Me alegra que les haya gustado, agradezco sus reviews, después los contestaré, pero estaría bien que de serles posible, me dejen una crítica constructiva para poder mejorarlo n-n aunque sus opiniones sin ello también son valiosas.
Me atreví a leer .-. mi propio capitulo anterior (rara vez me leeo XD) y hallé varias faltas, pido disculpas por las que tuve y seguramente tendré o tengo muchos errores de horrografía, ni qué decir de la redacción, pero haré lo posible por evitarlos, sin dejar de lado mi estilo. Sé que a veces es un poco denso porque es muy descriptivo XP pero escribo de forma en que sea lo más cercano a que me agrade a mi.
A petición de Kea (tras un "está muy cortito" ¬¬U) está un poco más largo que el anterior.
Me dejo de palabrería para dar continuación. Creo que Sasuke me sale bastante adorable (carajo, que ni yo me la creo XDU), pero les aviso que Naruto es mi consentido.
De sopa de recuerdo y cita a cena
2
-Arriba pequeño.
Cerró duramente sus ojos, sintiendo el lagrimeo necesario para intentar mitigar el doloroso despertar. No porque fuera triste su existencia, sino por el sol que le obligaba a regresar de la tranquilidad del sueño.
El hombre le estaba moviendo con esa poca condescendencia, nada digna de lo que Naruto le llamaba el mejor de todos los padres.
-Por favor… un poco más.
Se cubrió la cabecita rubia con la cobija. Minato negó con la cabeza. El bulto pequeño recostado sobre un colchón relleno de paja, cubierto por una blanquísima sábana, se movió de risa contenida.
Adoraba que su padre riera. De hecho sólo era Naruto quien podría conseguir algo parecido a la risa de parte del hombre.
-Creo que es evidente que no quieres acompañarme a desayunar, posiblemente el pequeño Sasuke si quiera estar conmigo.
-¡Quiero hacerlo, de veras! –pataleó para deshacerse de la sábana.
Con solo un día de verlo, le había bastado para odiarlo. Sasuke cerca era tan insufrible como no tener su amada pasta con carne por un día entero.
-Lamento mucho si mi hijo le ha hecho daño. -El azul intenso se encontró con el negro de su mirar.-Mi nombre es Namikaze Minato. -Dijo el rubio tras el golpe que Naruto le regaló en la nariz al de cabellos oscuros.
Itachi tragó saliva discretamente. Ambos se quedaron mirando fijamente a los ojos ajenos. Aquel hombre rubio tenía porte elegante que se sumaba a un aura de superioridad. Minato ignoró la aparente frialdad, para leer en los ojos de aquel muchacho de cabello oscuro lo que se le imaginó un aire de príncipe atormentado.
Con sus manitas cruzadas tras la nuca, Naruto comenzó a ver seguidamente el rostro del uno y otro, intentando buscar qué miraban. Sasuke externo en su rostro el aburrimiento.
-Pero si sólo le di un golpecito -comentó Naruto, intentando hacer plática para romper el silencio, que solo a los pequeños les fue incómodo,- puedo darle más fuerte a la pelota, de veras que puedo. -Naruto lanzó un agudo chillido cuando Minato le jaló la oreja.
Con el sólo comentario del escandaloso, Sasuke lo había detestado. ¡En vez de pedir una disculpa, se atrevía a decir que esa débil patada, que para colmo había pegado a su hermano mayor, podía ser mejor!
-Dado que tienes un hermano pequeño, sabes como son los niños.
-Son una verdadera molestia –aceptó Itachi. Le agradaba sin duda la seguridad de esa voz. Aunque no era precisamente a lo que se refería Minato.
Los adultos se sonrieron. Los ojitos de Naruto brillaron al darse cuenta. Sasuke apretó los dientes.
-Seremos amigos.- dijo Naruto a Sasuke, más como una afirmación que una esperanza infantil a futuro.
-Pedazo de idiota.- susurró Sasuke.
Se limitó a sobar la nuca que fue impactada con la mano de Itachi. Bajó la vista e inclinó la cabeza a modo de disculpa, más por la presencia de Minato y el temor a la represalia de Itachi.
-Bastardo grosero, de veras que lo eres- contestó Naruto, importándole poco el fingido arrepentimiento. Tuvo que terminar la frase entre berridos, ni porque Minato le jalaba la oreja se quedó callado.
-Ni siquiera sabes qué es eso –reprendió el rubio mayor.
