No podía explicar en palabras la ira que le invadía una decisión que siempre creyó, le pertenecía a ella, pues aunque siempre supo Orochimaru la había adoptado con algún fin a beneficio de él; con el pasar de los años Karin se convenció que ese beneficio que debía otorgar, era algún gran encargo como con Kabuto, quien era la mano derecha de Orochimaru en el hospital que le pertenecía a éste último, pero no, parecía que Orochimaru –porque ahora ni mentalmente se atrevía a llamarlo padre− quería de ella lo mismo que todas las mujeres que ella conocía –de ese barrio−, ser coqueta, engatusar a los hombres de dinero para ser una "novia trofeo" y sacar la mayor ventaja de él idiota hasta llegar al altar o encontrar a un mejor postor.
Claro, tenía la opción de declinar la orden, pero la amenaza de ser echada a la calle le aterraba, pues cuando quedó huérfana estuvo en al menos cuatro orfanatorios en menos de dos años, y todo porque tuvo la suerte de siempre caer en los peores de la ciudad, ya fueran negligentes, clandestinos o peor, lo que pasó poco antes de ser adoptada: el orfanato donde cayó después de que estuviera en un tercero que clausuraron por maltrato infantil, fue uno que a primera vista era hermoso, al principio la estancia había sido un gran consuelo después de la muerte de sus padres y dos años de maltratos, abusos y condiciones infrahumanas, pero nada es lo que parece y en un par de semanas, por accidente descubrió que aquél orfanato era proveedor de esclavos y los vendían al mejor postor. La adopción sólo era la cubierta de la venta, y algunas veces daban adopciones reales para no levantar sospechas. Esa fue la suerte de Karin o quizá sólo había sido por no resaltar como hermosa para abastecer un prostíbulo o caer en manos de algún pervertido.
Definitivamente no quería volver a un orfanato y las calles no eran mejor, y eso sólo lo sabía porque recién que Orochimaru la adoptó la llevó a los barrios más bajos del país para advertirle que si no obedecía a sus reglas, podría terminar en ese lugar, donde dormir podría significar que le robaran hasta las bragas, que la violaran o simplemente no volviera a despertar. ¡No! Definitivamente no quería volver, y más aún porque estaba a un paso de la universidad ¿por qué no seguir el juego hasta tener el título en mano y ahorradas unas cuantas monedas? Porque si la echaban ahora se iría sin si quiera saber un oficio y sin nada en el bolsillo –porque aunque alguna vez desconfió de Orochimaru, hacía tiempo que se sintió segura bajo su protección, de lo contrario habría estaba prevenida− que pudiera sostenerla hasta hallar un trabajo o un refugio.
Por todas aquellas razones Karin había terminado por obedecer a Orochimaru, y era por eso que se encontraba en su habitación poniéndose maquillaje de noche acorde al vestido corto color turquesa de manga larga, pero que descubría un óvalo al inicio de sus senos y la falda era adornada por un velo de encaje negro con motivos de enredaderas. Sin embargo, pese a que el reflejo en el espejo le mostraba lo linda que se veía, no podía dejar de exteriorizar su cólera en diversas expresiones de molestia que de tanto en tanto cambiaba mientras murmuraba groserías y maldiciones.
Tanto era su enojo, así como su intento de no mostrarlo frente a Orochimaru y Kabuto, que se había olvidado por completo de buscar en internet aquél nombre que recordó de las hojas del chico rubio, tampoco lo recordó al despertar por la mañana, pese a haber tenido uno de los inquietantes sueños y la única ventaja que había encontrado de la dichosa cita era que Orochimaru no se había enfadado en lo más mínimo al ver sus calificaciones.
−¿Al menos puedo saber su nombre? –preguntó Karin mientras bajaba las escaleras de la mansión con bolsa en mano.
−Te ves radiante Karin-chan –Orochimaru esbozó una sonrisa ladina− El nombre no es importante –se acercó a ponerle el abrigo negro a su hija adoptiva− Digamos que es una cita a ciegas, después de todo él tampoco sabe mucho sobre ti.
−Tu trabajo es enamorarlo, no que tú lo hagas –Kabuto soltó una risilla burlona− De nada nos sirve que te enamores tú.
