Cap 2: Teniente Coronel Uri

Las horas pasaban lentas, el cielo oscuro se mostraba impasible frente la cabina de pilotaje. No se podría decir que fuera de noche o de día, en el espacio eso no se contemplaba, solo las horas podía marcar el constante paso del tiempo.

Todo se encontraba en silencio, unas doce horas aproximadamente eran las que trascurrieron desde que ambos a gritos se dirigieron cada uno por su lado. La oficial tras cambiarse de ropa y haberse puesto algo más cómodo, se apoderó del sillón del piloto, sin abandonarlo más que para lo necesario, llegando incluso en ocasiones a quedarse dormida en él.

No fue hasta que el hambre la sobrevino, cuando se movilizó de aquella ubicación en busca de algo que echar al estómago. Caminó a paso lento y pausado. En más de una ocasión el sonido de un bostezo rompió el silencio y la quietud en el interior de la nave.

Había intentado hacer contacto horas atrás, pero no hubo respuesta. Lo achacaba a la falta de orden posterior a tamaño desastre. Decidió esperar. Unas horas ayudarían a situar a las tropas, y ya entonces intentaría contactar de nuevo.

Alcanzó un pequeño office con lo justo y necesario para que los soldados pudieran reponer fuerzas entre una y otra contienda. Abrió una pequeña alacena donde una cantidad de comida en sobre, suficiente para un pequeño destacamento, se acumulaba lista para un rápido uso. No era una nave de grandes distancias, sino simplemente interplanetaria. Las provisiones de las que disponía no eran de gran variedad y no permitirían la subsistencia de forma sana. Eran meros sustitutivos cargados de nutrientes, vitaminas y minerales.

Agarro un sobre de color plata el cual mezclo en un pequeño bote con un líquido blancuzco. Al hacerlo este cambió de color. Una mueca de desagrado se instauró en su rostro. No le gustaba la comida descompuesta, carecía de sabor, pero al menos aportaba los nutrientes suficientes para sobrevivir.

Se dispuso a salir pero algo la hizo frenar. Echó un último vistazo a los sobres y sin dudarlo cogió otro junto con su bote correspondiente.

Bebía haciendo leves muecas con su rostro, no era dulce, más bien amargo, pero no era capaz de averiguar realmente a que alimento se parecía aquel sabor. Sus pasos la guiaron por los pasillos miraba todo en busca de fisuras. En varias ocasiones se paró para comprobando las grietas que habían aparecido tras la huida de forma precipitada. La explosión general de aquel pseudo planeta y la cantidad abrumadora de escombros que habían salido disparados en dicho proceso muy probablemente habría dejado graves daños en el fuselaje. Suspiró negando. Tendría que comprobar que más daños tenia, existía la posibilidad de quedarse tirados en la inmensidad del espacio sin posibilidad de llegar a tierra firme. Y ese era un riesgo que no queria correr.

Un par de giros y alcanzó su destino. Miró desde la entrada como la figura del caballero se movia al compás de su respiración. Se apoyó de brazos cruzados en el marco de la puerta. ¿Cómo podía ser? Se preguntó a si misma negando con la cabeza. No era posible que aquel con tanta aparente calma pudiese ser tan estúpido y temerario, al igual que arrogante, mal criado, impertinente y un sinfín de sucesivos calificativos poco agradables.

Lo conocía prácticamente de toda la vida ya fuera por unos u otros motivos habían coincidido más tiempo del que a la oficial le hubiera gustado. Jamás llegó a pensar que tendría que acompañarlo por tantos años y en palabras de ciertas personas "velar por su seguridad". Bufó con molestia recordando dicho momento. Era absurdo, su existencia se había expuesto de forma involuntaria a una cantidad abrumadora de cambios que nunca escogió por sí misma.

Aun recordaba el momento en que su vida comenzó a tener un rumbo. Que ilusa fue. Rio con ironía al recordarlo. Le sirvieron en bandeja una vida perfecta. Una familia, un hogar, un objetivo, una identidad. Pero no duró, acabaron arrebatándosela de un brusco tirón. Un blaster y una limosna fue lo único que le dejaron cuando se la robaron. Y menos mal. Se repetía a sí misma. Aún tenía que agradecer tal gesto, de no haber sido así nunca habría forjado su carácter, su personalidad, ni habría escalado de tal forma en la Primera Orden. Se encogió de hombros. Siempre había que mirar el lado positivo ¿no? Aunque todo fuera oscuro a su alrededor.