-Pero el maestro Iruka le dice así al maestro Kakashi cuando…
-¡No!, tú no le dices así a las personas. –Miró a Itachi nuevamente.- Tienes qué disculparme.
Itachi elevó las cejas con aire ligeramente ofendido, parecía más una orden que disculpa.
Por lo regular la gente se intimidaba de su sola presencia, pero ese par de rubios eran demasiado interesantes, aparentemente inmunes a la densa presencia Uchiha, impregnada incluso en alguien tan pequeño como Sasuke.
Aunque los adultos los estuvieran castigando, tenían en sus adustas facciones una muy ligera sonrisa.
Cuando el aire le acariciaba la cara al ser cruzado por él en el impulso de sí mismo columpiándose, Naruto había observado entre el gozo de su risa la insistente mirada de su padre hacia ese joven.
Es verdad que tampoco lo había visto, que al propio Naruto le llamó la atención las nuevas presencias, pero eso era menos relevante que ser testigo de la primera ocasión que en su corta vida, veía poner a Minato tanta atención a una persona que no fuera él.
Lo único que superaba la testarudez de Naruto era su buen corazón, ese que se preocupaba por la felicidad de su padre aunque la mordida de los celos le estuviera molestando. Podría soportar algo como eso si Minato sonriera más seguido, y no tan forzado como a veces lo sentía que lo hacía para festejarle sus logros.
Por consejo de Minato, Naruto lanzó la pelota hacia Sasuke. Posiblemente estaría tentado a jugar entonces. Al menos eso pensó el hombre, por ello lo creyó un accidente. ¡Su pequeño jamás tendría intención de golpearle el rostro a alguien!
Nadie podía negar que era un buen niño, pero si podía asegurarse que Naruto era todo menos predecible. Él mismo se sorprendía todos los días con las ocurrencias de su hijo.
Más tan astuto llegaba a ser ese pequeño niño de ojos azules, en los momentos críticos para solucionar problemas, que ni siquiera esta vez un hombre tan inteligente como su padre pudo darse cuenta del plan con maña.
Así que en la incomprensiva lógica de Naruto, solo por ver a su padre sonreír, valía la pena tener la atención de Itachi a la fuerza, aunque eso significara soportar al pesado de Sasuke.
Se esforzó el resto de la tarde en molestarlo, siguiéndolo a cada rincón del parque.
Itachi se juzgó tenuemente contento, el pequeño rubio parecía empeñado en ser amigo de alguien tan antipático como su hermanito, siempre tan solitario. Formando hipótesis en su cabeza, había llegado a la firme conclusión que la sutileza no servía con Sasuke, así que finalmente en ese obstinado niño rubio, había encontrado la horma de su carácter contrario.
Minato sintió como un halago hacia él, que Itachi hubiera permitido la permanencia de Sasuke un rato más para jugar con su hijo, quien no tenía a la fecha un solo amigo de su edad con quien jugar.
Sin embargo ninguno de los dos se miró siquiera, mucho menos se habló. Itachi se auto convencía de que ese hombre siendo un simple campesino, como todos los demás en esa aldea, era un ser inferior indigno de su mirada. Él era un genio que había ido a hacer una investigación.
El aldeano respiraba tranquilamente a su lado, como si la presencia de Itachi fuese la que le resultara indiferente en vez de que fuera al revés.
Después de un par de horas ambos pequeños regresaron sucios, un poco golpeados y con uno que otro rasguño. Eran obvios signos de pelea. El gesto fruncido de Sasuke, la boca torcida que mostraba los dientes de Naruto, era lo que más resaltaba como molestia.
Los mayores estaban enternecidos.
Sasuke metió las pequeñas manos en los bolsillos. No se atrevería a hablar antes que el mayor, pero de alguna forma deseaba demostrarle su inconformidad.
-Finalmente el único problema que pareció haber fue el golpe que te dieron al inicio.
Viendo a los pequeños, Itachi elevó una ceja, no muy seguro de que las palabras del aldeano estuvieran siendo sarcasmo.
-No hay problema alguno- mencionó Itachi con seriedad,- nos retirarnos.
-Ustedes son nuevos en el pueblo.- Afirmó Minato.
Itachi pareció congelarse con la voz, aunque había tomado la mano de Sasuke para comenzar a caminar. Tenía que irse.
