Epílogo.
Cinco meses después.
— ¡Joder, Sakura, te digo que así no entra! —
— ¡Eres un hombre, dale más fuerte! ¡No es problema mío que sea tan estrecho! —
Un hombre de cabellera plateada asomaba la cabeza al pasillo del edificio y sonreía pícaramente, observando cómo la nueva pareja ingresaba un gran sofá negro a su nuevo hogar. — ¿Por qué creo que estos jóvenes serán una fuente de inspiración para cuando escriba mis libros? — pensaba internamente.
Mientras tanto, la pareja seguía forcejeando en la puerta: menudo espectáculo estaban montando. Una menuda chica con un estrambótico cabello rosa estaba sosteniendo una de las puntas del mobiliario, con brazos temblorosos y sudor en su frente. El chico, de alto porte, lo sostenía de la otra, marcándosele los músculos de sus potentes brazos al sostener el peso. Lanzaba improperios de vez en cuando, pero aun así, su expresión era divertida.
Luego de unos largos minutos, lograron ingresar el mobiliario al departamento.
Jiraiya se sentía feliz de tener nuevos vecinos. Nuevos candentes vecinos. No viejas arrugadas que lo miraban con desaprobación por ser escritor de novelas eróticas. Ahora, podría escuchar a través de las paredes las cosas que hacía la parejita y así imaginar nuevas escenas para sus libros.
Pero había un problema: al parecer, su apetito sexual era insaciable. Sí, insaciable.
Varias semanas habían pasado desde que los dos inquilinos se trasladaron al departamento en frente del suyo y desde ese entonces, Jiraiya no había podido dormir tranquilo UNA noche. Los gritos procedentes del pequeño hogar eran continuos. A la mañana temprano, al mediodía, a la tarde, noche y hasta altas horas de la madrugada. Todo el JODIDO día, todos los JODIDOS días. Incluso a veces, otros jóvenes ingresaban al departamento y se unían al griterío.
—Los jóvenes de hoy en día tienen un nivel de perversión mucho mayor que el nuestro a su misma edad— pensó— tendré que agregar cosas como bondage o swing a mis novelas, o perderé el éxito—.
De hecho, en la primera semana, al anciano le había parecido divertido que la pareja fuera tan activa sexualmente. En la segunda, en altas horas de la madrugada los envidiaba. En la tercera, no los soportaba.
—Ese maldito moreno, ¡¿Cómo MIERDA puede aguantar tanto?! —
(Claramente, la envidia persistía)
Ahora, en la cuarta semana sin poder dormir correctamente, había decidido tomar medidas drásticas.
Jiraiya derribaría la puerta del departamento cuando los jóvenes estén en pleno acto sexual, y les cantaría las doce, creyendo de esta manera, que cesarían con su desenfreno (o al menos bajarían el tono de sus quejidos).
Así que, a las 11:32 de la noche, el día martes, salió con sus pijamas de ranas completamente enfurecido, hacia el angosto pasillo del edificio. Ni bien abrió la puerta, ya se escuchaba lo que la pareja gritaba:
—¡OH, SIIIII SASUKE-KUN, ASÍIII! —
—¡SAKURA, MÁS RÁPIDO! —
—¡SIIII SASUKE-KUN, YA CASI! —
—SAKURA, ESTOY A PUNTO DE…—
Los jóvenes se vieron interrumpidos por un colérico Jiraiya que había derribado la puerta fuertemente de una patada.
—¡MALDITOS DESCARADOS, YA DEJEN DORMIR AL PRÓ…!— Los ojos del anciano se abrieron de par en par.
Nunca había visto algo así.
En el centro de la habitación dos pares de ojos le devolvían la mirada, igual de sorprendidos.
Los jóvenes estaban sentados en el gran sofá negro con un control entre sus manos frente a un televisor de tamaño monumental…jugando videojuegos.
—¿¡Pero qué mierda viejo?! — exclamó el joven mientras se levantaba del sillón y arrojaba el joystick—
—¡Estábamos a punto de matar al jefe final! — gritó la chica. Posteriormente, miró la pantalla del televisor y su expresión se transformó: —¡JODER, NOS HA MATADO SASUKE, NOS HA MATADO! ¡TENDREMOS QUE HACER TODO DE NUEVO! —
—Sakura… un viejo nos acaba de romper la puerta de una patada—.
—¡EL VIEJO NOS HIZO PERDER LA PELEA CON EL JEFE FINAL!, ESO, ES MÁS IMPORTANTE—.
Una nueva discusión comenzaba, y Jiraiya se sintió completamente ignorado por los novios. Lentamente y sin hacer ruido, salió del departamento y entró a su hogar. Se encontraba en estado de shock, casi sin pestañear.
Esa noche, el adulto mayor no pudo dormir, pensando en que el problema en realidad con sus vecinos, es que eran un par de idiotas.
Dentro del apartamento, la pareja trataba de colocar la puerta como podía. La dejaron CASI presentable, pero de todas formas tendrían que llamar a un albañil para colocar otra.
Lo sucedido, ya se había convertido en una anécdota. Ambos se encontraban riendo ante lo tragicómico de lo que acababan de vivir.
Sasuke tomó de la mano a Sakura y la llevó hacia su habitación.
—Parece que tendremos que comprar una como ésta, Sakura…— dijo, mientras comenzaba a besarla sobre la cama. La risa de la muchacha se perdía entre los labios del hombre.
Y es que ya se habían encargado de poner una puerta a prueba de ruidos en su recámara, para apaciguar los sonidos que eran fruto de su pasión.
Pero tendrían que comprar otra, para amedrentar los sonidos de su otra pasión: los videojuegos.
¡Y a pedido de los lectores, al fin me decidí a hacer un epílogo! Espero que sea de su agrado y se diviertan leyéndolo. Si así les resultó, espero con ansias que dejen un review para hacérmelo saber. Muchos abrazos y buena semana.
Nunca Jamás.
