El capitulo va dedicado a Cami, que ama a Jason y se moría por leer su punto de vista (espero que te guste ^.^)


Perdido

Silena iba a matarla. Habían quedado en reunirse en un bar de Christie St para festejar su primer día laboral y luego ir juntas a casa, pero Piper ya llevaba casi una hora de retraso... Y todo por tomar la línea equivocada en el metro. En ese momento podía oír claramente la voz de su padre dentro de su cabeza diciendo "te lo dije", puesto que Tristan McLean solía reprocharla por distraerse demasiado pensando en algunas cosas y olvidarse de prestar atención a su alrededor. Como defensa, la chica del estado dorado podía alegar que su primer día de Olympus le había dado muchísimo que pensar.

Para comenzar, podría decirse que se llevo una gran sorpresa al saber que Annabeth Chase, la mujer amable y sencilla de su entrevista, era precisamente la famosa asistente de Percy Jackson… Cuando la conoció, ella se presentó como alguien del departamento de recursos humanos de Olympus y en ese momento no hubo nada que le indicase lo contrario. A pesar de la pequeña mentira, Piper estaba feliz de que ella fuese su nueva jefa y no la vieja solterona que había imaginado luego de los comentarios de las recepcionistas.

Otro tema que rondando en su cabeza era todo lo aprendido en un solo día. Luego de regresar a la oficina, Annabeth (aun se le hacía raro llamarla por su nombre cuando nadie más lo hacía) le había indicado en que consistiría su trabajo, además de hacerle entrega de un localizador de la empresa, un iPhone y un cuaderno lleno de información importante que tenia anexado además un directorio con números telefónicos que podría llegar a necesitar… Básicamente, de ahora en más, las dos ordenarían la agitadísima vida de Percy Jackson y Olympus. Luego, realizaron un pequeño tour por las instalaciones. Si el edificio Hermes X era imponente por fuera, por dentro lo era aun más… Solo la vigésima era un laberinto que albergaba más de veinte oficinas, un deposito gigante de ropa exclusiva guardada para desfiles de modas o eventos importantes, dos baños (uno para cada sexo), dos salas de juntas y una pequeña cocina donde casi siempre preparaban café, puesto que el comedor principal se hallaba en la decima planta. Piper no llegó a ver el resto, más con tanta información por asimilar prefirió dejarlo asi.

Cuando por fin llego a Ink se precipitó a entrar y al instante se percato de que, desde una de las esquinas, su mejor amiga la miraba de forma asesina mientras estaba sentada sobre un sofá. Piper no hizo otra cosa que esbozar un gesto de disculpa antes de acercarse despacio a la mesa, sabiendo que ahora tendría que enfrentar la ira de la castaña.

Conocía a Silena Beauregard de Stanford, puesto que ambas habían asistido a la prestigiosa universidad para estudiar leyes. A pesar de la diferencia de tres años, compartieron cuarto durante dos y se volvieron íntimas amigas cuando descubrieron que, curiosamente, ambas solo estaban allí por exigencia de sus padres, cuando su verdadero sueño era incursionar en el mundo de la moda: Piper como diseñadora, y Silena como modelo de alta costura. Fue por esto que decidieron que, al terminar con la carrera, ambas se reunirían en New York e intentarían volver realidad aquellos locos sueños

-Te juro que no fue mi intención llegar tarde- inició Piper, mientras arrojaba su bolso sobre la mesa y se desplomaba sobre el sofá- Estaba tan distraída en la parada del metro que tome la línea equivocada y acabe en Greenwich-

-Si no fuera por el tipo guapo que me invito un trago hace un rato, ten por seguro que ya te habría colocado en mi lista negra asi que considérate afortunada- respondió su mejor amiga intentando sonar enojada, mas la sonrisa de diversión de su rostro indicaba que solo estaba bromeando. Acto seguido, elevo su copa vacía e indico al barman que le trajera dos tragos iguales al anterior- ¿Y? ¿Que tal tu primer día de trabajo en la gran manzana, McLean?-

-Estuvo fabuloso. Olympus es un lugar increíble, y las personas de allí son muy amables... Bueno, al menos las pocas que conocí- durante su recorrido, Annabeth le había presentado a mucha gente, incluidas las dos recepcionistas de la vigésima planta (una de ellas, Miranda), y todos ellos se habían presentado añadiendo además que se hallaban a su completa disposición por cualquier cosa que necesitase.

-¿En serio? Vaya, eso sí es una novedad. Pensaba que por tratarse de algo relacionado a la moda todos allí serian unos arrogantes...- comentó Silena con el ceño fruncido, más al instante chasqueo la lengua y agregó -Pero ya, apuesto lo que quieras a que tu superior es como la mítica Miranda Priestly-

Ante tal disparate, Piper únicamente atino a reír… Aun recordaba la primera vez que ambas habían alquilado la película "El diablo viste a la moda" para verla durante un fin de semana de invierno en su dormitorio de Stanford, y como desde ese entonces su mejor amiga bromeaba con que las personas importantes debían ser iguales a la jefa de Andrea.

-Pues te equivocas... Yo más bien diría que se parece a Pepper Pots, en todo excepto los ojos. Por lo que vi, el señor Jackson estaría perdido sin ella- Con tan solo un día en Olympus, Piper podía afirmar que su jefa era la versión neoyorkina de la asistenta de Tony Stark: sabía absolutamente todo de Percy Jackson… Todavía no lo conocía mucho, pero quizás hasta él era un playboy que en su tiempo libre se dedicaba a salvar el mundo. Ante tal disparate, Piper no hizo más que aguantar otro ataque de risa.

-Por favor dime que ese semental es tan guapo en persona como en las fotografías de Vogue- dijo Silena hiperventilando, al momento que el camarero dejaba sus tragos sobre la mesa ratona que tenían al frente.

-No- contestó su amiga al instante y luego bebió de un sorbo de piña colada, disfrutando de la cara de decepción de la castaña… Desde que se entero que ella trabajaría en Olympus, no había hecho otra cosa más que buscar en todas las revistas recortes de Percy Jackson y proclamar a los cuatro vientos todos sus atributos- ¡Lo es diez veces más!- exclamó emocionada, lo que hizo que Silena suspirara tranquila y se dejase caer de espaldas sobre el sofá.

