DISCLAIMER: Hellsing no me pertenece (por desgracia ¬¬), es propiedad de Kouta Hirano – sensei (que envidia ¬¬) simplemente soy una fan más perdida en el infinito (pero muy feliz de serlo n.n) pero eso no me quita la oportunidad de jugar un poco con mis personajes favoritos (y ponerlos en las situaciones más extrañas que puedan imaginar X3). Para aumentar mi desgracia tampoco poseo los derechos de las canciones que uso en mis fics (pero me gustaría T.T), le pertenecen a los cantantes.
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A la siguiente noche Seras se despertó sin saber donde estaba, pero luego recordó la noche anterior.
Se levantó, se vistió y terminó de acomodar algunas de sus cosas. Estaba cepillándose el cabello cuando Claudia entró y se sentó junto a ella en el banquillo del tocador.
–Eres una linda chica, pero casi una niña… él siempre tuvo ese complejo de padre para escoger a sus mujeres –comentó Claudia examinando a Seras fijamente
–Y aún así siempre se guiaba por la lujuria, pero es un hombre como pocos, tienes suerte niña –continuó Claudia
– ¿hablas de mi Amo? –preungtó Seras, Claudia asintió
–Tú podrías ser muy hermosa –le dijo quitándole el cepillo suavemente
–Pero para eso es necesario que te quites el complejo de bebé –continuó Claudia cepillando el cabello de Seras. Misteriosamente el cabello de Seras crecía cada vez que Claudia le pasaba el cepillo
–Tú podrías tenerlo a tus pies si eso quisieras… y no estuvieras esperando que él sea tu caballero de brillante armadura, por que si eso esperas, querida, déjame aconsejarte que esperes sentada por que pierdes tu tiempo –Claudia puso su cara junto a la de Seras y se miraron
–De verdad eres tonta si esperas ser su princesa encantada desde el primer momento, ese puesto te lo tienes que ganar con sangre, sudor y lágrimas –le dijo la castaña con una mirada un poco ausente, perdida en el pasado. Seras la miró fijamente, le incomodaban la presencia y las palabras de Claudia.
– ¿Qué pasa con estos espejos? ¿Por qué nos reflejamos en ellos? –le preguntó Seras intentando cambiar el tema
–clases básicas de vampirismo ¿cuál es el metal sagrado por excelencia? –le preguntó Claudia
–La plata –contestó Seras instintivamente
–Exacto, los vampiros no nos reflejamos en los espejos de cristal… pero sí en los espejos de plata pulida –explicó la vampiresa
–y te sirven para arreglarte para ese amorcito tuyo –continuó
–No sé de quien habla, yo no tengo el más mínimo interés en nadie –le dijo Seras a la defensiva
–claro que sí… ese amo tuyo fue mi hombre alguna vez… tu ya lo viste anoche… pero tú no tienes las agallas para ofrecerte, dejarte poseer y dejarlo con ganas de más –le dijo Claudia altivamente
–Yo no soy así –le dijo Seras sonrojándose apenada
–pues tendrás que serlo… o pronto será de alguien más… ¿no se te ocurre alguien que pueda robártelo, o sí? –le preguntó Claudia, Seras de inmediato pensó en Sir Integra pero luego pensó que eso era absurdo
–No… para ella es su sirviente –murmuró Seras
–Eso ves tú… pero en cualquier momento ella podría sentir una ligera comezón… aquí –le dijo Claudia a Seras poniéndole la mano entre las piernas.
