Capitulo 1: Naranjas, duraznos y limones. ¡Por dios!

—Finalmente, alguien compró la vieja casa de los Reinols —dijo la madre de Johanna Mason. Era sábado por la tarde y la señora Mason estaba sentada en la mesa de la cocina, sus lentes bifocales estaban posados sobre su nariz, mientras hacia tranquilamente sus cuentas.

Johanna sintió la Coca-Cola de vainilla burbujeando en su nariz.

—Creo que una chica de tu edad se ha mudado —continuo la señora Mason—. Iba a llevarles esa cesta. ¿Tal vez quieras hacerlo en mi lugar? —apuntó hacia la monstruosidad de celofán en el mostrador.

—Dios, mamá, no —contestó Johanna. Desde que se había retirado de la enseñanza en la escuela primaria el año pasado, la mamá de Johanna se había convertido en la no oficial señora Wagon de Rosewood, Pennsylvania. Ella había reunido un millón de cosas al azar, fruta seca, esa cosita de goma que se utiliza para tener frascos abiertos, pollitos de cerámica (la mamá de Johanna estaba obsesionada con los pollos), una guía de hoteles en Rosewood, cualquier cosa que entrara en una cesta de bienvenida. Era un prototipo de mamá suburbana, menos por la SUV. Pensaba que eran ostentosas y consumían grandes cantidades de gasolina, por lo que en su lugar, conducía un carro tan practico como el Volvo.

La señora Mason se levantó y paso los dedos por el cabello dañado por el sudor de Johanna.

— ¿Te molesta ir allí, cariño?.

—No, está bien, yo lo haré.

Claro, Johanna se quejó un poco y en ocasiones ponían los ojos en blanco. Pero la verdad era que si su madre se lo pedía, ella haría cualquier cosa que tuviera que hacer. Johanna era casi clasificación A, cuatro veces campeona de pista y campo, una hija híper-obediente. Seguir las reglas y las peticiones era fácil para ella.

Además, en el fondo ella quería una razón para volver a casa de Cashmere de nuevo. Aunque parecía que el resto de Rosewood había comenzado a pasar de la desaparición de Cash, tres años, dos meses y doce días atrás, Johanna no. Incluso ahora, no podía mirar su anuario del séptimo grado sin querer acurrucarse como un balón. A veces en días lluviosos, Johanna aun releía las antiguas notas de Cash, que almacenaba en una caja de zapatos Adidas debajo de la cama. Incluso tenia un par de pantalones de pana que Cash le había permitido tomar prestados de una percha de madera de su armario, aunque ahora eran demasiado pequeños para ella. Había pasado los últimos años en Rosewood en soledad, anhelando otra amiga como Cash, pero probablemente nunca iba a suceder. No había sido una amiga perfecta, pero con todos sus defectos, Cash era bastante difícil de reemplazar.

Johanna se enderezó y tomó las llaves del Volvo del gancho al lado del teléfono.

—Vuelvo en un rato —dijo mientras cerraba la puerta detrás de ella.

Lo primero que vio cuando se detuvo frente a la vieja casa victoriana de Cashmere en la parte superior de la frondosa calle, fue un montón enorme de basura en la acera con un letrero que decía: ¡GRATIS! Entrecerrando los ojos se dio cuenta de que algunas de las cosas eran de Cashmere, reconoció la blanca, vieja y mullida silla de dormitorio. Los Reinols se habían mudado hacia ya nueve meses. Al parecer habían dejado algunas cosas atrás.

Se estaciono detrás de un camión gigante de mudanzas Bekins y salió del Volvo.

—Whoa —susurró, tratando de evitar que su labio inferior temblara. Bajo la silla, había pilas de libros mugrientos. Johanna se agachó y miro los lomos. El rojo emblema del valor. El príncipe y el mendigo. Recordó haberlos leído en sus clases de inglés del séptimo grado con la señora Pierce, hablando de simbolismos, metáforas, y desenlace. Había mas libros debajo, incluyendo algunos que solo lucían como viejos cuadernos. Cajas situadas al lado de los libros que habían sido marcadas como ROPA DE CASHMERE y VIEJOS PAPELES DE CASHMERE.