-¡Que envidia me das! Si yo estuviese en tu puesto seguro ya me habrían echado por acosar a ese tipo- confesó emocionadísima, logrando que Piper riera divertida y rodara los ojos… Siempre era lo mismo. Uno de los pasatiempos favoritos de su mejor amiga era coquetear con cuanto soltero guapo se cruzase en su camino.

-¿Y tú que cuentas? ¿Todo bien en el despacho?- inquirió la hija de Tristan McLean, para intentar desviar un poco el tema de conversación puesto que sabía que, cuando Silena comenzaba a hablar de hombres, la charla era de no terminar.

-Si por bien se entiende que aun tengo que soportar al baboso de mi jefe verme los pechos durante las juntas matutinas, pues si todo está en orden- respondió ella en un suspiro cansino, para luego incorporarse del sofá y beber un largo sorbo de su trago.

Hasta que lograse encontrar un empleo importante dentro de las pasarelas, Silena trabajaba como abogada adjunta en gran despacho de Upper East Side. Esto le permitía rentar un loft bastante amplio en Chinatown, darse el gusto de comprar ropa de diseñadores muy seguido, vivir holgadamente y dedicarse durante su tiempo libre a realizar campañas publicitarias como modelo de empresas privadas, aunque hasta ahora su más grande logro había sido salir en una anuncio gigante que promocionaba una pasta dental colocado en el Bronx que solo captaba su blanca sonrisa. Aun asi no perdía las esperanzas y trabajaba muy duro para mantener su esbelta silueta, lo que hacía que Piper la admirase como la hermana mayor que nunca tuvo.

-No te preocupes, ahora que estoy en Olympus hare hasta lo imposible por mostrar tus fotografías y conseguirte un empleo allí- aseveró la castaña menor dedicándole una sonrisa esperanzadora.

-Eso no pasara, Piper… Casi todas las campañas publicitarias en ese lugar son encabezadas por Drew Tanaka, o sino por alguna de las modelos de RED pero gracias de todos modos por pensar en mi- respondió Silena con una sonrisa triste, pero no dejo que eso la deprimiera y al instante agregó – Ya basta de dramas… Ahora brindemos por ti, que con dos semanas aquí ya estas tan solo un paso de cumplir tu sueño- levantó su copa y ambas las estrecharon, para luego acabarse todo el contenido en segundos -Prepárate McLean, porque esto es solo el inicio de la celebración. El sábado festejaremos a lo grande en un nuevo club de TriBeCa- agregó Silena emocionada, con la sonrisa perversa que su mejor amiga tanto conocía y que sabía que indicaba tres cosas: alcohol, hombres y descontrol.


-¿Cómo te fue hoy en el trabajo, muchacho?- inquirió Julian Ramírez-Arellano, quien en su tiempo fuera General del Ejército de los Estados Unidos, desde la cabecera de la mesa rompiendo asi el incomodo silencio que se cernía entre los presentes del comedor.

-Excelente como siempre, señor- respondió Jason educadamente, mas luego de la mirada penetrante y curiosa que el anciano le dedico entendió que aquello no bastaba y agregó- Con lo referente a Olympus puedo decirle que dentro de poco se inauguraran las tiendas de Asia, por lo que estoy muy ocupado preparando los contratos del personal y revisando los aspectos legales de cada país. Y en lo referido a mi propio despacho, tengo prácticamente ganado el caso de demanda contra el fiscal Green-

Como cada martes, Jason se hallaba cenando en compañía del general y su hija Reyna en Upper West Side, lugar donde ambos residían. Esa noche en particular el ambiente entre los mas jóvenes estaba tan tenso que cualquiera notaria que algo había sucedido, y el dueño de casa no era la excepción... El rubio estaba seguro que la actitud pensativa y esquiva de la pelinegra no pasaba inadvertida para su padre, pero él era demasiado educado como para preguntar directamente cual era el problema. Jason hubiese preferido no asistir y evitarse tan incómoda situación, más apreciaba demasiado al hombre como para romper, por una nimiedad, la tradición que tenían.

-Me agrada oír eso, ¿Y tú, hija? ¿Que puedes contar sobre el gran Lenox Hill?- preguntó el anciano, posando su mirada sobre el lado opuesto de la mesa. Fue recién entonces cuando Reyna elevó la vista de su plato y dedicó toda su atención al general, evitando mirar demasiado a Jason quien se hallaba justo frente a ella.

-Nada relevante. Hoy solo estuve encargada de la guardia y cumpliendo horas de consulta, pero mañana temprano debo realizar una intervención quirúrgica a un paciente que tuvo una hemorragia subaracnoidea- respondió ella con su típico tono de voz neutro, y sin más nada que agregar continuo degustando la ensalada vegetariana al momento que se perdía en sus propios pensamientos con la vista fija sobre la mesa. Ante esto, el general asintió pero no intento ahondar más en el tema.

Considerada por la mayoría de la gente como una mujer reservada, desconfiada y hasta algo fría; si había alguien muy particular en la vida Jason esa, sin dudas, era la neurocirujana Reyna Arellano (asi era como le gustaba que la llamasen, puesto que odiaba su nombre completo)… La conoció mientras cursaba su primer año en Columbia, durante la fiesta de bienvenida a los novatos. Por tradición los nuevos de la universidad debían pasar por una especie de ritual, que consistía en beber un vaso grande de una mezcla de bebidas alcohólicas para luego participar en una carrera a tres pies por todo el campus vistiendo solo trajes de baño. El destino quiso ese día que ambos formaran pareja y, a pesar del disgusto inicial de Reyna, lograron hacerse con la victoria. Desde ese momento comenzaron a coincidir durante su tiempo libre o el almuerzo y, a pesar de la personalidad reservada de ella, no pasó mucho tiempo hasta que descubrieron que el afecto que se tenían iba mas allá de una simple amistad y comenzaran a salir.

