+1+

El ruido la despertó. Un hombre se lamentaba ruidosamente. Otro hombre tocia sin cesar y reconoció automáticamente que se trataba de tuberculosis. El dolor de cabeza la distrajo de inmediato. Intento abrir los ojos pero algo le cubría la cabeza El pánico lentamente se apoderaba de ella , sus manos se dirigieron hacia su rostro. Y de inmediato sintiendo las vendas.

Sentía dolor, mucho dolor. Sus ojos, ¿que sucedía con ellos?. ¿Acaso había perdido la vista?. Un escalofrió le recorrió el cuerpo. Decidió que tenía que probar su voz.

"Ayuda…" dijo ella entonces, su garganta dolía, y sonaba débil. "Ayuda"

Un gemido contiguo le contesto. Ella trato de voltear al sonido. Pero su voz se perdía de inmediato en el.

"Ayuda…, ayuda…"

"¡Enfermera!" Grito una voz hacia su derecha. Era fuerte, clara y exigente que no tenía comparación con su pequeño y débil intento. Los tacones bajos resonaron de inmediato sobre las baldosas del piso.

"¿Que sucede?" pregunto la mujer con voz atenta.

"umm ella esta despierta…" gruño el hombre.

"Enfermera.." dijo Candy tambaleante. "¿Qué sucede?, ¿Dónde estoy?"

Candy la escucho suspirar. Sus tacones se acercaron de inmediato.

"tranquila..., te hirieron.." dijo ella con suavidad. "Ya estas bien."

"¿Qué me sucedió?"

"artillería, trata de calmarte y descansar…"

"¡¿Qué dice la tarjeta?!"

"¡Que estas viva!, ¿no estas feliz?, la guerra se termino para ti…"

Candy que había estado tratando de levantarse. Dejo que la enfermera la recostara de nuevo sobre el frio suelo apenas cubierto de paja.

"eso es…" murmuro la enfermera.

Su reparación se agito de inmediato, pero trato de no pensar en la oscuridad. O en que tan mal podría estar su herida. No podía ser nada bueno, si es que no podría volver pronto al frente de batalla. Los tacones de la enfermera se alejaron sobre el pasillo hacia la pobre alma que no paraba de gritar.

Candy estiro la mano de nuevo hacia su rostro, y tentó los vendajes sobre el. Pequeños círculos húmedos sobre la tela. Quizás sangre, o lluvia. Ella soltó un sollozo de desesperación.

"¿Qué dice la tarjeta?" pregunto en dirección de la voz del soldado junto a ella.

El solo gruño. "No puedo moverme.."

"Por favor…, necesito saber que dice la tarjeta…"

"Y yo te digo que no puedo moverme.." le respondió de manera hosca.

"'¡Necesito saber que dice!" exigió con desesperación en su voz.

El soldado sin embargo, golpeo el suelo con enojo y dijo . "Y yo necesito piernas para ir a leer tu estúpida tarjeta…"

Candy inhalo con exaltación. Su cabeza comenzaba a doler demasiado. Y la declaración del hombre la dejo muda por segundos.

"lo siento…, oh por dios, lo siento.." gimió ella

El soldado suspiro con pesar. "Lo siento también, no hay manera de que lo supieras…., no puedes ver…"

"Tengo que calmarme…" menciono Candy con un suspiro largo.

"ey.., si sirve de algo.., no te ves tan mal…, Ambas piernas y ambos brazos.."

Candy asintió. Sin embargo, las lágrimas que querían brotar de sus ojos quedaban atrapadas entre sus parpados y la tela de las vendas. Sus ojos ardieron con el líquido. Y entonces supo que no tenía sentido llorar tampoco.

Ella era fuerte. Siempre lo había sido. Además si Albert y Stear habían afrontado este mismo dolor. Stear la resignación de morir. Albert la dolorosa recuperación. Y ambos eran ejemplo de fortaleza y valor. Ella no podía ser menos que eso.

+2+

La segunda vez que Candy despertó, fue debido a los murmullos de al menos de cinco hombres a los pies de su lecho de paja.