Sobresaliendo de una caja, había una cinta azul y roja. Johanna tiró de ella un poco. Era una medalla de Atletismo del sexto grado que Emily había dejado en casa de Cashmere un día que había inventado un juego llamado Diosas sexuales del Olimpo.

— ¿Quieres eso?

Johanna levantó la mirada. Se encontró con una chica alta y delgada con piel color leonado y salvaje cabello rizado color naranja. La chica llevaba una blusa sin mangas de color amarillo cuya cinta se deslizaba sobre su hombro para revelar un sujetador de colores naranja y verde. Johanna no estaba segura, pero le pareció que tenía uno igual en casa. Era de Victoria Secret y tenía pequeñas naranjas, duraznos y limones, todo en el área… ejem… del busto.

La medalla se le deslizó de las manos y cayó al suelo.

—Um, no, —dijo Johanna, intentando levantarla.

—Puedes llevarte lo que quieras. ¿Ves el cartel?

—No, en serio, está bien.

La chica extendió su mano.

—Finch Germain. Acabo de mudarme aquí.

—Yo… —las palabras se le quedaron atascadas en la garganta—. Soy Johanna —finalmente logró decir, tomando la mano de Finch y sacudiéndola. Se sentía realmente muy formal sacudir la mano de una chica. Johanna no estaba segura de haberlo hecho antes. Se sintió un poco confusa. ¿Quizás no había comido suficientes Honey Nut Cherios para el desayuno?

Finch señaló las cosas en el suelo. — ¿Puedes creer que toda estas porquerías estaban en mi nueva habitación? Tuve que sacarlas yo sola. Eso apesta.

—Si, todo esto pertenecía a Cashmere —Johanna susurró. Finch se inclinó para inspeccionar algunos de los libros de bolsillo.

Subió la cinta de su blusa de nuevo por su hombro. — ¿Es amiga tuya?

Johanna hizo una pausa. ¿Es? Quizás Finch no había escuchado de la desaparición de Cash.

—Um, lo era. Hace mucho tiempo. Al igual que de un montón de chicas que viven por aquí —explicó Johanna, omitiendo la parte sobre el secuestro o asesinato o lo que le hubiera ocurrido y que ella no podía soportar no siquiera imaginar—. En séptimo grado. Voy a entrar al onceavo ahora en Rosewood Day —la escuela comenzaba después de ese fin de semana. Al igual que las practicas de atletismo de otoño, lo que significaba tres horas de atletismo diaria. Johanna no quería pensar en eso.

— ¡Yo también voy a Rosewood! —sonrió Finch. Se dejo caer en la vieja silla de Cashmere y los resortes chirriaron—. De lo único que mis padres hablaron en el avión de camino aquí es de lo afortunada que soy de haber entrado en Rosewood y lo diferente que será de mi escuela en California. Apuesto a que ustedes no tienen comida mexicana ¿verdad? O al menos buena comida mexicana, como la de Cali-Mexican. Solíamos tenerla en nuestra cafetería y mmm, era tan buena, voy a tener que acostumbrarme a Taco Bell. Sus gorditas me dan ganas de vomitar.

—Oh —Emily sonrió. Esta chica si que hablaba mucho—. Si, la comida de ahí apesta.

Finch se levanto de la silla. —Esta podría ser una pregunta extraña, ya que acabo de conocerte pero, ¿te importaría ayudarme a llevar el resto de estas cajas a mi habitación? —Señaló unas cuantas cajas Crate & Barrel que situadas cerca de la camioneta.

Los ojos de Johanna se agrandaron. ¿Entrar en la antigua habitación de Cashmere? Pero seria totalmente grosera si se negaba ¿o no?

—Um, claro —dijo con voz temblorosa.