Actualmente llevaban ya más de diez años juntos, entre los cuales habían atravesado diferentes situaciones que solo contribuyeron a fortalecer aún más los lazos que los unían, y con planes de boda a la vuelta de la esquina las cosas entre ellos no iban muy bien que digamos… Jason comprendía a la perfección que la situación la estresara, pero los constantes cambios de humor de Reyna lo tenían tan cansado que últimamente perdía el control con facilidad y terminaban discutiendo por cualquier tontería, como hoy cuya causa había sido la junta matutina de Olympus.

-Señor, ¿cómo está Hylla? Llevo tiempo sin saber de ella- preguntó de repente el rubio, sabiendo lo mucho que disfrutaba el anciano de hablar sobre su hija mayor.

-Muy bien, a pesar de que ser la encargada de un almacén de Amazon, mantener una casa y criar dos hijos no es cosa fácil- explicó el general con orgullo, a lo cual Jason solo atino a sonreírle y asentir con la cabeza- Estoy analizando la posibilidad de ir a visitarlos, aunque Hylla y su marido dicen que prefieren venir aquí y aprovechar la ocasión para llevar a los niños a sitios de la ciudad que aun no conocen-

A partir de ahí, y hasta el final de la cena, la conversación giró en torno a temas tribales mayoritariamente entre los dos hombres, aunque de tanto en tanto Reyna hacia acotaciones o daba su opinión evitando siempre la mirada de Jason... Si, puede que ella hubiese empezado con la pelea esta mañana pero el rubio sabía que era demasiado orgullosa como para mostrar algún signo de arrepentimiento en público.

El general pasó luego a contar todo lo acontecido el fin de semana durante la última reunión de su club de veteranos de guerra, la cual tenía lugar una vez al mes en un café de Queens. Tenía ya casi setenta años, pero eso no le impedía hacer toda clase de actividades entre las que se incluían ejercicio en Central Park, ajedrez, ir a conciertos de jazz y hasta pescar en Long Island Sound (lo último en compañía de Reyna, ya que su hija se negaba rotundamente de dejar que navegara solo)… Jason podía recordar claramente el último viaje que los tres hicieron juntos hacia unos meses, porque fue precisamente ahí cuando decidió pedir formalmente la mano de su novia.

Cuando llego la sirvienta a retirar los platos, Julian Ramírez-Arellano retiró la servilleta blanca que tenia sobre los muslos y se levanto de la mesa con la gracia propia de un militar.

-Iré a beber un poco de café en mi despacho, ¿les gustaría acompañarme?- preguntó el anciano torciendo un poco los labios en un especie de sonrisa, mientras miraba de a intervalos a su hija y a su futuro yerno.

-Lo siento señor, pero quede reunirme con Percy para firmar unos documentos y de seguro ya debe de estar esperándome- se excusó el rubio esbozando con el rostro un gesto de disculpa, al tiempo que se levantaba de su lugar y observaba la hora en su reloj de muñeca- Tendrá que ser en otra ocasión- acto seguido extendió la mano hacia al anciano, quien se la estrechó asintiendo y luego le hizo un saludo militar.

-No te preocupes, pero gracias por tomarte la molestia en venir a cenar cuando tenias otros compromisos... Hija, no seas descortés y acompaña a tu prometido hasta la puerta- aquel tono autoritario y la mirada penetrante que dedico a Reyna bastaron para que ella se levantara de su silla y se dirigiera al recibidor de la sala.

A pesar de que la mayoría pensara que Reyna era demasiado intimidante como para que alguien se atreviese siquiera a darle alguna orden, Jason sabía que ella jamás rechazaba los mandatos de su padre y era precisamente porque se parecían demasiado… Tanto padre como hija compartían esa mirada desafiante y a la vez calculadora, esa manera particular de cerrar un poco los ojos cuando estaban analizando algo, el expresarse la mayoría del tiempo de forma autoritaria, la personalidad reservada, y muchos detalles más que pasaban inadvertidos para muchas personas.

Cuando llegaron a la puerta, Reyna colocó quito el pasador de bronce que reforzaba la cerradura mas no se hizo a un lado sino que permaneció de espaldas durante un largo rato. Al parecer, la táctica del general si había dado resultado… Siempre que discutían el anciano se las ingeniaba para dejar al rubio con su hija a solas, a sabiendas de que solo asi podrían solucionar sus problemas. Jason se lo agradecía internamente, porque de vez en cuando el carácter orgulloso de su novia hacia que una simple pelea durara más de una semana y si no fuera por ese tipo de intervenciones seguro ese sería el caso.

- Lamento haberte gritado por teléfono esta mañana- confesó Reyna en un susurro, antes de voltear y mirarlo, por primera vez durante toda la noche, a los ojos -Esto de organizar la boda y el trabajo me estresan demasiado, y últimamente pierdo el control por cualquier estupidez-

Aquello logró que Jason esbozara una sonrisa mientras asentía con la cabeza, para luego envolverla con sus brazos por la cintura y chocar su frente contra la suya… Ella nunca cambiaria. Una de las consecuencias de su orgullo era creer que algo no saldría bien si no lo supervisaba personalmente, y en momentos como estos aquello se convertía en uno de sus mayores defectos. Aun asi, Jason no podía negar que eso era lo que más le gustaba.

-No hay nada que perdonar…. Ya olvídalo- respondió el rubio en un susurro junto a su oído, antes de que ella lo abrazara por la espalda y depositara su cabeza sobre el fornido pecho de su prometido -Sé que quieres encargarte todo, pero no estaría mal que algunos detalles se los dejases a un organizador-

-Como siempre tiene razón, señor Grace- confirmó Reyna con un suspiro, y antes de que dijese otra cosa el muchacho selló sus labios con un beso.

Al igual que cada vez que la agarraba desprevenida ella primero atinó a inclinarse hacia atrás, para luego sujetarlo por el cuello y enterrar ambas manos dentro de su rubio cabello. Lo que empezó como un beso tiempo pasó a convertirse rápidamente en algo mucho más fogoso, razón por la cual Jason avanzó hasta que el cuerpo de Reyna quedara atrapado entre la pared y el suyo, mas cuando esto sucedió ella cortó despacio el contacto sus labios y unió su frente a la del rubio.

