Quería tener este capítulo listo para el lunes, y lo logré... Lo que no sabía es que se extendería tanto. orz

Este es el segundo capítulo de La Caza de la Lana Extradimensional. Esperaba que pasara totalmente desapercibido por ustedes, pero resulta que dejaron cinco reviews y suficientes visitas como para motivarme a mantener este proyecto sobre ruedas. No sonará como mucho, pero el apoyo de unos pocos puede hacer cosas grandes, aunque sean completos extraños en el Internet. Por ahora las cosas sólo se están arreglando antes de que se vuelvan realmente extradimensionales. No se preocupen, que el título no está de adorno.

Agradezco mucho a los cinco reviewers que dejaron su opinión, y aprovecharé para responder un par de cosas:

1-. Los dos Stans tendrán su turno para hacer sus cosas. Sólo ando esperando el momento para hacerlo más interesante.

2-. Sí, me gusta el Shipping de Dipper con Pacífica, aunque siendo honesto, soy un imbécil cuando se trata de Pacífica en general: No estoy seguro de la razón, pero adoro a ese personaje. Es una lástima que Gravity Falls tuviera su tiempo más restringido y no hicieron gran cosa con ella, pero hey, para eso estamos aquí, ¿no?

Recuerden que para el texto guía para saber qué rayos estoy haciendo está en el Capítulo 1. Sin más nada que decir, ¡diviértanse! Este capítulo no solo salió largo, sino que salió interesante. O al menos así me lo ha parecido... Ustedes deciden al final~


Capítulo 2: Los que queremos oro.

Lo siguiente que supo Dipper es que estaba dentro de la nueva casa de los Noroeste y Pacífica estaba tirando de su brazo como si fuera la correa de un perro. El techo de la casa tenía un candelabro para nada modesto colgando desde lo más alto del techo, que era altísimo pues la segunda planta terminaba en un balcón hacia el comedor. En cuanto al nivel del suelo, todo estaba bastante limpio y lujoso, como se esperaría de un artista de TV.

Pero el chico no tuvo tiempo para reflexionar estas cosas. Todavía estaba muy confundido por lo que le estaba pasando.

Dipper estaba a punto de zafarse cuando la misma chica lo soltó dándose la vuelta; se inclinó un poco hacia él para tener una mejor vista de lo que supuso eran "sus detalles". Pudo sentir cómo la rubia le miraba como si buscara razones para menospreciarlo. Considerando su cara, al parecer el problema sería qué defectos elegir para restregárselos.

Finalmente, Pacífica se enderezó con un suspiro ligero que suavizó sus facciones.

—Necesitas cambiarte si vas a quedarte. —Dijo ella mirándolo. No, no estaba viéndolo a él, sino a su vestimenta.

—¿Por qué? ¿Qué tiene de malo mi ropa?

—¿De verdad quieres que te lo diga...?

—¿...No? —Dipper apartó la mirada de la chica, sin querer tener que ver con lo siguiente que fuese a decir.

—Bien. Te acompañaré a la habitación de huéspedes. Por aquí. —Sin esperar respuesta, Pacífica se dio media vuelta y se adentró aún más en la residencia.

Dipper suspiró de fastidio y la siguió a regañadientes. Este será un día muy MUY largo.


Después de pasar por la tienda de dulces y dar vueltas por el Centro Comercial de Gravity Falls, Mabel, Candy y Grenda pasaron parte del día en la feria de comida disfrutando de una enorme Pizza, además del montón de caramelos y chocolate que compraron en el camino.

Parte de su aventura fue ponerse al día con los Ins y Outs de la vida de cada quién: La vida de ambas amigas no cambió mucho desde que Mabel se fue, solamente Grenda tenía muchas cosas que contar sobre su novio Austriaco. No paraba de comentar sobre lo fantástico que eran sus regalos y lo lindo que era cuando intentaba demostrar que podía competir con ella en destrezas físicas (y fallaba miserablemente). Mabel podría haber jurado que el rostro de Candy enverdecía con cada comentario sobre el Barón Marius, lo que le indicaba que seguía tan falto de novio como siempre.

La chica del suéter suspiró con satisfacción, dándole una mirada rápida a cada una. —Chicas, ustedes son las mejores amigas que alguien pueda tener. ¡Esta tarde ha sido de lo mejor!

—Sin duda. —Le respondió Candy— Es agradable tenerte de vuelta.

—¡Tenemos que celebrar con una pijamada! —Gritó Grenda levantando ambos puños al cielo.

—¡Hay que preguntarle a Soos a penas regrese a la cabaña! —Se levantó Mabel, emocionada con ambas manos sobre la mesa.

El trío gritó de emoción ante la idea de una pijamada. Mabel vio alrededor y podría haber jurado que sólo las mesas alrededor de las de ellas estaban vacías. Se preguntó porqué, pero no le dio vueltas a la idea porque sabía que los chicos lindos vendrían a sentarse al lado de ellas buscando los puestos desocupados, lo cual le pareció perfecto.

Las risas callaron y Grenda miró a Candy tosiendo de manera nada sutil. Ella captó el mensaje y dirigió su mirada a Mabel, que ahora las miraba como esperando otro caramelo.

—En celebración de este momento, queremos regalarte unos pendientes que hicimos nosotras con materiales brillantes que encontramos en la calle y que sabíamos que te gustarían.

—¡YO ENCONTRÉ BASURA BONITA! —Gritó Grenda.

La chica asiática sacó de su morral una caja envuelta en papel de regalo con un lazo. Mabel despedazó el envoltorio y abrió el presente que había en su interior tan rápida y descuidadamente como trató el papel. Dentro, había un par de pequeños cubos dorados perfectamente cuadrados encerrados en un alambre delgado doblado de manera que encajaba a la perfección a la forma del cubo. Alambre residual se alzaba sobre un lado de ambos cubos para tomar la forma de los ganchos de un zarcillo.

La chica del suéter se quedó viendo su regalo absorta en asombro. El presente se sentía liviano en sus manos, con brillo casi propio. Levantó su mirada hacia sus amigas y saltó sobre ellas en un abrazo, quedando ella con su abdomen sobre la mesa.

—¡Gracias, gracias, gracias, gracias! — Repetía Mabel estrujando su cara contra las chicas, gesto que imitaron sus amigas. La niña entonces se separó saltando de vuelta a su silla, haciendo poses con sus manos sobre su cabeza. —¿Cómo me veo?

—Te vez radiante. Literalmente. —Respondió Candy casi al instante.

—¡Deberías probar tu nuevo look con los chicos! ¡Seguro les encanta! —Sugirió Grenda.

—Oh, ustedes siempre sabes qué decir... —Dijo Mabel entre risitas de falsa modestia. —¡Vamos a buscarnos unos chicos guapos!

—¡SÍ! —Respondieron ambas amigas en unísono.

Las muchachas se levantaron de sus asientos caminando en direcciones al azar en busca de chicos a los qué conquistar, no sin antes desechar apropiadamente todos los desperdicios que acumularon en su mesa y que ahora Mabel tenía pegados en su suéter. Ella esperaba que este día... No, este verano, durara para siempre.


Dipper estaba deseando con todas sus fuerzas que el día acabara.

