Capítulo II


Neville movió su cuello de tal forma que lo hizo crujir liberando algo de la tensión acumulada por las horas manteniendo la misma posición. Apoyó completamente el cuerpo en los barrotes de su celda y cerró los ojos pensando sin pensar. Había trazado dos líneas, una por cada día que había estado como invitado en las mazmorras de la mansión Malfoy. Cuarenta y ocho horas en total. Estaba seguro que en la Zona empezarían a preocuparse si no se comunicaba pronto, sobre todo Ginny que era su gran compañera de pillerías. Si Neville no hubiese sido un maricón sin remedio seguro se hubiese enamorado de Ginny Weasley. Con ese cabello como fuego y sus pantalones bien puestos en cada misión suicida a la que se embarcaban, Ginny era la mujer perfecta. Junto a ella había caminado por el mundo muggle. Se habían maravillado con sus invenciones, con su talento, con su cine, con su música, con su literatura y también se habían horrorizado con su cruel final. Todos los magos en la Zona se sentían mal por los muggles pero muy pocos habían experimentado con carne propia lo que había sido aquello.

Neville suspiró evitando con suerte ciertas imágenes que amenazaban en formularse en su mente. Odiaba pensar en aquello. Odiaba el tiempo muerto porque con él venían las pesadillas de un pasado que quería olvidar.

Aún con los ojos cerrados, sonrió recordando lo primero que le había enamorado del mundo muggle. Era un viejo libro que había robado junto con otros clásicos de la literatura después de irrumpir en una biblioteca mientras se escondía de unos carroñeros que le habían seguido. Cuando el intento por acabar con Tom término mal, los magos renegados que fueron lo suficientemente astutos, afortunados, y tuvieron a bien refugiarse en el mundo muggle. Poco a poco fueron adaptándose a ellos. Claro, eso fue antes de que todo terminara por irse a la mierda para siempre.

Neville abrió los ojos de golpe. Se negaba a pensar. Bajó el rostro y se miró las manos sólo para concentrarse en algo. Tal vez no era la intención de Draco pero ese encierro junto con su silencio le estaban empezando por aturdir sus sentidos y todas las barreras que había construido para no pensar.

─Amo ─Neville se giró para observar a la criatura que le llamaba. Fanny le tendía la bandeja del desayuno y lo miraba con sus inmensos ojos amarillos. Tal vez se estaba preguntando si Neville no estaba completamente loco─, tiene que comer algo. El amo Draco me dijo que no me marchase hasta que se terminara el desayuno. Le he dicho que usted sólo contempla esos dibujos en la pared.

Neville asintió pero no se movió ni un poco. En su cabeza cruzaron ciertas frases de un libro que no podía recordar pero hablaba del tiempo. Neville empezó a formar las oraciones en su cabeza con la esperanza de que alguna le diera el título del libro: existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo. Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todos sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante.*

Un instante en el tiempo… algo que termina siendo una brisa en el mar turbulento que forman el pasado, el presente y el futuro.

¿Qué somos nosotros frente a esta historia? Neville tragó duro al recordar la voz que una vez le había dicho esa frase.

Los enormes ojos amarillos de la criatura lo veían fijamente como si estuviera cuestionando su cordura de nuevo. Neville por fin reaccionó y le sonrió, cogió el tazón de avena y empezó a comer como si de verdad estuviese apetente. Necesitaba salir de ahí o terminaría por volverse loco. Si tan sólo fuera un mago poderoso podría hacer magia sin varita o tal vez si fuese un mago virtuoso como Hermione podría encontrar polvo de duende para abrir la puerta. Pero en vez de eso era un Neville Longbottom cualquiera y dependía de recuperar su varita o sucumbir ante la tortura que Draco le estaba imponiendo.

─Quiero hablar con Draco o con la señora Malfoy ─dijo. No quería tratar esos temas con Lucius, algo le decía que terminaría recibiendo una imperdonable. Hubo un silencio incómodo y luego vio las puntiagudas orejas de la elfina bajar lentamente─. ¿Pasa algo, Fanny?

─El amo Draco llegará tarde ─respondió a la vez que removía las manos nerviosamente. Luego desapareció.

Neville dejó el tazón vacío encima de la bandeja. Estaba empezando a preguntarse si saldría vivo de esa pequeña intromisión forzada a la Mansión Malfoy.