Karin volvió a enfadarse guardándolo en su interior a duras penas, sólo pudo exhalar un bufido y caminó tras Orochimaru cuando éste le hizo una seña con la mano. Ambos salieron de la mansión y enfrente, ya los esperaba una limousine negra, sin embargo, Orochimaru la hizo subir sola indicándole que sería llevada al restaurante donde ya había reservación y también le indicó que ella llamara con tiempo suficiente para que enviaran a recogerla al término de la velada.
−¿Está todo claro? –preguntó Orochimaru, a lo que Karin asintió, pues sabía que él no se refería a las indicaciones− Que tengas una linda velada.
Apretó el bolso de mano con fuerza y el carro echó a andar. Durante el camino no dejó de murmurar maldiciones, y dijo otras más cuando le llegó un mensaje al celular, el cual al principio no quería ver, pues apostaba a que se trataba de Orochimaru o Kabuto con otra advertencia o amenaza, mas al final terminó por verlo, al fin y al cabo si era de ellos era mejor seguir enojándose dentro del carro que enfrente de su cita.
"Mañana fiesta en mi casa. No vengas si no traes amigas guapas"
Era de Suigetsu, menos mal, aunque se volvió a enfadar, pero más relajada, pues de alguna forma cambiar el tema le quitó un poco de la tensión que llevaba desde que se enteró de la dichosa cita. Soltó un suspiro y no contestó el mensaje, ya tendría tiempo para eso.
−Hemos llegado señorita –anunció el chofer.
Inhaló y exhaló con fuerza tras el anuncio para tratar de calmarse, y cuando se sintió dueña de sí misma abrió la puerta del coche y salió hasta llegar con el hostess* del restaurante para verificar la reservación.
−El señor Hyuuga ya la está esperando.
No pudo evitar la sorpresa al oír el apellido de su cita, mas no dijo y nada y siguió al hostess hasta la mesa asignada. Ahí vio a un joven de cabellera larga castaña y ojos perlados, que vestido de traje negro la había estado esperando sentado, hasta que ella se hizo notar y se levantó de la silla a esperar que ella tomara asiento frente a él con la ayuda del hostees. Les entregaron la carta a ambos.
−Buenas noches –saludó con una voz grave y educada− Me presento, soy Hyuuga Neji a su servicio.
−Buenas noches, es un placer –contestó Karin con seguridad en sus palabras− Soy Hebi Karin.
−He oído hablar de usted de boca de mi tío, parece ser que su padre no deja de hablar de lo orgulloso que está de usted.
−Me temo que yo sólo sé de usted lo que las revistas, periódicos y redes sociales publican –contestó la pelirroja confundida por el comentario− Pero conozco bastante bien cómo trabajan los medios, así que no puedo fiarme de ellos.
−Es inteligente señorita –sonrió ladino a su comentario.
−¿Están listos para pedir? –llegó un mesero hablando cordialmente.
Conforme la velada continuó entablaron charla y Karin entendía que Hyuuga era un buen partido: era guapo, inteligente, educado y era heredero de algunas acciones de la empresa Hyuuga Corp. Y quizá se habría metido en aprietos con todo ello enamorándose de él, pero ¿qué clase de hombre hablaba de negocios y sus clases universitarias en una cita? ¡La primera cita! Y no era que Karin no entendiera los términos o los temas de lo que él le hablaba, pero vamos, que una cita es para conocerse, encontrar cosas en común y darse cuenta si puede haber algún tipo de atracción, no para hablar que la tasa de interés había subido el último mes o que los impuestos no bajarán en dos años por lo menos.
Los temas los entendía, pero se le hacían aburridos, y con los desvelos que venía arrastrando desde hacía semanas –que había podido ocultar muy bien con el maquillaje− comenzaban a hacerle mella. A cada rato buscaba la forma de reprimir o esconder sus bostezos, evitar correrse el maquillaje con lágrimas que estos le producían y evitar tallarse los ojos para no botarse los lentes de contacto. Sin embargo, aunque logró disimular ese sueño frente al Hyuuga, no pudo evitar tirar su copa de vino cuando quiso disimular un bostezo.
−¡¿Qué?! –exclamó Karin cuando el ruido del cristal rompiéndose y la humedad en su falda la despertaron.
−¿Está bien señorita? –preguntó Hyuuga debido a la exaltación de la pelirroja.
−Yo lo recojo –llegó uno de los meseros.
