Como decir que no
Disclaimer: Los personajes de Inuyasha y Ranma ½ no me pertenecen, son íntegramente propiedad de la famosísima Rumiko Takahashi. Yo solo hago uso de los personajes para diversión y sin ánimo de lucro.
—
¡Es estúpido!, ¡tonto!, ¡inconcebible!...
Esas eran solo algunos de los improperios que pasaban por la mente de la azabache para describir esa situación tan absurda e increíblemente irreverente y retorcida. Miró de reojo la puerta de la recámara que se encontraba atrancada con cuanto mueble encontró, y luego la cambió hacia la ventana, que estaba completamente obstruida con el armario. Una vez que se sintió satisfecha con el escrutinio, regresó su achocolatada mirada enfurecida hacia la colcha rosada de la cama, en donde se encontraba tumbada.
—¿A que venía todo esto?—se preguntó mientras hundía la cara en la mullida almohada.
Su mirada se perdió en un punto indefinido de la habitación, mostrándose de repente triste; sus brazos apretaron con más fuerza el inanimado objeto y una pequeña lágrima se dejó caer de sus ojos, hasta perderse en la rosada cubierta de la almohada.
—¿Es capaz de hacer todo esto solo por no dejarme ir a la escuela?, de veras que es egoísta, lo hace todo por tenerme de tiempo completo en el Sengoku, y así ya no se preocuparía de tener que venir a buscar a su terco buscador de fragmentos…—pensó girándose de nuevo en la cama.
Pero…¿y si lo hacía porque de verdad quería casarse con ella?
—Imposible…Inuyasha solo quiere a Kikyou—descartó de nueva cuenta su voz interior.
—Pero el matrimonio es algo muy serio, no creo que Inuyasha se lo tomara tan a la ligera, es una estupidez que haya echo eso solo por mantenerte controlada…—refutó una segunda voz en su cabeza.
Levantó el rostro de la almohada, dejando su peso sobre sus antebrazos, era verdad, Inuyasha no podía ser tan estúpido para hacer eso, él nunca había cometido ninguna estupidez parecida, solo para tenerla controlada.
Un mechón de cabello se desliza sobre la respingona nariz, provocándome una molesta sensación de cosquilleo; enfadada lo apartó de un manotazo, dejándose caer de nuevo sobre la cama después de la pequeña actividad física.
Habían demasiadas cosas que pensar, y ella sabía de sobra que todas esas cosas, tenían una constante grabada.
Inuyasha..
No tardó demasiado tiempo en notar que sus párpados se volvían cada vez más pesados, con la clara intención de poco a poco cerrarse, carajo se estaba muriendo de sueño, después de unas cuantas cabeceadas, se dio por vencida, y con pereza se dio la vuelta en el colchón y acomodó su cabeza sobre la almohada.
La recámara se encontraba en un completo silencio; exceptuando el constante ruido del reloj colocado en la mesita de noche y la respiración de la chica, que poco a poco se volvía más pesada hasta dejar salir algunos suspiros al terminar de exhalar.
No supo nada más por el momento, soñaba con un hermoso paisaje en el crepúsculo y su amado observándolo, de repente el joven se dio la vuelta y le sonrió de manera hermosa, extendiéndole su mano.
Cuando al fin la alcanzaría, un espantoso crujido la sacó de golpe de su confortable sueño y logró que se incorporará de un salto, como un gato…aunque claro, no tenía ni la anatomía, ni agilidad y mucho menos el equilibrio de un felino, y por eso mismo era de esperarse que se encontrara en el piso, después de semejante zapotazo que se dio al resbalar.
No se molestó en levantarse, ya que estaba demasiado ocupada en maldecir en todos los idiomas conocidos, por el tremendo golpe que sufrió su cabeza y más aún porque su corazón aún no bajaba de su garganta, a donde había subido del susto.
—Hey Kagome…deja de hacerte la muerta, con esa caída tan pequeña no te pudo haber pasado nada—llamó el albino con voz medio burlesca, medio preocupada desde la ventana, pero por alguna razón, la muchacha decidió no contestar de inmediato.
El joven permitió un relativamente largo silencio, esperando la acostumbrada queja de la pelinegra.