No sabía que hora era con precisión, pero escuchaba la lluvia torrencial, y podía sentir el frio que viene con ella.

Lentamente y como una pesadilla. El edificio resintió la explosión desde sus cimientos. Temblando debajo del cuerpo de Candy. Preludio de un ataque intenso pero aun lejano. Que no tardaría en estar sobre ellos si es que no se iban de inmediato.

Era un mal presagio. Como repercusión en el frente. Las maquinas arrancado sus motores. Los camiones avanzando a una segunda línea. Todos escapando como las ratas hacia el lugar mas seguro.

Y es realmente malo para el hospital improvisado. Una granja o iglesia. Aunque Candy estaba segura que era lo segundo. Ya que en sus paredes de piedra rebotaban los ecos del desorden en su interior. Lleno de mal heridos y sangrantes. Que no podía tan simplemente mover.

Se acercaron a Candy, sin embargo no lo suficiente para que ella descifrara sus palabras con los demás ruidos ocupando sus sentidos. Los tacones bajos de las enfermeras se movían de un lado a otro con desesperación. Y Candy comenzaba a sentir nerviosismo y desconcierto.

Pero realmente no podía hacer nada. Era como ser algo mas inútil que un bebe. Y si ella odiaba algo en la vida, era sentirse inútil y dependiente. La situación no le agradaba para nada. Y deseaba con todas sus fuerzas poder quitarse la venda de la cabeza. Pero sabia que la herida o heridas habían sangrado durante la noche.

Había sentido a la silenciosa enfermera encargarse de ellas mientras se encontraba en un leve sueño del cual no podía despertar. Pero tampoco traía ningún descanso verdadero. Pues los convalecientes realmente nunca se callan. Y es su instinto de enfermera que la mantiene intranquila.

Los tacones y las botas llegan por fin a ella.

"Por favor lleven a la señorita White al camión numero dos, también al sargento Acker, los otros tres en esta sección deben ir en el numero uno…"

"si señora.." dijeron los solados al unisonó.

Candy los sintió inevitablemente cerca y fue levantada casi brutalmente del suelo. Con todo y su camastro de paja. Probablemente los hombres solo habían sujetado los extremos de la tela, hediéndose dentro de un canal que la hizo gritar de la sorpresa y el susto.

Sentía que caería al piso en cualquier momento, mientras la zarandeaban por la nave de la iglesia. Atravesando múltiples de escenarios imaginarios solo creados a base de los sonidos dentro de ellos.

Y entonces repentinamente estaban en el exterior helado y frio que anunciaba un invierno muy próximo. Y que en su lejanía se escuchaba plagado de balas, cañonazos y estallidos. Que con su ceguera en marcha, bien podrían venir del norte, el sur, o el oeste.

El camino no fue amable. Las nauseas se apoderaron de ella. Quería abrir los ojos y despertar de su pesadilla. Quería regresar a casa con cierta vergüenza. Con la cola entre las patas igual que un animal asustado.

Si tan solo los sonidos de la guerra desaparecieran. Se fueran y dejaran de acosarla.

Sus ojos ardieron de inmediato con sus lágrimas tibias. Era tan horripilante y lento, que se llevo ambas manos hacia sus ojos, intentando secarlos. Y solo encontrar la dureza de la tela sobre ellos.

Dramáticamente la subieron a un camión. La acostaron en una de sus tantas camillas elevadas. Y la abandonaron. Abajo un hombre gemía sin cesar. Supo de inmediato que tampoco dormiría en el camino.

Los tubos se sentían helados atreves de su delgado uniforme. Seguramente sucio de sangre y lodo que no nadie le ah quitado. Sus pies descalzos se enfrían tan rápido con la corriente que entra por la puerta de tela del transporte.

Sus manos congeladas se sujetan con fuerza debajo de ella. Los soldados vuelven poco después.

"¿Sargento Acker?" pregunta Candy tratando de no darle importancia a lo asustada que su voz suena.

El hombre gruñe en respuesta. Y ella sorbe sus lágrimas, aliviada. Como si el hombre fuera su único contacto con la realidad.