−Si, estoy bien, lo siento –respondió Karin− Con permiso, voy al tocador a limpiarme.
Karin se levantó de la silla y Hyuuga hizo lo mismo para volver a su asiento cuando perdió de vista a la pelirroja. Por otro lado, ella en el sanitario pasó un pañuelo varias veces en la mancha del vestido, y no porque le interesara la dichosa prenda, sino más bien para hacer tiempo, pues no quería volver a tan aburrida plática. ¡Era horrible!
Se mojó varias veces la cara para despertarse y se tomó su tiempo para arreglarse el maquillaje. Miró el reloj, ya habían pasado treinta minutos desde que ella llegó al restaurante y aún faltaban el plata fuerte y el postre, y por si fuera poco, no estaba muy segura de qué forma podría enamorar al Hyuuga si de lo único de lo que hablaba eran de finanzas y administración. Sonó su celular, era un mensaje de Orochimaru.
"Lo había olvidado. Tus calificaciones fueron pésimas, así que no te enviaré la limousine."
−¡¿Qué?! –no se contuvo a su exclamación.
¿Cómo se suponía que volviera a casa? Ni siquiera llevaba suficiente dinero para un taxi –porque Orochimaru no le había dado ni un quinto al salir de casa−, y seguramente aquello lo había planeado para que ella no se echara para atrás en su tarea, y de hacer bien su trabajo, Hyuuga la llevaría a casa.
Enfadada metió con agresividad el celular a su bolso de mano y tras dominarse a sí misma volvió a la mesa donde ya hasta habían cambiado el mantel sucio, recogido los cristales y levantado los platos, pero no sólo eso, sino que habían varios personajes en la mesa.
−¡Karin-chan! –exclamó uno de los recién llegados levantándose estrepitosamente y hablándole con tanta familiaridad− ¡No creí encontrarte aquí!
−¿Se conocen? –preguntó Neji sorprendido.
−Nos conocimos ayer en el parque. Naruko, ella fue la que me ayudó a reunir las hojas –se dirigió a una de las nuevas integrantes de la mesa que era una réplica del rubio que parloteaba− No sabía que eras novias del primo de Hinata-chan.
−Nosotros no somos novios –Hyuuga se levantó de su asiento e invitó a la pelirroja a sentarse a un lado suyo, pues su asiento ya estaba ocupado por una chica que tenía parecido con su cita, especialmente por el color de los ojos− Hoy apenas nos hemos conocido y estábamos charlando –Karin suspiró de alivio cuando él fue quien hizo la aclaración, aunque al mismo tiempo la hizo temblar, pues sintió cómo su objetivo estaba lejos− Te presento a mi prima Hyuuga Hinata –continuó Neji con cordialidad al darse cuenta que ella desconocía al resto de los presentes− A Uzumaki Naruko, gemela de Naruto y a Uchiha Sasuke, amigo de Naruto, a quien ya conoces.
Cuando Karin llegó hasta la mesa no había prestado atención en los recién llegados más allá de Naruto cuando lo reconoció, por lo que ahora que miraba al chico presentado como Uchiha Sasuke, el pecho se le llenó de nostalgia con sólo mirarlo.
−Mucho… mucho gusto –contestó torpemente, más aún porque el sentimiento que se había formado en ella no amenguaba.
−Lamento la interrupción –alcanzó a oír de la voz de Neji que le había murmurado cuando éste tomó asiento junto a ella.
−Y dime Karin-chan ¿también te interesa la mitología nórdica? –preguntó Naruko de repente con entusiasmo− Naruto-Nisan dice que leíste algunas de mis hojas.
−No sé… no sé nada del tema, es por eso que me dio curiosidad solamente.
−¡Pregúntame! ¡Yo te contesto todo!
−¡No! ¡Hablemos de otra cosa! –exclamó Naruto interrumpiendo el hecho de que Karin preguntaría por el único nombre que se le había grabado de aquellas hojas.
Y de ahí en adelante la velada se volvió un tanto caótica –pero dejó de ser aburrida−, pues aquellos personajes los acompañaron en la cena y todo se limitó a un diálogo animado entre los gemelos con algunas respuestas de vez en cuando de Hinata, Neji o Karin, pues Sasuke permaneció todo el tiempo callado, sólo de vez en cuando bufaba cuando Naruto le insistía en contestar alguna pregunta; pero pese a ello Karin pudo notar que ese chico callado la miraba constantemente, y a veces ello la intimidaba, y al mismo tiempo ella se sorprendía al darse cuenta que buscaba hacer contacto visual con él, y con ello disminuía poco a poco la melancolía nacida del primer cruce de miradas.
