Nota de la autora: solo hare una pequeña advertencia: el contenido de este capítulo puede no ser apto para personas muy sensibles. Dicho esto, espero que lo disfruten ^^
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:::Momentos antes:::
A la distancia, se escuchó a Víbora gritar desesperada- ¡son demasiados! –los arqueros estaban preparándose para apuntar nuevamente
- ¡no podemos abandonar el Valle! –le recordó Mono mientras evitaba la estocada de un leopardo
Mantis se subió al hombro de Mono- no podremos seguir peleando –los estaban acorralando
- ¡corran! -les ordeno Tigresa, aun batallando contra el gorila, ella también está perdiendo
Nadie pudo creer lo que escucharon- ¿QUÉ? –le preguntaron incrédulos
- ¡saquen a Po de aquí, ahora! –al terminar de decir eso, el gorila le dio un golpe al estómago, consiguiendo que cayera de rodillas al suelo
Ese golpe la había dejado sin aliento, por lo que perdió sus fuerzas temporalmente, se enfocó en ver los movimientos de su adversario… y de momento se dedicó únicamente a evadirlos. Sus compañeros entendieron mejor el motivo de la retirada cuando vieron a un panda tirado en el suelo y a los arqueros preparándose para disparar sus flechas; sabían que no podían hacer nada, los estaban acorralando… los estaban venciendo… necesitaban ayuda, les dolía en el orgullo admitirlo, pero si esto seguía así, las cosas terminarían mal para todos.
Se escuchó algo parecido a un "clic" producido por algo hecho de madera…
Una ballesta estaba casi lista para ser usada, solo debían apuntar bien hacia su objetivo… la maestra Tigresa; nadie se percató de eso a excepción de Po y no hubo mucho que él pudiera hacer, desde su posición podía claramente ver a Tigresa, lo único que retrasaba el disparo eran los 2 gorilas contra los que peleaba, si en algún momento alguno se retiraba, Tigresa estaría en problemas. Po, desesperado, intento gritar, quería advertirle… quería salvarla.
:::Ahora:::
Puede que fuera muy tarde. No se le concedió tiempo para pensar y tuvo muy poco para reaccionar, la maestra Tigresa echó su hombro izquierdo hacia atrás, esperando ser lo suficientemente rápida como para poder evadir la ballesta a tiempo… pero no tuvo el tiempo para lograrlo y aunque esta no dio en su corazón, si le hizo un corte profundo a su brazo izquierdo, cerca de su hombro… luego atravesando el antebrazo del gorila detrás de ella, dejándolo clavado contra la pared.
Esto era algo que Tigresa no esperaba, no era posible creerlo, pero es cierto; tal parece que alguien había planeado esto muy bien… y ahora le corresponde a ellos salir de esta situación, pero ¿Cómo? Si veía a su alrededor, a sus compañeros, daban lo mejor de sí para resistir a una batalla ya perdida… sabía que no había forma de ganar esta… no si dos de ellos están heridos. Entonces recordó: "¡Po!" Se había olvidado de él.
Entonces Tigresa lo vio… luego de evadir un poderoso golpe, pudo ver tres bombas de humo en el cinturón del gorila, puede que no sea mucho… pero es posiblemente su única salida. Cuando el gorila se dispuso a dar otro golpe, Tigresa espero en su posición y al gorila hacer su movimiento, ella hizo el suyo… luego de esquivar ese poderoso puño, paso bajo su brazo y fue capaz de llegar al cinturón, tomo las bombas de humo de un arrebato, paso por detrás de su adversario y uso su espalda como plataforma para saltar y lanzar dos de esas bombas hacia sus compañeros… siendo la tercera para encubrir al Guerrero Dragón. Los furiosos… aunque algo sorprendidos aprovecharon su oportunidad. Resulta una lástima que al caer, Tigresa estuviera nuevamente a merced de un gorila malhumorado.