Pasar dos horas escuchando a Preston era malo, pero al menos eso no requería ningún tipo de esfuerzo físico o mental, cuando mucho el de estar despierto y lo bastante atento como para entender lo que dijo. Pero pasar otras dos horas intentando complacer los caprichos estéticos de su hija era una historia totalmente distinta. Se probó al menos unos doce trajes hasta que finalmente se decidió por un traje negro muy elegante bastante similar a un Tuxedo, y durante todo el proceso, el teléfono de la casa no dejaba de sonar, lo cual hizo más irritante su suplicio. El chico se estaba preguntando si lo estaban vistiendo para combinar para la casa o esa era la forma en que los Noroeste convertían a la gente común en mayordomos. Tal vez el proceso hubiese sido al menos un poco más placentero si el teléfono no sonara cada cinco minutos, pero Pacífica sólo seguía diciendo que "alguien atendería tarde o temprano", ignorando el sonido..

Por fin satisfecha, Pacífica se llevó al chico a dar una vuelta por la "pequeña" casa a la que se mudaron.

El domicilio era una casa de muñecas en comparación con la vieja Mansión Noroeste, pero seguía siendo enorme: Tenía cinco habitaciones para huéspedes, salón de juegos de azar, salón de juegos de video, un jacuzzi bajo techo, tres baños que parecían más bien piscinas vacías, un estudio de la mitad del tamaño de la biblioteca pública, un salón de fiestas y un gimnasio con máquinas, espejo y todo. Cuando por fin pasaron al patio trasero, el chico miró con asombro que no sólo la piscina que juró haber visto estaba ahí, sino que además, más atrás, había un pequeño establo junto con un campo de equitación. Se acercaron al establo y Dipper vio que dentro había un caballo un poco más alto que él de color blanco. La criatura acercó su cabeza a la de Pacífica, que se limitó a darle un par de palmadas en el lado opuesto de su cabeza.

—Esta es mi únmm... Mejor amiga, Alba. —Presumió la chica con media sonrisa. —Es una poni hembra de Eriskay... ¿No es hermosa?

—S-sí, claro... —Respondió Dipper, inseguro de qué decir. Debía admitir que el animal era bonito. Sentía curiosidad por saber si el animal se espantaría si intentaba acariciarlo, por no mencionar cómo se podía ser el mejor amigo de un caballo. Al parecer, Pacífica le leyó al menos la mitad del pensamiento y se hizo a un lado, mostrando al caballo con la palma abierta.

—¿Te gustaría acariciarla?

El chico asintió tímido y se acercó despacio, como esperando un mordisco, aún cuando el animal apenas parecía notar su presencia. Lento y tembloso, se aproximó con su mano hacia la cabeza del caballo, y saltó un poco al ver que la criatura acercó su cabeza. Ya con un poco más de confianza, pasó su mano por su suave pelo hasta que yegua y chico estuvieron cómodos entre sí. Él nunca pensó que un encuentro con un animal, en especial uno tan común como un caballo, pudiera sentirse tan bien, pero Alba era un poni muy agradable. Sí tan sólo el animal fuera el reflejo de su dueña.

Él pensaba que en todo este tiempo Pacífica por fin se comportaría como una chica normal, pero al parecer estaba muy equivocado: No había cambiado en nada. Seguía presumiendo de sus pertenencias como si fueran trofeos y cada nueva demostración de lujo hacía que se le retorciera el estómago del fastidio. Conocer a Alba era agradable y todo, pero no lo valía si tenía que pasar otro segundo en la residencia Noroeste. Tenía que pensar en alguna manera de zafarse de ella, pero no sabía cómo.

—Uhhm... ¿Pacífica?

—¿Sí, Dipper? —Respondió ella, parpadeando lo que a él le parecieron demasiadas veces para su gusto.

—Verás, estoy recién llegado a Gravity Falls... No llevo ni un día aquí, no he podido desempacar, y bueno... —Dipper siguió inventando escusas para ver si lograba conseguir alguna que funcionara, sin esperar respuesta de la chica. Al principio ella lo miró con una sonrisa triste, pero a medida que hablaba, su expresión fue ensombrecerse hasta convertirse en una cara que no supo identificar. Parecía una extraña mezcla entre tristeza, decepción e ira que se intensificaron cada segundo que el intentase excusarse.

—No quieres estar aquí, ¿cierto...?

—¿Q-qué? ¡P-pero qué dices! ¡Este lugar es fantástico! Tiene tantas cosas, como... Habitaciones, baños, caballos, videojuegos... Ermm... Caballos...

— ¡No quieres estar aquí, ¿cierto?! —Gritó ella, enrojecida de furia.

Dipper podía soportar muchas cosas, y en circunstancias normales se hubiera sentido muy apenado, se hubiera obligado a sí mismo a disculparse. Pero no solo ella tenía toda la razón, sino que estaba más que cansado de tener que lidiar con las tonterías de los Noroeste.

—¡No, no quiero! —Finalmente estalló Dipper. Pacífica retrocedió sorprendida— ¡Todo lo que has hecho es mostrarme tu ridícula casa y tratarme como a un muñeco de plástico! ¡¿Quién querría hacer eso solamente para entretenerte?! ¡¿Eh!?

Pacífica lo miró por un momento como si fuera un perro rabioso. El chico lentamente se dio cuenta de lo que acababa de decir. Trató de pedirle perdón pero las palabras no le salían, el habla se le fue en un ataque de pena y de nervios. Fue entonces que el rostro de la rubia se mutó otra vez, esta vez en un rostro lleno de ira.

—Fuera de mi casa... —Le amenazó la chica, con su voz hirviendo.

—P-Pacífica, y-yo...

—¡FUERA DE MI CASA! —Ella se abalanzó sobre él golpeándole al costado y en los brazos. El chico se limitó a retroceder mientras se defendía de sus golpes dados con el puño del costado del meñique. —¡Cámbiate esa ropa y abandona mi casa enseguida!

Él ni se molestó en responder, se fue corriendo hacia la casa buscando escapar de Pacífica. Se alivió al ver que no fue perseguido dentro de la residencia. Regresó sin problemas a la habitación de huéspedes porque recordaba el tour que le dieron por el domicilio y se puso su ropa normal de diario, pero no podía recordar donde estaba la salida. En las dos horas que estuvo probándose trajes se le olvidó el camino, por lo que se perdió y no le quedó sino dar vueltas por otros cinco minutos.

—Estúpidos Noroeste y sus estúpidas casas enormes de lujos estúpidos, estúpidos... —En medio de su berrinche sonó de nuevo el teléfono, y no pudo evitar soltar un quejido. Hasta el teléfono Noroeste era irritante.

Estás hablando con la Residencia Noroeste —Respondió la voz pre-grabada y desinteresada de Pacífica. —Ahora no puedo atender. Si necesitas algo, deja tu mensaje, o lo que sea...— ¡Bip! Concluyó la contestadora.

Dipper estaba por seguir de largo cuando oyó que alguien sí se había molestado en esperar para dejar un mensaje.

¡Pacífica~! ¡Sé que estás ahí! —Chilló el altavoz del teléfono con una voz femenina.— Vamos de nuevo al Centro Comercial, como solíamos hacerlo antes... Te prometo que pagaré si la cuenta pasa de los $500... Oh, a quién engaño, ambas sabemos que no gastaremos menos que eso. Pero no es como si tuviese amigas, ¿verdad?

—¿Qué diablos...? —Dipper se quedó petrificado al escuchar eso. ¿Pacífica ya no tenía amigas?

