DISCLAIMER: Hellsing no me pertenece (por desgracia ¬¬), es propiedad de Kouta Hirano – sensei (que envidia ¬¬) simplemente soy una fan más perdida en el infinito (pero muy feliz de serlo n.n) pero eso no me quita la oportunidad de jugar un poco con mis personajes favoritos (y ponerlos en las situaciones más extrañas que puedan imaginar X3).
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Esa misma noche, cerca de las doce. Esperanza y Manuela se había escapado de la casa para señoritas y se hallaba en una esquina cerca de un viejo edificio.
Esperanza llevaba una minifalda y una blusa rojas, y Manuela un mini short verde igual que su blusa. Ambas estaban recargadas en la pared en una posición muy provocativa. En sus manos humeaban unos cigarros baratos.
Hacía dos semanas que no se alimentaban y estaba más que hambrientas. Era cuestión de ver que idiota andaba rentando sexo y terminaría convertido en su cena.
Cerca de media hora después de estar esperando, un hombre alto (demasiado) de cabello rubio y ojos verdes, con anteojos (Anderson) pasó frente a ellas
–Parece que hace mucho no te has divertido –le dijo Manuela sugerentemente.
El hombre la miró y le enseñó el alza cuellos de su camisa
–oh vamos… te daremos el descuento del vaticano –le dijo Esperanza y le guiñó el ojo. Entraron al edificio, abandonado del todo y el sacerdote las siguió con un brillo malicioso en los ojos.
Después de recorrer un par de pasillos entraron a un cuarto que las chicas habían acondicionado antes de salir a la calle. Manuela se sentó seductoramente en un viejo sillón que había ahí y Esperanza junto a ella sonriendo sutilmente.
El sacerdote sacó una Biblia y la abrió, en el momento en que hojas comenzaban a desprenderse y a clavarse en las paredes las chicas brincaron del sillón y tomaron las mochilas que habían guardado detrás del diván
–No ellos –masculló Esperanza mientras sacaba dos afilados cuchillos con forma de sable de su mochila.
Manuela sacó dos pistolas antiguas de la mochila, le dio una Esperanza y sacó otros dos cuchillos mientras las dos salían brincando por que una bayoneta acababa de atravesar el sillón detrás del cual se escondían.
Esperanza salió volando hacia el otro lado del lugar y aterrizó de pie, vio que Manuela se escondía detrás de una pared y ella corrió a esconderse del otro lado. Apretó sus puños y cerró los ojos con fuerza,
Sus ropas cambiaron por un pantalón de cuero negro, botas de montar, un corsé negro que iba sobre una blusa blanca y holgada de hombros descubiertos, con mangas cortas y bombachas, unas muñequeras hasta los codos de cuero negro y una túnica de seda roja con bordados en los puños y la base, que le llegaba a los tobillos.
Escondió los cuchillos en las muñequeras y salió de su escondite con la pistola en alto, le dio un disparo en la frente al sacerdote y se acercó a Manuela, que había cambiado su ropa por una igual a la de Esperanza, excepto que su túnica era corta a la cintura y azul, y su blusa no tenía mangas
– ¿estás bien? –le preguntó la rubia
–Sí¿usted doña Esperanza? –contestó la castaña mirando el cuerpo del sacerdote asustada
-salgamos de aquí –le dijo Esperanza acercándose a la puerta, en ese momento el cuerpo del sacerdote comenzó a moverse, las dos vampiresas comenzaron asustarse y a empuñar sus armas
–Creí que sólo había regeneradores en Italia –murmuró Manuela al mismo tiempo que se apartaban para esquivar una bayoneta
–Pues te equivocaste Manuelita –le dijo la rubia brincando hacia el lado contrario
Anderson se lanzó sobre Esperanza y la rubia sacó sus cuchillos para frenar el ataque del sacerdote
Manuela se acercó corriendo y le clavó sus cuchillos por la espalda de forma que cruzaran. Esperanza cambió de posición en un movimiento y le atravesó los pulmones a Anderson.
El sacerdote cayó entre las dos vampiresas, que tomaron lo cuchillos y corrieron a la salida, pero en la puerta había un sello. Esperanza levantó su mano y arrancó la hoja. Abrió la puerta y salió del lugar con Manuela lo más rápido que podía.