Podía escuchar claramente sus voces: "Po… Po, vamos, tenemos que irnos ¡levántate!" pero él estaba en shock tratando de ver a través del humo, como el gorila arremetía contra Tigresa… de quien se enamoró secretamente. No podía más que ver como ella hacia lo que estaba en su poder para evadir el golpe final del martillo… en ese momento se sintió inútil, por más que lo deseara su cuerpo no le permitía ponerse de pie, mucho menos darle una lección a ese gorila. Renegado, lo único que podo hacer fue precisamente lo que indicaban sus compañeros, debió arrastrarse hacia un lugar seguro como todo un cobarde… y abandonarla, dejarla a su suerte. Su mirada se encontró con la de Tigresa por un segundo, solo lo que permitió un espacio entre el humo; en silencio… se dedicaron un "lo siento". Los cuatro furiosos que acudieron en su ayuda aparecieron como sombras entre el humo, dejaron noqueados a los dos leopardos que no entendían lo que pasaba… luego Mono y Víbora entraron a la casa donde se había instalado la ballesta y sacaron a los que le habían disparado a Tigresa.
Po volvió a la realidad cuando Grulla le hablo- vamos, levántate, tenemos que irnos –el humo comenzaba a disiparse, pronto ya no los cubriría más que el humo toxico del incendio, que llegaba a ellos debido a un cambio en la dirección del viento.
Po miro a su compañero, desconfiado- pero… ¿Qué hay de Tigresa? –En su interior rogaba que hiciera algo por salvarla- ¿Qué pasara con ella?
- no lo sé, Po –Grulla bajo su mirada, realmente no había nada que pudiera hacer- pero tenemos que escapar
- ¡ahora o nunca! –Mono trataba de apresurarlos, haciendo toda clase de señas con sus manos
Lo comprendió, en verdad debía irse… en verdad debía abandonarla. Con pesar en su corazón, Po se apoyó sobre sus rodillas, se puso de pie lentamente para seguir a sus amigos, quienes lo guiaron a través de varias calles antes de llegar al bosque que circunda el Valle… estando allí se detuvieron para recuperar el aliento. Juntos observaron al Valle de la Paz… reduciéndose a cenizas.
- y… ahora ¿Qué? –La voz de Mono trajo a la realidad a sus amigos- ¿Qué debemos hacer? –todos intercambiaron miradas… dolidos, casi rendidos
- Yo regresare –como solo ocurre en raras ocasiones, Po se oyó decidido
- no hay nada que puedas hacer –Mantis trato de detenerlo, su voz reflejaba su dolencia- … no pudimos hacer nada, fallamos
- ¡no dejare que sacrifique su vida por nosotros, ustedes son sus compañeros, se supone que tendrían que estar de mi lado!
- ¡ella lo quiso así! –Hizo una pausa para intentar contenerse- tuvo la oportunidad de elegir y escogió salvarnos… dime Po ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar?, ¿nos hubieras abandonado?
Po suspiro, sabía que Mantis tenía un buen punto, no quería admitirlo, pero era cierto- no… -desvió su mirada- sabes que no los dejaría
- iré a decirle al maestro Shifu… tiene que saber –dijo Grulla antes de alzar vuelo
- … deberíamos ver si alguien quedo atrapado en el incendio –reconoció Víbora
- ¡mi padre, es cierto! –Po no podía creerlo, perdería a dos personas muy importantes en tan solo un día, todo esto tenía que ser una pesadilla- vayan a rescatarlos, yo iré por mi padre –los demás intercambiaron miradas antes de aceptar esa orden y volver al Valle.
:::W:::
Lo único en lo que podía concentrarse Tigresa era el gorila, en esquivar todo y cada uno de sus golpes, él es tan rápido que no le da la oportunidad recuperarse y lanzar el contraataque… no le dejaba hacer más que evadir. Los lobos se bajaron de los techos, les entretenía ver como el gorila arremetía incesante contra Tigresa y comenzaba a cansarse de pegarle al aire; la maestra no tiene escape y lo sabían, es por eso mismo que les resulta entretenido. Saben que ella no podrá ganar.
