante bien el asunto. Trabaja casi todo el día junto a Prim, y vigila que la niña no tenga problemas de ningún tipo con los pacientes. Se está ocupando un poco de su hija finalmente.

Así que resulta que la única que no tiene una ocupación permanente es ella. Es irónico teniendo en cuenta que antes ella era el principal sostén de la familia.

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Peeta ya se siente un poco mejor. En el distrito trece han terminado de curar su pierna y le han puesto una prótesis. No es lo más cómodo del mundo, y todavía siente esa sensación de vacío en donde antes se encontraba su pierna izquierda, pero algo es algo. Todavía no se acostumbró a caminar con ella, tampoco es que tenga mucho espacio para hacerlo. Las sesiones de rehabilitación son una pérdida de tiempo. No le encuentra mucho sentido a tratar de caminar en un cuadrado.

Una vez a la semana lo visita un doctor de la cabeza. Psicólogo, ese es el nombre, o algo así. No lo recuerda bien. Al doctor le toma cinco minutos darse cuenta que Peeta se niega a hablar de lo ocurrido con el distrito y con su familia, así que lo deja tumbado en su cama sin nada que hacer. Quizás en otra ocasión se sentiría culpable por hacerle perder el tiempo, pero ahora no lo hace.

Nunca se sintió tan solo en su vida. Extraña desesperadamente a su familia. A su padre, a sus hermanos, incluso a su madre. Nunca fue una buena madre, pero era su madre. Los necesita, no sabe cómo sobreponerse a su pérdida. A veces mira a la puerta esperando a que mágicamente aparezcan por allí. No lo hacen, por supuesto.

En el hospital no hay muchas cosas para distraerse. Sabe que cerca de su compartimiento se encuentra Finnick Odair, el vencedor del cuatro que hizo explotar la arena en los juegos antes de que destruyeran el distrito. Según dicen las enfermeras ha enloquecido. El Capitolio tomó como rehén a Annie Cresta, la chica que amaba y a Johanna Mason, su amiga y compañera en los juegos. A veces escucha sus gemidos lastimeros en medio de la noche.

También escucha los gritos de Haymitch Abernathy, el vencedor de su distrito, otro de los que se han salvado. Su compañera, una chica que salió vencedora hace unos diez años, murió en la arena. Haymitch está siendo forzado a mantenerse sobrio, y evidentemente está teniendo problemas con ello.

No recibe muchas visitas. Delly se pasa de tanto en tanto, pero su relación ya no es como antes. Ella trata de mantener una sonrisa en su rostro, imagina que intenta mostrarse fuerte ante su hermano pequeño, pero cada vez que lo ve la sonrisa amenaza con resquebrajarse. Peeta no tiene nada que decirle que la haga sentirse mejor, así que sus visitas no son precisamente agradables. Antes eran buenos amigos, pero ahora se sienten como extraños.

La única compañía realmente agradable que tiene es Primrose Everdeen. Ella lo visita todos los días, y se encarga de su rehabilitación. Peeta trata de esforzarse al ver todo el entusiasmo que ella pone pero no está avanzando mucho. No quiere frustrarse, pero su vida está resultando frustrante.

— ¡Ya puedes permanecer de pie! — Exclama ella cuando Peeta logra mantenerse cinco minutos de pie ayudado por un bastón. — Estoy segura que pronto vas a poder caminar normalmente.

— Ojalá. — Peeta suspira. — Ojalá pudiera caminar en otro lado que no sea esta habitación.

Ella se queda pensando un momento, su mano apoyada en su mentón. Es una niña muy alegre y graciosa. Siempre ve el lado bueno de las cosas. Después de unos minutos lo ayuda a regresar a la cama y se disculpa por no poder almorzar con él.

— ¡Volveré en la tarde! — Le dice. — ¡Tengo una gran idea!

Peeta se queda intrigado, pensando qué se le habrá ocurrido.

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Primrose entra al compartimiento de su familia como un torbellino. Katniss y su madre, que están sentadas cada una en una silla no muy cómoda, se sorprenden un poco al verla entrar corriendo, con las mejillas coloradas y cabellos saliéndose de sus dos trenzas. En su mano sujeta fuertemente un papel, tanto que está comenzando a arrugarse.

Es la hora de reflexión, una hora que todos tienen libre para hacer lo que quieran, una especie de tiempo de ocio. Como Katniss no tiene nada que hacer regresó al compartimiento, y su madre y Prim tienen un descanso de sus tareas en el hospital. Es uno de los pocos momentos que comparten juntas, como antes.

Prim se sienta y toma un vaso de agua, todavía aferrando el papel en su mano. Katniss la mira curiosa, su hermana parece muy contenta, y el responsable parece ser el papel.

— ¿Qué es eso, patito?