Draco miró la torre de documentos que le quedaban por revisar y gruñó; esa noche no llegaría a casa temprano y eso estaba empezando a mosquearle. Las mazmorras eran por mucho el lugar más seguro de la mansión y estaba seguro que Longbottom no podría liberarse, sin embargo, no dejaba de tener esa sensación fría en su nuca. La última vez que se había sentido así había sido cuando los mortífagos habían ocupado la mansión. Después de que Voldemort hubo abandonado la casa, Draco había modificado todas las defensas de la mansión, había conjurado hechizos complicados en sus protecciones. Después de la mansión de Voldemort, la mansión Malfoy era el lugar más seguro del mundo mágico. Claro que las defensas no se activaban en contra de los miembros de la familia. Lo que se traducía a que un muy borracho Lucius Malfoy estaba deambulando por la mansión y en cualquier momento podría terminar en las mazmorras y encontrarse con cierto personaje que seguro removería recuerdos nada agradables del pasado. No tenía ni idea de cómo podría reaccionar su viejo pero algo le decía que no iba a ser una demasiado buena. Lucius no estaba muy apegado a la realidad; para él la guerra contra Potter aún estaba en su apogeo. Draco evitó el estremecimiento al imaginarse el cuerpo inerte de Neville en medio de aquella fría celda.

─Basta. Tengo demasiado que hacer como para pensar en eso. No hay que ser fatalistas, ¿cierto? ─se dijo mientras observaba el retrato de su madre. Narcissa le regaló una sonrisa confiada y Draco se la devolvió. Le estaba haciendo mucha falta.

Draco se dedicó a trabajar sin descanso hasta que su mente fatigada fue hacia los recuerdos de las dos últimas noches. Él haciendo preguntas y Neville Longbottom haciéndose el sordo mientras veía a la pared más horrorosa de la celda en la que se encontraba. ¿Era tan difícil responder? Draco sabía que sí. Neville no confiaba en él, era lógico, vamos, ni Draco confiaba en el mismo para esos momentos. ¿Qué pretendía Draco con esas preguntas? Vamos, ¿qué demonios pretendía con tener a Neville Longbottom de huésped en su mazmorra? Estaba arriesgando el pellejo por… por… ¿por qué? Sus pensamientos fueron interrumpidos por un fuerte golpe en la puerta. Sin levantarse, la abrió.

─Diga…

─El señor Nott quiere verte.

Draco detuvo su labor de inmediato. Antes de mirar hacia la puerta miró el reloj en la pared. Esa pequeña visita al museo del horror Nott lo retrasaría una hora más. Luego giró su rostro para ver a Albert Runcorn. Empezaba a sentirse cansado, la muñeca le dolía y el oído empezó a punzarle. Runcorn era uno de esos matones que aún quedaban en el ministerio, uno de esos hombres que en la guerra no les importó hacer desaparecer a gente. Draco se sintió descubierto y con ganas de huir pero en vez de eso se puso de pie y guardó sus pergaminos. Albert Runcorn lo miraba fijamente. Draco deseó poder lanzarle una maldición y darle un escarmiento.

─¿Vas a escoltarme?

Lo vio con ese desplante de antaño, con esa repulsión en los ojos que había sido el sello de los Malfoy. Runcorn elevó la ceja izquierda pero no se movió ni un poco y eso extrañamente hizo que Draco se sintiera más tranquilo. Creía que había un mensaje oculto en mandar a alguien como Runcorn a buscarle pero algo le decía que el mensaje no era precisamente para él. No sabían nada, sólo habían mandado a Runcorn para tirarle un buscapiés. Esa fortaleza lo acompañó hasta el elevador pero a medida que se acercaba a la oficina de Nott fue disipándose ese impulso hasta casi desaparecer.

Golpeó la puerta y abrió. Nott estaba sentado en su enorme sillón verde y en cuanto lo vio entrar centró la mirada en él.

─En la misión sucedió algo extraño.

Ése era Nott. Directo, duro y ágil mentalmente. No se andaba por las ramas, no era sutil pero eso no quitaba para nada la agudeza Slytherin de la que era poseedor.

─¿Por qué desapareciste del campo de batalla Draco?

─Verás… ─empezó a responder. Maldito Nott y su forma de tomar descolocada a la gente.