Seras brincó hacia atrás asustada y miró a Claudia sorprendida. La castaña se rió mirando a Seras y le hizo una seña de que se acercara
–Definitivamente eres virgen… y me atrevería a decir que incluso eres genofóbica –le dijo Claudia burlonamente
–vamos, no te espantes con eso… yo alguna vez fui tan puritana como tú, y eso me llevó a la ruina –le dijo Claudia, se levantó y regresó a Seras frente al espejo
–mírate querida… tu hermoso cuerpo, apetitoso a las miradas de los hombres, si lo aprovecharas podría llevarte lejos, provocando su lujuria y manejándolos a tu antojo –le dijo Claudia pasando una mano por en medio de su pecho hasta su ombligo
Seras la miró asustada y Claudia sonrió perversamente, como tantas veces lo había visto en Alucard. La rubia retrocedió un poco, acababa de llegar, y aun así no se sentía cómoda en ese lugar. Quería volver a su casa
–ya le dije que yo no soy así, si me van a querer quiero que sea por mí, no por alguna artimaña –replicó Seras con la mirada baja
–no digo que te vuelvas una cortesana o cualquier otra cosa que te quieras imaginar… sólo piensa en tu cuerpo como en el trofeo que todos quien ganar, un escaparate donde muestras lo que tienes, y que sólo lo darás cuando quieras, y sientas que te es conveniente, pero tu corazón… y esta es la primera lección que te voy a dar… debes guardarlo bajo llave y nunca entregarlo, a menos que quieras salir lastimada –continuó la vampiresa
–tranquila, yo no pienso hacerte nada… yo sé que va a ser difícil para ti adaptarte a este lugar, pero la no-vida no fue hecha para los débiles, así que tenemos que ir lo más rápido posible –le dijo Claudia levantándose y acercándose al ropero, lo abrió de golpe y revisó la ropa de Seras despectivamente
–lo primero que tenemos que hacer es cambiar estos harapos por la ropa de una verdadera princesa de la noche… la reina de los muertos no puede y no debe vestir como una simple humana –le dijo Claudia mirándola
– ¿Qué hay de malo con mi ropa? –preguntó Seras, Claudia la miró con compasión y suspiró
–Sólo termina de arreglarte y te llevaré al taller a encargarte algunas cosas, no quiero que continúes vistiéndote como una pordiosera –le dijo Claudia, Seras la examinó con la mirada,
Sus ojos verdes intensos que centelleaban de rojo sangre bajo la luz directa y que contenían un dejo de tristeza, su piel morena suave, su largo cabello castaño que caía elegante y sensualmente sobre sus pechos y espalda, unas manos finas, con dedos largos y uñas afiladas que podían cortar la piel al comando de su ama.
Claudia tenía un porte nobleza antiguo tan fuerte como el de Alucard, con un aire tan altivo y soberbio que Seras deseó por un segundo ser como ellos, la chica bajó la cabeza avergonzada con ese pensamiento
–podrías ser una de nosotros algún día, chérie… eso si tienes el valor e inteligencia para hacerlo –le dijo Claudia saliendo de la habitación con una sonrisa perversa
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– ¿Cómo que a dónde la trasladé? La agente Victoria debe de estar donde se le asignó, no ha habido ningún cambio –contestó Integra molesta mirando a Pip, que la miraba nervioso y a una distancia prudente entre la puerta y el escritorio
–pero… es que no está, nadie la ha visto desde hace dos noches –replicó el francés mirando a Integra fijamente
– ¿Cómo dices? Debería estar donde se le asignó –contestó Integra molesta
–Pero… es que… no está –volvió a replicar Pip
–Yo resuelvo esto, ahora vete –le dijo Integra, Pip salió de la oficina lo más rápido que pudo y regresó a su puesto
–Alucard –llamó Integra, el vampiro se materializó frente a ella casi al instante
–Alucard ¿Qué hiciste con la agente Victoria? –preguntó la rubia mirándolo fijamente
–nada, Amo, sólo la lleve a que le hicieran pequeño cambio, nada drástico, sólo que le quiten el complejo de párvula –contestó el vampiro burlonamente