Finalmente llegó el momento en que la velada terminara, y tras pagar la cena el conjunto de jóvenes salió del restaurante haciéndole recordad a Karin que ella no tenía cómo volver a casa y que tampoco había logrado gran avance con Hyuuga a causar de Naruto y los demás.
El primer auto que trajeron fue el Ferrari rojo de los gemelos Uzumaki, en el cual habían llegado en compañía de Hinata, a quien sin preguntar, dejaron en manos de Neji para el regreso a casa, pues supusieron que sería lo ideal teniendo en cuenta que vivían en la misma casa.
−La esperaremos a que llegue su coche –ofreció Hyuuga con galantería cuando Naruto y Naruko se despidieron, pues Hyuuga notó que Karin aún no entregaba su ficha al valet parking.
−No lo traigo, tomaré un taxi –contestó, y notó la mirada del azache sobre de ella.
−Entonces por favor permítanos llevarla a casa.
−Ya es tarde, no los desviaré de su camino –insistió Karin regañándose a sí misma por decir tonterías, pero algo en su interior insistía porque el chico azabache no la viera irse con Hyuuga− Estaré bien.
−Precisamente porque es tarde, sería mejor que viniera con nosotros.
−Si por favor –intervino la joven Hyuuga con timidez− Así nos sentiríamos más tranquilos.
Aquella insistencia de su interior por negarse no dejaba de gritarle, pero la razón hacía lo mismo insistiendo en que dijera que sí. Sin embargo, antes de si quiera poder abrir los labios para dar una respuesta –la cual ni siquiera tenía decidida−, el callado Uchiha llamó la atención de los presentes cuando su Lamborghini negro llegó.
−¿En qué dirección vas? –le preguntó secamente recibiendo una mirada dura por parte de Hyuuga.
−Vivo en el Barrio de Otogakure –soltó sin pensarlo.
−Yo te llevo –se subió al auto y bajó la ventanilla del copiloto así como la puerta.
−Espera un momento…
−Vivo en el mismo barrio y así ustedes no se desvían –interrumpió Uchiha a Hyuuga− ¿Tienes algún problema con eso?
−Es mi invitada –se arregló la voz Neji− Debería ser yo quien…
−Nisan, creo que estaría bien que Uchiha-san la lleve –habló Hinata, pues estaba dispuesta a ser castigada si ayudaba a Karin, pero si había otra opción, sería mejor llegar a casa a tiempo− Padre nos estará esperando.
Neji se vió molesto, pues estaba entre dicho de las normas sociales, pues tenía la responsabilidad de su prima y las reglas de su tía de una hora establecida de llegada, así como su deber de velar por su acompañante.
−Si deben irse adelante, lo entiendo –Karin habló mientras en su pecho se encendió cierta inquietud por aceptar la propuesta del azabache− Y si los dejo tranquilo me iré con Uchiha-san.
−Lamento todo esto, espero no le dé una mala imagen de mi prima y mío –Neji tomó la diestra de Karin y depositó un suave beso en ella− Gracias por concederme ésta velada.
−No ha sido nada, gracias a usted –contestó Karin sonrojada por la acción, pero impaciente por irse− Que tengan buena noche.
−Buenas noches Uzumaki-san, Uchiha-san –se despidió Hinata educadamente mientras la pelirroja subía al auto.
Apenas quedó sentada en el asiento del copiloto y Sasuke pisó el acelerador tras lanzar un bufido y Karin como pudo se puso el cinturón de seguridad.
−¡Pudiste haberme esperado! –exclamo ella con enfado, a lo que el Uchiha dio un segundo arrancón con una sonrisa de medio lado− ¡Sordo!
Ya no pudo decir más, pues de repente aquella situación le pareció un tanto familiar, y al buscar en sus recuerdos, se remontó al sueño que tuvo esa noche, donde se veía a ella en aquél carro halado por los enormes gatos entre los pintorescos campos pero de noche –y mientras pasaba amanecía−, pero en ese sueño había alguien más en dicho carro a su lado, no lograba recordar la apariencia de esa persona, pero sabía que era un hombre y que no era ninguno con los que ya había soñado con anterioridad.