─Sé que no eres ningún cobarde, Draco. Te he visto en el campo de batalla y puede que no lastimes a nadie pero nunca dejas a tus compañeros atrás. Creo que aprendiste tu lección después de lo que le sucedió a Crabbe.

Y sabía jugar sucio.

─Vi a alguien ─Continuó Draco. Las mejores mentiras eran aquellas que llevaban un poco de verdad, ¿no?─. Pensé que era Longbottom y quise ir por él. Pensé que eso me ayudaría, tú sabes…

Nott lo observaba y lo estudiaba. Estaba analizándole y Draco esperaba parecer lo más normal posible.

─Estás sangrando ─le indicó. Instintivamente Draco se llevó los dedos al oído derecho. Efectivamente, estaba sangrando─. Creo que deberías tomarte un día de descanso ─le recomendó Nott. Draco negó─. No te preocupes. Lo necesitas.

Nott se puso de pie y Draco pudo notar lo menudo que se veía. Si no hubiese sido la mano derecha de Voldemort hasta hubiese pasado por un buen tipo.

─Lamento haber arruinado la misión ─dijo Draco sabiendo de antemano que la misión había fracasado mucho antes de haber visto a Longbottom.

─No estudiamos bien el terreno. Cuando te vi desaparecer te seguí al edificio y sentí una desapareció justo después de entrar. Longbottom iba un paso adelante y por eso salió ileso ─le explicó con una sonrisa casi afable. Eso estremeció a Draco aunque no lo demostró. Nunca había visto a Nott sonriendo y la mueca, lejos de parecer desagradable, era lo más parecido a la sonrisa de un buen hombre. Ese sólo pensamiento hizo que Draco se sintiera derrumbar pues Theodor Nott era todo menos un buen hombre ─. Habrá otras oportunidades ─siguió Nott. Draco asintió─. Ahora vete a casa.

Draco caminó hacia la puerta. Estaba tomando el pomo cuando Nott se aclaró la garganta y Draco se detuvo.

─Espero verte la próxima semana en casa de Yaxley. Astoria no deja de preguntar por ti.

─No te preocupes. Asistiré a la reunión ─contestó Draco manteniendo a raya toda su incertidumbre. De hecho, por fuera parecía completamente normal.

─Nos vemos el lunes ─se despidió Nott, a quien pareció divertirle la cara de extrañeza que había puesto Draco─. Hoy es jueves, te tomarás el viernes y los fines de semana el ministerio permanece cerrado. Así que podrás descansar.

─Gracias, señor.

Había pasado el examen. Hasta cierto punto su pusilánime vida le había salvado. Nott se había tragado el cuento porque creía que Draco quería desesperadamente escalar entre los mortífagos. Sin embargo, estaba claro que el juego continuaba.

La invitación a casa de Yaxley era un mero formalismo que amenazaba con descubrir el secreto mejor guardado de Draco. Tal vez eso que escondía era la razón principal por querer que Potter estuviese vivo. Y es que cuando era crío nadie se había tomado el tiempo de informarle que ocultarse era una tarea abominable. Draco Malfoy escondía su homosexualidad como quien esconde un cadáver en el sótano. Pero estaba claro que se empezaba a rumorear sobre él y su falta de pequeños hijos rubios y una hermosa mujer.

Claro que siempre podía casarse sin amor, sin pasión y sólo para que nadie pudiese señalarlo. Sin embargo estaba el pequeño gran problema de que no confiaba en absolutamente nadie para llevar acabo ese plan. Justamente en eso radicaba el sentirse solo y con una pesada loza en sus hombros. Quería salir de esa coladera, quería ver a Potter emerger de algún lado y acabar con lo que empezó diez años atrás.


Draco llegó a casa con una dual sensación de cansancio y exaltación. Su primer impulso fue bajar a las mazmorras y empezar con su rutina de preguntas sin respuestas. Sin embargo decidió que lo mejor para él y para su úlcera era descasar un poco y replantearse la estrategia con Neville Longbottom. En cuanto pisó su habitación Fanny se apareció ofreciéndole un sinfín de manjares a los que se negó y luego Fanny tuvo a bien informarle que el amo Lucius había estado todo el día en un pequeño saloncito bebiendo whisky hasta quedarse profundamente dormido. Si era honesto, esa información había sido un bálsamo para sus coronarias.