Un momento… ¿cuándo es que Minato comenzó a hablarle de forma tan familiar? Itachi ni siquiera se había presentado. Sasuke lo había llamado hermano mayor todo el tiempo en las pocas veces que le habló para preguntar a qué hora se irían, al menos el rubio que le ponía los nervios de punta –aunque aparentemente Itachi estuviera tranquilo-, aún no conocía su nombre.
-Lo somos.
-Entonces nos veremos después, es costumbre compensar algún daño hecho, sobre todo cuando no han sido intencionados.
El único que se dio cuenta de la risa zorruna que delataba a Naruto, desmintiendo lo poco intencionado de su acción, fue Sasuke, pero fue lo suficiente prudente para callar por el momento.
-Nos veremos aquí, mañana a la misma hora. Buen día.
Naruto se acercó al rostro de Sasuke.
-¿Escuchaste? Nos veremos, si eres hombre no faltaras a tu palabra, yo lo soy, ¡de veras que si!
Sasuke volteó groseramente la cara. Itachi le apretó la mano como aviso. Tras ellos una risa fresca se escuchó. A Naruto le brillaron más los ojos. Tenía mucho de no escuchar una risa fuerte hacia alguien que no fuera él, por parte de su padre.
De un salto, con sus piernas temblorosas que recuperaban la movilidad luego del descanso, Naruto se dirigió hacia el mueble donde guardaba su ropa. Minato se puso en cuclillas, extendiendo la manta sobre la cama improvisada de su pequeño.
-La próxima vez tú tenderas tu cama.
-Lo haré, de veras que si, ¿podemos ir a comer pasta con carne de cerdo?
-No. –Dijo firme, sin dejarse ablandar por el puchero de Naruto.-Ya te dije que eso es muy pesado para el desayuno.
Los primeros años de su vida fueron los más difíciles para Minato. Dividía lo más que pudo su tiempo.
No pudo confiar en ninguna mujer para darle a criar a su hijo en sus primeros años de vida, decidiendo finalmente dejárselo mientras trabajaba, al anciano que lo había seguido desde tan lejos hasta esa aldea en la que decidió vivir, aceptando incluso cuidar al pequeño durante las ausencias de Minato, cuando ya lo había criado a él.
Jiraya era sin duda el mayor apoyo de Minato. Padre no es el que engendra, le decía Jiraya a Naruto, sino el que te cría y te ama mientras lo hace. Por eso no le costó ningún trabajo tener la libertad de llamarle abuelo. Y pasarse de confianzudo llamándole viejo pervertido al criticar las particulares diversiones del adulto mayor, aunque no sabía exactamente lo que eso significaba, pero sonaba divertido, más lo era ver cuando le perseguía la jauría de muchachas enfadadas gritándoselo.
En su vida que resulto tan amarga tras la muerte de su esposa, el mismo día en que había dado a luz a su hijo, pudo sobreponerse al dolor solo porque se combinó con la alegría de tener entre las manos al producto del amor que le tenía a esa mujer.
Minato era un hombre fuerte e inteligente en todo aspecto, pero le afligía el encariñarse con alguien. Para tener más precisión le afectaba en demasía perderlo.
Naruto parecía por eso siempre en disposición de otra pequeña batalla verbal cada que veía a Jiraya. El ver las pequeñas peleas entre el hombre que consideraba su padre y su niño, era lo que le arrancaba una que otra sonrisa
Minato se sorprendía de la fortaleza de Naruto, a sus siete años no había enfermado -o muerto- a pesar de la forma en como se alimentaba. Posiblemente por ello Naruto era tan testarudo, ante la carencia de la madre, Minato no tenía suavidad para negarle los caprichos o afinar su carácter concediéndole las cosas con facilidad aunque le demostrara físicamente su afecto.
No precisamente descuidaba su forma de alimentación, pero por un lado si algo caracterizaba a Naruto, es que siempre estaba en constante movimiento, por el otro, Minato no podía dejar de lado sus otras obligaciones ni pedirle a Jiraya que se dedicara completamente a él.
En ocasiones lo dejaba esperando fuera de su lugar de labor, leyendo algún libro o dibujando; había hecho instalar un columpio en donde pudiera verlo por la ventana, así también podría jugar. Pero siempre estaba solo.
Con sus propias acciones, Minato veía siempre las mejores ocasión para enseñar a su hijo que por esfuerzo y trabajo es como se conseguían las cosas. Empíricamente Naruto aprendía. Algún día él iba a ser como el hombre que tanto admiraba e incluso tendría el mismo trabajo. Esa era su meta, o al menos ser como Jiraya o Kakashi.