Vamos, sé que quieres, no te hagas la difícil. Sabes que ese tonto caballo no cuenta... Bueno, si alguna vez cambias de opinión, ya sabes donde estamos Tiffany y yo. ¡Chao! —El aparato colgó.

Dipper fijó la mirada en el teléfono como si este fuera a morderlo. Él no estaba muy al tanto de cómo eran las amistades de Pacífica, no era algo que le interesara, pero podría haber jurado que tenía al menos otras dos amigas con las que siempre se juntaba, aunque le recordaban más a un séquito que a dos amigas propiamente dichas.

Él quería creer que el teléfono estaba mintiéndole, pero no había ninguna razón por la que el aparato quisiera engañarlo. Pacífica estuvo ignorando a la persona a propósito, y quién sea que estuviese llamando había estado fastidiando al menos media tarde buscando que le dieran una vuelta por el Centro Comercial de Gravity Falls. Por lo que pudo oír, ella estaba más interesada en que le pagaran el viaje de compras que en la misma Pacífica, supuso que las tales "Tiffany y yo" eran su ahora ex-séquito y la rubia no las quería ni cerca.

Pudo entender porqué ella ya no quería tenerlas de amigas, pero no podía creer que no tuviese ningún amigo, pero las pruebas estaban ahí. Dipper encontró muy raro que Pacífica llamara a su caballo "su mejor amiga", pero lo que más le inquietó fue que ella se había censurado justo antes de eso.

Esta es mi únmm...Mejor amiga, Alba. —Le había dicho ella. No quería admitirlo, ni decírselo a sí mismo, pero él ya sabía lo que había intentado decir...

Esta es mi única amiga, Alba.

Dipper sintió cómo se le encogía el corazón dentro del pecho como si tratara de escapar por su garganta. Ella intentó hacer con Dipper lo que normalmente haría con sus amigas sin tener que ir al Centro Comercial y estaba casi seguro que había algo más que solo pretensión cuando le dio el tour por su casa, lo hizo porque quería impresionarlo para que se quedara. Tratando de que el pulso no se le subiera al cuello, el chico corrió de vuelta hacia donde estaba Pacífica.

Buscó su camino de vuelta hacia el patio trasero, lamentándose por ella. Él sabía lo que se sentía estar sólo, pero él al menos tenía a Mabel a su lado. Por más fastidiosa que su hermana pudiera ponerse, siempre podía contar con su apoyo en todo momento. Pacífica, en cambio, sólo tenía a sus padres como apoyo, y él estaba seguro que Preston y Priscilla Noroeste no harían sino aumentar cualquier carga que ella pudiese tener.

Podía odiar a sus padres todo lo que quisiera, pero se odiaba más a sí mismo, como cómplice e ignorante de ese crimen.

Dipper puso un pie en el patio trasero, buscando a Pacífica con la vista por el patio trasero. Al no verla a primera vista, decidió buscarla en el establo, pero tampoco estaba.

Resistió la urgencia de buscarla dentro de la casa. Él estuvo perdido ahí dentro lo suficiente como para encontrarse con ella al azar mientras trataba de recordar donde estaba, pero empezaba a preocuparse y el único lugar donde podía buscarla es el bosque y dudaba mucho que la chica tuviese la intención de meterse ahí dentro.

Se dio media vuelta, ya sin poder resistir el impulso de buscarla en la residencia, pero un flash rojo que apareció por el rabillo de su ojo lo hizo detenerse. Devolvió su mirada hacia donde encontró el flash, y vio algo que lo hizo palidecer de inmediato. Tan pronto como se dio cuenta, regresó al salón de juegos por unos palos de mini-golf y sacó a Alba del establo para adentrarse con ella en el bosque esperando que lo que fuese a hacer se tratara de una buena idea, pero no había tiempo para cuestionarse, mucho menos para prepararse más de lo que estaba.

En el suelo, había unas huellas diminutas, y un ítem con la forma de un cono de tránsito sin su base cuadrada, y eso sólo podía significar una cosa.


—¡Ugh, en serio Jerry! —Se quejó Jeff con uno de sus súbditos gnomo. Al parecer había perdido su sombrero en alguna parte y no podía conseguirlo. —¡Un día de estos pegaré tu estúpido gorro con savia y excremento de oso!

Todos iban caminando de regreso a las profundidades del bosque con un paso rítmico y alegre bastante similar al de un pájaro demasiado obeso. Todos menos Jeff.

Él estaba sentado sobre el hombro de su nueva reina.

Había intentado persuadir múltiples veces a la chica antes, pero todos sus intentos resultaban en fracaso. A veces recurría a un simple "No", y en otras usaba herramientas varias como mazos de cricket, palos de golf, bates, medias usadas, caballos, entre otros métodos, pero nunca accedía. En otros tiempos él hubiera intentado como táctica el viejo y siempre funcional Síndrome de Estocolmo, pero desde su última experiencia con los gemelos Pines, por no mencionar las paces silenciosas que se obligaron a tomar después del Raromagedón, prefería usar el método de "preguntarte todos los días si quieres ser mi reina hasta que por fin diga que sí". ¡Y hoy finalmente funcionó!

La había encontrado llorando a un lado del establo, y después de consolarla (e insistir que sería divertido que lo siguiera por el bosque por al menos otros cinco minutos), al final accedió sin recurrir a la violencia. ¡Hoy sería el día perfecto para una boda!

Lo único que realmente le incomodaba es que ella estaba más pendiente del piso que de él. ¿Qué tenía el pasto de bueno que no tuviese él? ¡Él tenía más olores raros en sus pantalones que todo el pasto de Gravity Falls junto!

—Vamos nena, no pongas esa cara... —Dijo Jeff dándole un par de palmaditas en el rostro a Pacífica, que volteó hacia él sin mudar su miserable expresión. —A nadie le gusta ver chicas tristes, las hace verse feas... ¡Hasta Schmebulock se deprime sólo de verte!

—Schmebulok... —Dijo un gnomo de barba gris y ojos viscos. Pacífica dudó qué estuviese triste... O pensando en general. Parecía tan perdido como su mirada.

—Esto no está funcionando... —Se dijo Jeff al notarla igual de deprimida. — ¡Ah, ya sé! Hablemos de los nombres que les podremos a nuestros 618 hijos... Ni uno más ni uno menos. A ver... Stephen, Gary, Peter, Josh...

La chica por fin tuvo tiempo para pensar, pero no agradeció el respiro. Sólo podía pensar en lo tonta que se sentía al intentar ser amiga de chico Pines. Ambos son de estatus sociales en exceso diferentes, y sus gustos tan opuestos como cielo y tierra. Quería creer que al menos Alba le haría pensar dos veces, pero no funcionó. Ellos se habían llevado bien el verano pasado... Al menos al final de verano pasado. ¿En qué se había equivocado?

Pero ya no valía la pena pensar en él, de hecho, no valía la pena pensar en nadie. Sus padres no hacían sino asfixiarla y todos los niños y adolescentes de Gravity Falls la odian. Sólo sus dos ex-amigas la llamaban constantemente, pero para tenerlas a ellas de amigas prefería casarse con Jeff. Él era un cretino y todo, lo que pudo confirmar al verlo de nuevo hablando consigo mismo.

—...Robert, Ernest, Donald, Alex... No, ese nombre es feo... Douglas, Stephen... No, ese ya lo dije...

