Disclaimer:Sigue sin pertenecerme, pero es tan absolutamente mono que no he podido evitar enamorarme de él. No me lucraré, porque yo por esto (como por muchas otras cosas) no cobro un céntimo.
Muchísimas gracias a Zory, Sonia, Phooka, Dryadeh, MissHP, sel, clau malfoy, Lía Lerena, Nicole Daidouji, Aury, MTBlack, Juu, Piofa, maiteginevra y marina66 por los reviews en el drabble anterior. De verdad, os prometo que jamás había tenido tantos en un primer capítulo. Y aun encima al ser en un fic como este, que es tan especial para mi, me emocioné.
Este drabble, que me salió irremediablemente largo, trata sobre la llegada de JameSi a Hogwarts, y se lo dedico a Piofa, porque ella me ha metido miedo en el cuerpo con este capítulo. Y ella sabe porqué. xD
APB Productions presenta…
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Tradición
Él no es como el resto de los niños y lo sabe. A él no le basta con mirar y preguntar. Él tiene que mirar, tocar, preguntar, y, sobre todo, entender. La curiosidad es lo que lo hace ser quien es.
Su madre se ríe a menudo, diciendo que si no fuese curioso no sería digno hijo de su padre. Y, aun que ni la propia Ginny lo sepa. Si James no fuese curioso, no llevaría en sus venas sangre de Merodeador.
Por eso, en aquel momento, justo al bajar del Expreso, cuando puede, por primera vez, ver el castillo de Hogwarts, siente un nudo en el pecho. Un nudo que va más allá de todo nerviosismo o emoción.
Sabe que Hogwarts significa libertad. Estar lejos de sus padres, de su vigilancia. Significa, también, escaparse a hurtadillas del dormitorio por las noches, a explorar pasillos que jamás hayan sido pisados, sin saber que su abuelo, antes que él, los recorrió todos bajo una capa de invisibilidad. Significa travesuras, significa secretos, significa mil risas, pero, ante todo, significa libertad.
Significa hacerse mayor.
Por eso, porque, nada más asomar su revuelto pelo negro fuera del tren, se siente diecicientos años mayor que un segundo atrás; una sonrisa, esa sonrisa, gamberra y retorcida que no anuncia nada bueno, surca su rostro.
No sabe, pero intuye, que su abuelo, ese del que tanto le habló su padre, ese que fue tan valiente, se sintió exactamente igual cuando vio Hogwarts por primera vez.
Y salta, salvaje, hacia su libertad, dejando atrás el tren, la vía de acceso a casa, al chocolate caliente de la abuela Molly, a los abrazos de su madre cuando no puede dormir, y a ver a su padre dar vueltas con la escoba los domingos por la tarde.
Porque delante de él, tiene la promesa de siete años de diversión. Y su curiosidad, algo innato, lo envalentona y lo lleva a ser el primero en la fila hacia el embarcadero.
Su tío Ron le habló del calamar gigante, y le dijo que, seguramente se lo comería, porque se alimentaba de niños revoltosos. Luego la tía Hermione lo había mirado con censura y le había dicho que en realidad el calamar es inofensivo.
Hagrid es gigantesco. Ha oído hablar muchas, muchísimas veces de él, porque siempre aparece en las batallitas que cuentan su padre y su tío, de su tiempo de colegio. Realmente, estaban siempre metidos en problemas, así que James no espera que le riñan demasiado por disfrutar de su recién adquirida libertad.
Constata que su tío Ron era un mentiroso, cuando, ante la aterrada mirada de un compañero de embarcación, mete la mano bajo el agua y deja caer un par de ranas de chocolate. Si la tía Hermione tiene razón (y a él le consta que siempre la tiene), el pobre calamar debe pasar mucha hambre.
Su sonrisa se vuelve salvajemente traviesa conforme van subiendo los escalones, y llegan a las puertas de roble.