Se deshizo de su abrigo y se despatarro sobre la cama sin ninguna etiqueta. Francamente estaba harto de seguir todos los protocolos pues empezaba a preguntarse con mucha insistencia el motivo de continuar con ello. Estaba más solo que los pavos reales albinos de su madre. La mansión era ridículamente enorme y siniestra. Cada pasillo, cada habitación, el comedor y casi cada rincón estaban cubiertos de terribles momentos. Pero el peor de ellos era la soledad. Era como una cruel broma del destino pues cuando era adolescente se había arriesgado por su familia, por su nombre, por su rancia nobleza de sangre pura. Y después de tanto, ¿qué era lo que quedaba?

Su madre había muerto, su padre estaba muerto en vida, su nombre no era más que un chiste para él y para cada mago que tuviera una posición en el imperio de Lord Voldemort. ¿Y qué había de su rancia nobleza? Esa le empezaba a dar arcadas. Para mantener su nobleza tenía que buscarse una mujer y tener hijos. El problema con eso radicaba en que Draco era completa y absolutamente homosexual, y a menos que Blaise tuviera un par de órganos femeninos, no veía la manera de tener hijos nunca. Evidentemente su homosexualidad no iba a poner contento a nadie en el Imperio pues estaban buscando que todos los magos sangre puras poblaran el mundo mágico con hijos perfectos. Si alguien descubriese su secreto estaba seguro que su vida valdría menos que la de un elfo doméstico.

¿Qué hacer entonces? Pues arriesgarse el triple escondiendo al rebelde número uno. Claro, si hurgaba un poco, se leía entrelíneas que Draco ya no tenía mucho que perder. Nunca había sido muy valiente, y muy pocas veces había pensado por él mismo, pero estaba empezando a preguntarse si valía la pena seguir una vida tan hueca. Draco quería ser alguien, Draco quería vivir, quería ser él y no se tenía que ser un genio para darse cuenta que su primer acto de independencia estaba en ese momento encerrado en su mazmorra.

—¿Vale la pena jugarse el pellejo por una ilusión? —Preguntó al aire con la esperanza de que su solitaria mansión le respondiera.


Neville observó dubitativo el tazón con pudin de melocotón que Fanny le había traído para la cena. No se consideraba una persona remilgada para los artes de la comida pero su estómago ya estaba empezando a tolerar menos el nada variado menú de la mansión Malfoy.

—¿Amo? —Neville le sonrió a la dulce criatura y se llevó a la boca una enorme cucharada de infame pudin.

—Gracias Fanny. Creo que estoy satisfecho con eso —dijo después de dos cucharadas más. La criatura dibujo una espeluznante sonrisa y desapareció. Neville suspiró cansado, aún no se le ocurría nada para recuperar su varita y eso estaba poniéndole de malas.

Poco a poco la tensión del día fue haciéndole conciliar el sueño. Estaba en medio de un particular mal sueño cuando la luz le empezó a caer sobre sus ojos aún cerrados. Entreabrió los ojos y vio una figura observándole, por un segundo creyó que era Draco ya que no había hecho su acostumbrada visita esa noche. Pero al enfocar su mirada se dio cuenta que ese hombre en el umbral no era Draco. La luz se hizo más resplandeciente, casi lo cegó. Cerró los ojos y luego los volvió a abrir para encontrarse con una figura digna de M.R. James. Vagamente recordó aquel infame prólogo que había escuchado por ahí, no recordaba exactamente en dónde: ¿Qué es un fantasma? Un evento terrible condenado a repetirse una y otra vez, un instante de dolor, quizá algo muerto que parece por momentos vivo aún…

Y aquella figura parecía viva sin embargo tenía un hedor a muerte que hacía temblar a Neville

─Tú… ─la figura hablo antes de salir de esa cegadora luz. Fue entonces cuando Neville pudo identificar a Lucius Malfoy o lo que quedaba de él─. Prisioneros… no recuerdo… ─los ojos grises, carentes de toda chispa de vida y calidez, se fijaron en él como dos balas que quería penetrarle ─. Te conozco ─Neville tragó saliva. No tenía varita, no tenía armas, no había un lugar donde refugiarse─. Si, te conozco. Pero… ¿de dónde? —El hombre bajó el rostro como si pensara en algo —. La Orden… claro. Tú eres Frank Longbottom.

