Capítulo 2

Por mucho que se hiciese el duro y dijera que se encontrase bien, Fye sabía perfectamente que Kurogane necesitaba descansar, por lo que estuvo insistiéndole hasta que el pobre hombre cayó dormido, todavía murmurando frases en desacuerdo con Fye, como si esa fuera su forma de "contar ovejitas". Syaoran, que había caído rendido nada más acabar la suculenta comida, también se encontraba en su mundo de los sueños, tumbado sobre su cama con la pequeña Mokona, dejando a Fye a merced de sus pensamientos, quien, para evitar caer en un laberinto de recuerdos salió de su habitación para respirar el aire puro y dar una vuelta.

"Lynhxie nos pidió que no nos alejásemos del patio trasero "pensó Fye, "pero no nos prohibió pasearnos dentro de ésta."

El patio en donde se encontraban sus aposentos no era extremadamente grande, pero tenía un ambiente acogedor y el aroma que desprendían las peonías allí plantadas enamoraba a cualquiera que se encontrase allí. En un extremo del patio, precedido por un camino de piedras había un hermoso estanque, al lado del cual se encontraba un gran sauce llorón y un banco de piedra. Y, casi sin darse cuenta, Fye fue hacia ese pequeño paraíso conducido por sus pies. En verdad, ese sitio era muy hermoso y agradable, pero demasiado parecido…., demasiado…, a Shion.

Apoyado en el fuerte tronco del árbol, cerró sus ojos el joven y dejó fluir su mente hacia otro mundo, hacia otra persona.


Shion era el nombre del País del Aire, uno de los mundos al que había llegado tras dejar atrás a la Princesa Sakura. Era totalmente diferente al resto de lugares que habían visitado, más que nada porque allí convivían humanos con elementales, seres mortales con control sobre los cuatro elementos de la naturaleza. Allí, obviamente, habitaban mayoritariamente los elementales del aire, es decir, los céfiros y las sílfides. Y tal era su suerte que Mokona los dejó justo en el jardín del palacio real. Menos mal que la soberana de ese reino era una joven amable y dispuesta a escucharles, que fueron considerados por los guardias como intrusos y rebeldes que querían atentar contra su señora. Aquella joven emperatriz no era otra que Xilynhe, quien después de conocer su problema intentó ayudarles en lo posible. Pero ni siquiera ella, la hechicera más poderosa de todo Shion; ella, quien tenía el poder de ver y comunicarse con las almas de las personas; ni siquiera ella con sus mejores esfuerzos consiguió proporcionarles lo que querían. Revivir a un ser era ir contra las leyes de la magia y la alquimia, por no decir que era cosa imposible.

Sin embargo, sus esfuerzos no fueron todos en vano, ya que consiguieron llegar hasta el corazón del mago de cabellos de oro. Fye había cogido gran cariño a esa niña, que a la "temprana" edad de 16 décadas, había tenido que cargar con la gran responsabilidad de gobernar un complejo reino. Xilynhe había conseguido ganar un puesto importante en su corazón. Pero, para desconsuelo del mago, ella tenía ya a alguien con quien compartir sus alegrías y sus penas, sus sonrisas y sus lágrimas…, su cuerpo y su alma. Estaba casada con la persona a quien más quería en ese mundo.


-Fye-san.

Fye notó cómo alguien posaba su mano en su brazo y lo movía suavemente, llamándole con una suave voz.

-Fye-san- repitió Lynhxie-. Despierte, no se quede dormido allí, podría coger un resfriado.

-Mmm…- por fin consiguió abrir sus pesados párpados-. Vaya, me dormí, jeje. Con lo a gusto que se está aquí ni me había dado cuenta. Perdona, ¿qué me decías?

Lynhxie sonrió, le hacía gracia cómo había quedado dormido allí en el patio, como si fuera algo totalmente normal. Le ayudó a incorporarse y le propuso dar juntos un paseo.

-¿Puedo preguntarte algo?-siempre había sabido que la curiosidad era su mayor defecto, pero Lynhxie no pudo acallar su petición antes de que ésta saliera por sus labios.

-Por supuesto, dime- le dijo Fye sonriéndole.

-¿Quién es la Xilynhe que conoces? Estoy segura de que no es mi madre.

El mago se sorprendió de lo perspicaz que era.