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De regreso en la casa Manuela la miraba recelosamente
– ¿Cómo arrancó ese sello? Por lo general no podemos ni tocarlos –le dijo la castaña mirándola.
Esperanza sonrió y se desvendó una mano con una sonrisa
-porque Dios quiere que halle a mi padre antes de llamarme a su lado –contestó mostrándole la cicatriz en forma de cruz
Manuela la miró con una norme sonrisa de alivio
–Me había espantado –le dijo con suspiro
–Cuando quiera espantarte lo sabrás, créeme –le dijo Esperanza con una sonrisa
–vamos… son las tres, en lo que nos cambiamos va a amanecer, doña Esperanza –le dijo Manuela sonriendo y ayudando a Esperanza a quitarse la túnica y el corsé
–No vuelvo a tentar a un cura –dijo Esperanza en cuanto se libró del corsé
–Perfectamente de acuerdo… jamás esperé que fuera un hijo de Judas –contestó Manuela mientras se desamarraba el suyo
Esperanza cerró los ojos y pasó una mano por su cuello. Abrió los ojos nerviosa y comenzó a buscar entre su ropa
–el medallón ¡Manuela¡El medallón de mi mamá! No está, se me cayó… no lo tengo ¡Manuela el medallón con las pinturas de mis padres se perdió! –le dijo la rubia buscando como loca entre las cosas, Manuela la miró y comenzó a ayudarla.
–tiene que estar aquí, Manuela, tiene que estar –murmuró Esperanza y las dos vampiresas comenzaron a revolver la ropa que traían y buscar en el piso desesperadamente
–Ya sé dónde está –murmuro la rubia cayendo en la cama y dándose un golpe en la frente
– ¿Dónde está? –preguntó Manuela mirándola con curiosidad
–lo metí a la mochila para que no me lo robaran, dejé la mochila atrás del sillón… se quedó en el edificio –dijo Esperanza dándose un puñetazo en la mano
–soy una perfecta idiota, Manuela… la única oportunidad de hallar a mi padre y la pierdo por un descuido –dijo la vampiresa con una mano en la frente
–Espera, te traigo un té para que te calmes –le dijo Manuela, se echó una bata encima y salió del cuarto, bajó a la cocina del lugar y comenzó a preparar una taza de té. Una de las muchachas de la casa entró a la cocina y miró fijamente a Manuela
– ¿Qué haces? –le preguntó mirándola
–Nada, mi amiga se sintió mal y vine a prepararle un té –contestó la vampiresa, miró fijamente a la chica,
–Sí, te presto mis zapatos –murmuró la otra chica con voz atontada y salió del lugar, Manuela tomó un cuchillo y se hizo un delicado corte en la mano, dejó la sangre chorreara hasta la taza y el líquido se tiñó de rojo.
Limpió todo lo que había utilizado y le subió la taza a Esperanza
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En ese momento. Frente al viejo edificio las tropas de Hellsing acaban de revisar el lugar sin encontrar otra cosa más que una anticuada bala de plata y la mochila de las vampiresas.
Anderson estaba saliendo del edificio en dirección hacia un auto negro que lo esperaba en la entrada
–Así que se te han escapado Judas… creo que estás perdiendo tu toque –le dijo Alucard burlonamente cuando el sacerdote pasó a su lado
–yo en tu lugar tendría cuidado… una de las chupa-sangre tenía un aura igual a la tuya… si no tienes cuidado vas a perder tu lugar, vampiro –contestó el sacerdote con una sonrisa macabra y subió al auto que lo esperaba.