Pero al menos sería la ama y señora de un montón de gnomos, no estaría sola nunca y no tendría que volver a oír de nuevo de sus padres. Sacrificaría su libertad y sus bienes, pero esperaba que al menos el dolor acabaría. La única cosa que ella realmente extrañaría de su vieja vida era a Alba. Casi podía oírla cabalgar tras ella.

No, "casi" no. Literalmente podía escucharla cabalgar detrás. Se volteó para darse cuenta que su poni venía hacia ella con Dipper montando. Y con montando quiso decir aferrándose aterrado de su cuello tratando de no gritar como una niña. El chico calló estrepitosamente al suelo, rodando un par de veces antes de plantar su cara contra el suelo. Se levantó tosiendo un par de veces quitándose el polvo de la ropa. Alba seguía detrás de él, lo que le hizo pensar que fue la frenada del caballo lo que lo tiró al piso.

Pero esa no era su prioridad ahora, su prioridad era la chica que lo estaba viendo como a un bicho raro, mirada que conocía muy bien desde Piedmont.

—¡Pacífica! Qué bueno que te encontré... ¡Aléjense de ella, enanos asquerosos! —Gritó el chico alzando un palo de mini-golf.

—¡Oye, eso es racista! —Se quejó Jeff.— ¿Te gustaría que fuera por ahí llamándote mono o cerdo? ¿No? ¿Nadie? Eso pensé.

—¡Tú no te metas! —Dipper lo amenazó con el palo de hierro. —¿Estás bien, Pacífica?

—¡Y a ti qué te importa! —Le escupió la rubia. —¡Y deja de molestar a mis nuevos súbditos!

—¿Subditos? —El chico miró a la muchacha intrigado; no le estaba gustando por donde iba la conversación. —Pacífica, no me digas que tú...

—¡Voy a ser la reina de los gnomos! —Pacífica se señaló a sí misma con dignidad fingida con su mano al pecho. — ¡Y no hay nada que digas que me pueda hacer cambiar de opinión!

—¡Pacífica, eso es demente! ¡No puedes simplemente ir a vivir con un montón de gnomos! ¡El mismo rey se baña con ardillas por todos los cielos!

—¡Hey! —Se defendió Jeff. —¡Eso es perfectamente normal entre los de nuestra especie!

—¡No, no voy a ir a ninguna parte contigo!

—¡Pacífica, por favor! —Le suplicó Dipper. Estaba apretando el palo con fuerza y le frustraba que le fuera tan inútil en ese momento. —¿De verdad quieres abandonarlo todo para casarte con ellos? ¡Ni siquiera tienes edad para casarte! ¿Qué pensarán tus padres sobre eso?

—A ellos no les importa... ¡A nadie le importa!

—¡Pues a mí sí me importa!

—¡Mientes!

—¡Claro que no miento! ¡¿Porqué crees que estoy aquí?!

—¡¿Y porqué debería creerte?!

—¡Porque yo también sé lo que es sentirse totalmente solo!

Eso último descarriló el iracundo tren de pensamiento de la chica. No tenía ni idea de cómo argumentar contra eso. Podía seguir llamándole mentiroso, decirle manipulador, interesado, insensible, pero podía ver en su cara que no estaba mintiendo. Y ahora que la realidad se había asentado, tenía sentido: Dipper Pines no era precisamente el epítome de cool. ¿Pero cómo él...?

—Lo sé todo Pacífica... Sé que ya no tienes amigos. No se qué pasó, pero estoy seguro de que debes estar muy sola. Si yo no tuviese a Mabel seguro que hace tiempo me hubiese vuelto loco...

—¡Cállate! —Le demandó Pacífica en vano, el chico no se detuvo ahí.

—¡Pero todavía tienes a tus padres! Sé que no son precisamente las joyas que piensan que son, pero estoy seguro de que se preocupan por ti.

—Si eso es lo mejor que tienes...

—Todavía no termino... —Le interrumpió Dipper —También nos tienes a nosotros: A Mabel y a mí... Lamento haberme comportado como un tonto, por no notar lo mucho que te estabas esforzando para ser agradable...

No podía perdonarlo del todo, todavía seguía muy molesta con él, pero al menos agradeció que se hubiera dado cuenta de lo que había intentado hacer para él en ese momento.

—Si quieres, podemos comenzar de nuevo, olvidar lo que hicimos...

—Hiciste. —Le corrigió la chica.

—OK, OK, hice... —Le concedió el chico— Olvidemos todo eso y empecemos de nuevo... Sé que puedes ser muy agradable cuando te lo propones y Mabel ya te ha perdonado por burlarte de ella... Quién sabe, tal vez hasta podamos ayudarte a hacer nuevos amigos, unos que no te pidan que les compres un vestido.

Pacífica sonrió por el comentario. Sabía que la llamada había sido de Tiffany o... ¿Cómo se llamaba la otra? No importa, el punto es que le agradaba que Dipper hablara con cierto sarcasmo sobre sus ex-amigas. La sonrisa de la rubia no pasó desapercibida por Jeff; él saltó de su hombro y le tiró de la mano al caer, forzando su mirada hacia él en el piso.

—¡Hey, hey, HEY! Por si no lo notaste, estamos de camino a una boda... ¡NUESTRA boda! —Le reclamó el gnomo. —¡No puedes dejarme plantado así no más! Vamos, te daré todo lo que quieras y lo que no también. Eso excluyendo tu libertad claro. Además... ¿Qué tiene ese chico que no tenga yo?

Pacífica se quedó viendo al gnomo un segundo con incredulidad. Mientras le miraba a la cara, analizó sus opciones. Sabía que sólo había una opción lógica y razonable para este predicamento.

La chica se agachó y le acarició la cara al gnomo.

—¿...Pacífica? —Dipper quiso llamar la atención de la muchacha, preocupado por lo que estaba pasando.

—¡Tú no te metas! —Ella se volteó de manera muy agresiva el chico, gritándole y acusándolo con el dedo. Se volteó con un pestañeo muy exagerado hacia Dipper mientras volvía su cara hacia Jeff... No, eso no era un pestañeo.

—Lamento haberte ignorado, mi rey... —Le susurró al gnomo con voz suave como la seda. Él estaba lo bastante cerca como para oler la vainilla en su cabello. Tendría que demandar después donde buscar más. —¿Qué te parece si le damos al chico Pines una demostración de que vamos en serio con un besito?

—¡Ojojó, pero por supuesto! —Jeff saltó emocionado, tomando su cono entre sus manos, frotándolo como si fuera a desintegrarlo de nerviosismo. Podía ver un destello seductor en sus ojos predatorios.

—Bien... —Le susurró Pacífica, lento y despacio para que saboreara cada instante. — Sólo inclínate un poco, prepara tus labios y cierra los ojos.

El rey gnomo cerró sus ojos, preparó sus labios y se inclinó para recibir su justa recompensa. En ese momento, la cara de la chica cambió a una de completo desinterés, haciendo un gesto a Dipper para que le pasara el palo de mini-golf, quien obedeció complaciente. La chica se colocó detrás del gnomo, calculó su trayectoria con cuidado, levantó el palo alto sobre sus espaldas y...

—¡FORE! —Gritó a los cuatro vientos propinando un golpe perfectamente centrado en el trasero de Jeff, quien salió volando con un grito y enterrando sus dedos en su sombrero, como si eso fuese a parar su caída. Los gnomos vieron estupefactos cómo su líder volaba por los aires; Dipper observaba satisfecho, pero Pacífica parecía decepcionada.

—¡Ugh, ¿en serio!? ¡Esos fueron cuando mucho 40 metros!