─Señor…

─¡Calla maldito! —El hombre se tambaleaba de borracho pero aún y con eso era peligroso con una varita en la mano. Instintivamente, Neville dio un paso hacia atrás —Yo te enseñaré lo que las ratas como tú deben saber… —Lucius levantó la varita y Neville tenso su cuerpo adelantándose a lo que vendría.

Todo lo que siguió pasó demasiado rápido para gusto de Neville. Escuchó unos fuertes pasos, luego vio a Draco desarmar a Lucius. El hombre termino en el otro extremo de la mazmorra. Neville boqueó y observó fijamente a Draco que tenía el pelo desaliñado y respiraba trabajosamente.

—Fanny —llamó Draco y la criatura apareció —. Llévate al amo Lucius a sus habitaciones —Draco dio instrucciones sin mirar a Neville. La elfina cumplió las órdenes de su amo sin chistar.

—Draco… —Neville le llamó y el rubio levantó el rostro para encararlo pero no dijo nada. Sólo se quedó inmóvil y observando intensamente a Neville —. ¿Qué… —Draco se dio media vuelta sin decir nada y Neville se tragó su inútil pregunta.

Neville no pudo conciliar el sueño en lo que restó de la noche. Temía que en cualquier momento Lucius apareciera para terminar con lo había empezado. Y claro, también estaba su curiosidad, después de todo era un gato. ¿Qué había pasado con los Malfoy en esos años como para que el orgulloso Lucius terminara así? Neville quería una respuesta y sabía que podía obtener la de Fanny. Así que muy temprano, cuando la elfina entró para traerle el desayuno, Neville se portó todo lo amable y cortes que podía para luego soltar la pregunta.

—Fanny —la criatura se detuvo mirándole —. ¿Cómo está el amo Lucius? —Vio las puntiagudas orejas bajar y algo así como preocupación surcando el rostro de la elfina.

—Está dormido, señor —Neville asintió.

—¿Es normal que él este… —Neville hizo un poco a mímica de tambalearse y la elfina desvió la mirada.

—No sé si deba hablar con usted de eso. El amo Draco se enfadara… —la criatura dudo —. Claro que él me dijo que lo tratara como un huésped pero ¿qué clase de huésped está en las mazmorras? El amo Draco siempre está tan solo… tan solo…

—Fanny, te prometo que tu secreto estará a salvo conmigo, sólo quiero saber que ocurre con el amo Lucius y tal vez pueda ayudar al amo Draco —la criatura movió sus manos nerviosamente y luego lo miró evaluadoramente.

—El amo Lucius ha estado así desde que mi ama murió. Fue tan triste. Él la amaba tanto. Sí, señor, la amaba. Y mi ama Narcissa estuvo tanto tiempo enferma. Cada día iba apagándose su vida… fue tan horrible para el amo Lucius y el amo Draco. Él la cuidaba mucho, cada día después de su trabajo —la criatura negó —. Ese horrible trabajo en el ministerio. El amo Draco es humillado ahí. Nadie lo trata con el respeto que se merece —la elfina se acercó más a Neville para hablarle al oído —. Ese trabajo también está matando a mi amo Draco. Él tiene esa mira… la misma de mi señora Narcissa.

—Gracias, Fanny —le sonrió a la elfina y la criatura se marchó.

Neville comió sin sentirle sabor a su desayuno. Esperó ver a Draco por la tarde pero eso no ocurrió; el rubio se apreció en su celda por la noche. Vestía de riguroso negro como siempre. Sin embargo Neville pudo darse cuenta que eso era lo único que parecía seguir como antes. Todo lo podía recordar que se vinculaba con el recuerdo de Draco Malfoy había desaparecido; la mueca de desprecio, la mirada de superioridad, el cabello impecable, esa sensación de poder que siempre había destilado, nada de eso existía ya.

Por primera vez en esos tres días Neville lo veía a los ojos y podía notar la desesperación que Draco quería ocultar.

─Libérame, por favor —pidió con voz serena. Draco no dijo nada —. Sin varita no soy un peligro para ti —Draco elevó su ceja derecha —. Llevó casi tres días sin ducharme y te juro que necesito urgentemente cocinarme algo más sustancioso que un estofado de res.

─Te visto. Eres hábil en el combate cuerpo a cuerpo. Puedes romperme el cuello, no hay que ser un genio para verlo —Neville negó.