- ya es momento de avanzar al palacio –hablo un leopardo- aunque tú puedes quedarte si así lo deseas –dijo eso ultimo al gorila
- de acuerdo –justo en ese momento bajo la guardia tan solo un poco, solo lo suficiente para que Tigresa hiciera su movimiento, pero recordando a los 30 arqueros y a los leopardos dejo que pasara, prefirió esperar a que los demás se fueran para hacer su jugada- luego los alcanzare
Luego de unos minutos, cuando finalmente solo estaban ella y el gorila, la victoria era suya, lo único que esperaba era que el gorila se cansara o que volviera a bajar la guardia. Primero comenzó a cansarse, se hizo más lento, luego arrojo su imponente martillo… todo y más de lo que Tigresa necesitaba, aprovechando esta oportunidad velozmente lo impacto con una serie de puñetazos y patadas que lo hicieron retroceder, dándole tiempo de enfocar sus fuerzas en un solo golpe… el que lo dejaría inconsciente… el cuerpo del gorila levanto una nube de polvo al tocar suelo. Tigresa se dejó caer de rodillas, estaba cansada, pero ya podía respirar aliviada… y se quedó así por unos instantes, solo hasta que escucho el aleteo de Grulla, alzo su vista para asegurarse de que fuera él… y si lo era, se dirigía al palacio con una notable prisa. Verlo le trajo algo de paz, sabía que tenía que avisarle a Shifu que el enemigo se dirige al palacio, pero no creía siquiera ser capaz de subir las interminables gradas del palacio. Se tomó la libertad de revisar el corte en su brazo, este sigue sangrando, pero no es nada de lo que se deba preocupar.
- ¡AUXILIO! –este grito llamo la atención de Tigresa, se puso de pie rápidamente, decidida a descubrir de que se trataba
- creo que proviene del restaurante de aquel ganso –dijo tranquilamente el gorila que seguía clavado en la pared- ¿me ayudarías con esto? –pregunto señalando la ballesta en su antebrazo
- ¿no puedes hacerlo por ti mismo?
- em… no –dijo algo apenado
- volveré
Pensaba: "¿el restaurante de aquel ganso?" en ese momento le costaba recordar, pero aun así la respuesta no tardó en llegar a ella: "¡el padre de Po! Espero que no haya quedado atrapado, seguro intento salvar el restaurante" debía apresurar el paso así que comenzó a correr a 3 patas, recogiendo su brazo izquierdo como lo hace un perro herido. Ella estaba algo lejos del negocio, al pasar los minutos fue encontrándose con más casas que eran consumidas por las llamas, la mayoría de ellas, tendrán que reconstruirlas por completo.
- ¡ayuda! –se oyó como un eco cercano, Tigresa se detuvo al instante
- ¿Dónde estás?
- ¡aquí… aquí estoy! –Parecía ser la voz de un niño- ¡estoy debajo de mi cama… ven rápido por favor!
Al agudizar su fino oído pudo identificar el punto de origen, una casa algunos metros detrás de ella, sin desperdiciar su tiempo, Tigresa regreso sobre sus pasos hasta llegar a una casa. No quedaría nada de lo que antes fuera el hogar de una familia; una pared de fuego bloqueaba la puerta y las ventanas, sin más opción, derriba la puerta en llamas. El interior de la casa estaba en una mejor condición, pero sabía que solo cuenta con segundos.
- ¡por aquí… aquí estoy! –después de mandar su señal, el chiquillo tocio tres veces
- tranquilo, estoy cerca –la maestra trato de sonar lo más tranquila posible, pero aun si lo intento, se podía percibir el estrés en su voz
Buscaba desesperadamente una habitación en la que hubiera donde esconderse del fuego, pero esta casa es mucho más grande por dentro de lo que aparentaba desde afuera. El humo empezaba a ser molesto, cada vez se le hacía más difícil respirar… cada vez se sentía más débil; algo le hizo recordar la herida en su brazo, pero dejo a un lado esa idea pensando que después buscaría algo con que vendarlo. Se detuvo frente a una puerta con un buen presentimiento y la derribo de una patada…
- ¡Maestra Tigresa! –El conejito salió de su escondite al instante y salto a sus brazos- sácame de aquí por favor, quiero ir con mi mama –pedía mientras se aferraba con fuerza a ella, estaba completamente aterrado
Las palabras del pequeño tocaban el corazón de Tigresa y lograban despertar su compasión. Coloco al pequeño en su boca como lo haría cualquier felino con sus cachorros y se fue corriendo a tres patas, pero tuvo que detenerse al ver que la sálica estaba sellada por las llamas… demasiado intensas como para atravesarlas con un niño.
Estruendo…
La casa entera se estremecía, la maestra tuvo que buscar otra salida, la estructura se debilitaba por el calor de las llamas y pronto colapsaría con ambos aun dentro, no podía permitir que eso ocurriera, pero se estaba exigiendo demasiado, su vista comenzaba a nublarse a medida que el oxígeno dejaba de estar presente en el aire que respiraba. Difícilmente podía ver algo que no fuera humo… y finalmente, la salida que tanto buscaba estaba frente a ellos, la puerta estaba cerrada pero lo que importaba era que estaba allí… y que sería fácil derribarla, Tigresa paso al pequeño a su mano izquierda para disponerse a tirar la puerta usando su hombro derecho, debía estrellarse contra la puerta para tirarla, cargando al conejito como si se tratara de la pelota del futbol americano. Cayó de espaldas al suelo… aún estaban cerca de la casa, no había soltado al pequeño por nada.