—Kagome—murmuró con un tono oficialmente preocupado, moviendo las orejas y colocándolas tensas en dirección a ella.
—Kagome, esto no es divertido…—advirtió sin dejar atrás su porte indeciso y tembloroso.
Lo escuchó bajarse de la ventana y apenas se dejó oír el suave sonido que creó al aterrizar suavemente en la alfombra. Un escalofrío le advirtió que se estaba acercando y contuvo la intención de moverse o de haber demostrado que estaba despierta.
Su cuerpo le avisó que Inuyasha se encontraba demasiado cerca de ella, tan concentrada estaba que casi lo escuchaba respirar.
Para cuando decidió que ya era suficiente juego por el momento, los brazos del hanyou se colaron por debajo de su cuerpo hasta asir su cintura, para después levantarla y mantenerla apresada contra su torso, sin retirar sus brazos de por debajo de su busto, donde habían encontrado su lugar.
El corazón de la chica de repente comenzó a latir desenfrenadamente, siendo capaz de escuchar sus latidos en la cabeza; y sus ojos se abrieron al instante y sus mejillas se cubrieron de un llamativo sonrojo al sentir como Inuyasha aferraba aún más sus brazos acercándolo más a él, mientras que estos temblaban levente.
—Inu…yasha, ¿que haces?—musitó entrecortadamente la joven, mientras que el cuerpo del joven dio un respingo, sorprendido de que hablara tan nerviosa. Olfateó el ambiente, buscando alguna señal de miedo o repugnancia, pero solo fue capaz de identificar nerviosismo.
—Kagome…¿te molesta que haya hecho eso?, ya sabes…eso…de pedirte en matrimonio…—le preguntó con la voz apagada y con las orejas gachas.
El joven hanyou aflojó su agarre un poco al sentir el violento movimiento de su presa, que se giró de golpe, para mirarlo con sus ojos compungidos.
—¡No Inuyasha!, claro que no…—respondió casi al instante con voz desesperada.
De pronto las mejillas de la sacerdotisa, se volvieron a colorear de un fuerte carmín. Se había mostrado demasiado desesperada en negarlo.
—Que vergüenza— pensó la fémina.
—¿Entonces porque te escondes?—refutó el joven con voz dolida. —Primero te desmayas, y luego cuando despiertas, te zafas de mis brazos como si tuviera una enfermedad contagiosa, y luego te atrincheras en tu habitación, negándote por completo a hablarme; dime, ¿Qué quieres que piense?—exigió saber, con las orejas echadas hacia atrás y con una buena mueca de impotencia clavada en su cara.
Al escuchar eso, la pelinegra agachó su cabeza, se sentía avergonzada, actuó como una mocosa.
—Diablos, que estoy diciendo si eso soy…—una voz se lo repitió en su cabeza.
Contrariada, levantó el rostro encontrando la triste mirada del joven hanyou, que la miraba en la espera de que respondiera a sus preguntas. La joven levantó su brazo y lo colocó en el hombro del chico y puso su otra mano sobre el brazo que la mantenía tan cerca de él.
La mirada de la azabache se suavizó al encontrar la triste de su amado, y levantó la mano que se encontraba en su hombro para acariciar su rostro delicadamente.
—Inuyasha…perdóname, es que de verdad…no…no sabía como reaccionar ante esto, tú nunca te muestras muy cariñoso y cuando dijiste eso…pensé que solo lo hacías para tenerme controlada, no porque de verdad lo quisieras—explicó la joven tartamudeando un poco, mientras que sus ojos se mostraban cristalinos de un momento a otro.
El albino gruñó notablemente y se zafó de la caricia en su rostro, entristeciendo a la muchacha; hasta que él, con una clara expresión de enfado, atrapó el rostro de la morocha entre sus dos manos mirándola con un halo desafiante y determinado.
—Kagome, eres una tonta, ¿crees que haría algo como eso solo para tenerte controlada?, no soy tan estúpido como para hacer eso—respondió enfurecido, colocando su rostro demasiado cerca del de ella, que aún se encontraba preso por sus mortíferas garras.
Después de esa respuesta, el joven la miraba con rabia, mientras que ésta, se encontraba sumamente apenada, pero también ligeramente dolida.
