Capítulo 2—De Erebor a la comarca
…
El hobbit continuaba abrazándose de Thorin, ambos de pie sobre el camino de roca. Bilbo se sentía inmensamente dichoso de saber que había accedido a dejarlo volver a su tierra natal y que además de eso le acompañaría.
—¡Muchas gracias por comprenderlo, Thorin! ¡Muchas gracias por todo!— dijo el hobbit jubiloso y echó de nuevo los brazos sobre los hombros del rey enano para abrazarse de él.
—No tienes nada que agradecer, Bilbo— respondió Thorin con voz suave y acarició el rostro del hobbit con el dorso de su mano, amaba tocar esas tersa piel suya, pero sobre todo amaba contemplar su mirada serena y su sonrisa llena de alegría —¿volvemos a la celebración, señor Bolsón?— inquirió aún embelesado por la mirada y la sonrisa del hobbit.
Bilbo rió un poco avergonzado y asintió.
—de acuerdo Thorin, ¡vamos! ¡Hay mucho que celebrar!— dijo entusiasmado Bilbo en respuesta y audazmente tomó la mano de Thorin que al contacto se entrelazó con la suya. Caminaron por el piso empedrado, juntos tomados de la mano hasta llegar al umbral. Alcanzaron la entrada principal del palacio, grande e imponente, dando la espalda al paisaje de la montaña. El sol había terminado de ocultarse.
Entraron por el corredor. Dentro del palacio, en el comedor real donde estaba la enorme larga mesa del rey se había servido ya el banquete para continuar la celebración de la boda de Thorin Escudo de Roble y su adorable consorte. Los enanos estaban terminando todos los preparativos, se escuchaba el ajetreo vociferado y en las columnas se habían colocado grandes candelabros con velas que alumbraban bellamente el comedor y que se reflejaban en los adornos dorados que Bilbo llevaba en su castaño cabello trenzado.
Mientras los enanos aún estaban realizando sus actividades, la pareja se acercó a la larga y ostentosa mesa y al verlos, todos hicieron una distinguida reverencia. Bilbo sonrió ante ello y sintió la mano de Thorin estrechar más la suya.
Gandalf estaba entre los invitados, sentado ya en la mesa cerca de los lugares que ocuparían el rey y su consorte. El hechicero los recibió con una lánguida sonrisa, al tiempo que alzaba la pipa que estaba fumando en ese momento.
Rey y consorte se sentaron a la mesa, al centro como debía ser. El resto de los enanos invitados hicieron lo propio, Dain y Dis se sentaron al costado de Thorin mientras que Gandalf estaba sentado al lado de Bilbo. Los cocineros llevaron los exquisitos platillos en finas charolas y les sirvieron también las bebidas. Fue una noche muy amena, llena de cantos alegres. La segunda noche para celebrar la unión en matrimonio del heredero de Durin y el hobbit de la comarca.
Pasada la media noche, la celebración aún continuaba. Los enanos eran tan resistentes como fuertes y eso les proveía también de gran ímpetu para celebrar hasta el amanecer. Además, no todos los días podían celebrar una gran boda de su valiente rey como ésta.
En toda la sala se habían consumido montones de muy buena comida y litros de hidromiel, la fiesta estaba en su auge. Pero Thorin y Bilbo debían preferir retirarse a su intimidad.
—es hora que continuemos nuestra propia celebración, señor Bolsón— musitó Thorin en provocativa voz mientras temerariamente rodeaba la cintura del pequeño hobbit para atraerlo más hacia su cuerpo. Bilbo asintió entre risitas nerviosas. El hobbit había bebido también un poco de hidromiel y ahora se sentía un poco mareado y aturdido pero estaba consiente para darse perfectamente cuenta de la proposición de su marido. Además, el alcohol le desinhibía considerablemente. Y también lo deseaba.
—vamos, señor rey enano— farfulló el pequeño hobbit risible y colocó ambas manos sobre los fuertes brazos de Thorin. En respuesta, Thorin sonrió maliciosamente y rodeó su cintura con sus brazos y le alzó un poco del piso.
Caminaron juntos rumbo a su alcoba, pero el hobbit, que resistía menos el consumo del alcohol, estaba caminando con pasos torpes, y la tenue iluminación del pasillo no ayudaba demasiado a pesar de que él iba tomado de la mano de Thorin. A menudo, sin quererlo, Bilbo terminaba tropezando y eso provocaba risa al rey enano.
—Cuidado señor Bolsón— decía Thorin cada vez que eso ocurría, hasta que fue él quien tropezó esta vez, enredándose con sus propios grandes pies.
—jaja ¡hey, cuidado Thorin! — dijo Bilbo, ahora era él quien se burlaba. En respuesta Thorin rio brevemente y acto seguido tomó al hobbit entre sus brazos y lo cargó hasta llegar a la habitación que ya no quedaba demasiado lejos. La luz estaba encendida. La habitación se iluminaba de dorado con las largas velas y Thorin continuó caminando con el embriagado hobbit en sus brazos hasta que llegó a la cama y lo colocó ahí con un poco de desesperación. Bilbo rió, el alcohol le provocaba una euforia paulatina e incontenible.
Thorin se detuvo un instante para asegurarse de cerrar bien la gran puerta de su habitación, afuera todavía podía escucharse el ruido de la fiesta. Cuando Thorin volvió a la cama contempló desde su perspectiva al hobbit que había comenzado a desabotonarse torpemente la camisa. Bilbo le miraba con coquetería desde su sitio, sus manos estaban tratando de terminar de desabotonar su camisa y estaba dispuesto a hacerlo aunque tuviera dificulta mientras Thorin le sonreía con malicia. El rey enano también comenzó a despojarse de sus ropas, se quitó la camisa con habilidad dejando al descubierto su fornido torso. La mirada de Bilbo se posó sobre los fuertes brazos del masculino enano, desde su ángulo y en su condición los bíceps de Thorin le parecían más sexies que nunca. Antes de que el hobbit pudiera reaccionar, Thorin se lanzó sobre él y le quitó la ropa con rapidez y cierto arrebato. Thorin no podía resistirse más a manosear todo su cuerpo. Necesitaba explorarlo, estrujarlo entre sus desesperadas manos una vez más. Bilbo ahora estaba desnudo, vulnerable ante él, era suyo.