─Tú tienes una varita y yo no. En cualquier momento puedes sujetarme o cruciarme. Yo sigo siendo Neville Longbottom, no puedo hacer magia sin varita. Sabes que soy un mago mediocre.

—Perdóname si no me conmueven tus palabras pero te he visto romperle el cuello a magos con varita en mano.

—Ellos eran una amenaza para mí. Sé que tú no eres una amenaza. Si hubieses querido entregarme lo hubieses hecho al instante que me encontraste. Me tienes aquí porque quieres respuestas pero no te las puedo dar porque no confió en ti.

—¿Y entonces yo debo confiar en ti? —Neville se encogió en hombros.

—Sería un inicio —Draco negó.

—Estoy desesperado pero no tanto como para jugarme mi pellejo.

—Te he escuchado preguntarme mil veces por Harry. Sé que estás listo para jugarte el pellejo por algo de esperanza.

Draco lo dudo, movió su varita indeciso, Neville se relamió los labios esperando lo que podría ser un avada o la liberación. Neville escuchó el clic de la enorme puerta de hierro. Draco lo miró, había miedo en sus ojos pero Neville era un hombre de palabra, además algo le decía que las intenciones de Draco eran honestas.

—¿Podemos subir? —Le preguntó a Draco y empezó a caminar adelante del rubio —. Si ves que hago algo indebido siéntete libre de maldecirme. Vaya que se siente bien poder ver la luz. ¿Me puedo dar el baño?

—Fanny —la criatura apareció. En cuanto vio a Neville pareció extrañarse —, lleva al señor a una de las habitaciones —la elfina asintió para después escotar a Neville por un largo pasillo.

Draco fue directamente por un whisky, ¿Se estaba volviendo loco? Estaba dejando a Neville Longbottom libre por su casa. Ese hombre era un peligro. Lo había visto acabar con tres hombres corpulentos a la vez. Sin embargo… allí estaba, siendo un imbécil iluso capaz de arriesgarlo todo. Draco negó. Lo mejor sería dejar libre a Longbottom, tenerlo en su casa era un constante peligro.

Draco observó uno de los sillones frente a él y sintió un enorme nudo en la garganta. Casi podía ver a su madre sentada leyendo un pesado libro. Sin ella lo había perdido todo… sin ella estaba perdido… sin ella sólo quedaba la ilusión de poder ser él en mundo libre.

─Estoy realmente jodido ─dijo al aire pues esa ilusión venía de las manos de un hombre como Neville Longbottom y sus secuaces.

—¿Draco? —el rubio casi soltó de su asiento cuando sintió una de las manos de Neville en su hombro —. Disculpa, estaba llamándote y parecías en otro mundo —Draco boqueó —. Gracias por la ropa —Malfoy asintió distraídamente —¿Crees que pueda prepararme algo de comer?

—Siempre y que tus manos no sean las del revientacalderos de antes, puedes hacer lo que quieras. Claro, si esperas que yo te diga dónde están las cosas y como llegar a la cocina estas más loco de lo que pensé. Fanny te dirá dónde está todo —Neville asintió.

Draco observó a Neville yendo con rumbo a los dominios de Fanny, vagamente se preguntó ¿quién era Neville Longbottom? Luego se preguntó con severidad: ¿Quién era Draco Malfoy? ¿A dónde había ido? ¿Qué quedaba de él?

Draco…

Recordó esa voz que le había hecho feliz y le había contado historias maravillosas…

Draco…

A lo lejos, muy lejos de ese tiempo. En otro tiempo cuando él era feliz, cuando su madre aún vivía…

Los dragones de la suerte, como ya se he dicho, son criaturas de aire y de fuego. El elemento líquido no sólo les resulta extraño, sigo también sumamente peligroso. Pueden apagarse realmente en el agua como una llama...Si es que antes no se ahogan, porque respiran aire ininterrumpidamente por todo el cuerpo, a través de sus cien mil escamas de color madreperla. Se alimentan por igual de aire y de calor y no precisan otro alimento, pero sin luz y calor sólo pueden vivir poco tiempo.**

Draco intentó ignorar el nudo en su garganta al recordar aquel cuento que su madre le decía todas las noches.