No había respondido la pregunta de la azabache, fue demasiado notorio que evadió la pregunta, la joven evitó su mirada al sentir que las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos. Ante esto, el joven cayó en cuenta de su error y su mirada se dulcificó, volviendo más gentil el tacto sobre las mejillas de ella. Su mano izquierda bajo hasta llegar a su mentón y lo levantó con suavidad para que lo mirara.
—Lo siento—musitó la pelinegra, sorbiendo ligeramente la nariz, al verlo a los ojos.
Ante esto el ambarino, sintió una punzada en su corazón, y se molestó consigo mismo, sin poder evitar exteriorizar su emoción, frunció profundamente el ceño.
—Imbécil, estúpido, animal, idiota…—se recriminó en sus pensamientos, la había hecho llorar de nuevo…¿¡es que nada nunca le puede salir bien!?
Kagome se sentía consternada ante el rostro enfadado de Inuyasha, ¿ahora que había hecho mal?, lo miraba directamente a los ojos, sin sentir ni una pizca de vergüenza, pero el albino parecía no encontrarse con la mente en este mundo.
Entonces eso significaba, que estaba pensando más precisamente en alguien que no pertenecía a este mundo…
Auch…eso dolió.
Inuyasha fue bruscamente apartado de su golpiza mental auto-infringida, cuando su olfato captó un aroma que lo asqueaba y que lo hacía sentir verdaderamente miserable.
Lágrimas…
Lágrimas de Kagome…
Y de nuevo todo era su culpa, no sabía como, pero tenía que ser culpa suya.
Antes de que volviera a cometer una estupidez, decidió atrapar aquella lágrima con uno de sus largos dedos, teniendo sumo cuidado en no dañarla con sus largas garras.
—Kagome…yo—empezó el muchacho, demasiado avergonzado y con las mejillas arreboladas.
La chica dejó de llorar y lo observo con sus achocolatados ojos atentamente.
—No te pedí eso por eso, digo no te pedí eso por aquello…—tartamudea el chico con dificultad, molestándose cada vez mas consigo mismo—arghh no se ni que estupideces estoy diciendo—se interrumpe dejando a Kagome expectante, y con una pequeña sonrisa formándose en su rostro.
—Dime Inuyasha—susurra la morocha intentando darle ánimos al hanyou.
—Esto, que…que yo no te pedí matrimonio por sacarte de la escuela, bueno sí…—hizo una pausa en donde la sonrisa recién formada de la chica decayó, formando una mueca tenebrosa, el joven se dio cuenta de inmediato y se apresuró a arreglar el desastre. —Quiero decir solo al principio, bueno…¡era solo una maldito pretexto!, ¿de acuerdo?, ¡ya lo dije!—aulló el joven terriblemente sonrojado, soltando a la pelinegra, y dándose la vuelta para ocultar su sonrojo.
Kagome se quedó a cuadros, y con la mirada perdida.
¿Había escuchado bien?
Inuyasha había aceptado que todo esto de sacarla de la escuela al casarse con él era un pretexto, que no la despierten si estaba soñando.
No tardó mucho en reaccionar, y al volver en sí pudo notar como Inuyasha la miraba disimuladamente, esperando conocer su reacción, pero al saberse descubierto volvió a darle la espalda.
La muchacha solo sonrió, negando ligeramente con la cabeza, ese era su Inuyasha, un joven con el poder de matar demonios en segundos, pero era tan tímido en estos momentos. Si porque él era su Inuyasha, y muy pronto podría ser seguro.
Gateó la distancia que los separaba y lo abrazó por la espalda, como la vez en que Inuyasha había matado inconscientemente a aquellos bandidos. Con cariño enterró su rostro en el cuello masculino y aspiro discretamente su aroma.
—Delicioso—pensó la pelinegra, Inuyasha tenía un olor tan masculino, a bosque y madera; podría reconocerlo donde fuera.
El joven al principio se sobresaltó y llegó a pensar en saltar hacia delante y salir volando por la ventana, pero por primera vez en su vida se contuvo de realizar las estupideces de siempre, y con su mano acarició el flequillo de la chica; para después girarse un poco para frotar su nariz contra su mentón cariñosamente.