—Para ser justos, los gnomos son como las balas. —Le consoló Dipper. — Son mucho más aerodinámicos con el sombrero dando contra el viento. Además, un gnomo pesa mucho más que una pelota de golf.

—¿Siempre eres así de nerd? —Le preguntó Pacífica en un tono curiosamente cálido. Su comentario fue tan falto de veneno que al chico le costaba creer que no se estuvieran burlando de él.

—¿Qué pasa? ¿La señorita Noroeste tiene miedo de que se le pegue? —Dipper se acercó a la chica cruzando los brazos.

—Oh, cállate. —Le empujó la chica entre risas que fueron imitadas por el chico. Rieron por un momento hasta que se dieron cuenta de que los gnomos seguían ahí como si esperaran una llamada o algo.

—¿Y ustedes qué miran? —Los regañó Pacífica, espantándolos con el reverso de ambas manos. —¡Shoo, shoo! ¡Fuera con todos ustedes! ...Excepto tú, serás feo y raro, pero me caes bien.

—Schmebulock... —Respondió el gnomo de barba gris igual de perdido que siempre. Todos los demás salieron corriendo tras la desaparición de su líder.

—No sé tú, pero yo ya tuve suficiente de rarezas por un día... ¿Regresamos a la casa?

Dipper se limitó a encogerse de hombros. Dio media vuelta y se fue caminando por el camino donde vino, seguido por Pacífica que cabalgaba sobre Alba.


—...Verás, todo empezó después de que ustedes se fueron.

El chico estaba sentado en la mesa del comedor al lado de Pacífica, ambos con una malteada de piña edulcorada en la mano. Sólo Dipper estaba tomando la suya en ese momento, la rubia miraba su vaso como si no estuviera ahí.

—Cuando se fueron de Gravity Falls, a nosotros nos tocó ajustar nuestras vidas a nuestro nuevo capital. Y no solo eso, papá no podía explicar porqué la compañía había caído súbitamente en bancarrota, así que su reputación como hombre de negocios cayó por el piso. Fue hace unos pocos meses que mi papá se tragó su orgullo y se propuso a ser socio del viejo McGucket. Por cierto, ellos van a inaugurar dentro de poco su propia firma de electrónicos.

—Wow... —Dipper recordó lo que podía hacer Fiddleford con un puñado de metal y un soplete. Seguro que con su ingenio llegaría a hacer cosas grandes y muy absurdas. No sabía qué esperar de eso y en cierta medida le preocupaba.

—Como sea. Encima de todo eso, se rebeló que no somos los fundadores de Gravity Falls, y en cuestión de nada pasé de ser la chica más popular del pueblo a ser el hazme-reir de todos, por no mencionar que no era lo bastante rica como para mantener mis actividades de chica popular y parecer mejor que todos al mismo tiempo. Eventualmente, las únicas amigas que tenía me abandonaron.

A Dipper le costó tragar después de oír eso. Seguro, Preston se lo buscó cuando decidió aliarse con Bill y Pacífica no era precisamente un corderito, pero no se lo merecía... Bueno, tal vez sí se lo merecía, pero ser renegada por el pueblo entero era demasiado. Pensar que él fuese responsable de eso le revolvió el estómago.

—Fue hace poco que realmente vimos algo de dinero de McGucket. La casa que estás viendo ahora está recién amueblada, antes no había ni salón de juego... Y claro, como esas dos brujas se enteran, ahora quieren volver conmigo... ¡Como si les fuera a dejar! Te juro que si no me dejan en paz, las demandaré a las dos. —Amenazó Pacífica golpeando su vaso contra la mesa.

—Hey, nada que una buena broma muy pesada y una nota bien colocada no arregle. —Le aseguró Dipper.

Pacífica le sonrió al oír eso, era agradable tener a alguien con quién compartir sus penurias, aunque esas miserias eran en parte culpa de él, pero no lo podía culpar; él estaba defendiendo a su hermana y por lo que pudo ver el verano pasado, él era mucho más rencoroso que Mabel, y eso era algo con lo que ella podía relacionarse.

En ese momento sonó el timbre de la entrada, que cantó una melodía que Dipper no reconoció. El chico siguió a Pacífica, quien saltó de la mesa hacia la entrada. Se aseguró de que su gorro de leñador estuviese todavía en su cabeza antes de irse.

En el recibidor, la chica se acercó a un monitor colocado en la pared que tenía en la pantalla la recepción de la entrada del muro. Frente al muro estaba Wendy con las manos en los bolsillos viendo hacia la casa. La rubia presionó un botón y la reja de afuera lentamente se deslizó hacia un lado, dándole paso a la pelirroja.

—Bueno, supongo que eso es todo... Por ahora. —Dijo Pacífica con una triste sonrisa.

—Sí, por ahora. —Le respondió Dipper imitando la expresión de la chica. Estaba por abrir la puerta cuando se le pasó por la cabeza una idea.

—Oye... ¿Y si te pasas por la cabaña un rato?

—¿Qué?

—¡Sí! ¡Ven conmigo un momento a la cabaña! —Le dijo el chico un poco emocionado. —Así Mabel y yo podremos acostumbrarte a status sociales más bajos, podrás ponerte al día con Mabel y lo más importante ¡La pasaremos bien! ¿Qué dices?

—No lo sé... —Le respondió Pacífica. —El domicilio Noroeste está muy apartado y ya son las cuatro...

—Estoy seguro que si se lo pedimos a Wendy nos hará el favor de traerte y... ¿En serio? ¿El problema es que la casa está muy lejos y no que tu papá se pregunte qué pasó contigo?

—Dipper, por favor... ¡Este es mi papá del que estamos hablando! Él está demasiado ocupado jugando a ser el héroe de la ciudad y fastidiando a McGucket como para darse cuenta de que me fui.

—¿Y qué hay de tu mamá?

Pacífica se quedó viendo a Dipper con los los ojos en blanco por un segundo, antes de encogerse de hombros con las palmas al cielo. Al parecer no tenía ni idea.

—Bueno, bueno... Al menos puedes llamar a la casa si vas a quedarte muy tarde. Recuerdo muy bien que tienes una contestadora.

—Sigo sin estar muy segura... ¡Oh, qué rayos, vamos! —Se dijo Pacífica fingiendo desinterés. La chica abrió la puerta de la casa y salió seguida por Dipper. Wendy estaba afuera preparada para tocar la puerta cuando los dos niños salieron.

—Y bien, ¿qué tal tu primer día en Gravity Falls?

—Pudo ser peor... —Dijo Dipper fingiendo desinterés. Lo hizo tan mal como Pacífica.

—Sí, claro... Mabel está en el auto, voy a traerlos de vuelta a la cabaña. Soos quieres verlos por no-sé-qué-razón. ¿Listo para irnos?

—Sí, claro, sólo una cosa... —El chico le contestó, volteándose a ver a la chica Noroeste. —¿Crees que puedas llevar y traer a Pacífica de la cabaña?

Esto sorprendió mucho a Wendy, no esperaba ni por asomo que le fuesen a preguntar eso. Alternó su vista entre Dipper y Pacífica un par de veces. Vieron cómo lentamente se le iluminaba la cara a la adolescente antes de reírse desde sus adentros.

—Wow, Dipper... —Continuó Wendy, limpiándose una lágrima de risa. —No llevas ni un día aquí y ya te conseguiste una novia. ¡Bien hecho, socio!