Cerró los ojos con resignación. Y tras unos segundos volvió a mirar al joven en su frente. Recordaba cómo se hubo negado mil veces y aun así no pudo evitar tener que cargar con aquel muchacho caprichoso que le hacia la vida imposible en contables ocasiones. Pero al fin y al cabo ahí estaba nuevamente velándolo en un intento de que no cometiera más errores, cosa difícil como hacía pocas horas había quedado demostrado. Sin embargo, lo intentaba.

Suspiro con pesadez mientras negaba con la cabeza. Se acercó con calma hacia el pseudo camastro. Desplegó otra de las literas en la pared opuesta y dejó las bebidas en él. No había mucho espacio, era un área lo más reducida posible. Apenas medio metro separaba las literas desplegables de una pared y la otra, y entre las que había en una misma pared tan solo un metro era la única distancia, lo suficiente para que un soldado durmiera.

Miró por encima las heridas retirando la ropa del moreno con mucho cuidado intentando no despertarlo. Era importante confirmar que ya no sangraban o de otra forma podría llegar a ser considerablemente peligroso. Sonrió satisfecha. Los ungüentos y parches que había usado eran eficaces, el estado de las heridas así se lo demostraban. No correría peligro si seguía así y se dejaba de estupideces claro.

Hizo un intento por ver la última herida que le restaba por revisar. Chistó la lengua, la posición del caballero se lo dificultaba. Se asomó como pudo. Apoyó su mano contra la pared, un pequeño chasquido la alertó. Si hacía más fuerza contra la camilla esta se desplegaría. Suavizó el apoyo con cuidado mientras se asomaba. Movió su otra mano con lentitud cogiendo la tela con apenas dos dedos. No quería despertarlo.

-¿Qué se supone que haces? –La voz del moreno la asustó, un pequeño grito y sus movimientos nerviosos hicieron que la litera en la que estaba apoyada se abriera golpeando su cabeza. Por el impacto se escurrió sobre el culpable, provocando un quejido por parte de este al notar el peso extra sobre sus heridas. -¡Uri! –La retiró repentinamente mientras que se sujetaba el abdomen mascullando mil y una maldiciones hacia la muchacha. Esta se apartó de inmediato agachándose en el suelo con ambas manos en la cabeza, mientras se sobaba la zona golpeada.

-¡Es tú culpa por asustarme! –Le reprochó aun agazapada. –Mierda. –Se quejó en susurros mientras notaba la zona golpeada palpitar.

-¿Mi culpa? No soy yo quien estaba encima del otro.

-Intentaba ver las heridas. –Se explicó alzándose al fin en pie. –Me preocupaba que siguieran sangrando.

-Están bien. –Señaló cortante.

-Eso lo sabes tú no yo. –Le recriminó. –Joder que golpe. –Se quejó a la par que cogía el sobre y el bote extra que había traído consigo y se lo tendió. –Toma y déjame ver la que me falta por revisar.

-Ya he dicho que está bien. –Se molestó por la insistencia.

-Solo quiero corroborarlo. –Insistió aun con la comida en la mano. –Cógelo. –Este alzó una ceja sin intención de cogerlo. –Maldita sea. No seas crio y cógelo, tu cuerpo necesita nutrientes para recuperarse de tantas heridas. –Le obligó cogiéndole su mano con brusquedad y dejándole la comida en ella. De inmediato se dirigió a la herida del hombro la cual aún no había revisado.

-Eres molesta. –Le espetó tras verse obligado a coger lo que esta le daba.

-No eres el más indicado para decir eso. –Sentenció con sorna sin mirarlo. El caballero gruñó mientras seguía todos sus movimientos con atención.

Uri negó. Era insólito, después de todo el dolor de cabeza que tanto le provocaba, aquel muchacho aun le seguía preocupando, igual que el primer día que ensangrentado de pies a cabeza se lo encontró sumido en la culpa.

Era un estúpido testarudo, al igual que ella y ambos lo sabían. Era la causa de muchas de las numerosas discusiones. Pero con todo ello y con el paso del tiempo terminaron tolerándose de alguna forma extraña, con un odio interno que salía a flote de vez en cuando y unas imperiosas ganas de matarse mutuamente, no obstante, al fin y al cabo, se soportaban.

-Está bien. –Confirmó.

-Te lo había dicho.

-Sabes que no me fio de tus "estoy bien", más de una vez casi mueres por eso. –Se cruzó de brazos retándolo.