La chica rio melodiosamente ante ese gesto y lo abrazó con más fuerza, Inuyasha continuó haciendo eso, hasta comenzar a gruñir levemente, confundiéndose casi con un ronroneo, acción que la morocha encontró adorable.
En uno de esos roces, Inuyasha se levantó un poco más y sus labios se encontraron, Kagome abrió los ojos tremendamente, pero después los cerró, disfrutando del beso. Hay que decir que el joven no era un experto besador, después de todo, solo colocó sus labios sobre los de ella, sin moverlos siquiera.
El albino como pudo, se giró por completo, para después cargarla y sin separarse del inexperto beso, hasta sentarla horizontalmente sobre su regazo, aferrándola fuertemente de la cintura, como si temiera que escapara. Mientras que Kagome, enredó sus brazos alrededor del cuello masculino, para estar más cerca de él.
Kagome sonrió ligeramente en el roce de labios, aunque Inuyasha no fuera bueno besando, era aún más dulce de lo que parecía.
Con timidez la chica comenzó a mover ligeramente los labios, buscando instruir un poco mejor a Inuyasha en esas artes. No es como si supiera mucho de eso, pero tenía una idea gracias a las telenovelas y doramas que había visto.
El joven solo se sorprendió pero no pareció molestarse por ello, Kagome subió sus manos con lentitud por el cabello de él, para pasar de su nuca a sus orejas, a las cuales acarició con gentileza.
El chico comenzó a originar un curioso sonido de placer, como un ronroneo, pero un poco más ronco, moviendo con más confianza sus labios sobre los de la chica, hasta que se le ocurrió probar introduciendo su lengua dentro de la boca femenina.
Kagome se sorprendió por ello, pero aceptó gustosa, permitiéndole el paso.
Las lenguas de ambos se encontraron y como si repitieran las acciones de sus dueños, se entrelazaban y bailaban juntas en un ritmo que era imposible de escuchar, solo de sentirse.
Inuyasha detuvo el beso, separándose de ella tan solo unos milímetros, pero ella mantenía los ojos cerrados esperando que continuara.
—Kagome yo…yo tengo que decirte algo—empezó el hanyou.
La chica esperaba ansiosa que él dijera por fin lo que tenía tanto tiempo esperando escuchar, por lo que no abrió sus ojos, para no intimidarlo. Se mantenían en la misma posición, y ella acariciaba con suavidad sus afelpadas orejas, buscando darle algún aliciente para que hablara.
—Kagome…yo…yo…te…te—tartamudeó el joven, poniéndose increíblemente nervioso y agradeciendo que la chica tuviera los ojos cerrados para que no lo viera echo un manojo de nervios.
Las blancas orejas se encontraban aún disfrutando del placer que le proporcionaban las caricias de Kagome, cuando escucharon un pequeño y agudo pitido. Llegó a pensar el pasarlo por alto, por la importancia de la situación, pero el ser descuidado nunca había formado parte de sus características.
Con disimulo miró detrás de la chica, que era de donde había salido aquel ruido y se quedó helado.
La chica profirió un gruñido en protesta por haberse detenido, pero al abrir los ojos se encontró con el rostro petrificado de su amado, aún con reticencia a saber porque su "novio" se encontraba de esa manera, se auto convenció, que era mejor saber que sucedía, así que con miedo giró su cabeza de manera casi mecánica.
De manera casi instantánea, el alma se le cae a los pies en ese momento a la pelinegra; y es que justamente en el marco de la puerta se encontraba su familia, mirándola con expresión soñadora, diablos hasta el condenado gato se encontraba ahí.
—Ma…mamá—musitó la chica sin saber donde meterse de la vergüenza.
Pero no siendo eso lo peor, su mirada bajó a lo que su madre sostenía en la mano y el corazón se le paró.
Lo odiaba, odiaba tanto a aquel pequeño objeto endemoniado de plástico color negro, pero más aún odiaba su suerte.
—¡KYAAAAAAAA!, ¡mamá!, ¡guarda la videocámara!—chilló la joven, ocasionando que el hanyou se tapara las orejas con desesperación al recibir el tremendo grito casi en ellas.
La chica se levantó como un huracán de encima de Inuyasha, y corrió como endemoniada hacía su familia, que reaccionó aún más rápido que ella, tocando retirada.