—No somos novios... —Dijeron los dos al mismo tiempo, cada uno más serio y descontento que el anterior.

—Sí, claro, no lo son... —Les dijo Wendy rodando la mirada. —Claro, puedo darle un aventón a Pacífica cuando lo necesite. Vamos rápido antes de que Mabel llene el asiento trasero de escarcha.

—Dame sólo un segundo. —Dijo la rubia antes de correr de vuelta a la casa. Cerró con llave la puerta principal antes de caminar con el chico y la pelirroja hacia el auto. Quería decir que el auto se veía mucho peor en persona que en video, pero se guardó el comentario para ella.

Dentro del auto estaba Mabel, que estampó de súbito su cara contra el cristal, lo que hizo saltar del susto tanto a Dipper como a Pacífica. A Wendy sólo le hizo un poco de gracia y se limitó a abrir la puerta donde estaba, dejando caer a la niña de cara contra el piso. Sacudió la cabeza escupiendo para librarse del sabor a tierra, para la gracia del chico y la rubia.

—Hola Dipper... ¡Paz! —Chilló Mabel emocionada, saltándole encima a Pacífica con abrazo. La receptora del abrazo parecía confundida por un momento y no sabía que hacer. Dipper solo encogió los hombros sonriendo comprensivo. La rubia al final decidió darle unas palmaditas y ya.

—¡Oye, tu casa nueva es linda!

—Ahmm... ¿Gracias? —Pacífica le agradeció, insegura de qué más hacer. Entonces notó las piezas fuera de lugar que llevaba en sus orejas. —Lindos pendientes, por cierto.

—¿Te gustan? —La chica del suéter saltó un par de veces y terminó en una pose de modelo. —¡Candy y Grenda me los regalaron! ¡Ellas son lo máximo!

Pacífica sonrió al comentario, pero parecía como si hacer eso le costara energía. Dipper en el fondo pasaba el filo de su mano por su cuello esperando llamar la atención de Mabel, quien se las arregló para ignorar el gesto por completo. Wendy vio el escenario levantando una ceja.

—¿Vamos entonces? —Les apresuró la pelirroja. Todos aprovecharon de entrar en la parte trasera del automóvil. Mabel chilló de dicha al darse cuenta que Pacífica también había subido.

—¡Hey, no sabía que te subías a los autos de la gente común! —Dijo la pelo castaño, casi saltando en su asiento.

—A veces hago excepciones... —Le dijo a Mabel con falsa petulancia. Casi de inmediato sintió un codazo que vino del lado de Dipper. Pacífica tosió un poco y se apresuró a corregirse. —Quiero decir, es agradable salir de vez en cuando de la casa... Contigo... Con tu hermano... —Rió de nervios terminando de hablar.

—Hmmm... —Mabel se quedó observando a los dos como si le estuvieran escondiendo caramelos. Dipper y Pacífica se turnaban para verse entre sí y a la chica de los pendientes dorados. —¿Porqué de repente Pacífica parece interesada en los pobres, y entre ellos, mi hermano...? —Súbitamente, la chica aspiró boquiabierta. —Ustedes...

—Mabel, no. —Dipper le prohibió, regañándola con la mirada.

—...Ustedes son.

—No lo digas.

—¡...Ustedes son!

—¡Mabel, basta!

—¡Ustedes son buenos amigos, por fin!

—¡Que no somos...! —Dipper y Pacífica se paralizaron en media oración viendo a Mabel incrédulos. El chico fue el único en continuar la conversación. — Huh. Esperaba que dijeras otra cosa. Me alegra que no todo en tu cabeza sea romance, Mabel. —Dijo viendo de reojo a Wendy, que sólo sonrió rodando la mirada.

Los tres niños se acomodaron en el asiento trasero a disfrutar el viaje. Mabel se acercó al oído de su hermano y le susurró. —No te preocupes, bro-bro. Más tarde puedo aconsejarte nombres de bebés.

—¡Ugh, Mabel! —Escupió Dipper, ya teniendo suficiente de las tonterías de su hermana. Se le abalanzó encima anclado por el cinturón de seguridad para hacerle cosquillas a la chica. Pacífica se quedó mirando a los gemelos divertida.


Cuando llegaron, el sol amenazaba con abandonar el bosque que acogía los alrededores de la Cabaña del Misterio. Al bajarse, Pacífica escuchó el silencio adornado por sonidos animales, que sólo eran opacados por los gemelos compartiendo las eventualidades de su día.

Al final Dipper y ella tuvieron que explicarle a Mabel su situación, a lo que la chica respondió jurando que le ayudaría a conseguir amigos y que usaría la fuerza más poderosa del universo para hacerlo posible. Esperaba que le dijera que usaría dinero o amor, pero resultó que el poder al que se refería era la misma Mabel.

En cuando al día de la pelo castaño, lo pasó en el Centro Comercial de Gravity Falls intentando conquistar chicos con sus amigas y comiendo comida chatarra, y resultó tan bien como ella esperaba. Chicos: 37, Mabel y Amigas: 0.

Se encontraron con el recibidor a oscuras al entrar a la Cabaña. Las luces de afuera estaban encendidas, pero eran demasiado débiles para proyectar una luz decente, provocando que la oscuridad del lugar fuera más prominente. La estatua del fundador recibía hilos de luz que la hacían sentir más viva y antinatural de lo que era de noche. A todos les dio escalofríos verla en la entrada, en especial a Pacífica, que no la había visto nunca.

Wendy palpó las paredes en busca de un interruptor. Cuando por fin lo encontró, antes de percibir su entorno, escuchó una explosión aguda que vino del fondo de la recepción. Ella y los niños saltaron del susto hacia atrás, encendiendo accidentalmente las luces por tener la mano sobre el interruptor.

Al fondo de la sala, estaban Soos y Melody acompañados por Stan y Ford, quienes llevaban lo que parecía ser ropa para pesca. Todos llevaban petardos en las manos y parecían apenados, menos Stan, que estaba riéndose a todo pulmón. Eso no le gustó a sus pulmones y lo obligaron a toser violentamente, antes de calmarlos con un par de golpecitos de pecho.

Le tomó un momento a los gemelos darse cuenta de lo que estaba pasando, pero saltaron sobre ellos abrazándolos apenas lo hicieron. Wendy y Pacífica todavía estaban furiosas en la puerta, en especial la pelirroja, que tenía sus pecas ocultas en un rubor furioso.

—¡Podrían haber avisado, saben! —Se quejó la adolescente. La niña rubia debajo de ella asintió estando de acuerdo.

—¡Já! ¡Valió la pena! —Les señaló burlón Stan, con Mabel entre sus brazos.

—¿¡Y ustedes qué hacen aquí!? —Les preguntó Mabel, extasiada.

—Eso quería saber. —Continuó Dipper, entre los brazos de su Tío Ford.

—¿Qué, ustedes pensaban que sus padres les dejarían quedarse en la Cabaña del Misterio, lejos de ellos con un completo extraño sólo porque fue divertido a la primera? —Preguntó Stan a los niños.

—Claro que... ¿Sí? —Preguntó Mabel, sonriendo lo más inocente que pudo.

—Bueno, ese es un buen punto. —Admitió Dipper.

—Tu madre nos permitió que se quedaran con la condición de que el señor Pines se quedara con ustedes el verano. —Les aclaró Soos. —Yo creo creo que deberían quedarse el doble, ya que tenemos dos Stans en la casa. ¡Jaja!