-Jason, no... Estoy cansada, y además debes reunirte con Percy- dijo la pelinegra entre jadeos, antes de levantar su mano derecha y acariciar con suavidad la mejilla de su prometido.

-Está bien- respondió el aludido al tiempo que suspiraba, para luego inclinarse y besarle apenas la mejilla izquierda- Que descanses. Nos veremos mañana-

Sin siquiera esperar una respuesta el abrió la puerta principal y enfilo derecho hacia su auto, dejando a Reyna parada en el pórtico de su casa mientras lo despedía con una mano alzada. Al tomar asiento frente al volante de su Mercedes, Jason profirió un suspiro e intento calmar su enojo... Puede que hubiera quedado como un descortés despidiéndose de su novia asi, pero era eso o iniciar otra discusión. Ya había perdido la cuenta de las veces en que ella lo rechazó durante los últimos meses, y a este punto ya estaba harto. Siempre estaba primero su trabajo... Tal vez esto del matrimonio no era una buena idea.

Con su mente hecha un lio y el sentimiento de culpa mortificándolo por dentro, Jason encendió el auto y se dirigió a Soho... Seguro el vino le había caído mal. ¿Cómo podía pensar siquiera en dejar a Reyna cuando fue su idea casarse con ella? ¿Que diablos le estaba pasando? Debía de estar volviéndose loco. Jamás faltaba a su palabra, y no comenzaría a hacerlo ahora.


Upper East Side podía tener los mejores bares de la ciudad, pero para Percy ninguno podría igualar jamás a Metropol... A pesar de estar situado en pleno corazón de Soho, había que ser muy observador y curioso para encontrarlo puesto que su entrada era un tanto engañosa. De afuera solo podía verse una puerta de madera vieja, sobre la cual colgaba un letrero de hierro algo descolorido que anunciaba el nombre del lugar con una caligrafía pulcra; mas cuando uno bajaba la empinada escalera se daba con que el lugar era bastante amplio, y hasta poseía un patio en la parte trasera donde mayoritariamente se hallaban los fumadores. El decorado consistía en discos de vinilos de bandas de rock de los setenta, anuncios antiguos, las mejores portadas de la revista Rolling Stone y diversos artefactos antiguos que incluían desde un traje de Elvis Presley a una caja con los puros más raros del mundo. Todo esto, sumado a la baja iluminación y a la buena música de fondo que sonaba por parlantes cuidadosamente escondidos, hacía de aquel recoveco de Soho un lugar especial para el dueño de Olympus, más aun cuando quería relajarse.

Estaba sentado en la barra esperando a que Jason llegara, mientras bebía un whisky en las rocas y pensaba sobre todo lo sucedido hacia un rato atrás en el Palace con Drew Tanaka... Sin dudas, esa mujer pretendía volverlo loco. Y, para su mala suerte, ya lo estaba consiguiendo. Desde hacía ya un tiempo venia invitándolo a cenar con ella al menos dos noches por semana, cuando sus agendas coincidían en New York, y no perdía oportunidad para usar sus encantos cada vez que podía. Se mordía el labio el tanto en tanto, le dedicaba miradas seductoras, hablaba en ese tono sugestivo tan provocador, vestía prendas con un escote pronunciado y un tanto cortas... En fin, todo con tal de tentarlo. Para colmo, Percy nunca podía negarse a asistir puesto que se trataba de la supermodelo que había elevado por los cielos la reputación de Olympus.

Al tiempo que un tema clásico de Creedence se oía por todo el Metropol, el magnate de Olympus rememoró la última conversación que tuvo con la célebre modelo en las afueras del Palace.

-Drew por favor, ya hablamos de esto... Eres hermosa, pero en estos momentos no puedo iniciar una relación. No con tanto trabajo encima- explicó Percy por milésima vez, al tiempo que la aludida le besaba el cuello y lo abrazaba por los hombros sin problemas gracias a los zapatos de tacón que llevaba esa noche.

De repente un flash se disparó desde la espalda de la mujer, lo que ilumino por unos segundos a la pareja y permitió ver con claridad sus rostros. Drew al instante soltó una risita, al tiempo que su acompañante resoplaba... Curiosamente, siempre que salían juntos, algún paparazzi les tomaba una foto y esta terminaba impresa en todas las revistas de chimentos que especulaban sobre la "relación" que tenían. Según Annabeth era la supermodelo de RED la que se encargaba de montar este show junto a la prensa para elevar aun más su popularidad, pero Percy creía incapaz a Drew de semejante cosa.

-Nadie dijo que tiene que ser una relación formal, cariño- retrucó ella, de forma muy seductora, justo sobre su oído, provocándole al pelinegro un escalofrió que le recorrió toda la columna vertebral... Por Dios, si seguia asi seguro terminaría cediendo.

Para evitar la tentación de sucumbir a sus encantos Percy retrocedió un paso y la tomo por los hombros con los brazos extendidos, de manera que la distancia entre ellos fuese aun más grande.

-Te agradezco la oferta, pero de verdad no quiero distracciones- aseveró el dueño de Olympus, con una sonrisa amistosa y haciendo acopio de todo su autocontrol para que su voz sonara firme... No podía permitir que Drew supiese el efecto que causaba en él, porque ahí si que no habría poder humano que la detuviese.

-Digas lo que digas, no voy a desistir Percy Jackson. Un día de estos serás mío. Total y completamente mío...- sin previo aviso la supermodelo se precipito sobre él y lo beso en la mejilla, muy cerca de los labios, antes de voltearse y dirigirse hacia la limusina gris que la esperaba junto a la acera- Nos veremos el sábado, y ahí te aseguro que no podrás rechazarme- agregó mientras le guiñaba su ojo derecho, para luego perderse en la parte trasera del vehículo.