"estira la mano…" ordena ahora con suavidad. Candy estira la mano tentativa e insegura. "un poco mas…"

Entonces ella pudo sentir una suavidad increíble entre sus dedos. La tela era tan fina que de alguna manera le recordaba el colegio San Pablo. Y con esa memoria también se colaba la imagen de Terry con el pañuelo de su madre.

El efecto fue increíble. Pues una calma arrolladora se ocupo de su ansiedad. No en si, el recuerdo de un amor prohibido. Si no. Mas bien las cálidas memorias de la campiña en el verano. Y el sentimiento de sentirse feliz. Contento de querer a alguien. De sentirse querido.

En un mundo despreocupado. Digno recuerdo atrapado en el tiempo, lleno de colores vivos que ahora iluminaban su oscuridad. No, no era el recuerdo amargo de Terry. No. Es algo mucho más poderoso que eso.

Quizás es el magnifico sentimiento de seguridad. Seguridad de saber que había alguien en el mundo que se ocupaba de ella. Y de su educación. Y que se ocupaba de que tuviera una juventud tan alegre como aquella. De sentir esa presencia casi paternal sobre su vida.

Albert…..

Candy cerró los dedos sobre el pañuelo ofrecido. Calmo de inmediato sus lágrimas. Y limpio su nariz con cuidado, llevando después el pañuelo a su pecho.

"¿mejor?" pregunto el sargento.

Candy asintió. "gracias…"

Pero solo le contesto el silencio que poco después fue ocupado cuando alguien subió de súbito al camión. Sus tacones la delataron de inmediato.

"Oh dios mío.." dijo la enfermera. "Por favor…cuida de ellos. Cuida de ellos, déjales tener tu piedad señor, no los abandones por que caminaran por el valle de las sombras, y solo tu infinita luz los guiar por el camino.." rezo.

"¿No vienes Margarett?" pregunto el Srgt.

Ella negó con la garganta seca. Luego dijo. "Mi deber es quedarme a esperar hasta la ultima baja…"La enfermera se doblo sobre Candy y dijo. "Se fuerte ¿quieres?. Eres la única en este camión con capacidad de cuidarlos. Se que no debo pedírtelo. Por que son mis pacientes. Así que trata de ser fuerte por ellos, Es un camino muy difícil y lo sabes Candy.."

"Espera…" dijo Candy desesperada. "No se tu nombre completo…"

"Margarett Trunker…, soy de Canadá…" dijo la enfermera con una risa débil.

"Candy White Adrey…"

"Lo se Candy, lo dice tu identificación.."

Candy trato de sonreírle. La mujer la apretó la mano. Y ella en respuesta también lo hizo. Probablemente nunca se volverían a encontrar. Pero solo dios sabe que tipo de proyectos tiene preparado para ese juramento de camaradería. Y Candy se prometió que nunca olvidaría su nombre. El sonido de su voz. Y el Clack-clack de sus tacones en el piso de piedra de la iglesia.

"Rezare por ti…" dijo Candy como despedida.

"Gracias!" grito la enfermera mientras bajaba.

Con un golpe. El motor del camión se encendió. Y entre un horrible movimiento tambaleante.

El camión dejo atrás a una preocupada, pero muy valiente enfermera.

+3+

Con el insistente sonido de los cencerros vinieron las imágenes del rostro enfadado de el. De Albert el día en que ella le dijo que se marchaba.

Lo recuerda por que estaban en los campos cercanos al hogar de Pony. Y se habían encontrado con el ganado caminando en sentido contrario en dirección de la colina especial. El lugar del príncipe. O simplemente ahora la colina en la cual habían terminado de disipar los misterios y las cosas no dichas entre ellos después de que Albert revelara su identidad.

Pero Candy había vuelto apenas unos días atrás, esta vez para pasar tiempo junto a las hermanas y los niños del orfanatorio antes de su partida. Ya que en este punto, no había nada que Albert pudiera hacer o decir para cambiar su destino.

El sin embargo, no había permitido que ella se ocultara simplemente en la colina. Y aun más herido de que ella hubiera planeado el despedirse en una carta.