— Oh, ¿esto? — Prim le tiende el papel y luego empieza a explicar hablando demasiado rápido, como siempre que algo la entusiasma. — Estoy a cargo de la rehabilitación de Peeta. Hoy luego de la sesión me di cuenta que no está teniendo grandes avances, no es muy estimulante intentar caminar en la misma habitación siempre. Fui a hablar con la jefa del hospital y después de rogarle un poco conseguí que pidiera un permiso para que Peeta salga a la superficie. Apenas serán unas horas por día, pero estoy segura de que le hará bien. Se siente muy solo y encerrado. —Les confía en tono confidente.

Katniss siente envidia y culpa. Envidia porque él va a poder salir y respirar aire puro, no el aire viciado y sin duda artificial que hay en todo el distrito. Culpa porque no debería sentir envidia, sobre todo teniendo en cuenta que el chico perdió la pierna y a toda su familia. Siempre que se acuerda de él termina teniendo sentimientos encontrados.

— El único problema es que no puede salir solo, necesita alguien que lo acompañe y vigile. Intenté que me dieran permiso, después de todo yo estoy cuidando de él. — Dice Prim con orgullo. — Sin embargo como tengo turno en el hospital no me dan permiso. Si no consigo a alguien para mañana no lo dejarán salir. He pensado en Delly Cartwright, pero no sé si ella querrá. Las veces que ha venido a verlo no han terminado muy bien.

Delly es la chica que la ayudó a llevarlo hasta el bosque. Katniss la ha visto algunas veces, y le da la impresión de que sonríe como hábito, pero no se la ve muy feliz. Es una de las pocas personas que no parecen muy felices de estar allí, tal y como ella. Al menos sabe que no es la única.

De repente la idea de salir a la superficie le parece muy tentadora. Además de las ruinas que siempre les mostró el Capitolio en la televisión hay un pequeño bosque. Apenas lo vio el día que llegaron, y desde entonces que está encerrada bajo tierra, anhelando respirar aire puro, anhelando ver un poco de verde. El corazón se le acelera y en el estómago siente una sensación extraña cuando se da cuenta que ella podría ir al bosque. Podría salir. No importa que sea acompañando a Peeta Mellark.

— Yo podría acompañarlo. — Musita. Prim y su madre la miran estupefactas, casi sin creerlo. Después de todo ella no es una persona caritativa precisamente. — ¿Tendrías que pedir un permiso especial Prim?

— Creo… Creo que debería hablarlo con la encargada del hospital, pero no habría problema. — Dice su hermana. Luego sonríe dulcemente. — ¡Muchas gracias Katniss! No sabes lo mucho que me alegra saber que ayudarás a Peeta, él realmente necesita salir.

Katniss sonríe sintiéndose un poco culpable. No fue la necesidad de ayudar a Peeta Mellark la que la llevó a ofrecerse, si no el deseo de respirar un poco de aire puro, de volver a pisar un bosque. Se siente peor cuando su madre la mira entrecerrando los ojos, como si comprendiera sus verdaderos motivos. Odia que esa mujer pueda leerla tan fácilmente incluso después de haberla abandonado.

Cuando termina la hora de reflexión Prim sale corriendo de vuelta con el papel en la mano.

— ¡Iré a preguntarle a la encargada y luego a contarle a Peeta! ¡Se pondrá muy contento! — Le da un abrazo a Katniss. —¡Muchas gracias, Katniss! ¡Gracias, gracias, gracias!

La culpabilidad disminuye un poco al ver la sonrisa de su hermana menor. Haría cualquier cosa por ver esa sonrisa siempre. Quizás Katniss no sea tan egoísta como ella piensa…

Quizás.


Hola! Primero que nada quiero agradecer a todos los que dejaron reviews, favoritos y follows. Me sorprendió la cantidad, por no decir que me puso tan feliz que estuve todos estos días esperando para actualizar.

En Argentina todavía es martes, sé que dije que iba a actualizar los miércoles (no recuerdo si lo especifiqué o quedo sobre entendido con el una vez por semana) pero realmente necesitaba actualizar. Hace una hora más o menos me pasó algo horrible mientras llegaba a casa, intentaron robarme. Afortunadamente salí ilesa a excepción de unos cuantos golpes (el hdp me tiró al piso para sacarme la cartera) y no consiguió sacarme la cartera con los apuntes de la universidad (el jueves tengo parcial). No sé exactamente por qué escribo esto, es más que nada a modo de catarsis porque ni yo termino de creer lo que me pasó. Simplemente omítanlo xD

Sobre el capítulo. ¿Se esperaban reunirlos de esta forma? En mi mente tuve que buscar una manera de juntar a dos personas que nunca hablaron en toda su vida y que sin embargo sí se conocen. Los motivos de Katniss no son precisamente altruistas, pero quizás en el fondo lo haya hecho (aunque sea una pequeña parte de ella) por Peeta. Por cierto, ¿cómo creen que saldrá todo eso? ¿Dará resultado? Espero opiniones :)

De nuevo muchas gracias por todos los comentarios (Gpe77 muchas gracias! ), favoritos y follows. Y sobre todo por prestarse, sin siquiera saberlo, a oír (o leer) mi descargo.

Nos leemos la semana que viene :)

Saludos!