- ¿estás bien? -pregunto el aterrado conejito al no sentir ningún movimiento, ni escuchar un solo sonido por parte de la maestra- ¿Tigresa?
- Si… estoy bien –le respondió tranquilamente mientras lo soltaba, mostrándole una sonrisa- ¿Cómo estás tú?
De pronto el conejito brincaba sobre el estómago de Tigresa con tanta emoción, que era como si hubiera olvidado lo que acababa de pasar- ¡eso fue bárbaro, no puedo esperar para decirle a mama! ¿Podemos hacerlo otra vez?, ¿siii?
- yo creo que mejor no
Estruendos…
Tigresa volvió a tomar al pequeño en su boca en un movimiento rápido y salió disparada del lugar, debía alejase de la casa tan rápido como fuera posible, tan solo unos segundos después esa casa y otras ocho se derrumbaron una después de la otra, en secuencia… esparciendo humo toxico y cenizas al rojo vivo, en una nube negra que se extendió varios metros. El humo cubrió a Tigresa por completo, ella protegió al pequeño con su cuerpo hasta que esta nube se acentuó sobre la tierra, dejando a la vista solo escombros aun ardiendo.
- ¿estás bien? –esta vez, fue Tigresa quien pregunto primero
- ¿sabes?... tienes razón, mejor no –esa respuesta hizo dibujar una sonrisa en el rostro de la maestra- al menos, no por hoy
- dime…
Fue interrumpida por un grito- ¡Auxilio! –que se escuchó cercano, como si proviniera de…
- ¿Dónde están tus padres? –la repentina pregunta de Tigresa tomo por sorpresa al conejito
- eh, yo no… lo sé… fueron con el herrero antes del fuego –la maestra lo pensó por unos instantes, ¿Qué haría a continuación? El herrero vive en el lado que aún no había sido alcanzado por el incendio, entonces… ¿Por qué sus padres no habían vuelto? Pensó en sus compañeros… ¿A dónde habrían ido ellos?... el camino frente a ella estaba claramente despejado, sin llamas ni "invasores".
- escucha, necesito que corras al bosque y te escondas allí…
- … pero…
- yo iré por ti después, pero ahora debo salvar a... –no logro terminar de hablar pues el pequeño salto a abrazarla repentinamente
- prométeme que vas a estar bien –Tigresa no supo cómo responder a eso… eso no lo esperaba
- lo prometo, ahora ve –le dijo, mientras lo dejaba en el suelo
Entonces volvió a escucharse en la distancia- ¡alguien ayúdeme, por favor!
:::W:::
Finalmente Po estaba "cerca" del restaurante, quería caminar rápido y tratar de acelerar su paso, pero se quedaba sin aliento… quedan al menos cinco calles entre él y el restaurante en llamas. Completamente agotado, se detuvo para recuperar fuerzas… se ayudó a permanecer de pie posando sus manos sobre sus rodillas… jadeaba, completamente agotado. Pensó: "no puedo perder a mi padre como perdí a Tigresa" su conciencia lo atormenta y carga un gran dolor en su corazón por haber perdido a Tigresa, por haberla abandonado, lo que hizo fue muy cobarde… ¿salir corriendo?, ¿Qué clase de héroe hace eso?, ¿Qué clase de héroe es él? Siempre echando a perder los planes y más que todo… siempre, pero siempre poniéndo a todos en peligro por su torpeza; en definitiva muy diferente a ella, siempre dedicada, concentrada, planeadora aun cuando no hubiera tiempo para pensar, habilidosa y una líder nata; tal vez lo más importante… es atenta a las necesidades de sus amigos, al tanto de sus apuros y de su seguridad, siempre velando por ellos, incluso llegando a dar su vida por ellos.