–ah y ¿con permiso de quién? –preguntó Integra severamente
–Es mi aprendiza, estoy en mi entero derecho de hacer lo que me plazca con ella –replicó Alucard con una sonrisa perversa
–así como tú pedes hacer lo que quieras conmigo, soy tu marioneta… o tu juguete, si así lo prefieres –le dijo Alucard lanzándole una mirada lujuriosa por encima de los lentes, Integra lo miró un segundo y un ligero tinte rosa apareció en sus mejillas, pero desapareció casi al instante
–Ya quisieras –murmuró ella fríamente
–Vamos, Amo, ambos sabemos que soy más que un soldado para ti –le dijo Alucard hincándose junto a su silla
–sí, a veces eres un soldado, otras un dolor de cabeza y las más mínimas una compañía decente –contestó Integra, Alucard tomó su mano y la besó, Integra esbozó una ligera sonrisa
–eres un descarado ¿sabías? –le dijo ella poniéndose de frente a él y cruzando la pierna
–Ya me lo han dicho… pero creo que eso te gusta –le dijo Alucard poniendo una mano en su rodilla, se levantó un poco hasta que sus labios rozaron los de Integra, la rubia comenzó a besarlo apasionadamente, enredando sus dedos en el pelo negro del vampiro
–y podría ser tu amante tantas veces como quisieras –le dijo él rozando su mejilla con la suya, Integra se alejó suavemente
–no, eso lo dudo –le dijo ella y regresó a su trabajo. Él la miró un poco deprimido y se desvaneció entre las sombras
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Seras bajó con Claudia hasta el primer piso de la casa y entraron aun amplio salón varias mesas de costura, donde trabajaban algunas muchachas
–Chicas… tenemos una nueva compañera, esta pequeña es Seras Victoria –les dijo empujando a Seras hacia el frente, la chica las miró avergonzada y sus ojos se posaron en Lucy por un segundo y luego regresó su mirada al piso
–quiero que le hagan un traje de combate, diferente a su uniforme… ¿Cómo lo preferirías? –le preguntó a Seras
–yo, no lo sé, alguna vez fui policía, pero creo que eso tampoco serviría –dijo Seras sonriendo nerviosamente, Claudia la miró muy seria y la sonrisa de la rubia se borró al instante
–De gatita –ordenó Claudia, las demás asintieron y Claudia sacó a Seras de ahí
– ¿no te decían así en tu escuadrón? ¿Minina? –le preguntó la castaña
–Sí –contestó Seras tímidamente
–eso es otra cosa que tienes que aprender, a meterte en la mente de las personas sin que lo noten –le dijo Claudia y la llevó por varios pasillos hasta el sótano de la casa, que era una gran biblioteca, ahí también algunas vampiresas que las miraron fijamente
Claudia tomó un libro del estante y el estante se movió mostrando el largo pasillo de una cueva. La vampiresa empujó a Seras dentro y la siguió hasta una cueva bastante amplia, con el piso de mármol de varios colores que creaban varios círculos y líneas, en ganchos en el piso había amarradas cuerdas bastante tensas que venían del techo, a un lado había un laguillo del que brotaban vapores, a algunos metros un desnivel con varios estantes con látigos, navajas, espadas y otras armas, y al final había un establo dónde relinchaban algunos caballos. Todo estaba muy bien iluminado por antorchas
–este será el lugar donde entrenemos mientras estés aquí. Recuerda bien este cuarto, por que dentro de algunos meses se convertirá en tu mundo por bastante tiempo –le dijo Claudia y la regresó por la cueva
–pero antes de que puedas regresar ahí tiene que estar listo tu traje y eso va a tardar bastante. Además de que tienes que pasar una serie de pruebas, antes de ser una fiera, debes ser una dama –le dijo y regresó a la biblioteca.
Claudia la llevó por los pasillos de la casa hasta un cuarto muy lujoso, lleno de cortinas de seda, almohadones de terciopelo y velas aromáticas. Seras supuso que era la habitación de Claudia al ver un ataúd abierto con el forró de satín.
