Ni siquiera se imaginan el espanto que fue revisar los primeros capis, muchas faltas y a la pobre de Eri casi terminan sangrándole los ojos.

Sin mucho que aportar más que un "Gracias por su comprensión" volvamos a empezar.

"Fue un pensamiento cursi, pero literalmente ese chico musculoso e imponente era algo así como mi Clark Kent"


Abrí la puerta de la casa como pude, las manos me temblaban demasiado y el simple hecho de meter las llaves en la cerradura me llevó minutos eternos.

Una vez dentro no me detuve hasta llegar al cuarto principal, frené en seco y mi vista se dirigió a la mediana foto enmarcada sobre la repisa de madera, observé con pánico a aquellos personajes que ya no existían. Aquellas vidas, aquellas sonrisas habían sido sustituidas por el dolor.

Fue entonces cuando me quebré, mi pecho no soportó más. Fue un esfuerzo casi sobre humano contener el llanto todo el trayecto a casa, así que simplemente ahora ya no podía más.

Me encerré en el cuarto de baño y me dejé caer al suelo, teniendo en ese reducido espacio la privacidad que necesitaba, me derrumbé.

Sola, por fin podía estar sola.

Las lágrimas caían una tras otra, sin reparos ni frenos, en un principio fueron acompañadas por jadeos y gritos roncos que lanzaba mi pecho, pero de a poco, con el transcurso de las horas, tanto mi cuerpo como mi alma se entumecieron y me sumergí en la letanía de la nada.

Pese a lo desesperante del dolor que me invadía, logré tener cierta claridad, todo lo que me estaba pasando me lo merecía con creces, cada grieta de la herida supurante en mi pecho era sólo consecuencia de mis actos, de mis errores. ¡De mis malditos errores!

Apreté mi pecho con mis brazos cuando otra oleada de pánico me embargó, pero fue inútil, la culpa no pensaba darme tregua alguna y yo no tenía cara para enfrentarla, ni para gritarle que me dejase en paz.

Ni siquiera tenía cara para pedirle a la muerte que viniese por mí; era sin dudas la mejor solución, la única que me alejaría de todo esto, lo único que pondría fin a mi sufrimiento, pero ni siquiera era digna de la paz que la muerte traía consigo. Tenía que pagar por todo, merecía todo esto, sería un peso o un recordatorio eterno grabado a fuego en mi conciencia.

Mi egoísmo había destruido no sólo mi vida sino dos más o incluso muchas más si sumábamos los daños colaterales. Arrasé con amistades, lealtades, confianzas, amor…sobre todo arrasé y destruí el amor, el más grande que había conocido, el único que había recibido verdaderamente.

Me senté sobre el suelo como pude, apoyando mi espalda sobre la aún mas fría pared blanca y escondí la cabeza entre las piernas, era un intento estúpido por tranquilizarme, era algo inútil.

¿Cómo llegamos a esto? Instantáneamente los recuerdos se asomaron por mi mente, torturándome.

12 de Febrero del 2004: La noche en que el amor me sonrió por primera vez

Era nuestra noche de chicas, Rosalie y yo éramos amigas desde el instituto y una vez fuera de él, prometimos tener nuestras noches de nenas mínimo una vez al mes.

Hace ya unos meses se nos había unido Alice Cullen, mi compañera de carrera, que aparte se había convertido en una muy buena amiga.

Estábamos sentadas en una pequeña mesa redonda, en una de las esquinas de nuestro barcito preferido, ninguna se había arreglado para matar, ni coquetear, era simplemente una de nuestras noches de amigas, risas y tragos.

—Yo opino que Rose debería invitar la próxima ronda— reía diabólicamente Alice mientras Rose fruncía el ceño.

—Llevo 3 de 5, te va tocando a ti Bella—declaró.

—No, apoyo a Alice. Te toca la ronda de mojitos a ti. Tenemos que celebrar como Dios manda, no todos los días se aprueba un ramo con honores—Sonreí.

Alice y yo estudiábamos Terapia Ocupacional y en nuestro último examen de anatomía habíamos aprobado con las mejores notas del curso compuesto de 58 personas, claro, nos habíamos matado estudiando para lograrlo, por lo mismo teníamos nuestra celebración bien merecida.