Cuando menos se lo esperaba, Naruto se había escapado y estaba en su puesto de comida favorito –al que también le llevaba siempre Jiraya, porque no se le daba bien la cocina-, lavando trastos a cambio de una buena porción.
El señor Ichiraku se negaba a que Minato pagara, como también a que Naruto lavase la loza a cambio del alimento, pero estaba conciente del orgullo del padre y la terquedad del niño. Aquel amable hombre también sabía sobre el poco tiempo de Minato, y la devoción por cuidar a ese muchachito que se había ganado su cariño.
Tenía poco de haber cumplido cinco años, aquella vez cuando haló la gabardina de su padre y Minato le miró serio por haberlo interrumpido al hablar con otros hombres, el niño comprendió que debía molestarlo un poco menos, pero ese impulso que sólo él tenía le llevo a mover los pies para acallar sus tripas tan escandalosas con hambre, como normalmente lo era él.
Tomó las monedas que Minato le habían dado a lo largo de las semanas y acumulaba en un bolsito que amarraba a su cintura.
-Te falta la mitad, -le había dicho Ichiraku,- ven con tu padre y te daré una buena porción.
-Él acabará hasta muy tarde, de verdad que si -dijo Naruto,- y yo tengo mucha hambre.
El hombre se conmovió, tomando el montón de monedas desperdigadas en la barra. Un viejo amigo pasaba por ahí, así que Ichiraku salió a hablar con él. Debía aceptar que había tardado bastante, pero la clientela decrecía aunque abarató los precios, por eso no se preocupo por los clientes. Si los rebajaba más estaría en la ruina.
Los rubios actualmente eran de los pocos –y mejores- clientes, cuando Minato no tenía tiempo de cocinar, llevaba a su cría a comer ahí desde que pudo ingerir sólidos.
Entre una sonrisa de ternura y sorpresa, Ichiraku descubrió que el niño se había saltado la barra, y estaba terminando de secar los platos mal colocados.
Jiraya estaba al borde de la histeria queriendo asesinar a Minato por perder al niño. El rubio estaba demasiado tranquilo, con ese aplomo que le caracterizaba. Por dentro su corazón se estrujaba, pero sólo raras veces perdía la calma, siendo capaz de meditar y solucionar problemas con facilidad. Sus pensamientos no lo engañaron, siendo el primer lugar en donde buscó en donde lo encontró.
En ocasiones, por más que se esforzara, Minato no podía cubrir el tiempo requerido para cuidar a un niño pequeño, así que terminó por ceder ante permitirle el hecho de que buscara la comida en el tiempo en que no podía dársela.
Naruto se hizo independiente, se esforzaba constante por superarse siempre a sí mismo, desde que se pudo parar sobre sus piernas. El reconocimiento en la mirada de Jiraya y Minato no podía pagarse más que con su trabajo duro, y el esfuerzo en cada acto de su vida.
Cuando Minato se dio cuenta que Naruto se sentía hinchado de gusto por conseguir ese alimento por sí mismo, aunque pagara, le pidió al cocinero que dejara hacer al niño la labor a la que se había ofrecido, sin decirle algo al respecto al niño sobre el trato de que Minato pagaría la mitad de lo que consumiera. Ichiraku no permitiría que pagara más, como tampoco abusaría del pequeñito.
Minato suspiró profundamente el aroma del platillo de Ichiraku. Naruto había ganado una vez más, pero a cambio de los recuerdos que le había traído darle ese gusto a su hijo, no se arrepentiría. Ya le haría comer aunque fuera a la fuerza, uno o dos tazones de verduras por la noche.
Naruto extendió sus brazos, sabiendo que Minato lo cargaría sobre sus hombros. Naruto había trabajado duro ese día, haciendo las labores de la casa, –aunque su cuarto siempre era un asco porque decía que lo dejaría al final, y nunca lo hacía,- encaminándose al parque.
-¿Crees que ya estén esperándonos?
Naruto abrió mucho los ojos, inclinándose más. Tragó duro cuando el exceso de sopa que comió se le iba a regresar por la boca, cuando su estomaguito flexionado fue apretado. Minato sintió un tic en la ceja, liberando con un suspiro el susto provocado al haber estado a punto de ser el recipiente del desecho de su cría.
-Es probable, pero recuerda que los extranjeros no siempre están dispuestos a adaptarse a las costumbres de nuestra aldea.