El vestíbulo aun olía a jabón Dove y a popurrí, como cuando los Reinols habían vivido allí. Johanna se detuvo en la puerta y espero que Finch diera instrucciones, a pesar de que sabía como encontrar la habitación de Cash, subiendo las escaleras, al final del pasillo con los ojos vendados. Las cajas de mudanza estaba por todas partes, y dos galgos italianos ladraron desde detrás de la puerta de la cocina.

—Ignóralos —dijo Finch, subiendo las escaleras hacia su habitación y empujando la puerta con su cadera.

"Wow, se ve igual" pensó Johanna mientras entraba en la habitación. Pero la cosa era, que no era lo mismo; Finch tenia una cama matrimonial en un esquina diferente, tenia un enorme monitor de pantalla plana en su escritorio, y había colocado pósters por todas partes, cubriendo el antiguo empapelado de Cashmere. Pero algo se sentía igual, como si la presencia de Cashmere siguiera flotando por ahí. Johanna se sintió mareada y de inclinó contra la pared para apoyarse.

—Ponla en cualquier lugar —dijo Finch. Johanna se recuperó, dejó la caja en el suelo al pie de la cama, y miro alrededor.

—Me gustan tus pósters —dijo. En su mayoría eran de bandas: M.I.A, Black Eyed Peas, Gwen Stefani en su uniforme de porrista—. Amo a Gwen —agregó.

—Si —dijo Finch— mi novio esta totalmente obsesionado con ella. Se llama Justin, es de San Francisco, de donde soy.

—Oh. Yo también tengo novio —dijo Johanna, su nombre es Ben.

— ¿Si? —Finch se sentó en su cama—. ¿Cómo es?

Johanna trato de pensar en Ben, su novio de cuatro meses. Lo había visto hace dos días, cuando habían mirado el DVD de Doom en casa de ella. La mamá de Johanna estaba en la habitación de al lado por supuesto, apareciendo de forma aleatoria, preguntando si necesitaban algo. Habían sido buenos amigos por un tiempo, el mismo tiempo que tenían en el mismo equipo de atletismo. Todos los compañeros de su equipo les decían que deberían salir, y así lo hicieron.

—Él es genial.

—Entonces, ¿Por qué ya no eres amiga de la chica que vivía aquí? —preguntó Finch.

Johanna apartó su cabello marrón oscuro y lo acomodo detrás de sus orejas.

Wow, así que Finch realmente no sabía nada de Cashmere. Sin embargo, si Johanna empezaba a hablar de Cash, podría comenzar a llorar, lo cual seria raro. Apenas conocía a esta chica Finch.

—Crecí apartada de mis viejas amigas del séptimo grado. Todas cambiamos mucho, supongo.

Eso era una ironía. De las otras mejores amigas de Johanna, Katniss se había convertido en una versión mas exagerada de su ya versión híper-perfecta; la familia de Annie se había trasladado repentinamente a Islandia el otoño después de que Cash desapareció, y la tonta-pero-adorable Madge se había convertido totalmente en una no-tonta-y-no-adorable y era una completa perra. Madge y su ahora mejor amiga Delly Cartwright , se habían transformado por completo el verano pasado entre los grados octavo y noveno.

La mamá de Johanna había visto recientemente a Madge entrar en Wawa, la tienda de conveniencia local, y le dijo a Johanna que Madge lucia "tan zorra como esa ParisHilton". Johanna nunca había escuchado a su madre usar la palabra zorra.

—Yo sé como es crecer apartada —dijo Finch, sentada en la cama dando saltitos—. Mi novio, esta tan asustado de que lo vaya a abandonar ahora que estamos en diferentes costas. Es como un bebé grande.

—Mi novio y yo estamos en el mismo equipo de atletismo, así que nos vemos todo el tiempo —dijo Johanna en busca de un lugar para sentarse también. "Tal vez demasiado tiempo", pensó.