—¡Se aprovechan porque saben que hoy me pagaron! —masculló Rose con algo de resignación.

Mi amiga era sin dudas una de las mujeres más hermosas de este planeta, era de las chicas con un cuerpo escultural sin siquiera cuidarse, comía por mi, por ti y por todos mis compañeros y no aumentaba ni medio gramo. La larga cabellara rubia que le cubría media espalda, se encargaba de enmarcar su fino, pálido y delicado rostro, sus labios de color rosado intenso eran el punto débil de cualquier hombre que cayese a sus pies. Rose era capaz de hipnotizar a cualquiera con uno de sus pestañeos adornando esos ojos azules intensos, sin duda cualquier otra chica a su lado parecía poquita cosa.

Vivía sola hace años, sus padres eran de un pueblito a unas cuantas horas de la ciudad, gente de mucho esfuerzo y trabajadora, orgullosos de su hija, la primera del grupo familiar que entraba a la Universidad, la primera que sería una profesional. Y Rosalie estaba lejos de decepcionarlos, mi amiga siempre había sido una mujer fuerte e independiente, aparte de esforzada y valiente. Hasta cierto punto era como la amiga matona, no era musculosa ni fortachona, pero tenía un carácter y un poder de intimidación, capaz de dejar al hombre más bravo con la colita entre las piernas. Era una chica admirable, tan consciente del esfuerzo de sus padres que entre sus estudios y su vida personal, se hacía el tiempo para tener un pequeño trabajo en la central de apuntes de su facultad, de ahí sacaba sus pesitos extras para darse uno que otro gustito.

Siempre acostumbraba a molestar a Rose con el apodo de "mamá gallina", porque así era su comportamiento, me protegía y velaba por mi desde siempre, como si yo fuese uno de sus polluelos, y sinceramente la protección que mi amiga me brindaba era algo muy importante para mí, yo me asumía como una chica demasiado débil en todos los sentidos y junto a ella sentía esa seguridad que me hacia falta muchas veces.

Alice y yo sonreíamos triunfantes, mientras nuestra amiga pedía al chico que nos atendía que nos trajera otra ronda. No había nada que las caritas de Alice no consiguieran.

.

—¿Hasta que hora estaremos por aquí? — preguntó Rose al rato, ya mirando su reloj y disimulando un bostezó—Recuerden que mañana a mediodía tengo la presentación de mi seminario—dijo, cosa que ya sabíamos, su prioridad eran sus estudios de Ingeniería Comercial.

—No sé, yo tenía pensado esperar a Jasper, me dijo que se iba a pasar por aquí a saludar, ya saben, no lo veo mucho—me encogí de hombros. Saqué la cuenta mentalmente, llevaba dos semanas y tres días sin ver a mi hermano y eso era demasiado.

—Bueno, esperemos que llegue Jasper y de ahí nos vamos ¡No podemos dejarlo plantado! —soltó Alice tratando de disimular su entusiasmo. ¡Pobre! Yo sabía que a ella le encantaba mi hermano, era cosa de ver la cara de babosa-literalmente- que había puesto las 3 o 4 veces que lo había visto. Aunque las posibilidades eran bastante reducidas.

—Sí, sí, claro Alice. Como lo vamos a dejar plantado, si el pobrecito se muere por vernos a "todas" — se burló Rose, logrando que Alice hiciera una mueca divertida— ¡Uy Jasper, Jasper! — siguió molestando.

Alice cruzó los brazos sobre su pecho y soltó un mohín; eso era lo que más adoraba de ella, su forma tan infantil de expresar sus emociones, no había nada que pasase por la mente de Alice que su cara o sus movimientos no lo expresasen, era un chica brillante y apasionada. Siempre con una sonrisa disponible para lo que fuese, aunque este mini demonio tenia su carácter. Nunca, pero nunca, nunca, si te importaba seguir con vida, nunca te negarías a algunas de sus "brillantes ideas", tenía artilugios para engatusarte y al final te descubrías haciendo cosas increíbles sólo por ella y su carita de payasito triste.

