FANFIC: De noche todos los gatos son pardos.

Capitulo 2.

La música sonaba fuerte como siempre, así eran los mexicanos, demasiado escandalosos para su gusto, pero ya no era hora de cenar en el local, más bien ya estaban sirviendo solo bebidas y botanas que las acompañaran, el japonés pidió a todos los dioses que aun le pudieran llevar algo de comer.

- hey! Hyuga! –la voz del chico moreno le indicó donde se encontraban, y más con sus saltos- por acá! por acá! ven! ven, amigooo!

- que bueno que viniste, japonés... –le expuso su compañero pelirrojo al verlo arribar a la mesa-

- con tu mensaje no me quedaba opción, Melchiore… -respondió el nipón a su capitán-

- qué bien! qué bien! –repetía el chico mexicano que se veía más alegre que de costumbre- ya somos más!

- ya está…? –intentó cuestionar divertido el japonés-

- hasta la coronilla el pequeñajo… -le respondió su compañero Dionisio, el rubio defensa italiano- Darío, ya lleva… veamos... -contó los vasitos vacíos en la mesa- cinco tequilas… -sonrió-

- si, cinco someros tequilas… -apoyó el capitán pelirrojo del Reggiana- bueno, tú ya sabes qué es eso, amigo Hyuga… -se burla y el delantero moreno frunce el entrecejo al recordar-


En la cena de bienvenida de la mexicana, Zúñiga había invitado casi a todo el personal del plantel del Reggiana, pero finalmente solo habían acudido pocos, Hyuga después agradeció eso.

Los chicos del equipo cenaron esa extraña comida, se deleitaron con la música del local y se asombraron por su cultura ruidosa, se divirtieron finalmente, pero aquello no acabó ahí; el chico latino había decidido hacer un brindis al final, estaban ya solo cerca de ocho amigos del deportivo para esas altas horas de la noche, todos habían pedido de beber, solo él se había detenido a pedir un simple vaso con agua, aquello no sorprendió a los chicos del Reggiana, sabían que el japonés era así, pero no los nuevos elementos del deportivo, los cuales lo miraron confundidos.

La chica latina frunció el entrecejo por su insolencia, se habían dirigido la palabra muy poco en ese día, pero siempre sus comentarios eran en tono de leve agresión del uno para el otro, teniendo que interponerse Melchiore o Zúñiga para poner paz.

La auxiliar castaña le dijo algo en español a su compatriota, este puso una cara de asombro, pero después sonrió con picardia y asintió con la cabeza. Hyuga decidió ignorarlos, bebió un sorbo de su vaso, de seguro había sido un comentario en reclamo de su decisión de no pedir bebida, sino solo agua, no le importó.

El chico de mirada café sin alguna razón se puso en pie y abrazó a Hyuga mostrándole el mural que estaba a su espalda, dio una corta explicación al japonés sobre el significado de aquella mujer sosteniendo un estandarte de la Virgen de… no comprendió, agradeció que el mexicano lo soltara y después decidiera hacer finalmente el brindis.

Hyuga tomó su vaso de agua, pero lo sintió extraño, juraría que ya había bebido un sorbo; el jovencito levantó su pequeño vaso tequilero y gritó al espacio: salud!. Todos en su mesa y en las mesas cercanas lo emularon y bebieron, él no fue la excepción.

El líquido le quemó la boca y no pudo evitar escupirlo, pero se precavió de ladear su cabeza con rapidez o bañaría a su entrenador en pleno rostro, todos soltaron la risa, pero para su mala suerte empapó a un hombre mal encarado que iba pasando a su lado, el silencio se hizo absoluto. El fulano lo tomó del cuello de la casaca y lo levanto de su asiento, le gritó quien sabe que cosas, no entendía el idioma, pero si detectó el insuperable aroma a alcohol, recordó ese pestilente olor de su ex entrenador del Meiwa.

La chica castaña se puso rápidamente de pie y le sujetó la mano al hombre, este la miró con furia en los ojos y ella le expresó algo más sonriendo, el japonés nuevamente no entendió ni una palabra. El corpulento individuo miró al japonés y comenzó a reír también, lo volvió a colocar en su asiento y le palmeó la espalda que casi le sacaba un pulmón por la boca y se alejó acompañado de ambos mexicanos a la barra de bebidas.