Allí está el profesor Flitwick, un hombre muy, muy bajito, para, en su función de subdirector, llevarlos a una pequeña sala.
Por el camino, James mira todo a su alrededor. Siendo plenamente consciente de que su padre, y su abuelo antes que él, sintieron esa misma sensación en el estómago. Esa sensación de que espera algo grande más arriba de esa escalinata de mármol, algo maravilloso tras las puertas de las que salen sonido de risas y conversaciones.
No puede, ni realmente quiere, reprimir la sonrisa que se le escapa cuando el diminuto profesor se pone en pie encima de una silla, para lograr, de esa forma, ser más alto que niños de once años, y se aclara la garganta.
-Sois una nueva promoción de pequeños magos, que en breves momentos pasaréis a formar parte de Hogwarts en pleno derecho, para descubrir los secretos que este castillo encierra.-dice, con voz de pito, logrando que en el interior de James, un extraño sentimiento, entre en ebullición y lo emocione. Mucho.
Él quiere descubrir todos los secretos de Hogwarts. Quiere recorrerlo entero. Quiere entenderlo.
Quiere preguntar qué secretos esconde, pero no lo hace. Porque prefiere descubrirlos él mismo, por las noches en los pasillos.
El profesor carraspea graciosamente, y los precede por el pasillo, guiándolos por el vestíbulo, antes de hacerles entrar en el Gran Comedor.
James no puede evitarlo. Por inercia, de haberles oído hablar tanto a sus padres y a sus tíos, lleva la vista al cielo encantado, y lo ve lleno de nubes, entre los cientos de velas que flotan entre las cabezas de la gente, y que se apartan, mágicamente, cada vez que se interponen en el camino de algo.
Por primera vez, siente la magia. Pese a haber destrozado cosas de forma accidental, desde que era pequeño, cuando se enfadaba. Sin embargo, en aquellos momentos, la siente por primera vez. Una magia centenaria. Que vibra en las paredes, y se oculta en lugares oscuros, a la espera de que alguien, de que él, vaya a descubrirla.
Los colocan en una hilera en la tarima de los profesores, y, por inercia, porque todos lo hacen, el también se fija en el viejo sobrero raído que descansa sobre un taburete.
Sabe que es el Sombrero Seleccionador. El sobrero que le entregó la espada de Godric Gryffindor a su padre para que salvase a su madre y matase a un basilisco. Y que entregó a Neville, un buen amigo de su padre, esa misma espada, para aniquilar a una serpiente. Al parecer, a ese sombrero le encanta entregar esa espada, y a esa espada le encanta matar serpientes.
No puede reprimir un escalofrío de regocijo ante ese hecho. No le gustan demasiado las serpientes.
El sombrero canta. Pero él no le presta demasiada atención, ya que está demasiado ocupado mirando a su prima Victorie, que habla con una chica morena y mueve mucho las manos.
Y empieza la selección. Los niños van pasando ante él, poco a poco, con nerviosismo, y el sombrero los va repartiendo entre las cuatro casas.
Sabe que no debe estar nervioso. Sus padres estuvieron en Gryffindor. Todos sus tíos. Sus cuatro abuelos. Su familia, toda su sangre mágica había estado en la casa de los leones, desde tiempos inmemoriales.
Por eso, cuando el diminuto profesor dice su nombre James Sirius Potter, lo último que nota, antes de avanzar con decisión hacia el taburete y esperar a que el pequeño hombrecillo se suba a la banqueta para ponerle el sombrero, es como la directora, la anciana Minerva McGonagall, una mujer de sobrada valentía, que lideró la defensa de Hogwarts la noche en que murió su tío Fred, estrecha los ojos, como si acabase de reconocer a alguien.
Y James se sume en la oscuridad del sombrero, sin saber que la anciana profesora acaba de reconocer en él a una de las personas que más dolores de cabeza le dio durante su carrera como docente.