–Por acá –le dijo y la metió por otra puerta. Llegaron a un amplio salón donde había varios vestidos muy elegantes, bastante antiguos (como los de la película de "El Patriota")
–Escoge uno –le dijo Claudia y Seras dio un par de pasos nerviosos dentro del cuarto y miró los vestidos detenidamente. Se acercó a uno y tomó un fino vestido azul nomeolvides encorsetado que marcaba la cintura, el escote cuadrado y bajo hasta el pecho tenía un delicado encaje a lo largo y una seda blanca subía desde las esquinas del escote hasta el cuello, formando un triángulo que tenía una rosa en la punta.
La falda amplia, que corría hasta los tobillos, se abría debajo del cinto de tela en V, la tela azul se partía justo en la punta, adornada por una rosa, mostrando una tela más clara. Las mangas se ajustaban hasta el codo, donde brotaba un amplio cono de encaje. Los codos también llevaban una cinta con una rosa,
–Muy hermoso, excelente gusto, niña –le dijo Claudia tomando el vestido y tomándolo del gancho, llevó a Seras a otro cuarto y la chica se quedó atónita
Era un amplio cuarto blanco, con una enorme tina redonda y algunos divanes. Las paredes estaban decoradas con columnas y había varias mesillas de cristal con canastas llenas de perfumes, aceites y sales para baño. Del techo colgaba un enorme candelabro de cristal cortado y había un fresco con imágenes marinas. En una pared había un elegante tocador llenó de frascos con diferentes esencias, y cepillos
–ahora, pequeña, el primer paso para ser una dama es verte como una –le dijo Claudia, Seras la miró nerviosa
–Desnúdate –ordenó la morena y Seras la miró nerviosa, Claudia abrió una de las llaves de la tina
– ¡¿Qué esperas?! ¡Quítate la ropa! ¿O te vas a bañar vestida? –le preguntó Claudia impaciente, Seras negó con la cabeza y comenzó a desvestirse mientras Claudia vertía algunos aceites y sales en la tina, que comenzó a llenarse de espuma
Seras se sentó en uno de los divanes tapándose con sus brazos y miró a Claudia. La vampiresa comenzó a desvestirse sin la más mínima vergüenza y dejó su ropa a un lado, cerca de la de Seras. Ella la miró fijamente ir y venir en el baño sin taparse, contoneando sus perfectas curvas y un misterioso sentimiento comenzó a oprimir el pecho de Seras y sus piernas comenzaron a hormiguear
–soy de la opinión de que ya entres a la tina –le dijo Claudia cerrando la llave, Seras la miraba hipnotizada y se había olvidado de taparse
–Puedes tocar si quieres –le dijo Claudia acercándose a ella y poniendo la mano de Seras sobre uno se sus pechos. La vampiresa despertó de golpe y apartó su mano, sonrojándose.
Seras se levantó y se metió tímidamente a la tina, Claudia entró a la tina detrás de ella y se sentó junto a Seras
–Cualquiera que te vea diría que eres un jitomate –le dijo Claudia burlonamente
–Lo siento, no estoy acostumbrada a nada de esto –se disculpó Seras en voz baja
–Tranquila, ya te dije que yo no pienso hacerte nada más que entrenarte –le dijo Claudia tomando una esponja y comenzó a frotar la espalda de Seras lentamente
–tienes que tomar en cuenta muchas cosas cuando estés frente a las personas. Eres una vampiresa, por lo tanto eres superior a los humanos normales –le dijo y comenzó a tallar los brazos de Seras
–como vampiresa eres la reina de la noche y no ta inclinas ante nadie más que tu amo y las personas a las que él sirve –le dijo pasando a su pecho y abdomen
– ¿te estás fijando como lo hago? Aprende a hacerlo tu sola, no talles porque la piel se hace áspera, sólo frota en una dirección, por que si no sólo mueves el polvo de lugar y no te limpias –le dijo Claudia
