Capitulo II: De tal palo da la astilla
Los dragones llegaban en docenas, montados por jinetes con armadura que no dejaba ver nada de piel. Los jinetes de Berk contratacan procurando de que ninguno llegue al gran salón o lastimen a los niños que corrían despavoridos hacia un refugio. Algunos vikingos valientes; sedientos de pelea y derramamiento de sangre dormido por cinco años de paz se armaron con hachas, lanzas, arcos o cualquier arma que encuentren y se lanzaron a la línea de fuego sin pensarlo más de un instante.
— ¿Qué están esperando inútiles?— preguntó Bocón con un notable tono de desagrado en su voz— ¡Los que no puedan pelear a la herrería y los demás ataquen!
— ¿Dónde está Hipo? ¿Alguien lo vio?— interrogó Valka bajando de Saltanubes después de haber salvado a unos niños rodeados por dragones
— ¡Yo lo vi!— exclamó Brutilda levantando la mano como una niña de primaria que sabía la respuesta a una complicada pregunta, todos la miraron esperando una respuesta‒ Lo vi, esta mañana; yendo al bosque con Astrid
Las estúpidas risas de los gemelos resonaron por el área, Patán y Patapez la miraron con estúpidas sonrisas y caras sonrojadas. Brutilda giró su mirada hasta Eret quien la mirada con una ceja levantada, le hizo un gesto con la mano y una sonrisa estúpida.
— ¿Entonces qué hacemos?— preguntó Patán levantando las manos para luego golpear sus piernas con ellas— Pero tampoco es como si lo necesitáramos—murmuró mirando algún punto en el suelo
— Patapez: Ve a proteger a los aldeanos, Brutacio, Brutilda: Busquen un lugar seguro, Patán, Eret vamos a pelear— ordenó Valka, todos hicieron inmediato caso a su orden aunque Brutilda, Patán y Patapez bufaron. Ellos por separarse de Brutilda y ella; por separarse de Eret.
…
— ¿Pero qué demonios sucede?— preguntó Astrid mirando como Hipo no quitaba su vista del frente
Más adelante se encontraron con los gemelos que les explicaron, molestos por no quedarse a pelear, la situación. Astrid e Hipo intercambiaron miradas preocupadas y volaron lo más rápido que el viento les dejaba. Hipo se adelantó rápidamente, dejándola varios metros atrás, cada vez se hacía más pequeño hasta que fue solo un punto negro en un cielo azul
— Maldición— bufó en voz baja, quejándose de su suerte— Si solo el viento soplara a mi espalda…
Y como si Astrid pudiera controlar el viento, una rápida ráfaga la llevó volando hasta rebasar a Hipo
— ¿¡Qué estas esperando Hipo!?— preguntó entre risas— ¡Vamos, rápido!
Hipo se le quedó mirando, luego intercambió una mirada confundida con Chimuelo
— Te estás haciendo lento— le regañó, Chimuelo respondió golpeándole con una de sus escamas que sobresalían de su cabeza, vio a la distancia como Astrid descendía con Tormentula y se borraba de su vista después de haber tomado su hacha y correr colina abajo
…
— ¡Valka!— gritó Astrid después de salvarla de que un dragón se la llevara— ¿Qué sucede?
— No lo sé— respondió respirando con dificultad, Astrid la llevó hasta Saltanubes, el dragón rugió y fue a llevar a Valka con los demás hasta su recuperación
Big, Bang y Boom peleaban con los dragones desconocidos disparando pequeños tornados de aire provocando que varios cayeran mientras Eret y Patán peleaban codo a codo, o al menos lo intentaban; desde que Brutilda había intentado besar a Eret después de una cena donde Valka había hecho un brindis por Hipo y Astrid pidiendo a Frigg y Freya que el amor que esa pareja se profesara fuera eterno y, como siempre, tener bellísimos nietos. Ambos se miraron sonrojados ya acostumbrados a que la madre de Hipo se haya sobre emocionado y encantado con el hecho de que su hijo tuviera una novia quien sería su esposa. Al final de la fiesta le pidieron a Brutilda y Brutacio llevar unas cajas muy pesadas llenas de material que el mercader Johan había enviado con la promesa de que asistiría a la boda. Supuestamente Brutilda iba a abrir las puertas mientras Brutacio llevaba las cajas. Pero su hermano gemelo se había emborrachado, estaba con Bocón cantando una extraña canción de gloria rogando a Odín que cuando mueran vallan al Valhala, lo más extraño es que Hipo se les había sumado después de tomar unos vasos de ron. Astrid se lo llevó mientras él le decía que cuando muera ella fuera su Valkiria que lo llevara al bufet eterno donde descansarían mientras intentaba darle un beso, ella respondía positivamente a todas sus suplicas con un tono cansado mientras evitaba que la besara con ese espantoso aliento de ron que empapaba sus labios. Antes de irse le pidió a Eret que ayudara a Brutilda a llevar esas pesadas cajas hacia la armería, él aceptó de mala gana después tomó las cajas que Brutilda llevaba.