— ¿Sabes correr? —preguntó Finch. Miró a Johanna de arriba abajo, lo que hizo sentir a Johanna un poco extraña—. Apuesto a que eres muy buena, tienes buenos hombros.

—Oh, no lo sé —Johanna se sonrojó y se apoyo en el escritorio de madera blanca de Finch.

—Claro que si —Finch sonrió—. Pero… si eres una gran deportista, ¿eso significa que me matarías si fumo un poco de hierba?

— ¿Qué, ahora mismo? —Los ojos de Johanna se agrandaron—. ¿Qué pasa con tus padres?

—Están en el supermercado. Y mi hermana esta aquí por alguna parte pero no le importa- Finch metió la mano bajo el colchón y saco una lata de Altoids. Abrió la ventana que estaba justo al lado de su cama, sacó un porro y lo encendió. El humo ondeo por el patio e hizo una nube vaga alrededor de un gran roble.

Finch inhalo un poco de nuevo. — ¿Quieres un poco?

Johanna nunca había probado la marihuana en toda su vida, siempre pensó que sus padres de alguna manera lo sabrían, por el olor de su cabello, o forzándola a orinar en una taza al algo así. Pero como Finch ponía el porro con gracia en sus labios color cereza, lucía sexy. Johanna quería lucir así de sexy también.

—Um, esta bien —Johanna se deslizo mas cerca de Finch y tomo el porro. Sus manos se rozaron y sus ojos se encontraron. Los de Finch eran verdes y un poco de amarillo, como los de un gato. Las manos de Johanna temblaban. Se sentía muy nerviosa, pero puso el porro en su boca y dio una pequeña calda, como si estuviera bebiendo Coca-Cola de vainilla de una pajita.

Pero no sabía como la Coca-Cola de vainilla. Se sentía como si acabara de inhalar un frasco entero de especias podridas. Lo corto con una tos de hombre viejo.

—Whoa dijo Finch, tomando de nuevo el porro— ¿primera vez?

Johanna no podía respirar y se limito a asentir con la cabeza, jadeando.

Resolló un poco mas, intentando tomar aire en su pecho.

Finalmente, pudo sentir el aire llegando a sus pulmones de nuevo. Cuando Finch movió el brazo, Johanna vio una cicatriz larga y blanca que descendía por su muñeca. Whoa. Parecía un poco como una serpiente albina en su piel color canela. Dios, probablemente ya estaba drogada.

De repente hubo un fuerte ruido metálico. Johanna salto. Entonces escuchó el ruido metálico de nuevo. — ¿Qué es eso? —jadeó.

Finch dio otra calada y sacudió la cabeza. —Los trabajadores. Hemos estado aquí un día y mis padres ya han comenzado las renovaciones —sonrió—. Estas totalmente asustada, como si pensaras que venia policía. ¿Has sido arrestada?

— ¡No! —Johanna se echo a reír, era una idea tan ridícula. Finch sonrió y exhaló—. Debería irme —dijo Johanna con voz áspera.

El rostro de Fnch decayó. — ¿Por qué?

Johanna arrastró los pies fuera de la cama. —Le dije a mi mama que solo haría una parada rápida. Pero te veré en la escuela el martes.

—Genial —dijo Finch—. Tal vez podrías mostrarme los alrededores.

Johanna sonrió. —Por supuesto.

Finch sonrió y se despidió moviendo tres dedos — ¿Sabes como encontrar la salida?

—Creo que si —Johanna echo una ultima mirada a la habitación de Cash- er, de Finch y bajo por las tan conocidas escaleras.

No fue hasta que el aire sacudió la cabeza de Johanna, paso por todas las cosas de Cashmere en la acera y subió al auto de sus padres, cuando miró la cesta de bienvenida de Wagon en el asiento trasero. "Maldita sea" pensó dejando la canasta entre la vieja silla de Cashmere y las cajas de libros.

De todas formas, ¿quién necesita una guía de los hoteles en Rosewood?

Y de repente, Johanna estaba feliz de lo que hizo.