—Sí, aunque ahora los dos Stans tienen que pretender que son uno porque al parecer el otro se hizo el muerto... —Ford dejó a Dipper en el suelo, lanzando una mirada acusadora a su hermano.

—¡Pffft! Como si necesitara una identidad. ¡Tenemos el Stan'O War II! ¿Quién necesita una identidad? —Se defendió Stan, pretendiendo que no era un problema.

—Tienes suerte de que sólo necesitamos a un Ford para rentar un espacio para anclar el bote en Portland... —Amenazó Ford

—Sí, sí, sí... ¡Hey chicos! —Llamó a sus sobrinos para ignorar totalmente a su hermano. Fue entonces que notó que Pacífica se había unido. —Oye, ¿qué hace aquí la mocosa Noroeste?

—Viene con nosotros. —Se apresuró a decir Dipper.

—Realmente viene por Dipper. —Chirrió Mabel. El chico no intentó detenerla, pero sí la miró como si intentara estrangularla con la vista.

—¡Ojojó, con que esas tenemos! —Stan se inclinó sobre su nieto, dándole un orgulloso coscorrón. El chico intentó protegerse inútilmente tratando de mantener su gorro de leñador sobre su cabeza. —Chico, tienes buen ojo. Bonita y millonaria... Bueno, al menos con más dinero que tú. —Se quedó viendo a Pacífica como si intentara valorar su peso en oro. La chica lo miró de vuelta con desaprobación. —Sólo un consejo: Ten cuidado cuando sea adolescente. Todo ese maquillaje hará que le de un ataque de acné.

—¿¡Qué!? —Chilló Pacífica aterrada, palpándose la cara.

—No somos novios, tío Stan. —Se le quedó viendo Dipper, muy serio.

—Sigue diciéndote eso chico, y en tu vida jamás te conseguirás tu propia pe... ¡Pareja! ¡Quise decir "Pareja" y no otra cosa totalmente distinta! —Se apresuró a corregirse Stan. Los tres niños parecían confundidos.

—Bueno, no dejarás de comportarte como marinero, pero al menos dejará de hablar como uno por los siguientes tres meses. —Sonrió Ford burlón. A su gemelo no le pareció nada divertida la expresión de su hermano.

—¡Como sea! —Stan descartó el tema, usando su mejor postura de vendedor de curiosidades. —¿Quién quiere pasar las siguientes 5 horas hablando de nuestras aventuras en el mar mientras comemos tanta comida chatarra como matar a un atleta olímpico?

—¡Yo! ¡Yo! ¡Yo! —Los hermanos contestaron emocionados. Pacífica no dijo nada, pero sí levantó su mano brincando.


—Entonces le dije a la sirena... —Dramatizó Stan, como parte de un círculo de gente dentro de la cabaña que rodeaba un montón de comida chatarra de marcas varias, en su mayoría consumida.— Sí, todavía te quiero... ¡Todavía te quiero lastimar! Y entonces ¡POW! ¡La atravesé con un arpón justo en su fea cola!. Recuperamos la Caracola Iridiscente, y desde entonces no se nos permite estar al sur del Caribe.

—Por suerte el príncipe tritón que venía de embajador en ese momento era un joven inteligente y razonable, y nos permitió aclarar todo el malentendido y demostrar que la verdadera ladrona de la reliquia de las profundidades era ella y no nosotros. —Concluyó Ford. —¿Cómo era su nombre...? ¿Armando? ¿Fernando...?

En ese momento, Mabel jadeó de emoción. Los gemelos en ese momento estaban compartiendo un suéter enorme en el que los dos sacaron un brazo de cada lado y el cuello era lo bastante amplio como para que ambos sacaran la cabeza. Pero no lo suficiente como para que Dipper pudiera alejarse del daño a sus oídos—¡¿Conocieron a Marmando?! —Chirrió Mabel. Hasta Pacífica, que sólo estaba sentada un poco cerca de ella, se tapó los oídos al oír su reacción.

—¿Conoces al príncipe? ¿Cómo? —Preguntó Ford, extrañado.

—Espera, ¿no era ese chico solitario, misterioso y de cabello sedoso que se la pasaba en la piscina pública y que por alguna razón no se arrugaba? —Hizo memoria Stan.

La chica del suéter asintió enérgica. Le encantaba volver a oír de Marmando en el relato de su tío, además de saber que estaba haciendo un excelente papel como futuro gobernante de los pueblos del océano.

—Si lo encontramos de nuevo le mandaremos saludos. —Le prometió Ford.

—Ustedes sí que la pasaron bien en altamar. —Les dijo Wendy, impresionada con sus relatos.

—Creo que este es el periodo más largo de tiempo en el que le he prestado atención a un viejo sin pestañear... —Comentó Pacífica, absorta entre el relato y una bolsa de bocadillos de queso. A los gemelos les tomó un rato convencerla de que no engordaría si comía de esos una vez esa noche y desde entonces no podía detenerse.

—Qué bueno que rompimos tu record, porque aquí es donde paramos. —Declaró Stan levantándose. Su espalda crujió estruendosa mientras se estiraba. Ford fue mucho más silencioso. —Wendy, lleva la niña de vuelta a su casa y asegúrate de que a sus padres no les de un ataque o algo.

Wendy se levantó, saludando como un cabo a su general y llena de resolución. —¡Señor! ¡No prometo nada, Señor!

Pacífica se despidió de todos, dejándolos con una sonrisa en su rostro y la cara llena de amarillo número cinco. Soos hacía tiempo que se había ido a dormir con Melody a la vieja habitación de Ford, que solía ser el viejo cuarto de descanso de Soos. Mientras no estaban los gemelos Pines, los hermanos Stan arreglaron la habitación del sótano tras la máquina de bebidas y estaban preparados para descansar después de un largo día de camino y anécdotas.

Los chicos Pines bostezaron cansados, al tiempo que devolvían el desproporcionado suéter a sus tíos. Fue entonces cuando Dipper consiguió la oportunidad para preguntar...

—¿Porqué nos pidieron que nos pusiéramos esa cosa, por cierto?

—Para tener material de chantaje suficiente para que hagas todo lo que nosotros queramos mañana si no quieres verte adorable en Internet. —Respondió Stan, tomando un sorbo de su Pitt Cola. El chico gimió sintiéndose estúpido por dejársela tan fácil.

—Muy bien niños, a la cama. Mañana habrá suficiente tiempo para más historias. —Les indicó Ford. Los chicos abrazaron a sus tíos antes de regresarse a sus habitaciones en el ático.

Los hermanos se estiraron un poco más para dejar asentarse el cansancio, pero se dieron cuenta de que no tenían nada de sueño. Todo el azúcar extra sumado a un reloj biológico maltratado por la vejez les había quitado el sueño.

—¿Quieres ver un pre-grabado de "La Duquesa Dijo Sí" mientras intento recordar cómo dormir? —Preguntó Stan.

—Ugh, de acuerdo. Con tal de que dejes de molestarme para que vea... Lo que sea que sea eso. —Le respondió Ford, frotándose la sien.


A la una de la mañana, el bosque de la cabaña se convirtió en un muro de pilares negros que terminaban en filosas garras intentando aferrarse al cielo. La única luz en todo el lugar eran unos pobres bombillos que harían mejor su trabajo estando apagados, para permitir a los habitantes de la noche acostumbrarse al océano de tinieblas que cubría el medio de la nada.