–Sí, ya lo noté –contestó Seras mientras Claudia pasaba a sus muslos y luego a sus piernas y pies. Se alejó y tomó un frasco de una de las canastas más cercanas a la tina
–Esencia de lavanda, para tu cabello –le dijo y vertió una parte del frasco sobre el cabello de Seras, Claudia comenzó a tallarlo lentamente y el cabello de Seras comenzó a crecer, igual que con el cepillo, la castaña continuó enredando el cabello de Seras entre sus manos hasta que alcanzó el largo de la cintura
–ahora, mientras el perfume se absorbe, platícame de ti. De tu vida antes de tu renacer –le dijo Claudia mientras se tallaba a sí misma
–Yo no tengo mucho que contar, jamás he salido de Inglaterra y nunca he visto el mar, pero me gustaría mucho –comentó Seras
–pobre de ti… ya jamás he aguantado mucho en un solo lugar, no me gusta ¿Cómo es eso de que nunca has visto el mar? Es algo bellísimo que tienes que ver –le dijo Claudia con una sonrisa
–Yo sólo era una persona más en Londres, era policía, vivía en un departamento y no tenía familia –continuó Seras
–Con razón eres tan tímida, jamás estabas con nadie –ser rió Claudia lavando su cabello
–pero eso tiene que cambiar, por que va a llegar un punto en que nadie va a cuidarte y tienes demasiado potencial como para que se desperdicie –le dijo Claudia enjuagándose el cabello y el cuerpo, Seras la imitó y ambas salieron de la tina
–tú, con ese carácter tan especial, podrías ser una de las criaturas más fuertes que hay. Y como ya he visto un poco de tu personalidad, mi meta aquí es convertirte en una de las princesas de la noche, que puede ser despiadada y sanguinaria al mismo tiempo que una fina y elegante dama –le dijo Claudia y se envolvió en una bata de seda, le pasó una a Seras y la llevó al tocador
–Ponte esta crema para suavizar tu piel y este perfume, que combina el del baño y acentúa el de tu pelo –le dijo señalando unos frascos, Seras asintió y comenzó a frotarse la crema y el perfume por el cuerpo. Claudia hizo lo mismo y luego la llevó de regreso al cuarto de los vestidos, se hincó frente a un baúl y sacó un corsé, una camiseta, unos calzones largo y ropa interior normal.
–Ponte esto, y acomódate el corsé –le dijo Claudia dándole la ropa y ella comenzó a vestirse. Seras la miró y comenzó a vestirse lo mejor que pudo, con el corsé acomodado sobre la camiseta, miró a Claudia y notó que los hilos del corsé se ajustaban solos, probablemente por su telequinesia vampírica
Cuando terminó, Claudia se acercó a Seras y comenzó a ajustar le el corsé. Cuando estuvo justo la ayudó a ponerse el vestido azul que había escogido y lo ajustó.
–Ahora ven, regresamos al baño, tengo que peinarte –le dijo Claudia tomándola del brazo, regresaron al baño y la sentó frente al tocador. Seras notó que el baño estaba justo como cuando habían entrado la primera vez. Claudia comenzó a manipular su cabello hasta que quedó a su gusto y se lo mostró a Seras.
Su flequillo caía elegantemente sobre su frente y dos trenzas a los lados de su cabeza llegaban hasta otra trenza en forma de diadema a la altura de la coronilla, el resto de su cabello caía en caireles por su espalada y su pecho
–Ahora sí estás lista para comenzar tu entrenamiento –le dijo Claudia con una sonrisa y Seras no pudo evitar sonreír
Querid y adorad lector(a)
Gracias por tu apoyo y por tenerme la infinita paciencia que espero me hayas tenido.
El caso es que pude superar mi crisis académica (con un promedio de 8.5 XD) y que ahora voy a continuar todos los fics.
Para celebrar el haber salido de la secu con tan lindo promedio voy a subir un nuevo capitulo a cada uno de mis fics
Sé que no lo hubiera logrado sin el apoyo de mis ingratos y adorados (más lo segundo que lo primero) lectores
Atte
Teenager Witch
P.D. Besos a todos