No podía negarlo, Drew si le atraía. Si seguía provocándolo de esa manera seria cuestión de tiempo antes de perder el control y dejarse llevar por sus impulsos. Más en su interior Percy sabía que ese no era el tipo de mujer que estaba buscando para iniciar una relación estable, sino todo lo contrario. Quería una chica sencilla y reservada; alguien que lo comprendiera, que lo conociese tal y como era, alguien que disfrutase con el de sus pasatiempos, alguien como... Annabeth. Sin dudas, ese era su tipo de mujer. Si no fuese por su trabajo seguro podría conocer a alguien como ella.

¡Pero por todos los cielos! ¡¿En que diantres estaba pensando?! Annabeth era única. Por mucho que buscase, seguro no hallaría mujer en el mundo tan perfecta como ella. Era inteligente, bonita (es decir, demasiado bonita), honesta, simpática, divertida… Tenía tantas cualidades que tomaría tiempo numerarlas a todas. Para su mala suerte, la amistad que los unía era demasiado fuerte como para ponerla en juego por una relación y además también estaba Olympus, que se vería afectada si algo salía mal... Percy conocía demasiado bien su rubia tentación como para saber que ella jamás haría algo tan imprudente. Y aun asi, el no perdía oportunidad para coquetearle. Al principio no fue más que un juego, pero ahora había veces en las que no podía evitar pensar...

-¿Percy?- la voz de un hombre a sus espaldas lo sacó de sus pensamientos, y fue entonces cuando recordó que estaba sentado en la barra del Metropol.

Giró la vista a la derecha y se encontró con Jason Grace, quien, además de ser el representante legal de Olympus y su abogado, era uno de sus mejores amigos (descontando a Annabeth, que ocupaba, por lejos, el puesto más alto de esa categoría). Lo conoció años atrás, cuando apenas había salido de la universidad y se disponía a tomar las riendas del legado de su padre. Por ese entonces necesitaba alguien de confianza que le ayudara con la parte legal de Olympus, y fue Annabeth quien le sugirió incorporar a Jason (ella lo conoció durante un encuentro realizado entre Columbia y la UCLA de sus mejores alumnos). Desde ese entonces, ambos se habían vuelto muy buenos amigos.

-¿Quieres un trago?- ofreció Percy al tiempo que su compañero se sentaba en la butaca continua, mas no espero la respuesta y levanto la mano para que el barman le prestara atención- Charlie, tráeme otro whisky en las..-

-No gracias, ya bebí demasiado para una noche- lo cortó el rubio esbozando un gesto de disculpa hacia el chico tras la barra, a lo cual el asintió y continuo con su trabajo.

-Perdona por haberte hecho venir hasta aqui cuando sabia que estabas ocupado, pero Annabeth dijo que intentó localizarte toda la tarde y no tuvo éxito...Si no fuera porque necesitamos enviar estos documentos mañana, no habría interrumpido tu cena con el general- se disculpó Percy, al tiempo que levantaba del suelo su portafolios y le pasaba a Jason un bulto de papeles junto a una lapicera.

-No te preocupes, después de todo yo tuve la culpa por dejar mi teléfono en la oficina cuando debía llevármelo a la corte- respondió el rubio esbozando una sonrisa ladina, mas no quitaba la vista de los papeles que tenía en frente revisándolos para luego firmarlos.

A Percy no lo engañaba. Algo le había sucedido. Jason por lo general solía ser un tipo reservado, pero eso de ocultar sus problemas tras una máscara de indiferencia no se le daba bien. Alguien que lo conociese, como en este caso un buen amigo, solo tenía que ver el brillo apagado de su mirada y la forma melancólica en la que sonreía para darse cuenta de que algo le sucedía.

-Y dime, ¿cómo van las cosas con Reyna?- inquirió el hombre de ojos verdes, intuyendo por donde venia la mano, tratando sonar casual y un tanto indiferente.

-Sencillamente no lo sé, Percy- aseveró Jason con el rostro abatido, antes de proferir un suspiro y dejar los documentos a un lado -Entiendo que este nerviosa por el trabajo y los preparativos de la boda pero últimamente también está muy distante-

-¿A que te refieres?- no lo diría en voz alta, pero verdaderamente no comprendía las palabras de su amigo… Es decir conocía a Reyna y por ello sabia que se trataba de una chica un tanto "fría", puesto que jamás la vio mostrándose cariñosa con Jason en público, lo que hacía difícil imaginarla actuando de otra forma.

-Para comenzar incremento sus horarios en el hospital, y si antes vernos ya era complicado ahora lo es mucho más. Últimamente soy el único que sacrifica horas de trabajo para acoplarme a su tiempo- explicó el rubio en voz baja, mientras apoyaba el codo sobre la barra y miraba fijamente hacia nada en particular -Cuando al fin estamos juntos, Reyna siempre pone excusas para evitar que lleguemos mas allá de unos cuantos besos. Y ni hablar de ir a mi departamento, porque hace más de un mes de la última vez que se quedó a dormir allí… Percy, tú me conoces y sabes que, ante todo, para mí lo importante siempre ha sido respetarla pero también soy un hombre y ya no puedo seguir asi- en ese instante se pasó la mano por el cabello y profirió otro suspiro.

-¿Intentaste hablar con ella?- preguntó el aludido un tanto extrañado, puesto que toda esta situación lo había dejado un tanto desconcertado… Nunca pensó que, a meses de casarse, alguien pudiese tener este tipo de problemas. Bueno, él todavía estaba lejos de pasar por esa fase pero recordaba muy claramente los meses previos a la segunda boda de su madre y sin dudas Sally Jackson jamás había estado tan feliz.