Unos ojos amarillos como los de un gato emergieron arrastrándose entre los pilares de la tierra, unidos a una sombra humanoide de complexión cuadrada. Caminó lento y silencioso hasta la entrada de la Cabaña del Misterio y se percató de que había un sonido proveniente de la trastienda.

No sería posible entrar por el frente o por detrás, no quería arriesgarse a ser visto.

Decidió escalar para entrar por el techo. No le fue difícil conseguir fallos obvios en la estructura donde pudiera meter manos y pies, pero se obligó a aferrarse con movimientos lentos mientras determinaba qué crujía y qué no. Escaló lo suficiente como para alcanzar a ver una ventana triangular casi pegada al techo.

Los ojos amarillos observaron discretos el interior de la habitación para no llevarse sorpresas. A cada lado de la habitación, había un niño durmiendo. Parecían bien dormidos y no creía que fuesen a despertar en un buen rato, así que se animó a abrir la ventana y arrastrase sigiloso dentro del cuarto.

Los ojos de la sombra se ensancharon, adoptando un fulgor naranja. Sus ojos buscaban la ubicación de un aura muy específica, y sabía que la niña la tenía. Miró alrededor de la habitación, hasta darse cuenta que el aura estaba en la cabeza de la niña. No, eso no era acertado. El aura realmente estaba debajo de la cabeza de la niña.

El invasor resistió el impulso de maldecir por lo bajo. Dudó que tuviese otro chance, así que se decidió a levantar con cuidado la almohada de la cabeza de la chica hasta revelar su preciado premio: Dos cubos de oro, por alguna razón envueltos en alambre.

Sobrecogido por sus ansias, acercó sus manos a su premio, apenas a centímetros de su alcance. La expectativa fue tal que no se dio cuenta que estaba apretando un objeto muy duro dentro de la almohada. Ya tenía el tesoro entre sus manos y estaba listo para la retirada.

De repente, la almohada de la niña estaba cantando, y lo estaba haciendo muy fuerte.

La sorpresa espantó al invasor, y lo obligó a soltar la cabeza de Mabel de forma nada sutil. Confundida, Mabel miró hacia todos lados para encontrarse con un ser alto de músculos cuadrados y ojos anaranjados como el metal fundido. La niña gritó como nunca, haciendo retroceder al ente, que resbaló con un peluche que estaba en el piso del lado de su cama.

El grito de la niña despertó a su hermano, que se levantó igual de espantado. Fue más rápido en notar que había un intruso en su casa y estaba mirando hacia Mabel. Él aprovechó que el chico estaba a duras penas más lúcido para saltarle encima y agarrarlo de cuello y cara.

—¡TÍO STAN! ¡TÍO FORD! —Chilló Mabel, hasta darse cuenta de que su hermano estaba intentando tumbar al extraño al pelear contra su cara. —¡DIPPER!

Mabel se unió a la lucha abrazándose a los pies del hombre, manteniendo al extraño fuera de balance y desconcertado. Segundos después, Stan pateó la puerta abriéndola y entró tratando de digerir lo que estaba pasando seguido de Ford. Ambos estaban armados, con unos nudillos de cobre y un arma láser respectivamente. La pistola zumbó destellando en azul, lista para el ataque.

Reconociendo el peligro y tomando mejor control de la situación, la sombra pateó a Mabel hacia un lado dejándola caer cerca de su tío Ford. Desenfundó la silueta de un arma de fuego sólo igual que la del hombre de seis dedos en lo bizarro de su diseño. El invasor estaba en parte cubierto por Dipper, lo que le quitaba visión, pero prevenía a su adversario disparar. Stan se mantuvo a raya esperando el momento perfecto para atacar.

La sombra, al no tener otras distracciones, no lo contempló dos veces: Disparó un proyectil similar a una bola de luz que pasaba violenta y frenéticamente por todos los colores del arcoíris.

Como el hombre estaba cegado, su puntería había sido terrible. La esfera hubiera pasado entre Ford y Mabel fácilmente y nadie hubiera salido herido.

Pero Mabel, temiendo por su tío, intentó empujarlo fuera del rango de tiro sin éxito, y recibió el impacto directo en su pecho.

La niña voló y se golpeó contra la pared del cuarto, cayendo inmóvil como como una marioneta sin cuerdas. No parecía herida, pero tenía un extraño brillo cromático que se intensificaba a cada momento. Todos sus familiares se quedaron viendo a la niña estupefactos, incrédulos, incapaces de reconocer la realidad ante ellos.

El invasor, aprovechando la distracción, saltó por la ventana, dejando que su gravedad y las enormes garras de sus manos hicieran el trabajo de ponerlo a salvo. La huida del extraño quedó marcada del lado de la cabaña como hilos de corteza rasgada en la entrada de la cabaña.

Ford fue el único que se apresuró hacía la ventana para ver al extraño desaparecer en el bosque. Se maldijo a sí mismo por no poder ir más lejos y regresó toda su atención a Mabel, que empezaba a emanar un brillo innatural que no iluminaba nada, ni siquiera el piso debajo de ella. La niña estaba consiente, pero eso no era un alivio. De hecho, era todo lo contrario: Estaba en pánico y no sabía qué hacer.

Los hermanos se aferraron entre sí, aterrados. Ya casi toda Mabel brillaba en un imposible brillo neón, que ahora cambiaba de color casi tan rápido como la bala que le golpeó.

—¡D-Dipper! —Lloriqueaba la niña. —¡Por favor, ayúdame!

El chico intentaba mantener la calma, trataba de pensar en algo, pero no podía. Esto no era algo que conociera, y le estaba pasando a su hermana en ese momento. Le costaba mantener la vista fija en su hermana. Casi no podía distinguir su cara entre la incandescencia sobrenatural.

—¡DIPPER! —Le gritó Mabel, ya en la epítome de su brillantez. Su familia escuchó un zumbido grave que fue en crescendo hasta convertirse en un ruido ensordecedor.

Todo pasó muy rápido: Cuando el sonido y el brillo alcanzaron su cumbre, Mabel estalló produciendo un sonido similar al de una explosión sónica, iluminando toda la habitación en perfecta luz de día por milisegundos. Haces de luz volaron por todas partes, traspasando paredes y personas por igual sin hacerles nada, como fantasmas. Algunos de los hilos permanecieron en la habitación, lloviendo en la misma como un macabro confeti.

El evento paralizó por completo al resto de los Pines, que todavía no podían comprender lo que acababa de procesar. Dipper tomó algunos de los confetis que cayeron frente a él, templando incontrolable.

—¿M...M-Mabel...? —Balbuceó el chico. Lo que sea que estaba cayendo de su manos, lo hacía suave y sin resistencia, como cabello o hilo suelto.

—¡MABEEEEEEEEEEEL! —Finalmente gritó el chico, intentando traer de vuelta a su hermana, tratando de aplacar su dolor, tratando de convencerse de que todo era mentira con un grito.

Lo único que logró fue convencer a sus tíos de que lo que estaba pasando era muy real, una pesadilla que ninguno de ellos quería vivir.


YOVRQ OZNQ N HEQI GBGDV GAUVQ?


Espero no haberlos dejado demasiado mal con este capítulo... O que al menos tengan el corazón para esperar el capítulo que viene, por ahora sólo espero lo mejor y lo peor. Sólo un capítulo más antes del primer salto. Hasta entonces... ¡Cuidense!