Pese a su estatura promedio, ella era grande, era como una estrella fugaz que se cruzaba en tu camino arrasando con todo como un tornado. Sus ojos verdes intensos proyectaban una confianza única, creo que eso fue lo primero que llamo mi atención, Luego lo acompañó esa manera de decir quinientas palabras por minuto y tener preguntas y respuestas para todo.

Al contrario que con Rose, en este caso yo era la que sentía que debía proteger a Alice, ella era muy intuitiva, pero aún así le costaba ver la maldad en las personas, era obvio, al ser ella una persona sincera y sin egoísmos, ni malos sentimientos hacia el mundo, lógicamente esperaba que todos actuasen igual; por lo mismo más de un chasco se había llevado, pero para esas situaciones estaba yo, si había algo que hacia aparecer mi lado más fiero era ver que alguien intentase dañar a Alice.

Alice siguió refunfuñando un rato más, mientras Rose seguía picándola malévolamente.

—¿Me perdí del chiste? —mi hermano apareció de improviso apoyando un brazo sobre mi hombro y el otro sobre el de Alice que estaba a mi lado, haciendo que a ella le hirviera la cara y Rose se carcajeara más si era posible.

—No hermanito, llegas justo a tiempo… como siempre— dije mientras me lanzaba a su cuello en un abrazo—Te extraño, tonto—me quejé.

—Yo a ti, peque—Suspiró, regalándome un beso en la frente— ¿Cuándo te iras a dar una vuelta por mi nueva casa? —preguntó orgulloso.

—Algún día apareceré por allá con camas y maletas y no tendrás como echarme— le amenacé, sin pasar por alto que Alice estaba atenta, absorbiendo toda la información posible.

Jasper era cuatro años mayor que nosotras y siempre había visto a Rose y al resto de mis amigas como niñas, como la amiga de su hermanita pequeña. No me parecía posible que con Alice hiciese alguna diferencia.

Jasper era muy atractivo- lo digo siendo objetiva- Quizás no era un hombre por el cual girabas la cabeza al verlo pasear por la calle, más bien era su semblante de hombre serio y correcto lo que lo volvía un ser interesante e irresistible, era esbelto, de contextura delgada pero con los músculos bien marcados bajo esa formalidad que lo envolvía. Sus cabellos rubios cenizas tomaban jirones mas claros bajo la luz del sol. Físicamente muy distinto a mí, pero interiormente no existía nadie que me complementase como él.

Alice no era la primera de mis amigas en caer bajo la mirada arrebatadora de mi hermano, pero al menos con el resto, él nunca mostró mayor interés, siempre guardaba una distancia la mayor parte del tiempo.

Claro con una excepción, Rose. Con ella si había confianza y se podría decir que amistad también, mi hermano era una de esas personas difíciles de acceder, muy reservado con sus cosas, tenía demasiadas murallas, una más alta que la otra, cosa que lograba que la mayoría de la gente se aburría o agotaba luego de un tiempo, desistiendo.

Otro punto era que Jasper siempre se había encargado de aclarar la diferencia entre él y el resto de las chicas de mi edad, aunque ni a las de su edad tomaba mucho en cuenta. Yo solía regañarlo, si seguía así terminaría senil, soltero y rodeado de gatos… y para peor ya tenía un gato o eso creo que es, al menos dice "miau" esa bola de pelos horrenda.

—No hay cosa que me encantaría más que vivieras conmigo, Peque— continuó sacándome de mis cavilaciones, con sus ojos color miel mirándome fijo— Pero si tú no estás ¿Quién cuidaría a mamá? ¿Y quién se encargaría de que papá cuidase su diabetes? — Pese a todo él se seguía preocupando por nuestros padres, ellos que no lo entendieron, que lo enjuiciaron por algo tan simple como elegir estudiar veterinaria en vez de leyes.

Mi padre era un buen abogado y su ley era que su hijo debía seguir sus pasos, por eso cuando Jazz planteó que lo suyo eran los animales, Charlie puso el grito en el cielo, alegando que eso no era una carrera sino un hobby, que como se le ocurría andar perdiendo el tiempo con perros, gatos, vacas y estiércol.