Alucard miró el auto arrancar y regresó su vista al edificio mientras Seras salía y se acercaba a él y a Integra
–Sólo encontramos una vieja mochila y estas bolsas –le dijo ella entregándole la gastada mochila de Esperanza y dos pequeñas bolsas de cuero, una con una M marcada y la otra con una E. Integra abrió una de las bolsas y unas canicas de plata rodaron por su mano
–Son balas… pero no sé de nadie que haya usado balas como estas en el último siglo –dijo la rubia examinándolas
–Dáselos a los investigadores, que averigüen de donde provienen y quiénes las usan… y que alguien se quede por si regresan a buscarlo, no es fácil conseguir balas como estas, y menos si son de plata –ordenó Integra regresándole las cosas, Seras asintió y se fue, e Integra prendió un cigarro
–Creo que sólo queda esperar a ver que nos dice la investigación –le dijo Alucard sonriendo burlonamente, Integra lo miró y subió al auto mientras Seras se acercaba de nuevo
–Amo, también encontré esto –le dijo Seras dejando caer una larga cadena con un medallón de oro
– ¿Por qué me lo das a mí? –preguntó Alucard indiferente
–Por que creí que era mejor que lo vieras primero, hay algo adentro que te puede interesar, amo –le dijo ella mirándolo fijamente, Alucard extendió su mano, tomó el medallón y lo examinó, de inmediato fijó sus ojos en las iniciales del medallón "M. M.", las palabras de Anderson regresaron a su cerebro "un aura igual a la tuya"
–No puede ser ella… simplemente no –murmuró el vampiro y Seras lo miró con curiosidad
– ¿Quién no podría ser? –preguntó con una mirada curiosa en la cara
–Nadie –contestó Alucard cortantemente y se desvaneció en las sombras. Seras miró con curiosidad el lugar donde había estado su amo, se alzó de hombros y regresó con las tropas.
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Apareció de nuevo en los sótanos de la mansión Hellsing y se sentó en su silla con el medallón en sus manos
–tu no puedes seguir con vida… es imposible, María –murmuró observándolo, lo volteó y del lado contrario tenía otras iniciales "E. M." Alucard se quitó el sombrero y los lentes y las miró con curiosidad "¿a quién demonios le diste esto?" pensó mirando el medallón atónito.
Lo abrió y sus ojos se abrieron como platos al ver las pinturas que contenía "¿Cómo demonios me encontraste, María¿Hiciste un pacto con el diablo o algo así?" pensó mirando una pequeña pintura suya con la misma apariencia que tenía hacía trescientos años junto a la pintura de una mujer rubia y de ojos verdes, muy hermosa.
–tonterías… María murió y esto lo debe haber robado algún loco… es una coincidencia y nada más –murmuró con una sonrisa burlona y dejó el medallón abierto sobre la mesa junto a su silla.
Se acercó a una pared y se desvaneció
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– ¿y ahora qué quieres? –preguntó Integra cuando sintió la presencia de Alucard en su oficina
–Nada, hacerte una visita antes de que te vayas a la cama –contestó cayendo del techo, la rubia terminó de guardar sus papeles antes de contestar
–creo que ya es tarde para visitas de "buenas noches" –le dijo ella fríamente
–Vamos, no seas así conmigo, ha sido una semana aburrida para ambos, a nadie le hace mal una distracción –le dijo Alucard mientras caminaban de regreso a la habitación de Integra, ella en el piso y él en el techo
Integra lo miró impaciente antes de entrar a su cuarto
–Siempre me ha asombrado como no te dan migrañas colgado así –le dijo poniendo una mano sobre la puerta
–La costumbre –contestó Alucard quitándole importancia, Integra lo examinó con la mirada y antes que pudiera reaccionar Alucard la besó. La rubia intentó apartarlo pero él no la dejó ir. Integra cerró sus ojos y se dejó llevar por el momento. Besar a alguien de cabeza era la sensación más rara de su vida.
Ninguno de los dos vio a Seras atónita en el extremo del pasillo, la vampiresa comenzó a alejarse lentamente y cuando estuvo lo suficientemente lejos corrió de regreso al sótano perfectamente roja.
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Abajo frente a su puerta la esperaba un hombre fuerte, de cabello castaño en una trenza y con un parche en el ojo
–hola ¿ya estas lista? Dijiste que saldríamos hoy, quería llevarte al cine, van a pasar el hombre araña –le dijo Pip mirándola acercarse
–Lo siento… pero ya vi esa película –le dijo ella sin verlo y entrando a su habitación. Pip la miró sorprendido y se alejó caminando lentamente por el pasillo, bastante decepcionado