Gemidos de placer comenzaron a llenar toda la habitación, la boca de Thorin se había apoderado ahora de su cuello y succionaba con desesperación, al tiempo que sus grandes y ásperas manos le masturbaban hasta hacerlo enrojecer.
—ahh Thorin— gimoteaba Bilbo excitado. El placer incrementó mucho más cuando sintió como Thorin comenzaba a friccionar su erecto miembro con el suyo, estrujándolos juntos en su mano. Una sensación única y maravillosa.
Bilbo no pudo evitar dar un respingo cuando sintió los dedos de Thorin hurgar dentro de él, girándolos con osadía para adentrarse más. Thorin necesitaba dilatarlo bien y pronto.
—ahh— vociferaba el hobbit cada vez más fuerte, no podía evitar arquear la espalda cada vez que lo sentía y sobretodo no pudo evitarlo cuando Thorin comenzó a succionar su endurecido miembro. Si Bilbo no hubiese estado un embriagado, seguramente aquel acto de Thorin lo había llenado de vergüenza. Era demasiado placer, el hobbit creía que no podía soportar más todo ese cóctel de deliciosas sensaciones hasta que de pronto Thorin le hizo abrir más las piernas para colocarse entre ellas y comenzó a penetrarlo poco a poco.
—¡ahh Thorin!— gemía el hobbit de placer al sentir la invasión de su gruesa erección llegar hasta el fondo de él. Bilbo puso sentir casi al instante que Thorin había alcanzado el punto exacto de su punto interno y se aferró a las sábanas de la cama. La invasión se sentía muy incómoda, no lograba aún acostumbrarse a ello, pero tampoco podía negar que era demasiado maravillosa.
— ¡oh señor Bolsón, eres tan maravilloso! Tan cálido, tan estrecho— decía Thorin con voz jadeante, se sentía demasiado bien estar de nuevo dentro de él, se sentía tan cálido y apretado. La unión de sus cuerpos era sublime. El pequeño cuerpo del mediano se estremecía entre sus brazos, Thorin podía darse bien cuenta de lo mucho que Bilbo también lo estaba disfrutando. Esta era la segunda noche que volvían a estar unidos por el delicioso sexo.
Entonces Thorin comenzó a embestir dentro de él con mayor potencia y rapidez, podía sentir como el pequeño cuerpo del hobbit le atraía hacia adentro al tiempo que se aferraba a su fuerte espalda.
—ahh Thorin— gritaba Bilbo cada vez más perdido en el intenso éxtasis y pronto rodeó el cuerpo de Thorin con sus piernas para mantenerlo dentro.
—ahh Bilbo, eres tan hermoso, tan perfecto. Desearía que esto no terminara nunca— musitó el imponente rey enano con voz ronca por la excitación sexual. Thorin podía sentir la dureza del miembro del hobbit friccionarse con su piloso y musculoso abdomen, cada roce era delicioso, electrizante y no podía dejar de besar su piel y sus labios. El delicioso sexo se prolongó durante un rato más. Su segunda noche de sexo apasionado culminó en un delicioso orgasmo que se derramó en las sábanas.
…
Los días pasaron, a oídos de los otros pueblos cercanos llegó finalmente la noticia de que el rey Thorin II, hijo de Thráin, hijo de Thrór, rey bajo la montaña había contraído matrimonio con una adorable criatura. Sin embargo hasta ese momento no muchos se enteraron que dicha criatura se trataba del mismo hobbit que le había acompañado durante la travesía por la recuperación de su reino. Aunque para Thorin no importaba realmente si alguien se atrevía a criticarle eso, después de todo era su decisión y estaba tomada. Y con el pasar de los días Thorin se convencía aún más de que Bilbo era la persona que realmente estaba destinada a estar a su lado y ser su consorte y si Bilbo no lo hubiera aceptado Thorin tampoco habría aceptado a nadie más porque los enanos son celosos de sus sentimientos como lo son de todo aquello que saben que les pertenece por derecho divino.
Así como Thorin se sabía poseedor del derecho divino de su linaje y del trono de las tierras que sus antepasados habían colonizado, la hermosa gema de luz propia volvía a brillar posada encima del trono. La Arkenstone se alzaba esplendorosa sobre su cabeza coronada y junto a él ahora estaba otro trono, un trono más pequeño que había ordenado fabricar especialmente para Bilbo el cual se había tenido el especial cuidado de elaborarla para su total y exclusiva comodidad.
Desde su trono de piedra ancestral, Thorin imponía su mandato justamente. En el reino prosperaba la paz, y Bilbo era su mano derecha, su consciencia, la voz que lo apaciguaba con sus consejos cada vez que Thorin desataba un poco su vulnerable irritabilidad. Pero Thorin no era malo, únicamente era un poco estricto, bastante rígido en situaciones determinantes y Bilbo contrarrestaba eso con su serenidad sensata. Nadie mejor que el hobbit podría neutralizar su temperamento.
Los días consecuentes prosperaron. Todos en el reino amaban al mediano y estaban felices de que su rey Thorin estuviera sumamente feliz a lado de él. El nuevo matrimonio real a todos les parecía maravilloso y Bilbo parecía poseer un porte delicado adecuado que se complementaba con el imponente y fuerte porte de Thorin.
Durante ese poco tiempo Bilbo había demostrado a todos su buen corazón, en especial a aquellos que aún no lo conocían mucho porque el resto, quienes habían formado parte de la compañía de Thorin, nunca habían dudado de él. Pero aquellos que no habían formado parte de su compañía todavía no lograban conocer del todo la bondad del hobbit.
Precisamente por ese motivo, había algunos enanos que aún miraban al hobbit consorte con cierta desconfianza porque ¿qué descendencia podría tener el rey casado con una criatura que aunque bella y sincera era de su mismo sexo? Los enanos no nacían de las piedras después de todo, como tontamente se había propagado la absurda creencia por toda la tierra media.
Pero ciertamente eso no era algo que le preocupara a Thorin, su sucesor debía ser su sobrino mayor, hijo de su hermana, su sobrino Fíli y con eso tenían asegurado su linaje. Y además de Fíli también estaba su sobrino Kíli y él claramente también era un descendiente directo de Durin.