-Una amiga de otro reino, pero como os parecéis mucho te confundí con ella. Pensé… que todavía seguíamos en Shion. Siento haberte traído tristes recuerdos de tu madre, no era mi intención- se disculpó otra vez.

-Oh, no te preocupes, de verdad que no me molestó.

-¿Puedo preguntarte ahora una cosa a ti?

-Claro-respondió ella curiosa por la cuestión que le iba a proponer.

-¿Qué pedías en tus plegarias, de cuyas respuestas somos "supuestos enviados" para ayudarte?

El rostro de Lynhxie se tornó por un momento del color de los rosas.

-Otra vez dije en alto lo que pensaba, ¿cierto? No creí que me hubiesen escuchado.

-Jaja- se rió Fye al ver la vergüenza por la que pasaba la niña-. Si es por eso, no te preocupes, creo que soy la única persona que lo oyó. De todas formas, soy también el único lo suficientemente indiscreto como para preguntártelo.

-Lo cierto es que estaba rezando a madre, allí en ese pequeño templo- dijo señalando a un edificio cercano-. Y… mmm…, bueno…., le pedía a ella y a la Diosa Madre que me ayudasen con…

La llegada de Xiao Ying interrumpió su conversación, dejando a Fye con su duda sin resolver. Les recordó que era la hora de cambiar los vendajes, así que decidieron volver a la habitación. Además, seguramente Kurogane y Syaoran se habrían despertado ya y se estarían preguntando sobre el paradero de su otro amigo.


Estaban los tres justo en frente de la puerta de la habitación cuando Lynhxie y Fye sintieron al mismo tiempo un gran poder procedente del interior de este, desconocido para la primera y familiar para el otro. Sin darse cuenta de lo que hacía, Lynhxie empujó la puerta y entró atraída hacia esa cálida magia.

-Syaoran…-Fye no podía creer lo que estaba viendo, el muchacho tenía entre sus manos la pluma de su clon y su mirada se encontraba perdida contemplándolo.

Lynhxie, al darse cuenta de que aquella escena no debería haber sido vista y aprovechando que Xiao Ying no había entrado todavía, la empujó hacia fuera cogiendo las vendas de sus manos y pidiéndole que le trajera una medicina que se le había olvidado.

Se dio la vuelta para enfrentarse a las miradas de sus invitados y supo que, por esta vez debía acallar la vocecita de su curiosidad insaciable, que debían ser ellos quienes decidiesen si contarle o no su secreto.

-Lo siento, no me había dado cuenta de que estabais aquí- se disculpó Syaoran volviendo a guardar la pluma de su otro yo dentro de sí-, es que sentía nostalgia…

-Lo sé- dijo Fye, y mediante un apretón en su hombro le comunicó que no tenía de qué preocuparse, que no tenía por qué explicarse.

-Yo… yo debería irme…, Xiao Ying y yo vendremos después si queréis para curaros las heridas…

-No, quédate- para sorpresa de todos quien dijo ésto fue Kurogane-. Ya que has tenido la amabilidad de ayudarnos en un principio quizás quieras hacerlo hasta el final.

-Por supuesto-contestó automáticamente la muchacha, sin ni siquiera plantearse negarle tal ayuda.

"Toc, toc". Era Xiao Ying, quien había vuelto con la medicina que necesitaban. Le ayudó a su señorita a cambiarle las vendas a los heridos y después fue mandada a traer unos dulces con el té.

-Seguramente os entrará sed cuando me contéis vuestra historia, que dudo que sea corta- dijo Lynhxie.

Después de asegurarse de que no estaba ningún criado espiándoles se sentaron los cuatro a la mesa y, mientras disfrutaban de los pequeños manjares, se iban turnando entre los viajeros para contarle su historia a la joven con los ojos brillantes de curiosidad y expectación.


N.A: Como es obivo el antiguo imperio Chino no es el primer mundo al que llegan después de partir de Clow, sino que me tomé la libertad de empezar desde aquí. Todo lo que concierne a Shion es invención mía, no tiene nada que ver con la historia original, pero es importante para esta historia.

Cuando describe Fye a Xilynhe y meciona su edad, está entrecomillado porque tiene en realidad 160 años, pero como los elementales son longevos, esa edad sería similar a la adolescencia humana, 16 años.