-No soy tan débil como para morir por unos rasguños. –Una ceja sarcástica se alzó en el rostro de la castaña que tuvo que contener las ganas de reír. -¿Cuánto tiempo llevo durmiendo?

Uri suspiro derrotada, ese hombre era superior a sus fuerzas, y desistiendo se sentó en el camastro de enfrente con las piernas cruzadas. -Si no me equivoco poco más de 12 horas. -Contestó con algo de duda. -Hemos estado prácticamente estáticos durante ese tiempo. -Informó retomando su propia bebida.

Kylo gruñó ante el dato. Eran demasiadas horas y así su cuerpo se lo hacía saber. Le dolía al completo. Se frotó la nuca, tenía los músculos entumecidos. Se dispuso a levantarse hasta que un pinchazo lo cruzo desde el abdomen hasta la espalda.

-Con cuidado. Mientras tengas las grapas no podrás moverte bien, en cuanto lleguemos a una de las bases haz que un droide te examine, quizás pueda cambiarte la sutura por otra más cómoda. –Aconsejó la castaña desde su posición alzandose en pie dispuesta a ayudarlo.

-No soy estúpido, se lo que tengo que hacer. Y no necesito tú ayuda. -Protestó el mayor ante el gesto de la castaña mientras intentaba caminar erguido para salir del cubículo.

-¡Oh venga ya! ¿Quién te crees que soy? ¿Un soldadito de juguete de esos que fabrica Hux? -Le reprochó. -Conmigo no tienes que hacerte el duro, ni mantener ese humor de perros. Soy la única persona que te conoce tal y como eres, no necesito ver esa fachada tuya. No por ayudarte voy a pensar que eres más blando o algo similar. -Añadió haciendo aspavientos exagerados mientras el moreno la miraba molesto.

-No te voy a corromper y te voy a llevar de vuelta a la luz. -Añadió con un deje burlón. -Recuerda que mi corazón es más negro que el carbón, que nado en mares de brea y asesino sin piedad movida por mi oscuro espíritu dominado por la maldad y la destrucción. –Teatralizaba sus palabras con movimientos que acompañaban a las mismas. Ren rodó los ojos dejando de prestarle atención y retomando su camino. No era la primera vez que la muchacha citaba esas mismas palabras y adoptaba ese comportamiento. Uri mientras tanto proseguía con su monologo.

-Yo Uri Teniente Coronel de la Primera Orden más horrible y temida de la galaxia. Capaz de aniquilar pueblos enteros, presente en la destrucción absoluta de planetas, buscada por asesinato, mutilación y un sin fin de delitos de igual o mayor consideración. -Sus aspavientos se exageraron aún más, con una sonrisa en el rostro, mientras lo seguía a paso lento tras coger nuevamente su bote con lo que había autodenominado "desayuno". -¡Yo el ser que la luz teme y del que huye! -Engrandecía su persona más y más a cada momento. -Yo... -pensaba seguir, pero el caballero la corto tajante volteándose con clara molestia hacia aquella que sonriente había visto interrumpido su vanaglorioso monologo.

-¡Ya cállate! Me estás dando dolor de cabeza. –Se masajeó el puente de la nariz de forma reiterativa.

-¡A sus órdenes mi señor oscuro Kylo Ren! -Se burló cuadrándose firme como un soldado. Para a continuación carcajearse sutilmente alcanzando en su andar al caballero que tenía como objetivo la cabina del piloto.

Ambos se sentaron en sendos sillones piloto y copiloto. El silencio se apodero de la cabina mientras terminaban sus bebidas frente a la inmensidad del espacio ante ellos.

Los minutos pasaban impasibles, cada uno sumido en sus pensamientos dejaban correr el tiempo sin musitar palabra alguna. La joven con cierto pesar observaba de vez en cuando al moreno que mantenía la mandíbula tensa. Ella lo sabía, le pesaba demasiado aquella derrota y comenzaba a similar, ahora en frio, sus actos y las consecuencias que acarrearían dichos.

-Si necesitas hablar no te cortes. –Le dejó caer sutilmente. El caballero la miró desde su posición y guardando silencio apoyo la cabeza en su mano en un intento vano de librarse de un creciente dolor de cabeza que se apoderaba de él. Tenía que reorganizarse, no podían seguir a la deriva en esa nave que poca utilidad tendría en menos de una semana.