Thorin se lo comentó claramente a Bilbo cuando notó su preocupación por ese incómodo asunto, pues una noche el hobbit había escuchado a algunos enanos susurrando sobre eso y Bilbo no pudo evitar sentirse abatido, de todos modos ellos tenían razón. Cuando Bilbo reflexionó aquello pensó que podría parecer muy egoísta de su parte hacer que Thorin sacrificara ser padre y con ello evitar dejar un descendiente sólo por haberlo escogido a él como pareja.
Pero Thorin no estaba dispuesto a que esos comentarios tan desatinados continuaran afligiendo al hobbit que él amaba. Al día siguiente Thorin dio la declaración ante todos de que su sucesor sería el hijo mayor de su hermana y no habría más discusión sobre el asunto en adelante.
La primavera continuó su curso, a lo lejos se podía apreciar desde la cima de los caminos de Erebor como los bosques de los alrededores se cubrían de flores y hojas verdes más allá del lago. Pronto partirían a la comarca de los hobbits. Thorin se lo había prometido.
Una mañana de abril, muy temprano cuando el sol recién comenzaba a aparecer entre las montañas, el reino de los enanos de Erebor despidió a su rey y a su consorte, que montados sobre ponys y con el equipaje necesario emprendieron la marcha hacia Hobbiton. El cargo mientras quedaba en tanto en manos de sus jóvenes sobrinos Fíli y Kíli quienes se despidieron de ellos con cálidos abrazos y les desearon un buen viaje.
— ¡desearíamos poder ir con ustedes! ¡Pero ni modo, les deseamos muy buen viaje!— exclamó Kíli entusiasmado y tratando de contener un poco la risa que le causaba ver que Bilbo volvía a tener dificultad para subir al pony. Thorin le miró ligeramente ceñudo y Kíli desistió por un momento de su burla.
—Les encargo mucho que cuiden bien del trono y del reino en mi ausencia— expresó Thorin con seriedad.
—no te preocupes, tío. ¡El reinó estará muy bien en nuestras manos mientras tú acompañas a Bilbo a su regreso a la comarca!— exclamó Fíli entusiasmado y entonces se despidieron de su tío con un cálido abrazo grupal. Thorin les dio un par de palmadas en la espalda antes de decir adiós.
El rey enano también se despidió cálidamente de su amada hermana y luego del resto de los enanos que exclamaron algo en Khuzdul al unísono.
Pronto los ponys avanzaron hasta la salida principal de Erebor y comenzaron a bajar de la montaña.
Thorin y Bilbo estarían guiados por Gandalf, a nadie más se les había permitido acompañarlos pues después de todo también querían tomar este viaje como una especie de luna de miel. Pero ahora que la paz parecía prosperar en la tierra media y que las hordas de orcos y demás criaturas oscuras habían sido exterminadas durante la terrible batalla las cosas parecían estar mucho más seguras que cuando habían hecho el viaje de ida a la desolación de Smaug en busca de la recuperación de su reino.
De esa forma avanzaron por la terracería hasta llegar al pie de la montaña y comenzar a adentrarse a la llanura. Luego lograron llegar a la pradera sin obstáculos ni enemigos cerca. Este viaje de vuelta a Bolsón-Cerrado podría significar un paseo disfrutable.
Gandalf los guió por un buen camino y así no tuvieron que atravesar el bosque negro que aún se encontraba hechizado. Aunque tuvieron que rodear algunas colinas altas pudieron avanzar sin gran problema. Tampoco se encontraron con trasgos ni trolls durante ese lapso, su travesía había sido realmente muy amena y aunque tuvieron que detenerse a acampar en algunas ocasiones nada malo pasó.
Durante las frías noches a la intemperie, Thorin y Bilbo dormían juntos acurrucados entre sí bajo las mismas mantas y aprovechaban la oscuridad de la noche para demostrarse afecto mutuo, porque en presencia de Gandalf a la luz del día ninguno de los dos se atrevía a hacerlo mucho, cosa de su vergüenza y de su orgullo de que el mago los observara. Pero a Gandalf nadie podía engañarlo, siendo un maia con toda la sabiduría abarcada desde los inicios de la Tercera Edad, los contactos sutiles entre la pareja no podían pasar desapercibidos, aún aquellos que trataban de ocultar bajo el manto oscuro de la fría noche. Y al mago todo eso le divertía y le reconfortaba sobremanera porque se sentía plenamente satisfecho y contento de ver lo felices que ahora eran el orgulloso Thorin y el huidizo hobbit. Eran muy felices juntos sin duda. Él siempre lo supo. Y de hecho él lo había planeado todo de alguna manera, en base a una clarividencia que el propio Aulë le había mostrado de forma onírica. Gandalf sabía desde tiempos inmemoriales que Thorin y Bilbo estaban predestinados a estar juntos.
— ¡tranquilo Thorin, por favor! Gandalf podría vernos— regañaba Bilbo a Thorin susurrando mientras estaba acostado a lado del enano, intentando hablar en el tono más bajo de su voz. Esta noche habían logrado encontrar un buen sitio para establecer su improvisado campamento. En ese momento Gandalf supuestamente estaba durmiendo en frente de ellos. Había una pequeña fogata encendida al centro de ellos para brindarles un poco de calor y ciertamente Gandalf escuchaba como la pareja discutía quedamente desde su sitio y reía calladamente para sí mismo.
—Descuida hobbit, el mago está dormido. Además eres mío ahora ¿no?— musitó Thorin en respuesta y se inclinó un poco para besar a Bilbo, aunque con la oscuridad lo que realmente atinó a besar al principio fue la nariz del mediano. El hobbit rió un poco y luego hizo un leve sonido en señal de que no estaba muy seguro.
—mmmh…esa es mi nariz, genio—farfulló el hobbit risible.
Entonces los labios de Thorin buscaron a ciegas los labios de Bilbo y cuando al fin los encontraron se besaron mientras se abrazaban cobijados por la manta de lana que ambos compartían. Gandalf pudo percatarse de ello y sonrió para sí mismo. Estaba completamente seguro que el amor de ellos dos era verdadero.
Pasaron la noche sin problemas y continuaron su marcha temprano por la mañana. Aún quedaba medio camino para llegar hasta la comarca y ya habían pasado algunos días desde que habían recorrido toda esa distancia, pero éste estaba siendo un viaje mucho más rápido que el anterior.