Varios recuerdos llegaron a su mente en ese momento, principalmente, el de ese que fuera la primera vez que ella lo había salvado de la muerte, si… ella había puesto su propia vida en peligro por él, un panda grande y gordo, además de torpe. Entonces no lo pudo soportar más y algunas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, se deslizaron por su rostro hasta caer al suelo, ya no podía soportarlo, la extraña mucho, la necesita, daría cualquier cosa porque ella estuviera aquí, con él, diciéndole que se quedara allí donde esta y que ella se encargaría de salvar a su padre. Comenzó a toser sangre, unos momentos después cayó de rodillas al suelo, tenía… hasta donde sabe, dos costillas rotas y varios problemas internos; todo debido al poderoso golpe del martillo que salvo su vida, a costas de la vida de Tigresa.
Alzo su vista tan solo por un momento para ver cómo se incendia lo que alguna vez fue su hogar, el lugar donde su padre lo encontró, cuido de él y ahora su tumba. Lo había perdido todo, entonces, ¿Por qué todavía está ahí?, ¿Qué sentido tiene? Preferiría estar en otro lugar, lejos, muy lejos de allí; uno en donde la vida de los demás no dependiera de él, uno en donde no pudiera defraudar a nadie y pudiera encontrar paz… pero ¿Dónde seria eso? En el mar tal vez, viviendo una vida como pescador, lejos de todos. Repentinamente una figura apareció frente al restaurante, se detuvo por un rato; Po no pudo distinguir bien por la distancia, pero esa mancha naranja en la distancia tenía que ser… ¿Quién podría ser?, ¿Tigresa? No… ella está muerta, pero; definitivamente es un tigre, ¿podría ser posible?, ¿podría ser ella?
Quiso gritar su nombre, pero antes de que lograra siquiera tomar el aire para hacerlo, esta figura ya había desaparecido entre las llamas, entonces quiso correr detrás de ella, detenerla, no quería que se arriesgara, no quería volver a perderla. Si en verdad era ella, quería ir en su lugar, sin importar las consecuencias que eso trajera…
Estruendo…
El edificio a su izquierda se derrumbó, cubriendo con humo y cenizas a Po, seguidamente otras estructuras comenzaron a desistir, pronto toda esta región quedaría reducida a cenizas y el cubierto por ellas. Pasaron mil pensamientos por su cabeza, recuerdos de todo lo que había vivido en este lugar… de sus amigos de la infancia, las competencias para ver quién era el que más podía comer que siempre ganaba, las veces que se escapaba de clases para ver regresar victoriosos a los maestros Shifu y Oogway, las veces que jugaba con sus amigos con sus figuras de acción, inventando mil aventuras en la que siempre triunfaba el bien, otras en las que fingían tener sus habilidades y en aventuras siempre salían heridos. Todos esos años que ayudo a su padre con el restaurante, sirviendo los platos y ayudando a cocinar; los cuentos que le leía en las noches o las veces que lo recibía en su cama en noches de tormenta. Las apuestas que hacía con sus amigos a los veinte diciendo que conocería a los cinco furiosos… principalmente a Tigresa, ni siquiera la conocía y aun así ella ya había cambiado todo en él, de pronto fue como si supiera para que había venido al mundo, tenía una razón para vivir, algo por lo que luchar, un destino y ese futuro debía ser junto a ella. Ya desde entonces lo sabía, sabía que quería estar con ella y para conseguirlo haría cualquier cosa, incluso si eso implicaba volverse un fanático del Kung fu, aun si debiera esconder sus sentimientos detrás de una máscara de admiración; ya desde entonces soñaba con conocerla, con poder tenerla entre sus brazos, sentir su calor, con besarla con todo ese sentimiento que guardaba dentro y con hacerla suya… si, quería que fuera su mujer, quería amarla como ni siquiera se lo merecía una princesa; él quería ser esa persona que apareciera en sus sueños, ese "alguien especial" por el que se perdiera en pensamientos, por el que siempre tendría una razón para sonreír si estaba con él y un motivo para extrañar si no lo estaba, quería ser por el que suspirara de amor, por el que el mundo pareciera un lugar mejor, quería ser el dueño de su corazón, quería ser el guerrero más poderoso para poder protegerla de todos los que se opusieran a su amor… quería ser mejor por y para ella; de todo lo que quería solo pedía una segunda oportunidad, no para el, sino para ella, eso era lo que más quería en ese momento.
Las cenizas se fueron volando con el viento, pero el humo de las llamas aun limitaban su visión, siguió tosiendo sangre; no podía quedarse más tiempo en ese lugar si quería vivir, aun así no se iría hasta estar seguro de que Tigresa y su padre estuvieran bien. Todo quedó reducido a cenizas, incluyendo el restaurante. Po permaneció en silencio, esperando por alguna señal, algo que le dijera que están bien… pero no hubo señal alguna. Dejo pasar los segundos, espero paciente, no quería adelantar conclusiones.