-Sí, y la respuesta que siempre da es la misma: ahora no, pero te prometo que haremos lo que quieras la próxima vez que nos veamos. Pues bien, ese día hasta ahora no llega- dijo Jason, sonando un tanto… ¿molesto? Eso era raro. Si había alguien a quien Percy pudiese considerar tranquilo e incapaz de sulfurarse por cualquier cosa ese era su mejor amigo. Para que hubiese llegado a ese extremo, sin dudas la situación con Reyna debía de ser grave -Te juro que hay veces en que...-

-Jason sabes bien que soy uno de tus mejores amigos y jamás voy a juzgarte por nada asi que te pido me respondas con sinceridad- anticipó el magnate de Olympus eligiendo cuidadosamente cada una de sus palabras para no ofender a su abogado, y ante el gesto afirmativo que el aludido hizo con la cabeza preguntó - Tú ¿amas a Reyna?-

-Sí, eso creo… Sabes que es la única novia formal que tuve en toda mi vida, y por eso no tengo como comparar si esto que siento por ella es amor- respondió el rubio un tanto avergonzado, al momento que un leve rubor cubría sus mejillas y su mirada se hallaba clavada en el parqué del Metropol- Llevo junto a ella tanto tiempo que le tengo muchísimo afecto, y me resulta algo raro imaginar mi vida sin ella. Se supone que eso es el amor, ¿no? Si lo sabes, dímelo-

Cuando Jason giró la cabeza y dejo al descubierto la expresión de abatimiento de su rostro, Percy se congeló por completo. Era la primera vez que lo veia asi. Ni siquiera en los momentos más críticos de su trabajo se mostraba tan alterado y vulnerable. Todo esto solo provocó que comenzara a sentirse culpable… Desde que fue presentado a Reyna tuvo la sensación de que aquella no era mujer adecuada para su mejor amigo, más el afecto que él sentía por ella le habían impedido hablar abiertamente de esto, y ahora, al verlo sufrir de este modo, pensaba que tal vez decírselo hubiera sido la mejor opción.

-Amigo, eso no es algo que yo pueda responderte. Cuando amas a alguien simplemente lo sabes y ya…- explicó el hombre de ojos verdes apenado, mientras apoyaba su mano derecha sobre el hombro de su amigo y esbozaba una sonrisa tímida -Mira no soy ningún experto, pero te sugiero que aproveches el tiempo que tienes a solas y reflexiones sobre lo que realmente sientes por ella. Si vas a casarte no puedes tener este tipo de dudas, porque es una decisión demasiado importante que afectara el resto de tu vida-

-Sí, creo que tienes razón- aseveró Jason en un suspiro, antes de acercar los documentos y continuar con el proceso mecánico de revisarlos para luego firmarlos… Era increíble cómo, a pesar de lo alterado que estaba, pudiese llevar a cabo una tarea que requería de mucha concentración, aunque no por nada era conocido como uno de los mejores abogados de Manhattan. Cuando terminó con su tarea, devolvió el bulto de papeles y la lapicera a Percy.

-Bueno ya basta de dramas y arriba esos ánimos- dijo el pelinegro con entusiasmo al tiempo que levantaba su vaso en dirección al barman y lo señalaba, indicándole que le trajera una ronda de whisky en las rocas -No me importa que hayas estado bebiendo, pero aun asi brindaras conmigo como festejo anticipado de tu victoria en el caso contra Green-

Jason asintió con una sonrisa cansina, y cuando Charlie les entrego sus tragos ambos estrecharon sus copas antes de beberse todo el contenido de un solo sorbo. Si, puede que Percy no fuera ningún experto en relaciones amorosas pero sabía mejor que nadie que un trago nunca venia mal y más si era para sobreponerse a un problema amoroso.


-No, cuando envié el email con posibles sugerencias detallé explícitamente que no incluyeran coctel de camarones durante la recepción y mucho menos caviar- refutó Annabeth un tanto molesta, puesto que se había pasado horas pensando en el dichoso menú y sus opciones para que un francés caprichoso ni siquiera se tomara el trabajo de leerlo. Su interlocutor comenzó entonces a darle razones por la cual debían servir mariscos al inicio de la velada, y antes de que la rubia perdiese la poca paciencia que le quedaba lo corto diciendo -Monsieur Jacques, creo que la ensalada Caesar es la mejor opción-

El francés gruño un "oui" escueto como respuesta, dando a entender que no le gustaba recibir demasiadas ordenes, a lo cual Annabeth suspiro y se masajeo la sien con la mano izquierda... La próxima vez lo pensaría dos veces antes de seguir las sugerencias de Rachel. Puede que el tal Pierre Jacques fuese uno de los mejores chefs de Paris, pero también era un cabezotas y malhumorado.

-El resto del menú se lo dejo a su criterio porque sé que no va a defraudarme, pero le pido por favor que no incluya pescado o algo procedente del mar... El señor Jackson tiene un apego muy especial al océano, y no soporta ver que alguien se alimente de animales que vivan allí- explicó la rubia con rapidez desentendiéndose por completo el asunto, puesto que no tenía ganas de iniciar otra discusión con el parisino y perder su valioso tiempo cuando le restaba mucho trabajo por hacer. El hombre acepto aquello con un "oui" más animado, y luego se despidió pronunciando un "au revoir" bastante atropellado para luego gritar una sarta de insultos en francés a quien debía de ser su asistente. A pesar de no saberlo, Annabeth ya sentía lastima por esa persona.

Colgó el auricular del teléfono y procedió luego a trazar una línea sobre la palabra "menú" que figuraba en su lista de tareas. Ya solo faltaba corroborar la ornamentación con el decorador, retirar la lista de bebidas que necesitaría el barman encargado de preparar los tragos y confirmar con la banda el horario de su presentación. Mas todo esto requería dejar la oficina, razón por la cual antes tendría que esperar a que Piper regresara de FedEx.

Esto de ultimar detalles la gala anual de beneficencia en menos de una semana estaba agotando con su paciencia, ya que le gustaba planificar todo de a poco, pero debía terminar antes del viernes puesto que la semana siguiente se la pasaría viajando... Si dependiese de ella no pondría un pie fuera de Manhattan teniendo tanto trabajo, pero Percy le pidió encarecidamente recorrer las tiendas de Olympus de la costa oeste y realizar el control trimestral, debido a que por compromisos familiares necesitaba quedarse en New York. Y debía ser franca: jamás podía decirle que no a Percy. Es decir, ¿cómo hacerlo cuando el esbozaba un gesto de borrego a medio morir que la hacía derretirse por dentro? Sencillamente era imposible. Rachel ya le había advertido que no podía dejarse vencer por un rostro bonito con tanta facilidad, pero hacerlo era más difícil que decirlo y…

Perdió el hilo de sus pensamientos cuando un ring procedente del teléfono fijo de su escritorio la hizo volver a la realidad... ¡Dioses! Ya era la segunda vez que se distraía pensando en su jefe, cuando debería estar redactando un informe con las nuevas políticas de empleo para Olympus o revisando los últimos estados de cuentas enviados por las sucursales del sur del país.