Cuando llegaron a los terrenos de la casa de Beorn, Gandalf les propuso acercarse a visitarlo. Se aproximaron a su patio y entonces Bilbo se detuvo por un momento para contemplar los grandes árboles que rodeaban la entrada. Ahí estaban unos robles que habían retoñado maravillosamente y a sus pies podían encontrarse algunas pequeñas bellotas. El hobbit se inclinó para recoger una y Thorin que lo observaba comprendió lo que para Bilbo eso significaba.
Thorin le sonrió y entonces Bilbo se acercó a él lentamente y extendió su mano mostrando la pequeña semilla que acababa de recoger. La sonrisa de Thorin se pronunció más y un sentimiento de ternura le asaltó. Bilbo siempre lograba hacerle sentir ese efecto en él.
—Thorin, plantemos juntos esta pequeña bellota en Bolsón Cerrado ¿sí? — inquirió el mediano con indulgencia.
—de acuerdo señor ladrón, será el inicio de nuestro propio jardín— expresó Thorin son voz suavizada al tiempo que tomaba la pequeña mano de Bilbo, que acogía la bellota, entre la suya y la estrecho con cariño. Bilbo asintió feliz a su propuesta con una lánguida sonrisa esbozada en su rostro. Esta vez recoger una bellota de las tierras d Beorn tenía un significado mucho más profundo y sublime. Esta vez estaba haciendo tan solemne promesa con el enano a quien él amaba. Y Thorin comprendió mucho más que algo tan pequeño como una diminuta bellota podría convertirse en el mejor objeto atesorado de su vida que ninguna riqueza material podría comprar.
En ese momento la puesta del estaba en la cumbre. El cielo se tenía de naranja y Gandalf observaba la conmovedora escena con alegría. Ver a Bilbo sonreír de esa manera en el atardecer era adorable. Thorin deseó en ese momento culminar la linda promesa besando los labios de su hobbit.
Pero a pesar de que disfrutaban enormemente el momento debían darse prisa para cobijarse de la noche. Esta vez Beorn fue más hospitalario que la última vez. El cambiapieles seguía pensando que los enanos eran desagradables, aunque no podía culpar a unas criaturas, creadas a escondidas de Yavanna, que habían sido condenadas a no detenerse a contemplar bien la naturaleza y los seres que habitan en ella como lo hacían las demás razas. Pero ahora Beorn les guardaba un sumo respeto, porque Thorin y su pueblo de enanos había ganado la brutal épica batalla de forma heroica. Beorn había sido testigo de la heroica actuación de Thorin peleando valerosamente contra los malignos orcos.
Beorn les ofreció alimentos bastos y nutritivos. Les ofreció techo y un baño caliente y al anochecer conversaron un rato acerca de la cosas que habían acontecido durante y después de la gran batalla y cuando la charla se hizo más amena Thorin le hizo mención sobre su próspero reinado en el cual no pudo evitar decir que Bilbo era ahora su consorte pero que estaban haciendo ese viaje hacia la comarca porque el hobbit añoraba visitar a sus semejantes, de la misma forma en que cualquier criatura añora volver a sus propios orígenes. A Beorn le extrañó sobremanera la insólita unión del hobbit y el enano, pocas veces había escuchado sobre un matrimonio interracial y mucho menos que éste se diera entre personas del mismo sexo, pero tenía bien claro que Thorin era un sujeto que tomaba estrictamente sus decisiones y sabía que el hecho que el rey enano de la montaña solitaria hubiera contraído matrimonio con el hobbit significaba que sus sentimientos por el mediano eran verdaderos. Además Bilbo sin duda era una criatura sincera y leal.
Más entrada la noche, todos hablaron sobre algunas leyendas entre sus propias y respectivas especies y luego durmieron en suaves camas de paja y sábanas de lino que Beorn les proporcionó cordialmente. Esa fue una cálida noche bajo un techo que Thorin y Bilbo disfrutaron enormemente. De nuevo durmieron juntos con sus cuerpos acurrucados.
Cuando la mañana llegó, Gandalf y la pareja se despidieron de Beorn y montaron los ponys para emprender de nuevo la marcha. Cada vez faltaba menos para llegar a su destino.
Por fortuna durante todo el trayecto había estado haciendo un muy buen clima.
—Pronto llegaremos a tu comarca, Bilbo— dijo Thorin tomando la mano del hobbit mientras caminaban por la llanura. Sus ponys caminaban a un lado de ellos, a veces se cansaban un poco de montarlos. Caminaron a pie un largo tramo. Bilbo esbozó una afable sonrisa al sentir el cálido contacto de la mano de su esposo enano y asintió con la cabeza.
—sí, ya falta poco para llegar. Muero de ganas por llegar a Hobbiton tomado de tu mano, Thorin— expresó el mediano entre suspiros de satisfacción. La gran alegría que denotaba en su rostro no podía pasar desapercibida. Thorin también sonreía.
—apuesto a que nunca lo imaginaste Bilbo. Yo tampoco. Jamás imaginé encontrar en una criatura de la comarca a la persona con quien quiero compartir el resto de mi vida— pronunció Thorin sincero y sonriente.
Las palabras que Thorin acababa de decirle provocaban gran alegría a Bilbo, le hacían sentir miles de sensaciones extrañas y placenteras en el estómago, pero entonces el hobbit reparó en que a pesar de la sinceridad de Thorin ese aspecto quizá era algo que no podía ser posible.
—Escucha Thorin… la verdad es que tengo ciertas inquietudes en torno a todo esto— indicó Bilbo dubitativo. Thorin se sintió de nuevo intrigado y pudo sentir como la mano de Bilbo comenzaba a sudar.
—pues…puedes decirme cuáles son esas inquietudes, pequeño hobbit. Recuerda que puedes confiar en mi—musitó Thorin en respuesta.
—pues….bueno, no es nada es solo que…aún no me acostumbro a ser el consorte de un rey tan majestuoso como tú. Yo solo soy un hobbit cualquiera, ni siquiera soy un guerrero o algo—explicó el hobbit un poco nervioso y risible por la vergüenza. Bilbo soslayó la mirada, de pronto se sintió más inquieto y su mano sudó aún más. Al final había decidido seguir omitiendo sus verdaderas preocupaciones, hablar sobre ello a mitad del camino quizá no era lo más conveniente después de todo. Podría esperar hasta llegar a Bolsón-Cerrado, ahí podrían discutirlo a solas y con más calma.