−¿Nos hemos visto antes? –soltó Sasuke de repente interrumpiendo la remembranza de la pelirroja.
−No que yo recuerde –contestó Karin desconcertada, porque ella también tenía esa sensación desde que lo vio− Quizá viste a mi gemela buena –bromeó soltando una risilla− ¿O será que intentas ligarme?
−Sabía que no eras la chica recatada que aparentabas ser –murmuró más para sí que para ser escuchado.
−¿Y sólo te ofreciste a llevarme para descubrirlo? –preguntó con una sonrisa.
Después de ello no volvieron a cruzar palabra, pero lo curioso era que el silencio entre ellos no les pareció incómodo, a Karin ni siquiera le molestaba la velocidad con que Sasuke llevaba el carro hábilmente, y en poco tiempo llegaron al Barrio de Otogakure donde Uchiha bajó la velocidad mientras se movía en las calles del lugar.
−¿Dónde te dejo?
−Dos calles más adelante está bien.
−¿Vives con Orochimaru? –preguntó mirándola con desconcierto.
−Soy su hija –él levantó una ceja dudoso− Adoptiva por supuesto.
Sasuke paró el carro frene a las rejas de la mansión de Orochimaru pues con sólo una mirada ella le dio a entender que no entrara hasta enfrente de la gran casa. Sin embargo, pese a que el carro ya estaba estacionado, Karin no bajó enseguida y Sasuke tampoco le preguntó nada al respecto. Ambos se quedaron sentados mirando al frente en silencio cada uno con sus propios pensamientos.
−Mañana hay una fiesta en la mansión Hozuki.
−No me gustan las fiestas –contestó secamente.
−Entonces supongo que ya no nos veremos –quiso decirlo secamente para no darle importancia, pero la nostalgia volvió a invadirla al pronunciar esas palabras y apenas logró terminar la oración con un hilo de voz.
Afectada por la idea, giró la mirada hacia el azabache, quien también se volvió a ella para esbozar una sonrisa ladina.
−Yo no estaría tan seguro.
Karin quedó desconcertada ante la seguridad con que Uchiha había formulado sus palabras, y aunque aún sentía esa nostalgia en su pecho, al mismo tiempo sintió un alivio el haberlo oído.
De nuevo quedaron mudos y se miraron a los ojos hasta que sin darse cuenta, sus cuerpos comenzaron a inclinarse hacia el opuesto, comenzaron a sentir la cercanía del otro, después el aliento y después… ¡Ding! El sonido de la reja automática abriéndose se oyó, seguramente habían visto el carro por la cámara de seguridad e intuyeron que era ella. El ruido los hizo alejarse de golpe, y Karin tomó su bolso, abrió la puerta y le plantó un beso de improviso al azabache sin siquiera meditarlo.
−Eso es mi agradecimiento por traer –se bajó del auto− Hasta la próxima.
Sin voltear atrás –más por orgullo que por falta de ganas− caminó dentro de los límites dela reja hasta y primero oyó como ésta se volvía a cerrar, y después el ronroneo del Lamborghini cómo arrancó hasta alejarse del lugar.
−¿Y cómo te fue? –sonrió Orochimaru cuando la vio llegar.
−Llegaron conocidos suyos y no nos dejaron en paz –bufó con molestia, pues no podía evidenciar la felicidad que le causó haber saboreado los labios del Uchiha y ajustó lo que ocurrió para justificar el hecho de no haber avanzado nada con Hyuuga− Apenas pudimos hablar.
−Pero vino a dejarte. ¿No te hizo una nueva invitación?
−Me trajo uno de sus conocidos porque entre los otros estaba su prima y debía llevarla a casa –se cruzó de brazos rogando porque Orochimaru no la culpara por el fracaso− Sólo se disculpó por lo ocurrido, pero no me invitó a una segunda cita –el hombre la miró con sospecha− No, no pasó nada entre ese chico y yo, apenas cruzamos palabra.
−Te daré un par de días, y por tu bien espero que él te llame para una segunda cita, a menos que quieras hacerlo tu –la miró sonriendo, pero advertencia− Puedes retirarte.
Perdón, sigo atrasada con el calendario, éste es el tema del segundo día. Hago lo que puedo, pero espero que les esté gustando la historia n.n