-Pero el viejo pervertido siempre viaja mucho y él me ha dicho: Al pueblo que puedes, has lo que el viernes. Hoy es el día ¡de verdad!
Los hombros sobre los que estaban Naruto, temblaron un poco de risa contenida.
-Es: Al pueblo que fueres, has lo que vieres –corrigió Minato, Naruto infló graciosamente las mejillas con aire ofendido, cambiando su gesto a uno de dolor cuando Minato le pellizco la pierna.- Además tenle más respeto a Jiraya.
Minato bajó a su hijito, sentándose en el columpio. Naruto persiguió un rato su sombra, pero el sol estaba terminándose. Cuando giró el rostro para ver a su padre, él tenía recargada la cabeza en la gruesa soga, con su gesto serio e impasible.
Naruto frunció el seño, bajando la cabeza con un gesto de tristeza. El cielo ya estaba oscuro, y ellos no habían aparecido. Las sombras que ocultaban sus gestos, fueron las cómplices para no demostrar la decepción de ambos rostros.
El pequeño rubio se acurrucó en las piernas de su padre, buscando que le hiciera algún mimo en la cabeza. Minato abrió los ojos, viendo esos enormes e hipnotizantes ojos azules brillando, a pesar de la ligera oscuridad. El farolero lo saludó desde lejos con respeto, Minato asintió con la cabeza en atención.
Naruto se sentó en las piernas de su padre, mirando como el farolero encendía la base de un largo palo, abrió después con el mismo el farol, encendiendo la mecha para después cerrar de nuevo el cristal y continuar con el siguiente a varios metros.
El columpio comenzó a mecerse, Naruto asió en puños la ropa de su padre que estuvo a su alcance. Minato recargó la barbilla en la suave cabellera tan parecida a la suya.
-Lo lamento hijito… no vinieron, sólo te he ilusionado. –Estaba seguro de que Naruto se había quedado dormido, la tensión en sus deditos había bajado hasta soltarle la ropa. Minato le había envuelto con un brazo, sosteniéndose de la soga con el otro.- Nunca entenderé como pueden rechazar a alguien como tú.
¡Él jamás se acercaría a alguna persona que se atreviera a mirar de forma indiferente a su pequeño! Desde que Kushina, su esposa, había muerto, los amigos de Minato habían prácticamente culpado a Naruto del deceso, de haber desaparecido la sonrisa de un amigo tan querido por todos los aldeanos.
Respetaban a Minato, lo admiraban, pero había muchas prácticas, costumbres distintas que ellos no podían tolerar aún, que no permitían. Ellos alejaron a sus hijos para que no aprendieran de Naruto.
Minato no se los pudo perdonar. Seguía trabajando duramente, siendo amable dentro del grado que su porte diplomático lo permitía, pero alejó a su hijo de todos aquellos, prohibiéndoles discretamente que acercaran a sus hijos a alguien con un corazón tan cristalino.
No quería que lo dañaran contaminando su mente pura. ¿Quién tenía derecho a juzgar que un padre no podía ser tan amoroso con su hijo? ¿Qué lo criara sin una mujer de por medio? ¿Qué un hombre bueno como Jiraya, que tenía cierto vicio con las mujeres, no era buena influencia siendo sabio, trabajador y honesto a pesar de ello? ¿Qué él aprobara la relación de pareja entre los maestros de su hijo, uno de ellos alumno suyo en el colegio extranjero de la ciudad de donde provenían él y Kakashi?
Había demasiadas cosas que esas personas habrían de aprender. Pero él sólo tendría tiempo de enseñárselos a través del ejemplo, sin darle más explicaciones a alguien que dejarles como testimonio su vida misma.
Por eso cuando notó a los nuevos extranjeros, tras enterarse de que su estancia sería muy posiblemente larga, había visto una buena oportunidad para relacionar a Naruto con personas distintas. Tal vez podría tener a un amigo. Pero resultó contraproducente. Ya buscaría la forma de explicarle a su hijito. Era más triste la nueva decepción de su pequeño que la ausencia de aquellos morenos.
-Buenas noches.
No se molestó en moverse demasiado, aunque su corazón comenzó a latir más rápido de lo que le hubiera gustado. Cerró los ojos, ladeando el rostro acariciándose la mejilla contra de la cabecita de Naruto, disfrutando de lo sedoso de su cabello.
-Buenas, en realidad.
Itachi desvió la vista al suelo. Ver esa escena, sumada a una nueva sonrisa de Minato hacia él, no era algo que supiera como llevar.