— ¿de verdad es solo eso? — inquirió Thorin, a pesar de la explicación acertada de Bilbo, Thorin simplemente no podía dejar de intuir que Bilbo en realidad estaba tratando de decirle algo más. El enano no podía dejar de mirarlo con determinación.
Las manos se ambos se estrecharon con más intención, fue una indicación de parte de Bilbo para que Thorin no siguiera presionándolo con ello y el rey lo entendió.
—De verdad, es solo eso— dijo el hobbit dubitativo pero decidió mirar a Thorin de frente para que interpretara su mirada.
—pero no tienes por qué preocuparte Bilbo, sabes bien que mi pueblo te ha aceptado. Y más que eso, ellos te guardan un gran afecto. Tú eres un gran hobbit. Y podemos volver a la comarca cada vez que lo desees— dijo Thorin y entonces de pronto detuvieron el paso. Thorin tomó el rostro del hobbit y juntó su frente con la suya para transmitirle seguridad y franqueza.
—sí Thorin, eso lo sé pero…bueno mejor hablemos de esto después ¿está bien? No quiero hacerlo ahora, no es el momento ni el lugar y tampoco quiero echar a perder este momento en el que al fin volveré a mi casa luego de toda la aventura que viví a tu lado y al lado del resto de la compañía y sobre todo después de que me convertí en…tu consorte— farfulló Bilbo ésta vez mirando a Thorin de frente y ligeramente ceñudo, el gesto facial que usualmente solía tener cuando hablaba en serio. Thorin, que siempre había admirado esa expresión del hobbit, no pudo evitar sonreír más.
Luego de un rato más de caminata al fin fueron visibles ante sus ojos las colinas habitadas por los hobbits, aunque aún se divisaban a la distancia. Bilbo sintió gran regocijo en su corazón y risas de alegría salieron de su voz. Thorin sintió completa empatía por los sentimientos de su hobbit al sentirse de nuevo casa. Toda la alegría de Bilbo era también la suya.
— ¡miren allá Thorin, Gandalf! ¡Al fin hemos llegado!— exclamó el hobbit con gran entusiasmo y acto seguido tomó la mano de Thorin e intentó hacer que corrieran juntos para llegar más pronto.
—Espera señor Bolsón, mejor montemos los ponys y así llegaremos más rápido. Las colinas aún están bastante lejos de aquí para ir a pie— sugirió Thorin y antes de que Bilbo protestara, pues montar el pony seguía siendo algo que le daba temor, Thorin lo ayudó a subir al equino.
—Jaja gracias Thorin— dijo Bilbo en agradecimiento aunque con voz trémula que sin embargo pronto fue contrastada con la gran emoción que sentía de volver pronto a ver qué tal marchaban las cosas en su comarca.
—Andando señor Bolsón— exclamó Thorin y arriaron sus caballos y Gandalf también hizo lo propio entre risitas pícaras, él también se sentía reconfortado de que al fin hubieran llegado sanos y salvos a las tierras de los hobbits.
Los caballos caminaron a paso moderado pero llegaron más pronto de lo que habría sido si hubiesen ido a pie. Con cada tramo recorrido, Bilbo sentía mayor entusiasmo.
Pronto llegaron al fin a los primeros caminos que conducían a Bolsón Cerrado y justo donde las casas de otros hobbits yacían a orillas de los caminos se pudo percibir algo extraño en el ambiente. De pronto parecía que el lugar estaba desolado. Continuaron avanzando, esta vez desmontados de los ponys que ahora caminaban junto a ellos.
Bilbo condujo a Thorin y Gandalf al camino que llevaba a su casa.
—Aprende bien el camino Thorin, para que no vuelvas a perderte—bromeó el hobbit y Thorin rió.
Entonces cuando estuvieron más próximos a la casa de Bilbo pudieron notar que una turba de gente estaba aglomerada justo afuera de Bolsón-Cerrado, hobbits que concurrían cargando cosas en sus manos pasaron junto a ellos.
Dejaron los ponys al cuidado de Gandalf, Bilbo fue el primero en correr alarmado hacia su casa cuando se dio cuenta que algo muy extraño estaba ocurriendo. Desde su ángulo pudo alcanzar a divisar que uno de esos hobbits estaba llevando un mueble que le resultaba muy familiar.
— ¿Qué diablos está ocurriendo?— espetó el hobbit—perdonen, temo que tengo que acércame a ver para cerciorarme— dijo antes y caminó rápidamente con sus grandes pies. Cuando estuvo más cerca notó lo que se temía. En efecto eran sus pertenencias, sus butacas, sus libros, sus preciadas cucharas de plata.
— ¡hey! ¿Qué está pasando aquí? ¡Estas son mis cosas!— espetó Bilbo enojado y notó que estaban en medio de una subasta, ofertando sus cosas al mejor postor y sin su consentimiento.
— ¡Oh, señor Bolsón!— exclamó uno de los hobbits, uno de los que conocía muy bien a Bilbo, el mismo hobbit que se encargaba de cultivar las hortalizas que proveían a prácticamente todo Hobbiton.
—Exijo una explicación por todo esto— espetó Bilbo de nuevo.
—es una subasta porque se le dio por muerto señor Bolsón. Creo que tendrá que ir a aclarar todo a esos señores de allá— indicó el señor hobbit sembrador. Bilbo pensó que ese hobbit había sido muy cínico.
Sin detenerse un segundo a dudarlo, Bilbo caminó directo hacia el viejo señor hobbit que estaba ofertando sus pertenencias. Justo acababa de venderse el juego de vajilla de Bilbo a una señora hobbit.
— ¡detengan esto! — exclamó Bilbo imponiendo su descontento. Entonces todos los hobbits reunidos ahí le voltearon a ver con total asombro. El supuesto muerto señor Bolsón estaba vivo ante ellos reclamando por sus cosas. Nadie parecía lamentarse que la supuesta muerte del señor Bolsón fuera falsa.
—creímos que había muerto señor Bolsón, puesto que se desapareció durante poco más de un año— explicó el anciano hobbit. Para entonces Thorin y Gandalf ya lo habían alcanzado y estaban ahora justo detrás de su espalda. Thorin estaba asombrado también por la osadía de los hobbits de allanar la casa de Bilbo y vender sus cosas así pero también le divertía ver a Bilbo enojado porque eso le cautivaba. Y Gandalf tampoco pudo evitar sonreír, después de todo sabía que todo este mal entendido se arreglaría y al rato lo estarían comentando cómicamente durante la cena.