Mi madre en vez de apoyar o defender a su hijo simplemente siguió su papel de mujer florero al lado de Charlie. Renée no era mala madre, sino que era una mujer sin mucha voluntad, su vida consistía en atender a su esposo, observar a sus hijos y asistir a la iglesia. Nunca fue una madre amiga y Charlie tampoco se ha caracterizado mucho por demostrar su afecto hacía nosotros.

Eran buenas personas, no cabía duda, nos habían dado techo, comida y todo lo que necesitásemos, pero nunca se dieron el tiempo para conocernos realmente, nunca tomaron en cuenta lo importante de la cercanía. Tal vez por eso Jasper y yo siempre hemos sido tan unidos, tal vez era una forma de llenar el vació de los abrazos inexistentes de mis padres.

—No creo hacerles mucha falta, últimamente nuestra casa es un buen lugar para ir de visita— confesé.

Al contrario que con Jasper a mí no me pusieron "peros" con respecto a mi elección universitaria. Charlie sabía que lo mío nunca sería memorizar el código romano, y pareció satisfecho con que al menos uno de sus hijos decidiera ayudar y curar personas, en vez de chanchos.

Eso o tal vez luego de la decepción de que su único hijo hombre no siguiese sus pasos y para peor abandonase su hogar, yo era algo menos importante. De todas formas la prevalencia del apellido Swan no dependía de mí.

Yo era una de las pocas personas con las que Jazz era capaz de expresar todas sus emociones sin tapujos, éramos de abrazos, besos y caricias. Pero de un tiempo a esta parte y debido a sus logros profesionales, su humor y confianza había mejorado considerablemente, tanto que lo sentía más a gusto rodeado de mis amigas y sobre todo de Alice, en un principio cada vez que mi amiga se le acercaba él le rehuía, inquieto y un tanto colapsado por la excesiva efusividad que ella destilaba por cada poro, pero de a poquito creo que se fue acostumbrado.

A mí me encanta la idea de que ellos terminaran juntos, creo que ella le proporcionaría la impulsividad que a Jasper le falta en la sangre y él a su vez sería el cable a tierra que Alice necesitaba con urgencia, por eso en vez de menospreciar las ilusiones de mi amiga, la animaba y le daba datos para conquistar a mi hermano, cosa que hasta el momento no mostraba muchos avances Sería horrendo que las cosas no funcionaran.

No es que Jazz fuese un ermitaño mal oliente y desagradable, por el contrario, él salía de fiesta y bebía igual que todos, tenía amigos pero ninguno demasiado cercano, simplemente era un hombre "selectivo" en cuanto a quienes lo rodeaban.

—¿Nos vamos? —gimió Rose mucho tiempo después. No era muy tarde, pero se notaba que estaba cansada.

—Sí, pero primero necesito pasar al baño, espérenme—Avisé, de pronto se me ocurrió echarle otra manito a Alice—Jazz, siéntate en mi puesto por mientras— dije fingiendo inocencia, ya que mi lugar estaba al lado de mi amiga, quien intuyendo mi jugarreta tomaba un gran sorbo de su vaso de mojito — Podrías explicarle a Alice eso de la diferencia entre los huesos de un mono y el hombre… yo traté, pero no me entiende— dije divertida, echándole una mirada cómplice a Rose quien rodó los ojos ante la obviedad de mi táctica.

Lo de la diferencia Alice se lo sabía al revés y al derecho, fue ella quien me lo explicó, pero aún así no puso trabas en escuchar lo que mi hermanito le estaba explicando, si esos algún día se casaban y tenían una hija, los obligaría a ponerle mi nombre, era lo mínimo que me merecía.

Como de costumbre el minúsculo baño del bar estaba atestado de chicas en diversos estados de lucidez, así que me toco esperar mi turno unos minutos.

Antes de salir del baño me detuve frente al espejo a observarme, no tenía muy buena cara, las semanas de estudio y trasnoches me pasaban la cuenta, unas horrendas ojeras se habían mudado por tiempo indefinido bajo mis ojos y para peor mi piel casi traslucida las acentuaba aún más. Mi cabello era un caso perdido, intente ordenarlo con los dedos y logré dominar mi melena oscura sólo un poco. Y mis fachas- está bien que no te vistieras para conquistar, pero un esfuercito no le haría mal a nadie- me regañé.