-Debemos reagruparnos con el resto de la Primera Orden.- Intentó cambiar de tema.

-Cuando la cosa se puso fea el Hux me ordeno localizarte. –No insistió. -Él junto a un gran grupo escaparon en otras naves, es posible que se hayan establecido en alguno de los planetas con bases estables.

-Odio a ese tío.

-Y a todo el mundo. No es novedad. -Una mueca de desaprobación apareció en el rostro del moreno. -¿Qué? es verdad, no conozco a nadie que no odies. Bueno, ¿entonces qué? ¿pruebo de nuevo? Las veces que lo intenté antes no tuve respuesta.

-Hazlo, ha pasado el tiempo suficiente para que podamos tener respuesta. –Uri afirmó en silencio, y reincorporándose en su asiento, comenzó a tocar una serie de controles buscando contactar con el resto de la orden.

Kylo la observó atento, aquella muchacha lo conocía, demasiado para su gusto. Había dejado el tema de lado sin poner pega alguna cosa que era extraño en ella, pero a la vez usual cuando se trataba de asuntos de extrema importancia como era ese. Chasqueo la lengua molesto. Por más que quisiese no podía deshacerse de ella, le era útil. Llevaba con él desde aquel incidente, lo había acompañado todo ese tiempo, incluso su presencia en la Primera Orden en cierta manera fue su culpa, cosa que la joven supo aprovechar, había que reconocérselo, pero nunca fue su idea inicial.

Negó con la cabeza. A pesar de la mala fama que tenía Uri dentro de la Primera Orden por culpa suya, había hecho méritos propios para promocionarse. Gran parte de lo que con anterioridad había teatralizado y exagerado era verdad. No dudaba en matar, traicionar y mutilar a quien fuera necesario, con aquella extraña sangre fría que poseía y aun así era capaz de ser clemente con quien, a su parecer, muchas veces no se lo merecían, solo por capricho o meros razonamientos insulsos.

-Aquí la Teniente Coronel Uri se solicita coordenadas de la localización más próxima de reagrupación. -La voz de la oficial lo sonsacó de sus pensamientos. El silencio al otro lado se hacía latente. -Repito, aquí la Teniente Coronel Uri solicito coordenadas de la localización más próxima de reagrupación. -El silencio permanecía. Frunció el ceño y tocó un par de botones antes de volver a solicitar la información. -¿Oyes eso? –Agudizó el oído.

-¿El qué?

-Ese ruido, ese zumbido. –El moreno prestó atención.

-Es muy leve. –Confesó tras lograr escucharlo.

-Algo va mal.- Sentencio en apenas unos susurros mientras se movía de su posición. - Antes no sonaba así. Voy a probar con el transmisor del tirador. -Se dirigió rauda hacia el puesto de tirador, cogiendo el transmisor nada más llegar. -Aquí la Teniente Coronel Uri solicito coordenadas de reagrupamiento. -Nada, igual que en la cabina del piloto nadie respondía al otro lado, varias veces más probó pero el zumbido proseguía. Gruño por lo bajo mientras que con cierta molestia se dirigía de nuevo hacia la cabina. –Algo ha tenido que afectar al transmisor general.- Sentenció molesta.

-¿Y antes iba bien?

-Si eso creo, el ruido por lo menos no estaba.

–Si sufrió daños durante la huida, algo puede haberse soltado durante el tiempo que hemos estado aquí.

-¿Y no puedes arreglarlo?

-¿Yo?

-Tú eres el que sabe de toda esta tecnología. Yo se pilotar, se llevar la carcasa a donde quieras y como quieras, ahora lo que hay dentro es un mundo desconocido para mí.

-Maldita sea. –¿Útil? ¿Había pensado en serio que era útil? Se arrepintió en ese mismo instante. -No puedo arreglarlo desde aquí y necesitaría piezas, piezas que no hay normalmente en este tipo de naves. –Recalcó. –Los mecánicos son quienes se encargan de cualquier fallo en los hangares.

Uri frunció los labios mientras miraba toda la mesa de mandos. -Bueno, siempre podemos ir al planeta más cercano que tenga base, quizás haya alguien ahí -sugirió -de no ser así seguramente tendremos recambios y podremos usar los transmisores. Incluso de ser necesario tendríamos víveres para una temporada.

Chistó la lengua, al final si iba a resultar útil, se auto afirmó volviendo a corregir sus opiniones sobre ella, aunque jamás se lo reconocería abiertamente. -¿Y cuál es la base más cercana?