— ¡claro que no! ¡No morí! Fui a participar en una misión— explicó Bilbo ceñudo.
— ¿Puede probarlo?— inquirió el anciano.
— ¿Cómo?—cuestionó Bilbo confundido.
—Algo que pruebe que estuvo fuera por motivo de ese supuesto trabajo— indicó el viejo.
Entonces Bilbo sacó de su bolsillo el mismo contrato que Thorin le había dado a firmar el día en que le había solicitado su servicio y se lo alcanzó al anciano hobbit que dificultoso lo miró meticulosamente.
—Oh parece que es verdad, todo parece en orden— musitó el viejo hobbit y luego alzó la mirada hacia Bilbo.
—Exactamente— dijo Bilbo firme y aún fastidiado.
—pero ¿puede decirme quien es la persona a quien le brindó ese contrato? ¿Thorin Escudo de Roble?— preguntó el viejo. Entonces Bilbo no pudo evitar ruborizarse un poco y vacilar un poco antes de responder.
—oh pues él es…— dijo en voz queda y de pronto sintió la mano de Thorin posarse sobre su hombro.
—Soy su esposo— indicó Thorin sonriendo con malicia y Bilbo se sonrojó aún más y su nerviosismo se hizo notar pero no dejó de mirar fijamente al anciano aún con el ceño fruncido. Los hobbits que alcanzaron a escucharlo quedaron incrédulos ante ello y más que eso, atónitos.
— ¿Qué está diciendo? ¡Ha regresado casado! ¡Oh es un señor enano!, ¡trae enormes botas y está lleno de barba!— era algo que se escuchaba entre murmullos cuando los hobbits empezaron a susurrar entre ellos. Bilbo no pudo evitar sentirse un poco más incómodo y aclaró un poco su garganta.
—errr…eso es verdad. Este señor enano es ahora mi esposo y es quien me contrató hace un año para dicho trabajo—explicó Bilbo estricto.
—Oh, ya veo pero ¿haciendo exactamente qué?— inquirió el anciano con la intención de intimidarlo. El viejo tampoco podía dejar salir de su asombro y no podía dejar de divisar a Thorin de pies a cabeza, pese a que sin duda Thorin le intimidaba.
—eso no importa señores. Solo exigimos que dejen las pertenencias de Bilbo en su lugar porque es un hecho que no ha muerto y que yo soy quien lo contrató— explicó Thorin con voz grave e imponente. Su mirada nunca dejó de ser penetrante.
—Gracias Thorin—musitó Bilbo mirándolo de reojo.
—oh bueno, entonces ha quedado todo claro. ¡Está bien! Discúlpenos por todo señor Bolsón. Puede entrar a su casa de nuevo— dijo finalmente el señor anciano aunque sin mucho afán y bajó del palco donde había estado parado subastando las cosas y refunfuñó un poco entre dientes.
—Y… ¿qué hay de mis cosas que ya se han llevado?— inquirió Bilbo molesto pero luego se cohibió y se sintió incómodo cuando Thorin comenzó rodear su cintura con uno de sus fuertes brazos. El resto de los hobbits, curiosos, solo los observaban para luego volver a cuchichear entre ellos.
—se las devolveremos…pero tendrá que ir a cada casa para reclamar por cada una de sus pertenencias que han sido vendidas— dijo el viejo y entonces decidió alejarse un poco de Bilbo, ahora que sabía que Bilbo había contraído matrimonio con un enano deseaba mantener su distancia. Un matrimonio así era demasiado raro, aunque el viejo siempre había creído que Bilbo era demasiado raro porque nunca se había comprometido con ninguna hembra y ahora sabía el por qué.
Bilbo notó bien la actitud que los hobbits estaban teniendo hacía él luego de saber acerca de que él y Thorin eran pareja de nuevos esposos. Aunque seguramente también se sentían molestos porque tenían que devolverle sus pertenencias que habían comprado.
—oh, ¡vaya! Eso sí que es una gran sorpresa, el señor Bolsón se ha casado ¡y con un señor enano!— exclamaban algunos incluso con descaro y en voz alta, pues muchos de ellos no tenían la discreción de hablarlo cuando Bilbo no estuviera presente. Era incluso lo hacían con gran intención como si deseasen que Bilbo notara bien su desaprobación, sobre todo los Sacovilla-Bolón que eran los más enfadados. Pero aunque Bilbo se sentía avergonzado de ninguna manera se arrepentía de ello. Había decidido aceptar el cortejo de Thorin porque lo amaba y había decidido compartir su vida con él y nada lo detendría, ni tampoco le importaba si a ellos les disgustaba. Era su vida. Nadie tenía derecho a meterse en ella ni criticarla.
Además había tenido una maravillosa boda que ningún otro hobbit habría podido tener.
Luego de un rato más de desconcierto, lapso durante el cual le fueron devueltos varios de sus muebles y utensilios que los otros hobbits habían comprado en la subasta, Bilbo al fin pudo estar dentro de su casa. Abrió la redonda puerta de su smial, sintió la calidez de su acogedora casa de nuevo, que tanto había añorado durante meses y aún más durante la travesía de vuelta. Y de nuevo ahí estaba también Thorin, quien entró a la vivienda justo tras él.
— ¡Al fin en casa!— exclamó Bilbo con el deseo de respirar el ambiente de su hogar. Notó que todo estaba en desorden, saqueado, vacío pero eso ya se había remediado.
—sigue siendo tan acogedora como la primera vez en que estuve aquí…—dijo Thorin haciendo una pausa y acercándose al pequeño hobbit con intención— la misma noche en que también fue la primera vez que te vi— terminó de decir el sexy enano y abrazó a Bilbo suavemente y le sonrió. Bilbo tocó los brazos del enano con sus manos en sutil contacto y disfrutó el abrazo, su cercanía, su masculina voz hablándole de cerca.
—sí, lo sé. Jamás podré olvidar esa noche y ese canto que entonaste con todos los demás haciéndote coro hablando de las montañas habitadas por los enanos. ¡Fue algo tan mágico!— dijo Bilbo risible. Recordar el momento en que ambos se habían encontrado por primera vez siempre estaría atesorado en sus corazones. Recordar aquella primera vez que había escuchado a Thorin cantar le volvía a cautivar.