Hyuga miró molesto a Melchiore que continuaba riéndose, este le explicó que como una "inocente bromita", González le había cambiado su vaso de agua por tequila, en venganza de lo que él le había hecho de extraviarla y para que conociera lo que era esa bebida mexicana.

La buscó molesto con la mirada, ella brindaba con Darío y el hombre, levantando su vasito de tequila al aire, ella regresó sus orbes grisáceas a la mesa y sus miradas coincidieron, ella le hizo la seña del brindis también a él, Hyuga enfureció. Iba a ponerse de pie cuando llegó el mesero a su lado, le puso frente a él unos recipientes que reconoció al instante, era un tokkuri con sake y el masu, anexaba una servilleta del local donde estaba escrito: kanpai!-salute!-salud! La misma palabra solo que en tres idiomas diferentes: japonés, italiano y español... Volteó a ver a la chica castaña confundido, ella le sonrió y leyó en sus labios su idioma oriental de brindis. Hyuga comprendió, los dos mexicanos deseaban solo ser sus amigos, esos chicos eran iguales a él, habian abandonado su país y lo extrañaban, pero deseaban lograr sus sueños en Italia. Solo le quedó sonreír y brindar también.

A partir de ahí llevaron una mejor relación, pero sus caracteres tan parecidos los hacían enfrentarse algunas ocasiones, se gritaban, discutían y alguno de los dos cedía, volvían a ser amigos al poco tiempo. Salieron en grupo infinidad de veces a cenar y parrandearse, pero siempre en conjunto con sus compañeros del Reggiana.

Hyuga aceptaba que la chica era muy profesional, responsable y dedicada en su labor como auxiliar, ahora comprendía por qué la habían contratado, y al parecer él para ella también era una persona de admirarse y respetarse, ya que un día sin querer la había escuchado hablar de su persona con el chico de ojos cafés en el vestidor.

Darío al parecer le bromeó riendo algo en español a la castaña, y esta mencionó su nombre. Hyuga estaba saliendo de la ducha, ellos no tenian conocimiento de que continuaba en el lugar. El Tigre la escuchó llamarlo y se detuvo de golpe, agudizó su sentido auditivo. El japonés se ruborizó de escuchar de viva voz de la mexicana lo que pensaba de él, aunado a que ella mencionó que era un excelente jugador, fuerte, arrojado y decidido, también le confesó a su compatriota que le parecía apuesto y se le hacía muy, muy varonil, pero que desgraciadamente su carácter lo arruinaba.


- vaya… vaya… -la voz del portero pelirrojo lo trajo de vuelta de sus pensamientos- en que o en quien piensas, que has sonreído inconscientemente, Hyuga? –le cuestionó divertido-

- en nada, ni en nadie… -respondió levemente molesto-

- vamos, Kojiro! –le imperó el jovencito latino- pide tu sakate! y vamos a beber! –gritó y los otros chicos rieron-

- aaah! –suspiró- es sake, Darío… -corrigió- y no beberé hasta haber comido antes algo… -explicó-

- uh! pues… -miró a todos lados el rubio- creo que tendrás que pasarte al otro local, japonés… -aconsejó- aquí ya solo están sirviendo de beber… o solo que quieras alguna botana…

- olvídalo… -se puso de pie- muero de hambre…

- pues ve, Kojiro…ve al restaurante… -le expuso molesto el mexicano, mientras se servía una vez más- así te traes a Narda… contigo…

El delantero moreno miró confundido al chico mexicano y después cuestionante al portero italiano.

- bien, lo que pasa es que Narda... ella está desde que llegamos en el restaurante anexo y cuando terminamos de cenar… -expone con cierto nerviosismo en su mirada azulina- no quiso venir con nosotros al bar…

- y por qué no? –cuestionó el nipón- esa niña no se perdería una parranda por nada… -se burló-

- bueno… -rascó su nuca el chico de ojos verdes- mejor míralo por ti mismo, Kojiro… -le respondió el rubio defensa del Reggiana- solo al verlo lo creerás, amigo… -el portero lo apoyó asintiendo con la cabeza-

El japonés continuó su andar al restaurante e ingresó al local externo, la buscó con la mirada y la encontró. Hyuga abrió desorbitados sus felinos ojos oscuros, en la mesa del fondo se encontraba la jovencita castaña, de pie y besándose con un chico de gorra.