-Según veo… -Miró una pantalla en concreto. -Nervior, tiene una base pequeña en desuso pero totalmente acondicionada, es de las últimas que se abandonaron cuando se creó la Starkiller.

-Servirá. -Sentencio cerrando los ojos y dejando caer la cabeza sobre el sillón. Aprovecharía el viaje para descansar, la pierna aun le dolía y el moverse por la nave no le ayudaba a su mejora. Estuvo en silencio por largo rato mientras la joven a su lado se afanaba por llevar la nave a buen puerto cuanto antes fuera posible. -¿Por qué aun sigues empeñada en mantenerte cerca de mí? -Preguntó sin abrir los ojos, captando la atención de la castaña que con una sonrisa no paró en ningún momento en su tarea de pilotar contestando en el proceso.

-Ya lo sabes.

-No, no lo sé.

-Sí, te lo dije hace ya tiempo.-

-Me dijiste que "alguien" no dijiste quién, te había encomendado ayudarme en lo que fuera necesario y según tú "salvarme el trasero". Y de eso hace años. -Hizo una pausa recordando aquel momento hace ya tanto, en que ella encolerizada después de una fatídica contienda en la que casi ambos pierden la vida, le gritó que no se apartaría de él, que le habían asignado esa tarea: mantenerlo con vida costase lo que costase. Ese hecho lo enfureció enormemente y casi la mata en aquel momento. Él no necesitaba protección, ni ayuda, se valía por sí mismo y la situación en que ambos quedaron, no ayudó en nada para calmar su ira. Aun así después de aquel momento no habían vuelto a sacar el tema, ninguno mencionó palabra.

Ella rio levemente. -Tengo que evitar que mueras, lo sabes.

-¿Por qué?-

-¿Necesitas un por qué? ¿Tanto te sorprende que alguien valore tu vida? –Ironizó con diversión. -Aún hay gente que cree que solo has cometido errores y todo el mundo puede tener la redención. -Se molestó ante aquellas palabras, él no quería la redención ni volver a la luz, quería deshacerse de ella al completo. Uri se percató de aquel detalle y aclaró. –Yo no soy una de ellas, que quede claro.

-¿Y qué ganas con ello? Debe ser mucho si accediste. –La joven se encogió de hombros.

-No. Siendo sincera no he ganado nada hasta ahora, aunque he de reconocer que si no hubiera sido por tu estúpida idea de alistarte en la Primera Orden yo no sería quien soy hoy. –El moreno la miró afilando la mirada de forma acusadora, no creía esas palabras, tenía que haber algo oculto, nadie hace nada por otra persona exponiéndose a tales riesgos sin sacar beneficio de ello.

-No te creo.

-No me creas. Me es indiferente. –Sentenció mirándolo con seriedad, antes de volver su atención al frente. –Quizás deba empezar a cobrarte por la ayuda que te presto, así al menos obtendré algo.

-No voy a dejar la Primera Orden si es ese el objetivo de todo.

-¡Que obsesión! Por favor Kylo, no siempre es eso lo que quiere la gente de ti. –Se sobresaltó ante esas palabras. –Además mírame a mí. -Hablaba con cierta molestia. -¿Por qué querría alguien que yo te acompañara? No soy precisamente un ser lleno de benevolencia. Si en verdad fuera ese el objetivo habrían asignado a un monje o algo, no a mí. –Suspiró pesadamente antes de mirarlo con seriedad. -No me dejo manipular. Creo que ese es uno de los motivos por los que yo precisamente estoy aquí y no otro. Solo debo cuidarte las espaldas, servirte de apoyo indiferentemente del bando en el que te encuentres, eso es todo. No busques un objetivo que no existe.

-Jamás debiste aceptar.

-No quise aceptar. –Confesó, captando la atención del moreno. –No eres precisamente alguien a quien se quiera acompañar de forma voluntaria. –Le acusó con diversión. –Me convencieron, y con el tiempo creo que me he acabado acostumbrado a ti. –Sonrió levemente volviendo su atención al espació. –Además soy un poco la voz de tu conciencia. –Rio ante esa comparativa.

-No trabajas bien si así es. –Se molestó dando por finalizada la conversación.

-Me basta con recordarte los errores aunque no pueda evitarlos. –Añadió una última vez ante una risilla que solo provocó el disgusto del moreno que se cruzó de brazos y volvió a cerrar los ojos.

EDITADO: 13/04/2018