—y ahora estamos de nuevo aquí como…esposos— dijo Thorin con voz suavizada, cerca de su oído—no sabes cuánto me alegra estar aquí así contigo, Bilbo— musitó el enano. Bilbo se ruborizó un poco, podía sentir la cálida respiración de su esposo junto a su mejilla y en ese momento Gandalf entró tras de ellos, agachándose un poco para poder caber dentro de la pequeña y redonda puerta.
—oh, ¡me alegro mucho de que todo se haya arreglado al final y que ahora ambos estén aquí de nuevo y ahora compartiendo tal felicidad!— expresó Gandalf jubiloso, empuñando su bastón que se apoyaba contra el suelo. Thorin y Bilbo se mantuvieron juntos abrazados pero voltearon a ver al mago al mismo tiempo y le sonrieron.
Gandalf no se quedó mucho tiempo ahí pues partió explicando que tenía asuntos importantes que hacer en tierras lejanas al otro lado de las montañas nubladas pero que volvería cuando Thorin y Bilbo volvieran a Erebor para acompañarlos de nuevo y servirles de guía, aunque fuese solo la mitad del camino. Por ahora Gandalf creía que debía dejar que la pareja compartiera a solas su intimidad.
Luego de eso Bilbo observó los detalles de su saqueada casa y con cautela tomó en cuenta cuales de sus cosas habían sido vendidas y cuales habían sido devueltas para así volver a ordenar todo. Thorin lo ayudó a re acomodar sus muebles y demás cosas y realmente fue un buen momento de convivencia para ambos. Además volver a poner las cosas en su lugar era como iniciar un nuevo ciclo.
Cuando el sol estuvo a punto de ocultarse habían logrado terminar de reorganizar en el interior de la vivienda todo lo que habían logrado recuperar. Muchos hobbits empecinados aún no habían querido ceder a devolverle las cosas que le pertenecían y Bilbo y que habían comprado en la subasta. Pero la noche estaba por caer y Bilbo estaba cansado por ese problema de su supuesta muerte y sobre todo por el gran cansancio que le había ocasionado el largo viaje.
Cuando el sol se ocultó tras las montañas y la primera estrella del firmamento se divisó brillante sobre el cielo nocturno, Bilbo y Thorin habían decidido que el resto lo terminarían por la mañana, por ahora se dispondrían a preparar algo para la cena. Bilbo pensó que era su deber prepararlo todo, haría un buen festín para su señor enano, deseaba volver a cocinar en su vieja estufa y sobre todo deseaba deleitar a Thorin. Entonces el hobbit, animoso a pesar de todo, se acercó a su despensa, deseoso de volver a cocinar como todo buen hobbit. Claramente los hobbits habían saqueado su despensa, además luego de un año de ausencia no podría encontrar más que algunos cereales y semillas por lo que desde la tarde, Bilbo y Thorin habían ido a comprar algunas provisiones a lo largo de Hobbiton. A pesar de que los demás hobbits no los habían atendido muy bien, habían logrado comprar muy buenos ingredientes con brillantes monedas de oro y plata que habían deslumbrado a los hobbits.
Bilbo comenzó a preparar los ingredientes para la cena, cocinaría primero una deliciosa sopa pero de pronto Thorin se acercó a él y le hizo saber que él también deseaba ayudarle a preparar la cena, así como lo había ayudado a comprar las provisiones. Thorin deseaba pasar cualquier momento con su amado hobbit sobre todo en momentos importantes y preparar la cena juntos por primera vez en Bolsón Cerrado era uno de esos gratos momentos.
— ¿en verdad deseas ayudarme, Thorin? Puedo hacerlo yo solo si quieres— musitó el hobbit un poco cohibido y risible, recargado contra una de las paredes de la cocina, intentando esquivar la mirada mientras Thorin se acercaba a él con intención de intimidarlo. El pequeño hobbit se veía demasiado adorable con ese delantal puesto para cocinar.
—por su puesto Bilbo, el hecho de que yo sea el rey de Erebor y que sea más que eso, un enano de lucha, no quiere decir que no sea diestro para las cosas cotidianas del hogar. Tampoco soy el mejor, pero puedo servir de algo…sobre todo si, tú me guías— masculló Thorin con voz provocadora mientras tomaba la mano de Bilbo entre la suya, el hobbit le parecía demasiado tierno desde ese ángulo y desde esa postura contra la pared.
Bilbo asintió con risa nerviosa pero luego lo miró a los ojos con determinación y coquetería.
—oh Thorin…
— ¿acaso dudas que no pueda hacerlo? ¿Te he contado de todos los trabajos que tuve que realizar en tierras de los hombres durante nuestro éxodo? Alguna que otra vez me vi en la necesidad y en la responsabilidad de cocinar— dijo Thorin instigador y una lánguida sonrisa maliciosa y sagaz se esbozó en sus labios mientras continuaba mirando fijamente a Bilbo con intimidación. El hobbit pensó que la provocación de Thorin era demasiado sexy.
—No, no me has contado— respondió el hobbit irresoluto y risible de nuevo, se rascó brevemente la cabeza en señal de interrogación y luego continuó —supongo entonces que entre alguno de esos trabajos tuviste que hacerle de cocinero— dijo el hobbit entre risas.
Thorin soltó una carcajada y luego posó ambos brazos contra la pared, acorralando así a Bilbo y pronunció.
—sí, una vez sí fui un cocinero para una persona importante en las tierras de los hombres mortales, pero hace mucho tiempo de eso, creo que incluso mucho antes de que usted señor Bolsón viera la luz por vez primera— afirmó el enano susurrando cerca de su rostro, con una entonación muy sensual en su voz. Bilbo pudo sentir su respiración y un deseo impulsivo de besarlo lo asaltó.
—oh, entonces eso fue realmente hace mucho tiempo…habrá que instruirle de nuevo en la cocina, señor rey Thorin— dijo Bilbo más coqueto y acarició el rostro barbado de su esposo.
—eso es lo que más deseo en este momento señor Bolsón, sobre todo porque en Erebor no podemos tener oportunidades tan íntimas y triviales como esta, además nos hace falta todavía aprender mucho de los hobbits— indicó Thorin y luego aproximó sus labios a los de Bilbo para besarlo suavemente. El hobbit accedió a aquel anhelado beso de inmediato.