Sasuke se talló uno de los ojos para intentar sacarse la basura que había traído el aire. La mente de Itachi, activa la mayor parte del tiempo, –más aún si aquel hombre que le desconectaba extrañamente las neuronas no estaba cerca-, actuó por fin tras un largo silencio.
-Para Sasuke no fue suficiente dormir toda la tarde.
Minato abrió los ojos, viendo como el niño paraba de improviso el movimiento, mirando con rencor a su hermano por mentiroso. Itachi elevó elegante una ceja, cuando Minato expandió su sonrisa demostrando en esos delineados labios la perfectísima línea de dientes que poseía.
Su mentira había sido perfecta, Sasuke no la desmentiría, en su rostro no había ni una pizca de arrepentimiento que le delatara. ¿Porqué demonios ese hombre sonreía tan escéptico?
-Vayamos entonces a mi casa, cenaremos algo y luego hablaremos de los niños cansados. –Invitó eliminando su sonrisa. Más bien ordenó, como se le figuró a Itachi.
Minato se puso en pie, girando de la cintura a Naruto para que quedara de frente a él, con una suavidad que no se creería de no verse en un hombre con su aspecto físico tan regio. Por instinto Naruto le envolvió el cuerpo con las piernitas y el cuello con los brazos.
Sasuke en realidad si estaba cansado, Itachi lo había hecho caminar todo el día por la aldea, apenas con un descanso para comer en el piso de una ladera.
Una simple media bola de arroz relleno –la otra mitad, que Sasuke consideró la más grande, se la comió Itachi-, era lo que le bailaba en el estómago, además de un montón de agua de dudosa procedencia, juzgó Sasuke, por venir de un charquito. Se veía cristalina, pero uno nunca sabía.
No entendía porqué su hermano mayor, tan serio, grande e imponente, obedecía a ese hombre. Arrastraba casi los pies de cansancio e Itachi ni siguiera le lanzaba una mirada para ver su deplorable estado.
Tenía celos de Naruto por estar siendo cargado, por tener un padre que le consentía aún siendo idiota y también tenía un hambre tal que sentía alucinar, al grado de que se asustaba a sí mismo imaginándose que una tripa se comía a la otra.
Movió negativamente la cabeza cerrando fuerte sus ojitos para desaparecer la horrible imagen, posando con suavidad la mano en el vientre. Estúpidos libros de anatomía que llegó a revisar. Estúpido hermano mayor –se regañó luego por decirle la grosería a Itachi-, por tenerlos tan a la mano en casa, pero sobre todo por no darle de comer como mamá manda.
Posiblemente también Itachi tenía miedo de que sus intestinos se cenaban entre sí y aceptaba ir a la casa de ese desconocido –Sasuke, nunca hables ni vayas con extraños, siempre le decía Itachi-, sólo porque tenía mucha hambre y sabía que tenía que alimentar a su hermanito.
Suspiró profundo para no llorar. En casa su mamá ya le habría dado de comer, a esas horas seguramente sopearía galletas en leche.
Si lo pensaba bien, seguramente Itachi sólo se preocupaba por darle de comer, porque si sus padres lo veían flaco, entonces no le pagarían lo que Itachi pidiera por su rescate. Porque se supone que eso se hacía en un secuestro… o algo así.
Sus nervios se crisparon más cuando escuchó la risa del niño rubio, esa que no se había podido sacar de la cabeza. Ah, si, por cierto, ¡estaba desvelado por culpa de ese pesado!
En toda la noche su cabecita estuvo dando vueltas, nadie se había atrevido a hacerle frente en toda su vida, a nadie le había dado una golpiza –Sasuke exagera, porque ambos se habían dado con lo mejor que tenían,- y mucho menos lo habían dejado sin dormir pensando en como vengarse de esa risita tan irritante.
-Te trajeron y no querías, de veras que no. –Canturreó Naruto con los ojos entreabiertos adormilado entre los brazos de su padre, que parecía contento nada más porque el mocoso antipático había abierto los ojos.
Si Sasuke no hubiera estado tan perdido preguntándose cómo es que brillaban tanto unos ojos luciendo tan azules en la noche, seguramente le hubiera contestado.
-Pedazo de burro.
Bueno… tal vez le hacían falta unos años más para saber lo que era quedar hipnotizado con una sola mirada. Y también para que su cabeza no recibiera tantos collejazos cortesía de Itachi, cuando Naruto estaba cerca.
Continúa.