« Que fuerte eres» le había dicho mientras recorría uno de sus fornidos brazos con la punta uno de sus dedos, Eret respondió con un bufido cansado. Sabia del triángulo amoroso que se había formado entre Brutilda, Patán y Patapez, no quería meterse dentro de esa estupidez colocando a esos dos contra él en un lio amoroso. Al llegar colocó las cajas en una esquina, enderezó su espalda, el ruido de sus huesos resonó hasta los oídos de Brutilda, esta se dio vuelta y empujó a Eret hasta una pared le sonrió mirándolo a los ojos, se acercó a sus labios con determinación. Eret apretó los labios mientras intentaba zafarse de ella, pero Brutilda lo tomó por la nuca y lo obligó a acercarse, obviamente; estaba borracha.
« ¡OYE TÚ!» le había gritado Patán luego de lanzarle una lata vacía a la cabeza, Eret se frotó el lugar donde le habían golpeado agradeciendo a los dioses por eso, Brutilda se retiró indignada con la cara sonrojada y el aliento comenzando a apestarle a ron, acercándose a Patán para gritarle pero él la apartó con una mano « ¿Quién te crees para intentar besar a mi novia?» le había gritado, Eret respondió con una "E" arrastrada hasta que Patán lo empujo llevándose a Brutilda con él.
— ¡Cuidado!— le gritó Eret después de tirarlo al suelo para que una flecha no lo matara
Patán se levantó molesto, se limpió los restos de tierra que se habían quedado en su chaleco y miró a Eret enfadado
— ¡No necesitaba tu ayuda!— le renegó— Diente-Púa me hubiera protegido—Se dio la vuelta para ver como su dragón se iba volando de allí, Patán bufó y luego dijo intentando apaciguar el ridículo que había hecho hace unos instantes, agregó— Seguramente fue a traerme un arma ¡Diente-Púa! ¡Tráeme un hacha!
Su dragón se dio la vuelta, Patán estaba con los brazos cruzados. Derribó a un jinete enemigo y le quitó el hacha que llevaba, se acercó a Patán y la dejo caer a su lado. El vikingo tomó el mango del arma y comenzó a caminar y calló al no poder desenterrarla, aunque jaló fuertemente de ella, el hacha se había enterrado profundamente en el suelo y se reusaba a salir. Eret solo se alejó de allí con su dragón para ayudar a los demás.
…
— ¡Allí estas!— exclamó Astrid luego de derrotar a un tipo que venía en un rompe cráneos— ¿¡Dónde demonios andabas!?
— Perdón Astrid— le dijo con una sonrisa nerviosa— El viento se vino contra mi
— Deja tus estúpidas escusas y acaba con esto de una vez— le ordenó, Hipo tuvo miedo de su vida, y le hizo una seña a chimuelo para que prosiguiera
El dragón rugió, los dragones derrotados huyeron reduciendo a la mitad a los enemigos. Se escuchó un silbido bastante agudo, los dragones enemigos, que no habían sido derrotados, se pararon, aunque algunos estaban en una pelea, y se fueron hacia los barcos. Los vikingos comenzaron a dar gritos de gloria diciendo que ellos fueron los vencedores. Hipo y Astrid tampoco se mantenían tranquilo, aún más, estaban nerviosos, el viento alrededor de la joven vikinga comenzó a acelerarse. A lo lejos se escuchó dos ruidos secos. Un barco de inmenso tamaño apareció destruyendo a las naves enemigas, en la popa un hombre que no pretendía más de 20 años, según su cuerpo, con un bastón y una capa de escamas de dragón.
— ¡N-no puede ser!— exclamó Eret con una espantosa cara de terror
— ¿Qué sucede Eret?— le preguntó Astrid al ver esa espantosa expresión que se apoderaba de todo el cuerpo de su amigo
— Él es…— susurró después de haberse dejado caer de rodillas mientras unas lágrimas amargas de recuerdos del pasado recorrían sus mejillas— Él es la misma imagen del demonio, él es… El hijo de Drago Manodura, mil veces más terrible