-Oficina de Percy Jackson, ¿en qué puedo ayudarle?- preguntó de forma automática, mientras buscaba en su ordenador el archivo de Word que comenzó a escribir a inicios de la semana y que debía de terminar para antes del viernes.

-Llamo para que me confirmes la asistencia de Olympus a la fiesta de aniversario- pensando de la reina de Roma, era precisamente Rachel quien tenía que llamarla en esos momentos. Sin dudas, una coincidencia muy graciosa.

Conocida en todo Estados Unidos como RED, que eran las iniciales de su nombre completo y que curiosamente hacían alusión al color rojo fuego de su cabello, Rachel Elizabeth Dare era una de sus mejores amigas y la persona más singular que había tenido el placer de conocer en la gran manzana. Bohemia, liberal, visionaria, desinhibida... Era sin dudas una de esas mujeres que uno nunca pensaría encontrar dentro del mundo de la moda. Como ella misma decía lo de la agencia de publicidad era solo un pasatiempo, puesto que su verdadera vocación era la de ser artista. Aunque empleaba la mayor parte de su tiempo en RED, dedicaba también pequeña una parte del mismo a pintar oleos o experimentar con nuevas formas de arte siempre que podía. En más de una ocasión sus trabajos habían sido expuestos en muestras de alto renombre en Manhattan, y hasta había trabajado en una escultura que hoy se encontraba dentro del Museo de Arte Moderno de New York.

-Es el evento de prioridad en la agenda de Percy para el fin de semana, pero sabes mejor que yo que el es demasiado impredecible y hasta capaz de salir de viaje a algún arrecife esa misma tarde- respondió Annabeth sin dejar de escribir en el ordenador, recordando con claridad la de veces que su mejor amigo había desistido a concurrir a eventos sociales por dedicarse a bucear en arrecifes de coral.

-Vendrá, a menos que quiera acabar sepultado bajo tierra dentro de poco- amenazó Rachel con un tono fúnebre, más solo consiguió que la rubia soltara una pequeña risita y negara con la cabeza -Listo, entonces confirmare sus dos lugares en mi mesa-

¡Maldición! Olvidó completo pensar en una excusa para no asistir a la fiesta, y todo por tener la cabeza en la gala de beneficencia... Desde hacía ya varios años, siempre que invitaban Percy a eventos sociales relacionados con Olympus, era Annabeth quien lo acompañaba. La razón oficial era que él no tenía una novia formal con la cual asistir, ya que sus conquistas solían durar menos de dos días, pero la verdadera era que no toleraba ese tipo de reuniones y con la compañía de su mejor amiga las cosas se volvían un poco soportables.

-Rachel discúlpame pero ese día teng- inició Annabeth en un intento de sonar arrepentida, más la mujer al otro lado de la línea ni siquiera la dejo terminar puesto que golpeó su mano contra lo que debía de ser su escritorio produciendo un estruendo.

-¡A no! Tú irás a esa fiesta, Annabeth Chase, o si no te juro que este momento corto mi asociación a Olympus- amenazó una Rachel que se oía bastante molesta, lo que hizo que la aludida suspirase y se masajeara la sien con la mano izquierda... En fin, tendría que decirle la verdad. Observó con detenimiento el pasillo frente a su escritorio y, al comprobar que nadie venia hacia allí ni prestaba atención a su llamada telefónica, volteó hacia un lado la silla giratoria en la que estaba sentada para tener algo de privacidad.

-Sabes que no soporto estar a menos de cien metros de tu supermodelo estrella- confesó Annabeth en voz muy baja, sintiendo en su interior como la bilis le subía hasta su garganta de solo recordar que Percy había cenado la noche anterior con la golfa de Drew Tanaka... Seguro la muy desgraciada había llamado a algún paparazzi, y dentro de poco tendría que lidiar con la horda de reporteros desesperados por saber sobre la vida sentimental de su jefe.

-Ya me encargue de eso. Curiosamente hoy nos llamaron de Brasil y necesitan a Drew allí este fin de semana para la campaña publicitaria de los próximos juegos olímpicos en representación de nuestro país- típico de Rachel. Desde que entero de los sentimientos que su mejor amiga tenía por Percy (o más bien lo descubrió sola, cuando de casualidad pescó a Annabeth asesinando con la mirada a Drew mientras esta besaba al magnate de Olympus muy cerca de los labios), se había empeñado en hacer todo lo posible para alejar a la "competencia".

-No sé por qué no creo que se trate de una casualidad- aseveró la rubia rodando los ojos, mientras una sonrisa se extendía por sus labios... Viéndolo de este modo, ya no pintaba tan mal asistir a la fiesta el sábado.

-Ya me deshice de ella asi que no tienes excusas para faltar, ¿entendido?, y además vendrá alguien que quiero que conozcas- al instante, Annabeth se envaró en su silla y abrió los ojos desmesuradamente.

-Por favor, Rachel, no quiero otra cita a cie- empezó la asistente de Percy Jackson, pero como siempre fue interrumpida por la pelirroja.

-¡Te veré el sábado!- un segundo después Rachel Elizabeth Dare cortó la comunicación, dejando a su mejor amiga congelada con el tubo del teléfono pegado a su oído.

Ay no. ¿Por que tenía que hacerle las cosas tan difíciles? Todavía recordaba a la perfección lo que sucedió la última vez que acepto salir en una cita con un amigo de Rachel: terminó detenida en la jefatura de policía durante unas horas por encadenarse a un viejo árbol de Little Italy que estaba por ser removido para la construcción de un centro comercial. Luego de eso, Annabeth había aprendido a no confiar en las buenas intenciones de Rachel... Ella era una persona excelente, pero los tipos que conocía eran unos artistas locos con lo que no quería tratar en lo que le quedaba de vida.