Después de eso, ambos se dedicaron a preparar una deliciosa cena. Estuvieron juntos en la cocina durante un par de horas, momentos que ambos disfrutaron enormemente. Pero durante todo ese tiempo en la mente de Bilbo no dejaron de resonar las palabras que Thorin le había dicho hacía un rato, el hecho de que la última vez que había trabajado dentro como cocinero había sido cuando Bilbo ni quiera había nacido. De todos modos, Bilbo siempre había sabido que Thorin le triplicaba la edad y que la vida de un enano, sobretodo un enano del linaje de Durin, era mucho más longeva que la fugaz vida de un hobbit. Pensar en eso le afligía sobremanera, aunque tratara de negarlo.
—ha quedado deliciosa esta cena, señor Bolsón. Es usted sin duda un excelente cocinero— dijo Thorin halagándolo cuando ya ambos se habían sentado al comedor a degustar los platillos. Al centro eran alumbrados con algunas velas y estaban acompañando el estofado con hogazas de pan que habían comprado con el viejo panadero de la comarca.
—lo sé, siempre he dicho que soy mucho mejor en cosas hogareñas y cotidianas que en la batalla. Yo no soy un guerrero como tú Thorin, pero sí puedo ser hábil en algunas otras cosas…o al menos eso trato— farfulló el hobbit y al terminar su frase aclaró un poco su voz pues en ese momento sentía que ya casi no podía resistirse a contarle acerca de las verdaderas inquietudes que le afligían. Pero de nuevo pensó que era mejor meditarlo bien antes de tocar el tema.
— ¿Ahora sí vas a contarme qué es lo que te ocurre, Bilbo?— inquirió Thorin intrigado y mirándolo fijamente. Mientras esperaba por la respuesta de Bilbo tomó una hogaza de pan que estaba al centro de la mesa.
—no, nada…bueno es solo que… ¡no puedo dejar de admirar que hayas vivido tantas cosas! ¡Has vivido tanto! ¡Has vivido tantas aventuras y terribles batallas!— exclamó Bilbo tratando de mostrarse contento, y aunque en verdad lo estaba también estaba inseguro y dudoso.
—pero ahora mi mejor aventura la estoy viviendo contigo, a mi lado como mi consorte— farfulló Thorin sonriente, luego de dar una mordida a la pieza de pan y entonces acarició la pequeña mano de Bilbo que estaba posada sobre la mesa.
Bilbo se sintió inmensamente dichoso de escuchar a Thorin pronunciar aquello.
—oh Thorin, siempre eres tan dulce…
—No siempre lo soy y no lo soy con cualquiera, pero usted señor Bolsón provoca ese efecto en mi—masculló Thorin con una sonrisa de lado, sin dejar de acariciar sutilmente la mano del hobbit con declinada caricia y sin dejar de mirar a través de su mirada.
—Entonces…me alegra mucho conocer esa parte de ti—musitó Bilbo con trémula voz pero mirando a su esposo enano con coqueteo.
Thorin no podía sentirse más feliz por estar en tan acogedora casa con su hobbit, sin nadie alrededor que pudiera molestarlos.
Continuaron degustando la deliciosa cena y la conversación amena. Pronto comenzó a sentirse un poco de frío por lo que Bilbo decidió encender la fogata en la chimenea. Habían sido lo suficientemente precavidos para juntar algo de leña seca antes de que el cielo oscureciera y ahora la llama de las brasas del fogón ardían bien y les proporcionaban calor. Realmente no hacía demasiado frío pues era mayo, pero era agradable también disfrutar el calor del fuego sentados juntos en el sofá.
Más tarde fumaron un poco en las pipas. Bilbo había sacado algunas de las pipas que guardaba en una gaveta. Por suerte los hobbits que habían saqueado su casa no habían logrado llevarse sus preciadas pipas ni las hojas de tabaco.
Bilbo trituró bien las hojas y las colocó dentro de las pipas y al encenderles fuego le ofreció una a Thorin, que para ese momento se encontraba ya sentado en el sillón.
—fumemos un rato Thorin, sé que esta pipa te encantará— dijo el hobbit sugerente. Thorin pensó que era demasiado sexy que el hobbit le hiciera tal sugerencia y además realmente estaba animado a probar la pipa de los hobbits.
—De acuerdo Bilbo, será un placer fumar pipa esta noche contigo justo aquí frente al fogón—expresó Thorin sonriéndole con malicia. Las miradas compartidas de ambos no dejaban de perderse entre sí y de pronto Bilbo se sentó con osadía en su regazo y exhalaron el humo de las pipas al mismo tiempo.
Thorin realmente estaba disfrutado el momento y tener a Bilbo sentado en su regazo de esa forma le enloquecía. El tabaco de la pipa era ciertamente de muy buena calidad. Los hobbits habían sido quienes habían influenciado en esa costumbre a las otras razas y los enanos lo habían aprendido e imitado bien.
— ¿Te gustó, Thorin?— inquirió el hobbit curioso y sin dejar de mirar al enano con sensualidad.
—realmente ha sido maravilloso volver a probar tan buena pipa en Bolsón-Cerrado. Hacía un año que no lo disfrutaba, señor Bolsón—respondió Thorin mascullando también sensual.
Bilbo le dio otra calada a la pipa y luego de exhalar el humo se giró hacia su esposo y posó sus brazos sobre sus hombros.
— ¿Qué te parece si salimos a fumar las pipas afuera, Thorin? Siempre me ha encantado hacerlo mientras miro las estrellas. Me encantaría esta vez hacerlo contigo—sugirió el hobbit con coquetería y Thorin asintió gustoso y acercó su rostro al suyo para besarlo por un momento.
Salieron al pequeño patio fuera del smial. Se sentaron en una de las butacas de madera que estaban al pie de la ventana y continuaron disfrutando de fumar las pipas y sobretodo disfrutaron de la compañía del otro. El manto nocturno que cubría el cielo estaba hermosamente estrellado y los ruidos de algunos animales nocturnos se escuchaban al fondo. En algún momento sobre el cielo ambos divisaron lo que pareció ser una estrella fugaz. Ambos sabían lo que eso significaba. Ambos pidieron el mismo deseo mientras sus manos juguetonas se acariciaban entre sí sobre la butaca.
…
Nota final: Okay aquí está la actualización xD espero que les haya gustado aunque sea un poco :3