—¡Denme esa maldita cámara!—gritó enfurecida la sacerdotisa, corriendo detrás de ellos lo más rápido que podía.
—¡Hija!, ¡pero si es un hermoso video, se lo mostraré algún día a mis nietos, para que vean cuanto se quieren sus papás!—refutó la señora sin dejar de correr.
—Si….he…hermana, esto… ¡si para mis sobrinos!, ¡además el abuelo fue el de la idea!—acusó el niño, alcanzando la mano de su madre, jalándola hacia delante.
—¡Ah mi no me metan!—chilló el anciano alcanzando la puerta de su habitación encerrándose en ella, cerrando la puerta de golpe, dejando afuera a Naomi y a Souta.
Madre e hijo no podían estar más pálidos, el traidor del abuelo los había dejado a la merced de una Kagome enfurecida y seguramente no faltaba mucho para que Inuyasha se le uniera.
Lo mejor que pudieron hacer, fue correr como posesos lo poco que les quedaba del pasillo, hasta llegar a las escaleras, donde casi rodaron cuesta abajo y todo eso mientras la joven pelinegra les pisaba los talones y sin dejar de gritar los tres.
Al terminar la escalera, ambos saltaron un tapete que se encontraba en el piso, pero Kagome no tuvo la suerte de verlo y al pisarlo, el maldito se resbaló hacia adelante, ocasionando que la carrera de la chica se frenara al caerse de sentón; proporcionándoles la ventaja que necesitaban para lograr su escapatoria.
Kagome se sorprendía de verdad que su madre y hermano pudieran correr tan rápido. Antes de que ella pudiera atraparlos, Souta se estampó contra la puerta principal, siendo ayudado a levantarse por su madre y la abrió los más pronto que pudo, huyendo ambos a la calle.
Y lo peor, ahí iba el video más vergonzoso de su vida.
Y…
¡Interrumpieron la confesión más importante de su vida!
La morocha decidió pararse al llegar a las escaleras del templo, ya que temía el caerse y romperse al menos un hueso, además de que esos dos ya iban muy lejos. Pero eso no evitó que la sacerdotisa estuviera tan encabronada que comenzó a gritar y a patear piedras, ramas y hasta macetas pequeñas por el puro coraje.
Inuyasha observaba todo esto desde la ventana de la habitación de Kagome con los ojos a punto de salirse de sus cuencas, ¿Qué tipo de familia loca era esta?
Tragó con dificultad, y parpadeó rápidamente, ¿en que se estaba metiendo?, ¿de verdad valía la pena?
Al bajar su mirada hacia la chica que jadeaba cansadísima, sonrió cálidamente, ahí estaba su respuesta.
Por supuesto, sin lugar a dudas por ella valía la pena aguantarse a su familia loca, porque a pesar de todo, esa manera loca de comportarse es que lo aceptaban como uno más. Y que más daba si la acompañaba a su nueva escuela, no sería él quien le dijera que no, después de todo ella lo acompañaba a su mundo.
Además…no había por que quejarse, seguramente su futura familia sería aún peor.
¡Hola!
Aquí por fin reportándome después de…
O_O ¿cuatro meses?
Diablos, de verdad discúlpenme mucho, pero es que digamos que…tengo la idea de la historia, y se el desarrollo, pero…¡no sabía como enlazar el primer capítulo a los demás! XD si lo sé valiente autora tenía que ser, pffff pero es que es algo…complicada la trama de este fic XD
Wow, dejé padre el desenlace de este capítulo, el nombre le viene bien ¿no?, ¿Cómo decirle que no al ser que amas?, Inuyasha estuvo dispuesto a aceptar que le pedía matrimonio C: diablos porque tenía que interrumpir su familia.
De veras agradezco sus comentarios, y espero aún más, me inspiran sus comentarios, y me ayudan a continuar.
Acepto indicaciones, sugerencias y críticas, siempre y cuando sean constructivas C:
Y la ruleta dice que…
¡Paf!, el siguiente fic por continuar es…
*Mi amor por ti es más importante que cualquier cosa
Yeiiii otro muy abandonado XD
Los espero por allá y ojalá nos veamos pronto.
Besos…