"Vaya, vaya¿qué tenemos aquí?" La voz del sombrero resuena en su cabeza como si estuviese hablándole dentro de ella. "Parece que toda tu herencia apunta a un lugar, muchacho. Pero hay un pequeño resquicio de sangre en tus venas, que pertenece a la casa de Salazar" James se sienta envarado. ¿Tiene sangre Slytherin? "Si, muchacho, si. La abuela de tu padre perteneció a la noble casa de Slytherin, y sin embargo hizo el bien. No deberías tener prejuicios, muchacho, pues eso nos llevó una vez ya a la ruina."
"Yo no quiero ir a Slytherin" piensa James con todas sus fuerzas."Solo quiero conocer el castillo, descubrir sus secretos…"
"Tienes valor" rezonga el sombrero en su cabeza. "De hecho, veo que tienes también astucia. Y las ganas de saber no te son ajenas, así como el tesón" El sombrero se mantiene en silencio. "Pero veo en ti sangre de héroe, y alma de explorador, de gamberro, y de Merodeador" James contiene la respiración. "Y no podemos dejar a un Merodeador en otro sitio¿no crees? No podemos romper la tradición.
GRYFFINDOR"
James se levanta y corre hacia la mesa donde estaba su prima, derrapando a su lado y sentándose entre ella y la morena con la que hablaba.
-Hola, preciosa.-le dice a la amiga de su prima.-Me llamo James, James Potter-alza las cejas, de una forma que él considera sugerente, al tiempo que se revuelve el pelo.
La morena mira a Victorie antes de estallar en carcajadas.
-Desde luego, Vic, tienes un primo muy gracioso-dice con suavidad. Pero su voz, que a James le parece preciosa, se ve interrumpida por la de McGonagall, que se pone en pie, y mira a sus alumnos con severidad desde detrás de sus gafas.
-Bienvenidos a un nuevo año en Hogwarts, alumnos. Es mi deber como directora explicaros que el Bosque Prohibido está, como su nombre indica, fuera de vuestra área permitida; al igual que los pasillos a partir de las siete y media de la tarde hasta tercer año, y a partir de las nueve para todos aquellos que no sean prefectos.-dice. Su voz, suena firme, pese a la edad.- Está, así mismo, prohibido bajar a las cocinas, ya que la comida se sirve únicamente en el Gran Comedor.-añade.-No se puede realizar magia en los pasillos, en los cuartos de baño o en los terrenos exceptuando alguna clase. El que infrinja alguna de estas normas, será seriamente castigado.-y sin decir nada más. Se sienta.
James esboza una media sonrisa, muy, muy gamberra. Todo está prohibido. Las cosas divertidas están prohibidas, y eso, al ser ilegal, es mucho. Mucho más divertido.
El James y el Sirius. El Merodeador que hay en él, se retuerce y se ríe salvaje.
Curiosidad y determinación a hacer cosas ilegales.
Siete años allí, libre.
Definitivamente. Va a ser una delicia.
Y es que, sin saberlo, seguirá los pasos de un Merodeador. Porque el sombrero lo dijo.
Alma de héroe. Corazón de Merodeador.
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Hola!!
Espero que os haya gustado, porque, la verdad es que a mi, bastante. Vemos a JameSi siendo el mismo. Pero tengamos en cuenta que todavía es un niño. Cuando crezca un poco más. Si la criatura aun no está acostumbrada a usar sus tácticas de ligue, y hace lo que le cuenta el instinto. Lo que hacía su abuelo. xD Si es que tiene más de él que de su propio padre xD. Quiere estar en Gryffindor a toda costa, porque toda su familia lo estuvo. Ahí vemos su parte Weasley, y más adelante, en su afán de competitividad, veremos a Ron y a James.
En fin… que eso, que si os gustó, o no, un review no hace daño.
Muchísimas gracias por leerme!! Besitos con sabor a Merodeador!! Os quiero!!
.:Thaly:.