Lo más gracioso de todo era la finalidad de esto: conseguir que Percy estuviese celoso. Si, porque la pelirroja tenia la extraña teoría de que el magnate de Olympus admitiría que veia a su mejor amiga como algo más que eso cuando se diera cuenta de que podría perderla en cualquier momento. Hasta ahora las cosas no iban dando mucho resultado, pero solo llevaba un solo intento y la verdad ya no tenía ganas de seguir con aquello porque luego de la funesta cita en Little Italy Percy se burlo de ella durante más de una semana.

Suspiró abatida mientras cerraba los ojos con pesadez… Ni modo, tendría que asistir a la fiesta. En su cabeza repasó mentalmente las cosas que debía de agregar a su lista de tareas personal: pasar por la bodega y buscar algún vestido junto a un par de zapatos, pedir cita con su estilista y enviar el esmoquin de Percy a la tintorería. Genial. Primero discutía por casi una hora con un franceses quisquilloso, luego era obligada a asistir a una cena donde le presentarían a quien sabe que clase de hombre, todo esto sin contar que estaba hasta el techo de trabajo. Sin dudas, este no venía siendo un buen día.


Notas: antes que nada debo decirles ¡MUCHISIMAS GRACIAS! Cuando inicie con esto no pensé tanto apoyo y tantos comentarios positivos... Es decir, a diferencia de algunos aquí esta es recién mi tercera historia de la saga y sé que a veces la reputación determina el éxito de proyectos como este. Para mí significa muchísimo que se interesaran en esto cuando soy casi una novata escribiendo en este fandom. De verdad, gracias. :')

Cambiando de tema, y antes de que me ponga demasiado sentimental, les debo una explicación sobre el intento de portada. Si, ya se: esta horrible. Lamentablemente no soy buena editando, pero, como agradecimiento por su apoyo, decidí hacerla. Los actores que elegí fueron Nina Dobrev (como Piper), Reese Whiterspoon (como Annabeth), Chris Pine (como Jason) y Oliver Goodwill (como Percy)... Si nos les gusta o creen que no concuerdan con su descripción física lo entiendo, pero de verdad tuve bastantes problemas para encontrar una actriz rubia de ojos grises (Reese los tiene verdes, pero de lejos no se nota xD) o un actor rubio de ojos azules (en la foto que puse el pelo de Chris parece oscuro, pero tengo otra donde les juro que es Jason! *.*)

CONSIGNA

Como creo en la democracia haremos una votación en el próximo capitulo, pero antes dejare una tarea: decirme nombres de actores que ustedes consideren adecuados. En las notas del siguiente capitulo diré todas las opciones y podrán votar por sus cuatro favoritos. Les daré algunas alternativas que se me ocurrieron: para Annabeth pensé en Kirsten Dunst y Rachel McAdams; para Piper en Victoria Justice y Melissa Benoist; y para Percy en Jim Sturgess y Orlando Bloom (aunque no quisiera cambiar a Oliver porque lo veo perfecto). Les debo opciones de candidatos a Jason, porque amo demasiado a Chris Pine y además no encontré a alguien más. Si no se les ocurre nada o creen que no hace falta buscar, me dejan en un review o MP los nombres de los cuatro que quieren en la portada. Eso sí: por si todavía no les quedo claro Piper es la menor de los cuatro (tiene 25) y los demás andan rondando los 30 asi que tengan eso cuenta a la hora de decirme otros candidatos.

Centrándonos ya en el capitulo, ¿que les pareció? Yo no quede conforme con la parte de Jason. Les juro que intente reescribirla varias veces, pero simplemente no pude... No sé, siento que en mi cabeza la veia de otra forma diferente y no supe plasmarla asi que si no les gusta perdón. Prometo que la próxima les va a encantar. De las demás no tengo mucho para decir, salvo que me gustan las de Piper porque las escribo en muy poco tiempo.

¿Como quedaron? Apuesto a que no esperaban que Reyna apareciese tan pronto y encima como prometida de Jason xD... Ya sé, soy mala, pero necesitaba que una de las parejas principales tuviese este tipo de problemas y no podía hacer esto con Percabeth. Mas no se desesperen, que les prometo que esto hará las cosas interesante entre Jason y Piper. Además ya vieron que las cosas con Reyna no están muy bien (el titulo hace alusión precisamente a los problemas de nuestro rubio favorito).

Les adelanto que el próximo capitulo se vendrá con todo: aparecerán tres nuevos personajes (dos de ellos muy amados por las chicas), y ocurrirá el tan esperando primer encuentro oficial de una de las parejas. Hay unas cuantas sorpresas más, pero no voy a decirles.

No me pidan fecha actualización, pero seguro será en diciembre... En serio, de milagro actualice en tan poco tiempo asi que no se acostumbren demasiado a esto. Estoy hasta el techo con anatomía, aunque igual entre descansos tratare de adelantar algo, pero les anticipo que ya tengo escritos algunos diálogos asi que solo es cuestión de rellenar (asi es: por alguna extraña razón casi siempre escribo primero los diálogos y después lo demás).

Gracias a DianaDeLore, hija de ares, klan, Hito-Chan, Prim Jackson, Kany Iparis, PatashifyDragneel y CocoDriloDeLaCaleta y JuguitoDiAngelo por los reviews o MP's. A los chicos que leen como guest los invito a crear un perfil en Fanfiction asi pueda responderles. Y por supuesto también agradezco a todos los que están siguiendo la historia desde el anonimato o que la agregaron a favoritos.

Repito: ante cualquier duda, comentario, queja o lo que sea me dejan un review o me envinan un MP.

Creo que es todo por ahora. Espero que hayan disfrutado del capitulo.

Atte. Anitikis

P/D: ¿Ya vieron En llamas? Yo recién voy el domingo por culpa de la Uni T.T ... Y nada que ver, pero ya hice mis remeras de los dos campamentos (Mestizo y Júpiter), asi que si alguien quiere los logos déjenme su email junto en un review y se los paso.