Pero yo no era del tipo de chicas que invierte mucho tiempo en su apariencia o al menos sólo lo hago cuando es necesario. Claro, si me miraba al espejo antes de salir de casa, pero no solía esforzarme mucho por relucir como una modelo.

Me encantaba andar de jeans, zapatillas y una polera simple a diario, a veces variaba a vestidos de diversos largos o poleras en distintas formas y escotes. Cosa que hacía que Alice colapsara, si fuera por ella me convertiría en una Barbie entre sus manos.

Me regalé un regaño más antes de salir del baño, con estas pintas ni las abejas se acercarían.

—¿Bailamos? —dijo un sujeto abordándome bruscamente cuando me dirigía devuelta a mi mesa, luego de usar el baño. Me costó reaccionar, claro que abejas no se acercarían, pero sujetos roñosos sí.

—Humm, no— simplemente no tenía ánimos para hacerme la simpatía dando explicaciones.

El hombre de unos 30 años, de rasgos duros y cara de psicópata. Tomó mi muñeca cuando intenté seguir mi camino y de pronto comenzó a jalarme en hacía la improvisada pista de baile— ¡Te dije que No! — intenté frenarme, pero su agarre era más fuerte—¡Suéltame! —le grité.

—Vamos, preciosa. No te hagas la interesante—volvió a tironearme de forma bruta y me dio una mirada perversa, desnudándome completamente con sus ojos, ahora si que me asuste.

—¡Qué me sueltes grandísimo hijo de…—alegué inútilmente, forcejé con él pero nada, el hombre solo se reía de mis débiles intentos. Debía tomar clases de defensa personal junto a Rose con urgencia.

Con la mirada busqué a las chicas o a Jazz, pero estaban demasiado lejos y muy concentrados en su conversación como para fijarse en mí.

Me desesperé cuando el asqueroso me tomó por la cintura con sus grandes manos, me aterra sentirme así de vulnerable.

El lugar estaba repleto de gente, pero nadie parecía darse cuenta de lo que pasaba, de mis intentos de lucha y de la forma en que ese hombre tironeaba de mí o fingían no hacerlo…o eso pensé

—¡Qué la sueltes te ha dicho! — una voz ronca y seca interrumpió el forcejeo.

Alcé el rostro para encontrarme con unos profundos y fieros ojos negros, paradójicamente acompañados de un rostro gentil, pese a tener el ceño fruncido y la evidencia de la amenaza en sus palabras.

Algo en mí se removió y una seguridad me invadió de pronto, tranquilizándome. De un momento a otro el temor que corría por mi cuerpo se desvaneció, dándole paso a la seguridad de que este hombre me rescataría.

Fue un pensamiento cursi, pero literalmente ese chico musculoso e imponente era algo así como mi Clark Kent.

—Esto no es asunto tuyo, amigo— repuso el hombre, sin apartar la vista de los prominentes músculos de mi Superman que se marcaban bajo su camiseta negra.

—No quiero tener que volver a repetirlo de forma más… ¿Brusca? — amenazó educadamente—Por favor, déjala— su serenidad era una promesa de problemas de no hacerle caso— y no soy tu amigo— finiquitó tajante, sin dejar lugar a respuesta.

El imbécil soltó al fin su agarre y se alejó suave y lentamente, como si nada hubiese pasado, supongo que previo que de seguir insistiendo hubiese terminado con unos cuantos dientes menos y la cara un poco más deforme.

—Gracias—solté en un suspiro, estaba sinceramente agradecida de mi salvador, él me respondió con una enorme sonrisa.

—No hay de que— Sonrió.

Ahora que la adrenalina bajaba un poco otra sensación comenzaba a subir, mi superhéroe, aparte de fuerte era dolorosamente guapo. De hecho, el patán ese me ha hecho un gran favor.