Ella recuerda que ese momento se prolongo en silencio. Incluso ella se quito las zapatillas y camino sobre el sendero de hierba fresca. Sintiendo en cada paso la textura del pasto húmedo del roció de la mañana. Asombrosamente verde como cada verano.

Se inclino sobre las flores silvestres para cortarlas, haciendo un pequeño ramillete que manchaba sus manos con clorofila y la fragancia de sus pétalos.

"Es mi deber Albert…" dijo ella distraída. Mirando de reojo la reacción del hombre.

El se inclino hasta quedar sentado bajo un árbol. Mirando distraído hacia las ardillas en el.

"¿estas enfadado..?" pregunto volteando directamente a mirarle. Como no hubo respuesta. Ella se dejo caer a su lado. Haciendo que su peso le cayera juguetonamente para hacer que se acostaran en la cama de suavidad natural. Y le repitió en un murmullo. "Es mi deber…"

Esta vez logro que el soltara un largo suspiro. Y una suave respuesta que hizo que el corazón de Candy soltara dentro de su pecho.

"Me rompe el alma dejarte partir…" Luego mirándola a los ojos. "pero nunca seré tus cadenas por que eso me lastimaría también…"

Ella le sonrió. "Bien.., parto en tres días Albert. ¿Puedes prometerme que iras a la estación a despedirme?¿Puedes prometerme que no estarás triste?, No es como si no me volverán a ver, no se por que todo el mundo actúa como si fuera así"

El no le regreso la sonrisa. "¿acaso no dijo Stear lo mismo?"

Ella se separo de inmediato de el. Se sentó de nuevo mientras el echaba los brazos sobre su cabeza.

"no es justo mencionarlo…" comento Candy. "Por que he pensado mas que nunca en el…"

"lo siento Candy.." dijo Albert levantándose de inmediato. Sacudiendo las hojas de su traje. "no se si pueda sentirme alegre viéndote partir. No lo se…, probablemente nunca mas lo estaré si no es que vuelves..¿me entiendes Candy?, ¿me prometes que volverás?"

Ella asintió abrumaba. Sabiendo perfectamente bien que ninguna de esas promesas tenían valor real. Ambos lo sabían en ese momento. Y especialmente ahora lo sabia con mas razón.

Después de todo. Ella había estado tan cercana de perder la vida hace tan poco tiempo. Que el sonido de los cencerros en el cuello de los famélicos animales marchando junto al camino que seguía el camión ambulancia, le habían traído los recuerdos de su ultimo día con Albert.

Los escasos abrazos que habían compartido, y el aun más corto momento que habían tenido en la estación. Por que había muchos otros rostros que querían desearle un buen viaje. Y el tuvo que hacerse hacia un lado empujado por las manos de los niños del orfanatorio.

Al final sus ojos no dejaron de ver su figura plantada en la estación mientras el tren avanzaba. Y las notas del Cornemuse tocadas en una gaita que no enmudecía ni si quiera con el ruido de la locomotora.

"Oh Albert…. "Se dijo ella mientras escuchaba de nuevo el sonido de la lluvia, y el ajetreo afuera del camión. "Fui tan injusta contigo…"

Continuara….

+Notas de Autora.+

Bueno, he aquí el primer capitulo. Casi termino el manga el día de ayer. Fue muy triste revivir la muerte de Stear. Llore como estúpida.

Como han comentado en los reviews. Si, este fanfic trata un poco sobre la guerra. Pero más que nada, lo que quieo reflejar es la reacción de la gente al volver a casa.

Tengo entendido que es peor.

Después de la gran guerra. O primera guerra mundial. Hubo una generación de jóvenes a los cuales se les llamo "The lost generation". Que quiere decir, la generación perdida.

Desilusionados, derrotados, empobrecidos. Y todos esos sentimientos serian uno de los tantos factores que terminarían llevando a los Americanos a la depresión económica. (Creo que lo leí en algún lado)

La verdad la Primera Guerra no es mi fuerte. He estudiado mucho más sobre la segunda.

Gracias a las chicas que me dejaron reviews.