- ¡Papa! –No hubo respuesta- ¡Tigresa! –Solo silencio -… no puede ser, no puede ser –decía en susurros, solo para sí mismo- no… por favor no… ¡Papa! –Aun nada- ¡Tigresa!
No se escuchó nada que no fuera su propia voz… ni siquiera el sonido de las llamas quemando lo poco que quedaba, ni el sonido del viento se hizo presente, o el eco de su llamado desesperado… solo un aterrador silencio.
- ¡Papa! –No hubo respuesta- ¡Tigresa! –Solo silencio- ¿alguien? –Volvió a toser sangre- ¡Noooo! –Se dejó caer de rodillas. Entonces escucho un débil sonido en la distancia y salió corriendo en esa dirección…
Llego a los escombros de lo que alguna vez fuera su hogar para encontrar solo eso… escombros, no había nadie ahí, pero estaba seguro de haber escuchado algo, por lo que desesperadamente empezó a remover los restos del restaurante, quitando cada pieza aún caliente de la superficie de los lugares donde creyó que podían haber quedado enterrados, pero nada… ellos no estaban allí, entonces ¿se habrían ido?, ¿Cómo explica eso el sonido?
- Po – fue un débil llamado, al parecer de su padre, instantáneamente Po busco con la mirada en todas direcciones; el viento seguía soplando con fuerza, llevándose al humo consigo. Fue entonces que lo vio… detrás de él, en la entrada del restaurante.
- ¡papa! –No perdió el tiempo y corrió en su dirección; su padre se encontraba tirado en el suelo, bajo un pedazo de lo que quizás había sido una mesa
- Po… perdona… perdóname –decía débilmente, casi sin aliento- ellos me ataron, no me dieron oportunidad de hacer nada
- no, no digas eso papa; no tienes por qué pedir perdón –en el fondo ya comenzaba a odiar a esos sujetos
- ella no salió… todo se derrumbaba y… antes que colapsara me lanzo a través de la ventana
- ¿quieres decir que…?
- Tigresa no… logro salir… lo siento… fue por mi… culpa
Esas palabras atravesaron su corazón como dagas, y se llevaron toda la vida que quedaba en él, no podía ser, no podía creerle, pero su padre no le mentiría en una situación como esta; tomo al ganso entre sus brazos, debía irse a un lugar con aire limpio ¿Qué otra opción tenia?
Humo y cenizas volvieron a cubrirlos por el colapso de la última casa a su alrededor. Po protegió a su padre con su cuerpo, no quería exponerlo al humo toxico, aunque eso significara que debía respirarlo el. Escucho que alguien tosía en algún lugar, miro a su padre, no había sido él; esperanzado, alzo la vista para tratar de ver de quien se trataba, pero sin importar donde mirara, solo podía distinguir una cosa… humo.
- Sr. Ping ¿se encuentra bien? –los ojos de Po se iluminaron al escuchar esas palabras, esa voz… si era ella, si era Tigresa
- si… estoy bien
- ¿Dónde está? –Po se había convertido en una estatua, no pudo moverse de allí y tampoco pudo pronunciar palabra alguna; su corazón volvía a latir con fuerza mientras se llenaba de dicha, pudo sentir como si una descarga de energía pasara por todo su ser, llenándolo de vida… volvió a toser.
- en la entrada… creo –el padre de Po noto el cambio repentino de su hijo, únicamente deseó que no lo soltara
Lentamente… conforme el humo iba cediendo su lugar, comenzó a distinguirse una silueta, parada sobre los restos del restaurante… una figura enteramente cubierta en cenizas que se veía de color gris/anaranjado lo miraba directamente a los ojos, entonces se le fue el aliento; Po se vio nuevamente perdido en el brillo de esos ojos color ámbar que reflejaban cansancio, pero que a la vez mostraban una mezcla de sentimientos encontrados. De seguro la expresión en su rostro decía "atontado", ¡pero que importaba eso si ella estaba con vida… si después de todo tenía una segunda oportunidad para estar con ella!
No lo pensó, en ese momento no fue capaz de hacerlo, simplemente se dejó llevar y dejo caer a su padre, se levantó y de un instante a otro…
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