─Draco… ─Draco parpadeó. El recuerdo de su madre se diluyó en la sombra del pasado y de aquel tiempo que ya había perdido ─. Estas bastante distraído. Me parece que pensabas en algo bastante profundo ¿cierto? ─Draco parpadeó sin decir nada —. Fanny me pidió que viniera por ti. La mesa esta puesta —Draco se levantó y camino hacia el enorme comedor que por primera vez en mucho tiempo se encontraba iluminado y con dos platos puestos ─. El menú de hoy es salmón con cebolla, calabacín, champiñones y espárragos a la parrilla. El secreto es no joder los vegetales al quemarlos y cocerlos demasiado. El gordo que hay en mí siempre disfruta mucho cocinar así que te aseguro una buena comida.

Comieron en silencio. Draco con más mesura que Neville, como era natural. Para sorpresa de Draco, estaba disfrutando ese silencio que no era incómodo, ni lo hacía sentir solo. Era patético, la sola presencia de Neville le estaba causando un efecto positivo, ¿tan solo se sentía? Con gran pesar sabía que la respuesta era positiva. Cuando la cena termino, Draco ofreció una taza de café para aligerar los temas que seguían. Caminaron en silencio hacia un pequeño salón donde Fanny había encendido chimenea dejando todo acogedor. Era una verdadera lástima que los temas a tratar nada tuviera que ver con el cuadro que Fanny les estaba regalando.

—Mi madre murió… ella murió hace cinco años─ Longbottom parpadeó y no dijo nada. ─Mi padre también murió ─ dijo Draco viendo hacia las llamas —. Creo que lo pudiste notar. Tiene una gran amistad con la bebida. Es su forma de evadir la muerte de mi madre —Draco no había hablado con nadie de eso así que se sorprendió cuando sus ojos se humedecieron y su voz se quebró.

─Lo lamento, Draco —Neville lo decía de corazón.

─Durante su enfermedad ella empezó a alucinar. A veces me veía a mí como un niño, otras veces pensaba que yo era su padre, lo peor era cuando no reconocía a nadie —Draco guardó silencio mientras intentaba disipar el nudo en su garganta —. Fue cuando habló por primera vez de Potter. Ella me dijo que lo había visto regresar de la muerte después de Avada. Ella me dijo que Severus era un espía, que él salvó a Potter. Nunca le creí… hasta que te encontré. Vi como desaparecía Ginny Weasley, el Ministerio la había dado por muerta, hubo una fiesta en honor de su muerte. Entonces pensé que si habían mentido en eso también pudieron mentir en la muerte de Potter —Neville contrajo su rostro.

─¿Importa? Las personas mueren a diario. Amigos… familiares. Harry representa una idea, una lucha. Lo que Tom ha querido matar todo este tiempo es la esperanza. Gente como Fred, Remus, Tonks, todos ellos tenían esperanza. Su muerte no fue en vano. La de Tom sí lo será, porque está equivocado. Porque nadie puede detener la esperanza. Esa vive en cada uno de nosotros. Mientras haya una sola persona que mantenga esa llama encendida, él nunca podrá terminar con esto.

—Es hermoso escuchar hablar a los revolucionarios ¿ganas muchos simpatizantes con ese discurso? —Draco ironizó —. Tal vez de dónde vienes eso ayude pero aquí no se puede vivir, aquí es mejor no brillar ni levantar sospechas, aquí no hay esperanza cuando lo que quieres es conservar la vida. Te puedo decir que en el pasado estuve convencido de querer algo y, de pronto, cuando se convirtió en realidad, me di cuenta que realmente hubiese querido no haberlo deseado.

Porque ya no importaba ser ya el más grande, el más fuerte o el más inteligente. Todo eso lo había superado. Deseaba ser querido como era, bueno o malo, hermoso o feo, listo o tonto, con todos sus defectos...O precisamente por ellos.

Neville observó a Draco quien tenía su mirada puesta en el fuego que crepitaba frente a ellos. Ciertamente ya no eran unos niños, poco quedaba de aquello, Draco estaba devastado y Neville conocía ese sentimiento de soledad. Casi sin quererlo se identificó con él. Aún a pesar de él mismo el recuerdo de una voz profunda y afable llegó a su mente. Era una frase de la Historia sin Fin: A veces lo que el hombre necesita es un poco de esperanza porque en ella se encuentra la luz de la promesa de un futuro mejor.

—¿Cambiaría algo si te dijera que tu madre no mintió? —Draco lo observó con una intensidad que hizo estremecer a Neville. Parecía que sus palabras habían cruzado como un rayo en medio de la oscuridad.