Clark Kent soltó una suave carcajada, mientras se acercaba más a mí para que lo pudiese escuchar sobre el ruido del ambiente—Lo que pasa, es que te he estado mirando toda la noche—susurró muy cerca de mi rostro, mientras con su mano apuntaba una mesa que supuse era la suya—No sabía como acercarme, mi imaginación sólo creaba excusas demasiado estúpidas— se encogió de hombros con naturalidad—Y bueno, luego cuando llego tu novio supuse que había perdido mi oportunidad—frunció los labios en una mueca esquinada—Supongo que Dios se apiado de este pobre mortal y decidió darme una oportunidad para acercarme a ti, aunque fuese sólo para no irme tan frustrado a casa— me guiñó un ojo.

Yo tragué en seco, de cerca este chico era aun más guapo y encantador. ¡Ah! Y mucho más grande y musculoso.

Su piel morena se veía tan suave y delicada. Su rostro era perfecto, cada pieza en simetría absoluta, sus grandes cejas enmarcaban unos ojos profundos como la noche sin luna y sus labios pomposos de color opaco ocultaban una sonrisa perfecta y blanca, que convertía la noche en día.

—¡Bella! — la voz chillona de Alice interrumpió de sorpresa—¿Qué te sucedió? Divisé a un tipo tironeándote—se detuvo frente a mi mientras escaneaba mi cuerpo en busca de lesiones.

—No fue nada— me apresuré a calmarla, mientras veía que tras ella se acercaban Rose y Jasper con sus rostros alertas—No te preocupes, un idiota un poco insistente me estaba molestando… me ayudaron— señalé a mi superhéroe particular.

—¡Yo a ti te conozco! —Gritó Alice de pronto mirando al chico, mientras ponía cara de concentración—Te he visto en fotos y…te llamas Jacob ¿Verdad? —él la miró confuso unos instantes

Al final resultó que este chico, Jacob, era algo así como el mejor amigo del primo de Alice que vivía en el extranjero. El mundo es un pañuelo dicen por ahí y de esta forma tan extraña yo tenía excusa pequeña para poder volver a ver a mi salvador o al menos saber más de él, claro, luego de explicarle que Jasper era mi hermano y no mi novio él pareció igual de feliz por nuestra conexión.

—No necesitabas ninguna excusa muy rebuscada para acercarte—le susurré a Jacob mientras caminábamos rumbo al departamento de Rose.

Había logrado convencer a mi hermano que llevase a Alice a su casa- otra ayudita que me la cobraría- Mientras que Jake se ofreció amablemente a acompañarnos a Rose y a mí el par de cuadras que separaban el bar del departamento de mi amiga.

A Jasper no pareció gustarle mucho la idea, era muy celoso y protector con respecto al tema de su hermanita pequeña y los hombres, pero gracias a una sonrisa de Alice logramos convencerlo.

La parte vergonzosa fue cuando mi pequeña amiga antes de subirse al auto me hizo el gesto técnico con las cejas, preguntando si me gustaba o no Jacob y yo de idiota sonreí y le levanté el pulgar el aprobación, mientras le guiñaba un ojo, al instante sentí a Jacob soltar una risita y noté que él había captado y entendido todo nuestro lenguaje mudo. Apenas pude intentar esconder mis mejillas rojo furioso, clavando la vista al suelo evadiendo su mirada penetrante y su sonrisa agradable ante mi jugarreta.

— Si me hubieses preguntado como estaba el clima afuera, qué hora era o si creía que el calentamiento global era una conspiración alienígena, lo más seguro es que me hubiese inventado algo para retenerte un rato más— confesé sintiendo mis mejillas arder, no tenía caso ocultar lo encantada que me tenía este hombre.

Él simplemente me regaló una sonrisa deslumbrante y siguió caminando a mi lado.

—¿Sabes lo que te iba a decir? — preguntó después de un rato, cuando Rose ya había entrado al edificio luego de sacarnos unos pasos de distancia.

Negué con la cabeza, entonces se detuvo y me miro fijamente antes de volver a hablar— ¿Crees en el amor a primera vista ó tengo que volver a pasar? — dijo sin una pizca de vergüenza ante su pobre discurso, comencé a reír un tanto nerviosa y él de nuevo sonrió.

—No es necesario que pases otra vez…con la primera vez ya fue suficiente—murmuré haciendo que su sonrisa fuera completa y feliz.